STEVEN WILSON – Sala La Riviera (Madrid), miércoles 16 de enero de 2019

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Un par de cosas me sorprendieron en mi primera visita “conciertil” a la capital del reino de este año, y ya veremos cuántas serán… Primero, que no hacía tanto frío por los madriles como voceaban los noticieros y aplicaciones de “smartphones”. Aterricé en Atocha bastante más abrigado de lo que es habitual en mí, anteriormente iba con lo puesto, pero bueno, esto es otra historia. La segunda, en mi visita a un bar cerca de Cibeles mientras esperaba al Señor Puerta, al pedir una Mahou al amable camarero me respondió que sólo tenían Estrella Galicia (!!). También me hizo gracia la advertencia al decirme que la tortilla que tenían era de atún (!!); a ver, alma de cántaro, soy Santos ‘el cubo’, que gustosamente me hice mi pincho de tortilla de atún regado con dos Estrellas Galicia en un bar en el puro centro de la capi.

Una visita fallida al templo de la segunda mano y los dedos negros, la Metralleta para los no iniciados, y un repaso de nuestros “greatest hits” de pogos entre otros temas de conversación que mantuvimos mientras hacíamos una cómoda cola para entrar al recinto de La Riviera, mientras buscábamos y visualizábamos a Cronos de Venom, o un amigo, levantar mancuernas como si fuera el mismísimo Schwarzenegger.

Al entrar al local de las palmeras fuimos raudos a ver el “Mercha”, donde las camisetas no me convencían, y acto seguido fuimos a tomarnos el primer refrigerio con su correspondiente atraco a mano armada, casi 6 euros por una caña, madre de dios…

Sobre las 20:00 h el show arranca con “Truth”, intro en forma de vídeo que refleja una sucesión y juegos de imágenes y palabras de carácter denuncia, que es con lo abre la gira de “To The Bone”, la última obra en solitario del británico. Acto seguido aparece Wilson con el pelo corto y un flequillo a lo Pepe Oneto o Krispin Klander.

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El show iba a constar de dos partes: la primera no varía en nada con respecto a los otros shows del año pasado de la misma gira, y una segunda parte que sería algo diferente y tendría alguna sorpresa. En el primer bloque, obviamente “To The bone” tiene bastante presencia, empezando con la dupla “Nowhere Now” y “Pariah”, con la presencia testimonial fría y en vídeo de la cantante y actriz ocasional Israelí Ninet Tayeb, o “The Same Asylum As Before”.

Nunca había escuchado en la Riviera una nitidez y un sonidazo como lo que ofrecía Steven Wilson, y mira que he ido unas cuantas veces. La ejecución de los temas por parte de la banda era simplemente la hostia. Podía haber sido un concierto para enmarcar, pero un parón que hizo de 20 minutos entre los bloques me cortó mucho el rollo, y es que el señor Wilson tenía ganas de tertulia y nos brindó unos monólogos dignos del Joey DeMaio más venido arriba o de Pepe Colubi, que lo teníamos cerca de nosotros viendo el show.

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Como si fuera un magazine de radio o un show de la Comedy Channel, Steven nos divagó sobre la pérdida de la guitarra en la cultura, que quedó muy carca y demodé, sobre lo poco sexy que son los solos de muchas notas (!!), sobre lo tristes que son los fans y la música de Opeth, lo poco que se movían los cincuentones con camisetas de Pink Floyd, los logos ilegibles de las camisetas de Black Metal, sus fans japoneses y de lo molón que es Prince (!!), donde nos intentó convencer que el de Minneapolis era lo más grande del mundo mundial. En la segunda parte del bloque nos brindó un descafeinado “Sign O’ The Times”, uno de los clásicos básicos del fallecido artista ya casi al final del show. La reacción del público entre tanta oratoria era desde unos jocosos “one-two-three-four” ramonianos, a ver si el chico se ponía a la faena, hasta la de “Guapo!”, y no por parte de voces femeninas (!!).

“Blackfield” del primer disco, que salió de la unión de fuerzas entre Steven Wilson y el Israelí Aviv Geffen, fue una de las sorpresas más relevantes del segundo bloque. También destaco lo bien que sonó “Sleep Together” del “Fear Of Blank Planet” de Porcupine, y así me quité la espina de aquel lejano Sonisphere del 2010, donde los vi y no gozaron de unas condiciones y sonido adecuados, cosas de festivales.

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Sonó “Sound Of Muzak” del “In Absenta” de Porcupine Tree, aunque hubo gente que sugirió el “Trains”, ante la negativa de Wilson soltando un seco “no aceptamos peticiones”, y la maravillosa “The Raven That Refused To Sing” del disco homónimo, donde uno del público se vino arriba y soltó a grito pelado “el mejor disco”, cosa que estoy de acuerdo, el “The Raven” a mí me encanta también. Terminó un buen concierto de dos horas y veinte de duración, ampliado a 3 horas con los chascarrillos del británico, que si no fuera por tanto discursito la nota hubiera sido de notable bajo a matrícula de honor. Nada ni nadie es perfecto.

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Slayer – Seasons In The Abyss (1990)

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A la hora de hablar tanto de la cosecha discográfica de la banda en particular como de los más claros exponentes del thrash metal en general, “Reign In Blood” siempre se ha considerado como un episodio ineludible, un auténtico punto de inflexión en el género y espejo inevitable de generaciones posteriores. Y si bien es cierto que marcó un antes y un después en lo que a música cafre se refiere, batiendo todos los récords de velocidad y agresividad establecidos hasta la fecha (el propio Kerry King ha confesado en alguna ocasión que no se puede tocar ese material sin calentar debidamente), tampoco puede decirse que brillase compositivamente hablando.

Fue precisamente por eso que “South Of Heaven” ralentizó los tiempos, sin duda el trabajo más ‘heavy’ de la banda, para demostrar a la audiencia que Slayer no sólo era música ejecutada a mil por hora. Fue sin duda un gran paso hacia la madurez del grupo, que para el que suscribe vio su culminación en “Seasons In The Abyss”, toda una demostración de cómo hacer música brutal sin perder el norte y controlando en todo momento los tiempos. Una auténtica maquinaria de engranaje perfecto y rubricada nuevamente por la producción de Rick Rubin, que sin duda fue una pieza clave a la hora de dotar de mayor personalidad y precisión al sonido del grupo.

Si hay una palabra que pueda definir tanto la música de Slayer como sus shows en directo esa es ‘caos’. Es más, desde las ilustraciones de los discos (sirva ésta de muestra) hasta la temática de las letras, pasando por la indumentaria de los músicos mismamente, todo se presta a confusión, pero de una manera consciente, algo de lo que siempre ha alardeado Tom Araya (voz, bajo). Nazismo, Satanismo, Violencia… se les ha acusado de apología de todo, cuando en realidad son meros narradores de historias en tercera persona única y exclusivamente con la intención de provocar (o al menos eso dicen), y desde luego lo consiguen.

