GARAGE SOUND FESTIVAL 2018 – Auditorio Miguel Ríos, Rivas (Madrid), viernes 8 y sábado 9 de junio de 2018

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Tras saber la misma semana que este humilde (y puñetero) medio estaba acreditado para cubrir by the grace of god el Festival más motorizado del año, a pesar de que en un principio sólo íbamos a asistir a la jornada del sábado por motivos económico-prácticos, árduos y veloces nos dispusimos al cambio de planes (y trenes) de última hora para poder asistir también a la jornada del viernes, no sin antes cumplir con nuestras respectivas jornadas laborales. Que no se diga.

Viernes 8

De esta forma, mi colega en mil batallas J. A. Puerta y servidor nos plantábamos en el recinto con la actuación de los ya semi-clásicos suecos HARDCORE SUPERSTAR a punto de concluir, si bien nos dio para apreciar sus buenas formas Sleazy, a medio camino entre los Mötley Crüe de “Dr. Feelgood” y los Poison de “Look What The Cat Dragged In”, pasados eso sí por un tunel de lavado visual más propio de coetáneos suyos como Hellacopters o Backyard Babies que de los mencionados reyes del Glam Rock de mitad de los 80. Actitud encima de las tablas, Rock & Roll en estado puro y un sonido que ya se presagiaba algo falto de… algo, valga la redundancia.

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En el descanso, y como ya se apuntaba en la programación, tuvimos una espectacular demotración de saltos de Motocross Free Style o FMX, con el catalán Marc Pinyol a la cabeza. Como bien comentó el speaker, la cosa empezó suave, ya que los pilotos no habían tenido apenas tiempo de entrar en pista, pero una vez calentaron como es debido pudimos disfrutar de auténticos saltos acrobáticos sobrevolando nuestras cabezas. Top-all.

Tras una vuelta de reconocimiento por la zona, donde podías ver desde Mustangs clásicos hasta cabinas de camión, pasando por todo-terrenos o motos de alta cilindrada, así como el inevitable tenderete de discos (al final se nos quedaron los singles de Rosalie y Fool For Your Loving, cachis) y numerosas barras para adquirir bebida (no así comida, para lo que únicamente había una única barra y cola, que más bien parecía un embudo al que mejor llegar sin hambre), nos dispusimos a engullir el criollo más deprisa de lo normal para poder presenciar íntegramente la actuación de los angelinos BUCKCHERRY.

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Y de postre decepción. Y gorda. En honor a la verdad, aparte del debut homónimo de la banda allá por 1999 y de su exitoso single “Lit Up”, con uno de los estribillos más explícitos de la época (sí, aquel I love the cocaine, I love the cocaine, que era lo que todos los grupos del palo pensaban y sólo uno se atrevió a pronunciar), poco o más bien nada supimos más de la banda del hiper-tatuado Josh Todd. Con todo y con eso, había ganas de ver el estado de forma de la misma, y el chasco fue de los que marcan época. Ni el mencionado “Lit Up”, ni un desafortunado medley con “Crazy Bitch”, “Jungle Fever” y “Proud Mary” (¿tenían que destrozarla?), que ni las Nancys Rubias habrían hecho peor, ni un fin de ‘fiesta’ con el clásico “Roadhouse Blues” arrastrado por los suelos (si Jimbo levantara la cabeza… o el mismo Astbury sin levantarla del sofá, si me apuras) salvaron la actuación de la quema, con una banda sonando floja y sin fuelle (de esto no tuvieron del todo la culpa), y con un Todd que a duras penas si acertó un par de notas en todo el concierto (de esto sí la tuvieron, sobre todo (br)uno). Pero en fin, c’est la vie. Siempre recordaré a este grupo porque le regalé su primer disco a mi mejor colega, en paz descanse (él y por ende el grupo).

