MAD COOL FESTIVAL 2018 – Recinto Ferial IFEMA Valdebebas (Madrid), jueves 12, viernes 13 y sábado 14 de julio de 2018

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Jueves 12

Voy a empezar esta reseña de una forma algo distinta a lo que normalmente hago, y lo haré en plan editorial; sí, como los diarios o los noticieros. Lo que vivimos en persona tanto yo como mi compañero J. A. Puerta, exactamente el jueves, es para reflexionar muy seriamente. Un festival de música no es llenarlo de un cartel de grupazos y gastarse un dineral en ellos; el acondicionamiento del terreno, tanto para que el grupo toque en unas buenas condiciones – cosa que pasó, ya que lo mejor del Mad Cool fue el sonido de los shows – y, lo más importante, que los que pagamos – y no poco por el abono – estemos cómodos para poder ver a esos grandes grupos.

La cosa se nos complicó ya en los aledaños del recinto con un gran atasco, que nos costó una barbaridad aparcar el coche; la poca señalización e información por parte de unos operarios con identificación algo confusa, donde algunos parecían que habían salido de un garito de Argüelles de empalme. Ahí teníamos dudas de si nos iban a cuidar el coche o teníamos que llegar a casa como los Picapiedra porque nos encontraríamos al vehículo sin ruedas. Al dejar el coche nos fuimos adentro, pero para nuestra sorpresa había ya una parroquia de gente esperando ante un puesto que parecía de control. El tiempo pasaba y la gente se ponía a caldearse y no sólo por el calorcito que hacía, un julio seis de la tarde en los madriles; algunos llevaban una horita esperando sin que los de seguridad les dieran una explicación. Gritos de ‘fuera’, ‘ladrones’, ‘hijos de puta’ y otro vocabulario digno del repertorio de Reverte era lo que estaba oyendo, en vez de a los Toundra, que era unos de los primeros grupos que quería escuchar en esta jornada. Como anécdota, un tío con una camiseta amarilla del “Don´t break the oath” me alegró la espera entre el numeroso grupo de gente que estábamos esperando. El tiempo seguía pasando, la gente se encendía, cosas de la calor – ya sabéis -, las vallas de protección fuera y al suelo; gente colándose y corriendo hacia la supuesta entrada del festi, la policía detrás de ellos, esto parecía un video de los Rage Against the machine, la cosa se ponía más negra que el sobaco de Mbappé. Nosotros, al ver el percal, buscamos otra alternativa y otra entrada algo menos caótica. En el camino había gente llorando, con ataques de ansiedad, acojonada y con miedo de lo que acababa de ver; yo pensando – ¿dónde coño estoy, en un festival o un escape room? -. Llegamos a una entrada principal donde pudimos avanzar poco a poco. Al final, entramos después de más de 2 horas de zozobra.

Yo, como amante de la música – que no es que sepa, ojo -, pongo el grito en el cielo o la mayúscula en las redes sobre esto. Jode mucho que para ver un grupo que me encanta tenga que pasar por el aro de los festis, aunque esto ya es otro tema, pero ya que se va, al menos estar a gusto y, sobre todo, seguro. Lo del jueves del Mad Cool ha sido de las jornadas más chungas que he vivido en un evento musical y mucho, mucho, tiene que mejorar para 2019. Primero, el accidente del malabarista del año pasado y este año, esto. No sé quién narices lleva el timón del barco, pero esto huele a Titanic por todos lados si no toman medidas.

