KRISTONFEST 2018 – Sala La Riviera (Madrid), sábado 12 de mayo de 2018

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Impresionante edición se han marcado esta gente en lo que ha significado la segunda cita anual consecutiva en la madrileña sala La Riviera, ya que las anteriores se venían realizando en la localidad de Bilbao, concretamente en la sala Santana, donde tuvieron lugar las cinco ediciones anteriores (2012-2016).

Para el que no lo conozca, se trata de un festival orientado especialmente hacia sonoridades Stoner / Doom / Sludge, con margen para la psicodelia y el progresivo, por el que han pasado bandas como Wolfmother, COC, Gojira, Buckcherry, John García & Band, Orange Goblin o Clutch, y que se ha convertido en cita obligada para los amantes de ese tipo de sonidos en particular, y por supuesto para los que degustamos del Rock Duro en líneas generales.

Para este 2018 nos tenían reservada cita para un único día, pero qué día, ni más ni menos que con Monster Magnet a la cabeza, con lo que nos quitamos tanto la asignatura pendiente de ver a la banda de Wyndorf como la de asistir por primera vez al festival.

Al módico precio de 40 € + gastos de distribución, en una sala como La Riviera, un emplazamiento ideal y con todas las comodidades de una sala de primer nivel, la opción de salir y entrar en cualquier momento, y unos precios hasta lógicos (es La Riviera), visto lo que hay por ahí actualmente y los precios que se manejan no se me ocurre mejor cita rockandrollera que la que nos ocupa, a lo sumo similar.

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Con un lleno cómodo desde el comienzo de las actuaciones y un público aparentemente extraído de un ARF endurecido, salían a escena con puntualidad británica CONAN, no sé si tendría que ver algo el hecho de que sean de Liverpool (no nos ganaréis!). La banda de Jon Davis (voz, guitarra), Chris Fielding (bajo, guturales) y Johnny King (batería) descargaron sin miramientos su set-list de corte Doom/Sludge, directo y sin aditivos. Jon y Chris se alternan las voces rasgadas y directamente guturales respectivamente, predominando eso sí las primeras, y esto junto a la pegada de King, alumno aventajado de Chuck Biscuits (Danzig, Black Flag), supone una descarga de lo más seco y compacto que te puedas echar a la oreja. Tras la misma, con una puesta en escena hierática pero tremendamente efectiva, nos quedamos mirándonos como si efectivamente el Rey Cimerio nos hubiera pasado por encima. Seguramente lo más salvaje de la velada. Brutal.

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ELDER por su parte supusieron el contrapunto soft del festi, con ese toque progresivo maestro que atesoran y con el que nos deleitaron a todos los allí presentes, y es que dudo que alguien saliera defraudado de su actuación (para el que suscribe fueron los grandes triunfadores del Kristonfest 2018). Cambios de tempo ultradinámicos (esta banda juega con los tiempos con una facilidad pasmosa), solos vertiginosos, melodías de carne de gallina y, en general, unas composiciones de bellísima factura y calidad, que en su versión de directo ganan si cabe con respecto a las de estudio. La banda de Boston campó a sus anchas por el escenario del Kristonfest (no en vano repetían edición), sobre todo su bajista Jack Donovan, que con su Rickenbaker no paró de animar el cotarro, generando ovaciones y aplausos unánimes por parte del respetable. Repertorio infalible (no dejéis pasar su reciente Reflections Of A Floating World de 2017) y la sensación de haber visto una descarga realmente especial, desde luego bastante por encima de la media. Dioses.

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Tras una salida breve y concisa para recargar pilas en el bar más cercano (toda una bendición por parte de la organización, gracias y enhorabuena a pachas), con HIGH ON FIRE volvimos a la carga Doom/Sludge, aunque de corte definitivamente más Heavy que propuestas como la de CONAN. La banda del ex Sleep Matt Pike (guitarra, voz) lleva ya dos décadas en activo (lejos queda aquel sorprendente debut denominado The Art Of Self Defense de 2000), y si bien empezaron algo fríos y destartalados, la cosa fue ganando enteros por minutos, cuajando finalmente otra actuación para recordar de esta edición del Kristonfest. Pike no paró de moverse, de interactuar con el público, de masturbar el mástil de su Les Paul y de beberse lo que encontró por encima de los amplis (no diremos nada de su actual estado de forma), con ese timbre aguardentoso que gasta, a medio camino entre el de Rolf Kasparek y el de Chris Boltendahl, y ese conglomerado musical nieto de Venom, y la banda en general (trío) fue de menos a más, ejecutando ese Heavy/Doom de pasajes progresivos a la perfección, para deleite tanto del respetable como del resto de bandas, que se amontonaban entre bambalinas para presenciar in situ a los ya considerados unos clásicos del género. Gran actuación in crescendo y aproximación a las barras, que había que rellenar líquidos para afrontar la recta final con garantías.

Lo de MONSTER MAGNET era una asignatura pendiente desde hacía tiempo, y qué mejor momento que pillar a Dave Wyndorf en un buen momento, valga la redundancia. Mindfucker los ha devuelto a primera línea de nuevo, otro gran disco de corte Hard Rock clásico, muy en la onda Powertrip / Monolithic Baby, sin renunciar a ese toque Stoner de siempre, aunque ya muy lejos de esas primeras andanadas lisérgicas de los comienzos.

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Es evidente que Wyndorf acapara todas las miradas desde el principio hasta el final del concierto, es su banda y esto va por delante ya de entrada; poco importa que apenas si extraiga un par de notas de su SG por tema cuando se le ve en forma de nuevo, no para de arengar al público brazos en alto, su voz está en óptimas condiciones otra vez y la banda acompaña como procede (sobre todo Phil Caivano, que hace las veces de guitar hero). Con todo esto y un par de chupitos de Fireball en el cuerpo nada puede salir mal! Si además el show comienza con “Dopes To Infinity” y el sonido es el esperado, el orgasmo es asegurado.

Los temas de Mindfucker empastan perfectamente con el resto, y da la sensación por momentos de que suene lo que suene lo vamos a aceptar de buen agrado. La banda suena compacta y potente, su entrega es total y la nuestra por ende también. “Soul”, “Mindfucker” y “Radiation Day” me gustan especialmente, y “Space Lord” la aprovecho para ir a por el último mini de cebada, que utilizamos para regar el festero “Ejection”, “End Of Time” y el indispensable “Powertrip”, todo un himno generacional de un disco que simplemente hizo historia.

Por poner algún pero, nos faltaron temas de Monolithic Baby y algún corte más de Powertrip, sobre todo en los bises, pero ya se sabe cómo va esto, siempre falta algo para alguien en algún momento. Por lo demás, todo fueron pros. Asignatura aprobada con nota, y una alegría enorme de ver al bueno de Dave otra vez saludable y haciendo bolazos, que es lo que toca y mejor sabe hacer.

