Ghost – Ceremony And Devotion (2018)

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Es curioso, o al menos yo no estoy acostumbrado al cómo Ghost han editado “Ceremony And Devotion”. Fue a principios de Diciembre del año pasado, y de una forma casi sorpresiva, cuando pusieron este disco a disposición de todo el mundo en las plataformas de streaming más conocidas, dejando la versión física del disco para Febrero. Llámenlo ustedes adaptación a la tecnología o a la nueva forma de escuchar música en la actualidad.

Es evidente el crecimiento que ha tenido la banda sueca en estos últimos años, siendo su última gira hasta la fecha la más multitudinaria, con varios sold-out en sus fechas llenando pabellones (no en el caso de España), y por ello han querido dejar constancia con un cd doble o streaming “en directo” grabado en la última parte de la gira en USA.

Y detrás de una genial portada, otra vez obra de Zbigniew M. Bielak, y un libreto con todas las fechas de la extensa gira y varias fotos, podemos disfrutar de un muy buen recopilatorio de los amados a la par que odiados Ghost, y digo recopilatorio porque en mi opinión se han pasado tres pueblos con los retoques en estudio. Ciertamente suena todo perfecto, muy limpito y muy clarito. El que ha tenido la oportunidad de ver a Ghost sabe que esto no es así. Aun así, pues el disco mola. Se oyen las explosiones, al público, al Papa Emeritus III como nunca lo escucharás en directo y a los Nameless Ghouls tocando como nunca.

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Momentazos hay, faltaría más. Más aún con esa colección de temas de la que disponen, “Square Hammer”, “Per Aspera Ad Inferi”, la colosal “Elisabeth”, “Cirice”, “Zombie Queen”, “Year Zero”, “He is”, “Ritual” con ese guiño a Iron Maiden en el final del tema, etc. Hay dónde elegir que no fallarás.

Y ya está, eso es lo que te vas a encontrar en este “Ceremony And Devotion”. Como curiosidad decir que la versión en CD trae 2 temas que no están en el Spotify, se trata de “Elisabeth” (por fin) y “Secular Haze”. Y ahora a esperar a ver con qué nos sorprende la cada vez menos misteriosa banda, pues el nuevo disco en estudio está al caer.

Laguless

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Thin Lizzy + Supersuckers – Sala Apolo (Barcelona), domingo 30 de enero de 2011

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Tengo que decir en honor a la verdad que yo fui de los primeros en fruncir el ceño al enterarme de la noticia: Thin Lizzy de gira con el ex Almighty Ricky Warwick. ¿What the f..k? ¿La banda del añorado Phil Lynott comandada por el primer transeúnte desocupado de turno? No way! Lo cierto es que nunca he tenido nada en contra del sr. Warwick, e incluso reconozco que le pegué alguna escucha a aquel musculoso “Crank” de sus The Almighty, pero de ahí a permitirle capitanear la banda de nuestras vidas va un trecho. Pues bien, a día de hoy, cuando todavía me zumban los oídos tras la descarga de la banda más grande de la vieja Irlanda, me trago mis palabras, entono en público el mea culpa y animo a todo aquel que tenga la oportunidad de ver a esa formación que no la deje escapar.

Y es que seamos realistas: de nada sirven los principios éticos y morales de cada uno cuando la decisión no está en tus manos. Si Scott Gorham y Brian Downey deciden que es hora de echarse a la calle a desempolvar toda esa amalgama de clásicos atemporales no seré yo quien les contradiga. Visto lo visto, si unos Accept pueden sobrevivir sin Udo y unos Alice In Chains pueden hacer lo propio sin Lane, no se me antoja mejor tribute-band de Thin Lizzy que la que presenciamos anoche.

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Pero vayamos por partes. Aforo completo en un marco inmejorable (me gusta esa sala, decidido), tercera o cuarta fila a la derecha, quizá esperando inconscientemente la llegada de Scott Gorham, y Supersuckers que salen con puntualidad británica a descargar su set compacto de 45 min. No los veía desde su ya lejano “Motherfuckers Be Trippin’”, y pese a su supuesta ‘madurez’ o ‘desaceleración’, como se le quiera llamar, tengo que reconocer que pocas cosas más han cambiado en el seno del grupo, al menos en su faceta live: concierto demoledor, sin pausas, repasando y condensando su ya considerable discografía y demostrando que siguen siendo una de las bandas más en forma del panorama rockero internacional. Me quedo especialmente con la apertura de “Rock ‘n’ Roll Records (Ain’t Selling This Year)” y con “The Evil Powers Of Rock ’n’ Roll”, que sonaron brutales. Esta vez no guiñaron el ojo al Madman con el bajo de “Believer”, pero en su defecto, el ex Reverend Horton Heat Scott Churilla nos obsequió con la entrada de “Over The Mountain” a golpe de bombo (cómo me gustan esas chorradas), todo un animal de los parches.

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Y si la banda de Eddie Spaghetti encendió los motores como procedía, ver el logo rojo clásico de la banda dublinesa prendió por completo la mecha. Cuando Warwick gritó ‘Are you ready?’ y vi enfrente de mí a Scott Gorham, con el pelo notablemente más largo y totalmente blanco (ese tío fue el estereotipo de guitar-hero ligón de la época, qué puta clase, joder), fue como encontrarse a Gandalf renacido en pleno bosque de Fangorn. En ese momento (y en otros tantos a lo largo de la noche), después de un par de décadas de conciertos a las espaldas tengo que reconocer que sentí algo que no había sentido antes en ningún otro, una confusión de sentimientos alegres y tristes a la par, envueltos entre decibelios y aderezados por la resaca del día anterior. Definitivamente esa banda, tanto por letras como por música ha acabado significando más que cualquier otra para mí, y el hecho de que su líder indiscutible no esté entre nosotros acrecienta aún más si cabe su aura y su leyenda.

