Moonspell – 1755 (2017)

1755

Los lusitanos Moonspell siguen surcando décadas plácidamente, al margen de modas y subestilos, con un patrón más o menos definido (Gothic / Dark Metal de corte clásico, resumiendo muy mucho), si bien se permiten vascular entre lo más comercial y lo que menos con algo más de tacto que otros contemporáneos suyos, como pueden ser Amorphis (más conservadores y lineales en cuanto a sonido) o Paradise Lost (de bandazos más extremos, en uno u otro sentido), por citar los más representativos. Obviaremos aquí a los Anathema y Katatonia de turno, que dado el intimismo de sus propuestas no han llegado a las cotas de popularidad de los primeros.

“Extinct” (2015) supuso el cénit de los portugueses a nivel Gothic Metal strictu sensu, probablemente el trabajo más accesible del grupo (que no ‘comercial’, ya que dudo haya sobrepasado los niveles de ventas otrora conseguidos por la banda), con una factura de singles irrepetible y sin perder en ningún momento sus señas de identidad, fundamentalmente la melodía y esa melancolía propia tan característica de la vieja Portugal. Fernando Ribeiro, que de tonto no tiene un pelo, sabía que seguir la línea trazada en aquél sólo podía llevar al desastre, y con esas recuperó una vieja idea de su época universitaria, que tras el visto bueno de sus compañeros de formación ha dado como fruto este 1755, una obra conceptual entorno a la tragedia acaecida en Lisboa en dicho año en forma de terremoto y posteriores tsunamis que asolaron por completo la ciudad y aledaños, y entonada íntegramente en la lengua materna de la banda, para que cualquier parecido con el pasado sea mera coincidencia. Ya lo decían sus vecinos hispanos, lo que embruja es el riesgo, y no dónde ir…

Y es precisamente eso lo que engrandece este trabajo, su carácter progresista, de ruptura y de nueva factura, algo que tiene su paralelismo en la propia historia que narra, la de una antigua Portugal fuertemente enraizada en el Catolicismo, que tras verse devastada por semejante catástrofe natural vino a replantearse su propia existencia religiosa a través de numerosos planteamientos filosóficos y no menos escritos existencialistas. Señor, ¿qué he hecho yo para merecer esto?

Y es que si bien trabajos conceptuales de referencia como Welcome To My Nightmare, Abigail o Seventh Son Of A Seventh Son lo fueron por su temática Ci-Fi o sobrenatural, 1755 lo es por su carácter realista-catastrofista, además de por estar escrito en el portugués autóctono de sus autores, algo poco habitual en el Rock en líneas generales, lo cual le dota de mayor personalidad si cabe. Con todos estos ingredientes y planteamientos en mente, y obviando por momentos lo que supusieron otros episodios musicales memorables de la banda (se recomienda encarecidamente escuchar el disco poniéndose en situación, previo proceso de abstracción total y con cascos y libreto en mano), no queda más que adentrarse en la visión personal de Moonspell de uno de los desastres naturales más impactantes y significativos de la Historia contemporánea, oígase por capítulos.

Em Nome Do Medo / In The Name Of Fear: Adaptación orquestal del tema de mismo título incluido en el álbum “Alpha Noir”, en esta versión con un tinte decididamente más dramático y épico, y que sirve perfectamente para ponerse en situación y agarrarse bien al sillón, que se avecinan temblores.

1755: Comienza la catarsis. Arranque frenético y directo, con coros a la Carmina Burana y un breve respiro en el interludio en formato de solo de guitarra de Ricardo Amorim y demás arreglos orquestales. Buen comienzo, contundente cuanto menos.

In Tremor Dei / In Fear Of God: Single decadente, tanto por letra como por tempo, con un riff incesante de Ricardo, aderezo de coros femeninos, y toda una religión de arraigo nacional puesta en entredicho en apenas una estrofa. ¿Castigo divino?

Desastre / Disaster: Comienzo doom que desemboca en un medio tiempo, y así se van sucediendo. En el aspecto lírico continúan las cuestiones trascendentales. No eres más que un hombre, un esclavo de Dios… Culpable.  En la edición que tengo en mis manos, además, se incluye la versión del tema en castellano.

Abanao / Quake: Haciendo honor a su nombre se me antoja el epicentro del trabajo. Muro de guitarras, guturales de Ribeiro, teclados acolchando omnipresentes característicos de sus colegas Cradle Of Filth (grande Pedro Paixao) y un cierre abrupto como el propio seísmo.

