Fields Of The Nephilim – Única fecha en España

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HELLOWEEN – Wizink Center (Madrid), sábado 9 de diciembre 2017

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Fue uno de los conciertos que con más ansia estaba esperando. Siempre recordaré al “Keeper of the Seven Keys II” como el primer vinilo que me compré (1.200 pts. de la época).

Helloween han tenido la delicadeza y consideración de hacer una reunión muy digna, esto es, a la consabida entrada en el grupo de Kai y Kiske, han tenido en cuenta y respetado a quien ha estado sacándoles las castañas del fuego desde mitad de los 90 -aquí podíamos debatir sobre Uli y Roland- hasta la actualidad. Con más o menos altibajos, cierto, pero al fin y al cabo han tenido la consideración de respetar a los miembros actuales, algo que en muchas reuniones clásicas no ha sido así.

Con un Palacio de los deportes lleno (no hubo sold-out, pero se rozó) y con una puntualidad absoluta, empezaron las 3 horas de concierto, un tiempo que da para mucho, por un lado temas imprescindibles y por otro lado otros temas que no lo son tanto (¿en serio “Are You Metal”, “Livin’ Ain’t No Crime” y si me apuras “Rise And Fall” merecen estar en el set-list?).

Hubo muchos momentos muy épicos como el inicio con “Halloween” (toma puñetazo en toda la cara), “A Little Time”, “I’m Alive”, “A Tale That Wasn’t Right”, “How Many Tears”, y ese mítico medley de Kai Hansen que he estado esperando durante toda mi vida. También hubo momentos muy emotivos en el solo de batería entre el vídeo de Ingo y el actual baterista Dani, que puso los pelos de punta a más de uno. Y momentos también épicos con los temas de Deris, faltaría más, “If I Could Fly”, “Perfect Gentleman”, “Power”, y unas sorpresivas “Sole Survivor” y “Waiting For The Thunder”, todas fueron un ejemplo de que los clásicos de Kiske pueden convivir en perfecta armonía con los clásicos (más actuales) de Deris.

Vi a los dos cantantes muy compenetrados y haciendo piña, hubo muy buen rollo entre ellos, o al menos esa es la impresión dada, y vocalmente ambos dando la talla y cumpliendo -el engranaje de Deris es más que notable-. También me fijé en los guiños entre Weikath y Kiske, impensable hasta hace más bien poco, Kiske fue a buscarle varias veces, cogiéndole y sacándole alguna sonrisa (todo un logro). Y por otro lado está Mr. Kai Hansen, al que supongo artífice de esta reunión, estaba como un niño con zapatos nuevos, con gestos de complicidad con todos y sin dejar de sonreír. Pero por favor, alguien le tiene que decir al bueno de Kai que ese maquillaje y esas pintas no le quedan nada bien.

¿Y después de esto, qué? Pues grabaron el concierto en DVD, pero yo creo, y es mi opinión, que esto no va a quedar aquí, sólo hay que dar tiempo al tiempo y lo mismo me equivoco, pero me da a mí que algo más sacarán aparte del tema “Pumpkins United”, editado para la ocasión. Sentimentalmente muchos nos hemos quitado un peso de encima, ver a Kai y Kiske de nuevo en Helloween es todo un privilegio para los que hemos mamado esto. Y otra cosa me gustaría añadir, 3 horazas de concierto, que sí, que metieron vídeos entre tema y tema y demás, pero aun así son 3 horas sobre un escenario que no se las quita nadie. Ya me gustaría ver a más de un grupo de lo que ahora llamamos Power Metal aguantando las 3 horas ahí arriba. Creo que no sorprendo a nadie si digo, ahora más que nunca, que los Reyes son los padres.

Laguless

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Creo que hablo en nombre de toda la comunidad metalera cuando digo que los germanos Helloween hace tiempo se ganaron a pulso la etiqueta de clásicos del género, independientemente de que partieran de un sub-estilo como el power/speed metal, el cual no tardaron mucho en dejar de lado, aunque no totalmente sí a tiempo parcial.

No en vano “I Want Out”, hit-single con el que se dieran definitivamente a conocer por estos lares en aquellas ráfagas de video-clips de TVE en su apartado Heavy Metal, ya se desprendía notablemente de sus inicios fugaces a golpe de doble bombo (en gloria esté el bueno de Ingo), aunque la primera parte de la mítica saga “Keeper…” ya atesoraba gemas a medio tiempo como “Future World” o “A Little Time” difícilmente encasillables en los comienzos de Iron Fist.

