Los días de Elisa en el páramo oscuro…

La aventura de Elisa C. Martín en las filas de la banda madrileña Dark Moor fue corta pero intensa. Discográficamente hablando significó tres Lp’s y dos Ep’s, un buen puñado de conciertos y aspiraciones serias a dominar tanto la escena metalera nacional como poder dar el salto a la internacional con garantías, pero las consabidas diferencias musicales (y lo que no sabemos) pronto dieron al traste con el proyecto, originando una serie de formaciones posteriores que tampoco puede decirse que triunfaran por sí solas. Lo que viene a continuación es un resumen de ese período concreto tal y como lo contamos en su momento. Cuando valíamos…

The Hall Of The Olden Dreams (2000)

He de reconocer que nada más aparecer este disco en el mercado y aún sin haber escuchado nada de él me mostré un tanto escéptico, pensé “venga, otro disco-copia de lo que pega ahora, con buena portada y no tan buen contenido”. Pues me equivoqué de pleno, señores. Si el anterior trabajo de esta banda madrileña (“Shadowland”) adolecía de una buena producción y de un mejor empaque final, este trabajo supera con creces las expectativas y cubre de sobra las posibles faltas que tuviera aquel primer disco. Y es que se puede decir que estamos ante una de esas obras que llenan de verdad, desde los temas hasta el artwork (Andreas Marschall, qué se puede decir de él que no se haya hecho ya), sin olvidarnos de lo principal en estos casos, una producción que realce el producto en cuestión, que es de lo que se trata (parece que el irse a Italia y gastarse ‘los cuartos’ bien merece la pena).

Para el que todavía no haya escuchado nada del grupo decir que practican un Power Metal a medio camino entre el metal alemán (Blind Guardian, Helloween) y el italiano (Rhapsody, Labyrinth), aderezado con un toque progresivo que aporta una mayor complejidad a las estructuras musicales. Me gustaría destacar el aire melancólico del disco, sobre todo debido a la voz de Elisa, que en algunos momentos puede parecer incluso triste. El disco se abre con “The Ceremony”, una intro llena de fuerza y sentimiento (nada que ver con algunos pegotes que se utilizan a menudo) que enlaza perfectamente con “Somewhere In Dreams”, un tema redondo y muy pegadizo que muestra muy bien por dónde van a ir los tiros. A continuación le sigue “Maid Of Orleans”, con un comienzo cañero y unos agradables coros finales, para dar paso a “Bells Of Notre Dame”, un corte algo más progresivo (más en la línea de Rhapsody) de altísima factura, con notables cambios de tiempo donde se puede apreciar la calidad tanto de los guitarras Enrik y Albert como de la base rítmica formada por Anan (bajo) y Jorge (batería), todo un maestro del doble bombo. “Silver Lake” es un tema muy en onda Blind Guardian, con unos coros impresionantes y un estribillo que quita el hipo, uno de mis favoritos, sin duda.

“Mortal Sin” deja ver de nuevo la vena progresiva de la banda, con unas melodías de guitarra muy pegadizas, mientras que “The Sound Of The Blade” es la balada del disco, un tema lleno de romanticismo que se presta a ensalzar la voz de Elisa, la cual asume en esta ocasión el protagonismo (y lo hace francamente bien). A continuación otro de los cortes más directos del álbum, “Beyond The Fire”, donde se aprecia más la vena de grupos alemanes como Helloween o Gamma Ray, y que de seguro hará las delicias de los seguidores de las citadas bandas. “Quest For The Eternal Flame” se me antoja como un tema con un tono más alegre que el del resto, mientras que “Hand In Hand”, el que cierra el disco, vuelve a los coros grandilocuentes y a esos estribillos que ponen los pelos de punta.

En síntesis, en estos tiempos que corren, con tantos y tantos grupos como abarrotan el mercado, o dedicas tu vida y todo tu dinero a la totalidad de ellos o tienes que seleccionar el grano de la paja, y creo que esta puede ser una excelente elección.

The Fall Of Melnibone (2001)

Nueva entrega discográfica de esta prometedora banda madrileña, esta vez en formato mini CD, que según nos comentaba el propio grupo ha sido el mismo sello (Arise) el que ha llevado la iniciativa en lo referente a su edición, con el fin de recopilar varios temas digamos “dispersos” de la banda, tanto bonus tracks de ediciones foráneas de su anterior LP como temas aparecidos en discos tributo, que a continuación pasamos a detallar.