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Y cuando todo parecía abocado a ir cuesta abajo, la banda de Tatsu Mikami lo puso todo de nuevo patas arriba con su Doom/Stoner heredero directo de Black Sabbath y Pentagram. Con ese sonido retrotal y esas letras de asesinos en serie a lo “Ted Bundy” o “Charles Manson”, la banda japonesa nos insufló el último halo de la noche en formato mórbido, acabando con un bis improvisado a petición del personal (si no recuerdo mal fue el único de la noche). Un broche perfecto para un festi pluscuamperfecto, ya estamos deseando repetir en la próxima edición de 2019. Baroness, Mastodon, Kylessa, Witchcraft, At The Gates, Trouble, una reunión de los míticos Cathedral… organización, hacedme feliz!

Bubbath

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Arcade Fire – Wizink Center (Madrid), martes 24 de abril de 2018

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Pocas noches quedan retenidas en las mentes adultas (que no maduras) con bagaje (las que escurrimos la basura con distinta intermitencia). Por ello, si al cabo de unos días y digerido el efecto “todo ya” del consumismo informativo inmediato de corto alcance, la emoción del recuerdo se acrecienta y firmarías una excedencia para completar el tour con tal de repetir en bucle, puedes considerarte afortunado.

Los paralelismos entre los U2 de “Pop” y sus apadrinados Arcade Fire en la actualidad son sutiles y a diferente escala (sin limones, se sobreentiende). No me refiero sólo a que su última entrega comparta con aquél el exceso de autocomplacencia y el consiguiente levantamiento de ampollas (primer bache en un currículum impoluto). Como Bono antaño, Regine Chassagne, ataviada cual púgil encapuchado, se dirige hacia el cuadrilátero central junto a sus compañeros entre el gentío de pista, con presentación de speaker incluida e imágenes de cada miembro en las pantallas que coronan el escenario. La reacción hacia “Everything now” en el arranque se difumina según transcurre, pero rápidamente tiran de épica con “Rebellion (Lies)” para recuperar el pulso y vaciar pulmones en el primer corte que cae de “Funeral”. Toca vuelta al tono pachanguero-caribeño de “Here comes the night time”, que pasa un tanto desapercibida, aunque de nuevo recurren a su manual de insalvables para aunar en una sola voz a todo el Wizink,  con una “No cars go” a la que varían su tempo natural con alguna marcha de más y que supone el único recuerdo a su primer EP. Regine toma las riendas en “Electric blue” y, pese a que sube un par de notas por encima de la versión de estudio sonando a una especie de Alvin y las ardillas, deja en buen lugar el toque discotequero a lo Bee Gees/Abba de la última hornada; algo que no ocurre con “Put your money on me”, de la que sólo destaca el vídeo de acompañamiento, lleno de anuncios chorras (los mismos que emiten antes de comenzar el show), y su mensaje de sorna a la absurda compra compulsiva al alcance de un click que nos rodea.

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Hasta aquí, el curso de los acontecimientos es correcto, aunque los exclusivistas tienen un punto a su favor jugando con el argumento de que han travestido su esencia de directo sin artificios y puramente musical a favor de un frío espectáculo visual milimetrado. Sigue impactando ver a una decena de tipos encima de las tablas que combinan y se intercambian los instrumentos acostumbrados con mandolinas, acordeones, tambores, piano, etcétera, donde Win Butler se permite ir de la guinda que desee (ese sombrero que luce durante la primera parte le da un aire a Pete Doherty, acicalado y bien nutrido, eso sí) y el entretenimiento  recae en la hiperactividad común y la locura de su hermano Will, pero pesa el haber dejado escapar la entrada para Razzmatazz en julio de 2016, acontecimiento histórico a la vista del estatus alcanzado y del conciertazo que dieron (por una vez me remito a las pruebas que rondan la red). Nada más lejos.

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“Neon bible” y “My body is a cage” oxigenan el ambiente y dan un pequeño respiro al show para conducirnos sin regreso hacia un clímax final que no se presagia. “Keep the car running” enciende de nuevo los coros de la grada y “(Antichrist televisión blues)” cierra en modo folk la representación del disco bíblico y el apartado de sorpresas en el repertorio, de modo que reservo la nickcaveniana “Ocean of noise” para una lista de deseos futura. Entre “Neighborhood #1 (Tunnels)” y “Neighborhood #3 (Power out)”, interpretadas con una intensidad que pocos grandes firman a día de hoy y a pesar de que Win muta las estrofas en un discurso para esquivar las notas altas, tocan por orden la sección de “The suburbs” y de “Reflektor”. De la primera, en formato siamés obligado la homónima (impecable, de no llorar por vergüenza) y “Ready to start” (insurrecta y posiblemente la más rockera del set) desembocan en “Sprawl II (Mountains beyond mountains)”, con las bolas de espejos iluminando el pabellón y Regine soberbia a la voz (ahora sí). De la segunda, se marcan un mini show dance que transforma aquello en una fiesta, con Regine bailando junto a las primeras filas, de la mano de “Reflektor” (recuerdo efímero en imágenes a Bowie, otro de sus valedores)  y “Afterlife”. Después, sorprendente “Creature comfort”, potente en el cara a cara y cuya línea de bajo dibuja similar a la de Clayton en “Mofo” (vuelta a los irlandeses). Carne de directo, se destapó como la mejor superviviente para giras venideras.

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La delicada “We don’t deserve love” inaugura los bises. Aunque creo que es la única del álbum que no naufraga al lado de sus precursoras, resulta demasiado intimista y hace las veces de “If you wear that velvet dress” (ambas, delicatessen destinadas al cajón). Los miembros de la Preservation Hall Jazz Band, que momentos antes han amenizado la velada, toman el escenario (que da poco más de sí por la cantidad de músicos que alberga) para dar color al reprise de “Everything now” y que rápidamente enlazan con el “Wake up” más largo y catártico que con toda seguridad llegue a vivir en primera persona. No requiere de aditivos en crudo, pero con el aderezo de la jazz band, la comunión absoluta audiencia-grupo a estas alturas y la salida triunfal abriéndose paso entre la multitud, el himno se eterniza al coro de trece mil y pico gargantas pletóricas que no se cansan. Quince minutos inolvidables.

Luego, la comidilla mediática del miércoles, convirtieron los aledaños del Palacio en una improvisada charanga por las calles de Nueva Orleans. Capaces de transportarnos a idénticas sensaciones en recintos de cualquier dimensión, continúan firmes por el carril de adelantamiento pese a quien pese y trabajo de promoción que toque. Al hilo del párrafo de arranque, va a ser cierto lo de “now that I’m older / my heart’s colder /and I can see that is a lie”.