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La banda en conjunto estuvo sobresaliente. Los nuevos cumplieron sobradamente con las expectativas, más que por tablas, algo que se presume obvio tratándose de Marco Mendoza o Vivian Campbell, por ganas, ya que se les veía tan entusiasmados o más que a los miembros originales del grupo. Ricky Warwick me sorprendió muy gratamente: aparte de ser irlandés, algo que imagino contribuiría a darle forma al proyecto, se encuentra en buena forma, y su timbre es ideal para emular los tonos de Lynott. Y aunque algo destartalado por momentos en cuanto a movimientos se refiere, supo estar a la altura, delegar relevancia en sus compañeros, y ante todo ensalzar la figura de Phil. Sólo por atreverse a entonar “Still In Love With You” delante de todo ese personal (y además salir bien parado) merece todos mis respetos. En cuanto a Gorham, Downey y Wharton, hicieron lo que correspondía: deleitarnos con su arte, porque a fin de cuentas ellos fueron los que contribuyeron a crearlo.

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De toda esa galería de joyas, que tampoco vamos a desgranar aquí por completo, me emocioné especialmente con la apertura brutal de “Are You Ready”, con las melodías de “Waiting For An Alibi”, con las épicas “Massacre” y “Emerald” (joder, eso son himnos y lo demás son tonterías), el sosegado y emotivo “Wild One” (toda una sorpresa), la apoteósica “Angel Of Death” (casi la prefiero a la de Slayer, fíjate lo que te digo) o con la agridulce “Don’t Believe A Word”, especial para el que suscribe por muchos motivos. Y aunque no sonó nada de discos como “Chinatown” o “Thunder And Lightning”, poco importa si rematan con “Rosalie”, “Bad Reputation” o la majestuosa “Black Rose”, que pese a su complejidad clavaron instrumentalmente.

Set-list:

Are You Ready

Waiting for an Alibi

Jailbreak

Do Anything You Want To

Don’t Believe a Word

Dancing in the Moonlight (It’s Caught Me in Its Spotlight)

Massacre

Angel of Death

Still in Love With You

Whiskey in the Jar

Emerald

Wild One

Sha La La

Drum Solo

Cowboy Song

The Boys Are Back in Town

Bis 1:

Rosalie

Bad Reputation

Bis 2:

Róisín Dubh (Black Rose): A Rock Legend

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Me podría tirar horas hablando de esa noche, de lo que ha acabado representando para servidor la banda de Lynott y compañía, y de lo mucho que se le añora al bueno de Phil, pero creo que es hora de ir dejándolo ya y de poner de nuevo “Live And Dangerous”, probablemente el mejor directo de la mejor banda de todos los tiempos. Salud, y sobre todo larga vida.

Bubba 

(Publicado originalmente en ROCKSCALEXTRIC durante el tercer lustro de la era 2000)

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Thin Lizzy – Greatest Hits (2005)

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El tiempo pone a cada uno en su sitio, y la banda del añorado Phil Lynott, aunque a trancas y barrancas, parece que va ocupando poco a poco un sitio de privilegio en la galería del Rock & Roll.

Digo esto porque si bien hace relativamente poco era incluso difícil hacerse con el material discográfico de la banda (no hablemos ya del videográfico), de un tiempo hacia acá se va viendo un tanto la luz al final del túnel, primero con las reediciones remasterizadas de buena parte de su catálogo, y segundo con entregas audiovisuales con cuentagotas, aunque por supuesto muy bienvenidas.

«Greatest Hits» no es otra cosa que eso, una colección de videoclips que abarca los éxitos más laureados del grupo, desde la celebérrima versión de la tradicional «Whiskey In the Jar», aquí en una aparición televisiva en el Top of the Pops británico con Eric Bell a la guitarra (1973), hasta la fulgurante entrada de John Sykes en el gran «Thunder And Lightning», del cual hace acto de presencia la homónima totalmente en vivo (y con Darren Wharton a las teclas), pasando por una pequeña representación del material de Phil en solitario con las intimistas «King’s Call» (todo un homenaje a Elvis con Mark Knopfler a la guitarra) y «Dear Miss Lonely Hearts» de su primer álbum en solitario («Solo In Soho», 1980), y por supuesto todo un chorro de clásicos atemporales, desde los tiempos de Eric Bell con «The Rocker» (con un Lynott ligeramente… ¿dopado?) hasta los del anodino Snowy White de «Chinatown» y «Killer On The Loose» (¿Michael Jackson plagiando en «Smooth Criminal»?), sin olvidarnos claro está de la era Moore, con perlas tan brillantes como «Waiting For An Alibi» (qué solos), «Do Anything That You Want To» (con todo el grupo tocando los timbales) o las inolvidables dobles armonías de «With Love», toda una delicia para los oídos.

Tampoco queremos conducir a engaño, «Greatest Hits» tiene más bien poco de directo, pero sí un buen volumen de material imprescindible en toda discoteca rockera que se precie. En ese sentido, prepárate para disfrutar una vez más del inmortal «The Boys Are Back In Town», del sobrecogedor «Don’t Believe A Word» (pura poesía), del marchoso cover de Bob Seger «Rosalie», de las atmósferas de «That Woman» o de la irresistible hermosura de «Wild One», y por ende de la formación más elegante que ha dado el Hard Rock, y me refiero a la de Brian Robertson, Scott Gorham, Brian Downey y Phil Lynott, por supuesto. Si además te lo dejan todo a precio de serie media, ¿te vas a resistir?