Basta pulsar play para encontrarnos de golpe y porrazo con todos y cada uno de los ingredientes marca de la casa: “War Ensemble” aglutina riffs incendiarios cortesía del dúo Hanneman/King por doquier, esos solos disonantes tan característicos que acentúan más si cabe el caos, una apisonadora en forma de batería perfectamente conducida por el maestro Dave Lombardo, todo un erudito de su instrumento, y un Tom Araya que además de destripar su bajo lo hace también de sus cuerdas vocales, a voz en grito y sin el socorrido recurso de las guturales. La letra, como de costumbre, levanta la polémica por su contenido belicista, sobre todo después de salir a la luz que sirvió de sintonía para los soldados americanos en el conflicto del Golfo Pérsico. ¿Otra leyenda urbana?

Si piezas como “Hallowed Point”, “Temptation” (qué final!) o “Born Of Fire” recuerdan a su pasado más speedico, los medios tiempos de “Blood Red”, “Spirit In Black” o “Skeletons Of Society” presumen de mayor pausa y de riffs descomunales, ganando sobre todo en intensidad. Brillan especialmente la ralentizada “Expendable Youth”, de estribillo quedón y conflictivo (para variar), la polémica “Dead Skin Mask”, basada en la historia del famoso asesino en serie Ed Gein, que elaboraba máscaras con la piel de sus víctimas (y que posteriormente daría su juego en films como “El Silencio de los Corderos”), con unos dibujos de guitarras tan inquietantes como la propia letra (“dance with the dead in my dreams, listen to their hollow screams, the death have taken my soul, temptation lost all control”), o la apocalíptica “Seasons In The Abyss”, con ese mítico in crescendo perfectamente canalizado y con unos redobles por parte de mr. Lombardo de antología, que cierra apoteósicamente el plástico.

Por cierto, si tras la pertinente escucha crees que todo eso no es reproducible en concierto sólo tienes que seguir con “Decade Of Aggression”, la plasmación en (doble) directo de que brutalidad y precisión no son necesariamente incompatibles.

Podríamos estar hablando horas y horas de Slayer, tanto por lo que han significado algunos de sus discos para la evolución del metal más extremo (que se lo pregunten a Dissection, Cradle Of Filth, Hypocrisy, At The Gates o In Flames, por citar alguno) como por lo que sigue suponiendo una actuación suya en directo (lo máximo, simplemente). Pero tampoco es cuestión de aburrir, así que si eres de los que se los ha estado perdiendo hasta este preciso instante ya sabes lo que toca. ¿Preparado para la banda más agresiva de todos los tiempos?

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(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Mayhem – De Mysteriis Dom Sathanas (1994)

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Corrían finales del año 1992 y principios del año 1993 cuando los dos grandes estandartes del Black Metal noruego, Count Grishnackh y Euronymous, se ponían manos a la obra para realizar el ALBUM de Mayhem. Mucho tiempo de grabación y gran preparación, pero los dos grandes egos chocaron, llegando a ocasionar incluso el asesinato de uno por parte del otro (cosas de la historia del Inner Circle noruego), esto es, el fundador de la banda, Euronymous, asesinado a cuchillazos por parte de Count Grishnackh (Burzum). El disco, ahí medio grabado y sin ser editado. Batallas legales miles. El máster del disco estaba en poder de la familia de Euronymous, y ellos ni por asomo querían que el asesino de su hijo apareciera en él, así que encargaron a Hellhammer (batería) que grabara él mismo las partes de bajo, pero éste ni corto ni perezoso no lo hizo, mintió a la familia y a posteriori el disco fue editado tal y como fue grabado en un principio, es decir, con la formación siguiente: Euronymous (guitarra), Hellhammer (batería), Attila Csihar (voces) y Count Grishnackh (bajo).

Se llevaba esperando más de 5 años un disco de Mayhem, anterior a este disco poco material oficial tenían: una demo titulada “Deathcrush” (después editada como Mini por el mismo sello que editó este disco), “Pure Fucking Armageddon”, un split CD compartido con Thou Salt Suffer y varios directos semioficiales editados por sellos pequeños, así que la expectación entre la escena Black Metal de la época era realmente espectacular.

Y el disco cumplió todas las expectativas. Finalmente editado por el sello DSP/Voices Of Wonder, contenía 8 impresionantes temas de Black Metal. Mis amigos cercanos saben lo que representa este álbum para mí y lo que he llegado a alucinar con este disco. Me faltarán elogios para él.

Hablando sobre los temas, el disco comienza con quizá los dos temas más representativos de la carrera de Mayhem, que son “Funeral Fog” y “Freezing Moon”. El primero de ellos tiene una explosión de inicio que da paso a un riff de Euronymous (RIP) que lo tengo marcado para el resto de mi vida. Es un tema quizá de los más rápidos de la banda, donde aparte de los riffs de Euronymous (sencillos, simples, efectivos) destaca la voz Attila, un vocalista de Black Metal que nada tiene que ver con los estereotipos de cantantes que rondan por el género (ya sabéis, gritos miles); Attila en este disco demuestra mucha variedad de voz dentro del estilo, sabiendo llevar la misma desde terrenos muy oscuros hasta chillidos de histeria pura. Muchos cantantes actuales (léase Dani de Cradle Of Filth o Shagrath de Dimmu Borgir) deberían echar un vistazo atrás y escuchar bien este disco.

Sobre “Freezing Moon” mucha gente comenta que se trata del tema más aburrido de la carrera de Mayhem, pero no estoy de acuerdo; es un tema en el cual Mayhem mezcla toda su “sustancia”, es decir, mezcla todos sus riffs endemoniados con pasajes lentos, donde Attila se sale con su voz tenebrosa, misteriosa, oscura… qué gran tema! De los 3 siguientes temas, “Cursed In Eternity”, “Pagan Tears”, “Life Eternal”, destacaría sobre todo este último, con un inicio parecido al del inicial “Funeral Fog”, dando paso a unos riffs a medio tiempo, donde el bajo de Count (no Hellhammer, jeje) se escucha muchas veces por encima de las guitarras (sí señores sí, un bajo escuchándose en el Black Metal, y de qué manera!). Los temas de Mayhem tienen una estructura bastante similar entre sí, pero ello no conlleva el aburrimiento ni mucho menos, el buen hacer de sus miembros propicia unos temas directos, impactantes, rápidos, oscuros… como así lo demuestran temas como “From The Dark Past”, “Buried By Time And Dust” y el tema título “De Mysteriis Dom Sathanas”, con el que acaban el disco de una manera apocalíptica, con unas voces de Attila que raramente encontrarás en un disco de Black Metal y con un Hellhammer realmente brutal detrás de la batería. Sobre este batería comentar que es una verdadera máquina tras los parches. Llamado en su época el Dave Lombardo del Black Metal, en este disco demuestra quién es el mejor batería de una banda de Black, ampliamente también demostrado en otros proyectos menos Metal, tal como Arcturus (una banda mucha más atmosférica…), donde era y sigue siendo el principal compositor.

