Helloween – Keeper Of The Seven Keys Part I (1987)

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Para la inmensa mayoría de seguidores del Heavy Metal, “Keeper Of The Seven Keys” supone uno de los puntos más álgidos del género y un espejo donde se han mirado (y lo siguen haciendo) infinidad de bandas, y al igual que pioneros como Accept, Scorpions, Iron Maiden, Judas Priest o Metallica supusieron un buen punto de partida para la banda de la calabaza, estos últimos marcaron el camino a seguir de formaciones como Blind Guardian, Hammerfall, Stratovarius o Edguy, que ya se pueden considerar incluso clásicos contemporáneos per se del estilo.

Si bien es cierto que gran parte del público considera a Helloween claro precursor del Power/Speed Metal, sobre todo por sus inicios (los del sorprendente EP debut “Helloween”, el LP “Walls Of Jericho” y el Single “Judas”), sus propios autores, sobre todo el bueno de Kai Hansen, lo consideran totalmente anecdótico y casual, ya que como bien señala el pelirrojo guitarrista no hicieron nada que no se hubiera plasmado ya en el Hard Rock / Heavy Metal clásico en materia de dobles bombos, citando como ejemplos el mítico “Speed King” de Deep Purple o el adrenalínico “Exciter” de Judas Priest, así como en materia de riffing, donde los Iron Maiden de “Piece Of Mind” y “Powersalve” y los Metallica de “Kill’em All” y “Ride The Lightning” eran claro nutriente en la dieta de los teutones. Y si bien es cierto todo ello, también lo es que la banda de Kai Hansen (guitarra / voz), Michael Weikath (guitarra), Markus Grosskopf (bajo) e Ingo Schwichtenberg (batería), como toda banda-eslabón que se precie, supieron asimilar, dar pulimento y originar un producto totalmente nuevo, aunque como decimos con ingredientes ya conocidos, a los que añadir una imagen asquerosamente atractiva (cómo olvidar su inconfundible logo), unas letras de claro corte vanguardista-optimista y unas melodías en las guitarras marca de la casa.

Tras un periplo inicial con un Hansen agobiado por la doble faena de cantar y tocar la guitarra a la par, y con un material en ciernes bastante más dinámico y exigente, después de algún intento fallido (recordemos que el ex Tyran Pace Ralph Scheepers declinó la oferta, para acabar finalmente con Hansen en sus Gamma Ray a la salida de éste de su banda madre) consiguen tras varios intentos reclutar a filas a un jovencísimo Michael Kiske (Ill Prophecy), un portento vocal con entonación de arcángel capaz de conseguir los agudos más inverosímiles, pero a su vez capacitado para emular perfectamente a su adorado Elvis en los tonos graves. Con la entrada de Kiske, la banda de Hamburgo definiría perfectamente su sonido y por ende su formación más clásica y añorada, y concretamente con esta primera entrega de la saga “Keeper” destaparían por completo el tarro de las esencias.

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Y es que lo que parieron Hansen y compañía en esa obra llamada “Keeper Of The Seven Keys” (puede hacerse extensible también al segundo volumen, que mantiene la calidad de su predecesor y que no se editó simultáneamente por cuestiones meramente comerciales) puede calificarse de auténtica obra maestra. Con una notable mejora en la producción con respecto a ediciones anteriores (Tommy Newton / Tommy Hansen), puliendo cualquier rastro del Speed-Thrash-Punk de antaño y afilando las guitarras sobremanera, y con una descarada predilección en la criba final por la cosecha de Kai (suyas son la mayoría de las composiciones de esta primera entrega), tenemos desde arranques frenéticos repletos de autodeterminación (“I’m Alive”) y poderosas cabalgadas crepusculares (“Twilight Of The Gods”), que recuerdan por momentos a su pasado más inmediato, hasta un sugerente cierre de guitarra solista con “Follow The Sign” (Hansen, Weikath), pasando por el medio tiempo de “A Little Time”, con el inconfundible y novedoso sello Kiske, o la enérgica balada “A Tale That Wasn’t Right” (cortesía de Weikath y diseñada para el lucimiento estalla-cristales del vocalista), así como el célebre y eufórico “Future World”, homenajeado hasta la saciedad, y esa joya épica de 13 minutos llamada “Halloween” (Hansen), repleta de recovecos y pasajes memorables y que curiosamente se pasa en un suspiro, justo al contrario que el barroco “Keeper Of The Seven Keys” de la segunda parte de la saga, cortesía de Weikath y que marcaría a la postre el devenir futuro.

