The Cult of Mercy: a realistic re-view of a dream

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THE SISTERS OF MERCY: Sin compasión – Sábado 8 de abril de 2006, sala Razzmatazz (Barcelona)

Son varias las acepciones que se pueden extrapolar del verbo engañar a lo que fue la actuación de los Sisters en la catalana sala Razzmatazz, véase mentir, trampear, abusar de, timar y similares, pero hay una de ellas que desde luego no tuvo lugar, al menos en nuestro caso, y esa es defraudar. Y decimos esto porque si bien la esperanza es lo último que se pierde, o al menos eso dicen por ahí, nuestra fe en el directo de las monjitas más bien brillaba por su ausencia, valga la redundancia, y es que también es muy buen dicho el de cuando el río suena…

Refranes y florituras aparte, lo que también estaba claro era que había que testear tal hecho por uno mismo, el del directo nefasto digo, y no vivir con la eterna duda de si nos estaríamos perdiendo algo. Y bien, realizado el test de manera totalmente empírica y en cierta medida etílica, lo cual nos da todavía más la razón –se supone que la euforia alcohólica ayuda, ¿no?-, podemos afirmar sin tapujos y de manera rotunda que The Sisters of Mercy en vivo y en directo son una-putamierda. Con perdón de la expresión, eso sí.

De todos es sabido que nuestro querido Doktor Avalanche, batería del grupo, no es otra cosa que eso mismo, una máquina –aquí sí colaría la eterna confusión con el término baterista-, hecho que queda corroborado de forma fehaciente al aparecer el grupo en el escenario, aunque el desmesurado empeño por ahumar el mismo de veras dificulta tal comprobación. Pero si a ello le empezamos a sumar la aportación de dos guitarristas tan faltos de gracia en las tablas como de carisma, la ausencia de un bajista que dote de cuerpo al conjunto, y lo que es peor, un lamentable estado vocal de mr. Andrew Eldritch de la mano de un sonido sobrecargado y megasampleado, el resultado se me antoja de mírame y no me toques, o mejor dicho, de mírame y no me escuches.

Y es que de nada sirve que suenen «Alice», «Ribbons», «Dominion/Mother Russia», «First And Last And Always» o el mítico «Temple Of Love», que me los descubriera allá por los tiempos del bachiller, si hay que esperar hasta el estribillo para saber de qué demonios se trata. Se puede ser arrogante e ir de sobrao, en algunos casos hasta se debe, pero siempre con algo detrás que apoye, que si no se nos derrumba el chiringuito. En ese sentido el tiempo ha dado la razón a Wayne Hussey y sus The Mission, que pese a no mantener ese ‘aura’ de culto de la banda que le vio marchar, siguen ofreciendo conciertos más que dignos y al menos dan sensación de grupo, cosa que huelga en todos los aspectos en estas hermanas graciosas.

A la postre, por medio de traductora y cigarro en mano, Eldritch aseguraba al personal volver de gratis a la ciudad condal para remediar tanto mal, imagino que por el abucheo generalizado y enfervorecido del personal. A nosotros nos la vas a dar.

Bubba

Discografía:

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«First And Last And Always» (1985)

El clásico por antonomasia, de aquí ha bebido hasta el que no tiene boca. Los himnos se suceden uno detrás de otro («Black Planet», «Walk Away», «No Time To Cry» y así sucesivamente), y la producción, lejos de ser ni tan siquiera correcta, ha llegado a ser parte de su atractivo. A todo esto, cómo se nota la mano de Wayne Hussey. A partir de aquí ya nada sería igual.

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«Floodland» (1987)

Más oscuro que oscuro, como diría alguno. La portada ya avisa, y al pulsar play te das cuenta de que el contenido se corresponde fielmente con el continente. Se mejora la producción con respecto al primero, se introduce colaboración femenina en los coros, y nos vuelven a dejar otros cuantos clásicos para la posteridad («Dominion/Mother Russia», «Lucretia», «This Corrosion», «Colours»). Buen interludio.

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«Vision Thing» (1990)

El álbum pop-rockero, y a la postre el definitivo, eso es a lo que yo llamo lucidez escueta. Por primera y última vez dan la sensación de banda, y de igual forma gozan de una producción en condiciones. Desde el arranque frenético de «Vision Thing» hasta la calidez de «I Was Wrong» no hay desperdicio que valga, así que los ocho cortes de los que goza el plástico de un tirón. Algunos nos pasamos media década de los 90 tirando de él.