Sobre el sonido del disco, comentar que es excelente, con un sonido de guitarras limpio, compacto y donde cada instrumento está donde tiene que estar, grabado en los estudios “The Grieg Memorial Hall” y mezclado por la misma banda (Hellhammer & Euronymous).

Concluyendo, un disco que marcó lo que es el Black Metal, y sinceramente, un disco irrepetible para mí, ni siquiera ellos mismos llevarán a cabo algo igual, pues ahora el estilo de la banda ha cambiado muchísimo. Hellhammer, único miembro que actualmente sigue en la banda (Euronymous muerto, Count Grishnackh encarcelado por la muerte del anterior y otros hechos acaecidos –asesinatos varios, iglesias quemadas…- y Attila en bandas fuera del Black Metal), ha llevado la banda hacia otros terrenos más melódicos con los discos “Gran Declaration Of War” y el mini “Wolf’s Lair Abyss”, pero bueno, tendremos “De Mysteriis Dom Sathanas” para el resto de nuestras vidas… y en mi colección uno de los puestos más altos.

Mantas

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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HYPOCRISY + THE SPIRIT – Sala Mon Live (Madrid), miércoles 31 de octubre de 2018

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Con los oídos aún pitando tras la reciente visita de Saxon a la capi el pasado 11 de octubre, nos disponíamos a volver a la misma para aprovechar la oportunidad de presenciar de nuevo en directo a los veteranos en mil batallas Hypocrisy, y es que con el culo que gasta el inquieto de Peter Tägtgren es lo que toca, nunca sabes si vas a volver a disponer de alguna más.

Abrían la traca los alemanes The Spirit, motivo adicional por el cual acercarse a la madrileña sala Mon (antigua Penélope) la pasada noche de Halloween. Su debut “Sounds From The Vortex” no ha inventado nada en absoluto, es más, es un ejercicio de copy-paste retro que atufa (a melodic Swedish Black-Death Metal en general y a Dissection en particular), pero les ha salido tan bien y con tanto gusto que ya son una de mis bandas favoritas del género, y es que a veces no hace falta inventar nada nuevo para vencer y convencer.

Su tiempo era corto y los recursos los justos, apenas unas pocas luces y un escenario acotado, ya de por sí escueto; el sonido se intuía más que se oía, pero la banda bajó de la escalinata posterior como el que no quiere la cosa, se descargó su recortado set-list (básicamente su primer trabajo menos un par de temas, a lo sumo, y sin covers que valgan, lo cual atestigua la confianza que tienen en su propio material) y se dejaron huevos y cervicales en la tarima, con una ejecución espectacular a ritmo de quintas endiabladas y una pose hierática pero de headbanging sin tregua. Lo dicho, una pena el más que mejorable sonido, ya estoy esperando con ansias su evolución a nivel discográfico y una próxima visita en mejores condiciones.

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Lo de Tägtgren y los suyos (el fiel Mikael Hedlund al bajo, la bestia ‘inmortal’ de Horgh a la batería y el guitarrista de directo Tomas Elofsson) es digno de admiración, el ojeroso y polifacético frontman / productor sueco parece haber hecho un pacto con el diablo, el tiempo no parece pasar por él ni por sus cuerdas vocales (el curioso caso de Benjamin Button, como dijo el Jabo), y a pesar de haber disuelto a la banda tras el último disco de estudio (“End Of Disclosure”, 2013), al final la cabra tira al monte y hemos tenido la oportunidad de volver a presenciar (esta era la tercera, la vencida) ese conglomerado Death Metal atmosférico que acuñaron con sello propio y que tan bien ha ido evolucionando con el tiempo, asentándose como un género en sí mismo y dejando por el camino un puñado de discos que sirven ya como referente en el panorama metálico.

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El sonido ganó enteros por momentos, en el escenario de repente se hizo de día, y uno tras otro empezaron a caer balazos en forma de temas para deleite del respetable. Sinceramente me daba igual lo que sonara, tenía claro que tanto el material añejo como el más reciente iba a sonar igual de bien, como efectivamente sucedió. “Fractured Millenium”, “End Of Disclosure”, el single “Eraser”, el pack brutal de “Pleasure Of Molestation” / “Osculum Obscenum” / “Penetralia” (cuando valían, jajaja), “Fire In The Sky”, “Killing Art” (y tanto), el atmosférico “The Final Chapter” o el ya mítico “Roswell 47” en los bises nos pusieron en el sitio, y dudo que alguien saliera con pegas del bolazo (y con el cogote intacto). Por decir algo, sólo una pega: la próxima vez que se ahorren a Kataklysm y que les dejen tocar una hora más. Los esperamos con ganas renovadas tras el anunciado próximo disco el año que viene, y por favor, que no se retiren ja-más.

Bubbath

 

BRUCE DICKINSON: ¿PARA QUÉ SIRVE ESTE BOTÓN? – Una autobiografía (Libros Cúpula, Editorial Planeta, 2018)

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El cuanto menos que curioso título del libro puede dar buena muestra de lo que contiene el mismo, una narración en primera persona única y exclusivamente de lo que nos quiere contar o lo que le apetece recordar al protagonista en el momento de su edición, sin excesivo rigor en las formas (que las hay, pero con un orden desaliñado a conciencia) ni en el contenido, aunque siguiendo eso sí una línea temporal coherente desde los albores del polifacético frontman británico hasta prácticamente la actualidad. Pues eso, para muestra, un botón.

Cualquier fan de Iron Maiden que se precie de serlo, y en mayor medida el que lo sea de la carrera en solitario del vocalista más clásico de la Doncella, debe saber de sobra a estas alturas de la película de las actividades paralelas del sujeto en cuestión con respecto a su banda principal, desde sus pinitos como actor de teatro hasta su condición de piloto de aviación profesional, pasando por sus dotes para la esgrima a nivel competición, sus labores como DJ para la BBC durante años o incluso su iniciación a la producción ejecutiva cinematográfica. Tanto para ellos como para el neófito en la materia aquí se dan los detalles, entre anécdotas de todo tipo y con un estilo típicamente británico, como no podía ser de otra forma.