A partir de aquí, cualquier seguidor de la banda en particular y del Heavy Metal en general conoce el desenlace: singles de fama mundial (“I Want Out”, “Dr. Stein”), giras mastodónticas junto a Iron Maiden, agotamiento del alma mater de la banda ante tanto ajetreo (Kai Hansen, por supuesto) y salida de éste tras el escueto “Live In The U.K.”, para dar paso a la era Roland Grapow en Helloween y al nacimiento de otro clásico del Heavy Metal contemporáneo, Gamma Ray. Pero eso, como suele decirse en estos casos, es otra historia.

30 años han pasado desde la edición del disco que nos ocupa, la primera y más apreciada adquisición de la discografía de la banda para el que suscribe, y pese a que tanto su secuela como algunos momentos del segundo Mark clásico de la banda (con Andi Deris y Uli Kusch) rayaron a similar altura, servidor siempre recordará a las calabazas por el impacto y la frescura que supuso este disco, en una segunda mitad de la década de los 80 donde el Heavy Metal se hacía adulto y algunos polluelos como el firmante iniciábamos de pleno nuestra andadura metalera. En diciembre de este año cerraremos el círculo y celebraremos el aniversario como se merece a la memoria de Ingo.

Bubbath

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Fear Factory – Demanufacture (1995)

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Recuerdo como si fuera ayer cuando estos 4 chicos (Dino Cazares, Raymond Herrera, Burton C. Bell y Christian Olde) irrumpían en la portada de la ya extinta Metali-K.O. Era una época en la cual el death metal se encontraba estancado. Surgían bandas interesantes, pero ninguna de ellas iba más allá de lo que todos conocíamos. Se necesitaba de una banda novedosa y original que levantara del sillón a todos aquellos amuermados deathers ávidos de nuevos sonidos. Entonces aparecieron los californianos Fear Factory.

Fue en el año 1992 cuando editaron su álbum debut titulado “Soul Of A New Machine”. Un paso adelante musicalmente hablando en todos los sentidos. Supusieron un impacto en la escena a todos los niveles realmente grande, tal que prensa y sobre todo fans estaban rendidos a sus pies. 3 años después, editaron su obra maestra y el que para muchos fue el artífice de todo lo que es el Metal moderno. “Demanufacture” era el nombre de la criatura.

Grabado entre octubre y noviembre del 94 en los Estudios Bearsville de New York bajo la supervisión de Colin Richardson (Napalm Death, Machine Head, Canker, etc.), el grupo de la doble F se sacó de la manga 11 temas, a cual más innovador.

El inicial “Demanufacture” pone de primeras el listón altísimo, que por supuesto saben mantener a lo largo de todos los cortes. Los potentes riffs de Dino Cazares marcan el camino a seguir, secundado perfectamente por Raymond Herrera, que hace un trabajo descomunal en la batería. Si a esto le sumamos la variedad vocal ofrecida por Burton C. Bell (pasa de tonos melódicos a voz gutural como si tal cosa), hacen de Fear Factory el grupo perfecto.

Con el tema que da título al álbum, “Self Bias Resistor”, “Zero Signal” y “Replica” realizan un inicio de disco realmente espectacular, donde no hay otra cosa que no sea riffs agresivos, batería atronadora y una proporción de melodía mostrada en parte por la inclusión de teclados y atmósferas, pero sobre todo por todos los recursos vocales que nos ofrece Burton C. Bell y la emotividad que en cierta manera sabe dar a los temas. Esos estribillos de “they have a tried to break you” o “spare me from the life that’s full of misery” me siguen poniendo la piel de gallina casi 10 años después.

“New Breed” la podríamos situar como la canción más directa y quizá industrial del disco, con unas estrofas más que significativas (“we are the new breed, we are the future”). Con “Dog Day Sunrise” se salen un poco de su línea habitual, más que nada debido a que se trata de una versión de Head Of David, pero llevada al terreno de FF.

En “Body Hammer” y “Flashpoint” siguen prevaleciendo los asesinos riffs de Dino Cazares. Riffs que se te quedan marcados en tu cabeza. Todo ello amenizado con el gran sonido y producción mostrado en el disco. Colin Richardson hace seguramente uno de los mejores trabajos de su carrera obteniendo un sonido potente y a su vez limpio raramente escuchado con anterioridad. Ese detalle es una de las características que hacen de este disco toda una referencia para una generación que vino con posterioridad.

