Judas Priest – Firepower (2018)

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Resulta un tanto extraño y agridulce comentar el nuevo trabajo de una de las bandas de tu vida (saludos al staff de The Sentinel), cuando unos ya hace tiempo que no están (KK Downing) y otros acaban de partir en lastimosas condiciones (Glenn Tipton), pero la vida es así, y hay que aceptarla como viene, como decía aquella copla.

Lo primero que llama la atención de Firepower es la bestia-robot de la portada, los tonos cálidos Screaming For Vengeance que la impregnan y el logo clásico de la banda presidiendo a la derecha, conjunto que hace presagiar hacia dónde irán los tiros (hacia la izquierda).

Parece que los nuevos componentes Faulkner y Sneap han sabido (y podido) dar su aportación y reconducir al grupo, curiosamente a su sonido más clásico, y es que a veces tiene que venir alguien de fuera a decirte simplemente que no te salgas de la vía, aunque es igualmente cierto que de los errores se aprende, y errare humanum est.

La producción de Andy Sneap no llega a ser lo gélida y milimétrica que viene siendo habitual en él, supongo que por la mano clásica de Tom Allom, que sirve de contrapunto entre lo nuevo y lo añejo. Las nuevas melodías parecen más cortesía de los nuevos chicos del bloque que del malogrado Tipton, imaginamos que el bueno de Glenn se dedicó más a las estructuras y riffs principales que a los acabados y a los solos finales. Halford por su parte está bastante comedido y controlado, con un claro predominio de tonos intermedios reproducibles en directo, aunque igualmente habrá que ver cómo se defiende cuando no pueda descansar respiraciones entre tomas alternas, como se suele hacer en el estudio.

En total son 14 temas, relleno incluido, aunque en este caso hasta el relleno cumple su función, esto es, empasta debidamente con el resto de ‘clásicos’ y conforma un todo homogéneo donde no es necesario quitar ni reordenar nada, como sí sucede en otros discos donde los pegotes o no están en su sitio o huelgan directamente.

“Firepower” abre el fuego en plan ‘aquí estamos de nuevo’. Onda painkilleriana ideal para arrancar, sencillo, directo y con un solo melódico que contrarresta. “Lightning Strike” prosigue haciendo las veces de “Night Crawler”, single de cara a la galería que combina perfectamente con su predecesor.

“Evil Never Dies” es un corte machacón que recuerda por momentos a Jugulator (el interludio recuerda horrores a aquel “Burn In Hell” de la era Owens), con esos riffs en tonos graves y el doble bombo perenne de Travis, mientras que “Never The Heroes” supone un medio tiempo épico antibelicista que parece más cosecha de Saxon que de los propios Judas, sin duda de los que más despuntan en el trabajo.

Con “Necromancer” empieza el relleno, pero tampoco sobra. Sonido martilleante típico Sneap, en el que si omites a Halford te parecerá escuchar cualquier tema de Kreator o Arch Enemy, mientras que “Children Of The Sun” parece más un tema de Halford en solitario que de su banda materna (tampoco quedaría mal en voz de Dickinson). “Guardians” sirve de intro de piano donde se van incorporando guitarras y batería para lo que es uno de los mejores cortes del trabajo, “Rising From Ruins”, donde Judas destapan el tarro de las esencias, con riffs demoledores, descansos, una letra enervante cortesía del Halford más mesiánico, y un crescendo mítico que parece una puesta al día del mastodóntico “Blood Red Skies”. Para poner sesenta veces seguidas en estados de depresión manifiesta, o simplemente para salir de fiesta.

Con “Flame Thrower” prosigue el relleno, sin duda de lo más flojo del disco, sin embargo parece puesto inteligentemente entre dos grandes temas para ‘descansar’ y hacer a sus compañeros destacar. Un tema así para Exodus sería todo un logro, pero desde luego no para los Dioses del Metal. “Spectre” es un medio tiempo denso, rozando el progresivo, curioso cuanto menos y que aporta variedad al conjunto, aunque lleva implícito el sello Judas en todo momento.

“Traitor’s Gate” es como si Judas Priest se encontraran con Fight en un pasillo (en este caso estribillo), y “No Surrender” nos devuelve a la sección himnos-de-puño-en-alto, otro temazo, de lo mejor del plástico junto a “Rising From Ruins”. “Lone Wolf” cierra el apartado relleno (no es mala estadística tres de catorce), con un riff que parece cosecha de los Metallica actuales intentando emular a su vez a los Sabbath más clásicos, aunque si tengo que elegir entre Judas y Metallica me quedo con Judas, claro (Hetfield y Ulrich son más de trece-catorce).