Evento / Event: Gaspar (batería) y Aires (bajo) abren la contienda de uno de los mejores cortes del disco, en el que no falta de nada y donde todo acompaña, desde el riff principal hasta el puente y el estribillo central (La fe no sirve de nada… Tranquilízate, es el fin… quédate quieto, porque Dios así lo quiere). Un tema prototípico de Moonspell con ese toque agónico tan característico y que siempre desemboca en un torrente de melodía cuando menos te lo esperas. Dios aprieta, pero no ahoga.

1 de Novembro / November 1st: En lo musical, parece un pasaje extraído de un álbum del mismísimo Rey Diamante (ese comienzo a lo The Lake les delata), con un Ribeiro entonando más alto de lo normal, mientras que en lo letrístico supone un punto y aparte, tanto en el disco como en la Historia de Portugal, llamémosle de Renacimiento cultural.

Ruinas / Ruins: Pasaje o, lo que es lo mismo, camino intermedio que comunica otros dos, en este caso temas. No se le puede llamar relleno, ya que en estos casos es tan imprescindible como un tema de los principales, necesario para hacer hueco y abrir paréntesis.

Todos Os Santos / All Saints: Otro de los grandes momentos del disco. Paradójicamente el desastre sobrevino el día de Todos los Santos en Portugal, con toda la muchedumbre visitando las iglesias, que a la postre serían derruidas (con la gente dentro) y la ciudad incendiada por los efectos de las innumerables velas encendidas. El corte de marras trata dicho tema desde una perspectiva positiva, tanto por música como por letra. The day rises in Portugal!

Lanterna Dos Afogados / Lighthouse For The Drowned: Supone el punto más sosegado del trabajo, de clara similitud con el material inmediatamente anterior del grupo (podría figurar perfectamente en “Extinct”), con Ribeiro cantando limpio por momentos. Buen cierre para un disco cargado de emociones fuertes.

Y eso es básicamente lo que comprende 1755, un disco repleto de riesgo (concepto, idioma, temática subyacente…) para una banda que, asumida ya su posición y que no tiene nada que perder (a lo sumo algún fan más, los que entran por los que salen), sabe lo que quiere y ante todo es honesta consigo misma, pese a quien le pese. Para el que suscribe, además, supone otro regalo más de una banda afín desde hace tiempo y por diversos motivos, tanto culturales como ancestrales. Muito obrigado, senhores. Faz dia em Portugal!

Bubbath

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Rey, caballo y sota… La era Medieval de Judas Priest (1984 – 1988)

defenders

Defenders Of The Faith (1984)

Una vez oí decir a alguien que “Freewheel Burning” representaba exactamente lo que es el Heavy Metal, tanto musical como letrísticamente hablando, y no pude más que darle la razón. De eso hace ya mucho tiempo, y no hace tanto llegó a mis oídos que dicha persona perdió la vida en un accidente en carretera, a lomos de una motocicleta concretamente, supongo que efectivamente acopló las palabras del mítico tema a su filosofía de vida y acabó pagando por ello.

Anécdotas trágicas aparte, lo que es innegable es que tanto el corte que abría aquel “Defenders Of The Faith” como el resto de temas y el propio título del disco rezumaban puro y genuino Heavy Metal, y a la vez consolidaban un sonido ya clásico y servían de fiel espejo en el cual mirarse las generaciones venideras.

La portada, al igual que las de su predecesor (“Screaming For Vengeance”) y sucesor (“Turbo”), corría a cargo de Doug Johnson, y en ella se mostraba a un ser mitad máquina mitad bicho llamado The Metallian, que además de amenazar con arrasar con todo (luego repetirían con The Painkiller), daba buena cuenta de la afición de Tipton y compañía por los cómics de ciencia-ficción.

El disco, producido por Tom Allom y mezclado en los DB Recording Studios y en los Bayshore, ambos en Miami (Florida), proseguía con la línea dejada en “Screaming For Vengeance” y mantenía en todo momento el vertiginoso listón de aquél, ya con la formación bien asentada (Rob Halford voz, Glenn Tipton y K.K. Downing guitarras, Ian Hill bajo y Dave Holland batería) y con el mundo entero atento a la jugada.

