W.A.S.P. – REIDOLIZED, THE CRIMSON IDOL 25th ANNIVERSARY – Sala Gamma (Murcia), jueves 2 de noviembre de 2017

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Sin duda “The Crimson Idol” es uno de mis discos favoritos, no sólo ya de W.A.S.P, sino de este mundillo. Y es que desde que la aguja de mi tocadiscos rascó por primera vez el vinilo, supe que se trataba de un disco tan mágico como especial, tanto musical como letrísticamente. Es por ello que cuando se anunció que W.A.S.P., sorprendentemente, cancelaban los conciertos que tenían contratados en los festivales veraniegos (Rock Fest incluido) para dedicarse de pleno a esta gira XXV aniversario de “The Crimson Idol”, supe que tenía que ir a ver este concierto.

Para la ocasión se anunciaron como teloneros a Beast in Black, pero el mismo día del concierto se anunció que cancelaban su show en Murcia porque se les había averiado la furgoneta. El día posterior al concierto emitieron un comunicado cancelando el resto de la gira con W.A.S.P. porque no recibían el tratamiento garantizado (¿?).

Así que después de aparcar el coche en la misma puerta de la sala nos dispusimos a llenar el buche, y ya de paso regarlo un poco en un bar cercano a la sala -club de pádel- con unos precios muy asequibles. Allí unificamos nuestro grupo y nos reencontramos con viejos amigos de nuestra etapa de Centinelas. ¡Un saludo muy grande, Tetrando! Y 10 minutos antes de empezar el concierto entramos en la sala.

La verdad es que estaba bastante llena, en el escenario había 3 pantallas gigantes que ocupaban gran parte del mismo. Con más o menos puntualidad se apagaron las luces, se encendieron las pantallas y salieron a escena Blackie y sus chicos, arrancando el concierto obviamente con “The Titanic Overture”. Como era de esperar cayó todo el “The Crimson Idol” y dejaron tres canciones para los bises.

No voy a desgranar cada canción, sólo voy a decir que Blackie estuvo sensacional a las voces, creo que de los conciertos que he visto de W.A.S.P. ha sido la ocasión en que mejor ha cantado, llegándome a poner los pelos como escarpias cuando rasgaba su voz y la ponía aguda, con ese feeling tan especial que le da a la misma. Sin duda destaco especialmente su voz en canciones como “The Idol” y en el baladón “Hold on to my Heart”.

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También quiero añadir que la batería sonaba muy por encima de todo, en especial la caja, la cual fue un auténtico martirio para mí en las 2 primeras canciones, dado que desde la mesa de mezclas no atinaban y sonaba a petardo chino. Entonces es cuando yo me pregunto, ¿para qué se hacen las pruebas de sonido? Otro punto negativo a reseñar es que me faltaron timbales. Es cierto que Frankie Banali hizo un gran trabajo en la grabación de la batería del disco y dicho disco contiene unos redobles muy característicos de timbales, que en este concierto o no sonaron, o sonaron muy por debajo de lo que debían. La gran perjudicada en este aspecto fue “The Gypsy Meets the Boy”, en la que también eché en falta la entrada con fuerza del bajo. También me dieron la sensación de caos, como en las guitarras en una parte del tema “The Great Misconceptions of Me”.

Pero el resto todo bien, bien es cierto que tiraron de coros grabados, teclados grabados y alguna parte instrumental que también me dio esa sensación. Pero W.A.S.P. hicieron todo un espectáculo, con las 3 pantallas emitiendo durante todo el concierto imágenes relacionadas con la canción que tocaban. Blackie tiene que ser un tipo muy peculiar, pero la verdad es que es todo un frontman y maneja muy bien al público, haciéndonos cantar esos “I just wanna be…”. Todo sea dicho, tiene una gran presencia y le encanta la teatralidad, no en vano, en la parte del “The Crimson Idol” estaba serio y muy centrado, dándole un punto más épico a esa parte del concierto, cosa que durante los bises fue lo opuesto. A destacar también en la parte del “The Crimson Idol” la iluminación, predominando las luces ténues sobre las blancas o más luminosas, también en los bises fue justamente al revés.

