LEYENDAS DEL ROCK 2019 – Polideportivo municipal de Villena (Alicante), sábado 10 de agosto de 2019

leyendas-rock-2019-sabado

La decimocuarta edición del Leyendas ha pasado por ser una de las más flojas (por no decir mediocre) de los últimos tiempos. Si ya con el cartel completo viendo todos los logos de las bandas al móntón quedaba la incómoda sensación de cojera, fue poner el petardo en el zurullo y difuminarse por completo las ganas de acudir a todo el festival. Con una primera jornada de miércoles repleta de repetidores, un jueves con unos requete-reformados ‘Thin Lizzy’ que si acaso son dignos de rellenar más que de encabezar (Scott Travis ya es demasié pal cuerpé, hasta para los fans de Judas Priest y Thin Lizzy) y unos Airbourne el viernes que ni fu ni fa, el sorteo tocó en sábado, jornada que aprovecharíamos para quitarnos un par de asignaturas pendientes (Metal Church, Deicide), repasar otras (Candlemass, Rata Blanca) y ver de paso lo que se nos cruzó por el camino.

 

Después de trastearnos unos pinchos y unas jarras de cebada en la otra punta de Villena, desde la que nos trasladó al Festi en su coche particular una gitana de nombre Conchi, que se compadeció de los presentes y tuvo a bien acercarnos con la compra recién hecha (aún queda gente buena en el Mundo, damas y caballeros), accedíamos al recinto con los gélidos Saratoga enfriando el bochorno de esas horas. Lejos quedan ya los tiempos rockeros de Fortu en la banda, los de Gabi Boente e incluso los primeros pasos de Leo en la formación (“Vientos de Guerra” me sigue pareciendo un discazo), tantas idas y venidas les han pasado factura, y a día de hoy ya me interesan más bien poco. A ver si a Jero le da por reunirse con miembros de Santa o de Ñu y nos regala algún concierto realmente ‘legendario’, porque lo de Saratoga no creo que dé para mucho más y ya se le está pasando la rosca.

IMG_20190810_180914

Lo de Metal Church fue pura racanería, lo tengo claro. Tenían los medios, un repertorio que (si se te antoja) quita er sentío y a un Mike Howe en estado de gracia, llegando a las notas más altas, pero se anduvieron por las ramas y aburrieron por momentos. Que no se me malinterprete, tocaron a un alto nivel y los temas interpretados no hubieran sobrado en su gira, pero esto era un festival, y con un timing tan acotado es mejor no especular. De la era Wayne apenas si sonaron unos tímidos “Beyond The Black” y “Start The Fire”, que si bien se agradecieron parece que toquen por obligación, centrándose básicamente en la época Howe, con cosas imprescindibles como “Badlands” o “Fake Healer”, esta última ya en los bises, y con un montón de cosas en el durante que me sobraron y donde tampoco voy a reparar. Mucho instrumental, las rítmicas de Vanderhoof comiéndose los solos (¿conscientemente?) de su compadre, y una sensación final de haber podido presenciar algo mucho más grande un tanto desagradable. El que da lo que puede no está obligado a más, pero me temo que éste no fue el caso.

Sin hablar, como dijo mi colega René (qué risas nos pasamos, joer), y con las últimas notas de Metal Church sonando a las espaldas, corrimos raudos y veloces a ver los últimos temas de Hitten en el escenario Mark Reale, de los que pudimos ver el último cuarto de hora de actuación aproximadamente. “In The Heat Of The Night” y “State Of Shock” si mal no recuerdo, mucho feeling por el escenario, con la colaboración del ex vocalista Aitor en los bises, la peña totalmente volcada con la banda (prácticamente es como si jugaran en casa) y un sonido que les hizo justicia es lo que os puedo contar de lo poco que vi de su actuación, en la que me consta que no se dejaron ninguna bala en la recámara, sólo había que ver las caras de grupo y público. A ver si consiguen afincarse en la línea que pretenden, aunque por su estilo y a estas alturas de evolución musical dudo que puedan escalar mucho más. Who cares?

IMG_20190810_191701

Gloryhammer y Badana nos los pasamos rodando la secuela de Heavy Metal Parking Lot, aquel mítico film metalero grabado íntegramente en un parking de Maryland en 1986, antes de un concierto de Judas Priest. Birras, muchas risas con René, Raúl, Csilla y Laura (y los que nos encontramos por el camino, como el Jabo o Vincent Beherit) y reset para proseguir la jornada con Hammerfall.

Lo comentaba con los presentes, yo soy de los Hammerfall de Jesper Strömblad (“Glory To The Brave”, 1997), en una época donde pasaba justo al contrario que ahora, la contraria la llevaban ellos. A partir de “Renegade” (2000) ya empezó a llover sobre el mar y me tiré del barco, pero como ya comenté en la reseña del año pasado de este mismo festival*, siguen mereciendo mis respetos por lo que supusieron en su momento, todo un anticoagulante del Heavy Metal de corte más clásico, y siempre son disfrutables sus directos, aunque sean más básicos que el mecanismo un botijo. “Let The Hammer Fall”, “Templars Of Steel” o “Hearts On Fire” nos levantaron el puño, y los refrescantes chupitos de Johhny Walker con hielo y naranja nos refrescaron el gaznate. A todo esto, a falta de Oscar Dronjak siempre nos quedará nuestro Raúl Valero como reserva.

IMG_20190810_210942

A partir de aquí ya empezamos a desvariar, es decir, de Nervosa vimos la parte final (brutales, como el año pasado*, espero que esta vez no les robasen nada), nos asomamos a ver algo de Apocalyptica (curiosa estampa ver a toda la peña tirada en el césped escuchando el “Orion” de Metallica sin pestañear), para volver al Reale a ver a los suecos Candlemass del renacido Johan Längqvist, que grabara aquel mítico debut “Epicus Doomicus Metallicus” (1986), todo un referente en lo que a Epic Heavy / Doom se refiere, y del que nunca más se supo. La banda sonó a trueno, gorda y cristalina, y los míticos “The Well Of Souls”, “Solitude” o “Crystal Ball” recuperaron de golpe su crudeza original, sin menospreciar en ningún momento la faceta más operística de Messiah Marcolin y su contribución a la banda a partir de “Nightfall” (1987), así como la puesta al día del sonido del combo con el más reciente vocalista Mats Levén, que por mucho que se empeñen algunos medios profesionales, a veces Wikipedia está desactualizada. Gran descarga de la banda de Leif Edling, como era de esperar, una formación de las que cada vez nos quedan menos a nivel de calidad, originalidad y funcionalidad. Sobresalientes.


IMG_20190810_223320

Avantasia, la banda-capricho del histriónico Tobias Sammet (le aguanté los debuts de Edguy y Avantasia, respectivamente, y para de contar), hacía aparición a la hora que dispusimos para el avituallamiento, así que esta vez, a diferencia de otras muchas donde esquivamos a la banda como pudimos, nos la tragamos prácticamente enterita, no con pocas dosis de ketchup y mostaza, eso sí. Por el escenario fueron pasando Eric Martin, Bob Catley, Jorn Lande (bastante mejor que la única vez que pude verlo en directo con su anterior banda, Masterplan) y hasta el bueno de Geoff Tate (sorpresón), todo un desperdicio de vocalistas al servicio del mico este, pero que al menos hicieron más llevadera la velada. Conté los minutos y los segundos de la actuación, como en un día de resaca en el trabajo, hasta que cayó la fast-food y caímos en la cuenta que había otro escenario más arriba. Tobías, déjalo estar ya. Suficiente. Sin rencor.