Saints In Hell

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Comenzar esta crónica hablando del cúmulo de problemas organizativos que rodearon especialmente el arranque del festival sería redundante. Tan sólo me limitaré a confirmar la hora de espera del acceso al parking oficial, lo cual era de prever (hablamos de Madrid, de un evento celebrado en día laborable y de una zona ya de por sí saturada a diario por servir de recinto ferial y ubicar sedes de unas cuantas multinacionales), y las dos adicionales de entrada que son vox populi. A Toundra los daba por perdidos (entre la logística y el horario infantil con el que les tocó lidiar, era misión imposible) y a Porches por incompatibles (los exclusivistas sabrán disculpar nuestra filosofía de rebaño), de modo que el único descarte inesperado fue el de TAME IMPALA. No obstante, se trató de un descarte parcial – más concretamente, visual – ya que pudimos escuchar a Kevin Parker y los suyos con una nitidez sorprendente durante el tiempo que nos llevó hacernos con un bocado que apaciguara nuestros estómagos durante las siguientes cuatro horas y conseguir un hueco en la periferia del anillo VIP de cara al plato fuerte del jueves. Interpretaron la mitad de “Currents” con absoluta precisión, por lo que saciaron el hambre y la curiosidad de catar en su gira “Let it happen”, “Yes I’m changing”, “Nangs” o “Eventually”, aun en tiempo de descuento.

La inquietud provocada por el estado de la garganta de Vedder después del susto en Londres semanas antes quedó acallada tan pronto comenzó a entonar “Release”, que, sin apenas percatarnos, acabó con todo el mundo vaciando sus pulmones en el crescendo final. El reloj no pasaba de los cinco minutos y PEARL JAM habían logrado ponernos los pelos de punta, agarrarnos al inseparable compañero de fatigas y dedicar el primer recuerdo para quien (los de) Seattle siempre ha(n) tenido un significado más hondo de lo estrictamente musical. Sin respiro ni aliento para cazar la primera estrofa, “Elderly woman behind the counter in a small town” fue como un viaje veinticuatro años atrás, subido en un tren destino a cualquier lugar lejos del pueblo que te vio crecer mientras tarareabas ‘hearts and thoughts they fade, fade away…’ y “Vs.” se convertía de repente en el disco que daba sentido a otro pedazo de tu vida. Tanta emoción agolpada respondía a varias razones: las expectativas positivas creadas por las críticas del concierto de Barcelona de hacía cuarenta y ocho horas; el largo lapso que los separaba de venidas previas a la capital y la expectación correspondiente, tal como ocurrió con Foo Fighters en la edición del año pasado; y la presencia de una nueva generación que tenía delante de sus ojos a unas leyendas vivas del estereotipado grunge (aquí es donde reluce el morbo de que Eddie no haya seguido la suerte de los malogrados Cobain, Staley, Weiland y Cornell) y que ni siquiera había nacido cuando “Ten” vio la luz. “Given to fly” trajo los aires estivales de la zeppeliana “Going to California” y “Lukin”, un minuto de rabia fugaz condensada y el recordatorio de la aleatoriedad de repertorio por la que se distinguen. Vienen permutando constantemente la mitad de aquél (de un mínimo de dos horas y veintipico temas, ojo!), donde hay cabida para material de toda clase: propio, versiones y aventuras en solitario. Por ello, que rescaten la delicadeza de “Just breathe”, nos hagan partícipes de “Lightning bolt” con la homónima y “Sirens” o sacudan el polvo de la estantería de caras-b con “State of love and trust” es un placer y rara avis dentro de su estatus. Podré quejarme de quedarme sin “Brain of J”, “Love boat captain” o “The fixer”, pero tenían idéntica probabilidad (las han interpretado a lo largo del tour, de hecho). Con Iron Maiden ese mismo sábado en el Metropolitano o hace quince años en otro lugar del planeta simplemente no hubiese ocurrido.

Lógicamente fue Vedder quien acaparó las miradas. Consciente de ello, exageró su colección de muecas y poses: el parpadeo incesante entre incrédulo e indignado, los ojos cerrados encomendándose al infinito, la sonrisa cómplice con su público, el pavoneo de amistades cinematográficas (Bardem y Tosar) y recitales de notas en castellano balbuceante (viva el vino!), el paseo triunfal entre las vallas frontales o el abrazo pretendidamente sincero y redentor con el fan que le extendió sus brazos. Ament y McCready se ocuparon de animar el lado izquierdo con actitud desenfadada; el segundo mostró sus respetos a Eddie Van Halen con un “Eruption” muy fiel (un par de semanas antes en Roma hizo las veces de Ace Frehley interpretando “Black diamond” de Kiss junto a Cameron en el papel de Peter Criss). En el derecho, a Stone Gossard se le notó acusar más el efecto de la edad. Detrás, Matt Cameron empujaba al resto con su estilo efectivo-ortopédico (¿se encorva alguna vez?) y ponía el toque nostálgico (éste, silencioso y exento de morbo) ante la ahora eterna ausencia de Soundgarden.

