GUNS N’ ROSES – Estadio Vicente Calderón (Madrid), 4 de junio de 2017

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La Historia del Rock está repleta de multitud de variopintas formaciones que nos dejaron un escueto pero colorido legado en formato plástico, fruto de intensos períodos de enorme creatividad artística cortesía cómo no de una confluencia de factores (hay que estar en el sitio idóneo en el momento justo), pero fundamentalmente debido a una suma de talentos individuales que, medianamente controlados mientras se pudo, hicieron posible que a pesar de los años dicha herencia musical persista en nuestra memoria y sobre todo en nuestros corazones. Tal es el caso en nuestro país de los añorados Héroes del Silencio o de los míticos Barón Rojo (entiéndase la formación clásica de estos últimos), bandas que mientras sus componentes supieron o más bien pudieron lidiar con sus diferencias musicales y personales parieron una tras otra piezas inolvidables de nuestro Rock, y que llegado el momento o bien decidieron no mancillar su trayectoria o por el contrario se liaron la manta a la cabeza y prosiguieron su camino hasta el final con todas las consecuencias, creo que huelga señalar cada caso.

Y si a un nivel nacional y de modestas cifras se pueden dar casos como los mencionados, no es de extrañar que en una liga mundial y con egos tan marcados como el de personajes de la talla de Axl Rose (talla XL, permítanme el chiste) nos hayan quedado episodios tan pintorescos como EREs de toda una plantilla, discos de décadas de gestación o forajidos intérpretes con cubos del KFC en la cabeza. Con estas guisas es hasta lógico el nacimiento de productos como Spinal Tap, Steel Panther o Gigatron, y sigo creyendo que por momentos se quedaron cortos. Pero como vida sólo hay una (al menos que sepamos a ciencia cierta) y Axl Rose tres cuartos de lo mismo, el insigne vocalista tuvo que reciclar sus propias palabras con las que dejó claro en su momento que no habría reunión, y con las mismas y previo consenso con sus viejos colegas Slash y Duff, dar nombre a lo que sería la madre de todas las giras (y de los partos), el ya consabido Not In This Lifetime Tour, que a su paso por España nos dejó dos memorables fechas, la de Bilbao y la que nos ocupa. Tyler Bryant y Mark Lanegan eran los encargados de abrir para Guns N’ Roses en dichas fechas, pero lamentablemente al primero nos lo perdimos íntegramente y al segundo lo vimos a medias y en proceso de ubicación (deficiente sonido en cualquier caso), con lo que nos centraremos únicamente en la banda de las pistolas.

La formación

Con un Steven Adler únicamente invitado para unos pocos shows americanos, algo por su parte evidente ya que únicamente formó en la primera época de la banda y cualquier otra cosa a estas alturas y en un marco tan milimetrado sería impensable, un Matt Sorum desentendido (también puede que desatendido) y un Izzy Stradlin sin acuerdo en lo económico (obviaremos directamente al desaparecido Gilby Clarke, que parece no haber existido), el actual Mark de la banda, además de Axl Rose (voz, teclados), Slash (guitarra solista), Duff McKagan (bajo y coros) y el secundario Dizzy Reed (teclados), incluye al guitarra rítmica Richard Fortus, una especie de Gilby Stradlin o Izzy Clarke, como lo queráis llamar, el baterista Frank Ferrer (tío Phil!) y la teclista Melissa Reese, una especie de híbrido entre Lady Gaga y la Chun-Li del Street Fighter, que completan lo que se antoja la alineación más clásica posible a estas alturas de la película, si bien no habría estado mal la presencia de un Sorum que diera empaque visual al conjunto (una y no más, santo Tomás).