Decapitated atronaban aún el Mark Reale a nuestra llegada, pero poco pudimos ver de su actuación, cuando quisimos coger bebida y ponernos cómodos ya estaban terminando la susodicha. Los siguientes en aparecer en el pequeño de los escenarios del Leyendas eran los metaleros alemanes Brainstorm, pero dada su coincidencia con Deicide tuvimos que declinar la oferta, despidiéndonos de nuestros compañeros de jornada René, Raúl y Csilla hasta la próxima batalla (un placer como siempre, grandes).

IMG_20190811_004507

Recuerdo que Glenn Benton y sus huestes me hacían mucha gracia en su momento, aquello del suicidio a los 33 y esas letras tan explícitamente anticristianas me sobrepasaban por completo, pero la música está ahí, y doy fe de que la ejecutan en directo a la perfección. “Dead By Dawn”, “Once Upon The Cross”, “In The Minds Of Evil”, “Scars Of The Crucifix”, “Serpents Of The Light”, “Kill The Christian” o “Lunatic Of God’s Creation” fueron cayendo como losas sobre los cerebros allí congragados, con Benton escupiendo guturales y berridos histéricos como si estuviera poseído (pos eso), y la batería de Steve Asheim salpicando con ese perenne doble pedal cual Igor Cavalera totalmente encabronao. Riffs incendiarios, histeria colectiva en forma de mosh-pit y descarga brutal en líneas generales, sin duda de lo mejor de la jornada, aunque buena parte del respetable no lo pudiera o supiera apreciar. Satán os castigará con una buena cagalera veraniega.

Y lo de Rata Blanca fue la decepción que confirma la regla: no des nunca nada por sentado. A esas horas las fuerzas ya brillaban por su ausencia, con lo que necesitábamos una inyección de energía para aguantar. En lugar de eso, la banda se dejó lo mejor para el final, la pena es que para entonces ya no estábamos en el lugar. Temas correctos pero perfectamente sustituibles (algo así como lo de Metal Church pero a lo bestia) y un medley insulso que nos empujó a abandonar definitivamente el polideportivo de Villena hasta más ver. Sin duda la peor vez que les he visto, malas elecciones en general y un cansancio ya de cojones en particular.

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Y hasta aquí las impresiones de un servidor a grandes trazos (y pelotazos), finalmente mereció la pena la visita a Villena, este año no tanto por lo musical como por el factor humano y lo personal, sin duda de lo mejor del festival. A ver si nos vemos el año que viene, que por lo que nos dijo la Conchi ya han firmado por otras cuantas temporadas. Hasta el infinito… y más allá!

* Fe de erratas: Nervosa y Hammerfall no estuvieron en la edición del año pasado sino en la anterior, es lo que tiene cuando se asiste a todas las ediciones y se tira de memoria, ustedes disculpen 😉.

Bubbath

Anuncios

King Diamond, in his darkest hour…

 

puppet

KING DIAMOND “The Puppet Master” (2003)

Cada adquisición discográfica de King Diamond es como un sorteo de Lotería, nunca sabes cuándo vas a salir premiado, y es que el bueno de King es de esos artistas de los que se puede sonsacar sobre todo irregularidad. En esta ocasión podría decirse que ha tocado la pedrea, porque pese al desconcertante título (¿no había otra forma de agradecerle a Ulrich los favores?) y a la pésima portada, “The Puppet Master” supone un trabajo más que digno.

Tras la bochornosa continuación del mítico “Abigail”, parece que King y Andy han optado de nuevo por la modestia, y aparte de dejarse de innecesarias secuelas que no hacen sino empañar a sus predecesoras, vuelven a ofrecernos puro y duro Heavy Metal del de siempre, sin renunciar al toque progresivo que siempre les ha caracterizado, pero sin llegar a perderse en el invento.

Lo primero que llama la atención del trabajo es la nitidez de la producción (Diamond, LaRocque, J. T. Longoria), así como la precisa y contundente base rítmica, conformada actualmente por Matt Thompson a los parches y el más conocido Hal Patino al bajo. Pero la palma se la llevan los guitarras: Mike Wead y sobre todo Andy LaRocque (este hombre se merece un reconocimiento mayor del que tiene) están descomunales. Por su parte, Mr. Diamond está más comedido de lo normal en cuanto a falsetes histriónicos se refiere, y nos deleita y ameniza con voces más planas y realistas -en esta ocasión saca a relucir su voz más ‘llorosa’-, y la verdad es que sale ganando todo el mundo (no es mejor uso el hacer abuso).

En cuanto a los temas, podríamos destacar así por encima el hiper-heavy “Magic”, el cálido “Emerencia”, un medio tiempo acelerado con voz femenina incluida (Livia Zita), el épico “Blue Eyes”, con ese órgano eclesiástico tan característico de KD, el knockeante “The Ritual” (al loro con los riffs y el solo de Andy) o el desasosiego de “No More Me”, con una ambientación pesadillesca a base de teclas muy lograda. Mención aparte para “So Sad”, un tema lento de esos que King suelta con cuentagotas (el último “House Of God”, si mal no recuerdo) y que visto el resultado quizá debería prodigarse un poco más, así como “Christmas”, nuevamente con participación de la fémina al micro, esta vez deleitándonos con un fragmento de aquel “Tamborilero” que por aquí diera a conocer nuestro Raphael, ahí es nada. Ni que decir tiene que es otra de esas ‘puyitas’ tan características de su satánica majestad Mr. Diamond, tal como hiciera en su día con “No Presents For Christmas” (esas risas lo atestiguan).

Como bonus se incluye un DVD, que visto lo visto también se lo podían haber ahorrado. En él, King -postrado en un sillón- nos cuenta a modo de contextualización la historia/concepto del álbum por capítulos, o mejor dicho, por canciones. Por supuesto está sin subtitular, así que cuando llevas un rato oyéndole decir misa sin moverse del atril no puedes evitar pulsar stop y mandarle al carajo. A ver si la próxima se lo curran un poquito y ofrecen material interesante de verdad, que haberlo haylo.

En síntesis, un disco con bastante más acierto del esperado -al menos por el que suscribe-, y que devuelve un tanto la fe perdida en nuestro enmascarado. A ver hasta cuándo.

deadly

KING DIAMOND “Deadly Lullabyes – Live” (2004)

Ay ay ay, que me huele a calisay… solía decir un profesor de primaria de un humilde servidor cuando la cosa pintaba turbia o simplemente no pintaba. ¿Que a qué viene eso? Pues a que “Deadly Lullabyes”, como toda historia de King Diamond, rezuma misterio por los cuatro costados. Pero como en dichas historias, vayamos por partes…

Lo primero que llama la atención, cómo no, es la cutre-portada que cubre el disco, con el bueno de King… sosteniendo un muñeco (!), claro que vista la que cubría su anterior “The Puppet Master” tampoco desentona tanto. Lo segundo y más curioso su título, máxime cuando no se recoge pieza alguna del disco al que hace referencia (“The Spider’s Lullabye”). Pues eso, misterios sin resolver.