Más allá de los momentos épicos (inolvidables “Jeremy”, “Alive” y “Black”, aunque esta última te sorprenda reponiendo líquidos en la barra y acabes chocando manos en el estribillo con el espontáneo de turno), los escarceos rockeros (alargaron “Porch” en una jam clásica que nos cogió desprevenidos), la falta de una excusa promocional (“Can’t deny me” fue la avanzadilla de un nuevo disco que no llega) y la calidad del visionado a través de las pantallas laterales (estilo retro en blanco y negro y definición perfecta, parecía la emisión de un DVD oficial en streaming), el grupo se encuentra claramente en estado de gracia. De no ser por la descarga de Reznor & Co., se hubiesen despedido de Madrid con “Rockin’ in the free world” como triunfadores.

Del poso de sobriedad, trascendencia y madurez que dejaron Pearl Jam al puro hedonismo Gallagher, KASABIAN congregaron a miles de compatriotas con ganas de fiesta y hits, algo de lo que los británicos andan sobrados. En un ambiente juvenil plagado de camisetas del Leicester F.C. y regado por las cervezas que sobrevolaban (y aterrizaban sobre) nuestras cabezas, Meighan y Pizzorno se erigieron en maestros de ceremonias de un show muy compensado, donde sólo “Velociraptor!” no encontró espacio. Aparcaron en el guardarropa sus habituales estilismos estrafalarios (el del último festival de la Isla de Wight no tiene precio) y desplegaron todo su arsenal: el pop factoría Blur de “Empire” y el Dinarama en modo british siglo XXI de “You’re in love with a psycho” (hasta el título llega el parecido); el rock surfero-facilón a lo Ramones de “Bless this acid house” y el catártico a lo Doors de “Fire”; la psicodelia de “Vlad the impaler”; la electrónica de “Treat” (donde Serge se pone a los mandos con su dance extravagante); y el karaoke hímnico-fraternal de “eez-eh” o “Comeback kid”. Concisos, ya que en formato plegado se vieron obligados a dejar en el tintero números como “Re-wired”, “Days are forgotten” o “Shoot the runner”, cumplieron correctamente con el guión previsto, el cual los relegaba a segundones circunstancialmente esa noche.

J. A. Puerta

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Viernes 13

La prensa se hizo eco del caos del jueves, las redes sociales fueron un bombardeo constante de críticas e indignación. No era para menos. Lo que pasó ayer fue algo muy serio como hemos comentado anteriormente. Encima “viernes 13”, si la cosa no mejoraba, esto podía convertirse en la famosa saga Slasher del colega Jason. Eso me hizo que “madrugara” para entrar. Al salir del metro de Feria de Madrid ya había una cola considerable; más de uno pensó como yo. Afortunadamente la entrada fue más controlada y tardé poco tiempo en pasar al recinto principal. Aproveché la tranquilidad para verlo más cómodamente y sin agobios. Incluso había una zona de fuentes de agua de las que podías beber gratis cerca de una barra (!!).

REAL STATE

Comencé la jornada con los de New Jersey: rock indie bastante tranquilo, luminoso y adecuado para empezar el día con calma. Contentos de venir a España, según oí, era la primera vez que pisaban nuestro país. Tocaron a lo largo de una hora un set donde el protagonista principal fue su último trabajo, “In mind”, sacado el año pasado con temas como “Stained glass” o ”Same sun”. También nos obsequiaron con tres temas nuevos. Abandoné un poco la sobriedad para ver, para mí, a uno de los platos fuertes de la jornada.