El libro se divide en 45 capítulos, prólogo y epílogo, pero como ya digo no guarda una línea homogénea ni coherente salvo por su cronología, esto es, cada capítulo tiene una duración y desarrollo particular atendiendo a lo que su autor nos quiere contar en él, y una vez conseguido se pasa página para pasar al siguiente, valga la redundancia.

En cuanto a su contenido, y tratando de evitar cualquier tipo de spoiler que empañe vuestra posible lectura, decir que el autor ha obviado en la medida de lo posible hablar directamente de terceras personas, y cuando lo hace es porque lo precisa la historia; por su parte, ha omitido directamente hablar de partes de la historia excesivamente personales, como niños, divorcios, actividades empresariales y demás capítulos que habrían excedido el metraje considerablemente, además de alterar el espíritu del libro, que como ya comentamos se queda finalmente en un puñado de anécdotas en orden cronológico.

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Dicho esto, y ya entrando en el plano puramente subjetivo y personal (atención, spoiler, si te lo piensas leer pasa al siguiente párrafo), se echan en falta detalles de ciertas partes de la historia, ya sea de discos concretos (lo de Somewhere In Time tiene delito), de entradas y salidas de la banda de Steve Harris (se hace mutis por el foro tanto de la salida de Paul DiAnno como de la de Clive Burr o del denostado Blaze Bayley) o de episodios más delicados (se omite directamente la enfermedad y posterior fallecimiento de Clive Burr, así como los conciertos que se ofrecieron para recaudar fondos para la causa en su momento), pero como ya digo se trata de una obra esencialmente subjetiva y personal, con lo que cualquier dato adicional incluido es por necesidad tangencial, centrándose el hilo conductor en las vivencias del personaje principal, ya sea en su carrera en Iron Maiden o en cualquier otra faceta de su vida privada.

Para servidor, la parte más disfrutable de la obra en general por motivos obvios es la que abarca el período comprendido entre la entrada del protagonista en Iron Maiden (Number Of The Beast, 1982) y la era Powerslave (1985), la más prolífica de la banda y donde se dan todo lujo de detalles plenamente disfrutables; a partir de ahí, y a pesar de que personalmente considero otras épocas artísticas del protagonista como Seventh Son Of A Seventh Son o The Chemical Wedding esenciales (precisamente por eso), la narración y los detalles, sobre todo musicales, pierden un notable protagonismo, centrándose el autor más en contar su vida extramusical que en lo propio, algo que evidentemente ya va en gustos (sobre todo si lo tuyo es la aviación o el humor progresivo británico). Mención especial merece el capítulo final (El Puto Cáncer), donde se trata una situación tan delicada y vivida en primera persona por el autor / protagonista con dosis de humor y crudeza a partes iguales, y de la que afortunadamente salió ileso, como bien pudimos constatar los que presenciamos la gira The Book Of Souls World Tour, en la que Mr. Dickinson volvió a demostrar una vez más por qué es considerado uno de los más grandes vocalistas de Heavy Metal, en esa ocasión con mayor motivo.

Para qué sirve este botón es un libro particular de un personaje que también lo es; Bruce Dickinson no es Nikki Sixx, ni Ozzy Osbourne, ni Lemmy Kilmister, y por lo tanto cualquier parecido con Los Trapos Sucios, Yo Soy Ozzy o Lemmy es pura coincidencia. Si lo que buscáis es un rato de lectura desternillante con anécdotas salvajes del estilo de los libros mencionados quizá no sea vuestro libro. Si por el contrario lo único que pretendéis es una aproximación a la figura de Bruce Dickinson, a sus inquietudes, virtudes y defectos, este libro os puede servir de buen acercamiento. Seguro que como servidor le sacáis bastante provecho.

Bubbath

LEYENDAS DEL ROCK 2018 – Polideportivo municipal de Villena (Alicante), miércoles 8 a sábado 11 de agosto de 2018

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Decimotercera edición ya del festival más metálico de la zona levantina, un tanto venido a menos dada la proliferación de festivales a nivel nacional, lo cual, unido a un considerable bajón de caché este año a la hora de confeccionar el cartel (lo que no quita para que sea mejor ni peor, eso es indistinto), ha hecho que la afluencia de público se haya visto mermada en esta última edición, si bien eso es un problema para la organización, puesto que para el asistente significa mejores accesos (a todo) y mejor colocación (en todos los sentidos), con lo que por nuestra parte ninguna queja en ese aspecto, que sí en otros que comentaremos más adelante.

Lamentablemente este año no pudimos cumplir con las cuatro citas diarias del festival, omitiendo directamente la primera jornada del miércoles, básicamente por no acudir al día siguiente sordo y hecho un pingo al trabajo. De toda esa jornada, lamentamos no haber podido presenciar especialmente la descarga de RIOT V (los demás están más que vistos), ya que si bien hemos podido presenciar varias veces a la banda del fallecido Mark Reale, había curiosidad por presenciar la faceta más power y menos clásica del combo americano. En fin, otra vez será. 

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Jueves 9 de agosto

Vaya por delante que esto es un medio totalmente amateur (blog, lo llaman), con opiniones altamente subjetivas y en ocasiones con una pizca de mala leche, siempre desde el cariño, con lo que si estás leyendo esto y prefieres no saber nuestra opinión acerca de tu grupo favorito estás a tiempo de retirar la vista, seguro que puedes leer una buena reseña del mismo en cualquier revista de pago o medio profesional en internet (también de pago, aunque sea en publicidad). El que avisa no es traidor, como decían Muro. 

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Según accedíamos al recinto se encontraban acabando los pesaos de DRAGONFORCE (ya no sé cómo esquivar a esta gente en los festivales, me los encuentro hasta en el baño), así que aminoramos un poco la marcha no nos fuéramos a empachar de azúcar glas, que a estas edades nos sube la tensión con cualquier cosa.

De inmediato nos dirigimos al escenario de la derecha (Jesús de la Rosa) para coger sitio cómodo, saludar a los colegas, bebernos el primer mini de cebada del festival y volver a presenciar lo que supone la catarsis de ver a Suicidal Tendencies, esta vez con el añadido de contar con el gran Dave Lombardo tras los parches. Crimen fer-pecto.

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La banda de Mike Muir sigue en óptimo estado de forma, si bien el bueno de Mike es el que peor lo lleva, ya que se le va la voz por momentos, lo cual por su parte tiene hasta excusa, ya no es un chaval y no para de moverse durante toda la actuación, sin parar de gesticular y de dar puñetazos al aire como un poseso. Pos eso. La banda por su parte le arropa debidamente, desde la espectacular base rítmica, con ese slap bass típicamente funk marca de la casa fundido exquisitamente con el crossover más metálico, y con el aliciente adicional de ver aporrear a Lombardo tras los parches, como ya digo, hasta los coros del grupo, que suplen debidamente las ausencias vocales de Muir.