El mini CD se abre con “The Fall Of Melnibone”, un tema extenso y complejo (aparecido como bonus track en la edición japonesa de “The Hall…”), con numerosos cambios de tiempo y con un tono progresivo que lo desmarca claramente del resto de temas incluídos en el mismo. En él podemos observar todos y cada uno de los ingredientes característicos del grupo, es decir, coros épicos, pasajes orquestados, teclados pomposos (que incluso me han recordado a los jóvenes Children Of Bodom, y es que me consta que son uno de los grupos que siguen más de cerca estos madrileños), mucho doble bombo, etc. A continuación le sigue “Silver Lake”, tema que sí apareciera en la edición española de “The Hall…”, con una onda muy a lo Blind Guardian y que a mi parecer era de los mejores cortes del citado plástico. “Wood’s Song” es un tema acústico (con un punteo que me recuerda un tanto a los Scorpions de Rudolf y Klaus) apoyado por teclados de fondo y que apareció en su día en la edición esta vez koreana del citado “The Hall Of The Olden Dreams”. Y a continuación viene lo que considero más relevante del mini CD, las versiones tanto del “Halloween” (¡acojonante!) de los alemanes Helloween (aparecida en el tributo a dicha banda “The Keepers Of Jericho”) como el añejo “Cuentos De Ayer Y De Hoy” de Ñu (aparecida en el correspondiente homenaje a la banda del Molina), dos covers realmente logrados, que guardan la esencia de los temas originales y a su vez llevan implícito el sello de Dark Moor, lo que les hace doblemente atractivos.

Pues eso, una buena oportunidad para hacerte con esos temas que andabas buscando (si no tienes las ediciones en las que aparecieron en su día, claro), y si todavía no los conoces puede servirte como primer acercamiento a una de las bandas que de seguro muy pronto dará que hablar en toda Europa (si no lo está haciendo ya).

The Gates Of Oblivion (2002)

Lo confieso, dadas las expectativas creadas por el anterior “The Hall Of The Olden Dreams” esperaba mucho, quizá demasiado, de este tercer larga duración (segundo en condiciones) de los madrileños Dark Moor, y al escucharlo por primera vez me llevé una considerable desilusión. No obstante nunca he sido partidario de emitir juicios a priori, y tras varias escuchas la cosa fue mejorando ostensiblemente hasta que, a día de hoy, opino que “The Gates Of Oblivion” es un excelente trabajo, ni mejor ni peor que su predecesor, distinto. Y es que, aunque sigue la estela de “The Hall…” (misma fórmula, mismos esquemas), puede apreciarse que el grupo no ha querido repetir los mismos temas contenidos en dicho trabajo (no, esto no es Running Wild). Si bien los cortes contenidos en el citado segundo trabajo del grupo me calaron desde un principio en su día, en este tercer disco voy encontrando detalles y matices poco a poco, digiriendo el producto como hace una boa con su presa.

Y es que desde la producción del disco, realizada nuevamente en los estudios italianos New Sin a cargo de Luigi Stefanini y masterizado en los Finnvox (Stratovarius, Children Of Bodom, Edguy), hasta el artwork (de nuevo Andreas Marschall), todo está cuidado al mínimo detalle, algo también lógico a la hora de intentar exportar algo fuera de nuestras fronteras (invertir el dinero, que se dice).

“In The Heart Of Stone” es un tema directo y pegadizo que sirve de apertura, donde inmediatamente comprobamos que el sello del grupo permanece y se enriquece, con esas melodías de guitarra ya familiares, el apoyo de teclados, el doble bombo constante… y cómo no, la epicicidad y grandilocuencia de esos estribillos tan propios del Power Metal Épico Sinfónico. El ‘colonizador’ “A New World” sigue la tónica del primero, pero sacando a relucir más si cabe ese tono melancólico-tristón ya característico del grupo. A destacar la aportación de los coros y la velocidad helloweeniana de las guitarras.