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Chupitos de cata de Johnny Walker Black Label por aquí y DJ’s obsesionados con Tobias Forge por allá (sin duda de lo mejor del festival, hasta que se le ocurrió pinchar BABYMETAL y pinchó, además en hueso) nos condujeron sin más dilación a lo mejor de la jornada con diferencia, la actuación de los canadienses DANKO JONES. A pesar de que el sonido siguió adoleciendo de la nitidez y potencia mínimamente exigibles en este tipo de citas, la banda del guitarrista / vocalista de mismo nombre descargó su set como procedía, con entrega, tablas y un feedback con el respetable digno de elogio (sí, todavía se ve en la obligación de hacer la puta broma en España de su apellido, como si se tratara de BENITO KAMELAS o cualquier otra costrada al uso). Danko no paró de destripar riffs con su SG blanca y de moverse por el escenario como pez en el agua, interactuando constantemente con el público para que no se durmiera, algo difícil de conseguir a priori tras el transilium en vena que nos chutó el bueno de Todd, pero que doy fe que consiguió con creces. Con “Lovercall” nos vinimos todos arriba y así seguimos hasta el final. Notable actuación con todos los contras de cara (jornada laboral, altas horas de la mañana, sonido mejorable y actuación previa lamentable) que nos dejó sentados de culo.

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Y con esto y un bizcocho nos fuimos a reponer fuerzas para la jornada del sábado, que se prometía larga y sobre todo dura.

Sábado 9

Tras un acceso al segundo día de festival algo accidentado (que si sobran entradas, que si no, que si los niños no pagan, que si a lo mejor…) nos topamos ya en la puerta con el gran Nicke Andersson (Nick Royale para los amigos), algo que le alegra a uno definitivamente el día. Tras una merecida vuelta de re-reconocimiento con nuestros nuevos compañeros de fatigas (hail to Rachel, David, Saints In Hell and Sinner After Sin!), en la que pudimos disfrutar de unas vueltas al circuito de las futuras promesas junior, tanto de Motocross como de Velocidad (algun@s eran realmente pequeñ@s, rondando los 6 años de edad), nos dispusimos a recoger los primeros minis de cebada para soliviantar el incipiente calor y a escoger sitio para presenciar nuestra primera actuación del día, que no la de la jornada (disculpen ustedes la omisión de la información, pero también comemos y de vez en cuando descansamos).

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No conocía de DEWOLFF nada más allá del nombre, lo típico de verlo en revistas, flyers y demás, pero bastaron unos breves acordes para que los neófitos en el grupo como yo de por allí nos plantásemos seriamente a ver la actuación de los holandeses (o como diablos se llamen ahora la gente de los Países Bajos). Su estilo, a medio camino entre el Southern Rock de clásicos como Lynyrd Skynyrd o Allman Brothers y la psicodelia Hard-Rockera de grandes como Led Zeppelin, Black Sabbath o Uriah Heep, en esa franja horaria de café-copa-y-puro nos entró de maravilla, y tema a tema nos fueron ganando hasta el punto de ser ovacionados por todo el personal (para servidor desde luego fueron los grandes triunfadores del festival). Tres tíos bastaron para animar el cotarro, Pablo y Luka van de Poel, hermanos y guitarra/voz y batería, respectivamente, y el teclista Robin Piso, que con su Hammond arropó hasta en las frecuencias bajas sorprendentemente (aunque esté feo decirlo, en esta ocasión ni tan siquiera echamos de menos la labor del bajo). Pasajes de Blues-Rock psicodélico perfectamente engrasado, coordinación espectacular y niveles incluso de virtuosismo fue lo que nos ofreció el combo holandés, algo que a duras penas os podemos trasladar en unas pocas palabras, y que desde luego toca vivir en directo, en este caso con mayor motivo. Si quieres hacerte una idea de lo que presenciamos los pocos agraciados que vimos su actuación, te recomiendo encarecidamente que te hagas con su reciente “Thrust”, pero ya te digo que lo mejor es que te los eches a la oreja en vivo.

