Canker – Physical (1994)

En el mundo de la música siempre hay bandas que nunca han conseguido lo que realmente han merecido. Casos hay muchos y múltiples, grupos que por diversas causas no han terminado de cuajar todo su esfuerzo y trabajo. Si en la música nacional me tocase indicar un grupo que ha merecido mejor destino a su buen hacer, no tengo la menor duda en afirmar un solo nombre, y no es otro que el de los granadinos Canker. Brutos y melódicos a su vez, nos volvieron locos a unos cuantos hace ya la friolera de 15 años con su demo debut. Proporcionaron una explosión de calidad fuera de lo común en la vaga por el momento escena Thrash/Death nacional. Esta simple pero efectiva cinta, junto a su buen hacer con el directo en el Villa de Bilbao, les valió para que Romilar D se fijara en ellos para editarles su primer larga duración. «Physical» se llamó, y dejó a la suela de sus zapatos a los muchos intentos nacionales de emular a los Slayer, Metallica, Anthrax y compañía.

Nunca había sonado una banda patria de la misma manera, y es que, aparte de la incalculable calidad que atesoraba la banda, tuvieron buenos ojos y oídos para dejarse llevar por alguien experimentado como Colin Richardson, el cual les sacó todo su jugo para dar vida a un disco que en cuestión de calidad no se ha vuelto a repetir desde mediados de los 90 (12 años tiene ya, cómo pasa el tiempo…). 8 cortes más intro (como mandaban los cánones) que iban desde el inicio brutal con «Inquisition» a temas que ya conocíamos de su anterior entrega de corte más melódico, haciendo especial mención al tema «Physical», un tema que lo tiene todo y donde Miguel a la guitarra demuestra que no hace falta ser un virtuoso para desprender sentimiento y melodía a las seis cuerdas. Su trabajo en el tema (y globalmente en el disco) es realmente de 10. Sin duda, el alma del grupo y que en la actualidad quiere seguir tirando de él, pero la suerte no es su gran aliada. Una lástima.

Javier Sánchez

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

GHOST + ALL THEM WITCHES – Wizink Center (Madrid), miércoles 11 de diciembre de 2019

Esta vez fue la exposición de Juego de Tronos la excusa que nos privó de presenciar la descarga de TRIBULATION. No obstante, ALL THEM WITCHES se encargaron de recordarnos por qué Josh Homme se pasó al lado de ARCTIC MONKEYS (cuando valían).

La cita madrileña con GHOST deparó tantas sorpresas en comparación con la barcelonesa como improvisación hay en cada paso que da el Sr. Forge. Esa sensación de mesura excesiva en el show, donde hasta las bromas de los nameless en sus respectivos solos de guitarra se gastan con precisión de cirujano, y de cierta complacencia en la forma con afán de agradar a la audiencia variopinta congregada en el Wizink, más numerosa que en la anterior visita de 2017, resta puntos a quienes poníamos rostro a la temática satánica que impregnan los textos de la banda en la figura de Papa Emeritus y nos hacía retroceder por segundos a los tiempos primigenios de unos MERCYFUL FATE que jamás pudimos vivir en primera persona.

Pero, siendo justos, las dos horas milimetradas de espectáculo que ofrecen responden al esfuerzo por situarse al nivel de las major y abarcar a un público amplio, sobre todo el joven, cada vez menos sectario y prejuicioso. Y, si a lo largo de los años King Diamond no ha mostrado reparos en desmitificar su propia imagen posando con una camiseta del Real Madrid o haciendo pública su afición por las costumbres navideñas, se puede indultar al alter ego moonwalker de Cardinal Copia, a percusionistas sin rol útil aparente encima del escenario o a los discursos inacabables en inglés con acento de Béla Lugosi. Los temas son inapelables y salen indemnes del capricho de interpretar los dos cortes de su último EP, aunque el homenaje a su paisano Nick Royale a modo de “Kiss the go-goat” le chirríe a algún que otro manchego o a cambio queden en el tintero diamantes de “Prequelle” como “See the light” o “Life eternal”. Trasladar “Square hammer” al cierre del concierto es todo un acierto y, junto a “Dance macabre”, un final de fiesta incontestable. Las colas interminables a la salida para hacerse con merchandising hablan por sí solas.

El tiempo dictará sentencia en el debate acerca del techo del sueco en sus aspiraciones. Pase lo que pase, esperemos que se centre en mantener el nivel musical acostumbrado (que no es poco) a diferencia de su tocayo Sammet. A nosotros siempre nos quedará el Hell awaits (por cierto, a esa última ronda invitó Bubba…).

J. A. Puerta

Los días de Elisa en el páramo oscuro…

La aventura de Elisa C. Martín en las filas de la banda madrileña Dark Moor fue corta pero intensa. Discográficamente hablando significó tres Lp’s y dos Ep’s, un buen puñado de conciertos y aspiraciones serias a dominar tanto la escena metalera nacional como poder dar el salto a la internacional con garantías, pero las consabidas diferencias musicales (y lo que no sabemos) pronto dieron al traste con el proyecto, originando una serie de formaciones posteriores que tampoco puede decirse que triunfaran por sí solas. Lo que viene a continuación es un resumen de ese período concreto tal y como lo contamos en su momento. Cuando valíamos…

The Hall Of The Olden Dreams (2000)

He de reconocer que nada más aparecer este disco en el mercado y aún sin haber escuchado nada de él me mostré un tanto escéptico, pensé “venga, otro disco-copia de lo que pega ahora, con buena portada y no tan buen contenido”. Pues me equivoqué de pleno, señores. Si el anterior trabajo de esta banda madrileña (“Shadowland”) adolecía de una buena producción y de un mejor empaque final, este trabajo supera con creces las expectativas y cubre de sobra las posibles faltas que tuviera aquel primer disco. Y es que se puede decir que estamos ante una de esas obras que llenan de verdad, desde los temas hasta el artwork (Andreas Marschall, qué se puede decir de él que no se haya hecho ya), sin olvidarnos de lo principal en estos casos, una producción que realce el producto en cuestión, que es de lo que se trata (parece que el irse a Italia y gastarse ‘los cuartos’ bien merece la pena).

Para el que todavía no haya escuchado nada del grupo decir que practican un Power Metal a medio camino entre el metal alemán (Blind Guardian, Helloween) y el italiano (Rhapsody, Labyrinth), aderezado con un toque progresivo que aporta una mayor complejidad a las estructuras musicales. Me gustaría destacar el aire melancólico del disco, sobre todo debido a la voz de Elisa, que en algunos momentos puede parecer incluso triste. El disco se abre con “The Ceremony”, una intro llena de fuerza y sentimiento (nada que ver con algunos pegotes que se utilizan a menudo) que enlaza perfectamente con “Somewhere In Dreams”, un tema redondo y muy pegadizo que muestra muy bien por dónde van a ir los tiros. A continuación le sigue “Maid Of Orleans”, con un comienzo cañero y unos agradables coros finales, para dar paso a “Bells Of Notre Dame”, un corte algo más progresivo (más en la línea de Rhapsody) de altísima factura, con notables cambios de tiempo donde se puede apreciar la calidad tanto de los guitarras Enrik y Albert como de la base rítmica formada por Anan (bajo) y Jorge (batería), todo un maestro del doble bombo. “Silver Lake” es un tema muy en onda Blind Guardian, con unos coros impresionantes y un estribillo que quita el hipo, uno de mis favoritos, sin duda.