J. A. Puerta

Immortal – Sons Of Northern Darkness (2002)

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Séptimo disco de la banda noruega liderada por Abbath, que últimamente está siendo bastante prolífica a la hora de editar discos, pues van casi a disco por año o al menos año y medio, lo cual realmente está bien para los tiempos que corren. Dejaron hace un tiempo su discográfica de siempre (Osmose) para pasar a Nuclear Blast, lo cual seguro va a aumentar la promoción de la banda, debido a las diferencias promocionales en cuestión de sellos.

El disco contiene ocho temas y la manera de iniciarlo con “One By One” es verdaderamente espeluznante. Un inicio muy Black dominado por la base rítmica de la banda para, conforme va dando forma el tema, pasar a medios tiempos que te hacen mover la cabeza como un poseso. Seguimos con el tema título, “Sons Of Northern Darkness”, uno de los temas más rápidos del disco, que recuerda a otros como “Pure Holocaust” y “Battles In The North”. “Tyrants” es el tercer tema, con el cual baja un poquito la velocidad, en una onda más actual de la banda, con un sonido cercano a los dos últimos discos, “Damned In Black” y “At The Heart Winter”. Se centran mucho en la melodía en este tema, que por cierto les ha quedado de miedo. ¿Recordáis los medios tiempos y melodías de temas de su primera época como “Blashyrkh” de “Battles In The North” (1995)? Al escuchar “Tyrants” te recordará enormemente a él. Maravilloso.

Continúa el disco con “Demonium”, puro Death-Black, un tema impresionantemente rápido, muy en la onda “One By One”, con estructuras muy parecidas, es decir, inicios muy tralleros, medios tiempos y melodías a mitad del tema para volver a la tralla inicial. Otra de las mejores canciones del disco. Con el siguiente tema, “Within The Dark Mind”, me viene otra vez a la mente “Blashyrk” de “Battles In The North”, y es que si Immortal ya son excelentes haciendo temas de Black Metal rápido, haciendo medios tiempos no se quedan atrás… es más, hasta los prefiero. Excelentes, de verdad.

“In My Kingdom Cold” y “Antartica” siguen la estela de las canciones ya comentadas: la primera muy potente, inicialmente con una base rítmica muy fuerte y un doble bombo muy poderoso; y en la segunda (con la primera intro del disco) destacan las “cristalinas” guitarras con excelentes medios tiempos. Y para finalizar el disco “Beyond The North Waves”, el cual tras otra intro (la cual no me convence mucho) nos encontramos con el tema más pausado del disco. Me recuerda enormemente a temas de sus compatriotas Satyricon, y si el oído no me ha fallado es el único tema donde han incluido teclados. Que por cierto, les han quedado muy tétricos.

En general el sonido del disco no varía mucho comparándolo con los discos anteriores. Lo calificaría como un medley de “Blizzard Beasts”, “Battles In The North” y “At The Heart Of Winter”, pero con un sonido más limpio, más pulido.

Immortal han sabido evolucionar de la manera justa y adecuada en su carrera. Mientras las bandas principales del Black Metal noruego (léase Mayhem, Emperor…) han girado notablemente en su carrera, Immortal siguen ofreciendo a sus fans la esencia Immortal de toda la vida evolucionando de la manera correcta, y con este “Sons Of Northern Darkness” han conseguido realizar, para mí, su mejor trabajo desde aquellas dos obras maestras: “Pure Holocaust” y “Battles In The North”. Palabra de blacker.

Mantas

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Fields Of The Nephilim – Sala Mon (Madrid), viernes 30 de noviembre de 2018

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No se me ocurre mejor plan para pasar la Semana Santa que juntarme con los colegas para ver a otros colegas y quitarnos todos al unísono una de las asignaturas troncales pendientes en materia gótico-pagana de las consideradas indispensables. Si además se aprovecha la coyuntura para dar rienda suelta a los placeres de la carne de diferentes formas, podemos dar por superada la liturgia y por venerado el Corpus Christi. Ayuno y abstinencia pero a la inversa.

La jornada del Viernes Santo supuso el viacrucis placentero que cabía esperar: el vermouth de media mañana en el tren, el tapeo rehogado de cerveza al mediodía, la copa de sobremesa y vuelta a empezar (volver a leer varias veces intercambiando aleatoriamente el orden hasta altas horas de la madrugada). Saludos a mis compis de viaje (Saints In Hell & Jurgen Navas) y a las estrellas locales (Viper, Ricky & Peto), que dieron colorido a la semana más gris del año con diferencia.

El día amenazaba tormenta, pero todo quedó finalmente en agua de borrajas, y pasadas las 7 pm ya abordábamos Moncloa y aledaños para seguir con los zumos de cebada (cubos, para más señas), no fuera a ser que la sobriedad arreciara. Con horario británico (algo antes de las 8:30 pm) y tras Dead But Dreaming salían a escena Carl McCoy y sus nuevos mercenarios alquilados para la ocasión, con un sonido más que correcto ya de entrada, pese a las ecualizaciones iniciales, para acabar finalmente en un sonido perfecto, de lo mejor que se puede escuchar (y disfrutar) en sala.

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El show fue lo sobrio que cabía esperar, con la banda sonando compacta y contundente, siempre dentro de los parámetros que permite el arpegio limpio del Rock de corte gótico / siniestro, claro está, y McCoy por su parte asumió su rol de frontman a la perfección, acaparando prácticamente toda la atención y solventando la papeleta con una voz grave tirando a gutural, sin fisuras ni aspavientos, para llegar a su clímax en cortes como Last Exit For The Lost, donde se salió literalmente.

Como pros de la descarga destacar esencialmente la calidad del sonido, que a fin de cuentas es de los factores más importantes cuando se trata de escuchar música en vivo (que no el único), así como la voz de McCoy, por el que no parece que hayan pasado los años (con permiso de los pedales de efectos, eso sí), y es que se nota y mucho cuando además de llevar un set-list ganador de entrada se intenta defenderlo con una auténtica banda respaldando y con un equipo en condiciones, lo cual suele dar como resultado un concierto digno cuanto menos, y no lo que llevan ofreciendo décadas gente como Andrew Eldritch y sus Hermanitas de la Caridad, una pena que no se den cuenta de la importancia de detalles como el de una batería acústica real o la de dejar de engañar a un público que paga dinero para verte, directamente.

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Volviendo al caso Fields Of The Nephilim, quizá echamos en falta algo más de movimiento escénico y algún que otro corte adicional y/o mejor alternado, perlas como For Her Light, Blue Water o Chord of Souls no deberían faltar en tu repertorio cuando te dejas ver de década en década, pero lo que sonó lo hizo bien, y por ahí se salvan con creces. En cualquier caso concierto de hora y media justa y sin teloneros (antes de las 22 pm ya estábamos fuera de la sala), algo que deberían hacérselo mirar para girar tan de tarde en tarde. Se lo perdonamos si a la próxima no tardan tanto en volver, y sobre todo si nos regalan For Her Light.

