Héroes del Silencio – El Espíritu Del Vino (1993)

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Hablar de Héroes del Silencio es hablar de un grupo que lleva implícito el sello amor/odio, tanto por parte de crítica como por parte de público, ya que si bien puede decirse que fue un grupo que levantó pasiones en el sentido estricto del término, las mismas oscilaron entre el fanatismo desenfrenado de numerosos fans y un odio exacerbado por parte del sector más purista, que veía su terreno claramente invadido por un grupo que navegaba a sus anchas en el mundo del pop.

Pero de lo que no hay duda es de que, pese ser un grupo que se permitía vender como el que más tanto dentro de nuestras fronteras como fuera de ellas, sus connotaciones con el mundo del Hard Rock fueron más que notables, tanto por su música como por su imagen. Con una evolución claramente destinada a adentrarse en las raíces del Rock Duro, no cabe imaginar a unos Héroes sin beber de fuentes tan diversas como The Mission, U2, Guns N’ Roses, The Cult o los mismísimos Zeppelin.

Recuerdo perfectamente el día en que me hice con el EP que incluía “Héroe de Leyenda”, el nacimiento discográfico de la banda. Unos jovencísimos Enrique Ortiz de Landázuri (voz -aún quedaban años para que se autoapellidara con una cita de Oscar Wilde-), Juan Valdivia (guitarra), Joaquín Cardiel (bajo) y Pedro Andreu (batería), se presentaban al mercado de la mano del Olé Olé Gustavo Montesano, adelanto de lo que sería su primer larga duración, “El Mar No Cesa”, un debut de excelentes canciones pero con una producción excesivamente light, algo obvio teniendo presente de quién venía. De la gira correspondiente vio la luz “en Directo”, una tirada limitada que todavía me remueve el deshacerme de ella en su día, puesto que no se ha vuelto a editar, salvo en el mercado pirata, claro (*). Y a partir de ahí la madre del cordero: “Senderos de Traición”, ya con el ex Roxy Music Phil Manzanera tras los mandos, que si bien no endureció tanto el sonido como le proporcionó matices y colorido, supuso el pelotazo final de la banda, escalando posiciones en las listas a velocidad de vértigo y pegando el gran salto a Europa, sobre todo a Alemania, bajo la atenta mirada de sus fans y el odio contenido de sus detractores. Al igual que “El Mar…”, “Senderos de Traición” tuvo su correspondiente álbum en directo, “Senda 91”, de nuevo una “rareza” de coleccionista que se repartía los temas en dos vinilos a 33 r.p.m., con mensaje oculto incluido en los surcos (“Y entre cada palabra y sílaba pronunciada como surco áspero al recorrer, quedarán mensajes sin descifrar que escondan mentiras aprendidas”) y otros mensajes algo más explícitos de críticas al grupo y a sus actuaciones en directo plasmadas en la carpeta.

Y tras esta contextualización histórica llegamos a lo que es, para servidor, su obra más completa y ambiciosa, “El Espíritu del Vino”, nuevamente doble y con una presentación exquisita (cada canción con su icono correspondiente y las letras traducidas al inglés), ilustrando en la portada una calle zaragozana encerrada en una bola de cristal. Su contenido no lo era menos.

El primer plástico lo abría lo que sirvió de single de presentación del disco, “Nuestros Nombres”, todo un alegato metafórico (como de costumbre) en plan “aquí estamos de nuevo”, para alborozo de muchos y desdicha de otros (circula algún pirata de la banda en el que aparece el corte como “Al Saber Le Llaman Suerte”, título bastante más explícito que el definitivo). Una armónica y una tos, acompañados de un “joder qué zoquete que eres…” de fondo, daban paso a la omnipresente guitarra de Juan Valdivia, que abría contundentemente a base de riff y secundado por los timbales de Pedro Andreu. Qué comienzo. El vídeo, grabado en Los Monegros y el Pirineo de Huesca, acompañaba bastante bien. “Tesoro” era un pasaje lírico y sosegado, de punteos cristalinos y teclados de fondo y con una de esas frases que se te graba a fuego: “…y no queda nada sagrado que me divierta ya…”. A continuación uno de mis favoritos de siempre, “Los Placeres de la Pobreza”. Letra profunda e incisiva como pocas y un trallazo de rock para acallar bocazas. Ah, que no se me pase: solo de los que hacen afición a cargo de Valdivia, pelos como escarpias (en el vídeo, un más mesiánico que nunca Bunbury se lanza al respetable, para que luego digan). Y cerrando la cara A otro de los singles de renombre, “La Herida”, un corte de dos tiempos claramente diferenciados, comienzo baladístico con acústicas y desenlace atronador, en el que hacían mella en el profundo tema de la amistad y para el que se grabó otro vídeo, esta vez a cargo del propio hermano de Enrique, Jorge Ortiz de Landázuri.