Y el resto de la historia es por todos de sobra conocida, como dice mi colega Laguless tanto los fans como el propio grupo se merecían una segunda oportunidad, cuanto menos para cerrar viejas heridas, y si no hay continuidad al menos reinarán la paz y el perdón (que se lo pregunten a nuestros Héroes del Silencio).

Al margen de un episodio aislado y puramente anecdótico con la voz de Kiske al comienzo de la gira (los que presenciamos a UNISONIC el pasado año sabíamos del potencial actual del dúo Hansen-Kiske), el evento sucedió según lo previsto: el Wizink Center llenó para rendir pleitesía a una de las bandas que más frescura y felicidad aportó al panorama metálico mundial.

El concierto fue una auténtica fiesta en todos sus tramos y apartados, desde el bloque old-school con Hansen a las voces como antaño (sólo por escuchar “Judas” en la voz del ahora venido a Carmen de Mairena ya mereció la pena) hasta los duetos Kiske-Deris (olé por ambos, pero sobre todo por el segundo, que está comiéndose la reunión con una profesionalidad y un buen hacer dignos de admiración), pasando por los clásicos de la era Kiske, los contemporáneos de la era Deris (“Sole Survivor” o “Why?” supieron igualmente a gloria bendita), el sentido homenaje en forma de solo a Ingo, los video-montajes animados o la fiesta de globos calabaceros, como ya digo una Pumpkin-Party que tardaremos una vida en olvidar, y que además se registró para los que no pudieron asistir a la misma.

Coincido en todo lo comentado por mi compadre Laguless (a mí me sobra además el tema “Keeper Of The Seven Keys” y me faltan más “Save Us” y “You Always Walk Alone”, qué le vamos a hacer), pero no comparto eso de que esto vaya a tener excesiva continuidad, no sería justo para la formación que ha mantenido la llama encendida tanto tiempo, ni tampoco creo que los ‘infiltrados’ vayan a estar por la labor indefinidamente (el que tuvo retuvo, en este caso diferencias musicales), ni que en cualquiera de los casos sea demasiado viable el proyecto, aunque sólo el tiempo nos dará la respuesta.

Decía Calderón de la Barca que la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Pero en ocasiones, si se persiguen con el ahínco con que lo ha hecho Kai Hansen, hasta conseguir que Michael Kiske viera suplicando de rodillas al orgulloso de Michael Weikath (desde el cariño), los sueños se materializan, y nos dejan un recuerdo imborrable al resto de los mortales difícilmente narrable en una mísera reseña. Así que lo dicho, haber ido.

Bubbath

GRAHAM BONNET BAND + WURDALAK – Sala 16 Toneladas (Valencia), martes 5 de diciembre de 2017

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Estuvimos dudando hasta (casi) última hora de si acercarnos a ver al mítico vocalista británico Graham Bonnet (Marbles, Rainbow, Michael Schenker Group, Alcatrazz, Impellitteri) a la pequeña pero acogedora sala 16 Toneladas de Valencia, dudas prácticamente infundadas y fruto de meras conjeturas, cuando un personaje de la talla de Bonnet goza de un background que hace palidecer al de cualquier mortal de a pie.

Así que ni cortos ni perezosos, tras una jornada laboral al uso y con un puente por delante del tamaño del de Brooklyn, mi colega Carlos y servidor nos plantamos en los aledaños de la sala para coger fuerzas a base de salteados de salchichas, montaditos de lomo y tortilla española, para unirse a los postres los colegas René Engelaan y Raúl Valero, inmejorable compañía para una velada de cervezas, risas y Rock mayúsculo de alto octanaje.

Bien por Wurdalak, no han inventado nada nuevo ni creo que sea su misión en la vida, pero su Heavy Metal clásico (Stratovarius, Brother Firetribe, Santa) suena creíble y potente, con una base rítmica que sonó muy sólida y gozando de un sonido óptimo en todo momento. La banda descargó una buena representación de sus cinco trabajos, aunque para desdicha de René no recordaron su primera demo, que llevaba en mano para constatar su seguimiento de la banda valenciana. María José (voz) le puso muchas ganas, y el conjunto ganó enteros con la colaboración masculina a las voces de un amigo de la banda (disculpen ustedes que no tenga el dato). Me llamó especialmente la atención Rubén Muñoz (batería), con muy buenas maneras tras los parches, aunque todo el grupo en general estuvo a la altura de las circunstancias. Se les vio muy ilusionados de abrir para una Leyenda y en casa, con lo que creo que tanto ellos como sus seguidores salieron más que satisfechos con el resultado.