 

Set-list:

Dawnrazor
Endemoniada
Love Under Will
Moonchild
Prophecy
At the Gates of Silent Memory
Psychonaut
Last Exit for the Lost

Vet for the Insane
Mourning Sun

 

Bubbath

Judas Priest – Firepower (2018)

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Resulta un tanto extraño y agridulce comentar el nuevo trabajo de una de las bandas de tu vida (saludos al staff de The Sentinel), cuando unos ya hace tiempo que no están (KK Downing) y otros acaban de partir en lastimosas condiciones (Glenn Tipton), pero la vida es así, y hay que aceptarla como viene, como decía aquella copla.

Lo primero que llama la atención de Firepower es la bestia-robot de la portada, los tonos cálidos Screaming For Vengeance que la impregnan y el logo clásico de la banda presidiendo a la derecha, conjunto que hace presagiar hacia dónde irán los tiros (hacia la izquierda).

Parece que los nuevos componentes Faulkner y Sneap han sabido (y podido) dar su aportación y reconducir al grupo, curiosamente a su sonido más clásico, y es que a veces tiene que venir alguien de fuera a decirte simplemente que no te salgas de la vía, aunque es igualmente cierto que de los errores se aprende, y errare humanum est.

La producción de Andy Sneap no llega a ser lo gélida y milimétrica que viene siendo habitual en él, supongo que por la mano clásica de Tom Allom, que sirve de contrapunto entre lo nuevo y lo añejo. Las nuevas melodías parecen más cortesía de los nuevos chicos del bloque que del malogrado Tipton, imaginamos que el bueno de Glenn se dedicó más a las estructuras y riffs principales que a los acabados y a los solos finales. Halford por su parte está bastante comedido y controlado, con un claro predominio de tonos intermedios reproducibles en directo, aunque igualmente habrá que ver cómo se defiende cuando no pueda descansar respiraciones entre tomas alternas, como se suele hacer en el estudio.

En total son 14 temas, relleno incluido, aunque en este caso hasta el relleno cumple su función, esto es, empasta debidamente con el resto de ‘clásicos’ y conforma un todo homogéneo donde no es necesario quitar ni reordenar nada, como sí sucede en otros discos donde los pegotes o no están en su sitio o huelgan directamente.

“Firepower” abre el fuego en plan ‘aquí estamos de nuevo’. Onda painkilleriana ideal para arrancar, sencillo, directo y con un solo melódico que contrarresta. “Lightning Strike” prosigue haciendo las veces de “Night Crawler”, single de cara a la galería que combina perfectamente con su predecesor.

“Evil Never Dies” es un corte machacón que recuerda por momentos a Jugulator (el interludio recuerda horrores a aquel “Burn In Hell” de la era Owens), con esos riffs en tonos graves y el doble bombo perenne de Travis, mientras que “Never The Heroes” supone un medio tiempo épico antibelicista que parece más cosecha de Saxon que de los propios Judas, sin duda de los que más despuntan en el trabajo.

Con “Necromancer” empieza el relleno, pero tampoco sobra. Sonido martilleante típico Sneap, en el que si omites a Halford te parecerá escuchar cualquier tema de Kreator o Arch Enemy, mientras que “Children Of The Sun” parece más un tema de Halford en solitario que de su banda materna (tampoco quedaría mal en voz de Dickinson). “Guardians” sirve de intro de piano donde se van incorporando guitarras y batería para lo que es uno de los mejores cortes del trabajo, “Rising From Ruins”, donde Judas destapan el tarro de las esencias, con riffs demoledores, descansos, una letra enervante cortesía del Halford más mesiánico, y un crescendo mítico que parece una puesta al día del mastodóntico “Blood Red Skies”. Para poner sesenta veces seguidas en estados de depresión manifiesta, o simplemente para salir de fiesta.

Con “Flame Thrower” prosigue el relleno, sin duda de lo más flojo del disco, sin embargo parece puesto inteligentemente entre dos grandes temas para ‘descansar’ y hacer a sus compañeros destacar. Un tema así para Exodus sería todo un logro, pero desde luego no para los Dioses del Metal. “Spectre” es un medio tiempo denso, rozando el progresivo, curioso cuanto menos y que aporta variedad al conjunto, aunque lleva implícito el sello Judas en todo momento.

“Traitor’s Gate” es como si Judas Priest se encontraran con Fight en un pasillo (en este caso estribillo), y “No Surrender” nos devuelve a la sección himnos-de-puño-en-alto, otro temazo, de lo mejor del plástico junto a “Rising From Ruins”. “Lone Wolf” cierra el apartado relleno (no es mala estadística tres de catorce), con un riff que parece cosecha de los Metallica actuales intentando emular a su vez a los Sabbath más clásicos, aunque si tengo que elegir entre Judas y Metallica me quedo con Judas, claro (Hetfield y Ulrich son más de trece-catorce).

“Sea Of Red” es la ‘balada’, un tema efectivo para cerrar en relax y con Halford entonando acapella por momentos, que si bien no es “Before The Dawn” tampoco creo que lo pretenda, poniendo un lindo broche a un trabajo notable (para sobresaliente, de no ser por el relleno) y por otra parte exigible a estos autoproclamados Metal Gods.

Libreto parco y conciso, letras, créditos (los justos) y poco más, con detalles a lo Transformers / Pacific Rim en el interior, cinco símbolos que pueden identificar a los distintos miembros del grupo y el clásico tridente made in Judas. Básico y funcional.

Para acabar, y ya en modo elucubración, decir que Firepower habría supuesto una lógica y coherente continuación a Painkiller (1990), con el permiso del gran Angel Of Retribution (2005), que parecía un traje hecho de encargo, y sin el permiso de los anodinos Nostradamus (2008) y el desapercibido Redeemer Of Souls (2014), el primero un capricho de elevados costes y el segundo un refrito sin la garra y energía que sí atesora este Firepower. Pero lo dicho, una carrera supone tropiezos en la mayoría de los casos, máxime si es de larga distancia como la de Judas Priest, y lo importante ahora es mantenerse, algo que tras tantos años de actividad discográfica se va tornando cada vez más difícil. Si a estas alturas de la película una banda al borde de la cincuentena puede seguir deleitándonos con discos como el que nos ocupa ello sólo puede ser motivo de alborozo. Por todo lo que nos dieron y nos puedan seguir ofreciendo, long live the Priest.

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Bubbath

Dissection – Storm Of The Light’s Bane (1995)

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Ahora que la década de los 90 forma ya parte del recuerdo no podemos hacer más que recrearnos en él, y no cabe duda de que al hablar de la vertiente metálica más oscura y brutal como puede ser el Black Metal un capítulo ineludible son los suecos Dissection.

