LOS BARONES – Iberia Festival VII, Auditorio Julio Iglesias (Benidorm)

El Oportunista de Leño, Desertores del Rock de los propios Barón Rojo… muchos temas resuenan en nuestra mente cuando se trata de José Luis Campuzano Sherpa y su inseparable Hermes Calabria tras los parches, pero no siempre las circunstancias son las mismas, y como decían otros grandes como Asia o Mike Oldfield, Only Time Will Tell.

El Tiempo, el cual Se Escapa, como también decía aquella copla, parece haber dictado sentencia, y hoy por hoy parece bastante más favorable a la formación que nos ocupa que a la que acabó trillando tanto el nombre de Barón Rojo como al público que le seguía, sin dejar reposar en ningún momento el regusto conseguido y con los peligros sobrevenidos que ello conlleva, véase empacho en el respetable y agotamiento físico y mental en las personas que portaban la marca y que acabaron prácticamente a rastras.

Con todo y con eso hay que ser justos en cada momento de la Historia; mientras Sherpa y Hermes se tomaban un ‘merecido descanso’ después de pinchazos como No Va Más (1988) y Obstinato (1989), los hermanos de Castro mantenían viva la llama con dignos trabajos como Desafío (1992) o Arma Secreta (1997), amén de conciertazos durante la década de los 90 y los primeros 2000, los cuales tuvimos el placer de presenciar y disfrutar al máximo, sin duda el punto fuerte de la banda en aquellos momentos.

A partir de entonces, la historia irá mutando del reinado en solitario de los de Castro Bros durante el periodo mencionado a la irrupción de Sherpa de nuevo en el ‘candelabro’ (Guerrero en el Desierto, 2004), y mientras unos se iban dejando por el camino los pocos restos de gasolina, otros iban ganando terreno poco a poco, hasta conseguir la tan ansiada reunión de la formación original de Barón Rojo a finales de la década, con agridulces actuaciones como la del Metalway de Zaragoza (2009) o la que podía haber sido su actuación definitiva en La Riviera de Madrid (2010), y que se quedó en un emotivo intento con sabor a ruptura definitiva. Doy fe.

La década que nos ocupa y que dentro de poco tocará a su fin no hizo otra cosa que acabar de lapidar a la marca ‘Barón Rojo’, esto es, el que acabó siendo el negocio familiar de los de Castro, ya sin propuestas discográficas convincentes (Tommy Barón, 2012) y, lo que es peor, el grupo haciendo aguas en directo y con la voz de Carlos rota por completo. Triste final, vive Dios.

Y aquí vuelve a jugar sus cartas de nuevo el viejo zorro de Sherpa, sin duda mucho menos castigado que sus antiguos compañeros de fatigas (no así el bueno de Hermes, al que el tiempo parece haberle pasado la dolorosa), con la voz en buena forma y con su verborrea de siempre. Ya sea como Sherpa o Los Barones (tanto monta…), es obvio que el show se ha nutrido desde un primer momento del material de Barón Rojo (otra cosa sería de tontos), pero a estas alturas está infinitamente mejor defendido que en los últimos 10 años de los de Castro, y la lírica de las letras de Carolina Cortés en la voz de Sherpa no tiene nada que ver con los graznidos de la última época de Carlos de Castro, disculpen la expresión (pero sintiéndolo mucho así es).

“Barón Rojo”, “Son Como Hormigas”, “Resistiré”, “Concierto Para Ellos”, “Siempre Estás Allí”, “El Malo”, “Breakthoven”, “Cuerdas de Acero” (los de Castro también descargaron temas de Sherpa y Carolina, descuiden), el inédito “No Ver, No Hablar, No Oír” o el apoteósico “Hijos de Caín” suenan de lujo, sin un apreciable sufrimiento ni en el músico ni en el público, y habida cuenta de la edad de media banda es de por sí todo un logro. Completan la formación a las seis cuerdas los jóvenes Marcelo Valdés y Sergio Rivas, que disfrutan como pez el agua, sin duda bastante más que los últimos mercenarios que militaron en las filas de Barón Rojo.

Sherpa está comedido esta noche con los chistes; escupe un par de veces con elegancia por un lateral de la comisura del labio y acierta en toda la jeta a los de Castro, correcto como siempre con su Rickenbacker, sin alardes pero sonando compacto (recordemos que también canta), y dando las notas en su sitio, estirando lo justo pero en los momentos adecuados. Hermes apenas si se puede poner en pie, y sin embargo se permite cañonazos como “Breakthoven” o la doble pedalada de “Resistiré”, con ese feeling jazzístico tan característico suyo escuela Downey y dotando a los temas de ese sonido prog tan personal.

Actuación de notable alto, con un sonido que quizá pecó únicamente de falta de volumen por momentos (por eso nos arrimamos tanto), amén del acotado set-list festivalero, con una banda seria y muy solvente, disfrutando y haciendo disfrutar al auditorio, que nos desgañitamos a voz en grito en todos y cada uno de los himnos que tuvieron a bien repasar.

Ahora sólo resta esperar que esta formación no cometa los mismos errores de sobre-exposición que su competidora y, quién sabe, quizá algún día destruyan lo oscuro que hay en ellos y se vuelvan a juntar… como Los Barones, Barón Rojo, Los Aurones o Ali-baba y los 40 criminales.

La velada prosiguió con el Rock de altos octanos de Los Zigarros (brutales), los Cantajuegos de Mägo de Oz y el festival remember de Trogloditas, pero eso, amigos, es otra historia. Haber ido.

Bubbath