Con todo y con eso se trata de una edición generosa, salta a la vista, doble digipack con fotos individuales y colectivas de los miembros del grupo, fechas del tour y demás tonterías para ir ojeando a la vez que escuchas los discos, en este caso. ¿Y qué es lo que escuchamos? Pues he aquí su contenido…

a) Cuantitativo: se da especial importancia tanto a la historia completa de “Abigail” (ambas partes están generosamente representadas con cuatro cortes de cada una) como al disco que presentan en gira, “The Puppet Master”, lo cual se reparte entre el primer y el segundo CD respectivamente. A continuación de ambos se suceden una serie de clásicos ineludibles (“Sleepless Nights”, “Welcome Home”, “The Invisible Guests”, “Halloween”, “No Presents For Christmas”) y otros que no lo son tanto y por ello se agradecen (“Eye Of The Witch”, “Burn”), así como se obvian directamente trabajos como “The Graveyard”, “Voodoo” (lógicamente…), “House Of God” o el citado “Spider’s…” (…o sin sentido). Ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos.

b) Cualitativo: simplemente perfecto (that’s the question). Ni un solo fallo, sonido cristalino, voces dobladas de King (!?)… y ni un solo detalle de dónde se registró cada tema. ¡Que llamen a Colombo! Y es que hasta las presentaciones de la banda (“Introductions”) suenan asépticas, ensayadas…

Pues eso es lo que hay. Como suele decirse en estos casos sólo ‘ellos’ sabrán qué hay de verídico en este disco. Por nuestra parte y como meros ‘oyentes’ podemos afirmar rotundamente que el trabajo suena que atruena. Si además es cierto que todo es en riguroso directo me atrevería a decir que es de lo mejor que he escuchado en muchísimo tiempo.

Bubbath

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

flyersentinel2

King Diamond – Sala Heineken (Madrid), miércoles 31 de mayo de 2006

Menudo viaje, jamás se imagina uno lo que le depara el destino, o mejor dicho, el clima. Sales de Alicante, atrapado en una tormenta peor que la que pudieran sufrir en carnes propias Jonathan y Miriam mientras se acercaban a la famosa mansión de la colina, y te topas con cinco camiones volcados en la cuneta en menos de veinte kilómetros, además de unas colas horrorosas. Esta clase de terror poco o nada tiene que ver con el que un rato más tarde nos obsequiaría King Diamond, pero, al contrario que en sus relatos, a nosotros nos esperaba un final feliz.

Aún llegábamos a tiempo en medio de un sol envidiable que iluminaba la capital… y se hizo la noche. Y con ella, el concierto más deseado por un servidor, fiel de la desigual pero constante, quizá demasiado, carrera del danés desde tiempo ha, también quizá demasiado. Este sueño juvenil no materializado en la gira de «Conspiracy» parecía llegar a destiempo porque, como bien es sabido, en la última década King se ha convertido en un Woody Allen de menor regularidad en número y calidad y sus fans, aún con alegrías esporádicas («House of God» o «9»), hemos realizado más de un acto de fe para continuar a su lado. Todas nuestras sospechas acerca de la autenticidad de su última obra en directo, medio disipadas después de ver un video que rondaba por la red (en Montreal y perteneciente a la misma gira, para ser precisos), acabaron por desaparecer. King no sólo superó cualquier expectativa optimista que pudiéramos albergar, sino que apenas le bastaron noventa minutos para ganarse toda nuestra admiración.

Sin grandes alardes (la antigua Arena no es el lugar más adecuado para montajes) y enfrentándose a un sonido mediocre (también típico de la sala), el show no se movió un ápice de los que ofrece en esta gira europea: repertorio cerrado, con los números teatrales estudiados (las rejas que ambientan ambos «Abigail», la estantería llena de frascos con los ojos de las víctimas de «The puppet master», la silla de ruedas de «Them» y la actriz que interpreta los distintos personajes de estas obras), y en general prácticamente idéntico a lo que venían haciendo en la gira de hace dos años (apenas la inclusión de «Come to the Sabbath» y «Evil» de Mercyful Fate a cambio de «Spirits», «The puppet master», «Burn» y «No presents for Christmas»). De hecho, no había un fundamento de peso para acercarse a Europa más que la propia viabilidad del proyecto, ya que el nuevo disco se encuentra en pleno proceso de grabación y la teoría de aprovechar este paseo transoceánico para financiar parte del mismo no es del todo descabellada.

Lo previsible, por llevar la lección aprendida de casa, se materializó en las figuras del venerado Andy LaRocque, con esa postura encorvada que acostumbra, Mike Wead, que se atribuye más solos de los que se presupone por ser el segundo en discordia, y el siempre activo Hal Patino. Lo sorprendente vino de la mano de un Matt Thompson que por fin parece haber superado la etapa de fan incrédulo de tocar junto a su ídolo y que dotaba de cierto aspecto pueril a esta formación que cumple ya cuatro años. Lo fascinante lo aportó un King Diamond que se encargó de borrar toda burla fácil preconcebida desde el cómodo sillón de nuestros hogares. El cantante fue más allá de la pose clásica (haciendo air guitar con la cruz de huesos que soporta el micrófono) y las presentaciones autómatas. Aparte de un carisma apabullante (de esos que únicamente se captan a escasos metros de distancia), destapó su lado natural y rompió la rigidez que envolvía la performance con gestos como la patada en el trasero a Grandma, imitando a un niño travieso, durante el transcurso de «The invisible guests» o la agresividad inusitada que mostró en «Eye of the witch», lanzando la copa de vino hacia atrás con más rabia que de costumbre, y la parte central de «Evil» (‘And when you’re down / beyond the ground…’), en la que cedió la voz al público para encargarse él de la mímica y las obscenidades.

king

Lo reprochable no correspondió a la banda, sino a un sector del público, más numeroso de lo deseable, que fue al concierto a observar el espectáculo con los brazos cruzados y la boca cerrada en posición de estatua esperando que nadie le rozara. Los análisis se realizan ex – post, cuando la información es asimilada, contrastada y procesada. Algo que ciertos neointelectuales del metal, ultradefensores de «el heavy no es violencia» y blackers de diseño que se quedan en la apariencia parecen no entender.

J. A. Puerta

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

rockscalextric_1p

XX Aniversario Battle Hymns #3

Hace 20 años que debió salir el tercer número del Battle Hymns ‘zine, pasatiempo de aquel entonces de los que por aquí escribimos, y que por determinados motivos o circunstancias finalmente no vio la luz, o lo que es lo mismo, del cual no se llegaron a imprimir copias.

 

Antes de Battle Hymns ya hubo otras aventuras ‘fanzinerosas’ (benditos Erukto ‘zine y Crawl ‘zine, este último gran referente en lo que a Metal extremo se refiere en la época), y posteriormente dimos el paso lógico a las nuevas tecnologías con la llegada de internet (The Sentinel Web Mag se nos fue hasta de las manos, y con Rockscalextric dimos rienda suelta a nuestra locura particular, para morir en la orilla con el blog que nos ocupa y que estás leyendo en estos momentos), así que este número del Battle Hymns supuso un punto de inflexión en nuestra particular carrera fanzinera.

Evidentemente las entrevistas son anacrónicas, las críticas de discos están obsoletas y las reseñas de conciertos parecen un extracto de Regreso al Futuro, pero el viaje sigue siendo interesante, sobre todo para los que lo vivimos, nosotros y vosotros. Esperamos sea de vuestro agrado.