Lamentablemente y para desdicha de numerosos headbangers de todo el globo, la carrera del grupo se vio truncada por ciertos hechos que muchos conoceréis, que se resumen en la comisión de asesinato por parte de su líder Jon Nodtveidt y su posterior encarcelamiento en 1997 (finalmente cumpliría 7 años en prisión), dejándonos un breve pero preciado legado a los que gustamos de los sonidos más infernales.

Ya con un reconocido prestigio en la escena underground del momento y tras un sorprendente debut (The Somberlain, 1994), Jon Nodtveidt (guitarra solista, voz), Johan Norman (guitarra rítmica), Peter Palmdahl (bajo) y Ole Ohman (batería, curiosamente expulsado tras la edición del disco) se meten de nuevo en el estudio de la mano del todopoderoso Dan Swanö y graban lo que ha llegado a convertirse con el tiempo en una de las obras más aclamadas de la música extrema.

Tras una fría ilustración (Necrolord) que nos presenta a la muerte a caballo, y que me recuerda horrores a la del “Mirror Mirror” de los germanos Blind Guardian (de haber copiado alguien habrían sido Hansi y compañía, claro), se esconden unas composiciones no menos gélidas. El disco lo conforman ocho cortes de una fiereza descomunal y de un odio contenido que tira de espaldas, pero en todo momento aderezado de un sorprendente sentido de la melodía, que hace de esta edición una obra magna a destacar por encima de sus coetáneas. Sólo con escuchar la insistente melodía de guitarra acompañada de timbales de lo que sirve de intro, “At The Fathomless Depths”, sientes como el frío nórdico empieza a adueñarse de tu alma. Y sin más dilación entra lo que es para servidor uno de los mejores y más representativos temas de Black/Death de todos los tiempos, “Night’s Blood”. Este tema lo tiene todo: fuerza, brutalidad, agresividad, melodía, letra, cambios de tiempo… en fin, una oda de lo que es, o debería ser (al menos para servidor) la música extrema de calidad, sin renuncias ni cortapisas. Al loro con las guitarras acústicas del interludio y la narración, que va in crescendo con unas melodías netamente heavy-metaleras para desembocar nuevamente en la parte inicial. Apoteósico.

Más directo se presenta “Unhallowed”, con una batería a golpe de caja que aturde los sentidos y un doble bombo que quita el hipo (hay que ver cómo juega con él Mr. Ohman, a saber lo que haría para que le diesen puerta), y un Jon que escupe como un auténtico demonio. Otro tema a destacar por su tempo es “Where Dead Angels Lie”, del cual se extrajo un EP en relieve con forma de cruz muy curioso, el cual contenía los covers de “Elisabeth Bathory” de Tormentor y el clásico “Anti Christ” de Slayer, un corte de aire pausado pero de una fuerza descomunal, y con las guitarras constantemente dibujando melodías diabólicas en quintas, aderezadas éstas con algún que otro solo bastante simple pero tremendamente efectivo. Lo dicho, puro arte (básico, pero arte). “Retribution – Storm Of The Light’s Bane”, “Thorns Of Crimson Death” y “Soulreaper” siguen la tónica de los anteriores, mientras que el piano de “No Dreams Breed In Breathless Sleep” pone el broche final y un merecido sosiego a tan fiera descarga.

Es una pena que el fanatismo y la sinrazón interrumpieran la carrera del grupo, en primera instancia con el ya mencionado encarcelamiento de Nodtveidt, y en última con el fallecimiento del mismo por suicidio el 13 de agosto de 2006, tras su excarcelamiento y regreso a los escenarios, salida tras la cual se editó el esperado tercer álbum de estudio de la banda, Reinkaos (2006), y posteriormente sendos directos póstumos, Live in Stockholm (2009) y Live Rebirth (2010).

Abstrayéndonos de determinadas ideologías extremistas y demás hechos delictivos, algo que ni nos corresponde ni nos interesa juzgar aquí, el legado de Dissection ocupa un lugar privilegiado en lo que a música extrema se refiere, y supone un capítulo ineludible para todo fan que se precie de los sonidos más duros y oscuros. Seguidores de Cradle Of Filth y Dimmu Borgir, ¿a qué esperáis?

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(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado y editado en marzo de 2018)

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GIGATRON + Ira Ciega – Sala Marearock (Alicante), viernes 2 de marzo de 2018

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Cuando en 1997 llegó a nuestras manos la ahora ya maqueta de culto Huracanes Del Metal (Live In Donington 97) de GIGATRON, viejos conocidos de nuestra zona levantina por provenir de los inclasificables CHOCOCRISPIS, nuestra sorpresa y alborozo fueron máximos, y enseguida nos declaramos fans incondicionales de la banda que más y mejor supo destapar las vergüenzas del género, o cuanto menos con más acidez y desparpajo, aunando amores y odios a la par en territorio nacional a pasos a-gigantados, y dejando entre medias a un sector que no sabía muy bien qué pensar (con lo sencillo que es a veces no pensar y simplemente disfrutar).

Los Dioses Han Llegado (1998) puso al día la mítica demo en formato CD, con un ligero lavado de cara y con el track-list incrementado para la ocasión, aunque sin demasiados retoques y conservando intactos los himnos que les catapultaron al estrellato mundial, como “El Barco De Colegas”, “Rebeldes De Cuero”, “El Poseso” o “El Templo Del Metal”, que tantas carcajadas nos arrebataron en su momento a los que gustamos de esto del Heavy Metal y además gastamos de eso a lo que llaman sentido del humor. Lo cortés no quita lo valiente, que se suele decir.

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Tras una época de sequía discográfica, Mar De Cuernos y su apéndice Hitthrashhit (2005) retomaron la estela de su predecesor, con perlas de la talla de “Banderas De Roña”, “Mi Hacha Hizo Tu Culo”, “Macho Cabrío” o “Alma De Animal”, y aunque ya llovía sobre mojado el descojone estaba más que asegurado. Hitthrashhit (el disco fantasma) no se editó en formato físico por motivos legales (su contenido no era otro que un puñado de covers a la GIGATRON, con gemas como “Caballón” de Manogüar o “Heavys En Fallas” de Quis), pero pronto se hizo tanto o más conocido que su compañero de edición ‘oficial’.

A partir de ahí, y tras otro largo período de ‘ausencia’ discográfica, que no de apariciones en directo, Atopeosis 666 (2014) y el reciente The Aluminium Paper Album (2017) han resucitado al mito, embarcándose el pasado año en una gira por gran parte del territorio nacional denominada Alluminatour 2018 (no se van a separar hasta asegurarse de tocar todos y cada uno de los clichés del Metal, y lo cierto es que hay donde elegir), ocasión que no íbamos a desperdiciar para ver por fin en directo a las huestes de los míticos Charly Glamour (voz) y Mike Ferralla (bajo), a los que se incorporaron sobre la marcha los letales Dave Demonio (guitarra) y Johnny Cochambre (batería), que ocuparon la plaza de otros ilustres anteriores como Frank El Tachas (guitarra) o los baterías Bestia Indomable y Mazinger Molina (intuimos que estos últimos fueron explotando en directo como los de Spinal Tap).