“Sea Of Red” es la ‘balada’, un tema efectivo para cerrar en relax y con Halford entonando acapella por momentos, que si bien no es “Before The Dawn” tampoco creo que lo pretenda, poniendo un lindo broche a un trabajo notable (para sobresaliente, de no ser por el relleno) y por otra parte exigible a estos autoproclamados Metal Gods.

Libreto parco y conciso, letras, créditos (los justos) y poco más, con detalles a lo Transformers / Pacific Rim en el interior, cinco símbolos que pueden identificar a los distintos miembros del grupo y el clásico tridente made in Judas. Básico y funcional.

Para acabar, y ya en modo elucubración, decir que Firepower habría supuesto una lógica y coherente continuación a Painkiller (1990), con el permiso del gran Angel Of Retribution (2005), que parecía un traje hecho de encargo, y sin el permiso de los anodinos Nostradamus (2008) y el desapercibido Redeemer Of Souls (2014), el primero un capricho de elevados costes y el segundo un refrito sin la garra y energía que sí atesora este Firepower. Pero lo dicho, una carrera supone tropiezos en la mayoría de los casos, máxime si es de larga distancia como la de Judas Priest, y lo importante ahora es mantenerse, algo que tras tantos años de actividad discográfica se va tornando cada vez más difícil. Si a estas alturas de la película una banda al borde de la cincuentena puede seguir deleitándonos con discos como el que nos ocupa ello sólo puede ser motivo de alborozo. Por todo lo que nos dieron y nos puedan seguir ofreciendo, long live the Priest.

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Bubbath

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Dissection – Storm Of The Light’s Bane (1995)

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Ahora que la década de los 90 forma ya parte del recuerdo no podemos hacer más que recrearnos en él, y no cabe duda de que al hablar de la vertiente metálica más oscura y brutal como puede ser el Black Metal un capítulo ineludible son los suecos Dissection.

Lamentablemente y para desdicha de numerosos headbangers de todo el globo, la carrera del grupo se vio truncada por ciertos hechos que muchos conoceréis, que se resumen en la comisión de asesinato por parte de su líder Jon Nodtveidt y su posterior encarcelamiento en 1997 (finalmente cumpliría 7 años en prisión), dejándonos un breve pero preciado legado a los que gustamos de los sonidos más infernales.

Ya con un reconocido prestigio en la escena underground del momento y tras un sorprendente debut (The Somberlain, 1994), Jon Nodtveidt (guitarra solista, voz), Johan Norman (guitarra rítmica), Peter Palmdahl (bajo) y Ole Ohman (batería, curiosamente expulsado tras la edición del disco) se meten de nuevo en el estudio de la mano del todopoderoso Dan Swanö y graban lo que ha llegado a convertirse con el tiempo en una de las obras más aclamadas de la música extrema.

Tras una fría ilustración (Necrolord) que nos presenta a la muerte a caballo, y que me recuerda horrores a la del “Mirror Mirror” de los germanos Blind Guardian (de haber copiado alguien habrían sido Hansi y compañía, claro), se esconden unas composiciones no menos gélidas. El disco lo conforman ocho cortes de una fiereza descomunal y de un odio contenido que tira de espaldas, pero en todo momento aderezado de un sorprendente sentido de la melodía, que hace de esta edición una obra magna a destacar por encima de sus coetáneas. Sólo con escuchar la insistente melodía de guitarra acompañada de timbales de lo que sirve de intro, “At The Fathomless Depths”, sientes como el frío nórdico empieza a adueñarse de tu alma. Y sin más dilación entra lo que es para servidor uno de los mejores y más representativos temas de Black/Death de todos los tiempos, “Night’s Blood”. Este tema lo tiene todo: fuerza, brutalidad, agresividad, melodía, letra, cambios de tiempo… en fin, una oda de lo que es, o debería ser (al menos para servidor) la música extrema de calidad, sin renuncias ni cortapisas. Al loro con las guitarras acústicas del interludio y la narración, que va in crescendo con unas melodías netamente heavy-metaleras para desembocar nuevamente en la parte inicial. Apoteósico.