Fear Factory nos demuestran que la tecnología y el metal no están reñidos. Buenos y claros ejemplos los tenemos con “H-K”, “Pisschrist”, y sobre todo con el corte “A Therapy For Pain”, que da como finalizado el disco de una manera más relajada, sosegada y tranquila que los 10 cortes anteriores.

No me cabe la menor duda de que Fear Factory consiguieron cambiar las directrices del Metal, logrando no sólo el no cerrarse a los cánones clásicos y establecidos de lo que se hacía en aquellos momentos, sino sobre todo el ir ampliando horizontes hacia nuevos sonidos. Bandas desde Korn, pasando por Slipknot u Orgy y todas las bandas del nuevo metal actual, han tenido en Fear Factory un espejo acertadísimo en el cual mirarse.

Mantas

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Amon belongs to them…

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Capítulo 1. Out from the asylum.

La Abuela regresa a casa después de mucho tiempo. Lo que no saben Mamá, King y Missy es que en la buhardilla “ellos” la están esperando con los brazos abiertos. Ajena a los acontecimientos que pronto les deparará tal visita, Mamá ordena a King y a Missy que se comporten como buenos chicos con la Abuela. No saben lo que les espera.

King Diamond interpreta en la introducción los diferentes personajes de la historia con sus correspondientes voces. A veces puede parecer cómico, pero en realidad es como aquellas viejas películas de terror que esculpieron el género y sin las cuales es inconcebible. No es coincidencia la similitud entre las casas de “Them” y “Psicosis”. Inspiran miedo con tan sólo evocarlas, bien sea en el celuloide u observando la portada del vinilo a la vez que la aguja se presta a desentrañar el primer tema del álbum.

Capítulo 2. Welcome home.

La Abuela descansará en la buhardilla. Todo lo que hay allí es una vieja silla de ruedas y una tetera. No ha pedido nada más. Ni siquiera una cama donde recostar su anciano cuerpo. King acude a la llegada de su Abuela con alegría y ésta le dice que “ellos” han estado a su lado durante todo el tiempo que ha estado fuera de la casa. “¿Quiénes son ellos?”, se pregunta King.

A ritmo de caballería entra la banda al tajo, con los redobles de Mikkey Dee y el bajo de Hal Patino por delante. King cambia de tono a cada segundo y demuestra por que sus fieles le consideran uno de los mejores cantantes de heavy metal. ¿Alguien dudaba de que no llegara a los tonos más altos? El interludio central es sencillamente alucinante: a unas estrofas gloriosas le sigue uno de esos solos con los que LaRocque te deja embobado.

Capítulo 3. The invisible guests.

A media noche King oye unas risas enfermizas que provienen de la habitación de la Abuela. Con sumo sigilo se acerca a ver que está pasando. A través de la cerradura no da crédito a lo que ven sus ojos. La Abuela habla sola, las tazas de te vuelan por el recinto…hasta que de pronto caen al suelo y la puerta se abre. “Ven, mi pequeño amigo”. La Abuela ha descubierto a King. Lo sienta consigo en la silla de ruedas y le dice que mañana habrá olvidado todo lo que ha visto esa noche, no sin antes anticiparle enigmáticamente: “Te dejaré que conozcas el secreto que encierra esta casa, el secreto de Amón”. Ignorando el revelador episodio, Missy y Mamá seguían durmiendo plácidamente en el piso de abajo. Si hubieran visto a King en la silla de la Abuela…

Las guitarras entran con violencia y marcan la tónica del resto del tema. King está fabuloso intercalando unas palabras prácticamente habladas con registro de anciano junto a unas estrofas agudas y delicadamente tratadas. El grupo suena como una máquina perfectamente engrasada. Los cinco minutos se pasan en un santiamén y la música se desliza por los cinco sentidos con una elegancia fuera de serie.

Capítulo 4. Tea.

Han pasado unos días. Nos encontramos a viernes, la oscura noche cae sobre la casa y King está punto de meterse en la cama. Es entonces cuando la Abuela llama a la puerta de la habitación. ¿Qué intenciones tiene? Ha venido para desvelarle a King el secreto de Amón. Suben a la buhardilla y la situación es realmente estrambótica. Mamá ha sido engañada por la Abuela y descansa sobre la silla de ruedas de ésta sin un atisbo de conciencia que pueda prevenirla. En ese momento la Abuela saca un cuchillo y le hace un corte en la mano a su hija. La sangre que emana de la herida se derrama sobre la tetera. Esa misma sangre es la que va a permitir que los espíritus de la casa queden liberados. Mientras tanto, King contempla la escena sumido en un profundo estado de placidez y escucha las viejas historias que “ellos” relatan riendo a carcajada suelta. ¿Por qué se comporta de ese modo? ¿El té de la Abuela, quizás? Efectivamente, es la hora del té…

Es obligado un pequeño descanso en medio de tan horrible relato. Los fragmentos introductorios y el estribillo son la mejor parada donde relajar el alma, sacudida ya tras las dos primeras piezas del álbum. Como siempre, los cambios de ritmo inesperados que progresan en la zona intermedia nos llevan por los senderos más inhóspitos. Tan inhóspitos como el macabro desarrollo de esta intriga.