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Bubba

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

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Fields Of The Nephilim – Revelations / Forever Remain / Visionary Heads (2002)

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Cuenta la Biblia en su libro de Génesis que hubo un tiempo en que los ángeles, no satisfechos con los placeres del cielo, descendieron de éste para materializarse en cuerpos humanos y poder disfrutar así de los placeres terrenales. De la unión de éstos con las mujeres de la Tierra se engendró una prole de superhombres, los Nefilim, también conocidos como “los derribadores”, los cuales dominaron por un largo período de tiempo sobre ella, hasta que un buen día el Creador decidió tomar cartas en el asunto y exterminar de una vez por todas el fruto de aquella traición y desobediencia. Cuenta la otra parte, la mitología pagana, que dicha raza era portadora del secreto de la vida eterna y de la magia, y tal vez por ello el Dios Todopoderoso no vio con buenos ojos que siguieran cohabitando entre sus súbditos aquellos ángeles caídos de su casa.

Hace ya más de tres décadas que un grupo de jóvenes de los suburbios de Hertfordshire, entre ellos Carl McCoy, Tony Pettitt y los hermanos Paul y Nod Wright, se hacían eco de aquellos mitos y leyendas y se apodaban curiosa y elegantemente The Fields Of The Nephilim (“los campos de los Nefilim”), lanzados como muchos en la ola del gótico o de ‘los nuevos románticos’, en la que rápidamente despuntarían tanto por su imagen harapienta como por su contundencia y guturalidad, muy cercana al Hard Rock y el Heavy Metal.

Este documento no es otra cosa que un compendio de todo el material visual disponible hasta la fecha de la disolución de la banda a primeros de los 90 (material oficial, se entiende), que viene a ser el siguiente:

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Es el paralelo al recopilatorio de audio editado con el mismo título, aquí obviamente en formato vídeo y considerablemente reducido con respecto al otro. Aparecen así los encadenados “Preacher Man” y “Blue Water”, el excelente “Moonchild” (con imágenes superpuestas en calidad de diapositivas muy interesantes), “Psychonaut” (al más puro estilo de Richard Harris en “Un hombre llamado Caballo”), “For Her Light”, con imágenes extraídas del directo en el Brixton Academy (contenido en su totalidad en otra sección), y el ‘desértico’ “Sumerland”, además de un vídeo promocional en el que se puede ver y oír a Carl McCoy (sin subtitular, por cierto) con música de la banda como fondo.

Forever Remain

Como su nombre indica, es el concierto íntegro celebrado en el londinense The Town And Country Club en mayo de 1988. En él podemos ver a la banda en su máximo esplendor, luciendo sus harapos del Far-West bien embadurnados de tierra y rockeando a tope, con un público muy entregado. Especial mención merece Carl McCoy, de aspecto casi mesiánico (imaginaos un híbrido entre Wayne Hussey de The Mission, Robert Plant y Enrique Bunbury), luciendo sombrero polvoriento y gafas de sol para el desierto. Eso es imagen, sí señor.

En el set-list de aquel entonces encontramos temas frescos y directos como “Reanimator”, “Dust”, “Preacher Man” o “Trees Come Down”, con ese comienzo a lo “You Could Be Mine” que rompe, así como otros que apuntan ya a clásicos, óiganse “Love Under Will” (valga aquí especialmente lo de ‘mesiánico’ que decía antes), el aclamado “Moonchild” (nada que ver con Maiden), “The Watchman”, “Last Exit For The Lost” o el potente “Chord Of Souls”, todos ellos con una base de ritmo contundente (Tony Pettitt al bajo y el todavía jovencísimo Nod Wright a la batería) como contrapartida ideal a los punteos cristalinos de Peter Yates y Paul Wright, que suenan de lujo.

Visionary Heads

Al igual que el anterior, este apartado se corresponde con otra edición en vídeo, concretamente el directo ofrecido en el Brixton Academy de Londres dos años después (1990). En él podemos ver a la banda un tanto más recatada que antaño (siguen los atuendos, pero la tierra se la llevó el viento), aunque la pose sigue ahí, intacta, lo cual es de agradecer, ya que personalmente soy de la opinión que los conciertos dotados de atractivo visual se hacen doblemente interesantes.

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En cuanto al repertorio se puede apreciar una notable disminución en cuanto a cantidad de temas, que no de duración, y ello debido a la inclusión en el set-list de cortes nuevos como “For Her Light”, “At The Gates Of Silent Memory”, “Sumerland” o “Submission”, pertenecientes al álbum que presentan, “Elizium”, que deja entrever una línea más densa y progresiva de pasajes tétricos y oscuros, pero sin abandonar ese ‘touch of goth’ tan caracaterístico del grupo.

Bonus Tracks

Para rematar la faena vienen incluidos como bonus tracks tres video-clips, correspondientes todos ellos a las diferentes aventuras de los ex miembros de la banda una vez dado el carpetazo a la historia de Fields Of The Nephilim.

Por un lado aparecen “Crazed” (1992) y “Insatiable” (1995), ambos de Rubicon, proyecto de los hermanos Nod y Paul Wright junto a Tony Pettitt y Peter Yates, a los que hay que sumar al vocalista Andy Delaney. Mientras el primero nos muestra a una banda mucho más calmada y sin el siniestrismo del pasado, en el segundo se advierte de lleno el influjo de los 90, en ese período en el que nadie sabía muy bien por dónde tirar. Por otro lado tenemos a Carl McCoy con su aparente continuación de FOTN, llamada simplemente The Nefilim, con el vídeo del single “Penetration” (1996), claramente endurecido (Morgoth o Fear Factory pueden servir de referencias) y que nos orienta un tanto en lo referente al porqué de la separación.