“Mortal Sin” deja ver de nuevo la vena progresiva de la banda, con unas melodías de guitarra muy pegadizas, mientras que “The Sound Of The Blade” es la balada del disco, un tema lleno de romanticismo que se presta a ensalzar la voz de Elisa, la cual asume en esta ocasión el protagonismo (y lo hace francamente bien). A continuación otro de los cortes más directos del álbum, “Beyond The Fire”, donde se aprecia más la vena de grupos alemanes como Helloween o Gamma Ray, y que de seguro hará las delicias de los seguidores de las citadas bandas. “Quest For The Eternal Flame” se me antoja como un tema con un tono más alegre que el del resto, mientras que “Hand In Hand”, el que cierra el disco, vuelve a los coros grandilocuentes y a esos estribillos que ponen los pelos de punta.

En síntesis, en estos tiempos que corren, con tantos y tantos grupos como abarrotan el mercado, o dedicas tu vida y todo tu dinero a la totalidad de ellos o tienes que seleccionar el grano de la paja, y creo que esta puede ser una excelente elección.

The Fall Of Melnibone (2001)

Nueva entrega discográfica de esta prometedora banda madrileña, esta vez en formato mini CD, que según nos comentaba el propio grupo ha sido el mismo sello (Arise) el que ha llevado la iniciativa en lo referente a su edición, con el fin de recopilar varios temas digamos “dispersos” de la banda, tanto bonus tracks de ediciones foráneas de su anterior LP como temas aparecidos en discos tributo, que a continuación pasamos a detallar.

El mini CD se abre con “The Fall Of Melnibone”, un tema extenso y complejo (aparecido como bonus track en la edición japonesa de “The Hall…”), con numerosos cambios de tiempo y con un tono progresivo que lo desmarca claramente del resto de temas incluídos en el mismo. En él podemos observar todos y cada uno de los ingredientes característicos del grupo, es decir, coros épicos, pasajes orquestados, teclados pomposos (que incluso me han recordado a los jóvenes Children Of Bodom, y es que me consta que son uno de los grupos que siguen más de cerca estos madrileños), mucho doble bombo, etc. A continuación le sigue “Silver Lake”, tema que sí apareciera en la edición española de “The Hall…”, con una onda muy a lo Blind Guardian y que a mi parecer era de los mejores cortes del citado plástico. “Wood’s Song” es un tema acústico (con un punteo que me recuerda un tanto a los Scorpions de Rudolf y Klaus) apoyado por teclados de fondo y que apareció en su día en la edición esta vez koreana del citado “The Hall Of The Olden Dreams”. Y a continuación viene lo que considero más relevante del mini CD, las versiones tanto del “Halloween” (¡acojonante!) de los alemanes Helloween (aparecida en el tributo a dicha banda “The Keepers Of Jericho”) como el añejo “Cuentos De Ayer Y De Hoy” de Ñu (aparecida en el correspondiente homenaje a la banda del Molina), dos covers realmente logrados, que guardan la esencia de los temas originales y a su vez llevan implícito el sello de Dark Moor, lo que les hace doblemente atractivos.

Pues eso, una buena oportunidad para hacerte con esos temas que andabas buscando (si no tienes las ediciones en las que aparecieron en su día, claro), y si todavía no los conoces puede servirte como primer acercamiento a una de las bandas que de seguro muy pronto dará que hablar en toda Europa (si no lo está haciendo ya).

The Gates Of Oblivion (2002)

Lo confieso, dadas las expectativas creadas por el anterior “The Hall Of The Olden Dreams” esperaba mucho, quizá demasiado, de este tercer larga duración (segundo en condiciones) de los madrileños Dark Moor, y al escucharlo por primera vez me llevé una considerable desilusión. No obstante nunca he sido partidario de emitir juicios a priori, y tras varias escuchas la cosa fue mejorando ostensiblemente hasta que, a día de hoy, opino que “The Gates Of Oblivion” es un excelente trabajo, ni mejor ni peor que su predecesor, distinto. Y es que, aunque sigue la estela de “The Hall…” (misma fórmula, mismos esquemas), puede apreciarse que el grupo no ha querido repetir los mismos temas contenidos en dicho trabajo (no, esto no es Running Wild). Si bien los cortes contenidos en el citado segundo trabajo del grupo me calaron desde un principio en su día, en este tercer disco voy encontrando detalles y matices poco a poco, digiriendo el producto como hace una boa con su presa.

Y es que desde la producción del disco, realizada nuevamente en los estudios italianos New Sin a cargo de Luigi Stefanini y masterizado en los Finnvox (Stratovarius, Children Of Bodom, Edguy), hasta el artwork (de nuevo Andreas Marschall), todo está cuidado al mínimo detalle, algo también lógico a la hora de intentar exportar algo fuera de nuestras fronteras (invertir el dinero, que se dice).

“In The Heart Of Stone” es un tema directo y pegadizo que sirve de apertura, donde inmediatamente comprobamos que el sello del grupo permanece y se enriquece, con esas melodías de guitarra ya familiares, el apoyo de teclados, el doble bombo constante… y cómo no, la epicicidad y grandilocuencia de esos estribillos tan propios del Power Metal Épico Sinfónico. El ‘colonizador’ “A New World” sigue la tónica del primero, pero sacando a relucir más si cabe ese tono melancólico-tristón ya característico del grupo. A destacar la aportación de los coros y la velocidad helloweeniana de las guitarras.

El corte que da título al CD sirve de interludio orquestado hasta “Nevermore”, un tema acojonante de la cabeza a los pies, donde es palpable la mella que han hecho grupos como Children Of Bodom (y sus producciones) en los madrileños. Sólo con escuchar los estallidos de teclas que contiene te das cuenta de ello. Y esas guitarras que no se te quitan de la cabeza… El dulcemente tildado “Starsmaker (Elbereth)” se abre cual tema rhapsodiano, de cabalgueo y aire ligeramente más pausado que los dos primeros, algo más accesible.

“Mist In The Twilight” vuelve a servir de pasaje-descanso orquestado (esta vez más breve), el cual nos conduce a lo que es para servidor de lo mejor y más redondo del plástico, “By The Strange Path Of Destiny”. Demasiao. Indescriptible la sensación de felicidad-angustiosa que produce la combinación de las tristes melodías de guitarra con la voz de Elisa. O si no “The Night Of The Age”, ¿qué me decís? Vuelta a la carne de gallina con el bridge (“Who stole my illusions? Who stole my hopes?). Por cierto, ¿no he hecho mención aún a la excelente sección rítmica que forman Anan (bajo) y Jorge (batería)? Menudo cañón, una buena muestra de cómo hacer Heavy Metal melódico sin resultar blando y hortera. De la sección guitarrera para qué contar, Enrik y Albert hacen un trabajo digno de elogio.

