Horarios GARAGE SOUND FESTIVAL

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Aquí van los horarios definitivos de la II edición del GARAGE SOUND FEST:

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Sólo quedan 2 semanas, no te quedes sin entrada:

Entradas GARAGE SOUND FESTIVAL

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KRISTONFEST 2018 – Sala La Riviera (Madrid), sábado 12 de mayo de 2018

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Impresionante edición se han marcado esta gente en lo que ha significado la segunda cita anual consecutiva en la madrileña sala La Riviera, ya que las anteriores se venían realizando en la localidad de Bilbao, concretamente en la sala Santana, donde tuvieron lugar las cinco ediciones anteriores (2012-2016).

Para el que no lo conozca, se trata de un festival orientado especialmente hacia sonoridades Stoner / Doom / Sludge, con margen para la psicodelia y el progresivo, por el que han pasado bandas como Wolfmother, COC, Gojira, Buckcherry, John García & Band, Orange Goblin o Clutch, y que se ha convertido en cita obligada para los amantes de ese tipo de sonidos en particular, y por supuesto para los que degustamos del Rock Duro en líneas generales.

Para este 2018 nos tenían reservada cita para un único día, pero qué día, ni más ni menos que con Monster Magnet a la cabeza, con lo que nos quitamos tanto la asignatura pendiente de ver a la banda de Wyndorf como la de asistir por primera vez al festival.

Al módico precio de 40 € + gastos de distribución, en una sala como La Riviera, un emplazamiento ideal y con todas las comodidades de una sala de primer nivel, la opción de salir y entrar en cualquier momento, y unos precios hasta lógicos (es La Riviera), visto lo que hay por ahí actualmente y los precios que se manejan no se me ocurre mejor cita rockandrollera que la que nos ocupa, a lo sumo similar.

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Con un lleno cómodo desde el comienzo de las actuaciones y un público aparentemente extraído de un ARF endurecido, salían a escena con puntualidad británica CONAN, no sé si tendría que ver algo el hecho de que sean de Liverpool (no nos ganaréis!). La banda de Jon Davis (voz, guitarra), Chris Fielding (bajo, guturales) y Johnny King (batería) descargaron sin miramientos su set-list de corte Doom/Sludge, directo y sin aditivos. Jon y Chris se alternan las voces rasgadas y directamente guturales respectivamente, predominando eso sí las primeras, y esto junto a la pegada de King, alumno aventajado de Chuck Biscuits (Danzig, Black Flag), supone una descarga de lo más seco y compacto que te puedas echar a la oreja. Tras la misma, con una puesta en escena hierática pero tremendamente efectiva, nos quedamos mirándonos como si efectivamente el Rey Cimerio nos hubiera pasado por encima. Seguramente lo más salvaje de la velada. Brutal.

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ELDER por su parte supusieron el contrapunto soft del festi, con ese toque progresivo maestro que atesoran y con el que nos deleitaron a todos los allí presentes, y es que dudo que alguien saliera defraudado de su actuación (para el que suscribe fueron los grandes triunfadores del Kristonfest 2018). Cambios de tempo ultradinámicos (esta banda juega con los tiempos con una facilidad pasmosa), solos vertiginosos, melodías de carne de gallina y, en general, unas composiciones de bellísima factura y calidad, que en su versión de directo ganan si cabe con respecto a las de estudio. La banda de Boston campó a sus anchas por el escenario del Kristonfest (no en vano repetían edición), sobre todo su bajista Jack Donovan, que con su Rickenbaker no paró de animar el cotarro, generando ovaciones y aplausos unánimes por parte del respetable. Repertorio infalible (no dejéis pasar su reciente Reflections Of A Floating World de 2017) y la sensación de haber visto una descarga realmente especial, desde luego bastante por encima de la media. Dioses.

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Tras una salida breve y concisa para recargar pilas en el bar más cercano (toda una bendición por parte de la organización, gracias y enhorabuena a pachas), con HIGH ON FIRE volvimos a la carga Doom/Sludge, aunque de corte definitivamente más Heavy que propuestas como la de CONAN. La banda del ex Sleep Matt Pike (guitarra, voz) lleva ya dos décadas en activo (lejos queda aquel sorprendente debut denominado The Art Of Self Defense de 2000), y si bien empezaron algo fríos y destartalados, la cosa fue ganando enteros por minutos, cuajando finalmente otra actuación para recordar de esta edición del Kristonfest. Pike no paró de moverse, de interactuar con el público, de masturbar el mástil de su Les Paul y de beberse lo que encontró por encima de los amplis (no diremos nada de su actual estado de forma), con ese timbre aguardentoso que gasta, a medio camino entre el de Rolf Kasparek y el de Chris Boltendahl, y ese conglomerado musical nieto de Venom, y la banda en general (trío) fue de menos a más, ejecutando ese Heavy/Doom de pasajes progresivos a la perfección, para deleite tanto del respetable como del resto de bandas, que se amontonaban entre bambalinas para presenciar in situ a los ya considerados unos clásicos del género. Gran actuación in crescendo y aproximación a las barras, que había que rellenar líquidos para afrontar la recta final con garantías.

