ROCK THE COAST 2019: Impresiones de un no escritor

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No pretende ser esto una reseña al uso, ya que por un lado cada vez es más fácil el acceso directo al material audiovisual de conciertos y festivales a lo largo y ancho de la red, y por otro cada vez es mayor la pereza de entrar al detalle por parte de los que no nos dedicamos a esto, si bien es cierto que uno sigue gustando de departir sobre música y compartir lo vivido en eventos rockeros, y en esa línea ahí va una opinión totalmente subjetiva más de lo que aconteció en esa primera edición de lo que se ha venido a llamar Rock The Coast, para que los que no pudisteis asistir a la misma podáis haceros una idea de lo que se vivió allí, y sobre todo podáis valorar la asistencia a futuras ediciones (de momento la del año que viene ya está confirmada).

Con un Rock Fest más conservador de lo habitual (¿el principio del fin?) y un Leyendas del Rock venido cada vez a menos (todo lo que sube baja, y aquí ya se tocó techo hace tiempo), Rock The Coast se presentaba como la alternativa metalera más válida y fresca posible en todos los sentidos, desde su ubicación física y en el calendario hasta la selección de bandas participantes, combinando muy acertadamente edades y sub-estilos, y asegurando con ello una buena tirada inicial de entradas vendidas, con el reclamo de ver resucitada a la banda-capricho de Ritchie Blackmore por excelencia, Rainbow, y por supuesto el poder volver a ver al MAESTRO de las seis cuerdas nuevamente enchufado, algo que ya dábamos por perdido. A veces la vida te da sorpresas, e incluso el mundo puede parecer un lugar maravilloso donde poder estar… al menos por un par de días.

Con un half english breakfast en el buche y unas cuantas Alhambras especiales a cuestas (qué bien se está en Fuengirola, amigos), hacíamos acto de presencia en el recinto a punto de salir BLAZE BAYLEY en el segundo escenario, previa adquisición de la pulsera en la que iríamos cargando créditos para la consumición de bebida y comida, y el posterior canje de créditos por unos minis de cebada como mandan los cánones. Jornada soleada muy bien llevada gracias a una temperatura cálida pero agradable, sobre todo por una brisa generosa y un mar de fondo que quitaba er sentío.

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Blaze no es un gran frontman, ni lo era con Wolfsbane, ni con Iron Maiden ni en su carrera en solitario; tampoco tiene un registro vocal privilegiado, diría incluso que canta ‘feo’, si se me permite la expresión, pero por algún motivo que se escapa a toda lógica se ha ganado el cariño y la admiración del respetable a base de entrega y de no arrojar la toalla en ningún momento, aunque sea a trompicones sobre el escenario (ni tan siquiera puede evitar sonreír él mismo reconociendo su torpeza). Por otra parte, y como si se tratase de un Ozzy Osbourne de preferente, se ha sabido rodear de músicos jóvenes pletóricos de energía, que incluso consiguen que un tema fofo como “The Angel And The Gambler” tome cuerpo y consistencia, y que tras 40 minutos de actuación sin dejarse nada en la recámara te hagan comprender que, a veces, querer es poder. Repertorio-homenaje íntegro a la era de Blaze en la doncella, reconociendo el ‘gran honor’ que supuso para él tocar en Iron Maiden, y actuación no exenta de risas, puños en alto, honestidad a raudales (claro que sí, Blaze, tú eres el auténtico The Clansman) e incluso amagos de lagrimilla en alguna parte (“The Sign Of The Cross”, “Man On The Edge”). Pues eso, honestidad brutal. Scream for me… Málaga!

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Los suecos GRAVEYARD lo hicieron bien, de hecho me gustaron algo más que la vez anterior en aquella edición del GARAGE SOUND madrileño (otro festival que en paz descanse), pero sigue quedando esa molesta sensación de que podrían exprimir más el limón, quizá sea que las horas en las que les suele tocar salir a escena son de estar echado la siesta, o como mínimo al otro lado del escenario con una birra en la mano. Sea como fuere, siempre es un placer escuchar en directo cosas como “Hisingen Blues” o “Uncomfortably Numb”, con ese conglomerado Stoner / Blues / Prog-Rock de exquisita factura tan característico suyo. Sonido decente en líneas generales y correcta puesta en escena, a ver si la próxima es en sala de una vez y conseguimos por fin la conexión que merece su música.

Fue ver a LEO JIMENEZ asomar por el segundo escenario y decidir que era momento de asomarse a Pozodragón, o lo que es lo mismo, al Castle Stage o escenario del castillo, ubicado en el punto más alto del reciento, un emplazamiento idílico para un festival presidido por una banda como Rainbow.

En ese momento los murcianos HITTEN (¿quién dijo canadienses?) descargaban su speedico y poderoso Heavy Metal de corte retro(activo), con nuevo vocalista al frente (Alexx Panza por el anterior Aitor Navarro) y con la misma caña sin tregua de siempre. No pudimos ver mucho de su actuación, pero fue lo suficiente para comprobar que siguen en buena forma y que el cambio de vocalista no ha alterado demasiado el resultado final, que no es otro que Metal por un tubo, temas con empaque y ejecución milimétrica. Ideal para animar el cotarro y agitar las crines de poseído (pos-eso).