AT THE DRIVE-IN

Cuando ves un pie de micro volando en el escenario, es muy buena señal. Y es que desde que empezó el primer tema del show, “Arcarsenal”, que abre el álbum “Relationship on Command”, Cedric Bixler-Zavala irrumpió en el escenario como el caballo de la portada del mismo disco: desbocado, hipermotivado y fuera de control. Esa energía contagió a un público que tenía muchas ganas de ver a los Del Paso ya que, debido a los proyectos paralelos que llevan entre ellos, verlos sobre las tablas no es algo muy usual y mucho menos por estos lares. El que no puso mucho entusiasmo es un Omar Rodríguez que estaba más en un plan de cumplir el expediente que disfrutar de la experiencia. ¿Nuevo disco de The Mars Volta a la vista? “In.ter a.li.a”, su nuevo disco en 17 años, tuvo presencia con 4 temas. Cerraron con la inevitable y celebérrima “One armed scissor”, donde ya el público empezó a darlo todo. Buen e intenso bolo.

MARMOZETS / GOAT GIRL /  MORGAN

Uno de los problemas de los festivales masivos, y que para mí en parte tiene cierto encanto y gracia, son los solapamientos entre tantos artistas debido a la magnitud y la diversidad que quiere ofrecer un evento de este calibre. A mitad de la tarde un servidor se hizo un triplete que ni en los tiempos de Guardiola. Ese trío tiene una cosa en común: tres féminas lideran y son los caracteres principales de dichas propuestas, tan diversas como atractivas. Vamos al lío:

Marmozets: Los de Bingley comenzaron con “Play”, enérgica propuesta guitarrera con retazos poperos de su nuevo disco “Knowing What You Know Now”, sacado este año y donde Becca Macintyre es la que lleva la batuta y el tempo en el escenario. La británica derrochaba carisma y unos registros muy variopintos, de los melódicos a sonidos más intensos, donde “Particle” es un buen ejemplo que puede reflejar el abanico de tonos que posee una front-woman y un grupo muy a tener en cuenta. Y luego tengo que oír que ahora no se hace música interesante… en fin. Abandoné el escenario “Madrid Radio Station” para ver otro grupo por el que tenía bastante curiosidad.

Goat Girl: Cambiamos de grupo, pero no de país. Las del sur de Londres, a pesar de su juventud, tienen un sonido con un aroma muy noventero, toques algo fronterizos en el sonido y la voz de Lottie, que parece ha viajado en el tiempo desde los 90 hasta ahora. La propuesta ha bajado de revoluciones con respecto al concierto anterior, pero temas como “Cracker droll” o “The man”, de su único trabajo llamado como la misma banda, son una buena propuesta country/alternativa/ punk.

Morgan: Todos los años se mete de rondón en nuestro país por parte de la prensa musical de corte indie o alternativo una nueva sensación. Morgan, junto con Rosalía, son los dos que tendrían el puesto de la revelación de 2018: la catalana Rosalía, modernizando el flamenco; los madrileños Morgan, llevando su sonido por tierra del country, el bluegrass y el soul. Carolina de Juan, piano en ristre y una voz de lo mejor que está pisando el circuito español en cuanto a grupos actuales, es la que lidera una banda que suena como un cañón. Es graciosa la emoción que llegó a tener Carolina a la hora de presentarse ante bastante público con ganas de ver a unas de las sensaciones de la música patria actual. Los canales estatales están radiando constantemente “Another road (Gettin´ ready)”, un tema con un toque muy discotequero setentas. Espero que les vaya bien y les vea otras veces en unas condiciones más cómodas. Son una bandaza y, además, de aquí.

JACK WHITE

No conecté para nada con uno de los platos principales del viernes y la actuación del ex-White Stripes me dejó muy indiferente. No es que hiciera mal concierto, mucha de su parroquia salió bastante contenta y el señor Jack estaba en el escenario receptivo, en el aspecto escénico competente y tiró bastante de clásicos. Ocho temas de White Stripes cayeron en el set list – ojo al dato -, cuando de su último y más reciente álbum “Boarding house reach” sólo estuvieron cuatro, obra que, por lo que he leído por ahí, ha tenido un veredicto bastante frío por parte de los fans del gringo. Aun así, no me entró, lo siento. Terminó con el mega hit “Seven nation army”, donde bailaron hasta las piedras del suelo. Hasta luego Lucas… digo, Jack.