Battle Hymns ‘zine #3

Bubbath

MAD COOL FESTIVAL 2019 – Recinto Ferial IFEMA Valdebebas (Madrid), Jueves 11 de Julio de 2019

IMG-20190718-WA0016

Reza el dicho que a la tercera (añado, seguida sin sobresaltos) va la vencida. Salvo un susto días antes de la celebración del festival en el que la organización anunciaba que no habilitaría el párking privado de IFEMA para coches particulares, mal augurio que no trascendió más allá de las redes sociales y que puso en alerta a todos los asistentes para solventar el trámite del transporte sobre la bocina, todo transcurrió como la seda. Junto a la (pésima) experiencia de la jornada de estreno en la edición de 2018, de la que claramente aprendieron, mucho tuvo que ver la menor afluencia de público, lo que el jueves permitió examinar a fondo el recinto, olvidar las esperas interminables para nutrirse, hidratarse o asearse y acceder a los distintos escenarios sin sortear mareas humanas ni espacios elitistas que restringiesen proximidad y visibilidad. Analizado a posteriori, la masificación que acarrean apellidos ilustres del calibre de Vedder o Grohl, pesos pesados garantes de mayores ingresos, pierde en el cómputo global si el cartel equilibra equitativamente la propuesta, como finalmente ha ocurrido en esta ocasión. La amplia representación de estilos, edades y geografías era incuestionable, gustos particulares a un lado, y la calidad de sonido y de montaje, principal virtud de antaño, permaneció intacta, de modo que la senda a seguir es clara e invita a repetir.

IMG-20190718-WA0018

Explorado el terreno y establecido contacto obligado con las barras (apelando a la lucidez crítica tyrioniana), las apuestas del día comenzaban con el dúo británico LET’S EAT GRANDMA, protagonista de uno de los álbumes del año en su tierra natal, “I’m all ears”. Apenas un centenar de personas se congregó en el Mondo Sonoro, que se convirtió en una especie de sala resort exclusiva para quienes sabíamos de antemano qué nos encontraríamos. Con dos sintetizadores al frente y una batería al uso de apoyo, decidieron archivar su carta de presentación en sociedad, “Deep six textbook”, o los aires de la primera BJÖRK de “Eat shitake mushrooms”, ambos de “I, Gemini”, para desgranar siete de los once cortes que componen su segundo trabajo. Las contagiosas “It’s not just me” y “I will be waiting” nos recordaron al debut de CHVRCHES, con quienes han compartido tramo de gira recientemente, y la redonda “Falling into me” puso todo patas arriba. “Ava” fue contrapunto íntimo y enlace perfecto con una “Donnie Darko” cuya intensidad ganó todavía más puntos en vivo. En ésta lograron recrear un viaje que empezó con miradas absortas contemplando las tablas y acabó como una gran fiesta a la que Jenny Hollingworth se unió, mezclándose y bailando con las primeras filas; si se inventase la etiqueta prog-synth-pop, básicamente vendría siendo esto. Las de Norwich derrocharon honestidad, inocencia y diversión; lo mismo se arrancaban con una coreo a la Macarena en la parte dance de “Falling into me” que ejecutaban su peculiar performance desde el suelo al inicio de “Donnie Darko”. Rosa Walton se colgó la guitarra eléctrica en alguna parte y Jenny Hollingworth sacó a relucir el saxo en otro instante para dar la pincelada de sobriedad que envuelve su música. El abrazo cómplice del combo en señal de victoria que pudimos entrever tras las bambalinas y la posterior visita al foso para fotografiarse y departir con sus seguidores nativos y algún foráneo convertido a la causa confirmó la sensación de naturalidad y autenticidad. A veces con muy poco se transmite mucho y afortunadamente los Coachella, Primavera, Glastonbury y sucedáneos no siempre son sinónimo de pretenciosidad ni autobombo frívolo. Dos Aryas.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

De la juventud a la veteranía, de la actualidad a la nostalgia, la muchedumbre que se acercó al Madrid te abraza obvió el significado de HIGH FLYING BIRDS para asistir entre indiferente e impaciente por inmortalizar en su móvil el momento “Wonderwall” a una primera mitad del show monopolizado por “Who built the moon?” y la homónima del EP “Black star dancing”, estrenado apenas semanas antes. La presencia de YSEÉ y Jessica Greenfield a las voces para dotar de empaque y fidelidad a los temas mató cualquier esperanza de electricidad “parka monkey” y sació el apetito de quienes reconocemos en NOEL GALLAGHER a un aspirante a su admirado PAUL WELLER (el parecido físico de Gem Archer con Grandpa es casual, aunque certero), si bien le separa una distancia considerable de ese propósito a fecha de hoy. Optar por interpretar “Fort Knox” en lugar de reproducirla enlatada a modo de intro fue un acierto y sustituyó en la retina el arranque eufórico de “Fuckin’ in the bushes” al que recuerda en estudio por el orgánico de “The swamp song”. A renglón seguido, en estricta secuencia réplica del disco hasta “She taught me how to fly”, fue cayendo cada canción. A diferencia de otros conciertos de la presente gira de festivales, no se acompañó de los vídeos e imágenes proyectadas que añaden un aspecto visual no explotado en el pasado; otra vez será. Curiosamente, fue “Dead in the water” la que brilló con luz propia en esta parte del set. Acústica al hombro y tan sólo flanqueado por Mike Rowe al teclado, es de la escuela de “Sad song”, “Talk tonight” y las más recientes “Alone in the rope” y “The dying of the light”: sentimiento en estado puro, Noel en esencia, allá donde Liam jamás llegaría en diez vidas.

IMG-20190718-WA0022

Ahora sí, tiró de recetario Oasis para regocijo popular, a excepción de una parada aislada en su primer álbum de la mano de “AKA… What a life!”, que trasladada al directo padece de idéntica falta de punch en la base rítmica que “It’s a beautiful world”. Se atrevió con “Stop crying your heart out”, el caramelo de este tour, y repasó “The importance of being idle”, “Little by little” y “Half the world away”, acogidas con más júbilo por sus compatriotas debido a su condición de himnos menores en el Norte. Lo cierto es que observar el lateral derecho del escenario traía consigo cierta melancolía porque, con la incorporación del enérgico Chris Sharrock a las baquetas y el citado Archer a esta etapa de los HFB, dos tercios de la banda madre estaban delante nuestra (Andy Bell sigue junto a los renacidos RIDE y Liam ultima su segundo lanzamiento en solitario).

IMG-20190718-WA0023

Debería replantearse sentar en el banquillo a “Wonderwall” por una temporada o retomarla al desnudo. Quizá el precio a pagar sea demasiado elevado y prefiera contentar a un sector numeroso que desea ver jugar a los titulares sin entrar a juzgar su estado de forma. Igualmente, acabamos con la garganta en carne viva, se tratase de turista ocasional o socio habitual; el sofá no es tribuna válida para jactarse en vano, haber ido. “Don’t look back in anger”, sin embargo, sigue siendo emocionante. Cedió los versos del estribillo y probablemente no se cantó nada tan alto en Valdebebas a lo largo de todo el fin de semana. Camisetas y banderas del Manchester City, como la que presidía sobre uno de los altavoces, ondeaban mientras mostraban sus respetos, con saludo militar incluido, hacia una “All you need is love” sin adulterar un ápice y que hermanó a las miles de almas presentes. Irónico que en el seno de la familia no funcione la fórmula, aunque ya sabemos que a los Lanister les suele ir mejor por distintos derroteros.