Fueron pocos los temas en caer, entre otras cosas porque con “You Can’t Bring Me Down” se tiran la tira, valga la redundancia, pero en Suicidal todo vale, suene lo que suene es un fiestón, una oda al pogo donde da igual ocho que ochenta (de hecho creo que fueron ocho los temas). “Lost Again”, “War Inside My Head” o “Send Me Your Money” nos supieron a gloria, y al final acabó todo el personal encaramado en la tarima como viene siendo habitual. Como contras lo dicho, la voz de Muir por momentos y el escaso repertorio. Como pros todo lo demás.

KAMELOT 

Seguí a la banda del guitarrista / líder Thomas Youngblood (la verdad es que hace honor al apellido, al estilo me remito) desde sus comienzos con Eternity (1995), cuando Roy Khan aún militaba en los grandes Conception y el intercambio de cassettes por correo aún existía, hasta The Black Halo (2005), según Wikipedia el disco con el que la banda dio el gran salto, y según mi wikipedo con el que ya tocaron techo, rebotaron y volvieron a empezar, con permiso de un par de temas y la colaboración de Shagrath de Dimmu Borgir, de lo poco novedoso del plástico. Una década de autoplagio fue más que suficiente, así que a otra cosa, mariposa.

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Dicho esto, puedo entender que el personal que los descubrió algo después no se haya hartado aún del combo, quiero pensar (porque me da pereza comprobarlo) que el material de la banda sigue siendo de calidad, de hecho estoy seguro, pero cuando llueve tanto sobre mojado ya apetece ver salir el sol por otro sitio. Tommy Karevik es un digno sucesor de Khan, de hecho parece un clon de menor edad, no tanto en lo estilístico como en lo físico, y es que si bien es cierto que emula con competencia a su predecesor, las tonalidades y modulaciones no resisten comparación, al menos en directo. Si tuviera que poner en la balanza cualquier bolo visto de Khan con el de esta velada el primero saldría ganando por goleada.

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El concierto no fue todo lo nítido que cabría esperar, pero sí bastante contundente. Mezclaron con acierto lo nuevo y lo viejo, para que los hastiados como el menda pudiésemos revivir viejas glorias con los “When The Lights Are Down”, “March Of Mephisto”, “Center Of The Universe” o “Forever” de turno, y los más jóvenes con el resto. Por lo demás, seguiremos a rajatabla con nuestra política de abstinencia hasta nueva orden o sorpresa discográfica mayúscula.

MR. BIG / BELPHEGOR 

Y llegó el momento de las disyuntivas, de las idas y venidas, y es que cuando hay dos escenarios (tres, mejor dicho, aunque el Azuzena y el Jesús de la Rosa nunca se solapan), distintos grupos y estilos superpuestos, a veces la cosa se complica.

Nunca fui seguidor de Mr. Big, lo reconozco, como también les reconozco su virtuosismo instrumental (Billy Sheehan, Paul Gilbert) y su larga trayectoria musical, pero nunca me dijeron gran cosa en estudio, qué le vamos a hacer. En cualquier caso sólo por respeto y curiosidad me planté delante del escenario Jesús de la Rosa a ver qué tal su directo, pero fue ver a Eric Martin con el pañuelo al cuello y pasadísimo de kilos (me recordó a Gloria Fuertes, lo juro) y el corte de los primeros temas y pensar directamente en irme al escenario Mark Reale a ver algo de caña burra porque sí.

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Creo que nos dio para ver y escuchar “Daddy, Brother, Lover, Little Boy”, “Rock & Roll Over” y poco más, la suerte estaba echada y dejamos a los veteranos deleitando a los también veteranos del respetable, que por lo visto se lo pasó en grande. Me hubiera gustado ver los apartados instrumentales de cada uno (guitarra primero y bajo después), pero a esas horas ya estábamos en otros menesteres.

Lamentablemente para cuando asomábamos por el Reale se estaban despidiendo HIRAX, así que nunca sabremos cómo se lo montaron los clásicos thrashers yankees sobre las tablas. 

Sí pudimos ver sin embargo buena parte de la actuación de los austríacos BELPHEGOR, otros clásicos del Blackened Death, uséase, Death Metal de corte satánico onda Deicide o Morbid Angel pero más brutal si cabe, no apto para fans acérrimos de… Mr. Big, por ejemplo.

La actuación se hizo esperar, demasiado incluso, parecía que nunca acababan de ultimar los detalles esotéricos del escenario, como si de un decorado del 1, 2, 3… se tratase. Finalmente salieron a escena Helmuth, Serpenth y compañía a deleitarnos con coplas tan explícitamente brutales como “The Devil’s Son”, “Stigma Diabolicum” o “Lucifer Incestus”, cancionero que haría vomitar a una cabra y levitar al mismísimo macho cabrío. Buena puesta en escena y sonido decente en líneas generales, es curioso cuanto menos que las bandas más extremas de black / death metal suenan como mínimo aceptables en este escenario, debe ser por las condiciones de ‘sala’ del mismo (disposición rectangular, laterales tapados, etc.), cosa que no se puede decir de los otros dos escenarios principales. Que tomen nota los que no lo pisan para futuras ediciones.

Tras un poco de headbanging para sacudirnos las liendres decidimos que era momento de llenar el estómago, y de paso ver qué se cocía de nuevo en el escenario Azuzena con los renovados NIGHTWISH de la ex AFTER FOREVER Floor Jansen.

NIGHTWISH / PICTURE 

Con un hot-dog extra-size en una mano y un mini de cerveza en la otra nos dispusimos a comprobar el estado de forma de la banda del teclista Tuomas Holopainen y el guitarrista Emppu Vuorinen, esto es, NIGHTWISH, por la que han militado en filas la gran Tarja Turunen y posteriormente la más desapercibida Anette Olzon, ambas aparentemente expulsadas del combo en diferentes momentos de su historia.

No pudimos ver toda la actuación de los finlandeses, ya que como comentaba anteriormente estábamos en plena fase de picos pardos musicales, pero estuvimos el tiempo suficiente para contrastar el estado de forma de la banda (correcto, vale, bien), escuchar un repertorio compensado (hasta nos medio emocionamos con las revisiones de “Wish I Had an Angel”, “Come Cover Me”, “Gethsemane”, “Sacrament Of Wilderness” o “Nemo”, fíjate) y, al igual que hicimos con KAMELOT, comparar odiosamente épocas y estilos, donde nuevamente (y siempre para gusto del que suscribe, claro) sale victoriosa la primera etapa de la banda con Tarja al frente, tanto por la frescura que supusieron los primeros discos de la banda, con ese contraste brutal entre la voz de soprano lírica de Turunen y el power metal ejecutado por sus compañeros, como por el cuerpo y la ampulosidad de la voz de Tarja, para mi gusto a años luz del de sus sucesoras. Si bien Floor puede incluso parecer más versátil por momentos, atacando con un estilo más heavy y directo, dicha versatilidad le juega en desventaja, haciendo desaparecer el contraste que comentaba y pasando por una vocalista más de Heavy Metal.

