Y la Tierra se congeló…

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Esta vez sí. Desde que estos yankees se dejaran caer por aquí acompañando a los alemanes Blind Guardian en la gira promocional de “Something Wicked…” no habíamos tenido oportunidad de volveros a ver, y las expectativas que nos dejaron los cortos pero intensísimos shows que ofrecieron por aquel entonces (noviembre del 98) hacían que, al menos en mi caso, contásemos los días para ver un concierto “completo” de la banda y un set-list algo más extenso que el propio de un grupo telonero. Decir que el grupo tenía previsto realizar la gira por nuestro país el pasado mes de septiembre (como bien anuncian las entradas), pero finalmente fue pospuesta debido a la suculenta oferta de girar por los States junto a Megadeth y Judas Priest.

Lo cierto es que dichas expectativas se vieron algo afectadas, ya que si bien las informaciones acerca de las descargas en Barcelona y Bergara eran más que satisfactorias, las de Madrid no lo eran tanto (cambio de sala a última hora y los correspondientes problemas que ello acarrea, show recortado, etc.). Pero gracias al cielo los desajustes del día anterior no se hicieron extensibles al siguiente, y es más, me da que en Valencia tuvimos un “plus” añadido de energía y calidad, quizá por el mal sabor de boca de la noche anterior. Una lástima que los de la capi no pudiesen disfrutar de un show como el que presenciamos los valencianos.

Llegábamos a los aledaños del recinto aproximadamente a las 20:00 h. (ni pérdidas, ni percances… ¡aleluya!) mis colegas Santos (Santaje), Marcos (nuestro fotógrafo particular) y un servidor, donde habíamos quedado con otro de nuestros más asiduos foreros, el amigo Héctor (alias Dark Avenger), un tipo majo a más no poder con el que enseguida entablamos amistad.

Una vez dentro de la sala se podía apreciar que efectivamente era martes, y que Iced Earth, pese a haber crecido, siguen sin ser Iron Maiden, Megadeth o Judas Priest. Pues nada, una visual al escenario, el cual estaba cubierto por una cortina blanca (con lo cual poco pudimos ver), y directos a nuestro segundo hogar, o sea, la barra. Breve visita también al puesto de merchandising (donde predominaban las camisetas temáticas de “Horror Show”, Damien, el hombre lobo, Drácula…) y a ocupar posiciones, que esto empieza.

Como bien anunciaban los “boletos”, a las 21:00 h. se apagan las luces y se abre la susodicha cortina. Suenan los primeros acordes de “Iced Earth” y ¡zas!, explosión pirotécnica y ya tenemos a la banda correteando por el escenario. Enseguida comprendo un tanto al Schaffer por el hecho de negarse a tocar en una sala como la Arena de Madrid. El montaje de escenario que llevan, pese a no ser del calibre de un “World Slavery Tour”, requiere de un mínimo de espacio, ya que está compuesto por varios telones (al fondo y a ambos lados), un gran logo del grupo encima, sendas rampas a los lados, pirotecnia, etc.

Decir para el que no lo sepa que el concierto se divide en tres partes: la primera comprende material de los tres primeros álbumes (“Iced Earth”, “Night Of The Stormrider”, “Burnt Offerings”), la segunda de “Dark Saga” y “Something Wicked…”, y la tercera y última está dedicada enteramente a su reciente “Horror Show”.

Pues bien, siguiendo con lo que es el primer bloque decir que los telones que aparecen decorando el escenario son de apariencia metálica (la verdad es que también parecía piedra, pero en fin), y la banda aparece ataviada de tejanos y chaquetas vaqueras, es decir, arreglaos pero informales. A continuación un cañón, sin duda uno de mis temas favoritos de la banda, “Pure Evil”, donde las miradas ya se empiezan a centrar en la mastodóntica muñeca del Schaffer (¿Dónde está la B.C. Rich? Eso más bien parece una Kramer…) y en los alaridos de Matthew Barlow, todo un portento. Por cierto, acompañándoles están Richard Christy tras los parches (sin florituras pero efectivo a más no poder y con una pegada brutal), Larry Tarnowski a la guitarra solista y James MacDonough al bajo y a los tatuajes (una mezcla de Steve Harris y Markus Grosskopf muy lograda). En el inicio alguna guitarra se pierde por instantes, pero salvo eso todo perfecto.

Y siguen con “Brainwashed”, que si mal no recuerdo es la única representación de “Burnt Offerings”. Pero el orgasmo sonoro llega con “Angels Holocaust”, con ese comienzo a lo Carmina Burana, que deja al respetable con la boca abierta. Jon vuelve a hacer gala de nuevo de esos esos destripantes riffs, al triple de revoluciones que cualquier thrasher al uso y Matt que sacude con su luenga cabellera a las primeras filas. Impresionante. Tras esto Matthew abandona el escenario y en su lugar colocan un micro de pie, donde se postra Jon Schaffer para descargar “Stormrider”. Los cuellos empiezan a resentirse.