Lo de UDO fue una decepción a medias, esto es, no se le puede reprochar nada a su actuación ni a su condición física actual, ya que se encuentra de nuevo en buena forma, pero tener de cuerpo presente al que para servidor ha sido la VOZ de Accept y no escuchar ni un solo tema de los susodichos se hace difícil de asimilar (máxime si hablamos de un set-list de festival), es como unos prolegómenos sin coito, una cerveza sin espuma o una hamburguesa sin cebolla (te quedas con dos palmos de…). Ni tan siquiera “Animal House”, “Man And Machine” o “They Want War” me levantaron la moral, el mal ya estaba hecho y no se lo perdonaré jamás… a no ser que vuelva a Accept y echen al impersonator ese del Tornillo, entonces puede que olvide este mal rato. Si Blackmore ha conseguido volver a enchufar la Stratocaster y resucitar a Rainbow lo otro me parece una simple minucia. A la espera quedo pues.

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UFO sin embargo bien, siempre bien. Hacen lo que se espera de ellos: un puñado de clásicos inmortales que se sostienen por sí solos y que el público además lleva en volandas. Eso es lo bueno de semejante repertorio, te puedes permitir incluso no estar muy fino ese día, a sabiendas de que el público va a responder por ti (quizá en eso no haya reparado el bueno de Udo, su repertorio personal no resiste comparación alguna con el de su banda madre, y en ese sentido es un sacrificio de elevados costes). “Lights Out”, “Only You Can Rock Me”, “Love To Love”, “Too Hot To Handle”, “Rock Bottom” o el atemportal “Doctor Doctor” volvieron a saber a gloria bendita, y los 71 abriles de Phil Mogg no le impidieron rockear por millonésima vez delante de su público. Long live Rock’n’Mogg.

De SCORPIONS y EUROPE escuché opiniones encontradas, supongo que nunca llueve a gusto de todos y la elección del repertorio fue de su padre y de su madre, pero yo personalmente me lo pasé en grande con ambas bandas. A esas horas el alcohol, el cansancio y el lorenzo ya hacían mella en uno, así que con la guardia baja (y los pantalones también) disfrutamos todo lo que pudimos y algo más. De los alemanes me quedo especialmente con un Mikkey Dee disfrutando como un teleñeco tras los parches (sigue siendo el rey de la pegada), con un sorpresivo “Is There Anybody There?”, el hímnico e inevitable “Coast To Coast”, “I’m Leaving You” e incluso con las baladas (“Send Me An Angel”, “Wind Of Change”, “Still Loving You”), que como ya digo me pilló con la guardia baja y lo otro arriba. “The Zoo”, “Bad Boys Running Wild”, “Blackout”, “Big City Nights” o “Rock You Like A Hurricane” también las disfruté lo suyo, con un Klaus Meine cumplidor (y relleno de botox), y en general el resto de la banda, que cuajó una actuación de bien alto cuanto menos. Quizá no ha sido la mejor actuación que les he presenciado, pero ya va lloviendo sobre mojado, y desde luego los años no pasan en balde.

Con los suecos EUROPE pasó tres cuartos de lo mismo, quizá cierta parte del respetable ignora que las bandas siguen editando discos, y continúan esperando su set-list favorito y exclusivo de un único disco concierto tras concierto. A estos también les habíamos visto unas cuantas veces, así que lo mejor que puedes hacer es intentar disfrutar de lo que te tengan que ofrecer ese día y dejar los prejuicios a un lado. Y la verdad es que el set-list ponderó muy bien toda la discografía del grupo, lo cual se hace harto difícil a estas alturas de carrera. Yo disfruté especialmente “Rock The Night”, “Scream Of Anger”, el enorme “Sign Of The Times” (grandioso), “Heart Of Stone” y “Superstitious” (con guiño a “Here I Go Again” de Mr. Coverdale incluido), y ya puestos (sin segundas) con “Carrie” y “Cherokee”, aunque “The Final Countdown” ya empieza a oler un pelín y deberían plantearse quitarla algún día del set, a ver qué pasa (como Iron Maiden con la mitad de su repertorio, ya que estamos). Vi a John Norum algo descuidado físicamente, aunque igual de solvente que siempre (qué digo solvente, un hacha), mientras que Joey Tempest sigue con la misma cara de niño angelical de toda la vida, parece que se haya quitado la peluca y haya viajado directamente desde los 80 hasta hoy. Actuación de notable alto y las fuerzas ya muy deficientes.

Tenía ganas de volver a ver a CARCASS tras su brutal descarga en el Download madrileño, de hecho me fui a las primeras filas para presenciar de pleno su actuación, pero las fuerzas ya no acompañaban y las tripas me dijeron que quizá era hora de replegar, así que allí los dejé atronando al personal. En cualquier caso si tenéis oportunidad de ver a la banda no la dejéis escapar, al día siguiente me confirmaron que volvieron a cuajar una excelente actuación, una pena que dejen siempre a estas bandas para cerrar (en Madrid sucedió exactamente igual).

La jornada del sábado nos la tomamos con calma: buen desayuno (y venga english breakfasts), paseo marítimo, pintas de cerveza para ir regulando el ph, base de olivas, pijotas, tortitas de camarón y boquerones fritos, más cerveza para seguir ajustando niveles e incluso un mojito a las faldas del castillo, en un marco idílico y siempre en la mejor compañía. De lujo.