Bubbath

Haberlos visto en 2012. Vaya por delante que considero a GRAVEYARD una de las mejores bandas de Rock – Hard Rock de los últimos diez años, pero tal vez por eso creo que el nivel que mostraron en el festival estuvo muy por debajo de sus posibilidades, habida cuenta de los conciertos que no hace tanto se marcaban. Es cierto que el sonido desde la posición en la que me encontraba era malo -ni la voz ni la guitarra de Joakim se escuchaban decentemente-, lo cual no ayudó, y que tampoco lo hizo parte del público, más preocupado en comentar la jugada que del propio concierto (castigo bíblico se queda corto para definir el intentar disfrutar de un concierto pero escuchar más a los de al lado que a la propia banda). Y si el contexto no era propicio, lamentablemente la banda no supo revertir la situación en gran parte del concierto, ya que comenzaron aparentemente bastante desganados, sin la intensidad que desprendían unos años atrás; si bien hay que ser justos y poco a poco mejoraron para terminar haciendo un concierto, simplemente, correcto.

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Y es que es muy difícil que esta gente, con el nivel que tienen, hagan conciertos malos, pero creo que si quieren dar un paso adelante para recuperar el tiempo perdido tras su parón de hace un par de años (y tienen papeletas para poder llegar a romperlo definitivamente: calidad, temazos, y sobre todo, camaleónica capacidad musical para llegar a un público muy amplio) deben recuperar la intensidad perdida, pues ya me dieron una impresión similar hace unos meses en Madrid (noviembre de 2017). Joakim -por centrarme en el que es el líder indiscutible de la banda, para bien y para mal- sigue lejos de su mejor nivel vocal, aunque es cierto que mejoró lo visto en el mencionado concierto madrileño, donde al menos la primera mitad del show estaba directamente para cantar en los actuales Whitesnake.

En cuanto al repertorio, dieron casi la misma cancha al último disco que a su celebrado Hisingen Blues (destacando para mi gusto “Bird Of Paradise” del primero a pesar de no escuchar casi la voz del bajista -regla general de todo el festival, los problemas en las voces- y la ya clásica “The Siren” del segundo) pasando por el Lights Out con las habituales que suelen tocar de éste (una pena que obvien las que para mí son las mejores, “20/20” y “Fool In The End”) y un par de guiños al Innocence And Decadence, quedando algo deslucida por los factores arriba comentados ese temazo lleno de sensibilidad llamado “Too Much Is Not Enough”. Del primero, por desgracia, mus.

En resumen: bien, pero se esperaba mucho, mucho más.

Sin After Sinner

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BLACK STAR RIDERS merecían haber encabezado la jornada del viernes. A cambio, tocó conformarse con una visita que supo a merienda escasa aunque deliciosa. Primera cita desde que finiquitaran gira americana con Saxon y Judas Priest, Warwick salió a por sangre, la misma que no se había olido en el festival ni encima ni debajo de las tablas, y logró contagiar esa energía en las obligadas versiones de “Jailbreak” y “The Boys Are Back In Town” (primer momento Rock FM de la velada). En este formato se pierden la solemnidad y profundidad que les vimos en Apolo allá por 2011, pero es curioso que Ricky acometa los cortes de Lizzy con más fuerza y convicción que los de cosecha propia, como si Lynott lo observase desde lo alto vigilante de su legado. Unido a la idolatría que salta a la vista siente por Gorham, nadie podrá achacarles falta de honestidad. Cayó una selección justa de “All Hell Breaks Loose” y “The Killer Instinct” e insuficiente de “Heavy Fire” (tema título y basta), uno de los discos de 2017. A excepción del sonido, deficiente para no variar la tónica general (las guitarras dobladas sonaron en nuestra imaginación), me quedo con media hora vespertina de Scott Gorham luciendo clase a hora y pico insufrible de torso tatuado de Josh Todd.