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La verdad es que pasar dos horas y pico de concierto entonando himnos a carcajada limpia (a ver si toma nota del timing alguna banda de las ‘serias’, por no decir la inmensa mayoría), y eso sin contar con la intervención de IRA CIEGA, a los que sólo pudimos ver despedirse con su atuendo de frailes a lo INHUMANOS dada su tempranera actuación, por 15 euros de los corrientes (18 € en taquilla) está más que amortizado, y si alguien salió defraudado del bolo seguro que Charly y los suyos estarían encantados de reintegrarle el importe, bien en dinero o en kalimotxo del caro (con Coca-Cola original y vino Don Simón, como merece la ocasión).

Lo cierto es que la banda ha progresado ostensiblemente, y lo que comenzó siendo una fanfarronada donde primaba el concepto sobre la música (baterías programadas, solos escuetos y limitados, temas de minuto y medio…), ha dado paso a kits de batería de lujo y a auténticas suites musicales por bloques (o bruques), que nada tienen que envidiar por momentos a las de Manowar o Stratovarius. Así pues, tras la intro de turno la descarga de la banda comienza a destajo, con cortes de nueva factura como “El Papiro De Aluminio” o “Viking Bugui” (con toda la sala bailando, el delirio), a los que pronto se unen clásicos como “El Barco De Colegas”, “Rebeldes De Cuero”, “El Poseso”, “Banderas De Roña”, “Mi Hacha Hizo Tu Culo” o “Mazinguer Metal”, los mejor recibidos por el sector más veterano del respetable, entre el que nos contábamos servidor y mi colega Carlos (el Templo, el TEMPLO!!!). Cochambre y Ferralla erigen el wall of sound de la banda, todo un muro sónico de ejecución sobresaliente e hiper contundente, mientras que Demonio dibuja libremente sus armonías de guitarra por encima, dejando que Charly lleve el peso de la ‘actuación’, sin parar de interactuar con el público a base de chistes, constantes cambios de look y demás arengas heavy-metaleras, e incluso haciendo mosh cada tres por cuatro.

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Mención especial merece la parte acústica del show, donde Cochambre y Ferralla dejan a sus compañeros de fatigas que destrocen a gusto clásicos como “Stairway To Heaven” o el comienzo de “Hallowed Be Thy Name” (adaptación gypsy del clásico de Iron Maiden), y en los que constatamos una vez más la imaginación sin fin de Charly Glamour (eso y que está como una puta cabra, además). Siguen los ‘homenajes’ con “Caballón” (Manogüar) y la caña de España con “Apocalipsis Molón”, “Warrior Of The Barrio” o “Festival Del Mal”, y entre el público puedes divisar de todo, desde peña partiéndose la caja hasta gente estupefacta, pasando por pogos descontrolados, minis de kalimotxo alzándose al escenario o hachas de plástico sobrevolando el mismo. Pos-eso, atopeósico (666).

Durante los cortes más nuevos aprovechamos para ir a la barra y/o al señor Roca (precios asequibles en la sala, todo sea dicho), y de vuelta hacemos lo propio para sacar alguna instantánea de tan magno evento y para chocar la mano del gran Charly Glamour (ya podemos morir tranquilos), el cual se hace eco de su valenciana vecindad y de las fiestas que se han corrido por la zona en sus tiempos más mozos.

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Al final giga-bolazo de dos horas y pico, con un sonidazo impropio de una sala de esas características (se nota muy mucho que le dan importancia a todo, desde el aspecto visual al sonido, evidentemente, con los roadies y el técnico de mesa involucrados desde el principio), tras lo que te planteas realmente si son Gigatron quienes se toman a broma esto del Rock o si son otras bandas supuestamente ‘serias’, de esas que te sablan en la taquilla y te despachan a la hora y cuarto de actuación.

Así que lo dicho, si no tienes prejuicios, te gusta el Metal y quieres pasar un gran rato (en todos los sentidos) no desaproveches la ocasión, Gigatron siguen siendo la caña de España, la cumbre del Rock.

Bubbath

Blazemth – Dragon Blaze (2017)

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De las cenizas de los death-metaleros Undivine, previo paso por otras aventuras anteriores como Decomposed (1989-1991) o Rotten Flesh (1991-1993), nació Daemonum allá por 1993, el auténtico embrión de lo que terminó siendo Blazemth, que mutó su nombre a este último al año siguiente simplemente por similitud o incluso coincidencia con el de otras bandas foráneas (para servidor todo un acierto, dicho sea de paso).

Ya como Blazemth registraron lo que sería su primer MCD, “For Centuries Left Behind” (1995), si no recuerdo mal la primera edición digital de una banda española (perdón, catalana) de Black Metal, un prometedor debut de sugerente portada y algo más discreto resultado en cuanto a producción y sonido, con las guitarras muy ausentes en la mezcla final, lo que les otorgaba por su parte cierto aura de banda atmosférica, más en la línea de bandas como Burzum que de otras más directas como Mayhem, Immortal o Dark Throne, aunque seguía siendo Black Metal, al fin y al cabo.

El siguiente “Fatherland” (1996), casual o premeditadamente también MCD, subsanó notablemente las deficiencias de su predecesor en cuanto a labores de producción se refiere, y tras una portada algo más explícita esta vez y bajo un logo ya más identificable y característico, se escondían un puñado de temas de bastante mejor empaque y sonido, ahora ya sin demasiado que envidiar al de grandes bandas foráneas como las citadas anteriormente u otras más melódicas como Emperor o Satyricon (por estas páginas puedes leer tanto reseñas de la época como una entrevista a la propia banda, e incluso ver un vídeo grabado en directo en la extinta sala Abraxas benidormense), y sobre todo con unas composiciones a la altura de las circunstancias, variando tempos, conjugando teclas, melodías y voces con gran acierto, y ganando en contundencia y calidad en líneas generales.