El marco

En un fin de semana en el que el Real Madrid se proclama por duodécima vez campeónIMG_20170604_200744_resized_20170606_090925316 de la Champions League y se celebraba en Cibeles a la par, el eterno rival recibía como visitante en el mítico Vicente Calderón a la no menos mítica formación, con un lleno considerable y un escenario de gala, emulando las plataformas de antaño (gira Use Your Illusion) para las carreritas de Axl Rose (ahora más bien paseítos, y gracias) y con una disposición de luces a medio camino entre Las Vegas y el día del orgullo gay de Chueca. Gente hasta la bandera pero con colas controladas tanto en el acceso como en la salida y en las visitas a la barra, y una despedida a lo grande del estadio emblema del Atlético de Madrid, que tras 51 años de fútbol y eventos varios (irrepetible actuación la que presenciamos hace años de AC/DC con Phil y Malcolm todavía al frente) verá cerrar sus puertas en breve, gracias por los servicios prestados. Todo esto unido a una excelente compañía (Juancar In Chains, Alfonso Puerta, Toxic Twins, Saints In Hell, David Oberyn Martell, Raquel Londres y Raquel Nucía, Eloy, Jorge y Cristina) hizo de esta visita a la capital una cita irrepetible (con final de fiesta en Argüelles, claro está).

El repertorio

Con una discografía tan acotada como la de la banda angelina era harto complicado defraudar al personal, y salvando pequeñas aristas y gustos personales creo que nadie de los presentes pudo salir descontento con el repertorio desgranado, que disco a disco sería el que sigue:

Appetite For Destruction (1987): El mayor representado, con “It’s So Easy” abriendo, “Mr. Brownstone” para seguir calentando (sobre todo la voz de Axl), el esperadísimo “Welcome To The Jungle”, que arremeten con decencia, el sorprendente “Rocket Queen”, el inevitable “Sweet Child O’ Mine”, el casi inesperado “Out Ta Get Me” (si no fuera por internet, claro), el épico “Nightrain” (de lo más celebrado por nuestra parte) y en el cierre el clásico “Paradise City”. Personalmente eché en falta un “My Michelle” o ya puestos un “Think About You” (por pedir que no quede), pero es evidente que las van rotando y la suerte no se elige.

G N’ R Lies (1988): Afortunadamente para Vicente Tankard sólo sonó “Patience”, con lo que no hubo que tirar de paciencia. Un disco perfectamente omisible dada su condición de refrito, aunque no hubiera sobrado un “Mama Kin” o un “Nice Boys” en el apartado de covers del concierto.

Use Your Illusion I (1991): Del primer volumen de la faraónica saga producida por Mike Clink sonaron el rítmico “Double Talkin’ Jive”, el celebérrimo “Live And Let Die” de los Wings de Paul McCartney (de lo más laureado por el respetable), el denso “Coma” (yo como tonto obedecí y me metí 3 perritos calientes y un mini de cebada de una atacada) y unos emotivos “November Rain” y “Don’t Cry”, que pese a estar algo manidos no los desaprovechamos para ejercitar la nostalgia (sinceramente dudaba que a estas alturas fuéramos a presenciar todo eso en directo).

Use Your Illusion II (1991): De la segunda parte del álbum de la controversia hicieron acto de presencia el polémico y complejo “Estranged” (hablando del rey de Roma…), que sonó bastante acelerado (como si se lo quisieran quitar de encima cuanto antes), el “You Could Be Mine” de Terminator, cómo no, el siempre contundente “Civil War”, y por supuesto el archisobado cover de Dylan “Knockin’ On Heaven’s Door”, muy celebrado también por el público y que dada su condición de versión ya podrían ir sustituyendo por cualquier otro corte de los propios Illusions.

The Spaghetti Incident? (1993): Del disco-tributo de la portada más asquerosa de la Historia pero de suculento contenido se acordaron únicamente del “Attitude” de los Misfits, supongo que eran los royalties más baratos que abonar a la vez que de los temas más cortos que descargar. Si además Axl puede descansar pues mejor que mejor.

Chinese Democracy (2008): Del disco de Axl, y con el beneplácito personal de Slash, que propuso de primera mano el hacer algún tema de éste, sonaron el homónimo, el pegadizo “Better” y la balada “This I Love”, todas bastante desapercibidas en general pero sin desentonar en demasía con el resto del repertorio, amén de algún arreglo musical que lo propicia, la verdad. Con el tiempo lo hemos rescatado del ostracismo, y lo cierto es que con algún recorte de minutaje por aquí y la omisión de algunos elementos electrónicos por allá habría quedado un trabajo decente, una lástima que el feto estuviera en el vientre tantos años que saliera deforme.