Capítulo 5. Mother’s getting weaker.

Mamá está muy enferma. No es capaz de levantarse de la cama, tiene la faz blanca y de su boca no sale una sola palabra. A la vista de lo mal que evoluciona, Missy está preocupada y le pide a King que llame por teléfono a un médico para que la atienda cuanto antes. En lugar de eso, King le espeta un manotazo a su hermana y acto seguido corta la línea del aparato telefónico. Missy rompe a llorar e, impotente ante el incomprensible comportamiento de su hermano, le grita enfurecida un “Te odio” lleno de ira.

Los dos guitarristas se compenetran con unas maneras dispares. Una estructura netamente heavy envuelve un puente de armonías caprichosas. King despliega de nuevo todos sus trucos vocales.

Capítulo 6. Bye, bye Missy.

Medianoche del lunes, hora del té. Otra noche de éxtasis en compañía de “ellos”. De repente, Missy irrumpe en la habitación de la Abuela y contempla horrorizada el panorama. Cuando ve a Mamá yacer inconsciente sobre la silla, comienza a lloriquear y en menos de un segundo se encuentra forcejeando con la Abuela. En el lance rompe la tetera y la sangre que la misma contiene se vierte sobre el suelo de la habitación. Unas voces de ultratumba braman con una fiereza sobrecogedora. Son “ellos”. “Debe morir, ha destruido a Amón”. Quieren acabar con Missy. La pequeña sale corriendo escaleras abajo al oír que pretenden matarla.

La estructura es genuinamente Mercyful Fate. Penumbra y sombras negras sobrecargan una atmósfera tétrica. Sin embargo, los acostumbrados breaks de LaRocque tienden a ser más melodiosos que los de Shermann y el heavy de los ochenta se impone a la influencia Sabbath setentera.

Capítulo 7. A broken spell.

Entretanto, King huye de la casa y, cuando se encuentra a una distancia prudencial, percibe que el poder que “ellos” ejercen sobre él ha disminuido ahora que la tetera está hecha añicos. Los sonidos que llegan de la buhardilla son estruendosos, como si los espíritus estuvieran revolviendo el desván en busca de algo. Lo han encontrado. Es un hacha. De repente, como guiado por una mano invisible, sale disparado en dirección a la cocina…Poco después King observa atónito cómo empieza a salir humo de la chimenea. ¿El alma de su hermana? Cuando entra de nuevo en la casa, todo lo que encuentra de la pequeña es el vestido que llevaba. No hay rastro de ella. El hechizo se ha roto definitivamente. En ese instante King se da cuenta del error que ha cometido dejándose engañar por la Abuela.

Unos pasajes de ensueño cubren con un velo de misterio la narración. Las acústicas que aparecen en determinado momento, como siempre cuando menos te las esperas, rompen más tarde en un dueto de solos de los que explican por que la gente idolatra el estilo ácrata de King Diamond.

Capítulo 8. The accusation chair.

King se dirige de nuevo a la buhardilla, con propósitos muy distintos a los que le movían antes. Su Abuela lo espera para someterlo a una dura interrogación. King, tan frío que es capaz de fingir que se siente bien, da a entender que el hechizo sigue controlando su mente. Pero no es así. Su Abuela, confiada de la fidelidad que aún le profesa su nieto, desea dar un paseo junto a éste a la luz de la luna. King no puede dejar impune la muerte de su hermana y aprovecha la oportunidad para perpetuar su venganza personal. Se ensaña con la Abuela profiriéndole un profundo corte en la garganta que termina con su vida. ¿Y que hay de “ellos”? Lo saben todo e intentan que King pierda la poca cordura que le resta. Aterrorizado, King corre por el bosque sin rumbo.

Lo más destacable es la dualidad de gargantas de King y, una vez más, los juegos a las seis cuerdas de la pareja de hachas. Musicalmente constituye el punto más débil del disco.

Capítulo 9. Them.

