MANOWAR – Sala Arena (Valencia), 20 de abril de 1997

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Llegamos a Valencia muy temprano (12:15 h), y a juzgar por el ambiente que vimos (ni un cochino cartel, ni gente… ni nada) parecía como si tal concierto no fuese a tener lugar, pero en fin, era demasiado pronto.

A pesar de que las puertas no se abrían hasta las 20:00 h, quisimos acercarnos a la sala para confirmar el evento, pero cual fue nuestra sorpresa cuando ni tan siquiera en la puerta de ésta había un cartelito anunciando el concierto (¿un concierto fantasma, tal vez?). Pues nada, nos marchamos a comer (y algunos además a hacer alguna ‘guarrerida española’) a un Colegio Mayor en el que se hospedan unos amiguetes nuestros (gracias por todo, troncos). Tras unas pintas de birra por aquí y unos futbolines por allá (recuerdos al ‘DOG EAT STONE’) se nos hicieron casi las 19:00 h, con lo que decidimos ponernos en marcha al Auditorium donde iba a tener lugar la descarga de los 4 Reyes del Metal. Por fin llegamos y… ¡aha!, esto es otra cosa: melenudos merodeando por los aledaños de la sala, chorros de calimotxo sonando en el ambiente y, cómo no, las motos de los miembros del grupo en la parte posterior (vigiladas, eso sí).

Como estaba previsto, las puertas se abrieron a las ocho (y pico) y, como de costumbre, algún que otro problemilla: a nuestro intrépido fotógrafo Javi (Mata) le pillaron la cámara de fotos, obstáculo que salvó intentándolo de nuevo con la cámara en los güevos, con éxito esta vez. Una vez dentro estuvimos observando tanto el escenario como la capacidad de la sala, la cual parecía que no se iba a llenar ni por asomo (no, qué va). Detrás de la batería de Scott se podía apreciar un inmenso gong al más puro estilo CONAN, el cual sonaría un poco más tarde en algún tema. Y tras casi un par de horas esperando por fin se apagaron las luces, empezó a salir el humo y… ¡JAAAR!, salieron a escena estos 4 guerreros metálicos abriendo con “Manowar”, para seguir sin pausa alguna con “Kings Of Metal” y “Sign Of The Hammer”. El set-list estuvo bien en líneas generales, pues cubrieron más o menos todos los álbumes de su carrera, aunque para mi gusto fue un tanto ‘popi’.

Tras los 3 primeros temas y una primera parada se hicieron “Courage” (con Joey a los teclados), para seguir con himnos como “Kill With Power”, “Spirit Horse Of The Cherokee”, “Wheels Of Fire” (con la correspondiente intro sonorizada), “Hail And Kill” y “Metal Warriors”. Si bien hay que destacar la perfecta ejecución de los temas y la contundencia con que los ejecutan (con un sonido impecable), además de la espléndida voz de Eric Adams (pues no, no la ha perdido), también hay que decir que podían ahorrarse, por lo menos para mi gusto, los dos solos, primero el de guitarra y posteriormente el de bajo (este último no es otro que “Black Arrows” del Lp “Hail To England”), además de una pausa de 10 ó 12 min, que no sé a cuento de qué venía. Pero lo curioso es que aquello parecía no importarle a nadie, valía todo.

Pero la fiesta no acababa todavía. Continúan con “The Gods Made Heavy Metal” (con la consiguiente subida al escenario de la tía de turno… ¿se la tirarían?), “Fighting The World” (espectacular la imagen de los varios miles de personas con los puños cruzados, épico), “Black Wind, Fire & Steel” y, como colofón final, “Carry On”, tema que han rescatado para el directo de su álbum “Fighting The World”.

De los pros destacaría, en líneas generales, el perfecto sonido, la puesta en escena (que se lo pregunten a Antonio, casi fallece), la compenetración… en definitiva, todo. Pero como en todo hubo algún contra: siguen sobrando solos y pausas. La fiesta acabó con el coreado tema “The Crown And The Ring (Lament Of The Kings)” del “Kings Of Metal” (grabado, claro), no sin antes despedirse Joey alabando el verdadero Metal y sus seguidores, privándose una lata de Águila de un trago y diciéndonos que este concierto y el resto de la gira española quedará plasmado en un álbum oficial en directo (el primero de la banda).