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«Some Girls Wander By Mistake» (1992)

Antes de «First…» también hubo vida, y se refleja en este recopilatorio de singles y caras b, que comprende el período 1980-83. ¿Necesario? Por supuesto, ahí están cortes como «Alice», los covers de Stooges y Stones «1969» y «Gimme Shelter» respectivamente, o la versión extendida del clásico «Temple Of Love», amén de otro puñado de cortes indies que hay que tener.

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«A Slight Case Of Overbombing» (1993)

‘Greatest Hits’ válido tanto para no iniciados como para completistas, ya que en él se registran por un lado los temas más representativos del grupo, y por otro algo nuevo («Under The Gun»), algo viejo («Body And Soul») y algo rehecho («Temple Of Love (1992)»). Fue bonito mientras duró.

Y esto es básicamente lo que abarca la carrera discográfica del grupo que tomó prestado el nombre de una pieza de Leonard Cohen (bueno, en realidad fue algo más). Puede que sus directos sean de lo peor que te puedas encontrar encima de un escenario, pero sus trabajos siguen siendo a día de hoy gloria bendita y fiel espejo de generaciones pasadas, presentes y futuras. Al césar lo que es del césar.

Bubba

THE CULT + DIAMOND DOGS – Sábado 3 de junio de 2006, Estadio Foietes (Benidorm)

Sin apenas tiempo para recuperarnos del concierto de King Diamond en Madrid de hacía unos días (más bien horas), regresábamos a casa para presenciar un plato fuerte, como si hablar de Benidorm fuese sinónimo de rock de unos años hacia acá. Nada más lejos de la realidad en términos cotidianos, más teniendo en cuenta que la nula previsión de asistencia y ampliación de gira de los británicos llevaron a quien quiera que fuese el irresponsable a repartir a última hora y gratuitamente entradas entre los comercios locales para tratar de paliar la pobre venta de entradas. En fin, aparcando asuntos intervencionistas de lavado de cara y centrándonos en el concierto en sí, la noche nos deparó unas cuantas contradicciones curiosas.

En primer lugar, el set list, sin diferencias notables (aunque levemente recortado) respecto del que vienen interpretando en este tour, del que llama la atención el protagonismo de «Love» y «Electric», antagónicos en sonido y estilo, el pre y el post respectivamente. Evidentemente, las controversias de antaño están más que enterradas dos décadas después (a día de hoy el currículum de la banda acalla lo que se ponga por delante) y todos por igual convirtieron cada uno de los himnos que cayeron aquella noche en una celebración.

thecult4Por otro lado, las figuras principales y la lucha de egos que mantuvieron encima de las tablas. Duffy ganó la partida con diferencia. De pose eterna, pletórico y liderando en primer plano cuando tuvo oportunidad por delante de su compañero de fatigas, retuvo toda la presencia escénica y él fue el alma de The Cult. Astbury continua siendo el mismo tipo hiperactivo que menea el micrófono a placer, baila y es capaz de convertir algo ordinario como escupir al aire en todo un acto de clase rockera. Sin embargo, más de uno nos quedamos de piedra cuando lo vimos aparecer ataviado con una sudadera de deporte violeta, la mano vendada y un pañuelo en la cabeza, lo que unido a ese aspecto desaliñado que lucía (barbudo y barrigudo), obligaba a preguntarse: ¿dónde estaba el Astbury espejo del hard rock más sobrio y elegante de los ochenta, o el más reciente, comedido retrato de Jim Morrison? La cuestión de indumentaria hubiese quedado en una simple anécdota si al menos hubiese cumplido con el apartado vocal, pero a veces (el noventa por ciento) era un quiero y no puedo y otras un puedo y no quiero (en «The phoenix» resurgió de sus propias cenizas, nunca mejor dicho).

De los secundarios Tempesta se llevó la palma, aunque a todas luces estaba fuera de lugar. El espectáculo que nos brindó, a base de jugar a destrozar su kit a mamporrazos, suponía un mero pasatiempo para el ex – White Zombie, y triste fue el tener que aguantar el dichoso comentario de turno acerca del paradero de Matt Sorum (si supiera el pobre que repentinamente le han cambiado el nombre por el de «ese que estuvo en Guns’n’Roses»).