A partir de ahí, diversos rumores de reunión desembocaron finalmente en un único trabajo de estudio (Mourning Sun, 2006), en el que sólo se acreditaba a Carl McCoy (voz, teclados, producción) y a John “Capachino” Carter (bajo, guitarras, batería, teclados), así como al posterior Ceromonies (2012), un doble en directo con su correspondiente DVD (recortado) grabado el 12 de julio de 2008 en el London’s Shepherds Bush Empire tras la edición de Mourning Sun.

Obviando la última etapa de la banda, únicamente con McCoy al frente de la misma y con Tony Pettitt asumiendo las labores de bajista para el directo, Revelations / Forever Remain / Visionary Heads supone una recopilación exquisita de la época dorada del grupo para sus fans (además de bien presentada, en caja transparente y con libreto interior) y un documento idóneo para los no iniciados, ya sea con la banda en particular o con el estilo en general (para el sector más heavy podría ser un auténtico punto de encuentro entre su música y el Rock Gótico).

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Si además quieres constatarlo en directo, tienes una oportunidad única el próximo 30 de marzo en la madrileña sala Mon, donde descargarán las huestes de McCoy tras una prolongada ausencia en tierras hispanas.

Bubbath

 

Accept – Breaker / Restless & Wild, Los años hambrientos…

 

Si bien hay que reconocer a la vieja Gran Bretaña como la cuna del Heavy Metal, con Black Sabbath y Judas Priest como sus máximos y mejores exponentes, Alemania ha sido de largo uno de los países europeos de más arraigo y exportación de bandas en lo que a dicho estilo se refiere, con pioneros como Scorpions o clásicos contemporáneos como los reformados Helloween a la cabeza, y entre medias de ambos, una de las formaciones más míticas y de referencia en el panorama metálico de siempre, los genuinos Accept.

Tras un tímido pero correcto debut (“Accept”, 1979) y un mucho más acertado y festivo segundo trabajo (“I’m A Rebel”, 1980), que ya empezaba a apuntar las maneras de más tarde, vendría lo que es para servidor la madre del cordero, esto es, los trabajos de la banda que más y mejor influenciaron al resto de lechales de la segunda generación germana, tales como Grave Digger, Running Wild o los citados Helloween, a saber, el mítico “Breaker” (1981) y el ya clásico “Restless & Wild” (1982) de los recién estrenados años 80.

No puedo evitar sentir cierta nostalgia al echar la vista atrás, todavía inmersos en la segunda mitad de la década de los 80, cuando el que suscribe adquirió su primer LP de auténtico Heavy Metal en formato k7 en un bar de carretera rumbo a Toledo (obviaremos aquí a los Europe y Bon Jovi disfrutados hasta entonces), con una portada que reflejaba claramente lo que ibas a encontrar en el disco, y es que si la cara de la guapa señorita demuestra asombro, la mía no era para menos al llevarme al oído el riff de apertura de “Starlight”. Sí señores, “Breaker” contenía todos y cada uno de los ingredientes del más puro y genuino Heavy Metal: temas repletos de riffs contundentes y abrasivos (“Breaker”, “Run If You Can” o el citado “Starlight”), donde los duelos de guitarra Hoffmann/Fischer te dejaban sin aliento, letras de contenido irreverente (“Son Of A Bitch”) y auténticos himnos metaleros (“Burning”, “Midnight Highway” o el emocionante “Feelings”) y, cómo no, baladas de esas que ponen la piel de gallina (“Can’t Stand The Night” o “Breaking Up Again”, entonada esta última por el propio Peter Baltes, bajo). Mención aparte merece la voz de Udo Dirkschneider, una especie de cruce luciferino entre Brian Johnson y Rob Halford, que acuñó sello propio y que pronto imitaron muchos seguidores, la mayoría sin éxito.

“Breaker” no pudo más que obtener excelentes críticas por parte de la prensa especializada del momento, no en vano dicho trabajo les sirvió de catapulta a Europa, por la que giraron desde el 6 de noviembre hasta el 14 de diciembre de 1981 con los mismísimos Judas Priest en su gira World Wide Blitz, en la que presentaban su disco de transición “Point Of Entry”.

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Y si “Breaker” era un excelente trabajo, “Restless & Wild” otorgaría la inmortalidad definitivamente a la banda teutona. ¿Cuántas veces no habremos disfrutado con el speedico y legendario “Fast As A Shark” o el contundente “Restless And Wild”? En este, su cuarto álbum, la banda conformada por los guitarristas Wolf Hoffmann y Hermann Frank Jr. (que sustituyó a Fischer), Peter Baltes al bajo, Stefan Kaufmann a la batería y, cómo no, el incombustible Udo Dirkschneider a la voz, confirmó con creces las expectativas y parió un álbum completamente imprescindible dentro del estilo. Si bien temas como “Shake Your Heads”, “Get Ready” o el atronador “Has Rocking Man” (lo que habrá mamado de aquí gente como Chris Boltendahl) seguían en la onda de “Breaker”, otros como “Neon Nights”, el épico “Don’t Go Stealing My Soul Away” o la dulce “Princess Of The Dawn” sin duda iban más allá, consagrando ya al grupo como verdadero referente en el circuito metálico y permitiéndoles proseguir con su conquista de Europa (no sería hasta el año siguiente con “Balls To The Wall” cuando cruzarían el charco a la conquista de Norteamérica de la mano de Kiss y Saxon).