Y os preguntaréis, ¿qué nos aporta este “Dragon Blaze” exactamente dos décadas después de la disolución de la banda? Pues bien, a través (de nuevo) del sello catalán Abstract Emotions, dedicado especialmente a la edición y distribución de música extrema, aparte de recopilar ambos trabajos, ya hace algún tiempo descatalogados, y de retocar sutilmente el logo del grupo, se ha aprovechado la coyuntura para revisar ambas producciones por Mr. AX (Asgaroth, Dejadeth) en sus AXTUDIOS de Barcelona. De esta forma, mientras que “Fatherland” no presenta grandes cambios en cuanto a sonido (tampoco los precisaba), aunque quizá sí se antoje algo más alto o ‘vivo’, “For Centuries…” reaparece ahora con un lavado de cara bastante agradecido, con los instrumentos más altos en la mezcla en general y las guitarras en particular. Por lo demás, tampoco hay mucho que descubrir con este trabajo, salvo que creas claro está que el Black Metal nació con bandas como Cradle Of Filth o Dimmu Borgir, en cuyo caso sí te puede servir de gran ayuda para acercarte a la génesis de esto (en paz descanse, Quorthon Seth). Para el resto, “Dragon Blaze” supone un reencuentro más que gratificante tanto con el grupo como con los cimientos del estilo, cuando el  Black Metal era fresco, puro y genuino, olía a moho y rezumaba invierno. Así pues, seguro que vuelves a deleitarte como el primer día con himnos del calibre de For Centuries Left BehindUnholycaust o el propio Fatherland.

En cuanto a la edición en concreto, la que tengo entre mis manos es la versión CD, que además de ambos mini CD incluye un par de temas en directo (“Almogavaria” y “For Centuries Left Behind”), con valor más testimonial y de relleno que otra cosa, ya que el segundo goza de una muy mala calidad de sonido y el primero directamente no se escucha (¿pista en blanco?). El libreto interior no incluye créditos, fotos ni letras (definitivamente esto es Black Metal), únicamente las portadas de ambos trabajos y el track-list (los créditos figuran en la contraportada del disco), lo cual habría sido todo un detalle aprovechando el modo ‘recopilación’. Para los coleccionistas también se ha editado en vinilo negro o rojo transparente, el primero limitado a 350 copias y el segundo a 150, y añadir que las 3 ediciones están disponibles a un módico precio en la web de Abstract Emotions.

Ahora sólo resta que esta edición tenga continuidad con la nueva formación de la banda, que además de a los ya habituales Lord Erlick (guitarras, bajo, letras, baterías) y Volkhaar (voz, guitarras) incluye a Hisarr Zul (guitarras), Eldar (bajo) y Frost Demon (batería), y pronto tengamos en las manos una nueva entrega discográfica con material inédito y, a ser posible, que lo podamos volver a ver en directo un par de décadas después de la última vez. For Centuries Left Behind!

Bubbath

Entrevista a ENOCHIAN

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ENOCHIAN fue una de las bandas pioneras en la costa levantina en practicar Black Metal. Su estilo estaba fuertemente enraizado en la Escandinavia de los primeros 90, con claras influencias de Dark Throne, Impaled Nazarene o Mayhem, por citar las más evidentes. Tras una demo / rehearsal registrada en 1996, estuvieron a punto de fichar por un sello catalán para editar su primer material en estudio, pero finalmente los diversos compromisos de sus miembros impidieron tanto la edición de dicho trabajo como la continuidad de la propia banda. A fecha de hoy, ya como (oc)cult-band propiamente dicha, rescatamos la entrevista que les hicimos desde BATTLE HYMNS a estos grandes (colegas) de la escena alicantina.

En primer lugar y para comenzar, ¿cuándo se forma ENOCHIAN? ¿Qué significa ese nombre?

Enochian fue formado en septiembre de 1995, y en cuanto al significado del nombre, la gente que esté familiarizada con la cultura Nephilim sabrá a qué hace referencia: no es más que el lenguaje de dicha cultura, el enochiano (con su correspondiente adaptación al inglés).

Dado que os consideráis una banda de Black Metal, ¿qué significa / implica para vosotros este término? ¿Creéis que actualmente las bandas de este estilo tocan realmente lo que sienten o, por el contrario, es una moda que pasará con el tiempo al igual que otras anteriores?

Como ya hemos expresado alguna que otra vez, si llamas al Black Metal un estilo con una serie de características como el sentimiento, la contundencia y/o letras con un mensaje diferente (en forma y fondo), puedes incluir a ENOCHIAN dentro del saco. En cuanto a lo segundo, una reflexión: ¿Quién se ve forzado a formar una banda de un estilo que le desagrada? Si puedes expresarte mediante un tipo de música que te parezca mínimamente interesante (no tiene por qué ser tu favorita) es válido lo que hagas. ¿Moda? ¿Cuántas bandas de Black Metal se ven respaldadas por una multinacional que venda su imagen y las convierta en algo ‘social’? Te sobran dedos de una mano…

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He tenido la oportunidad de ver algunas de vuestras letras y he apreciado un alto contenido metafórico. ¿De qué van realmente? ¿En qué os basáis para componerlas? ¿Le dais mucha importancia a éstas?

Las letras son un componente importante y, como citas, sí tienen un gran carácter metafórico. Por otra parte, de nuevos temas como The Fallen God cada persona adapta a sus circunstancias y observaciones de lo que y de quienes le rodean el significado de las letras. El letrista sí tiene claro su significado, pero deja que cada lector las interprete, que es lo que interesa.

En cuanto al grupo, ¿tenéis una formación estable o habéis hecho algún cambio desde que comenzasteis? ¿Y local de ensayo? En cuanto al directo, ¿tenéis pensado hacer conciertos o no está dentro de vuestros planes?

De comenzar siendo un dúo (guitarra, vocal/batería), hemos pasado a una formación estable de cuatro miembros (2 guitarras, vocal, batería). ¿Local de ensayo? Es el único problema que ha afectado a la banda, pero actualmente no lo tenemos (el problema), por lo que todo marcha según lo planeado. El asunto de los conciertos no entra en nuestros planteamientos. Ya veremos más adelante…

A la hora de componer tanto musical como letrísticamente, ¿os sentís influenciados por alguna banda en especial? ¿Qué grupos o música en general escucháis? ¿Qué opináis del Heavy Metal?

Explícitamente no. Individualmente aportamos ideas para los temas, que pueden tener alguna referencia, pero en conjunto no nos planteamos una ‘fórmula’ concreta. De gustos comunes que pueden reflejarse en la música nombraría a MAYHEM, IMMORTAL, DARK THRONE, BURZUM, IMPALED NAZARENE, IN FLAMES, DISSECTION, NAGLFAR, DARK TRANQUILLITY, etc. El Heavy Metal más clásico nos encanta. Muchos ‘Himnos de Guerra’ forman parte de nuestra vida musical. ¿Qué tal si hablamos de The Sentinel, Uaschitschun o Sleepless Nights?

¿Mantenéis algún tipo de relación con otras bandas? ¿Qué opináis del underground black/metalero de nuestro país y de bandas como BLAZEMTH, PRIMIGENIUM, etc.?

No por ahora. Esperamos editar el CD para comenzar la promoción y los contactos. Una vez más destacar grupos como PRIMIGENIUM, PACT OF SOLITUDE o MAJESTIC MIDNIGHT.

