Historias de la Tierra de los Mil Lagos…

Ahora que la banda de Tomi Koivusaari y Esa Holopainen está más presente que nunca en el panorama metálico con uno de los discos más destacables e interesantes del pasado año (“Queen Of Time”, 2018), no está de más echar la vista atrás y revisitar lo que supusieron dos auténticos puntos de inflexión en la carrera musical del combo finlandés, que sin duda marcaron un antes y un después en la progresión musical del grupo. Let me take you to the days of thousand lakes…

tales

Amorphis – Tales From The Thousand Lakes (1994)

Otro de los grupos que más me sorprendió en su día y otro de esos trabajos que has escuchado hasta la saciedad, y que demuestra que en la rama más brutal del género también hay excelentes ideas y músicos competentes.

Estos fineses, tras un debut (“The Karelian Isthmus”, 1992) que sorprendió a propios y extraños en la escena Death de la época, cuajó un disco a mi modo de ver crucial para lo que vendría después, ya con una notable madurez e incorporando influencias (véase Paradise Lost, que por aquel entonces ya eran grandes) bien disimuladas y asimiladas.

La banda, cuya joven formación en aquel momento era Tomi Koivusaari (voz / guitarra rítmica), Esa Holopainen (guitarra), Olli-Pekka Laine (bajo), Jan Rechberger (batería) y Kasper Martenson (teclados & Moog), supieron salir de los esquemas prototípicos del Death Metal que, dicho sea de paso, dudo que de seguir por ese camino ahora estuviésemos hablando de ellos, e ir elaborando un sonido propio, proceso que continuaría con esa otra joya llamada “Elegy” (1996), aunque eso, como suele decirse, es otra historia.

Las atmósferas de “Thousand Lakes”, una intro apoyada en teclados como es costumbre en estos casos, nos sumergen en un ambiente gélido al más puro estilo nórdico (se nota que por allí pasan frío), seguida inmediatamente por “Into Hiding”, de riff poderoso y voz gutural, que ya te avisa de lo que se te viene encima. Destacar ya desde un principio la presencia de la melodía (vamos, que esto no es caña porque sí, de hecho es un disco más bien lento y espeso), así como la aparición de voces ‘normales’, que hacen más dinámico el tema en cuestión.

Una insistente melodía de guitarra abre “The Castaway”, seguida por una sonora guturalidad de Tomi y por la batería de Jan; destacar los toques arábigos que posee el tema, así como el tono melancólico de las guitarras de Esa Holopainen (ya se le veía venir). “First Doom” es un tema a medio tiempo, de guitarras pegadizas (de hecho lo son en todo el disco) y con algún que otro aderezo en plan doble bombo a cargo de Jan.

Y viene el pelotazo del disco, “Black Winter Day”, tema que extrajeron para un mini CD de mismo título y que contenía entre otras cosas el “Light My Fire” de los Doors (!), el cual posee todos y cada uno de los ingredientes del grupo: teclados muy presentes (aquí con solo incluido en la parte central), melodías hiperpegadizas, dibujos de guitarra insistentes, voces guturales aderezadas con voces normales, etc. De los pocos temas de sus inicios que conservan en directo.

“Drowned Maid” arranca de forma rápida aunque no tarda en pisar el freno, mientras que “In The Beginning” lleva un aire más melancólico (para mí de los mejores del álbum), con unas guitarras que te transportan literalmente a la Finlandia de los Mil Lagos. “Forgotten Sunrise” nos recuerda la parte más Doom de Amorphis (repito, si lo que te va es el Death rápido y martilleante este no es tu disco), sin apartarse, claro está, de la línea melódica del resto.

“To Fathers Cabin” se abre con un riff muy heavy, al más puro estilo clásico, que va poco a poco in crescendo y que se apoya, cómo no, en numerosos teclados que le dan vida propia. Y el disco se cierra con “Magic And Mayhem”, otro tema denso a más no poder, repleto de melodías y… con parte bailable incluida (!).

Lo dicho, una excelente muestra de cómo combinar estilos (Heavy, Doom, Death) sin cerrarse y apostando por la experimentación, y otro de esos discos de los que te sientes afortunado por haber encontrado. Enteramente recomendable, los que lo tenéis lo sabéis.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Amorphis – Eclipse (2006)

Ya era hora. No, no me malinterpretéis, no es que Amorphis hayan dejado de hacer buena música de la noche a la mañana o que servidor les haya perdido el punto, es simplemente que «Tales From The Thousand Lakes» (1994) o «Elegy» (1996) supusieron tal shock, que todo lo facturado con posterioridad nos ha sabido a poco («Tuonela», «Am Universum»), y si se me apura hasta desilusionado («Far From The Sun»).

Pero eh, aquí no ha pasado nada. Ha bastado un simple cambio en el descanso, el ex Sinisthra Tomi Joutsen por el clásico Pasi Koskinen (incorporado en «Elegy») en la delantera vocal, para volver con las pilas bien cargadas y coger el cetro que nunca debieron soltar. Y no, tampoco me refiero a cambios sustanciales de estilo o vueltas a los inicios porque sí, sino a una colección de composiciones tan brillante como las que nos solían regalar la década pasada.

Las guitarras de Esa Holopainen y de Tomi Koivusaari, núcleo indiscutible del combo, vuelven a brillar con luz propia; la base rítmica, conformada recientemente por Niclas Etelävuori (bajo) y Jan Rechberger (batería original que regresó en «Far…» tras su marcha después de «Tales…»), suena más sólida y robusta que nunca, y las teclas de Santeri Kallio aportan el aderezo idóneo para tan suculenta ensalada. La sal, en este caso, la ha aportado Tomi Joutsen, que con un timbre descaradamente más variado y versátil que el de Pasi, hace frente sin problemas a las partes más guturales de los temas (algo que quería retomar la banda en cierta medida) y dota al resto de una nueva dimensión, más rica si cabe que antaño. Que se noten esas influencias de Glenn Danzig, Keith Caputo, Nick Cave y Mike Patton, sí señor.

El disco, basado nuevamente en las historias del Kalevala finés (la de Kullervo en este caso y para más señas), no tiene desperdicio alguno, desde su apertura con el potente «Two Moons» hasta el bonus track final («Stone Woman»). Tenemos singles de cara a la galería («House of Sleep»), brutalidad para nostálgicos ahora en un tono más inteligente («Perkele (The God of Fire)», que recuerda un tanto al «Greed» de «Tuonela»), delicatessens para degustar relajadamente después de un día de stress y agobios («Under a Soil and Black Stone»), y para rematar un puñado de himnos a anotar directamente en clásicos («Leaves Scar», «Born From Fire», «The Smoke», «Same Flesh», «Brother Moon»), que mejor que descubras tú mismo a que yo te describa aquí con simples palabros.

Pues eso, que vuelven Amorphis por sus fueros y ese conglomerado suyo de metal, rock psicodélico, folk y stoner -si Hawkwind, Pink Floyd, The Doors y Entombed se montaran una orgía saldría un bastardo parecido a éste-, unos de los responsables de anticoagular y oxigenar esto del Heavy Metal la década pasada. Como mínimo un respeto.

Bubba

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

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