ALICE IN CHAINS

Estaría algo feo que estuviera en dos festivales donde Arctic Monkeys han sido cabezas de cartel de relumbrón, tanto éste como el Primavera Sound, y no viera un mísero tema de una de las sensaciones de la música rock de esta década. Aunque recientemente ya vi un show de uno de los proyectos paralelos estrellas del alma mater de los monos, Alex Turner, como muchos sabéis, The Last Shadow Puppets, hice tiempo y vi dos temas: “Four out of five”, donde los Arctic siguen en territorios lounge y más calmados que los Shadow y que a la chavalada – la de gente joven que mueve esta banda es increíble – no le hace nada de gracia; y, acto seguido, arreglaron el desaguisado con “Brainstorm”, demostrando por que son ellos los que mandan en el cotarro el viernes. Me quedaría a verlos, pero tengo un deber con mi juventud.

Raudo y veloz me fui a coger sitio y presentar mis respetos a uno de los grupos que han sido y serán claves en la banda sonora de mi vida. Afortunadamente encontré un sitio cerca del escenario y vi el show relativamente cómodo. Empezaron con “Check my brain”, uno de los temazos del debut de William DuVall en la voz. Los temas de la etapa de DuVall han venido para quedarse y están en sintonía con los de la época de Layne. Acto seguido vino uno de los sorpresones de la noche, nada menos que “Again”, del disco de la portada del chucho. A pesar de que el sonido no era lo bueno que uno deseaba, disfruté mucho del momento. DuVall no estaba tan fino como la última vez que lo vi en la Razz 1 en la gira del “Black gives way to blue”, aunque Jerry Cantrell, con una vestimenta hippie algo rocambolesca, sí que dio la talla. Con “Them Bones” llegó la locura y el momento karaoke, donde un montón de gargantas gritábamos ´I feel so alone / Gonna end up a big ole pile a them bones´. Siguieron con el “Dirt” y nos fusilaron con la maravillosa “Dam that river” y volvieron a la actualidad con “Hollow”, otro de los temas insignia de la nueva etapa.

La dupla “Nutshell” y “No excuses” del maravilloso experimento acústico “Jar of flies” fue otra de las sorpresas de la noche y uno de los momentazos del concierto para mí. Cantrell cogió el rol protagonista del show, además de poner un poco de paz al asunto y demostrarnos a los fans que él ha sido y será la parte principal de los de Seattle.

La calma se desvaneció al sonar “We die young”, el temazo del “Facelift”. En la parte final del concierto volvieron a la etapa DuVall con otros dos clásicos como “Stone” y “Your decision”, presentaron un tema nuevo del próximo disco que van a sacar este año, que por lo que escuché no puedo hacer aún una valoración, y terminaron con la maravillosa dupla “Would?” y “Rooster”. Eso es un buen ejemplo de cómo acabar un concierto como los dioses.

Quería ir a ver a Massive Attack, pero había tanta gente que me entró una pereza brutal y di por terminada la jornada del viernes. Después me enteré de la espantada que dieron los británicos debido a que el sonido de Franz Ferdinand les molestaba y, según ellos, no podían actuar en condiciones. Los divos de la música, tan extravagantes y divertidos como ridículos…

