Judas Priest – Painkiller (1990)

painkiller

Recuerdo cuando me pasaron este álbum recién salido del horno. Por aquel entonces el intercambio a gran escala era simplemente impensable, así que o tenías a alguien a mano con algunos cuartos más que tú o había que recurrir al ya jurásico método del intercambio por correo, dichosos tiempos aquellos.

El caso es que “Painkiller” cayó en mis manos sin más presentación que la del soporte (Sony HF 60), y por más que me aseguraron que era lo último de Judas Priest mis orejas y yo no nos acabábamos de creer que aquello fuera de los padres de “Living After Midnight” y “Breaking The Law”, para qué engañarnos. La pista definitiva, como no podía ser de otra forma, Robert Halford, porque ningún otro hombre, mujer o bestia viviente sobre la faz de la Tierra podía emitir los alaridos que nuevamente había registrado el ‘Metal God’ en su último trabajo con Judas Priest, a la postre el definitivo.

Y es que todo en “Painkiller” se presentaba novedoso y asquerosamente atractivo: la portada, nuevamente a cargo de Mark Wilkinson (“Ram It Down”), era llamativa como hacía mucho (“Sad Wings Of Destiny”, “British Steel”), con un jinete metálico (The Painkiller) sobrevolando la Tierra y el estigma de Judas postrado en ella. El sonido, sin perder la esencia del grupo -voces agudas, riffs afilados y una potente y ágil base rítmica-, se elevaba a un grado superlativo, enmarcado perfectamente en el ámbito del Power Metal, entendido como tal el Heavy de corte más duro y contundente (mera etiqueta para diferenciar lo heavy de lo más heavy), gracias en parte a la entrada del ex Racer X Scott Travis tras los parches -otra de las novedades-, que junto a la vertiginosa velocidad del dueto Tipton-Downing dotó al sonido de una mayor precisión y brutalidad aún.

Por su parte, en esta ocasión cuentan tras los controles con uno de los productores del momento, Chris Tsangarides (Tygers Of Pan Tang, Black Sabbath, King Diamond, Yngwie Malmsteen, Helloween o nuestros Barón Rojo, mismamente), que dota a la producción de un mayor realismo en el sonido, distinguiendo perfectamente todos los instrumentos y dejando una sensación de crudeza y pulcritud sin precedente hasta la fecha.

A diferencia de otros muchos trabajos de la banda, en “Painkiller” no se detectan a priori singles de cara a la galería, si bien el descomunal “Painkiller” o el más comercial “Touch Of Evil” sirvieron de carta de presentación del disco. El álbum, al menos para el que suscribe, se presenta como un todo, una auténtica apología a la brutalidad y a la melodía que pinchar de principio a fin y tiro porque me toca (“One Shot At Glory”). Y es que si bien temas como “Hell Patrol” (esa caja!), “All Guns Blazing” (vivan los falsetes…) o “Metal Meltdown” (…y los estallidos vocales) aisladamente parecen no decir mucho (en el repertorio Priest las hay mucho mejores, es cierto), en su conjunto son todo un alegato de cómo practicar Heavy Metal a mil por hora a base de riffs incendiarios y gargantas al borde de la explosión (“…about to explode, It’s coming at ya”).

Con todo y con eso hay momentos espectaculares y especialmente reseñables, caso de las entradas de batería y guitarra en “Painkiller” y “Leather Rebel” respectivamente, el doble pedaleo del hacha Scott Travis en “Night Crawler” y las dobles melodías de guitarra de Glenn Tipton y K.K. Downing en la parte central del tema (eso es Epic Power Metal y lo demás son tonterías), los riffs persistentes en la anticlerical “Between The Hammer & The Anvil” o el broche de oro con la instrumental “Battle Hymn” y la majestuosa “One Shot At Glory”, de cadencia algo más lenta y con mensaje subliminal antibelicista incluido. Mención especial se merece “Touch Of Evil”, un medio tiempo aparentemente más accesible que el resto en el que Tipton se explaya que da gusto (según Kerry King el guitarrista definitivo del Heavy Metal) y Halford da rienda suelta a sus instintos más bajos, como ya hiciera en “Love Bites” o “Turbo Lover”. De lujuria.

Lamentablemente para los fans, una serie de circunstancias encadenadas como el juicio público de la banda por inducción al suicidio en una de sus letras (“Better By You, Better Than Me”), la irrupción con la nueva década de nuevas corrientes y subestilos como el Grunge y el Crossover y las ansias del ‘Metal God’ de explorar los susodichos acabarían con la salida de éste de la banda, con Fight como nuevo proyecto metálico y con el multiusos Scott Travis de la mano. De esta forma, la banda, huérfana de padre espiritual editaría el recopilatorio “Metal Works 73-93”, entrando de lleno en una etapa de inactividad total que se rompería con la llegada del vocalista Tim Owens, aunque eso, como suele decirse, ya es otra historia.

Independientemente de que “Painkiller” suene mejor o peor que los discos clásicos del grupo o de que el feeling en las canciones esté más ausente que antaño (yo no lo creo), lo que es innegable es que supuso un paso más allá en la carrera de Judas Priest, sobre todo por lo inesperado del sonido y por el bajón que significó el mediocre “Ram It Down”, que no colmó del todo las expectativas del público. A día de hoy, y con toda una década y media a las espaldas, el disco sigue sonando increíble, con una personalidad que tumba, y es obvio que toda una generación de power-clons le deben todo a su sonido.

¿El último gran clásico del Heavy Metal? Yo diría que sí.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

flyersentinel2

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s