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Pues esto fue lo que dio de sí la descarga de MANOWAR, al final acabamos todos sin un puto duro, pero con camiseta del grupo, eso sí. Esperamos verles pronto de nuevo por aquí, en cuanto saquen su directo seguro que los tenemos de vuelta. El resto de la noche y la odisea de dormir en coche con el consiguiente pestazo a pies y pedos es otra historia…

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(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de BATTLE HYMNS, en algún momento de 1997)

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A dangerous meeting…

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Mercyful Fate – Melissa (1983)

Olvidaos de Anton LaVey, Aleister Crowley y demás sujetos. La verdadera Biblia Satánica fue rubricada por King Diamond en 1983, con música cortesía de Hank Shermann, que circunstancialmente salió al mercado discográfico bajo el nombre de «Melissa» y venía firmada por unos tales Mercyful Fate. No sabían los padres lo que sus criaturas traían entre manos al permitir que se hicieran con una copia del vinilo en la tienda de costumbre con la paga correspondiente… Un compendio supremo de maldad condensado en poco menos de cuarenta minutos. Nada de estúpidas tesis basadas en el hedonismo, la superioridad moral y el alimento descontrolado del ego, aquí sólo hay espacio para historias de muertos vivientes necrófagos («Evil»), maldiciones milenarias («Curse of the pharaohs»), rituales blasfemos oficiados por oscuras sacerdotisas («Into the coven»), invocaciones al Maligno («At the sound of the demon bell» y «Satan’s fall»), misas negras con sacrificios humanos («Black funeral») y brujas condenadas a la hoguera («Melissa»).

Decenas de anécdotas rodean la grabación del álbum, cada cual más chocante y absurda si cabe: desde la instalación de un altar y unas luces rojas para ambientar el estudio (cosas de King Diamond, evidentemente, ya que paradójicamente a ninguno de sus compañeros le importaba lo más mínimo este tinglado tenebroso por el que eran conocidos) hasta la negativa inicial del productor, Henrik Lund, a trabajar con el grupo, escandalizado por las letras de las canciones. Tampoco se queda atrás el episodio de los espectros que cohabitaban entonces en el apartamento de King, haciendo acto de presencia en mitad de cualquier visita (James Hetfield y Lars Ulrich incluidos). El cantante afirma que este tipo de hechos paranormales, como la levitación de botellas de cerveza, se producía siempre en estado de absoluta sobriedad (qué no verían del otro modo). Incluso estuvieron a punto de colar en el tracklist una versión de «Inmigrant song» que venían ensayando (¿alguien puede imaginarse cómo hubiese sonado aquello?).

Las pistas que aparecen como bonus ya habían sido publicadas anteriormente en «The beginning» y «Return of the vampire»: la sesión del Friday Rock Show de la BBC, la demo de «Black funeral» y la cara b de ésta al editarse como single, «Black masses», pertenecientes al primero y la demo de «Curse of the pharaohs» al segundo. En cualquier caso, representa material interesante para quien no tuviera aquellos y desee conocer las versiones pre-estudio y la fuerza que desprendía la formación en vivo.

Y ya que hablamos de su directo, el DVD extra recoge un pequeño fragmento del ofrecido en el club The Dynamo de Eindhoven ‘en algún momento de la primavera de 1983’ (ni el propio King es capaz de ponerle fecha, aunque no anda desencaminado porque es del nueve de abril). Los responsables de la compañía no han debido indagar más de lo necesario porque este mismo show está disponible íntegramente en la red con una calidad superior a este oficial. No obstante, igualmente se puede apreciar esa crudeza característica de estos primitivos e inigualables Mercyful Fate, tanto en lo musical como en lo escénico/estético. Sin duda, lo impagable del documento es la opción de visionado comentada por el propio King, totalmente improvisada (a ratos se queda callado y otras veces repite cosas que había dicho poco antes) y donde se despacha a gusto con los fallos en la ejecución (le hace daño oír cómo la banda se pierde en uno de los cambios de ritmo de «Black funeral») y la parafernalia de sus seguidores (cuando ve cómo un fan de las primeras filas levanta un hueso imitando el que porta el cantante en escena, afirma orgulloso que ‘el suyo es de verdad’).

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King Diamond – Abigail (1986)

Si «Melissa» es el vademécum del mal, «Abigail» es la historia de terror por excelencia del heavy metal. Historia que no es raro oír repetida en boca de otros que en su día también esperaban a la noche, colocaban la aguja sobre «Funeral», apagaban la luz de su habitación, se tumbaban en la cama y asistían paralizados a la ceremonia regida por O’Brian para matar definitivamente a Abigail, la cual desembocaba en «Arrival», uno de los mejores arranques jamás concebidos, y sin respiro continuaban allí, con los ojos bien abiertos en medio de la penumbra, horrorizados a la par que hechizados por la abrupta aparición del Conde de La Fey, el embarazo de una Miriam ya poseída y el desenlace con la muerte de Jonathan y la aparición de los Jinetes Negros en un final apoteósico. Bueno, en realidad había que levantarse a cambiar la cara del disco una vez finalizaba «The 7th day of July 1777» y uno debía recurrir a la imaginación, más ávida en aquellos días, cuando la barrera, más infranqueable, del idioma no le permitía averiguar ciertos pormenores. En todo caso, funcionaba de maravilla.

