SLASH feat. MYLES KENNEDY & THE CONSPIRATORS – Sant Jordi Club (Barcelona), 8 de julio de 2015

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Llenar la mitad del aforo de un Sant Jordi Club un miércoles estival, a un precio que roza el insulto, con el Rock Fest en ciernes y un cartel falto de gancho más allá del ex – gunner es sobradamente meritorio. Que a la postre el sabor que resida en el paladar haga olvidar cuestiones materiales y la enésima versión del lego interminable que Axl se ve incapaz de asentar lo es si cabe aún más.

Slash se ha sabido rodear de un grupo de músicos que suena compacto, creíble y solvente, y que transmite sensación de banda; algo tan sencillo a simple vista como complicado de alcanzar por alguien que, en esta parada del camino, podría conformarse con reunir un séquito de mercenarios profesionales sin necesidad de emocionar(se). “You’re a lie” o “Bent to fly” lo demostraron: convencieron, se corearon y disfrutaron y, sobre todo, sirvieron de empujón para prestar una atención a “Apocalyptic love” y “World on fire” que para la inmensa mayoría no pasaría de la cata apática antes del show. Myles Kennedy cuenta con una imagen que rejuvenece el nombre del jefe y tiene la voz, brillando como impersonator vocal de Mr. Rose en el tercio del set procedente y bordando las propias “Starlight” o “Back from Cali”. A nivel escénico puede achacársele poca desenvoltura a la hora de moverse y dirigirse al público (algo encorsetado y demasiado correcto) y se hizo patente que pensar en él para calzar las botas de Robert Plant en un hipotético remake de Zeppelin fue un pensamiento pasajero fruto de un mal día de Page (aunque ese planteamiento ya es en sí retórico). De Conspirators destacó Todd Kerns, un cocktail imposible de Pete Steele y Duff McKagan, hiperactivo a lo largo del concierto y con protagonismo a las voces en “Dr. Alibi”, donde cumplió en el papel de Mr. Lemmy Kilmister, y “Welcome to the jungle”, con una interpretación sorprendente. Slash merece capítulo aparte. Sombrero de copa, gafas de sol, camiseta sin mangas de Jack Daniels y su(s) inseparable(s) compañera(s) Gibson Les Paul, es la viva estampa del rock con el que ha crecido una generación. Los cincuenta veranos que le rondan no hacen mella aparente a juzgar por la sobremusculación que luce y brindó un recital rematado en la extensión de “Rocket queen”: en “Anastasia” sacó a relucir guitarra de doble mástil, paseó el riff de “Mr. Brownstone” de modo majestuoso y el solo de “Sweet child o’ mine” fue sencillamente electrizante.

Tras el recuerdo atropellado a Velvet Revolver en “Slither”, donde curiosamente la figura malograda de Weiland se echa en falta, regresaron para rematar la actuación con “Paradise city” al son de una lluvia de confeti.

Resulta inevitable caer en la trampa fácil de la comparación con los Guns N’ Roses que presentaron “Chinese democracy” en Barcelona hace ya casi un lustro y todavía más evidente darse cuenta del ejercicio absurdo que supone. Los grandes alardes y las altas expectativas que rodearían el reencuentro echarían a perder un mínimo de espontaneidad y honestidad; el mismo que convierte en auténtico el sentimiento de nostalgia que todo el mundo persigue en el puñado de “Appetite for destruction” que espera caiga cada noche.

J. A. Puerta

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