Saints In Hell

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Sábado 14

La jornada del sábado comenzó temprano: en lo particular, por contar con margen para familiarizarme con el recinto y reconciliarme en cierta manera con el festival; en lo colectivo, por presenciar el concierto de los londinenses WOLF ALICE, la sensación de la temporada. Arropados por un gigante telón de fondo y apoyados en una parroquia que abarrotó la pista y traía la lección bien aprendida, jugaron sobre seguro. “Yuk foo”, “Don’t delete the kisses” o “Space & time” forman parte inevitable de la banda sonora del pasado 2017, sea por voluntad propia, de rebote o con embudo. “Visions of a life” los ha catapultado a las listas de mejores álbumes (Classic Rock UK) y a la cabecera de portadas (Q de este julio, sin ir más lejos). El cuarteto sonó como un tiro, incluso más convincente que en estudio, donde brillaron los claroscuros vocales de Ellie Rowsell, excepcional, y la energía del tándem Joff Oddie-Theo Ellis. Sin necesidad de desmelenarse, sabedores de que esas horas veraniegas no invitan a mucho más, demostraron un gran potencial. Solventes musicalmente, atractivos en la imagen y con tablas en la puesta en escena pese a su juventud, sigo pensando, sin embargo, que no acaban de cuajar temas redondos y tampoco logro disociarlos de una versión domesticada de la primera PJ Harvey. Decía Santos que quizá aún no hayan dado con la tecla. Tiempo al tiempo…

RAG’N’BONE MAN nos permitió disfrutar por fin de un concierto campando a nuestras anchas a escasos metros del escenario principal y nos transportó mentalmente por instantes al festival de jazz de San Sebastián (por citar alguno). Su registro soul lo acerca más al terreno de Gregory Porter que al del resto del cartel del Mad Cool, pero resultó tan genuino y sensible que es imposible buscar un pretexto de reproche por esos derroteros. Rory Graham saltó al escenario junto a su grupo, corista y sección de viento incluidos, como quien te recibe en su salón de estar sin arreglarse, taza de desayuno en mano, y nos ganó con su vozarrón, tan grande como su propietario. No importa que “Skin” supiese edulcorada en exceso o que se echase en falta una pizca de dinamismo; el toque de variedad se agradeció y descubrir alguna de las gemas que esconde “Human”, su único larga duración hasta la fecha, suma al haber de la cita. Ese cambio de tercio no obtuvo la misma respuesta con JACK JOHNSON, plano y monótono hasta en el semblante de tipo desenfadado y buenazo. No nos dormimos porque las espadas estaban en alto con la llegada del capo Homme en ciernes.

J. A. Puerta

QUEENS OF STONE AGE

Después de la triunfada de colarnos en zonas nobles de visionado sin tener la pulserita especial de marras en el concierto del orondo Rag´n´Bone, decidimos repetir la jugada con las huestes de Homme y así el Sr. Puerta y servidor volveríamos a mover el esqueleto en primeras filas como ya hicimos en el Primavera Sound de 2014 en Barcelona. Esta vez la cosa salió mal y fue como si nos diésemos un tiro en el pie. A lo largo del concierto hubo momentos de auténtica zozobra, pero lo voy a dejar para después. Como dirían los Aerosmith, “Let the music do the talking”.

En episodios anteriores, mientras intentábamos colarnos en la zona VIP, Joshua Homme, que había digievolucionado de Van Gaal a Donald Trump con su piel anaranjada y todo, ´what is fuckin’ going on in this country?´, arrancó la velada con “If I had a tail” y “My god is the sun”, temas de su disco anterior que los han abierto a un mercado más indie, milennial y popero y más enfocados al Pitchfork, Mojo e internet media que a la Classic Rock. Tengo que reconocer que, aunque en un principio recibí con cierto escepticismo ese cambio de sonido, ahora me está gustando bastante. “Feet don´t fail me” y la bailonga “The way you used to do”, dos de los temas del trabajo de los de Palm Desert recién sacado del horno, fueron bien recibidos por el respetable; sobre todo el segundo, que es el primer single y se está radiando con bastante frecuencia, dándose a conocer a la comunidad melómana.