J. A. Puerta

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Definitivamente GLENN HUGHES no es humano, lo tengo claro. Que a sus 66 castañas se pegue un repaso al repertorio de Deep Purple como si fuera 1975 tiene delito, máxime si además les pega un repaso al resto de bandas del festival (con permiso de DEWOLFF y lo que les permitieron a BLACK STAR RIDERS, para el que suscribe). En esta ocasión no venía acompañado de sus ya clásicos BLACK COUNTRY COMMUNION, sino de una banda joven que le acompaña como procede para el CLASSIC DEEP PURPLE LIVE (el batería llevaba literalmente dos bolos con la banda, y lo clavó), set especial que se ha permitido como homenaje a los ya desaparecidos Jon Lord y Tommy Bolin, y por qué no, para sacarnos a los fans algunos cuartos (y oye, con mucho gusto). Con todo y con esto, si el sonido acompaña (de lo mejorcito del festival, siempre enmarcado entre lo indecente y lo meramente correcto) y la gente lo añora, un set-list como el que sigue hace el resto:

Stormbringer

Might Just Take Your Life

Sail Away

Mistreated

You Fool No One

Smoke On The Water / Georgia On My Mind

Highway Star

Burn

No había cotilleado el repertorio a priori, de hecho a día de hoy no suelo hacerlo ya nunca, e incluso rara vez repaso los discos antes del concierto del artista (en ambos casos implica cargarte el factor sorpresa del show, sobre todo en el primero), y gracias a ello disfruté como un enano de la descarga del tío Glenn, dejándonos la vida en cada copla como merecía la ocasión. Concierto de los que hacen afición, si no llega a ser por el coitus interruptus nos habríamos corrido de gusto.

Bubbath

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Lo de GUN es una pena. Tanta ida y venida de personal, Alex Dickson incluido, aquel que fuese escudero de Dickinson en “Skunkworks”, ha acabado con el fundador Dante Gizzi como cantante y cara visible de los escoceses, cuando calzar esas botas le viene claramente grande. Rememorar “Steal Your Fire”, “Better Days”, “Welcome To The Real World” O “Don’t Say It’s Over” en boca del otrora bajista del combo, con vestimenta y ademanes propios de un cantante de karaoke (y dejémoslo ahí), fue más un ejercicio de nostalgia que otra cosa y encomendarse a “Taking On The World” Y “Word Up” (ni el mínimo resquicio de rabia y lascivia, por orden), un acto de fe. Incluso pudiendo apoyarse en los cortes de su última obra, “Favourite Pleasures”, optaron por incluir una solitaria “She Knows” al inicio y esquivar su presente. Los pecados de juventud no se redimieron esta vez, por lo que continuaré recordando aquel accidentado concierto en el Monsters of Rock de Las Ventas de 1992 como la oportunidad perdida.

J. A. Puerta

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Y lo que pudo haber sido una de las mejores descargas del festi, la de los suecos IMPERIAL STATE ELECTRIC, se quedó en un quiero y no puedo por causas ajenas a su voluntad. Guitarras saturadas, voces inaudibles, a altas horas de la mañana y tras dos días de festival a cuestas pesaron demasiado, y ni el Nicke más activo pudo hacer frente a todo eso. “Deja Vu”, “A Holiday From My Vacation” o “Just Let Me Know” se atisbaron entre la debacle sonora (creo que fue el grupo que peor sonó, con diferencia), pero la suerte estaba echada y disfrutamos como pudimos de lo que pudimos. Unos últimos chupitos de José Cuervo intentaron tapar las carencias (lo del sonido y lo de agotarse el Jack Daniel’s antes de hora), pero el daño ya estaba hecho. En cualquier caso un hurra por el bueno de Nick, sus descargas pasadas con Hellacopters e incluso Imperial State Electric fueron memorables, y nada de esto empaña aquellos gratos e irreemplazables recuerdos.

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Y esto fue lo que dio de sí para este pequeño grupo de forajidos el GARAGE SOUND FESTIVAL 2018 en su segunda edición, un encuentro mejorable en lo técnico (sonido, avituallamiento comestible) pero insuperable en lo humano, donde nuevamente vivimos momentos irrepetibles y por los que merece la pena hacer esfuerzos en determinados momentos e incluso pasar clamurias. Rivas, nos venom el año que viene. Anthrax pronto!

Bubbath

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