El corte que da título al CD sirve de interludio orquestado hasta “Nevermore”, un tema acojonante de la cabeza a los pies, donde es palpable la mella que han hecho grupos como Children Of Bodom (y sus producciones) en los madrileños. Sólo con escuchar los estallidos de teclas que contiene te das cuenta de ello. Y esas guitarras que no se te quitan de la cabeza… El dulcemente tildado “Starsmaker (Elbereth)” se abre cual tema rhapsodiano, de cabalgueo y aire ligeramente más pausado que los dos primeros, algo más accesible.

“Mist In The Twilight” vuelve a servir de pasaje-descanso orquestado (esta vez más breve), el cual nos conduce a lo que es para servidor de lo mejor y más redondo del plástico, “By The Strange Path Of Destiny”. Demasiao. Indescriptible la sensación de felicidad-angustiosa que produce la combinación de las tristes melodías de guitarra con la voz de Elisa. O si no “The Night Of The Age”, ¿qué me decís? Vuelta a la carne de gallina con el bridge (“Who stole my illusions? Who stole my hopes?). Por cierto, ¿no he hecho mención aún a la excelente sección rítmica que forman Anan (bajo) y Jorge (batería)? Menudo cañón, una buena muestra de cómo hacer Heavy Metal melódico sin resultar blando y hortera. De la sección guitarrera para qué contar, Enrik y Albert hacen un trabajo digno de elogio.

“Your Symphony” es el tema tranquilo del disco, la balada, vamos. La protagonista Elisa, cómo no, la cual sabe suplir muy bien sus limitaciones vocales (que las tiene) con mucho feeling y con una modulación novedosa por su parte. A continuación vuelve de nuevo la orquestación con “The Citadel Of The Light”, que si bien se agradece entre tema y tema (a modo de descanso) tampoco se puede decir que aporte algo realmente sustancial. “A Truth For Me” posee un comienzo que me recuerda horrores a aquel “Land Of Immortals” del debut de los italianos Rhapsody (de nuevo se aprecia la influencia de los de Turilli, por mucho que les duela a algunos), para desembocar inmediatamente en un veloz paseo por el mástil de la guitarra.

Cierra “Dies Irae (Amadeus)”, un homenaje al citado compositor alemán para algunos suculento, aunque a mí me resulta algo cansino, ya que para la extensión que tiene peca de cierta linealidad (echo en falta algo más de movimiento y emotividad).

Sintetizando decir que, al menos para mí (vuestra opinión puede ser bien diferente), “The Gates Of Oblivion” no supera a “The Hall Of The Olden Dreams”, pero tampoco hace que se le eche de menos, y eso ya es buena señal, ya que mantiene el nivel del mismo y la producción hace mucho en su favor. Es reconfortante poder decir a día de hoy que estamos orgullosos de nuestro producto nacional, y olvidarnos un tanto de lo de fuera. Spain is different… ¡claro que sí!

DARK MOOR + NEMESIS – Sábado 16 de noviembre de 2002, Sala Stereo (Alicante)

Han pasado dos días tras la descarga de los madrileños Dark Moor en la alicantina sala Stereo y todavía me dura la sonrisa de oreja a oreja con la que salí del recinto tras el concierto; de verdad, me faltan calificativos para describir la buenísima sensación que me causaron Enrik, Elisa y compañía en este segundo tramo de lo que está siendo el “The Gates Of Oblivion Tour”. Pero vayamos por partes.

Con buena parte del respetable todavía por acudir, el primer grupo no tardó en saltar a las tablas. Su nombre todavía lo estoy intentando descifrar en la entrada (se presentaron, pero tampoco se entendió muy bien que digamos), así que mejor paso a describir directamente. En primer lugar decir que se trata de una jovencísima formación (echémosle una media de 18 años aproximadamente) con vocalista femenina al frente, la cual nos advirtió de entrada que estaba con 39º de fiebre aunque lista para dar el callo, y doy fe de que así fue. A lo largo de su corta actuación les dio tiempo a ejecutar tanto temas propios (“Como espejos” fue uno de ellos, si mal no recuerdo) como ajenos (“Vientos de guerra” de Saratoga, “Embody The Invisible” de los suecos In Flames o “Imaginations From The Other Side” de los germanos Blind Guardian –ya quisiera Hansi-), a lo largo de los cuales pudimos observar con cierta ternura lo típico en estos casos, un sonido que no es el suyo, algún que otro descompás pero unas ganas y una ilusión dignas de admiración. Desde aquí les deseamos toda la suerte del mundo, que seguro que es poca.