“You think I ain´t worth a dollar, but I feel like a millonaire” fue el comienzo de un follón bastante considerable; gente cansada de esperar e intentándose colar por las vallas, ciertos miembros de seguridad disuadiendo a la gente de una forma poco cívica (vi a uno de seguridad sacar a una chica casi literalmente de los pelos), un tío con un patinete colándose con éxito, muchos de nosotros en un pogo improvisado al son del tema que abre el “Songs for the deaf”… this is fucking rock and roll, dudes!! De ahí el discurso famoso de Josh de que nos dejaran entrar en la zona VIP, con el lema principal ´Let them in´ y todo el público coreando; ese es capaz de hacer una canción con ese título, si no tiempo al tiempo. Sea como fuere, el tema “Millonaire” es de los ases infalibles del repertorio de Queens y nunca falla. Además, la anécdota transcendió incluso en los noticieros del estado. Si habéis visto eso por la tele, Peto y yo estuvimos ahí, coleguis. El tema siguiente tampoco ayudó a calmar el ambiente, “No one knows” nada menos. La banda suena como un tiro, aunque no con la intensidad tan impresionante de cuando los vi en el Electric Weekend de Getafe en 2008; para mí, la mejor vez.

En la parte final volvieron a vendernos la nueva moto con “The evil has landed” y “Domesticated animals”, que se mezclaron con “Burn the witch”,”Go with the flow” y “Litlle sister,” temas titulares en el repertorio de los californianos. Homme estaba simpático y dicharachero y nos tenía en su bolsillo. Hubo dedicatorias para los grupos principales de la noche, Depeche Mode en “Make it with chu” y NIN en “A song for the dead”, que cerró un bolo tan ajetreado y polémico como excitante. Homme siempre entretiene.

DEPECHE MODE / NINE INCH NAILS

Después del concierto de Queens decidimos dejar los intentos de adentrarnos en zona VIP y buscamos otra forma más sencilla y cómoda de ver al grupazo de la sesión de la noche. Así que sacrificamos ver a todo unos padres del rock electrónico como son los Depeche Mode para meternos en una posición privilegiada y ver a Reznor y Robin Finck en primerísimo plano.

Desde la lejanía y la comodidad vimos a unos Depeche Mode que, a pesar de los años, son toda una garantía de éxito para hacer bailar y vibrar a un festival. Años de experiencia les avalan y el coqueteo con el rock que tanto le gusta a Martin Gore, que siempre ha sido un gran fan de rasgar la guitarra, se nota en su puesta en escena en directo, donde suenan muy rockeros. Siendo fiel a lo que hacen siempre, los shows de los británicos abren con un tema nuevo y esta vez le tocó a “Going backwards”, de su disco del año pasado “Spirit”. Gahan sigue siendo un gran cantante y sigue llenando el escenario a pesar de la edad que tiene. Mueve al público como quiere. Un ejemplo es en el tema “Never let me down”, cómo hace mover los brazos y las manos de un lado a otro a miles y miles de personas en una parte ya fija de los shows de los de Basildon. Pero, antes de eso, sonaron buques insignia como “Personal Jesus”, “Stripped”, la impresionante “Everything counts” y nuevos clásicos como “Precious” y “The pain that I’m used to”.

Lo mejor de todo es que con “Never let me down” no acabaron el concierto, como me pasó en las dos veces que los he visto. Cerró la parte principal que después da lugar a los clásicos bises, donde cayeron los archiconocidos “Walking in my shoes”, “Enjoy the silence” y, para alegría y gozo de un servidor, “I just can´t get enough”, un tema que tenía muchas ganas de ver en directo. A la tercera va la vencida.

Terminado Depeche, nos adentramos into the pit para ver a Reznor como Satán manda. La puesta en escena es bastante sobria y no tan futurista como nos brindaron en su anterior actuación del Primavera Sound. Tras pocos momentos de espera, Reznor, flanqueado por su mano derecha Robin Finck, aparece en escena y empiezan a sonar las primeras notas del primer tema del álbum “The fragile”, “Somewhat damaged”. Había convulsión entre el público y ya desde la primera nota empezó a armarse algo serio. Reznor, todo un torbellino en el escenario, Finck poniendo la actitud punk y el público entregado y era solamente el primer tema. Tan sólo fue el principio, porque acto seguido tocaron “The day the world went away”, curiosamente el segundo tema del “Fragile” y la gente estaba ya rendida ante un Reznor en estado de gracia; Peto y servidor, en medio de una marea humana y un pogo gigante. NIN sonaban contundentes y apabullantes, la cosa prometía muy bien y vaya si lo fue.