¿Qué opináis del Satanismo? ¿Qué os parece lo que sucedió en Noruega con el Inner Circle, el asesinato de Euronymus (líder de Mayhem) y el posterior encarcelamiento de Count Grishnackh de Burzum?

El Satanismo es utilizado generalmente por las bandas de dos formas: de crítica al Cristianismo y de creencia por sí misma. Ambas son respetables, aunque ENOCHIAN jamás utilizará el Satanismo como instrumento letrístico o de imagen. Además, cuanto menos es curioso el hecho de que gran parte de ‘creyentes’ de esta línea hablen con total ignorancia. Acerca del hecho en cuestión, lo único por decir es: Primero, que tanto BURZUM como MAYHEM son grandes bandas. Segundo, que cuatro años son suficientes para enterrar estos hechos. Desde luego, si el underground debe alimentarse de este suceso no auguro mucho futuro a todo esto.

He oído que un sello os ha ofrecido grabar un Split CD con otra banda (OUIJA, si mal no recuerdo). ¿Cómo está el asunto? ¿Qué temas incluiríais en éste si llega a grabarse? Temas del ensayo, alguno nuevo…

Ahora mismo estamos a días de grabar y somos optimistas. Incluiremos los 8 temas del ensayo más unas canciones nuevas que faltan por concretar, pero de las cuales The Fallen God y No Cries Left In Heaven entrarán con total seguridad en el CD.

¿No os habéis planteado nunca el meter teclados? ¿Y fusionar algún otro estilo con el vuestro, como hacen muchos grupos ahora?

Por ahora los teclados no son necesarios, pero no nos importaría utilizarlos ¿por qué no? El fusionar estilos es algo complicado, y más en el nuestro. Es más, cualquiera no puede fusionar ya que en muchos casos el resultado es pobre y hay que conocer a fondo los estilos a mezclar, lo que requiere un período de experiencia musical amplio que no tenemos.

Bueno, creo que por esta vez es suficiente. Espero que tengáis suerte con la grabación y que nos tengáis informados de ella, claro. Si queréis decir algo a la gente esta es la ocasión…

Adelante con tu iniciativa, David, que es seria, honesta y plural, lo que merece todo nuestro respeto. A la gente cabe decirle que escuchen a ENOCHIAN y que esperen todo del CD. Aquí te dejamos un mensaje para que lo finalices: Hard as iron, sharp as steel, stop for no man… YOU BETTER BEG AND KNEEL!

Pues esto fue lo que dio de sí la entrevista. Por unos u otros motivos al final ENOCHIAN no registró su material en CD, quién sabe lo que habría sido de ellos de haberlo hecho, no en vano sus supuestos compañeros de edición OUIJA acabaron siendo una de las formaciones más notables del estilo en el panorama español. Sea como fuere, ahí queda el legado de ENOCHIAN, nunca se sabe qué nos deparará el futuro.

Enochian en www.metal-archives.com

Entrevista: Bubbath

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de BATTLE HYMNS, en algún momento de 1997)

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Paradise Lost – Draconian times MMXI (2011)

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Alguien dijo en cierta ocasión que la nostalgia es síntoma de falta de creatividad y algo de eso le está ocurriendo a Paradise Lost. Extraña que una banda tan reacia a publicar “complementos” lleve dos directos en tres años, saque a la luz un documental autobiográfico con apariciones de amigos e influenciados, recupere demos primigenias y decida servir ración doble del trabajo que más satisfacciones en términos numéricos le ha proporcionado. Cabe recalcar el aspecto ligado a la popularidad y las ventas porque en su día la emisión del videoclip de “The last time” a modo de anticipo provocó en primera instancia sustos y decepciones frutos de una ligereza alegre ausente en el colosal y entonces ya endiosado “Icon”.

El contenido básico del paquete se compone del show que el combo ofreció en el londinense The Forum en abril de 2011, desgranando una primera parte compuesta por “Draconian times” en su totalidad y riguroso orden de estudio y una segunda concentrada en ineludibles (“As I die”, “True belief” o “Say just words”) junto a un par de su penúltima obra editada. No obstante, es la ejecución de la segunda parte del disco homenajeado la que se lleva la palma. Y es que supone un placer reencontrarse con infraexplotadas como “Yearning for change” y “Hands of reason” y redescubrirlas en formato directo, si bien el tratamiento general es el esperado, con escrupuloso respeto a las originales. Las únicas salvedades son quizás una mezcla final que prima las armonías de Mackintosh por encima de los rasgueos de Aedy, dotando de mayor peso a la melodía en detrimento de la agresividad, la presencia de teclados en escena para reforzar determinados pasajes y el estado vocal de un Holmes que salva las composiciones a duras penas. Sin atisbos del pseudo-Hetfield que levantaba a base de energía los temas para compensar sus limitaciones técnicas, lo único que perdura de aquél es la melena engominada que luce, dando la sensación de encontrarse al borde de la rotura en “Hallowed land” o “Jaded”. Aún así, al tipo más lánguido y cínico del panorama metálico le sobra honestidad para admitir sus carencias antes de “Forever failure”, presentando al teclista Milly Evans como vocalista ocasional al estilo de Lee Morris tiempo atrás. De la nueva hornada, la homónima presenta aspiraciones de permanencia en futuros sets, con reminiscencias a “One second” y ensalzada con un potente estribillo, mientras “Rise of denial” confirma la sensación de caos e indefinición estilística que domina el conjunto de aquel trabajo.

El segundo DVD contiene extras de videoclips, entrevistas con la banda y fans que acudieron al evento y que no difieren en exceso de los incluidos en “The anatomy of melancholy”.

De pretender contentar a fans primerizos o a quienes 1996 les queda en el limbo, podían haberse conformado con el mismo tour para promocionar la reedición de 2011 y regalarnos a cambio conciertos íntegros en festivales emblemáticos como Donington o Dynamo, más allá de las migajas que incluyeron en “Evolve” o de los especiales que en su día emitió Headbangers’ ball en MTV. Al fin y al cabo, este uno por dos no suple ninguna carencia en forma de documento histórico o, en su defecto, acontecimiento significativo actual de la clase de At the Gates en Wacken. Es más, las humildes dimensiones de The Forum y austeridad del montaje dan fe de que, a diferencia de Roger Waters, Metallica o análogos, los de Halifax pertenecen al segmento minoritario sin capacidad para engordar sus cuentas bancarias con productos de esta naturaleza. Quizás por este motivo gane enteros el argumento del inicio. En todo caso, de obviar los porqués, representa un hito para la cantera Peaceville y viene a demostrar que, gustos aparte, juegan en liga superior a sus coetáneos.

J. A. Puerta

(Publicado originalmente en ROCKSCALEXTRIC durante el tercer lustro de la era 2000)

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