MADRID IS THE DARK FESTIVAL – Sala But (Madrid), sábado 7 de diciembre de 2019

La multitarea tiene un límite y ese es el que tocó trazar para renunciar a los franceses ALCEST, quienes se encuentran en momento de gracia con un “Spiritual instinct” altamente recomendable. Habrá ocasión de saldar la deuda.

In The Woods…

Reencontrarse con una banda al cabo de un cuarto de siglo no suele pasar del mero flashback sin poso, pero la hora de actuación de IN THE WOODS… fue más que satisfactoria. Sólidos de principio a fin, los noruegos (o, mejor dicho, lo que resta de ellos), con el británico James Fogarty al frente, hicieron gala de su peculiar black atmosférico de temas extensos con giros folkies y progresivos. Fogarty estuvo impecable a las voces, sobre todo en el arranque, y muy distendido en las presentaciones con ese castellano gibraltareño. Contrastaban las formas más toscas de Bernt Sorensen con las poses de guitar-hero de Karé André Sletteberg, aunque en realidad ambos sean incorporaciones postreras con tan sólo el último “Cease the day” de 2018 en su haber. De hecho, es el batería Anders Kobro el único superviviente de “Heart of the ages”, del cual cayeron la homónima y la que da nombre al combo. Lo dicho: muy buen bolo y mejor guinda al recuerdo que acompaña al promo CD que acabó en mis manos cortesía del mítico Crawl’zine.

The Gathering

A riesgo de sufrir un linchamiento por parte del sector incondicional que arropó cada estrofa de los holandeses, THE GATHERING resultaron decepcionantes. Esperaba que me despertaran un mínimo de curiosidad por indagar en su ya extensa discografía, pero da la sensación de que han quedado en tierra de nadie. Faltos de melodías rematadas, no hay fórmula reconocible que fusione pop/rock y prog en su justa medida y con un estilo único como han sabido crear ANATHEMA o STEVEN WILSON. Más allá de las comparaciones con la etapa de Anneke, la cantante noruega Silje Wergeland es más que solvente, aunque peque de exceso de control y cierta frialdad. La intentona floydiana de “I can see four miles” convirtió la despedida épica pretendida en un empacho interminable de theremin a cargo de René Rutten. Me quedo con “Saturnine”, donde cuajaron un destello fugaz de inspiración, y el guiño nostálgico de “Eléanor” para quienes nos apeamos (quizás a tiempo) en “Mandylion”.

Nick Holmes (Paradise Lost)

Aquellos que optasen por acercarse a ver a PARADISE LOST con afán completista o regresivo saldrían probablemente decepcionados: ni los unos tacharon la casilla pendiente ni los otros evocaron su adolescencia extrema noventera (esa camiseta descolorida de “Gothic” rescatada del fondo del cajón…) con convicción. El tour de “Medusa” data de dos años atrás y la banda se encuentra haciendo fechas sueltas. Ésta, de hecho, estaba separada de la previa por tres meses de distancia y esa falta de rodaje causó pequeños estragos, principalmente en los guturales de Nick Holmes, menos favorecidos en “From the gallows“ y “Blood and chaos“ que en la presentación del disco en esta misma sala But. Pese a todo y añoranzas particulares a Akerfeldt a un lado, sus escarceos con BLOODBATH y los experimentos de Mackintosh en VALLENFYRE han supuesto un bálsamo para la cosecha reciente de los británicos. Además de la propia “Medusa” que completó el trío más actual, no dudaron en alimentar el set con otros tres cortes del penúltimo “The plague within”, donde brillaron con diferencia “Beneath broken Earth”, que aguanta el cara a cara con cualquier retazo doom de su catálogo primerizo, y “No hope in sight”, simplemente magistral. De la etapa pre-“Icon” sólo recuperaron “As I die”, además tocada por puro compromiso de guion sin disimulo alguno (Nick avisa y no traiciona). A “Embers fire” le llevan bajando una marcha a conciencia desde hace un tiempo y gana en intensidad (algunos perdimos la voz aquí por enésima vez; no es para menos). Por su parte, la selección de “Draconian times” formada por “Enchantment”, con la que abrieron la descarga, “Hallowed land” y “The last time”, que sirvió de cierre, es apuesta segura, aunque insuficiente para quien acude a verlos de primeras. En su lugar, “Faith divides us – death unites us” ocupa titularidad indiscutible con merecimiento y rota a “Forever failure”, “Once solemn” o “Shadowkings”.  

Gregor Mackintosh (Paradise Lost)

El modo amistoso, tanto en sentido literal como figurado, en el que compareció el quinteto permitió conceder algún fallo técnico (Aedy se quedó sin sonido durante tema y medio, con el consiguiente cachondeo hacia el roadie de turno) y varias salidas de tono de un Holmes en modo jocoso (invocando a la bruma del Norte de Inglaterra y al montaje de los shows de Michael Jackson cuando llenaron de humo el escenario). Mackintosh no perdió la sobriedad un solo instante y es un privilegio presenciar sus punteos característicos a apenas unos palmos. De todos modos, ciertas cuestiones de imagen se le están yendo de las manos; esa combinación melena mohicana-chaleco de cuero-guitarra de flecha lo emparenta con Armando más que el propio Carlos, con quien Edmondson también comparte silueta (otra gira y tenemos a los De Castro tocando “True belief”).

El aire desenfadado que se respiró en “Say just words” o el dúo de “Symbol of life”, “Isolate“ y “Erased“, donde la filosofía de las canciones choca frontalmente con la efusividad generalizada de verbena que las siguió, resumiría a la perfección el concierto: un encuentro para disfrutar sin pretensiones, más propio de un tweet de Holmes que de las letras que escribe.

J. A. Puerta

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