La mano derecha del Rey descubre el as que suele guardase en la manga. Si alguien es capaz de concentrar en menos de dos minutos una sensibilidad extrema y provocar erizamientos de piel con un corte instrumental, ese es Andy LaRocque. Magistral.

Capítulo 10. Twilight symphony.

A la mañana siguiente la policía interroga a King sobre lo sucedido y éste, ingenuo, les cuenta toda la verdad. Es evidente que no le van a creer y la culpa de lo acontecido en la casa va a recaer sobre su persona. King no ha logrado deshacerse de “ellos” y a cada minuto se encuentra luchando por mantener intacta su salud mental. El doctor encargado de tratar a King, Landau, desautoriza la versión de su paciente y el diagnóstico que emite lo describe como un enfermo psíquico. Pero King anhela regresar a casa. “Ellos” lo están llamando. Ha llegado la hora del reencuentro.

Nos enfrentamos al tema más redondo del disco. Apenas de comienzo te verás irrevocablemente entregado al canto de esta peculiar sinfonía. Sólo una pega: King podría haber abusado un poquito más del estribillo.

Capítulo 11. Coming home.

Y el encuentro se materializa finalmente. King ha vuelto a casa. Allí le espera ansiosa su Abuela. Tras una regañina por lo que le ha hecho, se disponen a subir a la buhardilla maldita para, en compañía de Missy, degustar otra taza de té.

La despedida no es más que una excusa para allanar el camino a la sublime continuación que sucedería a esta obra. Entretanto, las puertas de la casa se cierran con un estruendo que sobresalta y la aguja indica ahora que la primera parte de la historia ha tocado a su fin.

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Dieciocho años separan ambas historias. Nueve de los cuales ha pasado King internado en un centro psiquiátrico bajo la estrecha vigilancia del Doctor Landau. Los nueve restantes los dedicó a meditar en soledad, retirado en algún lugar desconocido. ¿Qué ocurrió con King al final de “Them”? La policía y Landau tuvieron que sacarlo de la habitación de su madre, donde permanecía inmóvil. ¿Y que pasó con su Abuela, Missy y los espíritus que rondaban la vieja casa? No quedó un solo rastro de ninguno de ellos. Tras todos estos años, King regresa a la casa. Han transcurrido dos semanas desde su llegada…

Capítulo 1. At the graves.

King ansía con fervor la vuelta de Missy. Ahora que la pequeña es uno más de “ellos”, los espíritus de la casa la ayudarán a encontrar el camino desde el otro lado. Y así es. Para regocijo de King, Missy aparece pero no podrá permanecer más allá del amanecer, puesto que en ese caso sucumbiría ante la luz del día. Ese es el precio que debe pagar por ser un alma errante. Esto no supone un inconveniente. King sabe que cada noche, en el cementerio, su hermana pequeña lo estará esperando.

En ocasiones he comentado que aquello de “segundas partes nunca fueron buenas” suele cumplirse, aunque sea en parte. Pues bien, “At the graves”, por si alguien tenía alguna duda, aclara que “Conspiracy” va a ser la excepción que confirme la regla. La obra más ambiciosa de King se inicia con un corte que no puede ser más explícito en cuanto a pretensiones. Nueve minutos, duración excesiva teniendo en cuenta las costumbres del cantante hasta entonces, abrían el vinilo y el resultado era asombroso: desde la música de nana con el que se abre, pasando por la entrada de Mikkey Dee (quien también es responsable de los tambores en este disco, aunque en calidad de mercenario como atestigua su inclusión de secundario en los créditos del disco; Snowy Shaw reemplazó al ahora batería de Motörhead para la gira y los trabajos venideros), la agresividad de la voz en los primeros compases o la advertencia de Anders Allhage y Pete Blakk de que los buenos hábitos precedentes no se habían perdido. Estos últimos se intercambian los solos con una agilidad pasmosa y marcan unos breaks antológicos, quedando clavados en la mente tras las escuchas pertinentes.

Capítulo 2. Sleepless nights.

“Ellos” han vuelto a aparecer en la mente de King cantando y apoderándose de él. Pero sin “ellos” King sabe que no podría ver a Missy cada noche. De ahí que ahora sea un noctámbulo incapaz de dormir. Ante el tormento al que se ve sometido noche sí y noche también, “ellos” le proponen un pacto: King podrá ver a su hermana a medianoche si a cambio les cede de nuevo la casa, después de que el hechizo se rompiera y “ellos” se vieran obligados a abandonarla. King acepta y el secreto de Amón les pertenece a “ellos” una vez más.