“Your Symphony” es el tema tranquilo del disco, la balada, vamos. La protagonista Elisa, cómo no, la cual sabe suplir muy bien sus limitaciones vocales (que las tiene) con mucho feeling y con una modulación novedosa por su parte. A continuación vuelve de nuevo la orquestación con “The Citadel Of The Light”, que si bien se agradece entre tema y tema (a modo de descanso) tampoco se puede decir que aporte algo realmente sustancial. “A Truth For Me” posee un comienzo que me recuerda horrores a aquel “Land Of Immortals” del debut de los italianos Rhapsody (de nuevo se aprecia la influencia de los de Turilli, por mucho que les duela a algunos), para desembocar inmediatamente en un veloz paseo por el mástil de la guitarra.

Cierra “Dies Irae (Amadeus)”, un homenaje al citado compositor alemán para algunos suculento, aunque a mí me resulta algo cansino, ya que para la extensión que tiene peca de cierta linealidad (echo en falta algo más de movimiento y emotividad).

Sintetizando decir que, al menos para mí (vuestra opinión puede ser bien diferente), “The Gates Of Oblivion” no supera a “The Hall Of The Olden Dreams”, pero tampoco hace que se le eche de menos, y eso ya es buena señal, ya que mantiene el nivel del mismo y la producción hace mucho en su favor. Es reconfortante poder decir a día de hoy que estamos orgullosos de nuestro producto nacional, y olvidarnos un tanto de lo de fuera. Spain is different… ¡claro que sí!

DARK MOOR + NEMESIS – Sábado 16 de noviembre de 2002, Sala Stereo (Alicante)

Han pasado dos días tras la descarga de los madrileños Dark Moor en la alicantina sala Stereo y todavía me dura la sonrisa de oreja a oreja con la que salí del recinto tras el concierto; de verdad, me faltan calificativos para describir la buenísima sensación que me causaron Enrik, Elisa y compañía en este segundo tramo de lo que está siendo el “The Gates Of Oblivion Tour”. Pero vayamos por partes.

Con buena parte del respetable todavía por acudir, el primer grupo no tardó en saltar a las tablas. Su nombre todavía lo estoy intentando descifrar en la entrada (se presentaron, pero tampoco se entendió muy bien que digamos), así que mejor paso a describir directamente. En primer lugar decir que se trata de una jovencísima formación (echémosle una media de 18 años aproximadamente) con vocalista femenina al frente, la cual nos advirtió de entrada que estaba con 39º de fiebre aunque lista para dar el callo, y doy fe de que así fue. A lo largo de su corta actuación les dio tiempo a ejecutar tanto temas propios (“Como espejos” fue uno de ellos, si mal no recuerdo) como ajenos (“Vientos de guerra” de Saratoga, “Embody The Invisible” de los suecos In Flames o “Imaginations From The Other Side” de los germanos Blind Guardian –ya quisiera Hansi-), a lo largo de los cuales pudimos observar con cierta ternura lo típico en estos casos, un sonido que no es el suyo, algún que otro descompás pero unas ganas y una ilusión dignas de admiración. Desde aquí les deseamos toda la suerte del mundo, que seguro que es poca.

Poco a poco iba llegando el personal a la sala, y precisamente por esto no pudimos prestar la máxima atención a los siguientes en salir a escena, los alicantinos NEMESIS (ya sabéis, antiguos colegas que no ves hace mucho, gente de bandas con las que estás o has estado en contacto, etc.). Nada más escuchar al vocalista nos miramos más de uno extrañados como diciendo “¿dónde he escuchado yo esto antes?”, aunque tampoco le dimos más importancia. Pues bien, al final apareció el cepillo. Al frente del grupo estaba el mismito Leandro, antiguo vocalista de Overlife, visiblemente muy cambiado desde la última vez que le vi (más corpulento y greñudo) pero con las mismas facultades de antaño, el cual estaba supliendo la carencia parece ser que temporal de cantante en la banda. Del estilo del grupo decir que gastan de un tufillo bastante similar al de los últimos Saratoga, si bien aquí sí que se echa en falta una segunda guitarra (lamentablemente el seis cuerdas no es Jero ni tienen a un Niko del Hierro para cubrir el hueco). Actuación muy enérgica, pero en mi humilde opinión Saratoga ya tenemos (de sobra, je je).

Y a continuación el plato fuerte. En un escenario más repleto que nunca (la sala no da para más), Albert (guitarra) a la izquierda, Enrik (guitarra) a la derecha, Anan (bajo) en el centro, Jorge (batería) al fondo e Isa-bell (nueva teclista) a su lado, se preparaban para empezar con su show. Y tras la intro de rigor y el salto a la palestra de Elisa (con el consiguiente aplauso del público) comenzó la fiesta. Y tal y como empezó a entonar “Somewhere In Dreams” mis dudas sobre si estaría a la altura del estudio se disiparon de un chispazo. Es más, si he de escoger me quedo con la Elisa del directo, más enérgica si cabe y entonando donde hay que entonar, que para eso se ha grabado (y no voy a dar nombres). ¿Y qué decir del resto? Impresionante, de verdad. Teniendo en cuenta las limitadas características de la sala, dudo que aquello pudiera haber sonado mejor. La banda, como bien se aprecia en los discos, suena perfecta y compacta, y si a eso le añadimos que de facultades van sobrados y que Elisa le acaba de poner la guinda vocalmente (ya que muchas veces una voz deficiente en directo eclipsa al resto), el resultado es como mínimo sorprendente.

Del repertorio decir que tocaron lo que tenían que tocar, obviando el primer trabajo en su totalidad y “The Fall Of Melnibone” y centrándose en sus dos reconocidas obras, “The Hall Of The Olden Dreams” y “The Gates Of Oblivion”, de los cuales sonaron perlas como “Silver Lake”, “Beyond The Fire” (dedicado por Elisa especialmente a una internauta que supuestamente pululaba por la sala), el más progresivo “Quest For The Eternal Flame”, “In The Heart Of Stone”, “A New World”, el tremendo “Nevermore”, el delicioso “By The Strange Path Of Destiny” (en el que no pude apartar la vista de la guitarra de Enrik ni un instante –y eso que estaba malo, según Elisa-) o el no menos sabroso “The Night Of The Age” (“¿quién robó mis ilusiones, quién robó mis esperanzas?”… demasiao). Aunque eché en falta el sobrecogedor “Halloween” que se marcan (casi mejor, me podría haber dado algo allí mismo), no faltó un cover como “Can I Play With Madness”de la Doncella, si bien excesivamente trillado muy curioso pasado por el tapiz de Dark Moor. Se permitieron hasta el lujo de bluesear a gusto (numerito erótico-festivo incluido a cargo de Albert y Elisa), y los solos fueron mínimos y aprovechando las presentaciones (como debe ser).

Sintetizando, un concierto no muy largo pero sobrado de intensidad y conexión grupo/público, el cual salió de la sala con la baba colgando (yo entre ellos). Descargas como esta le devuelven a uno la fe en esto y el pensamiento de que a lo mejor no está todo visto. Esta noche me sentí como con catorce años (no pude evitar decírselo a Enrik), y supongo que eso es bueno. A ver si salen fuera los que tienen que salir y nos comemos lo que nos tenemos que comer. Un consejo: si pasan cerca de tu casa próximamente no te los pierdas. Consejo de amigo.