En el apartado homenajes, por si fueran pocos los ya registrados en disco, sonaron un merecido “Black Hole Sun” de Soundgarden en memoria del recientemente fallecido Chris Cornell, de los cuales ya registraran parte del “Big Dumb Sex” para The Spaghetti Incident?, con ese tono nasal tan característico de Axl invadiendo el tema, el solo de El Padrino por parte de Slash, momento inconfundible e inamovible del set, un recuerdo a los Pink Floyd con el memorable “Wish You Were Here”, que puso la nota emotiva en los covers, así como el más novedoso “The Seeker” de los británicos The Who, todo un acierto para el repertorio y que le da un plus de oxígeno al set-list más conservador.

El concierto

Salvados los ajustes iniciales en la ecualización (al comienzo la cosa no sonó mucho mejor que durante la actuación de Mark Lanegan), y teniendo presente dónde estábamos ubicados (lateral izquierda bastante arriba), puede decirse que el sonido durante la mayor parte de la actuación fue decente y bastante alto, teniendo también presentes las dimensiones de estadio y viendo cómo están sonando otros eventos de este calibre (Black Sabbath sin ir más lejos en Verona sonaron a un volumen claramente más bajo).

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Con respecto a la actuación de cada miembro del grupo y la interactuación entre sí, decir que Slash sigue siendo él, esto es, santo y seña del grupo y lo más fiel a la imagen y el sonido de la banda tras todos estos años de standby. Slash es el Rock, nunca pretendió otra cosa, y a él le permitimos incluso alguna nota desajustada porque todo eso lo suple con creces su autenticidad y honestidad brutales. Axl por su parte ha mejorado en los últimos meses, de haberlo visto gordo, barbudo, con trenzas e incluso cantando en una silla de ruedas a verlo ahora va un trecho, y si antaño se fatigaba por las carreras entre pasarelas ahora lo hace por los paseos o simplemente por la edad, con lo cual nos quedamos igual. En cuanto a la actitud, parece que la vida le ha dado una lección, y se le ve con ganas y sin sobreactuar, cumpliendo su papel de frontman como toca y saliendo a su hora (incluso antes). Pues eso, ya era hora.

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A Duff lo vi a medio camino entre Slash y Axl, como con una especie de prudencia, como si no se acabara de creer que está de nuevo ahí, aunque en ningún momento fuera de sitio ni nada por el estilo. A día de hoy se puede entender la banda sin Stradlin ni Adler, pero no me imagino al grupo sin el bueno de McKagan ni en cien vidas. El resto cumplió con su cometido: como decía al principio, Fortus es un clon híbrido entre Izzy y Gilby, al menos visualmente, y dada su labor de guitarra rítmica no desentona; Ferrer es buen baterista, de hecho es un reconocido baterista de sesión, si bien no encaja demasiado con la imagen del grupo ni aporta nada especial, aunque mejor eso que estridencias que directamente desencajen con el resto del combo; por último, Dizzy y Melissa tienen cada uno su momento de gloria, cumplen su función como toca en el acompañamiento (teclas, voces) y aportan un toque coral al resultado final.

Si hubiera que resumir la actuación muy mucho creo que el término sería profesionalidad; apenas hay conexión entre los miembros principales de la banda a nivel feeling, si bien tampoco dan sensación de mercenarios. El show es espectacular por momentos, con los tiempos bien medidos y el set-list bien repartido, con un final de fiesta como se merece la ocasión (la pirotecnia del concierto parecía una competencia con la celebración de Cibeles) y con un Axl que se ganó al respetable con una bufanda del Atlético para despedir al mismo, al estadio y la visita a España, con quien tenía una deuda pendiente que saldaron con creces.

Gira necesaria para sanar heridas y despejar asignaturas pendientes, probablemente con un disco debajo del brazo como colofón final, o al menos eso dicen sus protagonistas. Al margen de que ello finalmente vea la luz (otro caso Chinese Democracy sería demasiado hasta para ellos), el Not In This Lifetime Tour aprueba con nota para los de por aquí, nos deja una sonrisa de oreja a oreja y un recuerdo imborrable, igual que el que supuso escuchar por primera vez “Appetite For Destruction” o los “Illusions” o ver a la banda arrasar con sus mastodónticas giras y sus video-singles en aquella época. Hasta siempre, y que nos quiten lo bailao.