El danés filma para este tema uno de los videoclips más impactantes que yo haya visto jamás: imágenes de un film antiguo, la banda tocando en el cementerio donde se desarrolla la trama y la vista en blanco y negro acrecientan aún más si cabe la sobriedad de la canción. Una lección de cómo pasar de un pasaje tremendamente fuerte a otro totalmente acústico sin inmutarse es la mejor descripción que se me ocurre. No hay duda de que “Sleepless nights” supuso el shock comercial más notorio de King Diamond hasta la fecha. Nunca me cansaré de repetir la destreza de Blakk y LaRocque para acometer los solos de un modo tan preciso y elegante. El de esta canción es de libro, no tanto por técnica como por sentimiento implícito, que es de lo que se trata al final.

Capítulo 3. Lies.

King visita la consulta del Doctor Landau cumplido un tiempo desde que comenzara con el tratamiento de seguimiento. Superada la ingenuidad que le llevó a esta situación, le hace creer que se encuentra con facultades plenas. Los hechos reales que vivió en primera persona cuando estaba en la casa no son más que un puñado de mentiras que creó su mente. En realidad, las mentiras son las que le cuenta King al doctor para que no le tome más por un desequilibrado. En su interior aquello sigue muy vivo y él lo sabe como nadie. Como consecuencia del buen comportamiento que muestra King, el doctor decide que puede volver a ver a su madre. Entusiasmado con el encuentro, King prepara la casa a conciencia. Limpia todo y se asegura de que no quede ni un indicio de la tetera ni del hacha para que Mamá se sienta como en casa.

Un riff serpenteante desemboca en un estribillo donde King se desgañita a gusto con una interpretación sublime de la charla que mantiene su propio personaje con el Doctor Landau.

Capítulo 4. A visit from the dead.

King sueña con un jardín precioso. Está acompañado por su hermana. No podría tener un sueño más conciliador… De repente un chillido espeluznante le despierta sobresaltado. Es Missy. Está al pie de la cama y le lanza un mensaje a su hermano mayor: “Ten cuidado, King, algo malo va a ocurrirte”. King, asustado, le pregunta con insistencia que es eso que va a pasarle. Pero Missy tan sólo le responde: “Te enviaré un sueño”.

“Conspiracy” reserva un lugar para un medio tiempo, aquel que le faltaba a su predecesor. Bello comienzo de idílicos pasajes acústicos donde tocar el cielo es la sensación más leve que recorre el interior del que suscribe. Hasta que King dicta que esto no es más que un sueño y nos devuelve a la cruda realidad. El corte se torna heavy, excepto el estribillo, que reserva ese aire melancólico irrepetible.

Capítulo 5. The wedding dream.

El bonito sueño del otro día se trunca con una pesadilla horrible: Mamá está a punto de casarse con el Doctor Landau. King debe impedirlo. Todo se precipita. En cuestión de segundos Mamá yace inerte en el suelo y el doctor ha desaparecido de su campo de visión. King lleva en su mano un hacha…el hacha. Quiere que la pesadilla acabe de una vez pero no puede controlarla. No hay escapatoria. Landau vuelve a aparecer en el sueño. Tiene en su poder la llave de la casa. Lo tenía todo planeado. King se ve a si mismo gritando: “Ayudadme, por favor”. La mañana llega por fin. King se despierta cubierto de sudor. No comprende nada de lo que ha sucedido.

Compases de boda y…la pesadilla del enlace entre la madre de King y el doctor se materializa en el subconsciente del protagonista. King debe impedirlo y es entonces cuando el ritmo se violenta de tal manera que acaba convirtiendo el tema en lo más potente y trepidante que encierra el álbum. Como si de un cuento se tratara, finaliza con la misma cantinela del principio.

Capítulo 6. Amon belongs to “them”.

Ha llegado el gran día. Mamá visita a su hijo mayor y éste la recibe con las mejores galas. Sin embargo, King se niega a que el doctor entre en casa. ¿Qué ocurre?, se pregunta su madre. King le explica a Mamá el pacto que ha firmado con “ellos” para que le dejen en paz de una vez por todas, utilizando a Amón como moneda de cambio. Landau, estupefacto, le dice a Mamá, ahora su prometida (la pesadilla era el sueño que debía recibir de Missy), que dialogue con King para ver si puede arreglar el malentendido. Así, Mamá entra sola en casa para hablar en privado con King. Éste piensa que ahora es el momento de convencer a su madre de la maldad que esconde su querido doctor. Se sincera. Le habla del encuentro que tuvo la noche anterior con Missy y cómo “ellos” siguen entonando sus viejos cánticos. No acaba de pronunciar la última frase cuando King siente una terrible punzada. Cae en la inconsciencia más absoluta.