Between Light And Darkness (2003)

Hasta el título de este pobre EP de despedida se me antoja agridulce, y es que aún me parece mentira que una de las pocas formaciones hispanas con fundadas aspiraciones a salir de nuestras fronteras (no me refiero tanto a la propuesta musical en sí como a la calidad del producto –músicos, producción, presentación y demás-) se haya roto a la primera de cambio.

Y digo lo de ‘despedida’ pues, si bien Enrik y Anan van a seguir utilizando el nombre, Albert, Jorge y sobre todo Elisa ya no van a imprimir más su sello personal en el grupo (diferencias musicales, que suele decirse), y evidentemente el material que se edite bajo el nombre de Dark Moor ya no va a ser lo mismo (ni mejor ni peor, simplemente distinto).

Este trabajo no es otra cosa que una especie de desgarbado popurrí, conteniendo como aliciente principal el acústico que grabó la banda el pasado mes de agosto en los estudios Cube de Madrid. Éste está comprendido únicamente por cuatro temas, el trovadoresco / guardianero “Memories”, “From Dawn To Dusk” (¿reminiscencias de Ñu?), el que es para mí lo más acertado de la edición, el emotivo “A Lament Of Misery” (Elisa está realmente espléndida), y el instrumental que cierra, “Echoes Of The Seas”, una auténtica pieza musical de cámara. A continuación un par de bonus de las ediciones japonesa y koreana de “The Gates Of Oblivion”, “Mistery Of Goddess” y “The Shadow Of The Nile” respectivamente, que se quedan en eso, en dos temas que se desecharon en su día (algo mejor el segundo), y para remate final del baile los extensos “Dies Irae” en versión orquestal y “The Fall Of Melnibonè”, que ya apareciera tanto en la versión japonesa de “The Hall Of The Olden Dreams” como en el EP posterior de mismo nombre (ya huele un poquitín).

Si eres (o eras) seguidor del grupo supongo que te vas a agenciar este “Between Light And Darkness” te cuente lo que te cuente, pero si a día de hoy sigues pez en la trayectoria de este grupo madrileño yo me haría directamente con “The Hall Of The Olden Dreams” y/o “The Gates Of Oblivion”, a la espera de ver cómo sigue la historia, tanto de los que cogen el testigo (Enrik García y Anan Kaddouri, acompañados ya por Alfred Romero como nuevo vocalista y José Garrido, guitarrista de Arwen) como de los que parten de cero (Elisa C. Martín, Albert Maroto y Jorge Sáez). Mucha suerte a ambas partes, espero que nos sigan sorprendiendo gratamente.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

GHOST + ALL THEM WITCHES + TRIBULATION – Sant Jordi Club (Barcelona), domingo 8 de diciembre de 2019

Bien por TRIBULATION y mal por la organización, lo ideal hubiera sido invertir el orden con ALL THEM WITCHES y abrir la jornada estos últimos, tanto por estilo como por entrega y repercusión de ambas bandas. Fue un auténtico despropósito arrancar a golpe de frenético Black’n’Roll para, acto seguido, volver a la tranquilidad del Prog Rock de los segundos, si lo que se pretendía era crear un efecto montaña rusa para amenizar (aún más) la velada doy fe de que se consiguió, pero con evidentes connotaciones negativas en este caso.

Por cierto, los suecos Tribulation no han inventado nada nuevo, su estilo se nutre básicamente de Heavy Metal y Black Metal, pero sus trabajos más recientes (The Children Of The Night, 2015 y Down Below, 2018) y su puesta en escena despuntan por encima de la media, lo cual ya vale de por sí tener muy presente al combo escandinavo. Los americanos All Them Witches sin embargo jugaban muy fuera de casa, con la mitad de repercusión que sus teloneros y con una propuesta musical quizá un tanto alejada de la private party que la mayoría veníamos a presenciar, si bien la ejecución fue perfecta y el sonido los acompañó (de lo contrario no quiero pensar qué suerte les habría deparado). Lo mejor de su actuación: la intro, “War Pigs”. Quizá en otra ocasión, en otras condiciones.

A GHOST los daba ya en el Palau Sant Jordi cuales Metallica en la gira del Black Album, máxime cuando ya se atrevieron con todo un Wizink Center en la anterior gira (y que llenaron aproximadamente un cuarto, si llegó), quizá el bueno de Tobias ha visto la realidad y está aguardando a editar su “Enter Sandman” particular para dar el paso definitivo a las plazas que ahora mismo pueblan Rosalías y demás fauna top-ventas.

En cualquiera de los casos el show de la banda es ya a todas luces de big arena, atrás quedan las giras de teloneros de (con permiso del capricho de abrir para Metallica) con lo justo y necesario encima del escenario, y eso que apenas si hace 10 años de su debut Opus Eponymous (2010), todo un récord de aceleración en lo que al estrellato musical se refiere. Ansioso me hallo por presenciar su siguiente paso, tanto a nivel discográfico como de su plasmación en gira.

A estas alturas de la película no hay medias tintas con la banda, o los amas (o lo harás, porque entre medias no se queda nadie) o los odias, como sucediera con Gigatron en su día, salvando muy mucho las distancias. El repertorio del grupo a día de hoy es incontestable (representación de todos los discos, sin excepción), el derroche de medios sobre la tarima es más que evidente (escenario hiper-decorado, explosiones, confeti a capazos…), algo que parecieron no entender los componentes del primer Mark de la banda (sin inversión no hay diversión, aunque sea a medio-largo plazo), y la entrega de Emeritus-Copia-Forge y sus Nameless es digna de mención, con un show estudiado para no perder el hilo de la actuación en ningún momento. Si tuviera que ponerle algún pero al show actual sería el exceso de humor surrealista por momentos, con discursitos hilarantes de Tobi o incluso ‘peleítas’ entre los nameless en escena, pero supongo que todo forma parte del mismo juego: acaparar tu atención.

Tampoco nos engañemos, Ghost no es un grupo de virtuosos musicales, ni creo que lo pretendan; su función en la escena musical es retomar lo que toda una generación anterior está venida a delegar por mera edad, llámense KISS, AC/DC o los propios Metallica: llenar estadios a golpe de himno, sin florituras propias de maestros del progresivo pero sin caer en el recurso fácil del single de despacho. Ahí están los discos y sus letras repletos de guiños y recovecos para corroborarlo (si buscas seguro que encuentras), incluso en el propio directo puedes apreciar la condición de fan que sigue teniendo el grupo, y más concretamente su mentor. ¿A qué obedece si no que siga habiendo una Tama Starclassic como la de Lars montada en el escenario o se utilicen modelos de guitarra eléctrica calcados a la Ibanez de Paul Stanley independientemente de quién los utilice? Pues eso.