IMG-20190718-WA0024

El escenario principal Mad Cool estaba listo para acoger a VAMPIRE WEEKEND, cabezas de cartel de facto si comparamos el grado de entusiasmo y convocatoria con que fueron recibidos frente a BON IVER. Siendo un grupo que me caía poco más que simpático, he de reconocer que acabaron convenciendo y ahora miro con otros ojos su cuarto engendro, “Father of the bride”, con sólo dos meses de vida en el mercado. De entrada, los emparentaría lejanamente con BELLE & SEBASTIAN: imagen informal, estilo atemporal e incluso a ratos ñoño y anacrónico o un frontman peculiar como Ezra Koenig, con sus modos oldies y su inseparable Epiphone. En cualquier caso, la popularidad de la que gozan los neoyorkinos es un caso digno de estudio dado lo singular de su oferta, en la que mezclan elementos variopintos como ska (“A-punk” y “Cousins”) o música africana (“Cape Cod Kwassa Kwassa”, White sky” y “Horchata”), siempre envueltos en una capa de pop elegante-optimista-buenrollero muy acorde a esta época estival.

IMG-20190718-WA0025

Especialmente celebradas y coreadas, pese al cansancio acumulado, fueron “Unbelievers”, “Diane Young”, “Ya hey”, “Harmony hall” y “Walcott” (de nuevo deja-vu de B&S). Koenig desvió los focos en un par de ocasiones hacia el guitarrista Brian Robert Jones, que tras sonar “Sunflower” se enzarzó en un solo y más adelante en una jam hardrockera bastante alejadas de la tónica general. Jones se batía en duelo con Koenig en los pasajes menos convencionales de “Sympathy” y aquello sonaba impecable, lo que no es sencillo teniendo en cuenta que son siete músicos en escena. Esa nitidez de sonido y la ejecución impoluta de los temas nos mantenían en vilo, al igual que el montaje, consistente en un globo terráqueo giratorio suspendido sobre la cabeza del batería Chris Tomson que creaba efectos ópticos muy vistosos junto a las imágenes de fondo que se iban sucediendo.

IMG-20190718-WA0017

Para el que suscribe, supuso el cierre de sesión, concisa y concentrada pero con poso de tres winners y ganas de regresar (¡així, sí!). A la ex-FUGEES MS. LAURYN HILL pude disfrutarla a retazos al marcarse un Axl Rose de manual y los descartes como IGGY POP o THE HIVES fueron inevitables por los típicos solapamientos. ¿El final de la historia? Qué pregunta: muere Meñique.

J. A. Puerta

ROCK THE COAST 2019: Impresiones de un no escritor

noticia-distribucion

No pretende ser esto una reseña al uso, ya que por un lado cada vez es más fácil el acceso directo al material audiovisual de conciertos y festivales a lo largo y ancho de la red, y por otro cada vez es mayor la pereza de entrar al detalle por parte de los que no nos dedicamos a esto, si bien es cierto que uno sigue gustando de departir sobre música y compartir lo vivido en eventos rockeros, y en esa línea ahí va una opinión totalmente subjetiva más de lo que aconteció en esa primera edición de lo que se ha venido a llamar Rock The Coast, para que los que no pudisteis asistir a la misma podáis haceros una idea de lo que se vivió allí, y sobre todo podáis valorar la asistencia a futuras ediciones (de momento la del año que viene ya está confirmada).

Con un Rock Fest más conservador de lo habitual (¿el principio del fin?) y un Leyendas del Rock venido cada vez a menos (todo lo que sube baja, y aquí ya se tocó techo hace tiempo), Rock The Coast se presentaba como la alternativa metalera más válida y fresca posible en todos los sentidos, desde su ubicación física y en el calendario hasta la selección de bandas participantes, combinando muy acertadamente edades y sub-estilos, y asegurando con ello una buena tirada inicial de entradas vendidas, con el reclamo de ver resucitada a la banda-capricho de Ritchie Blackmore por excelencia, Rainbow, y por supuesto el poder volver a ver al MAESTRO de las seis cuerdas nuevamente enchufado, algo que ya dábamos por perdido. A veces la vida te da sorpresas, e incluso el mundo puede parecer un lugar maravilloso donde poder estar… al menos por un par de días.

Con un half english breakfast en el buche y unas cuantas Alhambras especiales a cuestas (qué bien se está en Fuengirola, amigos), hacíamos acto de presencia en el recinto a punto de salir BLAZE BAYLEY en el segundo escenario, previa adquisición de la pulsera en la que iríamos cargando créditos para la consumición de bebida y comida, y el posterior canje de créditos por unos minis de cebada como mandan los cánones. Jornada soleada muy bien llevada gracias a una temperatura cálida pero agradable, sobre todo por una brisa generosa y un mar de fondo que quitaba er sentío.

IMG_20190614_151409

Blaze no es un gran frontman, ni lo era con Wolfsbane, ni con Iron Maiden ni en su carrera en solitario; tampoco tiene un registro vocal privilegiado, diría incluso que canta ‘feo’, si se me permite la expresión, pero por algún motivo que se escapa a toda lógica se ha ganado el cariño y la admiración del respetable a base de entrega y de no arrojar la toalla en ningún momento, aunque sea a trompicones sobre el escenario (ni tan siquiera puede evitar sonreír él mismo reconociendo su torpeza). Por otra parte, y como si se tratase de un Ozzy Osbourne de preferente, se ha sabido rodear de músicos jóvenes pletóricos de energía, que incluso consiguen que un tema fofo como “The Angel And The Gambler” tome cuerpo y consistencia, y que tras 40 minutos de actuación sin dejarse nada en la recámara te hagan comprender que, a veces, querer es poder. Repertorio-homenaje íntegro a la era de Blaze en la doncella, reconociendo el ‘gran honor’ que supuso para él tocar en Iron Maiden, y actuación no exenta de risas, puños en alto, honestidad a raudales (claro que sí, Blaze, tú eres el auténtico The Clansman) e incluso amagos de lagrimilla en alguna parte (“The Sign Of The Cross”, “Man On The Edge”). Pues eso, honestidad brutal. Scream for me… Málaga!

IMG_20190614_155857

Los suecos GRAVEYARD lo hicieron bien, de hecho me gustaron algo más que la vez anterior en aquella edición del GARAGE SOUND madrileño (otro festival que en paz descanse), pero sigue quedando esa molesta sensación de que podrían exprimir más el limón, quizá sea que las horas en las que les suele tocar salir a escena son de estar echado la siesta, o como mínimo al otro lado del escenario con una birra en la mano. Sea como fuere, siempre es un placer escuchar en directo cosas como “Hisingen Blues” o “Uncomfortably Numb”, con ese conglomerado Stoner / Blues / Prog-Rock de exquisita factura tan característico suyo. Sonido decente en líneas generales y correcta puesta en escena, a ver si la próxima es en sala de una vez y conseguimos por fin la conexión que merece su música.

Fue ver a LEO JIMENEZ asomar por el segundo escenario y decidir que era momento de asomarse a Pozodragón, o lo que es lo mismo, al Castle Stage o escenario del castillo, ubicado en el punto más alto del reciento, un emplazamiento idílico para un festival presidido por una banda como Rainbow.