Con todo y con eso, buena actuación de los fineses, aunque me quede con las anteriores visitas con Tarja Turunen al frente.

Pero era tiempo de cambiar nuevamente de aires, épocas y estilos, y sin mucho divagar nos encaminamos de nuevo al escenario Mark Reale a ver qué se contaban los clásicos holandeses PICTURE.

¿Y con qué nos encontramos en el Reale? Pues para mi gusto con una de las sorpresas del festival, ya que sin duda fue uno de los mejores bolos para el menda junto a los de SAXON, VADER, ROSS THE BOSS y AMORPHIS (esas actuaciones serían para servidor las más completas de esta edición en todos los sentidos, sonido, ejecución y actuación).

La banda ha sufrido numerosos cambios de formación e incluso varios períodos de inactividad, pero los que están son los que son y lo hacen de lujo, especialmente el vocalista Ronald van Prooijen, cantante original de la banda que regresó a filas y que se pegó una sobrada diafragmática de cagarse patas abajo.

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Para el que no los conozca y quiera ponerse en situación, decir que Picture practican un Heavy Metal de corte clásico, a medio camino entre Saxon y Accept (más o menos), y entre otros les han rendido pleitesía los suecos Hammerfall, que revisitaran el mítico “Eternal Dark” en su Ep Heading The Call (1998), y que por supuesto esta noche sonó, y de qué forma.

Sonaron también “Night Hunter”, “No No No”, “Live By The Sword” o el añejo “Heavy Metal Ears”, con un empaque letal y un sonido brutal, y hasta el bueno de Ronald se atrevió a subirse por el entramado metálico de las columnas de sonido (más de uno temimos por su integridad física). Con eso y los cabezazos de Laurens Bakker a su caja de batería tuvimos suficiente para sacarnos el badajo al fresco. Atopeósico.

Lo dicho, conciertazo de arriba abajo y los cuernos rayando el techo. Como anécdota, decir que el guitarrista Jan Bechtum es clavado a Armando de Castro (físicamente, cualquier parecido musical y de resultado final actual es mera coincidencia). 

WATAIN 

Hubiera preferido ver a Watain por primera vez en otras circunstancias, en un escenario más pequeño (el Mark Reale, mismamente) y a otra hora, ya que a pesar de no tocar excesivamente tarde ya pasaba la medianoche, y después de toda la jornada (incluida la laboral) la caña burra no entra igual que bien fresquitos.

Sea como fuere, los discípulos de Dissection se pegaron un buen bolo, no gozaron del mejor de los sonidos pero se entendió, y la puesta en escena con ese escenario in blood y las cruces invertidas en forma de tridente (hasta en eso emulan a la banda del funesto Jon Nödtveidt) ayudó lo suyo.

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Es difícil destacar en un estilo tan hermético y opaco como el Black Metal, pero estos suecos lo hacen, simple y llanamente cogiendo la base de sus predecesores y añadiendo su toque personal, con algún break por allí y algún lick por allá sobra. Si además te marcas discos tan contundentes y heavy-metaleros como “Trident Wolf Eclipse” (2018) tienes la faena prácticamente hecha.

Piezas como “Devil’s Blood”, “Nuclear Alchemy”, “Furor Diabolicus” o “Sacred Damnation” y las monsergas diabólicas de Erik Danielsson hicieron las delicias del respetable más true, y unos minutos antes de que concluyese su actuación, mi compadre Saints in Hell y servidor fuimos tomando las de Villadiego, que había camino hasta Benihell y quedaban aún dos duras jornadas de festival. Watain, nos venom en sala.

Bubbath  

Viernes 10 de agosto 

TANK 

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Conocí a TANK por los numerosos covers de gente como Sodom (“Don’t Walk Away”, “Turn Your Head Around” o “Shellsock” fueron parte de su repertorio), cuando la banda británica de Algy Ward fundía perfectamente el sonido punk de sus paisanos Motörhead con el de la NWOBHM, dando como resultado algo peculiar y con un punch espectacular. Pero el tiempo y los cambios de formación hicieron mella en el combo, y hoy por hoy se han quedado en una banda cliché y con bastante poco que aportar a la escena, ya que ni han gozado de la calidad de coetáneos suyos, ni tampoco han sabido mantener al menos un estilo sólido el cual poder defender con garantías, como sí han hecho Saxon o Motörhead, o en ligas superiores Iron Maiden y Judas Priest. Me pasé toda su actuación mirando de reojo por si llegaba mi ansiado personal-hit, pero a falta de éste tuve ocasión de departir de nuevo con viejos compañeros de fatigas como René, Raúl, Antonio, Monty y compañía (Hail, brothers of metal!). Creo que deberían cambiarse definitivamente el nombre y ponerse Tang, aquel sucedáneo de zumo, que ni era zumo, ni era refresco ni era ná.

Bubbath 

PRAYING MANTIS

Con los acordes de “Captured City” del Metal for Muthas empieza el show de uno de los veteranos de la NWOBHM, donde la formación, si no está la original poco le falta, con los hermanísimos Chris y Tino Troy aún en el escenario dando una historia de clase y buen hacer. No faltaron temas como “Praying Mantis”, “Children of the Earth”, “Dream On” y otros temas de una carrera ya muy alargada (ya empezaban a dar follón por mediados de los 70), entretuvieron un escenario Mark Reale con una afluencia cómoda y con algo de público, a pesar de que tuvieron que lidiar con la coincidencia de horario de dos pesos pesados del viernes como Devildriver y los celebérrimos Children of Bodom.

Saints in Hell 

POWERWOLF

Volvían a Villena un par de años después, edición en la que por cierto les descubrí. Y ciertamente han tenido un ascenso en su trayectoria considerable en ese tiempo.

Aunque la organización les anunció como “concierto con producción completa”, palabras literales del mismo cartel, esto no fue así, dos telones fue esa “producción completa”, muy lejos de lo que vimos por ejemplo en Wacken el año pasado. Ni tan siquiera pirotecnia, ni humo. Si bien es cierto que quizá eso sea lo menos importante en un concierto, son cosas que también suman, y más cuando las anuncias.

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Y ahí salieron en escena los líderes de la banda Attila Dorn y Falk Maria, que no dejaron de animar a la gente durante todo el concierto.