Dicho esto, y a pesar de no contar con individualidades especialmente destacables, decir que el conjunto musical que conforma la banda es sobresaliente, cada elemento cumple su función a la perfección, desde el empaque de la batería del nameless drummer hasta el solo de saxo del Papa Nihil en “Miasma”, pasando por la conjunción de guitarras, la contundencia del bajo y la propia voz de Tobias, que a pesar de no destacar en nada ha ido mejorando poco a poco hasta conseguir la profundidad que los temas necesitan. La distribución de éstos no es aleatoria, está calculada al milímetro, distribuyendo singles como “Rats”, “Mary On A Cross”, “Cirice”, “Spirit”, “He Is” o el final-pack con “Kiss The Go-Goat”, “Dance Macabre” y “Square Hammer” de manera inteligente, y entre medias entra el resto de himnos, que conforman un repertorio simplemente espectacular:

Ashes

Rats

Absolution

Faith

Mary On A Cross

Devil Church (duelos de guitarra)

Cirice

Miasma

Ghuleh/Zombie Queen

Helvetesfönster

Spirit

From the Pinnacle To The Pit

Ritual

Satan Prayer

Year Zero

Spöksonat

He Is

Mummy Dust

Kiss the Go-Goat

Dance Macabre

Square Hammer

Set infalible (me consta que viene siendo el mismo en toda la gira), como ya digo abarcando toda la escueta pero ya prolífica discografía del grupo, sonido impecable, espectáculo superlativo y ejecución más que notable, poco más se le puede pedir a un concierto de estas características, a un precio incluso razonable para los que se manejan en la actualidad, dicho sea de paso. Si todavía estás a tiempo de acudir a la segunda cita peninsular yo no me lo pensaría dos veces, quizá en la próxima gira, si todo sigue el plan previsto, ya no sea lo mismo.

Bubbath

LOS BARONES – Iberia Festival VII, Auditorio Julio Iglesias (Benidorm)

El Oportunista de Leño, Desertores del Rock de los propios Barón Rojo… muchos temas resuenan en nuestra mente cuando se trata de José Luis Campuzano Sherpa y su inseparable Hermes Calabria tras los parches, pero no siempre las circunstancias son las mismas, y como decían otros grandes como Asia o Mike Oldfield, Only Time Will Tell.

El Tiempo, el cual Se Escapa, como también decía aquella copla, parece haber dictado sentencia, y hoy por hoy parece bastante más favorable a la formación que nos ocupa que a la que acabó trillando tanto el nombre de Barón Rojo como al público que le seguía, sin dejar reposar en ningún momento el regusto conseguido y con los peligros sobrevenidos que ello conlleva, véase empacho en el respetable y agotamiento físico y mental en las personas que portaban la marca y que acabaron prácticamente a rastras.

Con todo y con eso hay que ser justos en cada momento de la Historia; mientras Sherpa y Hermes se tomaban un ‘merecido descanso’ después de pinchazos como No Va Más (1988) y Obstinato (1989), los hermanos de Castro mantenían viva la llama con dignos trabajos como Desafío (1992) o Arma Secreta (1997), amén de conciertazos durante la década de los 90 y los primeros 2000, los cuales tuvimos el placer de presenciar y disfrutar al máximo, sin duda el punto fuerte de la banda en aquellos momentos.

A partir de entonces, la historia irá mutando del reinado en solitario de los de Castro Bros durante el periodo mencionado a la irrupción de Sherpa de nuevo en el ‘candelabro’ (Guerrero en el Desierto, 2004), y mientras unos se iban dejando por el camino los pocos restos de gasolina, otros iban ganando terreno poco a poco, hasta conseguir la tan ansiada reunión de la formación original de Barón Rojo a finales de la década, con agridulces actuaciones como la del Metalway de Zaragoza (2009) o la que podía haber sido su actuación definitiva en La Riviera de Madrid (2010), y que se quedó en un emotivo intento con sabor a ruptura definitiva. Doy fe.

La década que nos ocupa y que dentro de poco tocará a su fin no hizo otra cosa que acabar de lapidar a la marca ‘Barón Rojo’, esto es, el que acabó siendo el negocio familiar de los de Castro, ya sin propuestas discográficas convincentes (Tommy Barón, 2012) y, lo que es peor, el grupo haciendo aguas en directo y con la voz de Carlos rota por completo. Triste final, vive Dios.

Y aquí vuelve a jugar sus cartas de nuevo el viejo zorro de Sherpa, sin duda mucho menos castigado que sus antiguos compañeros de fatigas (no así el bueno de Hermes, al que el tiempo parece haberle pasado la dolorosa), con la voz en buena forma y con su verborrea de siempre. Ya sea como Sherpa o Los Barones (tanto monta…), es obvio que el show se ha nutrido desde un primer momento del material de Barón Rojo (otra cosa sería de tontos), pero a estas alturas está infinitamente mejor defendido que en los últimos 10 años de los de Castro, y la lírica de las letras de Carolina Cortés en la voz de Sherpa no tiene nada que ver con los graznidos de la última época de Carlos de Castro, disculpen la expresión (pero sintiéndolo mucho así es).

“Barón Rojo”, “Son Como Hormigas”, “Resistiré”, “Concierto Para Ellos”, “Siempre Estás Allí”, “El Malo”, “Breakthoven”, “Cuerdas de Acero” (los de Castro también descargaron temas de Sherpa y Carolina, descuiden), el inédito “No Ver, No Hablar, No Oír” o el apoteósico “Hijos de Caín” suenan de lujo, sin un apreciable sufrimiento ni en el músico ni en el público, y habida cuenta de la edad de media banda es de por sí todo un logro. Completan la formación a las seis cuerdas los jóvenes Marcelo Valdés y Sergio Rivas, que disfrutan como pez el agua, sin duda bastante más que los últimos mercenarios que militaron en las filas de Barón Rojo.

Sherpa está comedido esta noche con los chistes; escupe un par de veces con elegancia por un lateral de la comisura del labio y acierta en toda la jeta a los de Castro, correcto como siempre con su Rickenbacker, sin alardes pero sonando compacto (recordemos que también canta), y dando las notas en su sitio, estirando lo justo pero en los momentos adecuados. Hermes apenas si se puede poner en pie, y sin embargo se permite cañonazos como “Breakthoven” o la doble pedalada de “Resistiré”, con ese feeling jazzístico tan característico suyo escuela Downey y dotando a los temas de ese sonido prog tan personal.

Actuación de notable alto, con un sonido que quizá pecó únicamente de falta de volumen por momentos (por eso nos arrimamos tanto), amén del acotado set-list festivalero, con una banda seria y muy solvente, disfrutando y haciendo disfrutar al auditorio, que nos desgañitamos a voz en grito en todos y cada uno de los himnos que tuvieron a bien repasar.

Ahora sólo resta esperar que esta formación no cometa los mismos errores de sobre-exposición que su competidora y, quién sabe, quizá algún día destruyan lo oscuro que hay en ellos y se vuelvan a juntar… como Los Barones, Barón Rojo, Los Aurones o Ali-baba y los 40 criminales.

La velada prosiguió con el Rock de altos octanos de Los Zigarros (brutales), los Cantajuegos de Mägo de Oz y el festival remember de Trogloditas, pero eso, amigos, es otra historia. Haber ido.

Bubbath

KEN HENSLEY & LIVE FIRE – Sala Brew Rock (El Albir), jueves 19 de septiembre de 2019

Poco importa el cómo y el porqué, siempre es un placer y un privilegio poder volver a ver en directo a un mito viviente como Ken Hensley, a sus 74 castañas bien podría haber decidido no volver a salir de su retiro en la alicantina localidad de Agost, pero ahí lo tenemos descargando clásicos atemporales como si no hubiera ayer ni mañana. Mis respetos.