En ese momento los murcianos HITTEN (¿quién dijo canadienses?) descargaban su speedico y poderoso Heavy Metal de corte retro(activo), con nuevo vocalista al frente (Alexx Panza por el anterior Aitor Navarro) y con la misma caña sin tregua de siempre. No pudimos ver mucho de su actuación, pero fue lo suficiente para comprobar que siguen en buena forma y que el cambio de vocalista no ha alterado demasiado el resultado final, que no es otro que Metal por un tubo, temas con empaque y ejecución milimétrica. Ideal para animar el cotarro y agitar las crines de poseído (pos-eso).

Lo de UDO fue una decepción a medias, esto es, no se le puede reprochar nada a su actuación ni a su condición física actual, ya que se encuentra de nuevo en buena forma, pero tener de cuerpo presente al que para servidor ha sido la VOZ de Accept y no escuchar ni un solo tema de los susodichos se hace difícil de asimilar (máxime si hablamos de un set-list de festival), es como unos prolegómenos sin coito, una cerveza sin espuma o una hamburguesa sin cebolla (te quedas con dos palmos de…). Ni tan siquiera “Animal House”, “Man And Machine” o “They Want War” me levantaron la moral, el mal ya estaba hecho y no se lo perdonaré jamás… a no ser que vuelva a Accept y echen al impersonator ese del Tornillo, entonces puede que olvide este mal rato. Si Blackmore ha conseguido volver a enchufar la Stratocaster y resucitar a Rainbow lo otro me parece una simple minucia. A la espera quedo pues.

IMG-20190615-WA0004

UFO sin embargo bien, siempre bien. Hacen lo que se espera de ellos: un puñado de clásicos inmortales que se sostienen por sí solos y que el público además lleva en volandas. Eso es lo bueno de semejante repertorio, te puedes permitir incluso no estar muy fino ese día, a sabiendas de que el público va a responder por ti (quizá en eso no haya reparado el bueno de Udo, su repertorio personal no resiste comparación alguna con el de su banda madre, y en ese sentido es un sacrificio de elevados costes). “Lights Out”, “Only You Can Rock Me”, “Love To Love”, “Too Hot To Handle”, “Rock Bottom” o el atemportal “Doctor Doctor” volvieron a saber a gloria bendita, y los 71 abriles de Phil Mogg no le impidieron rockear por millonésima vez delante de su público. Long live Rock’n’Mogg.

De SCORPIONS y EUROPE escuché opiniones encontradas, supongo que nunca llueve a gusto de todos y la elección del repertorio fue de su padre y de su madre, pero yo personalmente me lo pasé en grande con ambas bandas. A esas horas el alcohol, el cansancio y el lorenzo ya hacían mella en uno, así que con la guardia baja (y los pantalones también) disfrutamos todo lo que pudimos y algo más. De los alemanes me quedo especialmente con un Mikkey Dee disfrutando como un teleñeco tras los parches (sigue siendo el rey de la pegada), con un sorpresivo “Is There Anybody There?”, el hímnico e inevitable “Coast To Coast”, “I’m Leaving You” e incluso con las baladas (“Send Me An Angel”, “Wind Of Change”, “Still Loving You”), que como ya digo me pilló con la guardia baja y lo otro arriba. “The Zoo”, “Bad Boys Running Wild”, “Blackout”, “Big City Nights” o “Rock You Like A Hurricane” también las disfruté lo suyo, con un Klaus Meine cumplidor (y relleno de botox), y en general el resto de la banda, que cuajó una actuación de bien alto cuanto menos. Quizá no ha sido la mejor actuación que les he presenciado, pero ya va lloviendo sobre mojado, y desde luego los años no pasan en balde.

Con los suecos EUROPE pasó tres cuartos de lo mismo, quizá cierta parte del respetable ignora que las bandas siguen editando discos, y continúan esperando su set-list favorito y exclusivo de un único disco concierto tras concierto. A estos también les habíamos visto unas cuantas veces, así que lo mejor que puedes hacer es intentar disfrutar de lo que te tengan que ofrecer ese día y dejar los prejuicios a un lado. Y la verdad es que el set-list ponderó muy bien toda la discografía del grupo, lo cual se hace harto difícil a estas alturas de carrera. Yo disfruté especialmente “Rock The Night”, “Scream Of Anger”, el enorme “Sign Of The Times” (grandioso), “Heart Of Stone” y “Superstitious” (con guiño a “Here I Go Again” de Mr. Coverdale incluido), y ya puestos (sin segundas) con “Carrie” y “Cherokee”, aunque “The Final Countdown” ya empieza a oler un pelín y deberían plantearse quitarla algún día del set, a ver qué pasa (como Iron Maiden con la mitad de su repertorio, ya que estamos). Vi a John Norum algo descuidado físicamente, aunque igual de solvente que siempre (qué digo solvente, un hacha), mientras que Joey Tempest sigue con la misma cara de niño angelical de toda la vida, parece que se haya quitado la peluca y haya viajado directamente desde los 80 hasta hoy. Actuación de notable alto y las fuerzas ya muy deficientes.

Tenía ganas de volver a ver a CARCASS tras su brutal descarga en el Download madrileño, de hecho me fui a las primeras filas para presenciar de pleno su actuación, pero las fuerzas ya no acompañaban y las tripas me dijeron que quizá era hora de replegar, así que allí los dejé atronando al personal. En cualquier caso si tenéis oportunidad de ver a la banda no la dejéis escapar, al día siguiente me confirmaron que volvieron a cuajar una excelente actuación, una pena que dejen siempre a estas bandas para cerrar (en Madrid sucedió exactamente igual).

La jornada del sábado nos la tomamos con calma: buen desayuno (y venga english breakfasts), paseo marítimo, pintas de cerveza para ir regulando el ph, base de olivas, pijotas, tortitas de camarón y boquerones fritos, más cerveza para seguir ajustando niveles e incluso un mojito a las faldas del castillo, en un marco idílico y siempre en la mejor compañía. De lujo.

No recordaba haber visto a ANGELUS APATRIDA, si acaso quizá en algún festival cuando aún no eran conocidos, pero de haberlos visto en algún momento tuvo que ser sin discografía editada y sobre todo sin las tablas y el status que atesoran a estas alturas, así que había ganas, y la verdad es que no me defraudaron en absoluto. Cierto es que no hacen nada nuevo, pero sí muy bien fundido y ensamblado, con esa mezcla de Thrash Metal y Crossover tan peculiar, que recuerda por momentos a Nuclear Assault, Slayer, Exodus y un sinfín más de bandas de reconocido prestigio, pero sin sonar a ninguna en particular, lo cual les hace interesantes de por sí. Si a eso le añadimos una ejecución brutal, una constante interacción con el público y unas composiciones cada vez más variadas y conseguidas, estamos hablando de una banda enteramente disfrutable en directo sin necesidad de estar familiarizado con su material. Trallazos como “Give’em War” o “You Are Next” sonaron letales, se grabaron el “Antichrist” de sus ‘colegas’ Slayer para una futura edición especial, organizaron un wall of death para los más atrevidos y consiguieron una sonrisa de oreja a oreja para el resto del personal. Actuación sobresaliente y un sonido que acompañó en todo momento, una pena la interrupción del comienzo por problemas técnicos (cosas del ‘directo’), que recortó tiempo a un set-list ya de por sí recortado. Otros para repetir en sala.