Como dato anecdótico, comentar que la portada original de “Restless & Wild” incluía la imagen de unas guitarras incendiándose, pero cuando se lanzó en los mercados estadounidense y británico se cambió por una fotografía de la banda tocando en vivo.

Posteriormente vendrían notables trabajos como “Balls To The Wall” (1983) o “Metal Heart” (1985), sin duda con un mayor presupuesto bajo el brazo, con unos temas más elaborados e incluso en algunos casos aptos para las radio-fórmulas, y consiguientemente una mayor repercusión a nivel mundial, pero particularmente sigo prefiriendo la rabia y la fuerza que desprendían estos “Breaker” y “Restless & Wild”, los cuales mostraron el camino a seguir a formaciones posteriores y asentaron un sonido ya genéricamente entendido como “metal alemán”.

El resto de la historia ya es de sobras conocida por los seguidores de la banda: tras una primera salida de Udo después de grabar “Russian Roulette” (1986) para proseguir carrera en solitario, la banda pinchó de manera considerable al prostituir su estilo inicial con el americanizado “Eat The Heat” (1989), con David Reece al micro. Dos reuniones posteriores de la banda con Dirkschneider (la primera de ellas registró el correcto “Objection Overruled” y los más discretos “Death Row” y “Predator”) supusieron el carpetazo a una carrera gloriosa por momentos (1981-1985) y prescindible por otros (1987-1997), acabando con la banda en una incómoda segunda fila, de la que siguen intentando salir a estas alturas con el americano Mark Tornillo al frente, aunque eso, nunca mejor dicho, es otra historia.

Ya sabes, si la época de gloria de la banda germana te pilló demasiado joven es hora de pegarles una escucha, y si ya conoces de qué va la vaina, no estaría de más desempolvar tus viejos vinilos y volver a disfrutar de ellos tropecientos años después.

Bubbath

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado y editado en enero de 2018)

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Moonspell – 1755 (2017)

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Los lusitanos Moonspell siguen surcando décadas plácidamente, al margen de modas y subestilos, con un patrón más o menos definido (Gothic / Dark Metal de corte clásico, resumiendo muy mucho), si bien se permiten vascular entre lo más comercial y lo que menos con algo más de tacto que otros contemporáneos suyos, como pueden ser Amorphis (más conservadores y lineales en cuanto a sonido) o Paradise Lost (de bandazos más extremos, en uno u otro sentido), por citar los más representativos. Obviaremos aquí a los Anathema y Katatonia de turno, que dado el intimismo de sus propuestas no han llegado a las cotas de popularidad de los primeros.

“Extinct” (2015) supuso el cénit de los portugueses a nivel Gothic Metal strictu sensu, probablemente el trabajo más accesible del grupo (que no ‘comercial’, ya que dudo haya sobrepasado los niveles de ventas otrora conseguidos por la banda), con una factura de singles irrepetible y sin perder en ningún momento sus señas de identidad, fundamentalmente la melodía y esa melancolía propia tan característica de la vieja Portugal. Fernando Ribeiro, que de tonto no tiene un pelo, sabía que seguir la línea trazada en aquél sólo podía llevar al desastre, y con esas recuperó una vieja idea de su época universitaria, que tras el visto bueno de sus compañeros de formación ha dado como fruto este 1755, una obra conceptual entorno a la tragedia acaecida en Lisboa en dicho año en forma de terremoto y posteriores tsunamis que asolaron por completo la ciudad y aledaños, y entonada íntegramente en la lengua materna de la banda, para que cualquier parecido con el pasado sea mera coincidencia. Ya lo decían sus vecinos hispanos, lo que embruja es el riesgo, y no dónde ir…

Y es precisamente eso lo que engrandece este trabajo, su carácter progresista, de ruptura y de nueva factura, algo que tiene su paralelismo en la propia historia que narra, la de una antigua Portugal fuertemente enraizada en el Catolicismo, que tras verse devastada por semejante catástrofe natural vino a replantearse su propia existencia religiosa a través de numerosos planteamientos filosóficos y no menos escritos existencialistas. Señor, ¿qué he hecho yo para merecer esto?

Y es que si bien trabajos conceptuales de referencia como Welcome To My Nightmare, Abigail o Seventh Son Of A Seventh Son lo fueron por su temática Ci-Fi o sobrenatural, 1755 lo es por su carácter realista-catastrofista, además de por estar escrito en el portugués autóctono de sus autores, algo poco habitual en el Rock en líneas generales, lo cual le dota de mayor personalidad si cabe. Con todos estos ingredientes y planteamientos en mente, y obviando por momentos lo que supusieron otros episodios musicales memorables de la banda (se recomienda encarecidamente escuchar el disco poniéndose en situación, previo proceso de abstracción total y con cascos y libreto en mano), no queda más que adentrarse en la visión personal de Moonspell de uno de los desastres naturales más impactantes y significativos de la Historia contemporánea, oígase por capítulos.

Em Nome Do Medo / In The Name Of Fear: Adaptación orquestal del tema de mismo título incluido en el álbum “Alpha Noir”, en esta versión con un tinte decididamente más dramático y épico, y que sirve perfectamente para ponerse en situación y agarrarse bien al sillón, que se avecinan temblores.

1755: Comienza la catarsis. Arranque frenético y directo, con coros a la Carmina Burana y un breve respiro en el interludio en formato de solo de guitarra de Ricardo Amorim y demás arreglos orquestales. Buen comienzo, contundente cuanto menos.

In Tremor Dei / In Fear Of God: Single decadente, tanto por letra como por tempo, con un riff incesante de Ricardo, aderezo de coros femeninos, y toda una religión de arraigo nacional puesta en entredicho en apenas una estrofa. ¿Castigo divino?