Lo de MONSTER MAGNET era una asignatura pendiente desde hacía tiempo, y qué mejor momento que pillar a Dave Wyndorf en un buen momento, valga la redundancia. Mindfucker los ha devuelto a primera línea de nuevo, otro gran disco de corte Hard Rock clásico, muy en la onda Powertrip / Monolithic Baby, sin renunciar a ese toque Stoner de siempre, aunque ya muy lejos de esas primeras andanadas lisérgicas de los comienzos.

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Es evidente que Wyndorf acapara todas las miradas desde el principio hasta el final del concierto, es su banda y esto va por delante ya de entrada; poco importa que apenas si extraiga un par de notas de su SG por tema cuando se le ve en forma de nuevo, no para de arengar al público brazos en alto, su voz está en óptimas condiciones otra vez y la banda acompaña como procede (sobre todo Phil Caivano, que hace las veces de guitar hero). Con todo esto y un par de chupitos de Fireball en el cuerpo nada puede salir mal! Si además el show comienza con “Dopes To Infinity” y el sonido es el esperado, el orgasmo es asegurado.

Los temas de Mindfucker empastan perfectamente con el resto, y da la sensación por momentos de que suene lo que suene lo vamos a aceptar de buen agrado. La banda suena compacta y potente, su entrega es total y la nuestra por ende también. “Soul”, “Mindfucker” y “Radiation Day” me gustan especialmente, y “Space Lord” la aprovecho para ir a por el último mini de cebada, que utilizamos para regar el festero “Ejection”, “End Of Time” y el indispensable “Powertrip”, todo un himno generacional de un disco que simplemente hizo historia.

Por poner algún pero, nos faltaron temas de Monolithic Baby y algún corte más de Powertrip, sobre todo en los bises, pero ya se sabe cómo va esto, siempre falta algo para alguien en algún momento. Por lo demás, todo fueron pros. Asignatura aprobada con nota, y una alegría enorme de ver al bueno de Dave otra vez saludable y haciendo bolazos, que es lo que toca y mejor sabe hacer.

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Y cuando todo parecía abocado a ir cuesta abajo, la banda de Tatsu Mikami lo puso todo de nuevo patas arriba con su Doom/Stoner heredero directo de Black Sabbath y Pentagram. Con ese sonido retrotal y esas letras de asesinos en serie a lo “Ted Bundy” o “Charles Manson”, la banda japonesa nos insufló el último halo de la noche en formato mórbido, acabando con un bis improvisado a petición del personal (si no recuerdo mal fue el único de la noche). Un broche perfecto para un festi pluscuamperfecto, ya estamos deseando repetir en la próxima edición de 2019. Baroness, Mastodon, Kylessa, Witchcraft, At The Gates, Trouble, una reunión de los míticos Cathedral… organización, hacedme feliz!

Bubbath

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Arcade Fire – Wizink Center (Madrid), martes 24 de abril de 2018

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Pocas noches quedan retenidas en las mentes adultas (que no maduras) con bagaje (las que escurrimos la basura con distinta intermitencia). Por ello, si al cabo de unos días y digerido el efecto “todo ya” del consumismo informativo inmediato de corto alcance, la emoción del recuerdo se acrecienta y firmarías una excedencia para completar el tour con tal de repetir en bucle, puedes considerarte afortunado.

Los paralelismos entre los U2 de “Pop” y sus apadrinados Arcade Fire en la actualidad son sutiles y a diferente escala (sin limones, se sobreentiende). No me refiero sólo a que su última entrega comparta con aquél el exceso de autocomplacencia y el consiguiente levantamiento de ampollas (primer bache en un currículum impoluto). Como Bono antaño, Regine Chassagne, ataviada cual púgil encapuchado, se dirige hacia el cuadrilátero central junto a sus compañeros entre el gentío de pista, con presentación de speaker incluida e imágenes de cada miembro en las pantallas que coronan el escenario. La reacción hacia “Everything now” en el arranque se difumina según transcurre, pero rápidamente tiran de épica con “Rebellion (Lies)” para recuperar el pulso y vaciar pulmones en el primer corte que cae de “Funeral”. Toca vuelta al tono pachanguero-caribeño de “Here comes the night time”, que pasa un tanto desapercibida, aunque de nuevo recurren a su manual de insalvables para aunar en una sola voz a todo el Wizink,  con una “No cars go” a la que varían su tempo natural con alguna marcha de más y que supone el único recuerdo a su primer EP. Regine toma las riendas en “Electric blue” y, pese a que sube un par de notas por encima de la versión de estudio sonando a una especie de Alvin y las ardillas, deja en buen lugar el toque discotequero a lo Bee Gees/Abba de la última hornada; algo que no ocurre con “Put your money on me”, de la que sólo destaca el vídeo de acompañamiento, lleno de anuncios chorras (los mismos que emiten antes de comenzar el show), y su mensaje de sorna a la absurda compra compulsiva al alcance de un click que nos rodea.