Reznor tenía ganas de marcha y de tercero nos ofreció nada menos que “Wish”, el temazo de su EP “Broken”. Si siguen a ese ritmo, sí que me van a romper. El pogo que se montó ahí rozó el thrash metal, con una multitud enloquecida aullando ‘This is the first day of my last days’ que me puso los pelos como escarpias; Reznor, eres un genio cabrón… yo en esos instantes ya ni miraba al escenario, me dejaba llevar por una marea rendida al son de las guitarras de Finck. Afortunadamente para mi integridad y condición física, NIN nos dieron algo de tregua con “Less Than”, uno de sus temas nuevos que curiosamente no está incluido en el nuevo EP que presentaban, de nombre “Bad witch”. Ese descansito vendría bien porque en la próxima venían curvas.

Hay canciones que en directo son toda una experiencia y que hay que vivir como sea: un “Reign in blood” de Slayer, “Shout at the devil” de Crüe, por poner algún temarral del rock y heavy en general. “March of the pigs” entraría en esa lista. Es sonar los primeros segundos y se ha liado la cosa. Desde el concierto de Fear Factory en la Razz hace tres años no he visto una violencia ni una intensidad igual. Y es que ese tema lleva a eso, al locurón extremo. O me integraba en el pogo o era pasto de hondonada de hostias. Me dejarían morados hasta en la foto del DNI. Ya no es vivir el pogo, es la emoción al oír miles de gargantas: ‘Now doesn’t that make you feel better?. The pigs have won tonight. Now they can all sleep soundly. And everything is all right’. Con el público rendido, Reznor aún no tuvo suficiente y nos ofreció un tremendo “Closer”. Además de ser un tema impresionante, da un poco de calma a un concierto que mi edad no podía soportar de la caña que se estaba produciendo; cosas de ser cuarentón. Del nuevo EP presentaron “Shit mirror”, “Ahead of ourselves” y “God Break down the door”, donde dejan de ser industriales y toman más el camino electrónico.

Reznor se marcó un “I’m afraid of Americans” de Bowie, además de soltarnos un apocalíptico mensaje de que es la última vez que pisa Europa en mucho tiempo o nunca, que nos dejó helados a todos. Espero que sea un farol y vuelva otra vez a darnos más alegrías. El resto del show ya fue como una etapa del tour de Francia de subidas y bajadas: temas resultones como “Copy of A”, coreado mucho por el público, “The hand that feeds”, con ese comienzo a lo “You really got me” de The Kinks / Van Halen, a la vuelta a las hostilidades con “Head like a hole”, y un final con “Hurt” que Reznor cantó con un sentimiento que estremeció a todo el mundo.

Al finalizar el concierto estaba en una nube, con el sentimiento de haber visto algo increíble y el concierto del año, con permiso de Nick Cave.

Saints In Hell

DUA LIPA pasó la prueba del algodón con creces. Su directo es honesto y su superpop, liviano y exquisito a partes iguales, como mandan los cánones. Repasó su debut en un entorno sobredimensionado, algo que ella misma reconoció abiertamente: escenario de lujo (pisó en mismo suelo que Depeche Mode), montaje generoso (espectacular “Lost in your light”, donde nos divisó desde un skyline urbanita nocturno y luminoso cualquiera), cuerpo de baile (coreografías expresas como la de “No goodbyes”) y baño de masas (de la nada surgieron cientos de adolescentes y los flashes de sus móviles entregados a la causa, repartiendo gritos y lágrimas cuando visitó el foso y el pasillo central en “Be the one”). Sorprendieron las formas rockeras de William Bowerman a las baquetas y quedaron certificadas algunas similitudes con los últimos Linkin Park. “IDGAF” y “New rules” nos mandaron a casa con la mejor de las vibraciones. Si no se deja engullir por otras facetas menos artísticas como Rita Ora o Jessie J, hará bueno lo que cantaba al inicio del show… ‘if we don’t fuck this whole thing up / guaranteed I can blow your mind’.

J. A. Puerta

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