A todo esto me giro para echar una visual a la sala, y sorprendentemente se han ido llenando huecos como por arte de magia, aunque ni de lejos podemos hablar de lleno, ni siquiera cómodo. Y Matt que vuelve para descargar otro de mis favoritos, “The Path I Choose”. ¡Joder, esto suena como en disco! Cierran finalmente la primera entrega con “Travel In Stygian” y “Curse The Sky”, esta última la cual parece no volverán a hacer en directo. Pues eso, corren el velo y nosotros corremos al bar.

A escasos 10 minutos la banda vuelve, y una vez se abre la cortina comprobamos los cambios: aire egipcio en los telones y cuero negro en la piel de los músicos. Y esto arranca con “Burning Times”, y como su nombre indica, un par de llamas franquean a Matt en la parte alta del escenario. Lo más, eso es una puesta en escena. “Vengeance Is Mine” nos atruena con un constante doble bombo, y en “Stand Alone” Barlow nos incita a levantar el puño, y nosotros picamos. De lo mejor de este bloque, al menos para mí, sin duda “The Hunter”, pedazo de tema y pedazo de ejecución.

Un roadie coloca a la izquierda de la palestra una guitarra acústica apoyada en un pie, y ya nos imaginamos que es el momento de “Watching Over Me”, que Matt presenta como un tema muy especial para Jon Schaffer y que va dedicado a un amigo fallecido del corpulento guitarrista. Y como no podía ser de otra forma se nos pone la piel de gallina con eso de “I feel it once again, it’s overwhelming me, his spirit like the wind, an angel guarding me…”.

No falta la instrumental “1776”, que introducen como un tema dedicado a la patria que les vio nacer, que me recuerda horrores al “Transylvania” de Maiden, el cual por cierto tampoco faltó, aunque todavía no es el momento. Otro de los momentos emotivos es el “I Died For You”, extraído de “Dark Saga” y dedicado al cómic Spawn, con una letra preciosista y una música que le viene que ni pintá. Qué buena.

Y cerrando el bloque dos obras magnas, que no son sino las 2 trilogías que cierran ambos discos: “The Suffering” (“Scarred”, “Slave To Dark” y “A Question Of Heaven”) y “Something Wicked” (“Prophecy”, “Birth Of The Wicked” y “The Coming Curse”). Sin comentarios. Y tras esto, la pausa (última, claro). Últimas rondas y última parte.

La cortina vuelve a correrse (…qué guarretes que sois…), y aparecen, si la memoria no me falla, Drácula, el Hombre Lobo, Damien y la Momia estampados en los telones. Y lo curioso es que al sonar el tema en cuestión se ilumina la correspondiente figura (cómo molan todas esas tonterías, je je). Por su parte, el grupo ha vuelto a cambiarse de indumentaria, y esta vez aparecen con túnicas, capas y demás atuendos fúnebres, muy acordes con la temática del show. Abren el bloque con un atronador “Wolf”, donde Richard Christy se muestra soberbio. Mathew Barlow nos pregunta si estamos listos para el “show del horror”, e inmediatamente James introduce “Damien” con su bajo, esta vez púa en mano (quizá para darle más nitidez y precisión al sonido).

“Jekyll & Hyde” nos demuestra un sonido más maduro, y “Frankenstein” nos vuelve a subir la adrenalina con eso de “I got to know the meaning of life…”. Y llega uno de los momentos semi-esperados, aunque no seguros: ese pedazo de “Transylvania”, en la que Barlow abandona el escenario (para ponerse la botella de oxígeno, supongo, porque vaya tela…), con guiño a “The Trooper” en la parte final incluido. Para sacársela. Y como broche final un “Jack” demoledor y un “Dracula” quizá un tanto deslucido, debido a lo alto que canta Matthew el tema, y a esas alturas de concierto… Final apoteósico, despedida y cierre. Y todavía había gente que quería bises. ¿Estáis locos?

Pues eso fue lo que dio de sí el evento. Seguidamente asalto a la gasolinera de las inmediaciones por parte de las hordas metaleras (los de la estación tuvieron que flipar) para repostar en todos los sentidos y pa casita, que al día siguiente hay faena (y mucha). Sin duda un concierto memorable en todos los sentidos (puntualidad, espectacularidad, sonido, repertorio, duración… ¡todo!), y ya no se me ocurre nada más que decir. Ah, sí… ¡recordádmelo para el foroferéndum de este año!

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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