IMG-20190615-WA0046

A los suecos DARK TRANQUILLITY ya los hemos visto varias veces, y todas en las mismas tesituras: demasiado pronto, con un buen sol de justicia y con un sonido deficiente. Y la verdad es que es una lástima, porque su música se presta a todo lo contrario, es decir, a un horario en sesión nocturna y con una producción que permita disfrutar de la perfecta ejecución de una de las bandas pioneras del death melódico. Pero como al final lo que mandan son las ventas o el status de banda clásica (ni por un sitio ni por otro), me temo que salvo en gira propia estamos condenados a seguir viendo a Michael Stanne freírse una y otra vez enfundado en negro (y con chaqueta). Bastante tema nuevo (o contemporáneo a lo sumo), obviando directamente aquella obra capital llamada “The Gallery” (locos!) e incluso el posterior y gran “The Mind’s I”, siendo “Thereln” de “Projector” lo más nuevo que recuerdo del set-list. Con todo y con eso buen repertorio, ya que calidad se les presume en todos y cada uno de sus trabajos (su más reciente “Atoma” lo sigue atestiguando), una pena que no se les saque todo el juego posible en este tipo de citas, como ya digo.

A MAGNUM también los habíamos visto en un par de ocasiones, y si bien la anterior no nos dijo mucho (Leyendas del Rock, Villena), esta vez animaron algo más el cotarro, quizá también por la predisposición de un público ligeramente distinto y más entrado en años, dado el cabeza de cartel de la jornada en cuestión. Entrega, grandes temas (“How Far Jerusalem”, “Vigilante”) y sobre todo muchas tablas es lo que ofrece la banda de Bob Catley, y aunque puede que su música se preste a escenarios y públicos más intimistas, doy fe de que gustaron y salieron por la puerta grande. Bri-consejo: si no te los has echado al oído prueba con “On A Storyteller’s Night” (1985) o “Wings Of Heaven” (1988), a ser posible lo más alejado del mundanal ruido.

IMG_20190615_183918.jpg

Con OPETH me pasa un poco como con ANATHEMA, una vez despojaron por completo de guturalidad y contundencia a esas melancólicas melodías ya nunca fue lo mismo. Y por favor, no me malinterpretéis, adoro a Pink Floyd, el gótico en general y buena parte del pop más melancólico, pero para mi gusto la banda de Mikael Akerfeldt perdió el mojo en algún momento del camino, algo que trasciende incluso más allá de sonoridades y estilos (a las composiciones me refiero). Dicho esto, he de decir que disfruté bastante de su actuación, muy compensada en cuanto a repertorio, y si bien no puedo ajusticiar debidamente el sonido, dado que ya estábamos cogiendo posiciones en frente del primer escenario para la actuación de Rainbow, me sonaron bastante mejor que Dark Tranquillity por ejemplo, en los que sí tenía una mejor posición, con lo que parece que el sonido les hizo justicia. “The Drapery Falls” y “Deliverance” cerraron una corta pero óptima descarga que de seguro colmó las expectativas de cualquier fan, e incluso me hizo replantearme seriamente el retomar esos discos que ya no me decían tanto. Tiempo al tiempo.

RAINBOW era sin lugar a dudas el auténtico reclamo del festival, el GRUPO por el que moverse los kilómetros que hicieran falta, máxime cuando sabes que puedes no volver a tener la oportunidad (más o menos lo mismo que sucedió con la última gira de Black Sabbath, it’s now or never, babe). Si además de la exclusividad te consideras fan de la banda en especial (presente!), el motivo de júbilo y alborozo puede subir enteros hasta rozar el mismísimo arco iris.

Era inevitable saber más o menos lo que podía caer en el repertorio (putas redes sociales), pero no caímos en la tentación de mirar más allá de un posible set-list, todo amago de vídeo o audio lo descartamos de entrada. En cualquiera de los casos tenía claro que fuese lo que fuese lo iba a disfrutar de pleno, ya fueran temas de Rainbow o de Deep Purple (no cabe en ninguna cabeza que Blackmore retome la eléctrica y no emita ninguna nota de su banda madre, aunque bueno, pensándolo bien… quizá en la de Udo sí), así que mejor rendirse a priori a la evidencia. En ese sentido me recordó muy mucho al set-list de su compadre Glenn Hughes de la gira de clásicos de Purple, es una lástima ver a Rainbow y no escuchar según qué temas (hubiera dado una extremidad por presenciar en directo “Eyes Of The World”, “Magic”, “Stone Cold”, “Fool For The Night” o “Wolf To The Moon”, entre otras muchas), pero todo lo que sonó era de una aplastante obviedad difícil de cuestionar:

Spotlight Kid

I Surrender

Mistreated

Since You Been Gone

Man On The Silver Mountain

Perfect Strangers

Black Night

Difficult To Cure

All Night Long

Stargazer

Long Live Rock’n’Roll

Burn

Smoke On The Water

IMG_20190615_221930

Sólo de ver a Blackmore vestido de trovador-lagarterano emociona de por sí (es como viajar al medievo gratis), imaginad si además de ello sigue tocando con gracia y con soltura, y ya para más inri nos deleita con una sonrisa (creo que no había visto esa imagen de él en mi puta vida). Pero si a eso le unes a un Ronnie Romero con la camiseta-homenaje a José Antonio Manzano metiéndose en la piel de todos y cada uno de los cantantes de Rainbow y saliendo victorioso, al curtido teclista Jens Johansson emulando las teclas de sus maestros Lord, Carey y Airey con solvencia, a la parienta del maestro Candice Night deleitándonos con su sola presencia (creo que no acerté a escuchar su voz entre tanta algarabía), y en definitiva a una banda mítica desgranando pieza a pieza pilares básicos del Rock Duro para tus oídos, sólo te queda agradecer al cielo y al infierno poder estar ahí en ese momento, una pena que no durase para toda la eternidad. Dicho esto sólo me resta añadir una cosa para los que pudiendo haberlo visto no lo hicieron: haber ido.

En algún momento había que hacer una parada técnica para el avituallamiento nocturno, ya que teníamos claro que había que presenciar con energías renovadas las descargas de Conception en el Castle Stage y Mayhem en el segundo escenario en la recta final del festival (otro momento Carcass no se contemplaba), así que mientras The Darkness descargaban cosas como “Love Is Only a Feeling”, “Get Your Hands Off My Woman” o “I Believe In A Thing Called Love” en el segundo escenario, nosotros cargábamos otras en el buche en forma de creppes de carne y zumos de cebada. Acto seguido, mientras Michael Monroe se disponía a saltar al primer escenario a continuación de The Darkness (lo siento Michael, ya te vimos en su día con Hanoi Rocks y sin McCoy no es lo mismo, sé que nos lo podrás perdonar), nosotros empinábamos la cuesta hacia el castillo para presenciar a la reformada banda de Roy Khan y Tore Otsby.

Y bueno, llegó una de las grandes decepciones del Rock The Coast para el que suscribe, CONCEPTION. Era una de las bazas por las que asistir al festival, básicamente por aquello de ser la primera vez, ya que si bien a Kamelot tuvimos ocasión de verlos en distintas ocasiones con el vocalista noruego, a la banda madre de Mr. Khan no habíamos tenido el placer, y eso que los conocimos antes que a los americanos (dichosos tiempos de Noise Records). Todo lo que pudo pasar en plan Spinal Tap pasó: demora indefinida y angustiosa, personas que se mueven entre bambalinas denotando nerviosismo y anarquía a pachas, micros que no suenan, quizá porque estén en off… en fin. Cuando el show debía estar a punto de finalizar era cuando se empezaban a poner bien, con lo que salvo unas accidentadas “Grand Again” y “Into The Wild”, poco más pudimos ver (ni ganas, que se habían volatilizado como el sonido del micro de Roy). Y con esas se quedaron en Pozodragón, nosotros teníamos cita con el averno, y desde luego no íbamos a faltar.