Poco a poco iba llegando el personal a la sala, y precisamente por esto no pudimos prestar la máxima atención a los siguientes en salir a escena, los alicantinos NEMESIS (ya sabéis, antiguos colegas que no ves hace mucho, gente de bandas con las que estás o has estado en contacto, etc.). Nada más escuchar al vocalista nos miramos más de uno extrañados como diciendo “¿dónde he escuchado yo esto antes?”, aunque tampoco le dimos más importancia. Pues bien, al final apareció el cepillo. Al frente del grupo estaba el mismito Leandro, antiguo vocalista de Overlife, visiblemente muy cambiado desde la última vez que le vi (más corpulento y greñudo) pero con las mismas facultades de antaño, el cual estaba supliendo la carencia parece ser que temporal de cantante en la banda. Del estilo del grupo decir que gastan de un tufillo bastante similar al de los últimos Saratoga, si bien aquí sí que se echa en falta una segunda guitarra (lamentablemente el seis cuerdas no es Jero ni tienen a un Niko del Hierro para cubrir el hueco). Actuación muy enérgica, pero en mi humilde opinión Saratoga ya tenemos (de sobra, je je).

Y a continuación el plato fuerte. En un escenario más repleto que nunca (la sala no da para más), Albert (guitarra) a la izquierda, Enrik (guitarra) a la derecha, Anan (bajo) en el centro, Jorge (batería) al fondo e Isa-bell (nueva teclista) a su lado, se preparaban para empezar con su show. Y tras la intro de rigor y el salto a la palestra de Elisa (con el consiguiente aplauso del público) comenzó la fiesta. Y tal y como empezó a entonar “Somewhere In Dreams” mis dudas sobre si estaría a la altura del estudio se disiparon de un chispazo. Es más, si he de escoger me quedo con la Elisa del directo, más enérgica si cabe y entonando donde hay que entonar, que para eso se ha grabado (y no voy a dar nombres). ¿Y qué decir del resto? Impresionante, de verdad. Teniendo en cuenta las limitadas características de la sala, dudo que aquello pudiera haber sonado mejor. La banda, como bien se aprecia en los discos, suena perfecta y compacta, y si a eso le añadimos que de facultades van sobrados y que Elisa le acaba de poner la guinda vocalmente (ya que muchas veces una voz deficiente en directo eclipsa al resto), el resultado es como mínimo sorprendente.

Del repertorio decir que tocaron lo que tenían que tocar, obviando el primer trabajo en su totalidad y “The Fall Of Melnibone” y centrándose en sus dos reconocidas obras, “The Hall Of The Olden Dreams” y “The Gates Of Oblivion”, de los cuales sonaron perlas como “Silver Lake”, “Beyond The Fire” (dedicado por Elisa especialmente a una internauta que supuestamente pululaba por la sala), el más progresivo “Quest For The Eternal Flame”, “In The Heart Of Stone”, “A New World”, el tremendo “Nevermore”, el delicioso “By The Strange Path Of Destiny” (en el que no pude apartar la vista de la guitarra de Enrik ni un instante –y eso que estaba malo, según Elisa-) o el no menos sabroso “The Night Of The Age” (“¿quién robó mis ilusiones, quién robó mis esperanzas?”… demasiao). Aunque eché en falta el sobrecogedor “Halloween” que se marcan (casi mejor, me podría haber dado algo allí mismo), no faltó un cover como “Can I Play With Madness”de la Doncella, si bien excesivamente trillado muy curioso pasado por el tapiz de Dark Moor. Se permitieron hasta el lujo de bluesear a gusto (numerito erótico-festivo incluido a cargo de Albert y Elisa), y los solos fueron mínimos y aprovechando las presentaciones (como debe ser).

Sintetizando, un concierto no muy largo pero sobrado de intensidad y conexión grupo/público, el cual salió de la sala con la baba colgando (yo entre ellos). Descargas como esta le devuelven a uno la fe en esto y el pensamiento de que a lo mejor no está todo visto. Esta noche me sentí como con catorce años (no pude evitar decírselo a Enrik), y supongo que eso es bueno. A ver si salen fuera los que tienen que salir y nos comemos lo que nos tenemos que comer. Un consejo: si pasan cerca de tu casa próximamente no te los pierdas. Consejo de amigo.