El concierto se abrió con el cañonazo “Blessed and Possessed”, para sin respiro juntarla con “Army of the Night”; el sonido en esos temas era malo, estaba todo como muy mezclado, formando en ocasiones una pelota sonora. A partir del tercer tema se arregló la cosa, aunque distó de la perfección, al menos ya sonaba muchísimo mejor.

Powerwolf hace un mes que han sacado disco nuevo y nos deleitaron con “Incense & Iron”, el tema que estoy seguro se convertirá pronto en un clásico de ellos, “Demons are a Girl’s Best Friend”, y “Fire and Forgive”, mezclándolas con “Armata Strigoi” y ese juego que se trae Attila con el público, la épica “Let There Be Night” (quizá mi favorita) y el trallazo “Amen & Attack”.

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Para el final, como no podía ser de otra forma, la cachonda “Ressurrection by Erection” y las hímnicas “Sanctified With Dynamite” y “We Drink Your Blood”. Para acabar el concierto y como viene siendo habitual tocaron “Lupus Dei”.

El concierto estuvo bien, lástima del engaño con la “producción completa” y del sonido en la primera parte del concierto. Powerwolf es lo que es, estribillos pegadizos y fácilmente coreables y fiesta animada por sus dos frontmen.

Laguless 

VADER 

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El doloroso solape con Saxon nos privaría de ver el show completo de los veteranos polacos, que casualmente sustituían la baja de Scar Symmetry, debido a que eligieron otros compromisos. Abrieron con “Dark Age” del Ultimate Incantation, donde ahí ya empezaron las hostilidades y el pogo empezaba a ponerse serio, ya que a pesar de la veteranía de los de Olzstyn sonaban como un cañón. Parece que tocaron también “Back to the Blind” y “Helleluya, God is Dead”, y digo que parece porque ya me fui a presentar los respetos a unos ingleses con un cantante con “grandes cojones”. Espero encontrame otra vez con ellos. 

Saints in Hell

SAXON 

Tenía muchas ganas de volver a ver a la formación británica, pues si la memoria no me falla, la última vez que les vi fue en aquel festival que tocaron todos los grupos de primera línea posibles llamado Metalmania, en Villarrobledo en 2003. Concierto del que recuerdo el sol, el calor y que tuve que salir urgentemente a beber.

Con un sonido notablemente mejor que el resto y demostrando que estos tipos están varios escalones por encima, Saxon hicieron un señor concierto, un concierto de 10.

Abrieron con “Thunderbolt” de su último disco, pero supieron mezclar sus temas más recientes con los clásicos que la mayoría estaban esperando, sin que en ningún momento decayera el show. He de resaltar el estado de forma actual de la banda, en especial de Biff Byford, que cantó, ¡y de qué manera cantó! Además de que tiene mérito salir a tocar en Agosto en Villena con esa chaqueta puesta. Por cierto, varias bromas y risas se marcó con el respetable Leyendero.

Realmente nada puede fallar llevando en el setlist temas como “Motorcycle Man” – que fue de las primeras en caer -, “747 (Strangers in the Night)”, “Crusader” o la coreadísima “Princess of the Night”. A ellos hay que sumar las que se dejaron para los bises, “Heavy Metal Thunder”, otra coreadísima desde el mismo riff inicial “Wheels of Steel” y “Denim and Leather”.

Yo no sé si estos tipos están viviendo una segunda, tercera o cuarta juventud (o quizá más), lo que tengo claro es que te aconsejo que si tienes ocasión no dejes de verles. Desde luego, las veces que los he visto nunca han pinchado y han dado conciertos muy pero que muy buenos. Aquí en Villena dieron todo un recital de lo que debe ser un concierto. Sin duda para mí, los grandes vencedores del festival.

Laguless

ABBATH 

Dicen que Abbath no pudo descargar en Wacken dado que había ‘cargao’ mucho (estos noruegos…), pero el menda lerenda a duras penas recuerda el bolo del ex frontman de Immortal por haber hecho lo propio la jornada del viernes (es lo que tiene que conduzca otro, grande Carlos!).

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Con todo y con esto, entre los vídeos y las imágenes difuminadas que me vienen de su actuación, decir que el rey de los memes black-metaleros se marcó un popurrí de su banda actual (“To War”, “Winterbane”, “Ashes Of The Damned”), su proyecto I (“Warriors”) y una buena representación de su banda madre (“In My Kingdom Cold”, “Tyrants”, “One By One”), con lo que dudo que alguien saliera defraudado de su actuación, tanto por variedad como por la clásica performance de Abbath en escena, todo un humorista sobre las tablas.

Gran final de fiesta para la jornada del viernes por nuestra parte, ya que al igual que en la jornada anterior (Warcry, Saurom), omitimos de nuevo las dos últimas bandas (Júpiter, Vhäldemar) para conservar nuestra integridad física y no prostituir nuestra integridad moral.

Bubbath 

Sábado 11 de agosto 

ROSS THE BOSS 

Tenía muchas ganas de ver al mítico Ross The Boss descargando un set de Manowar, ya que si bien he podido presenciar varias veces tanto a Manowar como a Dictators, no tuve el placer de ver al combo yankee con Ross The Boss a las seis cuerdas, que como todo el mundo sabe partió peras tras el celebérrimo “Kings Of Metal” (1988). Nunca es tarde si la dicha es buena.

El repertorio se basó fundamentalmente en temas clásicos de la época de Ross en Manowar, con permiso eso sí de un par de temas de su actual formación como Ross The Boss, que yo recuerde (“This Is Vengeance”, “Fistful Of Hate”), así que nos pasamos prácticamente toda la actuación con los cuernos y los puños cruzados en alto como si de una misa vikinga se tratase, épico (entiéndase en todos los sentidos). Marc Lopes (Let Us Prey) no es Eric Adams, es evidente, no atesora ni el cuerpo ni los matices de éste, pero llega a grito pelao donde quiere y eso fue suficiente para hacer sonar los temas. More metal than metal.

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“Sign Of The Hammer”, “Blood Of My Enemies”, “Kill With Power” (vaya triplete), “The Oath” (toma ya!), “Fighting The World”, “Battle Hymn” (ese disco/tema le puso nombre a mi primer fanzine, con eso lo digo todo) y el apoteósico “Hail And Kill” lo pusieron todo patas arriba, y es una buena muestra de lo que pudo ser Manowar y en lo que se quedó (en un circo que hartó hasta al que asó la manteca). Visto lo visto, y estando Manowar en el estado en que se encuentran, deberían pensarse ambas partes pegarle una vuelta al asunto y hacer al menos una gira de clásicos, cogiendo a Donnie Hamzik o al mastodóntico Rhino y soltando un rato al anodino de Karl Logan, que tampoco creo que se lo tome a mal (si se lo ordena Joey DeMaio seguro que acepta de buen agrado). Los verdaderos fans les estaríamos eternamente agradecidos y hasta les perdonaríamos muchas de las cosas que hicieron mal en el pasado.