Desastre / Disaster: Comienzo doom que desemboca en un medio tiempo, y así se van sucediendo. En el aspecto lírico continúan las cuestiones trascendentales. No eres más que un hombre, un esclavo de Dios… Culpable.  En la edición que tengo en mis manos, además, se incluye la versión del tema en castellano.

Abanao / Quake: Haciendo honor a su nombre se me antoja el epicentro del trabajo. Muro de guitarras, guturales de Ribeiro, teclados acolchando omnipresentes característicos de sus colegas Cradle Of Filth (grande Pedro Paixao) y un cierre abrupto como el propio seísmo.

Evento / Event: Gaspar (batería) y Aires (bajo) abren la contienda de uno de los mejores cortes del disco, en el que no falta de nada y donde todo acompaña, desde el riff principal hasta el puente y el estribillo central (La fe no sirve de nada… Tranquilízate, es el fin… quédate quieto, porque Dios así lo quiere). Un tema prototípico de Moonspell con ese toque agónico tan característico y que siempre desemboca en un torrente de melodía cuando menos te lo esperas. Dios aprieta, pero no ahoga.

1 de Novembro / November 1st: En lo musical, parece un pasaje extraído de un álbum del mismísimo Rey Diamante (ese comienzo a lo The Lake les delata), con un Ribeiro entonando más alto de lo normal, mientras que en lo letrístico supone un punto y aparte, tanto en el disco como en la Historia de Portugal, llamémosle de Renacimiento cultural.

Ruinas / Ruins: Pasaje o, lo que es lo mismo, camino intermedio que comunica otros dos, en este caso temas. No se le puede llamar relleno, ya que en estos casos es tan imprescindible como un tema de los principales, necesario para hacer hueco y abrir paréntesis.

Todos Os Santos / All Saints: Otro de los grandes momentos del disco. Paradójicamente el desastre sobrevino el día de Todos los Santos en Portugal, con toda la muchedumbre visitando las iglesias, que a la postre serían derruidas (con la gente dentro) y la ciudad incendiada por los efectos de las innumerables velas encendidas. El corte de marras trata dicho tema desde una perspectiva positiva, tanto por música como por letra. The day rises in Portugal!

Lanterna Dos Afogados / Lighthouse For The Drowned: Supone el punto más sosegado del trabajo, de clara similitud con el material inmediatamente anterior del grupo (podría figurar perfectamente en “Extinct”), con Ribeiro cantando limpio por momentos. Buen cierre para un disco cargado de emociones fuertes.

Y eso es básicamente lo que comprende 1755, un disco repleto de riesgo (concepto, idioma, temática subyacente…) para una banda que, asumida ya su posición y que no tiene nada que perder (a lo sumo algún fan más, los que entran por los que salen), sabe lo que quiere y ante todo es honesta consigo misma, pese a quien le pese. Para el que suscribe, además, supone otro regalo más de una banda afín desde hace tiempo y por diversos motivos, tanto culturales como ancestrales. Muito obrigado, senhores. Faz dia em Portugal!

Bubbath

Rey, caballo y sota… La era Medieval de Judas Priest (1984 – 1988)

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Defenders Of The Faith (1984)

Una vez oí decir a alguien que “Freewheel Burning” representaba exactamente lo que es el Heavy Metal, tanto musical como letrísticamente hablando, y no pude más que darle la razón. De eso hace ya mucho tiempo, y no hace tanto llegó a mis oídos que dicha persona perdió la vida en un accidente en carretera, a lomos de una motocicleta concretamente, supongo que efectivamente acopló las palabras del mítico tema a su filosofía de vida y acabó pagando por ello.

Anécdotas trágicas aparte, lo que es innegable es que tanto el corte que abría aquel “Defenders Of The Faith” como el resto de temas y el propio título del disco rezumaban puro y genuino Heavy Metal, y a la vez consolidaban un sonido ya clásico y servían de fiel espejo en el cual mirarse las generaciones venideras.

La portada, al igual que las de su predecesor (“Screaming For Vengeance”) y sucesor (“Turbo”), corría a cargo de Doug Johnson, y en ella se mostraba a un ser mitad máquina mitad bicho llamado The Metallian, que además de amenazar con arrasar con todo (luego repetirían con The Painkiller), daba buena cuenta de la afición de Tipton y compañía por los cómics de ciencia-ficción.

El disco, producido por Tom Allom y mezclado en los DB Recording Studios y en los Bayshore, ambos en Miami (Florida), proseguía con la línea dejada en “Screaming For Vengeance” y mantenía en todo momento el vertiginoso listón de aquél, ya con la formación bien asentada (Rob Halford voz, Glenn Tipton y K.K. Downing guitarras, Ian Hill bajo y Dave Holland batería) y con el mundo entero atento a la jugada.

El antes mencionado “Freewheel Burning” y “Love Bites” servían de carta de presentación del disco (singles creo que lo llaman), el primero todo un alegato speedico de cómo practicar Heavy Metal, de guitarras incendiarias y estallidos vocales imposibles (Halford manda), y el segundo un medio tiempo épico y futurista que ya vaticinaba lo que podría venir en el futuro (“Turbo”), con una letra de esas que en boca del ‘Metal God’ sonaba más pendenciera todavía (“now you are mine, in my control”). Por cierto, los video-clips acompañaban que era un gusto, para revisitar en estados anímicos bajos.