No recordaba haber visto a ANGELUS APATRIDA, si acaso quizá en algún festival cuando aún no eran conocidos, pero de haberlos visto en algún momento tuvo que ser sin discografía editada y sobre todo sin las tablas y el status que atesoran a estas alturas, así que había ganas, y la verdad es que no me defraudaron en absoluto. Cierto es que no hacen nada nuevo, pero sí muy bien fundido y ensamblado, con esa mezcla de Thrash Metal y Crossover tan peculiar, que recuerda por momentos a Nuclear Assault, Slayer, Exodus y un sinfín más de bandas de reconocido prestigio, pero sin sonar a ninguna en particular, lo cual les hace interesantes de por sí. Si a eso le añadimos una ejecución brutal, una constante interacción con el público y unas composiciones cada vez más variadas y conseguidas, estamos hablando de una banda enteramente disfrutable en directo sin necesidad de estar familiarizado con su material. Trallazos como “Give’em War” o “You Are Next” sonaron letales, se grabaron el “Antichrist” de sus ‘colegas’ Slayer para una futura edición especial, organizaron un wall of death para los más atrevidos y consiguieron una sonrisa de oreja a oreja para el resto del personal. Actuación sobresaliente y un sonido que acompañó en todo momento, una pena la interrupción del comienzo por problemas técnicos (cosas del ‘directo’), que recortó tiempo a un set-list ya de por sí recortado. Otros para repetir en sala.

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A los suecos DARK TRANQUILLITY ya los hemos visto varias veces, y todas en las mismas tesituras: demasiado pronto, con un buen sol de justicia y con un sonido deficiente. Y la verdad es que es una lástima, porque su música se presta a todo lo contrario, es decir, a un horario en sesión nocturna y con una producción que permita disfrutar de la perfecta ejecución de una de las bandas pioneras del death melódico. Pero como al final lo que mandan son las ventas o el status de banda clásica (ni por un sitio ni por otro), me temo que salvo en gira propia estamos condenados a seguir viendo a Michael Stanne freírse una y otra vez enfundado en negro (y con chaqueta). Bastante tema nuevo (o contemporáneo a lo sumo), obviando directamente aquella obra capital llamada “The Gallery” (locos!) e incluso el posterior y gran “The Mind’s I”, siendo “Thereln” de “Projector” lo más nuevo que recuerdo del set-list. Con todo y con eso buen repertorio, ya que calidad se les presume en todos y cada uno de sus trabajos (su más reciente “Atoma” lo sigue atestiguando), una pena que no se les saque todo el juego posible en este tipo de citas, como ya digo.

A MAGNUM también los habíamos visto en un par de ocasiones, y si bien la anterior no nos dijo mucho (Leyendas del Rock, Villena), esta vez animaron algo más el cotarro, quizá también por la predisposición de un público ligeramente distinto y más entrado en años, dado el cabeza de cartel de la jornada en cuestión. Entrega, grandes temas (“How Far Jerusalem”, “Vigilante”) y sobre todo muchas tablas es lo que ofrece la banda de Bob Catley, y aunque puede que su música se preste a escenarios y públicos más intimistas, doy fe de que gustaron y salieron por la puerta grande. Bri-consejo: si no te los has echado al oído prueba con “On A Storyteller’s Night” (1985) o “Wings Of Heaven” (1988), a ser posible lo más alejado del mundanal ruido.

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Con OPETH me pasa un poco como con ANATHEMA, una vez despojaron por completo de guturalidad y contundencia a esas melancólicas melodías ya nunca fue lo mismo. Y por favor, no me malinterpretéis, adoro a Pink Floyd, el gótico en general y buena parte del pop más melancólico, pero para mi gusto la banda de Mikael Akerfeldt perdió el mojo en algún momento del camino, algo que trasciende incluso más allá de sonoridades y estilos (a las composiciones me refiero). Dicho esto, he de decir que disfruté bastante de su actuación, muy compensada en cuanto a repertorio, y si bien no puedo ajusticiar debidamente el sonido, dado que ya estábamos cogiendo posiciones en frente del primer escenario para la actuación de Rainbow, me sonaron bastante mejor que Dark Tranquillity por ejemplo, en los que sí tenía una mejor posición, con lo que parece que el sonido les hizo justicia. “The Drapery Falls” y “Deliverance” cerraron una corta pero óptima descarga que de seguro colmó las expectativas de cualquier fan, e incluso me hizo replantearme seriamente el retomar esos discos que ya no me decían tanto. Tiempo al tiempo.

RAINBOW era sin lugar a dudas el auténtico reclamo del festival, el GRUPO por el que moverse los kilómetros que hicieran falta, máxime cuando sabes que puedes no volver a tener la oportunidad (más o menos lo mismo que sucedió con la última gira de Black Sabbath, it’s now or never, babe). Si además de la exclusividad te consideras fan de la banda en especial (presente!), el motivo de júbilo y alborozo puede subir enteros hasta rozar el mismísimo arco iris.

Era inevitable saber más o menos lo que podía caer en el repertorio (putas redes sociales), pero no caímos en la tentación de mirar más allá de un posible set-list, todo amago de vídeo o audio lo descartamos de entrada. En cualquiera de los casos tenía claro que fuese lo que fuese lo iba a disfrutar de pleno, ya fueran temas de Rainbow o de Deep Purple (no cabe en ninguna cabeza que Blackmore retome la eléctrica y no emita ninguna nota de su banda madre, aunque bueno, pensándolo bien… quizá en la de Udo sí), así que mejor rendirse a priori a la evidencia. En ese sentido me recordó muy mucho al set-list de su compadre Glenn Hughes de la gira de clásicos de Purple, es una lástima ver a Rainbow y no escuchar según qué temas (hubiera dado una extremidad por presenciar en directo “Eyes Of The World”, “Magic”, “Stone Cold”, “Fool For The Night” o “Wolf To The Moon”, entre otras muchas), pero todo lo que sonó era de una aplastante obviedad difícil de cuestionar:

Spotlight Kid

I Surrender

Mistreated

Since You Been Gone

Man On The Silver Mountain

Perfect Strangers

Black Night

Difficult To Cure

All Night Long

Stargazer

Long Live Rock’n’Roll

Burn

Smoke On The Water

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Sólo de ver a Blackmore vestido de trovador-lagarterano emociona de por sí (es como viajar al medievo gratis), imaginad si además de ello sigue tocando con gracia y con soltura, y ya para más inri nos deleita con una sonrisa (creo que no había visto esa imagen de él en mi puta vida). Pero si a eso le unes a un Ronnie Romero con la camiseta-homenaje a José Antonio Manzano metiéndose en la piel de todos y cada uno de los cantantes de Rainbow y saliendo victorioso, al curtido teclista Jens Johansson emulando las teclas de sus maestros Lord, Carey y Airey con solvencia, a la parienta del maestro Candice Night deleitándonos con su sola presencia (creo que no acerté a escuchar su voz entre tanta algarabía), y en definitiva a una banda mítica desgranando pieza a pieza pilares básicos del Rock Duro para tus oídos, sólo te queda agradecer al cielo y al infierno poder estar ahí en ese momento, una pena que no durase para toda la eternidad. Dicho esto sólo me resta añadir una cosa para los que pudiendo haberlo visto no lo hicieron: haber ido.

En algún momento había que hacer una parada técnica para el avituallamiento nocturno, ya que teníamos claro que había que presenciar con energías renovadas las descargas de Conception en el Castle Stage y Mayhem en el segundo escenario en la recta final del festival (otro momento Carcass no se contemplaba), así que mientras The Darkness descargaban cosas como “Love Is Only a Feeling”, “Get Your Hands Off My Woman” o “I Believe In A Thing Called Love” en el segundo escenario, nosotros cargábamos otras en el buche en forma de creppes de carne y zumos de cebada. Acto seguido, mientras Michael Monroe se disponía a saltar al primer escenario a continuación de The Darkness (lo siento Michael, ya te vimos en su día con Hanoi Rocks y sin McCoy no es lo mismo, sé que nos lo podrás perdonar), nosotros empinábamos la cuesta hacia el castillo para presenciar a la reformada banda de Roy Khan y Tore Otsby.

Y bueno, llegó una de las grandes decepciones del Rock The Coast para el que suscribe, CONCEPTION. Era una de las bazas por las que asistir al festival, básicamente por aquello de ser la primera vez, ya que si bien a Kamelot tuvimos ocasión de verlos en distintas ocasiones con el vocalista noruego, a la banda madre de Mr. Khan no habíamos tenido el placer, y eso que los conocimos antes que a los americanos (dichosos tiempos de Noise Records). Todo lo que pudo pasar en plan Spinal Tap pasó: demora indefinida y angustiosa, personas que se mueven entre bambalinas denotando nerviosismo y anarquía a pachas, micros que no suenan, quizá porque estén en off… en fin. Cuando el show debía estar a punto de finalizar era cuando se empezaban a poner bien, con lo que salvo unas accidentadas “Grand Again” y “Into The Wild”, poco más pudimos ver (ni ganas, que se habían volatilizado como el sonido del micro de Roy). Y con esas se quedaron en Pozodragón, nosotros teníamos cita con el averno, y desde luego no íbamos a faltar.

Me hubiera gustado ver el set-list de MAYHEM de la pasada gira, en la que descargaban por completo su obra maestra “De Mysteriis Dom Sathanas”, pero en lugar de eso, la banda de Hellhammer, Attila y Necrobutcher hicieron un set repartido en 3 bloques, uno de temas contemporáneos (sí, esos por los que no son conocidos y que no le interesan a casi nadie), otro de temas del “De Mysteriis…” disfrazados para la ocasión (“Freezing Moon”, “Life Eternal” y el homónimo “De Mysteriis…”, una lástima que se dejaran el mítico “Funeral Fog”), y un bloque final con la era más primigénea de “Deathcrush”, culminando con un “Pure Fucking Armageddon” que se hizo eco en las pantallas. Evidentemente poco queda ya de aquella banda que lideró Euronymous y que dinamitó los cimientos asentados por Venom, Bathory, Hellhammer y Celtic Frost, pero en su defensa he de decir que cuajaron un show brutal y muy compacto, y que incluso me emocioné al escuchar aquello de when it’s cold… and when it’s dark…

Y con esto y un bizcocho cerramos la primera edición del Rock The Coast, en la que casi todo fueron pros (emplazamiento, ambiente, bandas, sonido en general, clima, acceso a baños, barras…) y muy pocos contras (…acceso a comida en horas punta y acceso a Fuengirola, aunque eso me temo que seguirá siendo impepinable). Espero que estas impresiones de un no escritor les hayan servido a ustedes de algo, y en caso contrario, como diría Conan… váyanse al infierno.

Bubbath

P.D.: Saludos especiales a mis compañeros de ‘batalla’ Saints In Hell, Schatzie, Marru, Sinner y compañía. Festivales con gente así son siempre más especiales.

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Accept – Symphonic Terror – Live at Wacken 2017 (2018)

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Se trata de la primera vez que reseño un DVD del que en su día reseñé el concierto, así que me va a ser difícil no caer en repeticiones. Y qué mejor forma que recordar dicho concierto que comprando el DVD. La versión que yo tengo es de un DVD y los 2 CD’s del audio del concierto, todo en un bonito digibook y con una preciosa y elegante portada.