Más directo se presenta “Unhallowed”, con una batería a golpe de caja que aturde los sentidos y un doble bombo que quita el hipo (hay que ver cómo juega con él Mr. Ohman, a saber lo que haría para que le diesen puerta), y un Jon que escupe como un auténtico demonio. Otro tema a destacar por su tempo es “Where Dead Angels Lie”, del cual se extrajo un EP en relieve con forma de cruz muy curioso, el cual contenía los covers de “Elisabeth Bathory” de Tormentor y el clásico “Anti Christ” de Slayer, un corte de aire pausado pero de una fuerza descomunal, y con las guitarras constantemente dibujando melodías diabólicas en quintas, aderezadas éstas con algún que otro solo bastante simple pero tremendamente efectivo. Lo dicho, puro arte (básico, pero arte). “Retribution – Storm Of The Light’s Bane”, “Thorns Of Crimson Death” y “Soulreaper” siguen la tónica de los anteriores, mientras que el piano de “No Dreams Breed In Breathless Sleep” pone el broche final y un merecido sosiego a tan fiera descarga.

Es una pena que el fanatismo y la sinrazón interrumpieran la carrera del grupo, en primera instancia con el ya mencionado encarcelamiento de Nodtveidt, y en última con el fallecimiento del mismo por suicidio el 13 de agosto de 2006, tras su excarcelamiento y regreso a los escenarios, salida tras la cual se editó el esperado tercer álbum de estudio de la banda, Reinkaos (2006), y posteriormente sendos directos póstumos, Live in Stockholm (2009) y Live Rebirth (2010).

Abstrayéndonos de determinadas ideologías extremistas y demás hechos delictivos, algo que ni nos corresponde ni nos interesa juzgar aquí, el legado de Dissection ocupa un lugar privilegiado en lo que a música extrema se refiere, y supone un capítulo ineludible para todo fan que se precie de los sonidos más duros y oscuros. Seguidores de Cradle Of Filth y Dimmu Borgir, ¿a qué esperáis?

Bubbath

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado y editado en marzo de 2018)

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GIGATRON + Ira Ciega – Sala Marearock (Alicante), viernes 2 de marzo de 2018

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Cuando en 1997 llegó a nuestras manos la ahora ya maqueta de culto Huracanes Del Metal (Live In Donington 97) de GIGATRON, viejos conocidos de nuestra zona levantina por provenir de los inclasificables CHOCOCRISPIS, nuestra sorpresa y alborozo fueron máximos, y enseguida nos declaramos fans incondicionales de la banda que más y mejor supo destapar las vergüenzas del género, o cuanto menos con más acidez y desparpajo, aunando amores y odios a la par en territorio nacional a pasos a-gigantados, y dejando entre medias a un sector que no sabía muy bien qué pensar (con lo sencillo que es a veces no pensar y simplemente disfrutar).

Los Dioses Han Llegado (1998) puso al día la mítica demo en formato CD, con un ligero lavado de cara y con el track-list incrementado para la ocasión, aunque sin demasiados retoques y conservando intactos los himnos que les catapultaron al estrellato mundial, como “El Barco De Colegas”, “Rebeldes De Cuero”, “El Poseso” o “El Templo Del Metal”, que tantas carcajadas nos arrebataron en su momento a los que gustamos de esto del Heavy Metal y además gastamos de eso a lo que llaman sentido del humor. Lo cortés no quita lo valiente, que se suele decir.

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Tras una época de sequía discográfica, Mar De Cuernos y su apéndice Hitthrashhit (2005) retomaron la estela de su predecesor, con perlas de la talla de “Banderas De Roña”, “Mi Hacha Hizo Tu Culo”, “Macho Cabrío” o “Alma De Animal”, y aunque ya llovía sobre mojado el descojone estaba más que asegurado. Hitthrashhit (el disco fantasma) no se editó en formato físico por motivos legales (su contenido no era otro que un puñado de covers a la GIGATRON, con gemas como “Caballón” de Manogüar o “Heavys En Fallas” de Quis), pero pronto se hizo tanto o más conocido que su compañero de edición ‘oficial’.

A partir de ahí, y tras otro largo período de ‘ausencia’ discográfica, que no de apariciones en directo, Atopeosis 666 (2014) y el reciente The Aluminium Paper Album (2017) han resucitado al mito, embarcándose el pasado año en una gira por gran parte del territorio nacional denominada Alluminatour 2018 (no se van a separar hasta asegurarse de tocar todos y cada uno de los clichés del Metal, y lo cierto es que hay donde elegir), ocasión que no íbamos a desperdiciar para ver por fin en directo a las huestes de los míticos Charly Glamour (voz) y Mike Ferralla (bajo), a los que se incorporaron sobre la marcha los letales Dave Demonio (guitarra) y Johnny Cochambre (batería), que ocuparon la plaza de otros ilustres anteriores como Frank El Tachas (guitarra) o los baterías Bestia Indomable y Mazinger Molina (intuimos que estos últimos fueron explotando en directo como los de Spinal Tap).

