Metallica – Hardwired… To Self-Destruct (2016)

20160919_190018_7549_9551198 años han pasado desde que “Death Magnetic” viera la luz (y 33 desde que lo hiciera “Kill’em All”, que se dice pronto), y este nuevo “Hardwired…” se presenta como una lógica continuación de aquél, de similar sonido (no en vano repite a los controles Greg Fidelman, en esta ocasión como productor en vez de ingeniero raso) y estructuras, obviando etapas pop-modernas (“Load” / “Reload”) y otros episodios de mayor complejidad clasificatoria (“St. Anger”). Excelente producción para un disco que para haber incubado tanto tiempo debería haber quedado algo mejor, por no decir bastante.

¿Por qué? Bien, analicemos el producto. Lo que tengo en las manos (y oídos) es la edición ‘deluxe’, esto es, 3 discos compactos, de los cuales los 2 primeros comprenden el nuevo trabajo repartido a pachas, como si de 2 caras de un vinilo se tratara, mientras que el tercero contiene un tema adicional no incluido finalmente en el álbum (“Lords Of Summer”, supuestamente excluido por la temática, pero de superior calidad a algunos de los incluidos tras la criba), algunos recortes en formato cover, óigase el curioso tributo a Dio “Ronnie Rising Medley”, el aceptable “When A Blind Man Cries” de Purple y un anodino “Remember Tomorrow” de los primeros Iron Maiden, que despojan por completo del feeling original (y digo recortes porque ya se habían editado en diferentes discos-tributo con anterioridad), y por último un puñado de temas en directo, que si en algo valoras tu tiempo seguramente optarás por escuchar en sus versiones originales, a no ser que te vaya la auto-flagelación al son de los gallos de Hetfield y los destiempos de Ulrich (¿realmente han aprobado ellos esta inclusión?).

Pero vamos a lo que realmente interesa, que no es otra cosa que el nuevo material de la banda. Abre el primer disco el atómico “Hardwired”, una especie de “Battery” contemporáneo, aunque sin la ampulosidad de aquel arranque frenético del mítico “Master Of Puppets”. “Atlas, Rise!” es de lo más acertado del plástico, tema extenso y medianamente complejo, de pasajes amenos, como si en esta ocasión se pretendiera una puesta al día de “…And Justice For All”, mientras que “Now That We’re Dead” supone un medio tiempo de estribillo pegadizo y riff machacón. “Moth Into Flame” es el mejor tema de todo el trabajo para el que suscribe, un puñetazo en toda la jeta (y en toda la mesa, ya sabéis que quien da primero da dos veces, y eso nunca se lo podrán discutir a los de San Francisco), y “Dream No More” supone el primer bajón para el menda, otro medio tiempo de corte sabbathico, pero que aburre por momentos (a lo mejor de ahí le viene el título). “Halo On Fire” levanta el ánimo con su crescendo y estribillo quedón, y cierra la primera parte del disco con una agradable sensación de deja-vu.

El segundo disco se abre con “Confusion”, de riff cabalgante-incesante con el que no podrás evitar cabecear al ritmo de las cadencias, mientras que “ManUNkind” retoma el aire Sabbath, aunque en esta ocasión de resultado bastante mejorable (el vídeo-homenaje al Black Metal en general y a Mayhem en particular dirigido por el exbatería de Bathory Jonas Akerlund y ahora afamado director salva el tema de la quema). “Here Comes Revenge” sigue la tónica del anterior, facilón y sin sustancia (lo peor es que encima lo alargan), y “Am I Savage?”, además de parecer padecer un agotamiento manifiesto de ideas (su particular “Am I Evil?”), nutriéndose nuevamente de la herencia de Iommi y compañía, nos hace pensar que quizá estaríamos mejor poniendo una lavadora o acostándonos prontito. “Murder One”, nombre del mítico cabezal de bajo de Lemmy, efectivamente supone el homenaje personal del grupo a su viejo y desaparecido amigo, aunque en honor a la verdad decir que es un medio tiempo sin mucha gracia salvo en su formato vídeo. Y con esas llegamos al final del disco con “Spit Out The Bone”, un tempo frenético que te despierta de sopetón ante tanto relleno seguido, y que salva los muebles en el último minuto.

Y ese es el problema básicamente que veo a “Hardwired…”, tras tanto tiempo entre disco y disco para hacer y deshacer, echar y desechar, no deberían permitirse grabar temas de relleno, o cuanto menos disponerlos tan seguidos (el segundo disco aburre por momentos). Puestos a elegir, es casi preferible recortar el track-list y dejar con ganas de más que acabar aburriendo al respetable. En ese sentido creo que comparando este trabajo con su predecesor no sale muy bien parado, si bien es cierto que los temas buenos son más buenos, pero los malos también más malos (al menos esta vez no han puesto un chocho de portada).

Por lo demás, todo sigue igual en la viña del señor: cuando el resto de los mortales van oscureciendo sus registros vocales a medida que pasan años, Hetfield y sus gorgoritos parecen involucionar en el sentido contrario, mientras que Ulrich bombo-caja sigue en su cruzada personal por llevar su instrumento a la ley del mínimo esfuerzo (sobre todo mental); en el equipo de los yesmen, Trujillo parece haberse acoplado definitivamente al combo (no se le ve capaz ni con ganas de molestar con sus ideas, la verdad), y Hammett, el auténtico músico del grupo, sigue emocionándose al recordar cuando parió aquel riff de “Creeping Death”. Die, die, die, motherfucker die!!!

Bubbath

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