Según las propias palabras escritas de Wolf Hoffmann en el mismo digibook, se trató de una noche muy especial y de un concierto del que soñó hacer desde hace mucho tiempo y que se convirtió en realidad en el mejor marco que podía tener: Wacken. Es muy interesante leer a Wolf pues te das cuenta de que montar un show de este calibre no debe ser nada sencillo, pero a la vez, una vez pasado el show, la satisfacción es enorme. Tanto, que en Abril van a dar comienzo a una gira en este mismo formato: Accept + Orquesta Sinfónica.

Desde la comodidad del sofá y sin las botas de agua puestas, se puede apreciar con todo lujo de detalles lo que fue el show. Como comenté en la reseña del concierto, se trataba de 3 partes diferenciadas.

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La primera parte llamada “Accept”, con la formación de Accept tocando como toda la vida (sin orquesta), y presentando al mundo dos canciones en primicia, “Die by the Sword”, con la que empezaron, y “Koolaid” del que sería su nuevo disco “The Rise of Chaos”, editado si no recuerdo mal el día después del concierto. Entre medias el clasicazo “Restless and Wild” y dos canciones de la era Tornillo.

La segunda parte llamada  “Headbanger’s Symphony”, que se trata del proyecto de Wolf Hoffmann y ya con la orquesta checa sobre el escenario. Os digo yo que impresiona ver a más de 50 músicos sobre el escenario. Aquí se retiró la formación de Accept excepto el batería Christopher Williams y el propio Wolf, al que se sumaron Melo Mafali a los teclados, Phillip Shouse a la guitarra y Daniel Silvestri al bajo -y yo que no me enteré…-. Por cierto, Daniel Silvestri es el actual sustituto de Peter Baltes.

Sin duda, a esta segunda parte es a la que más provecho le estoy sacando, tanto en la tele como en el coche, me encanta. Piezas clásicas llevadas al terreno metal con muy buen acierto, aquí suenan conocidas piezas de Mozart, Beethoven, Vivaldi y más que desconozco. Dando protagonismo a la orquesta sinfónica checa y al lucimiento del propio Wolf.

Y la tercera parte llamada “Accept with Orchestra”, que es la de más duración, y con el cambio de nuevo de la base de la “Headbanger’s Symphony” a la formación de Accept, ya con el exbajista Peter Baltes, Mark Tornillo a las voces y Uwe Lulis a la guitarra, manteniéndose Wolf Hoffmann a la guitarra y Christopher Williams a la batería, y obviamente la orquesta sinfónica checa. Aquí se hace un repaso a canciones de Accept, esta vez con el colchón de la orquesta.

Y no es que Accept hayan variado o les hayan dado un lavado de cara en exceso a sus temas para adaptarlos a la orquesta, en absoluto, la cementina sigue tal cual. Esto es, que ellos siguen tocando igual pero con la orquesta de fondo. Donde sí es cierto que la orquesta toma un protagonismo mayor es, obviamente y como no podía ser de otra manera, en “Metal Heart”, con esa parte del “Para Elisa” de Beethoven coreadísima por todo Wacken y que pone los pelos de punta. Y también en la introducción de “Stalingrad”, pero el resto es puro Accept, desde los clásicos básicos como “Breaker” o el final con “Balls to the Wall”, hasta canciones más recientes como “Dark Side of my Heart” o “Teutonic Terror”.

El DVD trae además un par de extras; “Making of the Wacken Show”, aquí Wolf cuenta lo de las tres partes del concierto, hay imágenes de ensayo y también de la llegada al festival, encuentro con algunos fans, y el ensayo en la misma mañana del concierto, que tuve el placer de escuchar in situ en la lejanía tomándome un café. Y también de los momentos previos a la salida al escenario. Me quedo con esa imagen tomada desde la batería después de la intro, cuando cae el telón y se descubre la vista de los 80.000 metalheads con los puños en alto en el Infield, tiene que motivar/acojonar desde la perspectiva de la banda y poner los pelos como escarpias.

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El segundo de los extras es el “Making of Headbanger’s Symphony”, y obviamente está centrado en la orquesta, el montaje -curioso el plano donde muestran el lugar sobre el escenario en el que tiene que ir cada músico-, y muchas imágenes de los ensayos mezcladas con las del festival. Todo esto contado por Wolf, con el auditorio de Hamburgo detrás. Ambas partes tienen una duración de algo más de 8 minutos y sólo están subtituladas en inglés las partes en las que hablan en alemán.

Era evidente que este concierto tenía que acabar en DVD, por lo que supuso para la banda, en especial para el propio Wolf. En lo personal, me llevo un muy buen recuerdo de la que fue una gran y especial noche en Wacken.

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Historias de la Tierra de los Mil Lagos…

Ahora que la banda de Tomi Koivusaari y Esa Holopainen está más presente que nunca en el panorama metálico con uno de los discos más destacables e interesantes del pasado año (“Queen Of Time”, 2018), no está de más echar la vista atrás y revisitar lo que supusieron dos auténticos puntos de inflexión en la carrera musical del combo finlandés, que sin duda marcaron un antes y un después en la progresión musical del grupo. Let me take you to the days of thousand lakes…

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Amorphis – Tales From The Thousand Lakes (1994)

Otro de los grupos que más me sorprendió en su día y otro de esos trabajos que has escuchado hasta la saciedad, y que demuestra que en la rama más brutal del género también hay excelentes ideas y músicos competentes.

Estos fineses, tras un debut (“The Karelian Isthmus”, 1992) que sorprendió a propios y extraños en la escena Death de la época, cuajó un disco a mi modo de ver crucial para lo que vendría después, ya con una notable madurez e incorporando influencias (véase Paradise Lost, que por aquel entonces ya eran grandes) bien disimuladas y asimiladas.