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La verdad es que pasar dos horas y pico de concierto entonando himnos a carcajada limpia (a ver si toma nota del timing alguna banda de las ‘serias’, por no decir la inmensa mayoría), y eso sin contar con la intervención de IRA CIEGA, a los que sólo pudimos ver despedirse con su atuendo de frailes a lo INHUMANOS dada su tempranera actuación, por 15 euros de los corrientes (18 € en taquilla) está más que amortizado, y si alguien salió defraudado del bolo seguro que Charly y los suyos estarían encantados de reintegrarle el importe, bien en dinero o en kalimotxo del caro (con Coca-Cola original y vino Don Simón, como merece la ocasión).

Lo cierto es que la banda ha progresado ostensiblemente, y lo que comenzó siendo una fanfarronada donde primaba el concepto sobre la música (baterías programadas, solos escuetos y limitados, temas de minuto y medio…), ha dado paso a kits de batería de lujo y a auténticas suites musicales por bloques (o bruques), que nada tienen que envidiar por momentos a las de Manowar o Stratovarius. Así pues, tras la intro de turno la descarga de la banda comienza a destajo, con cortes de nueva factura como “El Papiro De Aluminio” o “Viking Bugui” (con toda la sala bailando, el delirio), a los que pronto se unen clásicos como “El Barco De Colegas”, “Rebeldes De Cuero”, “El Poseso”, “Banderas De Roña”, “Mi Hacha Hizo Tu Culo” o “Mazinguer Metal”, los mejor recibidos por el sector más veterano del respetable, entre el que nos contábamos servidor y mi colega Carlos (el Templo, el TEMPLO!!!). Cochambre y Ferralla erigen el wall of sound de la banda, todo un muro sónico de ejecución sobresaliente e hiper contundente, mientras que Demonio dibuja libremente sus armonías de guitarra por encima, dejando que Charly lleve el peso de la ‘actuación’, sin parar de interactuar con el público a base de chistes, constantes cambios de look y demás arengas heavy-metaleras, e incluso haciendo mosh cada tres por cuatro.

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Mención especial merece la parte acústica del show, donde Cochambre y Ferralla dejan a sus compañeros de fatigas que destrocen a gusto clásicos como “Stairway To Heaven” o el comienzo de “Hallowed Be Thy Name” (adaptación gypsy del clásico de Iron Maiden), y en los que constatamos una vez más la imaginación sin fin de Charly Glamour (eso y que está como una puta cabra, además). Siguen los ‘homenajes’ con “Caballón” (Manogüar) y la caña de España con “Apocalipsis Molón”, “Warrior Of The Barrio” o “Festival Del Mal”, y entre el público puedes divisar de todo, desde peña partiéndose la caja hasta gente estupefacta, pasando por pogos descontrolados, minis de kalimotxo alzándose al escenario o hachas de plástico sobrevolando el mismo. Pos-eso, atopeósico (666).

Durante los cortes más nuevos aprovechamos para ir a la barra y/o al señor Roca (precios asequibles en la sala, todo sea dicho), y de vuelta hacemos lo propio para sacar alguna instantánea de tan magno evento y para chocar la mano del gran Charly Glamour (ya podemos morir tranquilos), el cual se hace eco de su valenciana vecindad y de las fiestas que se han corrido por la zona en sus tiempos más mozos.

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Al final giga-bolazo de dos horas y pico, con un sonidazo impropio de una sala de esas características (se nota muy mucho que le dan importancia a todo, desde el aspecto visual al sonido, evidentemente, con los roadies y el técnico de mesa involucrados desde el principio), tras lo que te planteas realmente si son Gigatron quienes se toman a broma esto del Rock o si son otras bandas supuestamente ‘serias’, de esas que te sablan en la taquilla y te despachan a la hora y cuarto de actuación.

Así que lo dicho, si no tienes prejuicios, te gusta el Metal y quieres pasar un gran rato (en todos los sentidos) no desaproveches la ocasión, Gigatron siguen siendo la caña de España, la cumbre del Rock.

Bubbath