Between Light And Darkness (2003)

Hasta el título de este pobre EP de despedida se me antoja agridulce, y es que aún me parece mentira que una de las pocas formaciones hispanas con fundadas aspiraciones a salir de nuestras fronteras (no me refiero tanto a la propuesta musical en sí como a la calidad del producto –músicos, producción, presentación y demás-) se haya roto a la primera de cambio.

Y digo lo de ‘despedida’ pues, si bien Enrik y Anan van a seguir utilizando el nombre, Albert, Jorge y sobre todo Elisa ya no van a imprimir más su sello personal en el grupo (diferencias musicales, que suele decirse), y evidentemente el material que se edite bajo el nombre de Dark Moor ya no va a ser lo mismo (ni mejor ni peor, simplemente distinto).

Este trabajo no es otra cosa que una especie de desgarbado popurrí, conteniendo como aliciente principal el acústico que grabó la banda el pasado mes de agosto en los estudios Cube de Madrid. Éste está comprendido únicamente por cuatro temas, el trovadoresco / guardianero “Memories”, “From Dawn To Dusk” (¿reminiscencias de Ñu?), el que es para mí lo más acertado de la edición, el emotivo “A Lament Of Misery” (Elisa está realmente espléndida), y el instrumental que cierra, “Echoes Of The Seas”, una auténtica pieza musical de cámara. A continuación un par de bonus de las ediciones japonesa y koreana de “The Gates Of Oblivion”, “Mistery Of Goddess” y “The Shadow Of The Nile” respectivamente, que se quedan en eso, en dos temas que se desecharon en su día (algo mejor el segundo), y para remate final del baile los extensos “Dies Irae” en versión orquestal y “The Fall Of Melnibonè”, que ya apareciera tanto en la versión japonesa de “The Hall Of The Olden Dreams” como en el EP posterior de mismo nombre (ya huele un poquitín).

Si eres (o eras) seguidor del grupo supongo que te vas a agenciar este “Between Light And Darkness” te cuente lo que te cuente, pero si a día de hoy sigues pez en la trayectoria de este grupo madrileño yo me haría directamente con “The Hall Of The Olden Dreams” y/o “The Gates Of Oblivion”, a la espera de ver cómo sigue la historia, tanto de los que cogen el testigo (Enrik García y Anan Kaddouri, acompañados ya por Alfred Romero como nuevo vocalista y José Garrido, guitarrista de Arwen) como de los que parten de cero (Elisa C. Martín, Albert Maroto y Jorge Sáez). Mucha suerte a ambas partes, espero que nos sigan sorprendiendo gratamente.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

GHOST + ALL THEM WITCHES + TRIBULATION – Sant Jordi Club (Barcelona), domingo 8 de diciembre de 2019

Bien por TRIBULATION y mal por la organización, lo ideal hubiera sido invertir el orden con ALL THEM WITCHES y abrir la jornada estos últimos, tanto por estilo como por entrega y repercusión de ambas bandas. Fue un auténtico despropósito arrancar a golpe de frenético Black’n’Roll para, acto seguido, volver a la tranquilidad del Prog Rock de los segundos, si lo que se pretendía era crear un efecto montaña rusa para amenizar (aún más) la velada doy fe de que se consiguió, pero con evidentes connotaciones negativas en este caso.

Por cierto, los suecos Tribulation no han inventado nada nuevo, su estilo se nutre básicamente de Heavy Metal y Black Metal, pero sus trabajos más recientes (The Children Of The Night, 2015 y Down Below, 2018) y su puesta en escena despuntan por encima de la media, lo cual ya vale de por sí tener muy presente al combo escandinavo. Los americanos All Them Witches sin embargo jugaban muy fuera de casa, con la mitad de repercusión que sus teloneros y con una propuesta musical quizá un tanto alejada de la private party que la mayoría veníamos a presenciar, si bien la ejecución fue perfecta y el sonido los acompañó (de lo contrario no quiero pensar qué suerte les habría deparado). Lo mejor de su actuación: la intro, “War Pigs”. Quizá en otra ocasión, en otras condiciones.

A GHOST los daba ya en el Palau Sant Jordi cuales Metallica en la gira del Black Album, máxime cuando ya se atrevieron con todo un Wizink Center en la anterior gira (y que llenaron aproximadamente un cuarto, si llegó), quizá el bueno de Tobias ha visto la realidad y está aguardando a editar su “Enter Sandman” particular para dar el paso definitivo a las plazas que ahora mismo pueblan Rosalías y demás fauna top-ventas.