Pero había más, por supuesto. “Jawbreaker” era potente y quedona a la vez, con unos duelos entre Tipton y Downing espectaculares, un doble bombo atronador por parte de Holland y unos falsetes finales de Halford de los que hacen afición. “Rock Hard Ride Free” era toda una declaración de principios, como el disco (“rock hard, ride free, all day, all night… rock hard, ride free, all your life”), impresionantemente simple y simplemente impresionante, “Some Heads Are Gonna Roll” era un curioso préstamo del cantautor Bob Halligan Jr., al igual que hicieran con las pasadas “Diamonds And Rust” y “The Green Manalishi”, y “Night Comes Down” hacía las veces de power-ballad de esas que crean escuela. Orgásmico.

El parco “Eat Me Alive” bajaba un tanto la media del trabajo, pero ésta subía enteros por momentos con el apoteósico “The Sentinel”, de comienzo espectacular (doblando guitarras), estribillo épico (“Sworn to avenge, condemn to hell, tempt not the blade all fear the Sentinel”), interludio mítico (“…the figure stands expressionless, impassive and lone, unmoved by this victory and the seeds of death he’s sown”) y catarsis final, con unos agudos inalcanzables por parte de Rob. Como dato curioso señalar que no se incluyera este último en el doble recopilatorio “Metal Works” pero sí el primero, cosas de la vida.

Cerraba el plástico una compuesta “Heavy Duty/Defenders Of The Faith”, de cadencia hímnica la primera parte y coros finales la segunda, ambas fundidas de tal forma que parece sólo una. Si al acabar la pieza no tenías el puño en alto, o no eras heavy o no te corría sangre por las venas (o las dos cosas).

Ese mismo año se presentaban en la piel de toro por primera vez con el disco bajo el brazo, y dos décadas más tarde unos jóvenes inquietos rendían tributo cibernético tanto a aquel disco en particular como al estilo que acuñaron sus padres en general. Que dure.

Bubba

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Turbo (1986)

A muchos os parecerá extraño el ver este álbum de Judas Priest en el apartado de clásicos si tenemos en cuenta que no es representativo de su trayectoria y que supone un paréntesis en toda la amalgama de poderoso Heavy Metal que los de Birmingham siempre han estado orgullosos de encabezar. No obstante, el hecho de que constituya un punto y aparte en su estilo característico, asentado durante el primer lustro de los 80 gracias a “British Steel”, “Screaming for Vengeance” y “Defenders Of The Faith”, nos ayuda a apreciar la capacidad del quinteto a la hora de interpretar su música de diferentes maneras y llegar a un público mayoritario sin perder un ápice de calidad. De hecho lo habían intentado antes, quizá no tan abiertamente, con “Point Of Entry”, pero el resultado no fue satisfactorio. “Turbo” fue grabado por la formación más duradera de Judas Priest con el inigualable Rob Halford a la voz, los míticos Glenn Tipton y K.K. Downing a las guitarras, Ian Hill al bajo y Dave Holland a la batería. La exitosa gira mundial bajo el nombre de “Fuel For Life Tour” que siguió a su lanzamiento les llevó a editar el álbum en directo “Priest…live!”.

“Turbo” consiguió dotar al Heavy Metal de los Priest de unos temas claramente comerciales, sencillos de recordar y accesibles a las grandes masas. “Rock You All Around The World” fue el ejemplo más visible, convirtiéndose en una pieza imprescindible en sus shows de entonces por su estribillo pegadizo. “Locked In” es más afín al esquema clásico del grupo, rock potente y directo, siendo el tema más fuerte de este álbum. “Turbo Lover” atrapa desde el inicio con la voz de Halford en primer plano en todo momento. La sobriedad de “Out In The Cold” esconde una energía contenida que explota en aquel arranque de “Priest…live!” (todavía estremece la figura de Rob Halford apareciendo desde detrás del escenario de forma ceremoniosa en el video durante este tema). Al grito de “Wild Nights (Hot & Crazy Days)” se desarrolla uno de los himnos más festivos de los Priest, y “Reckless” como colofón es una de esas canciones con un feeling enorme cuyo triste e injusto destino es el olvido.

No podré negar que los Priest atesoran más de un trabajo clasificable como clásico, pudiendo añadir “Painkiller” a los tres citados arriba, y que “Turbo” es la excepción dentro de su discografía. Aun así, la habilidad que los británicos demostraron tener para cautivar la atención de la gente ajena al mundo del rock y el metal e introducirlos en el mismo debe ser valorada en gran medida. Al menos, ese es mi caso y no puedo ocultar el cariño especial que le tengo a este disco. Supongo que algo así nos ocurre a todos con algunos álbumes, ¿verdad?

J. A. Puerta

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Ram It Down (1988)

Seguramente no es el disco más representativo de la carrera de los Judas, seguramente no es lo que se considere un clásico de la banda, pero para mí es un muy buen disco.

La portada ya deja patente lo que Judas buscan en este álbum, un puñetazo y dejar las cosas claras después de la absurda polémica que supuso su disco predecesor “Turbo”, con un sonido mucho más metálico y muy cercano a lo que sería su disco posterior, “Painkiller”. Es lo que yo llamo un disco bien situado en el tiempo, o sea, que recoge los coletazos del “Turbo” y nos acerca a lo que vendría después. Por cierto, es el inicio de las portadas de Judas en tonalidades azules.

Y ahí tenemos claros ejemplos de guitarras metálicas y riffs poderosos desde el inicial grito agudo de Halford con el tema título “Ram It Down”, que contiene uno de los solos más vertiginosos y posiblemente de los que más me gustan de Judas Priest, muy buen trabajo de K.K. y Glenn. Como curiosidad decir que la canción la llegué a escuchar en los 40 en su día, aunque no la pusieron en su totalidad.