La banda, cuya joven formación en aquel momento era Tomi Koivusaari (voz / guitarra rítmica), Esa Holopainen (guitarra), Olli-Pekka Laine (bajo), Jan Rechberger (batería) y Kasper Martenson (teclados & Moog), supieron salir de los esquemas prototípicos del Death Metal que, dicho sea de paso, dudo que de seguir por ese camino ahora estuviésemos hablando de ellos, e ir elaborando un sonido propio, proceso que continuaría con esa otra joya llamada “Elegy” (1996), aunque eso, como suele decirse, es otra historia.

Las atmósferas de “Thousand Lakes”, una intro apoyada en teclados como es costumbre en estos casos, nos sumergen en un ambiente gélido al más puro estilo nórdico (se nota que por allí pasan frío), seguida inmediatamente por “Into Hiding”, de riff poderoso y voz gutural, que ya te avisa de lo que se te viene encima. Destacar ya desde un principio la presencia de la melodía (vamos, que esto no es caña porque sí, de hecho es un disco más bien lento y espeso), así como la aparición de voces ‘normales’, que hacen más dinámico el tema en cuestión.

Una insistente melodía de guitarra abre “The Castaway”, seguida por una sonora guturalidad de Tomi y por la batería de Jan; destacar los toques arábigos que posee el tema, así como el tono melancólico de las guitarras de Esa Holopainen (ya se le veía venir). “First Doom” es un tema a medio tiempo, de guitarras pegadizas (de hecho lo son en todo el disco) y con algún que otro aderezo en plan doble bombo a cargo de Jan.

Y viene el pelotazo del disco, “Black Winter Day”, tema que extrajeron para un mini CD de mismo título y que contenía entre otras cosas el “Light My Fire” de los Doors (!), el cual posee todos y cada uno de los ingredientes del grupo: teclados muy presentes (aquí con solo incluido en la parte central), melodías hiperpegadizas, dibujos de guitarra insistentes, voces guturales aderezadas con voces normales, etc. De los pocos temas de sus inicios que conservan en directo.

“Drowned Maid” arranca de forma rápida aunque no tarda en pisar el freno, mientras que “In The Beginning” lleva un aire más melancólico (para mí de los mejores del álbum), con unas guitarras que te transportan literalmente a la Finlandia de los Mil Lagos. “Forgotten Sunrise” nos recuerda la parte más Doom de Amorphis (repito, si lo que te va es el Death rápido y martilleante este no es tu disco), sin apartarse, claro está, de la línea melódica del resto.

“To Fathers Cabin” se abre con un riff muy heavy, al más puro estilo clásico, que va poco a poco in crescendo y que se apoya, cómo no, en numerosos teclados que le dan vida propia. Y el disco se cierra con “Magic And Mayhem”, otro tema denso a más no poder, repleto de melodías y… con parte bailable incluida (!).

Lo dicho, una excelente muestra de cómo combinar estilos (Heavy, Doom, Death) sin cerrarse y apostando por la experimentación, y otro de esos discos de los que te sientes afortunado por haber encontrado. Enteramente recomendable, los que lo tenéis lo sabéis.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Amorphis – Eclipse (2006)

Ya era hora. No, no me malinterpretéis, no es que Amorphis hayan dejado de hacer buena música de la noche a la mañana o que servidor les haya perdido el punto, es simplemente que «Tales From The Thousand Lakes» (1994) o «Elegy» (1996) supusieron tal shock, que todo lo facturado con posterioridad nos ha sabido a poco («Tuonela», «Am Universum»), y si se me apura hasta desilusionado («Far From The Sun»).

Pero eh, aquí no ha pasado nada. Ha bastado un simple cambio en el descanso, el ex Sinisthra Tomi Joutsen por el clásico Pasi Koskinen (incorporado en «Elegy») en la delantera vocal, para volver con las pilas bien cargadas y coger el cetro que nunca debieron soltar. Y no, tampoco me refiero a cambios sustanciales de estilo o vueltas a los inicios porque sí, sino a una colección de composiciones tan brillante como las que nos solían regalar la década pasada.

Las guitarras de Esa Holopainen y de Tomi Koivusaari, núcleo indiscutible del combo, vuelven a brillar con luz propia; la base rítmica, conformada recientemente por Niclas Etelävuori (bajo) y Jan Rechberger (batería original que regresó en «Far…» tras su marcha después de «Tales…»), suena más sólida y robusta que nunca, y las teclas de Santeri Kallio aportan el aderezo idóneo para tan suculenta ensalada. La sal, en este caso, la ha aportado Tomi Joutsen, que con un timbre descaradamente más variado y versátil que el de Pasi, hace frente sin problemas a las partes más guturales de los temas (algo que quería retomar la banda en cierta medida) y dota al resto de una nueva dimensión, más rica si cabe que antaño. Que se noten esas influencias de Glenn Danzig, Keith Caputo, Nick Cave y Mike Patton, sí señor.

El disco, basado nuevamente en las historias del Kalevala finés (la de Kullervo en este caso y para más señas), no tiene desperdicio alguno, desde su apertura con el potente «Two Moons» hasta el bonus track final («Stone Woman»). Tenemos singles de cara a la galería («House of Sleep»), brutalidad para nostálgicos ahora en un tono más inteligente («Perkele (The God of Fire)», que recuerda un tanto al «Greed» de «Tuonela»), delicatessens para degustar relajadamente después de un día de stress y agobios («Under a Soil and Black Stone»), y para rematar un puñado de himnos a anotar directamente en clásicos («Leaves Scar», «Born From Fire», «The Smoke», «Same Flesh», «Brother Moon»), que mejor que descubras tú mismo a que yo te describa aquí con simples palabros.