Bubbath

Hace no mucho tiempo, en una galaxia muy cercana…

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GUNS N’ ROSES + SEBASTIAN BACH – Pavelló Olímpic de Badalona (Barcelona), 23 de octubre de 2010

Al final de la velada Sebastian Bach, invitado por su amigo Axl Rose, se despedía junto a los actuales integrantes de GnR, en uno de esos instantes por el que hubiéramos pagado lo indecible por vivir en primera persona a inicios de los noventa. Ahora queda en simple anécdota de fin de tour ya que el factor nostalgia pesa mucho cuando hablamos de Uncle Axl. La fría respuesta que recibieron los temas de “Chinese democracy” habla por sí misma y la inercia de la década y media improductiva que el álbum porta detrás ha ayudado a sus cifras de ventas, elevadas para los tiempos que corren. El próximo movimiento de Axl podría ser mortal, si no suicida (este hombre es capaz de todo), y el fantasma de la reconciliación con Slash y reflotamiento de la formación clásica continuará rondando mientras no mueva ficha porque no considere amenazado su estatus. Todo sea que acabe viviendo una situación como la de Seb Bach, destronado de la primera división tras aquel fantástico “Subhuman race” y deshaciendo el camino andado desde entonces con un repertorio plagado de piezas de las dos primeras obras de su antigua banda por puro convencimiento y honra a su legado. Al espigado cantante se le llenaba la boca cuando presentaba cada uno de los clásicos del inolvidable “Skid row” (“Big guns”, “Here I am”, “18 and life”, “I remember you” y “Youth gone wild”) y “Slave to the grind” (el tema título, con la que abrió, y la que sirvió de avanzadilla promocional del trabajo, “Monkey business”). Hasta se hizo extraño ver cómo se desvivía por hacer que coreáramos el nombre de su antiguo combo. Lo cierto es que Bach se encuentra en excelentes condiciones. Continua siendo aquel torbellino que recorre cada milímetro del escenario, se enfrasca en headbangings desquiciados mientras da vueltas a un micrófono que a estas alturas debería haber decapitado a alguno de sus guitarristas y logra hacerse con un público que parece muerto y que acaba con los puños en alto gritando al son que éste reclama. Físicamente, a diferencia de Axl, los años no parecen haber hecho mella aparente en él y técnicamente es infinitamente mejor que en su época gloriosa al lado de Skid Row (Broadway debe de haber sido una excelente escuela). Pese a que sus compañeros de aventuras resultan mera comparsa, el grupo sonó engrasado y sin fisuras hasta el punto de que, cerrando los ojos, podías imaginar sin mucho esfuerzo a “Snake” Sabo, Bolan y compañía junto al frontman. Durante la hora que dispusieron cayeron temas de su carrera en solitario (“American metalhead” de su “Angel down” entre ellos) y una acelerada y endurecida “Back in the saddle” de Aerosmith (también incluida en el citado trabajo). Si, como reza esta última, lo que de veras pretende es tomar de nuevo las riendas esperaremos el retorno al nido con o sin permiso de Solinger.

El morbo en torno a la demora a la que nos sometería Axl, el asunto de moda de la temporada rockera, quedó neutralizado. En esta ocasión el público barcelonés no pagó con otro retraso interminable los aires de grandeza del cantante y en cuestión de una hora “Chinese democracy” daba el pistoletazo de salida a dos horas y media de espectáculo. Cabe comentar que el recinto badalonés es un tanto peculiar y, por su estructura circular y tamaño reducido, el montaje acabó ocupando la mitad del pabellón. Lo positivo es que la visibilidad fue perfecta desde cualquier ángulo. Lo negativo, que si no hay lleno (como ocurrió esta vez), da sensación de pobreza, lo que se acrecienta al tener en cuenta que hablamos de toda una stadium band en sus días de apogeo.