Deleitarse escuchando el solo inicial de Glenn en “Heavy Metal” es algo que he hecho en más de una ocasión, una canción en la que es cierto que se me hace algo repetitivo el estribillo y que no sería la única declaración de principios en el disco, pues también nos encontramos con “I’m A Rocker”, y que plasma perfectamente lo que os decía al inicio de la reseña, un perfecto cruce entre “Turbo” y “Painkiller”. Por cierto, ¿he oído el estribillo de “I’m A Rocker” en “Leather Rebel” o es mera coincidencia?

Lo mejor del disco está sin duda en su parte central, con otro puñetazo en toda la cara llamado “Hard As Iron”, una de las canciones más cañeras de la banda y con un estribillo acojonante donde me encanta la voz de Halford. Destacaría también el uso de efectos de explosión en el tema, dotando al mismo de mucha más fuerza si cabe, sobre todo en la parte central, pelos de punta, oiga. Después del trallazo viene un tema más pausado, pero no por ello menos bueno, y es que “Blood Red Skies” podía estar perfectamente en “Turbo”. Relájense y escuchen sobre todo la voz de Rob Halford, digna de elogio en la parte acústica y en el estribillo. ¿He dicho antes la expresión pelos de punta? Aplíquenla aquí también. Es el tema más largo del disco, casi ocho minutos.

¿Hay alguien que no haya escuchado el clásico de Chuck Berry “Johnny B. Goode”? Pues los Judas se atreven a darle su propio sonido y a actualizarla, ciertamente el único parecido con el de Chuck Berry es la letra, ya que en la música no tiene absolutamente nada que ver. ¿Se le puede llamar a esto versión? Hombre, no lo sé, pero lo que sí os aseguro es que fue una de las canciones que más escuché del “Ram It Down” en su época.

¿Y qué hace que este disco no se considere de lo mejorcito de la banda? Pues tristemente nos encontramos con dos canciones de relleno y totalmente sobrantes, y que son precisamente las dos últimas: la macarra “Love You To Death” y la que siempre he tenido atragantada, “Monsters of Rock”, juntándolas con otras que no son malas, ni mucho menos, pero que no tienen ese don de destacar, como “Love Zone” o “Come And Get It”.

Muy buen disco, con Judas volviendo a reafirmarse en los sonidos más metálicos. Por cierto, el disco fue el último en el que aparece en los créditos de baterista el polémico Dave Holland.

Aguskill

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado en enero de 2018)

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Héroes del Silencio – Live In Germany (2011)

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Nunca es tarde si la dicha es buena, imagino fue lo que pensaron Juan, Pedro y Joaquín a la hora de ponerse manos a la obra y rescatar del ostracismo este concierto de la gira “El Camino Del Exceso” en su paso por Alemania, concretamente registrado en la ciudad de Koblenz el 2 de octubre de 1993 y televisado por la cadena SWF3 el 4 de diciembre de ese mismo año, y de seguro que muchos de sus nuevos y antiguos fans han compartido dicho pensamiento.

Lo cierto es que extraña su edición a estas alturas, no tanto por su demora, más que evidente, como por el vacío existente a nivel de discografía en directo tras el aclamado “El Espíritu Del Vino”, ya que si bien se editó en su momento aquella caja oficiosa “En Directo”, la cual recogía el vídeo del concierto ofrecido en el Palacio de los Deportes de la CAM (también ofrecido en su momento por La 2 de TVE y posteriormente incluido en la edición “El Ruido Y La Furia”), el mencionado disco no tuvo su directo ‘oficial’ como lo tuvieron “El Mar No Cesa” con el mini Lp “En Directo”, “Senderos De Traición” con “Senda 91” y “Avalancha” con “Parasiempre”, y visto lo visto y oído lo oído pienso sinceramente que deberían haberlo editado entonces, ya que la pieza encaja perfectamente, sirviendo de perfecto complemento documental en lo que a ediciones en directo del grupo se refiere, e incluso superando con facilidad el listón ofrecido en alguno de ellos (“Parasiempre”).

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¿Y qué puede aportar “Live In Germany” en estos latidos en los que estamos? Aparte de nuevos ingresos para EMI Music Spain, a la cual se le resiste dejar de ordeñar a una de sus vacas más sagradas (dudo que le queden más ases en la manga), sirve de extracto fehaciente de lo que era un concierto de Héroes en aquellos años, ejecución correcta y entrega máxima en cualquiera de las circunstancias, fuera cual fuera la audiencia y el número de integrantes de ésta. En este caso concreto, podemos apreciar tanto visual como musicalmente a los Héroes más genuinamente rockeros de su corta pero prolífica trayectoria, no en vano la única representación aquí de su era más gótica y primigenea son “Olvidado” y el bonus track “Hace Tiempo”, las cuales rockerizan debidamente para su empaste con el resto. Por lo demás, mayoritaria representación de Senderos y El Espíritu, reducida aquí en función de la calidad y los cortes publicitarios de la televisión alemana, ya que doy fe de que un concierto de HDS por aquel entonces albergaba aproximadamente el triple del contenido de este CD y DVD.

Si bien el artwork está suficientemente cuidado, con fotos de la época y la simbología plateada de “El Espíritu Del Vino” (se nota que no es otra fría edición de EMI y que se ha involucrado el propio grupo), se echa en falta algo más de material y coherencia (sigo preguntándome qué pinta en el libreto la portada del “Senda 91”), aunque entiendo que dado el precio y el formato doble tenían que recortar por algún sitio.

En cuanto a la continuidad del grupo y sus ediciones futuras, esperemos que Bunbury entre en razón y no deje huérfano al buque, sin él no sería ni de lejos lo mismo.

Bubba

(Publicado originalmente en ROCKSCALEXTRIC durante el tercer lustro de la era 2000)

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