Aunque el cartel anunciara Vladimir Emelin Invites, la entrada para la gente de a pie como el chache costaba 25 eurales del ala, imagino que a los invitados al cumple del ruski les salió más barata la cosa. Música lounge & dance de fondo, guiris bailando con pinta de no saber muy bien qué hacían allí y un escaso número de forajidos (hail René, Raúl, Saints and Rober) deseando que aquello empezara cuanto antes.

Además de Hensley, la banda la conforman Roberto Tiranti (bajo / voz), Ken Ingwersen (guitarra) y Tom Arne Fossheim (batería), que conjuntamente han formado como power-trío en Wonderworld (Tiranti por su parte formó en los italianos Labyrinth al micro durante años), y que de la mano de Hensley adoptan en este formato el nombre de LIVE FIRE, que a su vez distingue a esta formación de los shows que ofrece Ken en solitario, en los que imagino se acompañará de los músicos que más a mano tenga en ese momento, como fue el caso de la vez anterior que lo presenciamos (sala Abraxas, 2005). Por cierto, bandaza.

Tiranti cumple a la perfección con su doble labor de cantante-bajista cual Geddy Lee, muy armónico en ambas facetas, Ingwersen por su parte es un guitarrista muy competente, lo suficientemente técnico y sin enguarrar, y Fossheim aporrea que da gusto con la zurda, aunque esta noche apenas si le dejaron el espacio justo para ejecutar, aunque igualmente lo hizo con solvencia; mención aparte merece Hensley, a su edad ya sería suficiente con subir el escalón del escenario, pero además de eso, toca el Hammond con la misma pasión y efectividad de siempre, y aunque ya no entona con la calidad de antaño (estaría bueno), reservándose para él las coplas justas y necesarias, sigue dando las notas y cumpliendo como el buen profesional que es.

El set-list es bastante escueto pero condensado, no se andan por las ramas ni se molestan en irse para volver en los típicos bises (Hensley preguntó si queríamos más, directamente), y el sonido fue desde el primer momento cristalino y a gran volumen, es lo que tiene hacer tu propio show en sala y con las condiciones mínimas de calidad (ecualizar, probar sonido…), aunque a la postre se jodiera un monitor que se encontraba a la altura del guitarra (gajes del oficio), lo cual tampoco supuso problema alguno ni penalizó el resultado final del conjunto.

Por poder, podían haber sonado temas de mil épocas e incluso bandas (no estaría de más que el tío Ken se rescatara alguna copla de aquel “Siogo” de Blackfoot), pero al final deben sonar y suenan “Stealin’”, “Look At Yourself”, “Easy Livin’” y las majestuosas “The Wizard” y “Lady In Black” (las más coreadas), amén de otras menos esperadas y por ende mejor recibidas como “Circle Of Hands”, “July Morning” o el tremendo “Gypsy” (en los bises), con un Hensley visiblemente emocionado y un respetable pasándoselo en grande. En momentos como estos se justifican tantas horas y horas de nuestras vidas descubriendo grupos y apilando discos, una herencia vital que sólo se consuma en la comunión entre público y grupo, y que la gente que no pasa del reproductor y del sofá jamás podrá apreciar en su plenitud, por mucho que se acerque. A todos ellos, y esta noche más que nunca, ¡haber venido!

Bubbath

ALICE COOPER + BLACK STONE CHERRY – Palacio Vistalegre (Madrid), sábado 7 de septiembre de 2019

Black Stone Cherry

Los de Kentucky están abonados a las páginas de la Classic Rock británica y es justo en Reino Unido donde han cultivado una base importante de fans, engrosando el cartel del escenario principal del Download o encabezando gira de pabellones (arenas que dirían ahora). No es tampoco casualidad que editaran un directo en Birmingham, “Thank you: Livin’ live…”, absolutamente recomendable como carta de presentación. Todo esto viene a cuento de que ni llevan dos días en el negocio de la música ni necesitan sudar sangre en tierra hostil y calidad de relleno, pero los tipos se dejaron la piel de principio a fin, luchando contra la mínima curiosidad general y las pésimas condiciones acústicas de Vistalegre. “In my blood” o “White trash millionaire” sonaron impecables y, por muchas raíces de rock clásico de las que se empapen, me siguen recordando a unos Nickelback respetables con capa paternal de Pearl Jam (estribillo de la primera para quien se precie). Con la emotiva “Family tree” se despidieron con el visto bueno general y los niveles de curiosidad ahora en alza.

J. A. Puerta

Admiración y respeto, es lo que el 100% del público congregado en el Palacio de Vistalegre sentimos al ver a toda una leyenda dando lecciones de cómo debe ser un concierto de ROCK.

Y es que esa salida de Alice Cooper con “Feed My Frankenstein”, bastón de mando en mano y subiéndose a la plataforma que había delante del escenario, para elevar más aún si cabe su figura a sus 71 años, está al alcance de pocos, muy pocos, me pongo a pensar y no lleno los dedos de una mano. Fue la comunión perfecta entre canciones con más de 40 años de diferencia como los tienen el clasicazo “I’m Eighteen” (1971) y “Fallen in Love” (2017), esta última con un Alice Cooper demostrando que es tan bueno manejando la armónica como su bastón. Un setlist muy bien compensado dio todo un repaso a su amplia carrera, donde no pueden fallar temas como “Billion Dollar Babies”, “No More Mr. Nice Guy”, “Under My Wheels”, “Teenage Frankenstein” y, cómo no, su gran hit “Poison”, que guste o no puso a Vistalegre patas arriba, o el final con “School’s Out”, con un fragmento hecho suyo del “Another Brick in the Wall” en la parte central de la canción que ya viví en W:O:A 2017.

Aun así, hubo momentos de grandes sorpresas para el que escribe estas líneas; ese medley raro de la banda con “Devil`s Food” y “Black Widow” fue algo que no esperaba, como tampoco esperaba la interpretación, y cuando digo interpretación quiero decir INTERPRETACIÓN, en el grandioso tema que tiene por nombre “Steven”, como tampoco esperaba la heavylona “Bed of Nails” ni “Dead Babies”. Así que todo eso que me llevo.

Además, a todo lo escrito anteriormente hay que añadir su parte teatral y de parafernalia en un escenario que simulaba un castillo, ese Frankenstein saliendo con el concierto recién empezado, bebés gigantes, el momento de la decapitación de Alice Cooper con la guillotina, camisa de fuerza, enfermera y novia sangrienta, catapulta tirando billetes, etc, etc, etc.

Alice eclipsa a su propia banda, esto es así y debe ser así. Aun así, la banda no está coja, y destaca de una manera muy brillante la guitarrista Nita Strauss, la cual tiene un momento de lucimiento en un solo justo después del “Poison”; el público le dedicó una sonora ovación cuando fue presentada por Alice Cooper, ovación que estuvo muy por encima de la del resto de la banda.

Tenía ciertas dudas de cómo sería el sonido en Vistalegre, ya que era mi primera visita y había leído de todo en varios conciertos, pues bien, aquí el sonido fue muy bueno, al menos desde el sector de la grada donde estaba ubicado, que era prácticamente en frente del escenario. Aunque hubo mucha gente, Vistalegre no se llenó, la organización tuvo a bien colocar un par de telones negros cubriendo y acotando las zonas vacías para que la gente no se “dispersase” y crear un efecto de “casi lleno”.