Lo sentimos mucho por THUNDER, pero después de la letal descarga manowariana y de la que se nos venía encima (Warlock-WASP-Amorphis) optamos por estirar las piernas, ver el merchandising, avituallarnos y coger resuello para ver todo eso del tirón. 

WARLOCK 

Una pena tener que sacrificar a Primordial, que tocaban en el escenario secundario, pero como ya digo teníamos triplete clásico y ya sabéis, la cabra tira al monte. Espero poder verlos pronto en otro festi o directamente en sala.

En cuanto a WARLOCK, si es que se le puede llamar así a la cantante y al guitarrista (Tommy Bolan) que lo grabaron, como ya prometían se marcaron un Triumph And Agony en su integridad, si bien sin respetar el orden del disco, a lo que añadirían otras piezas inevitables de Warlock como “Burning The Witches” o “Hellbound”, la más nueva de Doro “All For Metal” (va camino de convertirse en Dorowar) y la perfectamente omisible “Breaking The Law”, se me ocurren un millón de opciones mejores para rellenar el set-list, como por ejemplo su cover del “Love Me Forever” de Motörhead, y acabando por cualquier corte de la era Warlock o de sus primeros discos como Doro (más material de “Force Majeure” o “Doro”, por favor).

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En cualquier caso la actuación fue notable, descargando íntegramente el Triumph no quedaba tiempo para mucho más, y la ejecución fue buena, si bien es cierto que Doro debe cambiar ciertas tonalidades en según qué partes de canciones para poder llegar (incluso me pareció que en algún tema lo hizo directamente el grupo), aunque esta noche estaba en plenas facultades y salió muy airosa del envite (la he visto en peores circunstancias, aunque también mejores).

Lo mejor de la actuación: escuchar temas menos habituales como “Three Minute Warning”, “Kiss Of Death”, “Make Time For Love”, “Touch Of Evil” o “Cold, Cold World”, así como el resto de clásicos de Warlock. Lo peor: la escasa calidad compositiva del último material de Doro y las versiones innecesarias. Ver a Dorothy Pesch: siempre un placer.

Bubbath 

W.A.S.P. 

A la formación de Blackie ya la tengo más vista que el tebeo, pero me sorprendió el setlist y para bien. Dejaré de un lado, pero no por ello lo voy a dejar de mencionar, los apoyos desde la mesa, los coros pregrabados y lo que seguro se me escapa.

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El concierto empezó con la intro que vienen utilizando desde Dios sabe cuando, para dar paso a un medley formado por “On Your Knees / Inside the Electric Circus / I Don’t Need no Doctor”, para seguir con “The Real Me” y el primer subidón con “L.O.V.E Machine”, e inmediatamente vino la primera sorpresa de la jornada con “Crazy”, y es que W.A.S.P., lejos de salir a hacer un concierto repletos de clásicos, de los que seguro que hubieran triunfado, hicieron un set-list con varias de sus canciones más actuales, como fueron “Take Me Up”, el temazo “Heaven’s Hung in Black”, que fue de los que más me gustó, o la desechada para el The Crimson Idol y recuperada en el Golgotha “Miss You”, unido a las infalibles del The Crimson Idol “Chainsaw Charlie (Murders in the New Morgue)”, “Arena of Pleasure” o la balada “The Idol”. Es cierto, que esta parte para el que no esté familiarizado con los últimos 3 discos de la banda y tenga atravesado el The Crimson Idol se hizo cuesta arriba. Pero ahí estaba Blackie para volver a poner las cosas en su sitio con “Wild Child” y “I Wanna Be Somebody”.

W.A.S.P. utilizaron pirotecnia y sonaron bastante bien, ya he mencionado las ayudas desde la mesa. Me gustó y disfruté, ya que considero que los 3 últimos discos de W.A.S.P. están muy a la altura de sus viejos clásicos.

Laguless 

AMORPHIS 

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que los vi en Barcelona y hay que aprovechar el estado de gracia tanto a la hora de producir discos como de calidad de los fineses, que van a casi dos años por disco. Con “The Bee” y “The Golden Ink” arrancan el concierto, y son la carta de presentación de su nueva obra ante nosotros, con un Tomi Joutsen muy suelto tanto a la voz como a la hora de llenar el escenario, demostrando que es parte importante de la banda a pesar de que se incorporó sobre 2005.

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“Sacrifice” de su anterior disco Under the Red Cloud fue la próxima parada del viaje musical por la gran discografía de los de Helsinki, que iba a durar una hora, donde “Bad Blood” del mismo disco también fue partícipe en la fiesta. También ensamblaron “Silver Bride”, un tema que me gusta mucho, es el momento del cojonudo “Skyforger”, para mí personalmente el mejor disco que han hecho en esta década y con Joutsen a la voz.

Todo iba saliendo muy bien, siendo un poco pejiguero el sonido a veces de los teclados, no sonaban lo más potentes que uno deseaba, pero aun así sonaron correctamente. El subidón nostálgico vino con “Against Widows” del ya lejano Elegy, que la ensamblaron con “The Castaway” del también vetusto Tales From The Thuousand Lakes, discos que aunque han pasado ya más de 20 años su sonido suena aún muy fresco y actual.

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Tomi nos comenta que es el último concierto que hacen de su gira de festivales de verano, donde finalizaron con “Death of a King”, “Daughter of Hate”, la inevitable “House of Sleep”, tema que personalmente no me gusta nada, para terminar con el maravilloso e imprescindible “Black Winter Day” como colofón final y despedida. Visten bien estos chicos.

Saints in Hell 

Y hasta aquí fue para nosotros la XIII edición del Leyendas del Rock, a las dos últimas bandas (Stravaganzza y Lujuria) nos las saltamos, para no romper la tradición. Nos vemos en la próxima batalla, que espero sea en Benidorm.

Bubbath

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P.D.: Desde aquí me gustaría dar un tirón de orejas a la organización, por sus anuncios en el mismo cartel del festival que pongo entrecomillados, a saber:

Powerwolf: ya lo he comentado, de “concierto con producción completa” nada de nada, trajeron lo mismo que hace 2 años.

Nightwish: “fecha exclusiva en España en 2018”, Madrid, Barcelona y Bilbao en Noviembre-Diciembre.

Ross The Boss: “Manowar set”, tocaron 2 canciones de su último disco.

La gente no es tonta, y anunciar algo cuando no se va a cumplir no está bien. Desde aquí pido a la organización que sea consecuente con lo que anuncie.

Laguless