Pues eso, que vuelven Amorphis por sus fueros y ese conglomerado suyo de metal, rock psicodélico, folk y stoner -si Hawkwind, Pink Floyd, The Doors y Entombed se montaran una orgía saldría un bastardo parecido a éste-, unos de los responsables de anticoagular y oxigenar esto del Heavy Metal la década pasada. Como mínimo un respeto.

Bubba

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

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La Historia del HEAVY METAL (Blackie Books, 2018)

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La Historia del Heavy Metal, originalmente A History Of Heavy Metal, lo cual cambia bastante el sentido, de hecho en eso estriba básicamente la concepción del libro (no es lo mismo narrar objetivamente ‘La Historia del Heavy Metal’ que verla desde un prisma totalmente subjetivo, de ahí el uso de la preposición en su versión original inglesa en lugar del artículo de la traducción al español), no es otra cosa que un ‘ensayo’ políticamente incorrecto del autor y humorista británico Andrew O’Neill en la materia, a lo largo del cual se permite contar desde su prisma y vivencias (y bien documentado, dicho sea de paso) el nacimiento y evolución de lo que se vino a llamar Heavy Metal, desde sus verdaderos padres (Black Sabbath, lo cual comparto) hasta sus infinitas variantes y sub-estilos.

Si bien el comienzo se hace algo lento y farragoso entre idas y venidas, el proto-heavy inicial y el alumbramiento final del auténtico y más genuino Heavy Metal, con Black Sabbath y la NWOBHM como auténticos valedores del invento, poco a poco la cosa va ganando enteros entre chistes corrosivos y opiniones sangrantes sin miramiento alguno (si Andrew ha hecho algún amigo tras la publicación del libro ese NO es Nikki Sixx), donde queda patente de dónde viene el autor y sus preferencias musicales (Metallica, Slayer, Pantera, Sepultura y Death / Black Metal, básicamente), pero sin sacrificar el grueso de la Historia, aunque cierta parte salga más bien mal parada (pobres Glam y Nu Metal).

Con respecto al tono del libro, destacar la correcta adaptación y traslado de ese humor británico tan característico al castellano, en ese sentido la labor de traducción es impecable (otra cosa es que los chistes por momentos no tengan ni puta gracia). En cuanto a su contenido y valor bibliográfico (discográfico en este caso), a pesar de ese tono desenfadado y jocoso se aprecia un rigor superior a la media, incluso por encima del de obras bastante más formales y objetivas que la que nos ocupa. Los escasos errores típicos de las primeras ediciones seguramente se verán subsanados ya en la segunda (seguro que Lee Dorrian de Cathedral ya ha localizado el gazapo que le afecta).

No tengo claro si es el libro ideal para no iniciados en la materia, ya que el carácter totalmente subjetivo y satírico por momentos (eso, que se note que también es fan de Satyricon) puede condicionar severamente al lector neófito en esto del Heavy Metal, pero desde luego es totalmente aprovechable para cualquier tipo de público, sobre todo para el que esté harto de devorar tratados formalistas del género, o incluso revistas especializadas donde la opinión brilla directamente por su ausencia (bendito sea por siempre nuestro Popular 1).

Buena presentación en general, con tapa dura y a un módico precio (en eso creo que gana a la versión original inglesa), y de fácil adquisición en el territorio nacional (FNAC, Casa del Libro y demás tiendas especializadas), La Historia del Heavy Metal se antoja como un auténtico must read, en una época en la que, como bien dice el propio Andrew O’Neill, el acceso a este tipo de música es tan fácil que se agradece que alguien te guíe por los vastos senderos del Metal. Muy recomendable.

Bubbath

King Diamond – Songs For The Dead LIVE (2019)

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Lo de King Diamond empezaba a ser algo ligeramente preocupante. Si bien durante la década de los 90 mantuvo el pulso decentemente a su propio pasado, tanto con el legado de su banda madre Mercyful Fate como con el suyo propio (¿quién no ha flipado alguna vez con discos como “Abigail” o “Them”, o al menos con sus portadas?), pariendo trabajos tan notables como “The Eye” (1990), “The Spider’s Lullabye” (1995) o “House Of God” (2000, ya en la frontera), amén de resurrecciones esporádicas y siempre bienvenidas de Mercyful Fate, con no menos interesantes ediciones como “In The Shadows” (1993), “Into The Unknown” (1996) o el brutal “9” (1999, era inevitable), la década posterior tuvo alguna de cal (“The Puppet Master”, 2003) y sobre todo bastante arena (“Abigail II: The Revenge”, 2002 / “Give Me Your Soul… Please”, 2007), con sequía discográfica de MF directamente, y culminando en un triple by-pass de corazón de nuestro héroe-villano allá por 2010, que interrumpió tajante e indefinidamente su actividad, reducida básicamente a especulaciones de ediciones de diversa índole, con permiso de la única edición aislada en formato recopilatorio de “Dreams Of Horror” (2014).

Y con eso y una experiencia vital (o mortal, mejor dicho) a las espaldas, de la cual King basará la historia de su próximo álbum de estudio, allá por 2015 nos plantamos en una gira conmemorativa del mítico “Abigail”, y no digo aniversario porque 28 años tampoco es que sea un período para celebrar unas bodas concretas. De ese tour, que afortunadamente se estiró lo que se pudo y más, y que algunos de por aquí tuvimos el placer de presenciar a su paso por Barcelona (Rock Fest, 2016), afortunadamente también, tenemos hoy en nuestras manos este “Songs For The Dead”, multi-edición en distintos formatos (vinilo, cd / dvd, blu-ray y box-set) que desde luego merece la pena tener. Los motivos a continuación.