La segunda cara del primer disco la abría magistralmente “La Sirena Varada”, de efluvios góticos (esos punteos marca de la casa) y poperos a partes iguales, otro de los video-singles que más se pincharon en el momento, seguida de “La Apariencia No Es Sincera”, un tema oscuro y barroco dirigido expresamente a los críticos con manía persecutoria del grupo, de estribillo sugerente y siempre con el enrevesamiento letrístico tan característico de la banda. “Z” (Z-aragoza) era una instrumental de guitarra acústica que servía de preludio a “Culpable”, la cual se abría con eléctricas en primer plano, para contrarrestar. Uno de los temas más desapercibidos del disco pero sin bajar en calidad en ningún momento.

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“El Camino del Exceso” abría el segundo vinilo, y de qué forma. Aparte de poner nombre al disco (“quemamos con malas artes el espíritu del vino, y no va a regresar”) significaba toda una declaración de principios, arrogante e irreverente como ellos y poniendo de manifiesto toda una filosofía de vida. En lo musical destacar el riff persistente de Valdivia y a un siempre secundario Joaquín Cardiel, que acompaña como procede con el bajo. “Flor de Loto”, otro de los “hits” del doble, mostraba a unos Héroes pletóricos, en este caso sobre todo a Enrique, tanto por la voz como por la letra del tema, fruto de uno de sus viajes a Oriente (Nepal, para más señas), en el que pudo conocer en persona a la niña que apadrinó a través de la ONG Ayuda En Acción, a saber, su flor de loto. En él podemos observar lo mucho que crecieron musicalmente con respecto a trabajos anteriores, sin miedo a la experimentación y utilizando instrumentos tan exóticos y desconocidos como el sitar. “El Refugio Interior” no era otra cosa que un solo de batería a cargo de Pedro aderezado de efectos, que antecedía al tema más hard del trabajo, “Sangre Hirviendo”. Como su nombre daba a entender, era una muestra para los acusadores de la pop-ularidad de los Héroes que a ellos les hervía la sangre, y qué mejor forma de demostrarlo que con este trallazo. La rabia que contiene el corte habla por sí solo.

Una carraca y la batería a pelo abrían “Tumbas de Sal” y la cuarta cara del plástico, con un Bunbury vociferando por un micro distorsionado en plan Elvis hasta el estribillo, en el que se volvía a escuchar claramente su voz y cómo ponía en tela de juicio nuevamente el acomodado sistema occidental y sus prejuicios hacia lo desconocido (es más que evidente lo que le marcaron sus viajes a Oriente tras el éxito de “Senderos de Traición”). “Bendecida 2” era un canto a capella que precedía a “Bendecida”, otro de los mejores momentos del trabajo para el que suscribe, un tema evocador y de bellísima factura, con uno de esos estribillos que te hacen una cruz en lo más hondo. Y de postre y como colofón “La Alacena”, una balada de piano (a cargo de Copy, amigo del grupo y acompañante de Bunbury en solitario) realmente emotiva, que cierra el trabajo como el que no quiere la cosa.

Como decía al comienzo, la banda prosiguió la búsqueda de su sonido en “Avalancha”, su disco más crudo y contundente (Bob Ezrin -Alice Cooper/Kiss-), que junto al directo “Parasiempre” puso punto y aparte a una carrera jugosa como pocas ha visto nuestro país, una pena que nuestros “profesionales” no lo supieran apreciar en su momento. Giras apoteósicas (puedo decir con orgullo y satisfacción que asistí a todas desde la registrada en “Senda 91”, y los recuerdos son impagables), talento, arrogancia y ambición (nada de mirar con envidia a lo foráneo) son los factores que propiciaron ese aura de “grandes” a Héroes del Silencio, y fue ello precisamente lo que les acabó consumiendo.

¿Disolución “para siempre”? Me parece mucho tiempo… (#)

Bubba

(*) (#) Finalmente se reeditó el catálogo completo de HDS con la reunión del grupo en 2007

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado en diciembre de 2017)

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