Accept – Breaker / Restless & Wild, Los años hambrientos…

 

Si bien hay que reconocer a la vieja Gran Bretaña como la cuna del Heavy Metal, con Black Sabbath y Judas Priest como sus máximos y mejores exponentes, Alemania ha sido de largo uno de los países europeos de más arraigo y exportación de bandas en lo que a dicho estilo se refiere, con pioneros como Scorpions o clásicos contemporáneos como los reformados Helloween a la cabeza, y entre medias de ambos, una de las formaciones más míticas y de referencia en el panorama metálico de siempre, los genuinos Accept.

Tras un tímido pero correcto debut (“Accept”, 1979) y un mucho más acertado y festivo segundo trabajo (“I’m A Rebel”, 1980), que ya empezaba a apuntar las maneras de más tarde, vendría lo que es para servidor la madre del cordero, esto es, los trabajos de la banda que más y mejor influenciaron al resto de lechales de la segunda generación germana, tales como Grave Digger, Running Wild o los citados Helloween, a saber, el mítico “Breaker” (1981) y el ya clásico “Restless & Wild” (1982) de los recién estrenados años 80.

No puedo evitar sentir cierta nostalgia al echar la vista atrás, todavía inmersos en la segunda mitad de la década de los 80, cuando el que suscribe adquirió su primer LP de auténtico Heavy Metal en formato k7 en un bar de carretera rumbo a Toledo (obviaremos aquí a los Europe y Bon Jovi disfrutados hasta entonces), con una portada que reflejaba claramente lo que ibas a encontrar en el disco, y es que si la cara de la guapa señorita demuestra asombro, la mía no era para menos al llevarme al oído el riff de apertura de “Starlight”. Sí señores, “Breaker” contenía todos y cada uno de los ingredientes del más puro y genuino Heavy Metal: temas repletos de riffs contundentes y abrasivos (“Breaker”, “Run If You Can” o el citado “Starlight”), donde los duelos de guitarra Hoffmann/Fischer te dejaban sin aliento, letras de contenido irreverente (“Son Of A Bitch”) y auténticos himnos metaleros (“Burning”, “Midnight Highway” o el emocionante “Feelings”) y, cómo no, baladas de esas que ponen la piel de gallina (“Can’t Stand The Night” o “Breaking Up Again”, entonada esta última por el propio Peter Baltes, bajo). Mención aparte merece la voz de Udo Dirkschneider, una especie de cruce luciferino entre Brian Johnson y Rob Halford, que acuñó sello propio y que pronto imitaron muchos seguidores, la mayoría sin éxito.

“Breaker” no pudo más que obtener excelentes críticas por parte de la prensa especializada del momento, no en vano dicho trabajo les sirvió de catapulta a Europa, por la que giraron desde el 6 de noviembre hasta el 14 de diciembre de 1981 con los mismísimos Judas Priest en su gira World Wide Blitz, en la que presentaban su disco de transición “Point Of Entry”.

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Y si “Breaker” era un excelente trabajo, “Restless & Wild” otorgaría la inmortalidad definitivamente a la banda teutona. ¿Cuántas veces no habremos disfrutado con el speedico y legendario “Fast As A Shark” o el contundente “Restless And Wild”? En este, su cuarto álbum, la banda conformada por los guitarristas Wolf Hoffmann y Hermann Frank Jr. (que sustituyó a Fischer), Peter Baltes al bajo, Stefan Kaufmann a la batería y, cómo no, el incombustible Udo Dirkschneider a la voz, confirmó con creces las expectativas y parió un álbum completamente imprescindible dentro del estilo. Si bien temas como “Shake Your Heads”, “Get Ready” o el atronador “Has Rocking Man” (lo que habrá mamado de aquí gente como Chris Boltendahl) seguían en la onda de “Breaker”, otros como “Neon Nights”, el épico “Don’t Go Stealing My Soul Away” o la dulce “Princess Of The Dawn” sin duda iban más allá, consagrando ya al grupo como verdadero referente en el circuito metálico y permitiéndoles proseguir con su conquista de Europa (no sería hasta el año siguiente con “Balls To The Wall” cuando cruzarían el charco a la conquista de Norteamérica de la mano de Kiss y Saxon).

Como dato anecdótico, comentar que la portada original de “Restless & Wild” incluía la imagen de unas guitarras incendiándose, pero cuando se lanzó en los mercados estadounidense y británico se cambió por una fotografía de la banda tocando en vivo.

Posteriormente vendrían notables trabajos como “Balls To The Wall” (1983) o “Metal Heart” (1985), sin duda con un mayor presupuesto bajo el brazo, con unos temas más elaborados e incluso en algunos casos aptos para las radio-fórmulas, y consiguientemente una mayor repercusión a nivel mundial, pero particularmente sigo prefiriendo la rabia y la fuerza que desprendían estos “Breaker” y “Restless & Wild”, los cuales mostraron el camino a seguir a formaciones posteriores y asentaron un sonido ya genéricamente entendido como “metal alemán”.

El resto de la historia ya es de sobras conocida por los seguidores de la banda: tras una primera salida de Udo después de grabar “Russian Roulette” (1986) para proseguir carrera en solitario, la banda pinchó de manera considerable al prostituir su estilo inicial con el americanizado “Eat The Heat” (1989), con David Reece al micro. Dos reuniones posteriores de la banda con Dirkschneider (la primera de ellas registró el correcto “Objection Overruled” y los más discretos “Death Row” y “Predator”) supusieron el carpetazo a una carrera gloriosa por momentos (1981-1985) y prescindible por otros (1987-1997), acabando con la banda en una incómoda segunda fila, de la que siguen intentando salir a estas alturas con el americano Mark Tornillo al frente, aunque eso, nunca mejor dicho, es otra historia.

Ya sabes, si la época de gloria de la banda germana te pilló demasiado joven es hora de pegarles una escucha, y si ya conoces de qué va la vaina, no estaría de más desempolvar tus viejos vinilos y volver a disfrutar de ellos tropecientos años después.

Bubbath

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado y editado en enero de 2018)

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