El contenido de las diversas ediciones es básicamente el registro en audio y vídeo de un par de directos de la citada gira, uno en el Graspop Metal Meeting de Dessel (Bélgica) y otro en el mítico auditorio Fillmore de Philadelphia, donde ya han registrado directos otros ilustres como los propios Testament. El repertorio en ambos es idéntico, con la única variación en el orden en el set de “Halloween” y “Eye Of The Witch”, y si bien en la versión audio pocas diferencias podemos destacar entre ambas descargas, es en la versión vídeo donde podemos sacarle todo el jugo a la edición, así como exprimir al máximo tanto la ampulosidad del directo de la banda a nivel festival como la proximidad de éste en sala. Tanto en uno como en el otro formato decir que el resultado es brutalmente espectacular.

Lo dice el propio King Diamond: la banda va muy rodada y se nota. Matt Thompson ya no es el joven que vimos aporrear parches de primeras en la madrileña sala Heineken en los albores de la década del 2000, pero si bien su chasis ha sufrido un considerable desgaste a lo largo de estos años, su técnica diría que ha mejorado incluso, dotando a los temas de un empaque ideal, y sin apartarse del guión que marcaron otros antes (God bless Mikkey Dee!), hasta se permite alguna licencia que aporta un plus al conjunto (esas ráfagas de doble bombo en “Sleepless Nights” suenan que atruenan). Pontus Egberg, el bajista sueco sustituto del denostado Hal Patino desde 2014, ha afianzado el puesto con una ejecución y puesta en escena admirables, mientras que el también sueco guitarrista Mike Wead, desde finales de los 90 en MF, parece haber nacido y crecido de la mano de Diamond (para el que no lo sepa, este señor ya militó en grandes bandas como Candlemass o Memento Mori), el cual se ha acoplado a la guitarra de Andy como un guante, conformando un dúo de la calidad de la vieja escuela Tipton / Downing. Y si Mike y Andy se han acoplado a la perfección, lo de Andy y King es un matrimonio sin opción de divorcio. A día de hoy, LaRocque parece haber sido diseñado para ejecutar la música que pasa por la cabeza de King, con una técnica e imaginación al alcance de pocos en esto del Heavy Metal, y en directo es incluso más palpable que en estudio, con King acercándose constantemente a su hacha de siempre, gesticulando riffs con su huesudo pie de micro, e incluso robándole alguna nota armónica en los trastes al bueno de Andy. Topal.

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Y bueno, mención aparte y expresa merece el gran Kim Bendix Petersen. Tras la operación que casi le cuesta la vida (estuvo clínicamente muerto por momentos, lo que le faltaba a esa cabecita loca), y habida cuenta del bajón de popularidad con trabajos como “Give Me Your Soul… Please” (¿en qué estaría pensando con ese título y esa portada?), fue todo un acierto embarcarse en una gira del calibre que nos ocupa, con una excusa tan magna como la interpretación íntegra de un disco como “Abigail”, pionero en su género de Horror Metal, así como de sus temas más emblemáticos, y con un torrente de voz (falsete, sí, pero hazlo tú a esa potencia y con esa gracia) que no se le había visto hasta la fecha. Bendito corazón partío. Livia Zita, mujer y madre de su recién nacido Byron (homenaje al eterno cantante de Uriah Heep, en paz descanse), acompaña a su consorte en la parte vocal, haciendo de colchón coral y dando una profundidad mayor si cabe a los temas con respecto a sus versiones de estudio.

De la edición en vídeo (blu-ray en mi caso) no me gustaría destripar demasiado al lector, lo suyo es hacerse con ella sin pensárselo dos veces y verlo por uno mismo (no me seáis tan cutres de verlo en Youtube). Decir únicamente que no falta Grandma en “Welcome Home” (esa intro de batería no tiene nada que envidiar al arranque de un “Painkiller” al uso), la copa de vino en el mastodóntico “Eye Of The Witch”, las arengas al público para que se desgañite en el inevitable “Halloween”, o los aquelarres en los rescates de Mercyful Fate (“Melissa”, “Come To The Sabbath”). La instrumental “Them” sirve de puente perfecto para lo que se viene con la ejecución íntegra de “Abigail”, durante la cual King no necesita de teleprompter alguno para recordar todas y cada una de las letras de la horrorosa historia de Jonathan La Fey, Miriam Natias y de la segunda venida del diablo en el cuerpo del feto de Abigail, adaptación musical de claro guiño al mítico film Rosemary’s Baby (aquí en España destripado como “La Semilla del Diablo”). Recomendación particular: coge las letras en esa parte, la disfrutarás el triple. “Insanity” de “The Eye” cierra los conciertos de forma apoteósica y melancólica a pachas, con la banda al completo despidiéndose del respetable y con la sensación en el espectador de haber visto algo grande.

Y poco más que añadir. Tanto si eres fan de KD como si no, yo de ti me haría raudo y veloz con “Songs For The Dead”, me abriría una cerveza y disfrutaría de un (doble) concierto como ni tan siquiera puedes hacerlo en vivo (la multi-cámara es lo que tiene). Ah, y recuerda: si te niegas, 18 se convertirá en 9. El que avisa no es traidor.

Bubbath