Paradise Lost – Icon (1993)

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“Icon”, el cuarto álbum de Paradise Lost, fue un revulsivo para la escena doom de los primeros noventa. Mientras bandas como My Dying Bride o Anathema (en plena promoción de “Turn loose the swans”, una obra de culto dentro del género, y “Serenades”, que tampoco se queda a la zaga, respectivamente) se mantenían fieles a este estilo, caracterizado por estructuras pesadas y unas melodías aderezadas con teclados y/o voces femeninas que evocan melancolía a raudales, y los Cathedral de Lee Dorrian (quien fuera cantante de la época grindcore de Napalm Death) sacaban a la luz todas las influencias del rock’n’roll de los primeros Black Sabbath en “The ethereal mirror”, Paradise Lost se reafirmaban en su particular manera de entender la música. Encontraron la fórmula pionera de fusionar el doom que tanta reputación les había hecho ganar en “Gothic” (su segundo larga duración, publicado en 1991) con el heavy metal, hecho que supuso la ruptura con gran parte de sus antiguos seguidores, que los veían como unos vendidos a la industria al dejar definitivamente atrás su recorrido por el circuito underground. Si en su tercer disco, “Shades of God” (1992), ya trataron de llevar este “cocktail” a buen puerto, en “Icon” lo consiguen bordar y sientan los cimientos de lo que luego se conocería como metal gótico.

“Icon” forma un bloque compacto: no se puede obtener el máximo del disco si no es escuchado en su totalidad y entendido como un todo. En él, la guitarra de Gregor Mackintosh domina y orienta el sonido de la banda, conduciendo al oyente por cada pasaje y provocando con sus armonías un torbellino de sentimientos. La interpretación de Nick Holmes es magistral, con una voz que todavía anda a medio camino entre el death de sus primeros días y James Hetfield (con quien guarda cierta similitud vocal, aunque ello se haría más notorio en “Draconian times”, que marcó el salto a la palestra metálica en 1995). Si unimos a esto unas letras de contenido simbólico y metafórico, tenemos como resultado una atmósfera oscura que el quinteto recrea a la perfección. Buenas muestras de ésta son “Embers fire”, “Widow” y “True belief”, que formaban parte indiscutible del set list del tour que realizaron como teloneros de lujo de Sepultura durante 1993 con motivo de “Chaos A.D.” (y que movilizó a los fieles de los británicos, que iban casi exclusivamente a ver su descarga -sin menospreciar a los brasileños, quienes se encontraban en la cumbre de su carrera-). Tampoco podemos olvidarnos de “Remembrance”, “Forging sympathy”, “Joys of the emptiness”, “Dying freedom”, “Shallow seasons” o “Christendom”, sin las cuales difícilmente habrían logrado hacer de este trabajo un clásico de esta magnitud.

Paradise Lost siempre ha sido un grupo rodeado de polémica debido a su controvertida evolución, que les ha llevado a pasar por géneros a priori tan irreconciliables como el death, doom, heavy o, más recientemente, el techno. Criticados duramente por sus cambios de chaqueta (que en realidad responden a la actitud del grupo de hacer la música que les viene en gana sin preocuparse por nada más), sus detractores deberían ser más justos ya que probablemente estemos ante una de las bandas que más fronteras ha abierto dentro del metal y, lo más importante, que lo ha hecho sin renunciar a su personalidad, intacta a lo largo de todos sus álbumes. Eso sí, “Icon” define mejor que ningún otro el pesimismo, la tristeza y la nostalgia que desprenden las composiciones de la banda. Si eres de los que disfruta con el metal gótico, no te lo pienses dos veces, éste es tu disco.

J. A. Puerta

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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