¿Qué son capaces de ofrecer los Guns de 2010? Por un lado, un show espectacular, con los medios justos, pero no falto de la correspondiente dosis de pirotecnia y confetti y un escenario bien ideado, organizado en torno a unas escaleras con plataformas dispuestas a diversas alturas para que cada uno de los siete músicos (especialmente batería, percusionista y teclista) dispongan de su espacio. Junto a los juegos de luces, un telón-pantalla apoya cada canción con un video personalizado. Por otro, una selección de temas interpretados sin margen de error y que no se salen de cualquier guión preestablecido, cuya respuesta es automáticamente delirante al ser lo que todos esperan: tres quintas partes de “Appetite for destruction” (“Welcome to the jungle”, “It’s so easy”, “Mr. Brownstone”, “Rocket queen”, “Sweet child o’ mine”, “Nightrain” y “Paradise city”) y las habituales de los “Use your illusion” (“Live and let die”, “You could be mine”, “Knockin’ on heaven’s door”, “November rain” y “Don’t cry”).

Guste o no a sus detractores, la formación da la talla y difícilmente ni Slash ni McKagan en solitario o como Velvet Revolver respectivamente alcanzarían un nivel similar, por lo que la teoría de que Axl no es condición suficiente pero sí necesaria para dignificar un nombre como el de Guns n’Roses se torna certera. Todos los clichés en torno al frontman se van cumpliendo conforme transcurre el concierto, desde las poses, la colección de pañuelos y sombreros, los bailes y contoneos o el micro rojo con su inseparable pie circular hasta el momento de monopolio egomaníaco absoluto al frente del piano en “November rain” o las arengas al público (no defraudó la impagable ‘d’you know where you are?’ de “Welcome to the jungle” y previsible el yo-canto-nota-vosotros-seguís en el interludio de la de Dylan). De la troupe que le secunda, esperaba algo más de un Ron Thal comedido y hasta algo reservado en comparación con sus colegas, pese a la vistosa doble mástil que le acompañó durante gran parte del show. Por cierto, su parecido a distancia con Santi Millán (si se le quitan unas capas de pelo) es exagerado. Fueron Richard Fortus y, sobre todo, DJ Ashba los responsables de dinamizar la puesta en escena a base de corretear, animar al respetable (o al menos, tratar de hacerlo) y posar de cara a la galería. Curiosas sus semejanzas físicas, el primero como cruce estereotipado Wood-Stradlin y el segundo con el clan Crüe, nada extraño dada su estrecha colaboración con Sixx, y curiosos también los solos del trío de hachas para apaciguar el desgaste del jefe, con las piezas centrales de James Bond y la Pantera Rosa como hilo conductor para Thal y Fortus. Un elegante Dizzy Reed tomó el mando en “Street of dreams” y acaparó las miradas que prácticamente nadie dirigió hacia el enérgico batería Frank Ferrer y Chris Pitman, cuya labor principal residió en apoyar muy eficientemente a Axl en los coros. El bajista Tommy Stinson se erige en único superviviente de la reencarnación XXI (obviando a Reed y Pitman) y solitario cómplice visible del cantante encima de las tablas, compartiendo pequeños retazos de disfrute y transmitiendo el alma del que carecen como grupo.

Retomando el punto de partida, muchos encontraron en los temas de “Chinese democracy” el talón de Aquiles de la noche por el desafortunado cambio de ritmo que imprimieron, una opinión demasiado parcial si se compara con las desquiciantes introducciones que precedieron prácticamente a cada hit de la banda. Tanto los cortes sosegados como los pretenciosamente modernos de la faraónica obra sonaron francamente bien, especialmente “This I love”, donde Axl se vació en una interpretación totalmente histriónica, “Better”, la más aclamada del álbum, y “Madagascar”, siempre intensa. De la fábrica NIN “Shackler’s revenge” paró en peor lugar por el caos que provoca la inmensidad de detalles que tratan de reproducir en directo. Personalmente, hubiese preferido “Nice boys” a cualquiera de los “Illusions”, aunque compensaron esta ausencia general de punch callejero post-“Appetite” por una correcta versión de “Whole lotta Rossie”.

Definitivamente, transcurrida ya una década desde su reaparición en Rock in Rio, constatamos que Axl no era el héroe que el mundo necesitaba. Esta nueva era, respondiendo a la proclama de Dave Mustaine de aquellas fechas, es la de un mundo sin héroes. Ya lo decía Gene Simmons.

J. A. Puerta

(Publicado originalmente en ROCKSCALEXTRIC durante el tercer lustro de la era 2000)


 

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