Para su andadura en solitario, King Diamond tuvo en Andy LaRocque a su mano derecha y alter ego de Hank Shermann. Sin embargo, en «Abigail» las tareas compositivas recayeron en un alto porcentaje sobre King, que por supuesto firmó los textos. Lo cierto es que impacta la capacidad del danés para, en apenas tres años, darle un vuelco tan radical a su estilo. Ahora los falsetes y los reverbs inundaban las estrofas, secundados por algunas voces guturales según lo requiriese la interpretación, los solos de LaRocque y Denner se alternaban continuamente, el esquema clásico sobre el que se construían los temas se rompía en favor de una estructura adaptada al desarrollo de la acción narrativa, dando lugar a innumerables cambios de ritmo y riffs (más sofisticados y coetáneos que los de Mercyful Fate), y la contundencia de Mikkey Dee aportaba un plus de potencia.

Si bien los extras de audio son más bien escasos (el único que merece la pena es «Shrine», cara b de «The family ghost», ya que las tres remezclas son mero relleno), no puede decirse lo mismo de los de video. Incluye los clips de «The family ghost», «Welcome home» y «Sleepless nights», que ponen de relieve la prosperidad que vivió la banda a raíz del éxito de «Abigail». Y por si fuera poco, registra siete temas del concierto grabado en Gotemburgo (Suecia) durante la gira de presentación del álbum. Al interés intrínseco del material, se une el llamativo protagonismo de Michael Moon, el guitarrista reemplazo de Michael Denner, que abandonó la formación antes de dar comienzo el tour. Echando mano del manual de poses del guitar hero de los ochenta, eclipsa por instantes al mismísimo LaRoque y busca sin cesar la complicidad con su jefe. Poco sabía entonces de lo efímera que sería su estancia, que siquiera alcanzó la grabación de «Them».

J. A. Puerta

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

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FANGORIA – Fiestas de la Mercè 2016, Barcelona 24 de septiembre

Dicen que todo llega y todo pasa… O no y llega para quedarse. Ese es el razonamiento que han debido seguir Nacho Canut y Olvido Gara para decidir que el legado de Pegamoides y Dinarama sea objeto de paseo a la caprichosa voluntad de sus dignos herederos. Lo que se adivinaba como un tributo a la cosecha de Alaska en sus distintas denominaciones en “El paso trascendental del vodevil a la astracanada” y su sucedáneo en forma de directo, registrado en nuestro particular Moulin Rouge de la costa levantina, ha tenido una continuidad inesperada si nos ceñimos a la filosofía de carpe diem inherente a Fangoria. Afortunados somos quienes nos perdimos aquella gira porque no debemos lamentarnos de la oportunidad perdida.

Ese puñado de trocitos de nuestra infancia, sin embargo, caen con vigencia y sin rastro de caspa, por lo que desgañitarse cantando “Mi novio es un zombi”, “A quién le importa” o la ración básica de “Deseo carnal” a mano de “Cómo pudiste hacerme esto a mí” y “Ni tú ni nadie” (“Un hombre de verdad” chupó banquillo) contiene poco componente de nostalgia sentimentaloide y mucho de reafirmación. “Quiero ser santa” podían habérsela dedicado hace 14 años en la madrileña Riviera a su entonces edil al igual que esta noche a su colega barcelonesa y “Perlas ensangrentadas” fue un regalo caído del cielo (para la próxima, “Isis”, y levitamos directamente). “Ectoplasmatic” revive los momentos acid de “Fan fatal” y realza al Canut DJ, que acapara más ojos gracias a una posición privilegiada en el escenario.

De regreso al presente, “Disco Sally” y “Fiesta en el infierno” reivindican la recuperación de forma que ha supuesto “Canciones para robots románticos” tras el piloto automático que parecían haber activado en sus dos últimos trabajos de estudio, aquí representados por “Absolutamente” y “Dramas y comedias”. Mientras, “Retorciendo palabras” en unos de sus remixes redimió sólo en parte el pecado (que sí lo fue) de ignorar de un plumazo “Naturaleza muerta” y “Una temporada en el infierno”. Quizás unas fiestas populares y un público conformista o ausente no exigen “Electricistas” y lo mismo encajan con alboroto un guiño a Sonia y Selena en “Bailando” que los inmutables del show: Alaska en su salsa de diva en actitud y vedette en vestuario, flanqueada por bailarines y su siamés Rafa Spunky (¿qué haría sin él?), que bajo en ristre rinde vocalmente incluso más que antaño, de corista a secas (como Hansi, para entendernos).

 “Somos Fangoria, de Madrid”, decía en su habitual tono firme Alaska. Pues eso, cuestión de reafirmarse.

J. A. Puerta