Por último, quiero agradecer a Alice Cooper el ser la fuente de la que han bebido mis grupos de cabecera, sin él, el Rock y concretamente el Heavy Metal hubiera estado muy vacío. ¡Que nos dure!

Laguless

THE CULT – Sala Riviera (Madrid), miércoles 21 de Agosto de 2019

El anuncio del concierto en la capital en las semanas previas fue como maná caído del cielo para sobrellevar la reciente orfandad de vacaciones. Bajar a tirar la basura un miércoles estival y plantarte en apenas media hora y sin tráfico en los aledaños de la Riviera es un privilegio. Como tener a The Cult en el vestíbulo de casa, ante una sala abarrotada cual lata de sardinas (agotaron localidades horas antes) y con el añadido de una acústica nítida y potente (ésta no es la Riviera que yo conocía).

Quince minutos sobre la hora salía de los altavoces “Angel” de Massive Attack y, acto seguido, empezaba el espectáculo. Con una puesta en escena espartana, “Sun king” sirvió de calentamiento y resultó más desangelada de lo previsto. Astbury bajó las revoluciones de la canción a conciencia y salió comedido para no quemar naves, algo que agradeceríamos más adelante. A estas alturas a nadie se le escapa que la garganta del cantante es como una escopeta de feria: jamás acierta la diana, a lo sumo la roza si toca noche buena; y eso fue lo que ocurrió. Que es incapaz de hilvanar tres estrofas sin tomar oxígeno no es novedad, pero se notó que venía fresco (un mes de descanso de por medio) y que lleva la lección aprendida (… por viejo que por diablo). Clavó los tonos graves con gran intensidad y supo dosificar convenientemente las subidas hasta el punto de que había que frotarse los oídos en “The phoenix” y “She sells sanctuary” para creerse lo que estábamos presenciando. Por otro lado, quedó atestiguado lo que ya sabíamos: que Billy Duffy es el rock personificado y que a John Tempesta le sobra una extremidad para tocar el cancionero de los británicos. El grupo sonó absolutamente sólido y compacto, de diez.

El set siguió al dedillo el guión de la gira americana y la cita vitoriana en el Azkena. No hay duda de que la excusa del enésimo aniversario de “Sonic temple” vende, pero nuestro reclamo se alimentaba de “New York City”, “American horse”, “Automatic blues” y “Soul asylum”. Con gusto hubiese canjeado “Nico”, “The saint” o “Speed of light” (en resumidas cuentas, cualquiera de “Beyond good and evil”) o un simple guiño a alguna de sus tres últimas obras por otras tantas trilladas, aunque las circunstancias mandaban y ni ellos mismos están por encima de su legado. Regresando a la tanda de “Beyond…”, la fija “Rise” levantó los ánimos del quinteto y de parte de la pista y “American gothic”, la flor de loto de esta tournée, vio cómo Astbury naufragaba en su estribillo y entraba en modo Danzig por segundos. A partir de ese punto, “Spiritwalker” y un bloque final comandado por “Love” y “Electric” convirtió el bolo en una auténtica fiesta. Ante “Wild flower”, “Rain” y “Love removal machine” sucumbimos al unísono sin rechistar, saltando, levantando puños al aire y berreando como si nos fuese la vida en ello.

Duffy se despedía por uno de los micros y recibía la debida pleitesía, mientras Astbury nos miraba a los ojos ya sin gafas de sol, riéndose de su propio protocolo de rock star. Lo de soportar hora y media de show en pleno agosto sudando la gota gorda con las gafas puestas y una cazadora bomber bien apretada (muy Calamaro-Bunbury, ¿o era al revés?) pareció una promesa de costalero trianero. A base de bailes, jugueteos constantes con el pie de micro y acrobacias varias con la pandereta dignas del Circo del Sol nos acabó magnetizando igualmente. Al fin y al cabo, le sigue rodeando ese aura especial que siempre le ha acompañado, aun en tiempos peores. Acudiendo a su cosecha, sería algo así: ‘We are gathered here in a sacred place / Ceremony / Rock’n’roll music got you good, now children’. ¡Larga vida a Zandig!

J. A. Puerta

LEYENDAS DEL ROCK 2019 – Polideportivo municipal de Villena (Alicante), sábado 10 de agosto de 2019

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La decimocuarta edición del Leyendas ha pasado por ser una de las más flojas (por no decir mediocre) de los últimos tiempos. Si ya con el cartel completo viendo todos los logos de las bandas al móntón quedaba la incómoda sensación de cojera, fue poner el petardo en el zurullo y difuminarse por completo las ganas de acudir a todo el festival. Con una primera jornada de miércoles repleta de repetidores, un jueves con unos requete-reformados ‘Thin Lizzy’ que si acaso son dignos de rellenar más que de encabezar (Scott Travis ya es demasié pal cuerpé, hasta para los fans de Judas Priest y Thin Lizzy) y unos Airbourne el viernes que ni fu ni fa, el sorteo tocó en sábado, jornada que aprovecharíamos para quitarnos un par de asignaturas pendientes (Metal Church, Deicide), repasar otras (Candlemass, Rata Blanca) y ver de paso lo que se nos cruzó por el camino.

 

Después de trastearnos unos pinchos y unas jarras de cebada en la otra punta de Villena, desde la que nos trasladó al Festi en su coche particular una gitana de nombre Conchi, que se compadeció de los presentes y tuvo a bien acercarnos con la compra recién hecha (aún queda gente buena en el Mundo, damas y caballeros), accedíamos al recinto con los gélidos Saratoga enfriando el bochorno de esas horas. Lejos quedan ya los tiempos rockeros de Fortu en la banda, los de Gabi Boente e incluso los primeros pasos de Leo en la formación (“Vientos de Guerra” me sigue pareciendo un discazo), tantas idas y venidas les han pasado factura, y a día de hoy ya me interesan más bien poco. A ver si a Jero le da por reunirse con miembros de Santa o de Ñu y nos regala algún concierto realmente ‘legendario’, porque lo de Saratoga no creo que dé para mucho más y ya se le está pasando la rosca.

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Lo de Metal Church fue pura racanería, lo tengo claro. Tenían los medios, un repertorio que (si se te antoja) quita er sentío y a un Mike Howe en estado de gracia, llegando a las notas más altas, pero se anduvieron por las ramas y aburrieron por momentos. Que no se me malinterprete, tocaron a un alto nivel y los temas interpretados no hubieran sobrado en su gira, pero esto era un festival, y con un timing tan acotado es mejor no especular. De la era Wayne apenas si sonaron unos tímidos “Beyond The Black” y “Start The Fire”, que si bien se agradecieron parece que toquen por obligación, centrándose básicamente en la época Howe, con cosas imprescindibles como “Badlands” o “Fake Healer”, esta última ya en los bises, y con un montón de cosas en el durante que me sobraron y donde tampoco voy a reparar. Mucho instrumental, las rítmicas de Vanderhoof comiéndose los solos (¿conscientemente?) de su compadre, y una sensación final de haber podido presenciar algo mucho más grande un tanto desagradable. El que da lo que puede no está obligado a más, pero me temo que éste no fue el caso.