En cualquiera de los casos el show de la banda es ya a todas luces de big arena, atrás quedan las giras de teloneros de (con permiso del capricho de abrir para Metallica) con lo justo y necesario encima del escenario, y eso que apenas si hace 10 años de su debut Opus Eponymous (2010), todo un récord de aceleración en lo que al estrellato musical se refiere. Ansioso me hallo por presenciar su siguiente paso, tanto a nivel discográfico como de su plasmación en gira.

A estas alturas de la película no hay medias tintas con la banda, o los amas (o lo harás, porque entre medias no se queda nadie) o los odias, como sucediera con Gigatron en su día, salvando muy mucho las distancias. El repertorio del grupo a día de hoy es incontestable (representación de todos los discos, sin excepción), el derroche de medios sobre la tarima es más que evidente (escenario hiper-decorado, explosiones, confeti a capazos…), algo que parecieron no entender los componentes del primer Mark de la banda (sin inversión no hay diversión, aunque sea a medio-largo plazo), y la entrega de Emeritus-Copia-Forge y sus Nameless es digna de mención, con un show estudiado para no perder el hilo de la actuación en ningún momento. Si tuviera que ponerle algún pero al show actual sería el exceso de humor surrealista por momentos, con discursitos hilarantes de Tobi o incluso ‘peleítas’ entre los nameless en escena, pero supongo que todo forma parte del mismo juego: acaparar tu atención.

Tampoco nos engañemos, Ghost no es un grupo de virtuosos musicales, ni creo que lo pretendan; su función en la escena musical es retomar lo que toda una generación anterior está venida a delegar por mera edad, llámense KISS, AC/DC o los propios Metallica: llenar estadios a golpe de himno, sin florituras propias de maestros del progresivo pero sin caer en el recurso fácil del single de despacho. Ahí están los discos y sus letras repletos de guiños y recovecos para corroborarlo (si buscas seguro que encuentras), incluso en el propio directo puedes apreciar la condición de fan que sigue teniendo el grupo, y más concretamente su mentor. ¿A qué obedece si no que siga habiendo una Tama Starclassic como la de Lars montada en el escenario o se utilicen modelos de guitarra eléctrica calcados a la Ibanez de Paul Stanley independientemente de quién los utilice? Pues eso.

Dicho esto, y a pesar de no contar con individualidades especialmente destacables, decir que el conjunto musical que conforma la banda es sobresaliente, cada elemento cumple su función a la perfección, desde el empaque de la batería del nameless drummer hasta el solo de saxo del Papa Nihil en “Miasma”, pasando por la conjunción de guitarras, la contundencia del bajo y la propia voz de Tobias, que a pesar de no destacar en nada ha ido mejorando poco a poco hasta conseguir la profundidad que los temas necesitan. La distribución de éstos no es aleatoria, está calculada al milímetro, distribuyendo singles como “Rats”, “Mary On A Cross”, “Cirice”, “Spirit”, “He Is” o el final-pack con “Kiss The Go-Goat”, “Dance Macabre” y “Square Hammer” de manera inteligente, y entre medias entra el resto de himnos, que conforman un repertorio simplemente espectacular:

Ashes

Rats

Absolution

Faith

Mary On A Cross

Devil Church (duelos de guitarra)

Cirice

Miasma

Ghuleh/Zombie Queen

Helvetesfönster

Spirit

From the Pinnacle To The Pit

Ritual

Satan Prayer

Year Zero

Spöksonat

He Is

Mummy Dust

Kiss the Go-Goat

Dance Macabre

Square Hammer

Set infalible (me consta que viene siendo el mismo en toda la gira), como ya digo abarcando toda la escueta pero ya prolífica discografía del grupo, sonido impecable, espectáculo superlativo y ejecución más que notable, poco más se le puede pedir a un concierto de estas características, a un precio incluso razonable para los que se manejan en la actualidad, dicho sea de paso. Si todavía estás a tiempo de acudir a la segunda cita peninsular yo no me lo pensaría dos veces, quizá en la próxima gira, si todo sigue el plan previsto, ya no sea lo mismo.

Bubbath