Hasta las anécdotas, tan espontáneas a simple vista que nadie lo hubiese percibido, ya estaban pensadas de antemano. Así, el número del balón de fútbol firmado y pateado por Billy Duffy, con el consiguiente cachondeo de Ian Astbury, que presentó al guitarrista en plan speaker (‘Ladies and gentlemen, Mr. David Beckham!’’), lo vienen repitiendo de show en show.

Para el final se quedan los primeros, por contradictorio que parezca de nuevo, ya que el concierto de Diamond Dogs, supuestos teloneros, fue de absolutos cabezas de cartel por tiempo, tablas y ritmo. De menos a más, los escandinavos se mostraron exquisitos y consecuentes, con Sulo mandando como el mejor Chris Robinson y sorprendiéndonos a los que íbamos puestos con lo mínimo («Black river road»).

THE CULT – Domingo 27 de septiembre de 2009, Tinglado 2, Valencia

The Cult borraron el escepticismo con el que afrontaba un servidor el concierto y el tour en sí, porque ni la idea de resucitar un trabajo de 1985 como excusa para girar me parecía coherente (tanto aniversario, reedición, celebración u homenaje de tal o cual disco empieza a cansar y aburrir soberanamente) ni el estado en el que se presentaría nuestro querido Astbury era fiable visto lo visto en su anterior visita. Sin embargo, resultó una experiencia no sólo gratificante, sino intensa como pocas. El cantante, casi irreconocible por ese look de hell angel (barba espesa y bastantes kilos de más), desenchufó voluntariamente su modo entertainer y se entregó de lleno a los temas ojos cerrados y aferrado al micrófono (sobre todo en el primer tramo), desprendiendo un feeling que valió por todo gesto, pose y demás parafernalia que gastara en 2006 tratando de ocultar sus deficiencias. Aunque ya nadie espera que cante un solo verso sin entrecortar las palabras, cumplió. El bajista Chris Wyse se mostró muy participativo y compensó con su energía el misticismo estático de Astbury.  Poco que decir de un Duffy que es la viva imagen del rock y que encima del escenario parece haber firmado un pacto con el diablo. Como si no pasara el tiempo, vaya.

Volviendo al concierto, hoy en día “Love” es la mejor apuesta que pueden realizar en directo si se trata de experimentos de estas características (“Electric” sigue formando parte del repertorio en un alto porcentaje y tanto “Sonic temple” como “Beyond good and evil” son demasiado exigentes vocalmente hablando para un Ian obligado a dosificar esfuerzos). Ayudados en su interpretación por un telón de fondo sobre el que se proyectaban imágenes variopintas, canciones como “Revolution” o “Black angel” alcanzaron un clímax irreproducible en estudio y por ende en nuestro cómodo equipo de música en casa. “Rain” y “She sells sanctuary” son reclamo fácil per se al tratarse de las representantes naturales del álbum en cuestión y la respuesta que provocaron fue inmediata. Uno de los highlights de la noche. Más especiales resultaron “Big neon glittler” y “Hollow man” como delicatessen para paladares gustosos de su época gótica (aunque ya puestos podían haber incluido “Little face”, pero los bonus no contaban).

Clausurada la primera parte y consumados los minutos de descanso necesarios, atacaron un best of reducido por las circunstancias donde el trío acedeciano “Electric ocean” / “Wild flower” / “Love removal machine” ganó por goleada. Ni “Sun king” ni “Fire woman” estuvieron al nivel de intensidad del resto, pese a lo fieles que sonaron a sus respectivas originales, y quizá supusieron el único punto flojo del show. El momento de lucimiento de la base rítmica Wyse/Tempesta se produjo con “Dirty little rockstar”, única pieza de “Born into this” en el repertorio. Brutal fue “Rise”, temazo que clavaron aunque apenas coreada. O la gente se estaba tomando un respiro o había mucho nostálgico retirado sin idea de lo engendrado por los británicos en diez años. Una pena en todo caso.

La conexión público-grupo fue absoluta hasta el extremo de que, ante la insistencia para que regresaran a las tablas, salieron por segunda vez saltándose el planning y regalándonos un “Lil’ devil” grandioso.

Al final todos contentos y con sensación de haber vengado el sabor agridulce que dejaron hace tres años.