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Hasta aquí, el curso de los acontecimientos es correcto, aunque los exclusivistas tienen un punto a su favor jugando con el argumento de que han travestido su esencia de directo sin artificios y puramente musical a favor de un frío espectáculo visual milimetrado. Sigue impactando ver a una decena de tipos encima de las tablas que combinan y se intercambian los instrumentos acostumbrados con mandolinas, acordeones, tambores, piano, etcétera, donde Win Butler se permite ir de la guinda que desee (ese sombrero que luce durante la primera parte le da un aire a Pete Doherty, acicalado y bien nutrido, eso sí) y el entretenimiento  recae en la hiperactividad común y la locura de su hermano Will, pero pesa el haber dejado escapar la entrada para Razzmatazz en julio de 2016, acontecimiento histórico a la vista del estatus alcanzado y del conciertazo que dieron (por una vez me remito a las pruebas que rondan la red). Nada más lejos.

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“Neon bible” y “My body is a cage” oxigenan el ambiente y dan un pequeño respiro al show para conducirnos sin regreso hacia un clímax final que no se presagia. “Keep the car running” enciende de nuevo los coros de la grada y “(Antichrist televisión blues)” cierra en modo folk la representación del disco bíblico y el apartado de sorpresas en el repertorio, de modo que reservo la nickcaveniana “Ocean of noise” para una lista de deseos futura. Entre “Neighborhood #1 (Tunnels)” y “Neighborhood #3 (Power out)”, interpretadas con una intensidad que pocos grandes firman a día de hoy y a pesar de que Win muta las estrofas en un discurso para esquivar las notas altas, tocan por orden la sección de “The suburbs” y de “Reflektor”. De la primera, en formato siamés obligado la homónima (impecable, de no llorar por vergüenza) y “Ready to start” (insurrecta y posiblemente la más rockera del set) desembocan en “Sprawl II (Mountains beyond mountains)”, con las bolas de espejos iluminando el pabellón y Regine soberbia a la voz (ahora sí). De la segunda, se marcan un mini show dance que transforma aquello en una fiesta, con Regine bailando junto a las primeras filas, de la mano de “Reflektor” (recuerdo efímero en imágenes a Bowie, otro de sus valedores)  y “Afterlife”. Después, sorprendente “Creature comfort”, potente en el cara a cara y cuya línea de bajo dibuja similar a la de Clayton en “Mofo” (vuelta a los irlandeses). Carne de directo, se destapó como la mejor superviviente para giras venideras.

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La delicada “We don’t deserve love” inaugura los bises. Aunque creo que es la única del álbum que no naufraga al lado de sus precursoras, resulta demasiado intimista y hace las veces de “If you wear that velvet dress” (ambas, delicatessen destinadas al cajón). Los miembros de la Preservation Hall Jazz Band, que momentos antes han amenizado la velada, toman el escenario (que da poco más de sí por la cantidad de músicos que alberga) para dar color al reprise de “Everything now” y que rápidamente enlazan con el “Wake up” más largo y catártico que con toda seguridad llegue a vivir en primera persona. No requiere de aditivos en crudo, pero con el aderezo de la jazz band, la comunión absoluta audiencia-grupo a estas alturas y la salida triunfal abriéndose paso entre la multitud, el himno se eterniza al coro de trece mil y pico gargantas pletóricas que no se cansan. Quince minutos inolvidables.

Luego, la comidilla mediática del miércoles, convirtieron los aledaños del Palacio en una improvisada charanga por las calles de Nueva Orleans. Capaces de transportarnos a idénticas sensaciones en recintos de cualquier dimensión, continúan firmes por el carril de adelantamiento pese a quien pese y trabajo de promoción que toque. Al hilo del párrafo de arranque, va a ser cierto lo de “now that I’m older / my heart’s colder /and I can see that is a lie”.

J. A. Puerta