Y en los bises, después de sonar la intro que utilizaban para abrir en la gira del 30 aniversario de la banda, cayó “L.O.V.E. Machine”, una sorpresiva “Golgotha”, y acabó el concierto con el “I Wanna be Somebody”, como no podía ser de otra manera y con toda la sala patas arriba.

En definitiva, un gran show.

Laguless

 

Hace ya cinco lustros que el bueno de Blackie Lawless se permitió el capricho personal de rendir tributo a sus bandas y discos conceptuales de cabecera de finales de los 60 y primeros de los 70 (Tommy de sus amados The Who, Welcome To My Nightmare de Alice Cooper y sobre todo The Rise and Fall of Ziggy Stardust de David Bowie pueden servirnos de referencia), contando el disco que nos ocupa (The Crimson Idol, 1992) la historia del auge y posterior declive de la estrella de Rock (ficticia) Jonathan Steel, algo así como una puesta al día del personaje encarnado por el tristemente desaparecido y maestro Bowie.

Y tan lícito era el homenaje a esas complejas obras de la era ‘dorada’ del Rock como lo es celebrar su vigesimoquinto aniversario (quien esté exento de pecado que tire la primera piedra), aunque no sé si lo es tanto el formato backing track que nos viene ofreciendo el señor Lawless desde hace un buen tiempo para acá.

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Quiero decir, puedo disfrutar (y lo hago, como un enano) de un show de WASP por lo que representa el grupo en la Historia del Hard Rock y el Heavy Metal, por su puesta en escena, por el sonidazo que ofrecen y sobre todo por ese repertorio que descargan en cada show, ya sea en formato Crimson Idol o en modo big hits, pero una vez detectas el colchón permanente de samplers y coros pregrabados sobre el que descansa prácticamente toda su actuación te queda un sabor agridulce que perdura para los restos (a eso se le suele llamar con trampa y con cartón).

Lo cortés no quita lo valiente, y escuchar en vivo una obra capital de nuestra juventud de tal calibre se aprecia y mucho, sobre todo si se sienta tras los parches un fenómeno como Aquiles Priester (Di’Anno, Angra, Hangar, Noturnall), que se pasa redoblando timbales y bombos medio concierto cuales Frankie Banali y Keith Moon (tradición heredada de abuelos a nietos), y que le zurra al hermoso kit Mapex y a su valiosa vajilla Paiste como si no hubiera mañana (cansa sólo de verlo, la verdad), adaptando un tanto el estilo que imprimieron los citados bateristas al suyo propio, uno de los más cualificados del panorama metálico actual.

Por su parte, Blackie estira de cuerdas vocales sorprendentemente, llegando a las notas más altas por momentos, y desde luego sigue llenando el escenario como el frontman que siempre fue (no, no va con segundas, de hecho se le ve bastante en forma), aunque evidentemente el apoyo coral del que dispone también ayuda. El problema es que ese apoyo vocal no viene de sus secuaces, sino de sus secuencias, y llega un momento en que literalmente no sabes qué narices está pasando sobre el tablao a ciencia cierta. Mike Duda (bajo) y Doug Blair (guitarra) están, sí, con sus instrumentos correspondientes y con sus micros de apoyo, pero lo que ejecutan y lo que suena es difícilmente asociable en determinadas partes, como en el caso de algún solo de Blair, que me recuerda a los tiempos de perseguir notas en el Guitar Hero. Las voces de los micros, a excepción de la de Lawless, son tapadas constantemente por las disparadas desde la mesa, y los instrumentos, a excepción de la batería, quedan en la retaguardia de una maraña sónica que viene desde otro sitio y que suena a disco, eso sí.

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Y eso es básicamente lo que te puedes encontrar en un show de WASP a estas alturas, una descarga impecable (al margen del aspecto musical, en esta gira en concreto el visual también redunda en beneficio, con la historia de Jonathan dispuesta a lo largo de la actuación en formato diapositivas en 3 pantallas distintas), en la que se hace bastante difícil saber qué es de mentira y qué es real, y en la que todo suena sorprendentemente en su sitio. Con todo y con eso, y siempre haciendo un ejercicio de abstracción total, un show que hay que ver y disfrutar ahora que aún podemos, y si puede ser en buena compañía mejor aún. Long live, long live, long live… the King of Mercy.

Bubbath

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