Sin hablar, como dijo mi colega René (qué risas nos pasamos, joer), y con las últimas notas de Metal Church sonando a las espaldas, corrimos raudos y veloces a ver los últimos temas de Hitten en el escenario Mark Reale, de los que pudimos ver el último cuarto de hora de actuación aproximadamente. “In The Heat Of The Night” y “State Of Shock” si mal no recuerdo, mucho feeling por el escenario, con la colaboración del ex vocalista Aitor en los bises, la peña totalmente volcada con la banda (prácticamente es como si jugaran en casa) y un sonido que les hizo justicia es lo que os puedo contar de lo poco que vi de su actuación, en la que me consta que no se dejaron ninguna bala en la recámara, sólo había que ver las caras de grupo y público. A ver si consiguen afincarse en la línea que pretenden, aunque por su estilo y a estas alturas de evolución musical dudo que puedan escalar mucho más. Who cares?

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Gloryhammer y Badana nos los pasamos rodando la secuela de Heavy Metal Parking Lot, aquel mítico film metalero grabado íntegramente en un parking de Maryland en 1986, antes de un concierto de Judas Priest. Birras, muchas risas con René, Raúl, Csilla y Laura (y los que nos encontramos por el camino, como el Jabo o Vincent Beherit) y reset para proseguir la jornada con Hammerfall.

Lo comentaba con los presentes, yo soy de los Hammerfall de Jesper Strömblad (“Glory To The Brave”, 1997), en una época donde pasaba justo al contrario que ahora, la contraria la llevaban ellos. A partir de “Renegade” (2000) ya empezó a llover sobre el mar y me tiré del barco, pero como ya comenté en la reseña del año pasado de este mismo festival*, siguen mereciendo mis respetos por lo que supusieron en su momento, todo un anticoagulante del Heavy Metal de corte más clásico, y siempre son disfrutables sus directos, aunque sean más básicos que el mecanismo un botijo. “Let The Hammer Fall”, “Templars Of Steel” o “Hearts On Fire” nos levantaron el puño, y los refrescantes chupitos de Johhny Walker con hielo y naranja nos refrescaron el gaznate. A todo esto, a falta de Oscar Dronjak siempre nos quedará nuestro Raúl Valero como reserva.

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A partir de aquí ya empezamos a desvariar, es decir, de Nervosa vimos la parte final (brutales, como el año pasado*, espero que esta vez no les robasen nada), nos asomamos a ver algo de Apocalyptica (curiosa estampa ver a toda la peña tirada en el césped escuchando el “Orion” de Metallica sin pestañear), para volver al Reale a ver a los suecos Candlemass del renacido Johan Längqvist, que grabara aquel mítico debut “Epicus Doomicus Metallicus” (1986), todo un referente en lo que a Epic Heavy / Doom se refiere, y del que nunca más se supo. La banda sonó a trueno, gorda y cristalina, y los míticos “The Well Of Souls”, “Solitude” o “Crystal Ball” recuperaron de golpe su crudeza original, sin menospreciar en ningún momento la faceta más operística de Messiah Marcolin y su contribución a la banda a partir de “Nightfall” (1987), así como la puesta al día del sonido del combo con el más reciente vocalista Mats Levén, que por mucho que se empeñen algunos medios profesionales, a veces Wikipedia está desactualizada. Gran descarga de la banda de Leif Edling, como era de esperar, una formación de las que cada vez nos quedan menos a nivel de calidad, originalidad y funcionalidad. Sobresalientes.


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Avantasia, la banda-capricho del histriónico Tobias Sammet (le aguanté los debuts de Edguy y Avantasia, respectivamente, y para de contar), hacía aparición a la hora que dispusimos para el avituallamiento, así que esta vez, a diferencia de otras muchas donde esquivamos a la banda como pudimos, nos la tragamos prácticamente enterita, no con pocas dosis de ketchup y mostaza, eso sí. Por el escenario fueron pasando Eric Martin, Bob Catley, Jorn Lande (bastante mejor que la única vez que pude verlo en directo con su anterior banda, Masterplan) y hasta el bueno de Geoff Tate (sorpresón), todo un desperdicio de vocalistas al servicio del mico este, pero que al menos hicieron más llevadera la velada. Conté los minutos y los segundos de la actuación, como en un día de resaca en el trabajo, hasta que cayó la fast-food y caímos en la cuenta que había otro escenario más arriba. Tobías, déjalo estar ya. Suficiente. Sin rencor.

Decapitated atronaban aún el Mark Reale a nuestra llegada, pero poco pudimos ver de su actuación, cuando quisimos coger bebida y ponernos cómodos ya estaban terminando la susodicha. Los siguientes en aparecer en el pequeño de los escenarios del Leyendas eran los metaleros alemanes Brainstorm, pero dada su coincidencia con Deicide tuvimos que declinar la oferta, despidiéndonos de nuestros compañeros de jornada René, Raúl y Csilla hasta la próxima batalla (un placer como siempre, grandes).

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Recuerdo que Glenn Benton y sus huestes me hacían mucha gracia en su momento, aquello del suicidio a los 33 y esas letras tan explícitamente anticristianas me sobrepasaban por completo, pero la música está ahí, y doy fe de que la ejecutan en directo a la perfección. “Dead By Dawn”, “Once Upon The Cross”, “In The Minds Of Evil”, “Scars Of The Crucifix”, “Serpents Of The Light”, “Kill The Christian” o “Lunatic Of God’s Creation” fueron cayendo como losas sobre los cerebros allí congragados, con Benton escupiendo guturales y berridos histéricos como si estuviera poseído (pos eso), y la batería de Steve Asheim salpicando con ese perenne doble pedal cual Igor Cavalera totalmente encabronao. Riffs incendiarios, histeria colectiva en forma de mosh-pit y descarga brutal en líneas generales, sin duda de lo mejor de la jornada, aunque buena parte del respetable no lo pudiera o supiera apreciar. Satán os castigará con una buena cagalera veraniega.

Y lo de Rata Blanca fue la decepción que confirma la regla: no des nunca nada por sentado. A esas horas las fuerzas ya brillaban por su ausencia, con lo que necesitábamos una inyección de energía para aguantar. En lugar de eso, la banda se dejó lo mejor para el final, la pena es que para entonces ya no estábamos en el lugar. Temas correctos pero perfectamente sustituibles (algo así como lo de Metal Church pero a lo bestia) y un medley insulso que nos empujó a abandonar definitivamente el polideportivo de Villena hasta más ver. Sin duda la peor vez que les he visto, malas elecciones en general y un cansancio ya de cojones en particular.

 

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Y hasta aquí las impresiones de un servidor a grandes trazos (y pelotazos), finalmente mereció la pena la visita a Villena, este año no tanto por lo musical como por el factor humano y lo personal, sin duda de lo mejor del festival. A ver si nos vemos el año que viene, que por lo que nos dijo la Conchi ya han firmado por otras cuantas temporadas. Hasta el infinito… y más allá!

* Fe de erratas: Nervosa y Hammerfall no estuvieron en la edición del año pasado sino en la anterior, es lo que tiene cuando se asiste a todas las ediciones y se tira de memoria, ustedes disculpen 😉.

Bubbath