J. A. Puerta

Discografía:

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«Dreamtime» (1984)

Obviando lo que fue el embrión de The Cult, Death Cult, lo que es innegable es que, o bien el feto ya tenía los rasgos muy marcados, o el recién nacido estaba aún por definir. De una manera o de otra, «Dreamtime», aun en tierra de nadie (bueno sí, la de los góticos), se presenta al gran público con un sonido un tanto frágil (a conciencia, por supuesto) y con una colección de canciones indestructibles. Pese a que para algunos parezca nunca haber existido, empezando por el propio grupo, para servidor ahora está más vigente que nunca. Embriagador.

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«Love» (1985)

Entre dos tierras, como dirían algunos, ni rock gótico ni hard rock, «Love» vuelve a pegar una buena zancada hacia delante, más acusada incluso que su debut con respecto al pasado. Además de una producción más sólida, el nuevo plástico goza de mayor variedad y colorido, y desde luego vaticina lo que será el futuro. Comienzan los temas antológicos («Rain», «She Sells Sanctuary»), a la vez que empiezan a acudir fans de todas partes y a fraguarse la leyenda. Perdón, el culto.

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«Electric» (1987)

Jamás podremos saber lo que hubiera sucedido de haberse editado con la producción inicial, pero lo que sí es obvio es que, gracias a la zarpa de Rick Rubin -que en un principio sólo iba a arreglar un poco aquí y allá-, el paso esta vez se convirtió en salto, situándolos de lleno en el mainstream del rock duro. Se reduce en matices, sensibilidad y colorido, y se gana en fuerza, distorsión y potencia. Así es, The Cult ya tenía su propio «Back In Black». Por cierto, el cover de «Born To Be Wild» bastante flojo, mejor el de «Start Me Up».

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«Sonic Temple» (1989)

El éxito ya está conseguido, ahora sólo hay que mantenerse. Y vaya si se mantienen, puñetazo en la mesa incluido. Como estrellas que son se permiten el lujo de invitar a otros astros (Iggy Pop, Eric Singer), hablar de algún que otro estrellado (Edie Sedgwick, musa de Warhol que murió a los 28 de un atracón de barbitúricos), de elegir productor a su antojo (ahora toca Bob Rock, con la posterior envidia de Metallica), y de parir de nuevo otro montón de clásicos («Sun King», «Fire Woman», «American Horse», «Sweet Soul Sister» y así sucesivamente). Disco obligado en cualquier colección que se precie.

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«Ceremony» (1991)

Todo lo que sube baja (que se lo digan a Pelé), pero al menos algunos lo llevan con gusto. «Ceremony» no es un mal trabajo, ni mucho menos, pero ni tiene la frescura de los dos primeros ni la contundencia y la precisión de los dos últimos, así que con eso y un bizcocho (yo me lo guiso, yo me lo como) se marcan un buen disco a secas. En fin, se permite pinchar repetidas veces «Wild Hearted Son» para compensar.

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«The Cult» (1994)

Editado en plena efervescencia grunge, crossover, new metal y demás subestilos, era de esperar que un disco de Rock a secas pasara desapercibido, como efectivamente hizo. Craso error, porque «The Cult» supera con creces lo ofrecido en «Ceremony», y contiene verdaderas gemas escondidas («Real Girl», «Sacred Life», «Saints Are Down»), aparte de las más obvias («Joy», «Star»). Los Zeppelin más acústicos y los Doors más ácidos se vuelven a dar cita en un disco tan sobrio y maduro como infravalorado, menos mal que siempre se está a tiempo de echar mano.

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«Beyond Good And Evil» (2001)

Descomunal. De nuevo con Bob Rock a los controles, Astbury, Duffy y Sorum vuelven por sus fueros, pero esta vez con más mala hostia que nunca. Si bien «Nico» y «True Believers» ponen el punto tranquilo al plástico, el resto apabulla por su cohesión, inmediatez y brutalidad, una recámara de balas descargadas de una en una. Si todavía no has tenido el placer de volarte la cabeza con semejante arsenal no sé a que leches estás esperando. Más allá del bien y del mal… está lo cojonudo.

Dejamos de lado tanto «Pure Cult – For Rockers, Ravers, Lovers and Sinners» (1993) y su reedición posterior («Pure Cult», 2000) como «Rare Cult» (2000), box-set de rarezas con representación abreviada («Best of Rare Cult»), ideales tanto para no iniciados (lo primero) como para ansiosos del grupo (lo segundo). No obstante, y evitando en lo posible ser subjetivo, nada como engullir uno detrás de otro los discos originales. Como diría el mismísimo Tony Soprano, bocatto di cardinale.

Bubba

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

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