El antes mencionado “Freewheel Burning” y “Love Bites” servían de carta de presentación del disco (singles creo que lo llaman), el primero todo un alegato speedico de cómo practicar Heavy Metal, de guitarras incendiarias y estallidos vocales imposibles (Halford manda), y el segundo un medio tiempo épico y futurista que ya vaticinaba lo que podría venir en el futuro (“Turbo”), con una letra de esas que en boca del ‘Metal God’ sonaba más pendenciera todavía (“now you are mine, in my control”). Por cierto, los video-clips acompañaban que era un gusto, para revisitar en estados anímicos bajos.

Pero había más, por supuesto. “Jawbreaker” era potente y quedona a la vez, con unos duelos entre Tipton y Downing espectaculares, un doble bombo atronador por parte de Holland y unos falsetes finales de Halford de los que hacen afición. “Rock Hard Ride Free” era toda una declaración de principios, como el disco (“rock hard, ride free, all day, all night… rock hard, ride free, all your life”), impresionantemente simple y simplemente impresionante, “Some Heads Are Gonna Roll” era un curioso préstamo del cantautor Bob Halligan Jr., al igual que hicieran con las pasadas “Diamonds And Rust” y “The Green Manalishi”, y “Night Comes Down” hacía las veces de power-ballad de esas que crean escuela. Orgásmico.

El parco “Eat Me Alive” bajaba un tanto la media del trabajo, pero ésta subía enteros por momentos con el apoteósico “The Sentinel”, de comienzo espectacular (doblando guitarras), estribillo épico (“Sworn to avenge, condemn to hell, tempt not the blade all fear the Sentinel”), interludio mítico (“…the figure stands expressionless, impassive and lone, unmoved by this victory and the seeds of death he’s sown”) y catarsis final, con unos agudos inalcanzables por parte de Rob. Como dato curioso señalar que no se incluyera este último en el doble recopilatorio “Metal Works” pero sí el primero, cosas de la vida.

Cerraba el plástico una compuesta “Heavy Duty/Defenders Of The Faith”, de cadencia hímnica la primera parte y coros finales la segunda, ambas fundidas de tal forma que parece sólo una. Si al acabar la pieza no tenías el puño en alto, o no eras heavy o no te corría sangre por las venas (o las dos cosas).

Ese mismo año se presentaban en la piel de toro por primera vez con el disco bajo el brazo, y dos décadas más tarde unos jóvenes inquietos rendían tributo cibernético tanto a aquel disco en particular como al estilo que acuñaron sus padres en general. Que dure.

Bubba

 turbo

Turbo (1986)

A muchos os parecerá extraño el ver este álbum de Judas Priest en el apartado de clásicos si tenemos en cuenta que no es representativo de su trayectoria y que supone un paréntesis en toda la amalgama de poderoso Heavy Metal que los de Birmingham siempre han estado orgullosos de encabezar. No obstante, el hecho de que constituya un punto y aparte en su estilo característico, asentado durante el primer lustro de los 80 gracias a “British Steel”, “Screaming for Vengeance” y “Defenders Of The Faith”, nos ayuda a apreciar la capacidad del quinteto a la hora de interpretar su música de diferentes maneras y llegar a un público mayoritario sin perder un ápice de calidad. De hecho lo habían intentado antes, quizá no tan abiertamente, con “Point Of Entry”, pero el resultado no fue satisfactorio. “Turbo” fue grabado por la formación más duradera de Judas Priest con el inigualable Rob Halford a la voz, los míticos Glenn Tipton y K.K. Downing a las guitarras, Ian Hill al bajo y Dave Holland a la batería. La exitosa gira mundial bajo el nombre de “Fuel For Life Tour” que siguió a su lanzamiento les llevó a editar el álbum en directo “Priest…live!”.

“Turbo” consiguió dotar al Heavy Metal de los Priest de unos temas claramente comerciales, sencillos de recordar y accesibles a las grandes masas. “Rock You All Around The World” fue el ejemplo más visible, convirtiéndose en una pieza imprescindible en sus shows de entonces por su estribillo pegadizo. “Locked In” es más afín al esquema clásico del grupo, rock potente y directo, siendo el tema más fuerte de este álbum. “Turbo Lover” atrapa desde el inicio con la voz de Halford en primer plano en todo momento. La sobriedad de “Out In The Cold” esconde una energía contenida que explota en aquel arranque de “Priest…live!” (todavía estremece la figura de Rob Halford apareciendo desde detrás del escenario de forma ceremoniosa en el video durante este tema). Al grito de “Wild Nights (Hot & Crazy Days)” se desarrolla uno de los himnos más festivos de los Priest, y “Reckless” como colofón es una de esas canciones con un feeling enorme cuyo triste e injusto destino es el olvido.