Las melodías encandilan hasta enloquecer y el estribillo es sencillamente perfecto, enganchando con el ritmo central de la manera más natural. Por algo es mi favorita.

Capítulo 7. Something weird.

Aquí tampoco podía faltar la instrumental de turno a cargo de LaRocque. Esta vez nos trae una pieza barroca y muy clasicista que poco tiene que ver en cuanto a contenido con “Them” pero que posee en común una capacidad para maravillar envidiable.

Capítulo 8. Victimized.

King está tirado en el suelo. Mamá y Landau le han conducido hasta la iglesia. El reverendo Sammael se encuentra con ellos. Ese hombre es peor que el demonio. King está realmente atemorizado por lo que puedan hacer con él. De lo que no hay duda es de que ha sido víctima de una conspiración… El doctor y el reverendo son cómplices. Sammael dictamina que King está poseído por el mismísimo diablo y, por ello, debe actuar en consecuencia para evitar que extienda el mal que porta consigo. Las palabras que pronuncia Landau a Mamá confirman el engaño del que ha sido víctima King: “Pronto la casa será nuestra y King habrá desaparecido para siempre”.

La complejidad del estilo del quinteto se hace todavía más palpable. Los teclados de Roberto Falcao multiplican la sensación de dramatismo que invade el tema.

Capítulo 9. Let it be done.

King es introducido en un ataúd. Mientras, el sacerdote mantiene un crucifijo en alto para contener el alma del diablo, que se encuentra dentro de King. El doctor prende fuego al féretro, deshaciéndose así de King, que ha quedado reducido a cenizas. ¿Qué harán con sus restos? Los depositarán en la tumba que lleva el nombre de su hermana pequeña, Missy. Estaban al tanto de todo…la tumba de Missy está vacía.

El preludio al apéndice es una conversación con trasfondo musical de efectos terroríficos.

Capítulo 10. Cremation.

Unos punteos que anuncian el principio del fin dan paso al segundo corte instrumental, evocador de las llamas en las que arde nuestro protagonista y con unas campanas y un piano de iglesia que suenan escalofriantes. ¿Alguien pensaba que King había dicho la última palabra?

Whenever the dark is near

I’ll return from the grave

to haunt you…Godforsaken whore

J. A. Puerta

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Depilada – Balconing EP (2017)

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Es curioso que de Beniyork, la ciudad de los rascacielos, de las invasiones veraniegas y el rojo salmón sigan saliendo sin parar formaciones de Rock, pero esto es un hecho incontestable y ahí están los recién nacidos Depilada para corroborarlo.

En cualquier caso tampoco puede decirse que los integrantes de la banda sean unos recién llegados a esto; Mich Bocana, batería (Señora Robinson, Dirty Surf, Twin Cobras), Modern Eric, guitarra (Lullabye, 25 Horas), Paco The Wall, guitarra (Jailbreak, Nasty Habits, Hammerhead, Twin Cobras), Vicente Tankard, bajo (Jailbreak, Nasty Habits, Hammerhead, Twin Cobras) y Peter Sonámbulo, voz (The Harry Sons, Dirty Surf, La Moto de Fernan, Camión, Fetën) ya están curtidos en mil batallas, y juntos conforman uno de los combos más eclécticos e interesantes habidos por la zona en los últimos tiempos.

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Ellos mismos se auto-etiquetan como un conglomerado de rock, garaje, post-punk y punk-rock, y no van desencaminados, si bien añadiría la etiqueta metal como ingrediente adicional por momentos (en cualquier caso sería metal primitivo, más propio de Venom que de cualquier sonoridad metálica actual), no en vano ya hay quien los define como los Warrior Soul españoles, los cuales camparon siempre a sus anchas en terrenos de la psicodelia, el punk y el metal. Producción tosca y en las narices, cortesía del propio grupo y de Antonio Alonso (Nethertale), a lo largo del escaso cuarto de hora que dura el disco se te pueden venir a la cabeza la citada banda de Kory Clarke, Turbonegro, La Banda Trapera, Gluecifer o los mismísimos Stooges, de delays por aquí y reverbs por allá, si bien son referencias aleatorias con el único fin de contextualizar. Cuatro temas más un Bonus Track (“El día de la aceleración”) componen el trabajo, de los cuales me quedo especialmente con el que abre, “Sabes cómo soy”, toda una carta de presentación de la banda, y el hit-single “Disco Bar”, una cariñosa oda a la escena discotequera local siempre desde el sarcástico prisma de Peter Sonámbulo.