Me hubiera gustado ver el set-list de MAYHEM de la pasada gira, en la que descargaban por completo su obra maestra “De Mysteriis Dom Sathanas”, pero en lugar de eso, la banda de Hellhammer, Attila y Necrobutcher hicieron un set repartido en 3 bloques, uno de temas contemporáneos (sí, esos por los que no son conocidos y que no le interesan a casi nadie), otro de temas del “De Mysteriis…” disfrazados para la ocasión (“Freezing Moon”, “Life Eternal” y el homónimo “De Mysteriis…”, una lástima que se dejaran el mítico “Funeral Fog”), y un bloque final con la era más primigénea de “Deathcrush”, culminando con un “Pure Fucking Armageddon” que se hizo eco en las pantallas. Evidentemente poco queda ya de aquella banda que lideró Euronymous y que dinamitó los cimientos asentados por Venom, Bathory, Hellhammer y Celtic Frost, pero en su defensa he de decir que cuajaron un show brutal y muy compacto, y que incluso me emocioné al escuchar aquello de when it’s cold… and when it’s dark…

Y con esto y un bizcocho cerramos la primera edición del Rock The Coast, en la que casi todo fueron pros (emplazamiento, ambiente, bandas, sonido en general, clima, acceso a baños, barras…) y muy pocos contras (…acceso a comida en horas punta y acceso a Fuengirola, aunque eso me temo que seguirá siendo impepinable). Espero que estas impresiones de un no escritor les hayan servido a ustedes de algo, y en caso contrario, como diría Conan… váyanse al infierno.

Bubbath

P.D.: Saludos especiales a mis compañeros de ‘batalla’ Saints In Hell, Schatzie, Marru, Sinner y compañía. Festivales con gente así son siempre más especiales.

img-20190615-wa0041.jpg

Accept – Symphonic Terror – Live at Wacken 2017 (2018)

accept-symphonic-terror-slide

Se trata de la primera vez que reseño un DVD del que en su día reseñé el concierto, así que me va a ser difícil no caer en repeticiones. Y qué mejor forma que recordar dicho concierto que comprando el DVD. La versión que yo tengo es de un DVD y los 2 CD’s del audio del concierto, todo en un bonito digibook y con una preciosa y elegante portada.

Según las propias palabras escritas de Wolf Hoffmann en el mismo digibook, se trató de una noche muy especial y de un concierto del que soñó hacer desde hace mucho tiempo y que se convirtió en realidad en el mejor marco que podía tener: Wacken. Es muy interesante leer a Wolf pues te das cuenta de que montar un show de este calibre no debe ser nada sencillo, pero a la vez, una vez pasado el show, la satisfacción es enorme. Tanto, que en Abril van a dar comienzo a una gira en este mismo formato: Accept + Orquesta Sinfónica.

Desde la comodidad del sofá y sin las botas de agua puestas, se puede apreciar con todo lujo de detalles lo que fue el show. Como comenté en la reseña del concierto, se trataba de 3 partes diferenciadas.

accept_dvd

La primera parte llamada “Accept”, con la formación de Accept tocando como toda la vida (sin orquesta), y presentando al mundo dos canciones en primicia, “Die by the Sword”, con la que empezaron, y “Koolaid” del que sería su nuevo disco “The Rise of Chaos”, editado si no recuerdo mal el día después del concierto. Entre medias el clasicazo “Restless and Wild” y dos canciones de la era Tornillo.

La segunda parte llamada  “Headbanger’s Symphony”, que se trata del proyecto de Wolf Hoffmann y ya con la orquesta checa sobre el escenario. Os digo yo que impresiona ver a más de 50 músicos sobre el escenario. Aquí se retiró la formación de Accept excepto el batería Christopher Williams y el propio Wolf, al que se sumaron Melo Mafali a los teclados, Phillip Shouse a la guitarra y Daniel Silvestri al bajo -y yo que no me enteré…-. Por cierto, Daniel Silvestri es el actual sustituto de Peter Baltes.

Sin duda, a esta segunda parte es a la que más provecho le estoy sacando, tanto en la tele como en el coche, me encanta. Piezas clásicas llevadas al terreno metal con muy buen acierto, aquí suenan conocidas piezas de Mozart, Beethoven, Vivaldi y más que desconozco. Dando protagonismo a la orquesta sinfónica checa y al lucimiento del propio Wolf.

Y la tercera parte llamada “Accept with Orchestra”, que es la de más duración, y con el cambio de nuevo de la base de la “Headbanger’s Symphony” a la formación de Accept, ya con el exbajista Peter Baltes, Mark Tornillo a las voces y Uwe Lulis a la guitarra, manteniéndose Wolf Hoffmann a la guitarra y Christopher Williams a la batería, y obviamente la orquesta sinfónica checa. Aquí se hace un repaso a canciones de Accept, esta vez con el colchón de la orquesta.

Y no es que Accept hayan variado o les hayan dado un lavado de cara en exceso a sus temas para adaptarlos a la orquesta, en absoluto, la cementina sigue tal cual. Esto es, que ellos siguen tocando igual pero con la orquesta de fondo. Donde sí es cierto que la orquesta toma un protagonismo mayor es, obviamente y como no podía ser de otra manera, en “Metal Heart”, con esa parte del “Para Elisa” de Beethoven coreadísima por todo Wacken y que pone los pelos de punta. Y también en la introducción de “Stalingrad”, pero el resto es puro Accept, desde los clásicos básicos como “Breaker” o el final con “Balls to the Wall”, hasta canciones más recientes como “Dark Side of my Heart” o “Teutonic Terror”.

El DVD trae además un par de extras; “Making of the Wacken Show”, aquí Wolf cuenta lo de las tres partes del concierto, hay imágenes de ensayo y también de la llegada al festival, encuentro con algunos fans, y el ensayo en la misma mañana del concierto, que tuve el placer de escuchar in situ en la lejanía tomándome un café. Y también de los momentos previos a la salida al escenario. Me quedo con esa imagen tomada desde la batería después de la intro, cuando cae el telón y se descubre la vista de los 80.000 metalheads con los puños en alto en el Infield, tiene que motivar/acojonar desde la perspectiva de la banda y poner los pelos como escarpias.

accept_balls

El segundo de los extras es el “Making of Headbanger’s Symphony”, y obviamente está centrado en la orquesta, el montaje -curioso el plano donde muestran el lugar sobre el escenario en el que tiene que ir cada músico-, y muchas imágenes de los ensayos mezcladas con las del festival. Todo esto contado por Wolf, con el auditorio de Hamburgo detrás. Ambas partes tienen una duración de algo más de 8 minutos y sólo están subtituladas en inglés las partes en las que hablan en alemán.

Era evidente que este concierto tenía que acabar en DVD, por lo que supuso para la banda, en especial para el propio Wolf. En lo personal, me llevo un muy buen recuerdo de la que fue una gran y especial noche en Wacken.

Laguless