No podré negar que los Priest atesoran más de un trabajo clasificable como clásico, pudiendo añadir “Painkiller” a los tres citados arriba, y que “Turbo” es la excepción dentro de su discografía. Aun así, la habilidad que los británicos demostraron tener para cautivar la atención de la gente ajena al mundo del rock y el metal e introducirlos en el mismo debe ser valorada en gran medida. Al menos, ese es mi caso y no puedo ocultar el cariño especial que le tengo a este disco. Supongo que algo así nos ocurre a todos con algunos álbumes, ¿verdad?

J. A. Puerta

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Ram It Down (1988)

Seguramente no es el disco más representativo de la carrera de los Judas, seguramente no es lo que se considere un clásico de la banda, pero para mí es un muy buen disco.

La portada ya deja patente lo que Judas buscan en este álbum, un puñetazo y dejar las cosas claras después de la absurda polémica que supuso su disco predecesor “Turbo”, con un sonido mucho más metálico y muy cercano a lo que sería su disco posterior, “Painkiller”. Es lo que yo llamo un disco bien situado en el tiempo, o sea, que recoge los coletazos del “Turbo” y nos acerca a lo que vendría después. Por cierto, es el inicio de las portadas de Judas en tonalidades azules.

Y ahí tenemos claros ejemplos de guitarras metálicas y riffs poderosos desde el inicial grito agudo de Halford con el tema título “Ram It Down”, que contiene uno de los solos más vertiginosos y posiblemente de los que más me gustan de Judas Priest, muy buen trabajo de K.K. y Glenn. Como curiosidad decir que la canción la llegué a escuchar en los 40 en su día, aunque no la pusieron en su totalidad.

Deleitarse escuchando el solo inicial de Glenn en “Heavy Metal” es algo que he hecho en más de una ocasión, una canción en la que es cierto que se me hace algo repetitivo el estribillo y que no sería la única declaración de principios en el disco, pues también nos encontramos con “I’m A Rocker”, y que plasma perfectamente lo que os decía al inicio de la reseña, un perfecto cruce entre “Turbo” y “Painkiller”. Por cierto, ¿he oído el estribillo de “I’m A Rocker” en “Leather Rebel” o es mera coincidencia?

Lo mejor del disco está sin duda en su parte central, con otro puñetazo en toda la cara llamado “Hard As Iron”, una de las canciones más cañeras de la banda y con un estribillo acojonante donde me encanta la voz de Halford. Destacaría también el uso de efectos de explosión en el tema, dotando al mismo de mucha más fuerza si cabe, sobre todo en la parte central, pelos de punta, oiga. Después del trallazo viene un tema más pausado, pero no por ello menos bueno, y es que “Blood Red Skies” podía estar perfectamente en “Turbo”. Relájense y escuchen sobre todo la voz de Rob Halford, digna de elogio en la parte acústica y en el estribillo. ¿He dicho antes la expresión pelos de punta? Aplíquenla aquí también. Es el tema más largo del disco, casi ocho minutos.

¿Hay alguien que no haya escuchado el clásico de Chuck Berry “Johnny B. Goode”? Pues los Judas se atreven a darle su propio sonido y a actualizarla, ciertamente el único parecido con el de Chuck Berry es la letra, ya que en la música no tiene absolutamente nada que ver. ¿Se le puede llamar a esto versión? Hombre, no lo sé, pero lo que sí os aseguro es que fue una de las canciones que más escuché del “Ram It Down” en su época.

¿Y qué hace que este disco no se considere de lo mejorcito de la banda? Pues tristemente nos encontramos con dos canciones de relleno y totalmente sobrantes, y que son precisamente las dos últimas: la macarra “Love You To Death” y la que siempre he tenido atragantada, “Monsters of Rock”, juntándolas con otras que no son malas, ni mucho menos, pero que no tienen ese don de destacar, como “Love Zone” o “Come And Get It”.

Muy buen disco, con Judas volviendo a reafirmarse en los sonidos más metálicos. Por cierto, el disco fue el último en el que aparece en los créditos de baterista el polémico Dave Holland.

Aguskill

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado en enero de 2018)

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