Pero para gustos hay colores, y podéis elegir cada un@ vuestro tema favorito de Depilada en su Bandcamp (https://depilada.bandcamp.com/), desde donde se puede escuchar / descargar íntegramente su “Balconing Ep” de forma totalmente gratuita (este debut ha sido autoeditado, esperamos que tenga continuidad en formato long-play y con un sello respaldando). Si además los quieres degustar en directo, los tienes el próximo sábado 10 de junio en la sala Rockstar de Benidorm, y al mes siguiente descargando en el Low Festival al son de los primeros stage-divings del verano. No te enteres por las noticias.

https://www.facebook.com/depiladarock/

Bubbath

THE DICTATORS NYC – Sala Stereo (Alicante), 29 de abril de 2017

259506_description_dictators-cartelEs bastante habitual ver por estos lares a la mítica banda de Punk-Rock de Nueva York liderada por Handsome Dick Manitoba y Ross The Boss, lo que no quita para que si tienes ocasión repitas las veces que hagan falta. Completan la formación en esta gira el no menos mítico Daniel Rey a la guitarra rítmica, conocido por sus labores de productor, sobre todo por las realizadas con los Ramones, para los que incluso escribió material, y algo menos conocido por haber militado junto a Dave Wyndorf en Shrapnel, que también, así como el baterista JP Thunderbolt Patterson, un habitual ya en las filas del combo neoyorkino, y por último el más recientemente incorporado Dean Rispler, bajista tanto en Dictators como en otro puñado de bandas, amén de productor para otras cuantas (gran camiseta del Morbid Tales de Celtic Frost, sí señor).

Lo cierto es que no nos colmó lo que debiera la última descarga de la banda en la Nave 8 de San Vicente (2008 si mal no recuerdo, cómo pasan lustros), concierto un tanto desangelado de medio aforo en media sala y a ras de suelo, pero esta noche fue distinto, con una Stereo que respondió decentemente, gracias en parte al puente que se avecinaba y con una buena predisposición por parte de banda y respetable, que llenó la sala generosamente pero sin agobios.

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¿Qué ofrecen a día de hoy Dictators que no hayas visto ya? Sinceramente nada nuevo, como decían los otros, it’s only rock and roll, but I like it. En su set-list tampoco puede decirse que haya sorpresas, desde “Master Race Rock” que abre el repertorio al celebérrimo cover de MC5 “Kick Out The Jams” que cierra, la banda revisita básicamente sus trabajos “Go Girl Crazy”, “Bloodbrothers” y el más reciente “DFFD”, con temas como “Haircute And Attitude”, el inevitable “The Next Big Thing”, del que tomaran prestado su riff los grandes Turbonegro para su famoso “Get It On” (el título se lo cogieron a Marc Bolan, unos maestros del reciclaje los noruegos), “Pussy And Money”, el hímnico “Who Will Save Rock And Roll?”, “No Tomorrow”, el festivo “Weekend”, “Baby Let’s Twist”, el letal “Faster And Louder”, que sonó brutal, el indispensable “New York New York” o el clásico “Two Tub Man” en los bises, por citar unos cuantos. La banda sonó bien, compacta y a buen volumen, si bien es cierto que si te retirabas del frontal del escenario hacia las barras se perdía gran parte de intensidad decibélica, por lo que optamos finalmente por tirarnos al río y sumergirnos en el pogo de las primeras filas cuales jóvenes en sus primeros embistes.IMG_20170430_000747 A destacar especialmente la labor del gran Ross The Boss a las seis cuerdas, un lujo tener delante de tus narices al creador de himnos como “Battle Hymn”, “Gloves Of Metal”, “Defender” o “Hail And Kill”, todo un mito viviente.

De entre las monsergas que despachó el bueno de Manitoba, temas políticos e introducciones a los temas aparte, le entendimos que la próxima visita no sería con la formación de Dictators al uso, con lo que puede que haya sido una de las últimas oportunidades de ver a la leyenda de New York por estos lares, aunque tal y como está el panorama musical nunca digas nunca jamás. Por lo demás, se nos quedó una noche de risas y Rock and Roll a pachas, de Bruce Campbell venido arriba, de féminas vitoreando al Boss con el “Hail To England” en mano (y además vinilo), de hot-shots de Jägermeister en el pub Crusader, y de final de fiesta (de disfraces) en el Mono al son de Pedrito y Milena. Porque ya sabéis, fuck’em if they can’t take a joke…

Bubbath