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Jack Daniels por aquí y Jägermeister por allá, y Joey Tafolla (Jag Panzer) que ya colocaba sus pedales al punto, todo un maestro de su instrumento. Completan la formación el ex Alcatrazz Jimmy Waldo (teclados), Mark Benquechea (batería) y Beth-Ami Heavenstone (bajista y copulista de Graham, según parece), todo muy bien ensamblado y con un Bonnet liderando como toca con su eterno look de Sonny Crockett, un rara avis del Hard Rock más auténtico y genuino que un bocata de calamares. Si ya era fan del susodicho antes del bolo, tras la descarga me autoproclamo ferviente admirador del amo y señor de las americanas chillonas y las gafas de espejo.

No importa que Bonnet tenga que mirar frecuentemente el set-list anclado al suelo, o que se huela constantemente el pliegue del codo de la camisa (a saber qué sustancia dopante llevaría ahí, si no es que simplemente se secaba el moco), cuando todos y cada uno de los clásicos suenan en tono y con un arranque vocal más propio de un jovenzuelo de veintipocos que de un abuelo que acaricia ya la setentena. Disculpe usted las dudas, Mr. Bonnet, pero es que después de los daños psicológicos de Mr. Halford uno ya no sabe cómo actuar ni qué pensar.

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Del repertorio poco se puede decir, es obvio que estamos hablando de un set-list matador, de un puñado de gemas del ROCK en mayúsculas que todo el mundo debería conocer y amar como al prójimo y como a sí mismo, y si todavía hay gente que no conoce “All Night Long”, “Stand In Line”, “Island In The Sun”, el impresionante “Desert Song”, “Starcarr Lane”, el atmosférico “Eyes Of The World”, el emo-tivo “Hiroshima Mon Amour” o el apoteósico “Lost In Hollywood” debería hacérselo mirar, y si aún queda sobre la faz de la Tierra alguien que no conozca “Since You Been Gone” lo mismo debería plantearse irse a vivir a otro planeta.

Pero hay más. El repertorio es generoso, la gente quiere revolcarse en el fango ya puestos (en todos los sentidos), y para eso tenemos “Too Young To Die, Too Drunk To Live”. “Night Games” suena que atruena, al igual que “God Blessed Video” o “Jet To Jet” (grandes siempre Alcatrazz, una pena que no tuvieran continuidad, en buena parte por su carácter marciano y su notable cambio de registro de la era Malmsteen a la época Vai), o los “Samurai” y “Assault Attack” del disco homónimo de Schenker, al que pusiera las voces magistralmente nuestro querido Graham, con ese timbre suyo barriobajero tan característico.

El grupo sonó en el sitio. Mis mayores temores eran la voz de Bonnet y el empaste de teclas en los temas más delicados (Rainbow / Alcatrazz), pero todo sonó (casi) a la perfección. Uno a uno iban cayendo temas y whiskys, y el sentimiento de fiesta iba en aumento hasta culminar con “Lost In Hollywood” en los bises. Podría estar contando y retozando horas, pero para muestra por ahí ya tenéis unos vídeos, aunque a los que soléis ver los conciertos directamente en Youtube os aviso: no, no es lo mismo. Ni en mil putas vidas.

Así que ya sabéis, a ver a los mitos en vida. Ah, y a comprar sus discos (me comenta el colega René que el último de la Graham Bonnet Band es un trabajo más que competente y con agraciados extras), que al igual que nosotros también necesitan comer, y de Spotify y Youtube poco van a sacar en claro. Nos vemos en la pista, amigos.

Texto y Fotos: Bubbath

Vídeos: Krokus Headhunter

A Las Puertas del Siglo XXI

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Si alguien me hubiera dicho en plena fiebre The Doors a principios de los 90 que iban a volver a girar me habría reído en su cara directamente. Es más, si por aquel entonces lo hubieran hecho (lo de girar, porque alguna aparición esporádica sí que ha habido) se habrían quitado las hipotecas de un plumazo. Pero no, ha sido ahora, con la resaca febril bien pasada y con un suplente de lujo, Ian Astbury. Olé.

thedoors2Cuando me enteré de que su única actuación en España iba a ser en mi veraneante pueblo pensé que eso ya era rizar el rizo (¿salir a tirar la basura y ver a los Doors de paso?), pero en esta vida todo es posible, y efectivamente la noche del jueves 4 de diciembre de 2003 salimos a que nos diera un poco el aire y a ver a la banda de Ray Manzarek y Robby Krieger, como el que no quiere la cosa.

Esta vez pasé por completo de set-lists internautas, de crónicas previas y de cualquier dato externo que me robara el factor sorpresa, y eso que me llevé. A las diez y poco estaba, como de costumbre, en la barra del “whisky bar” rogando por una copa para calentar el cuerpo, nunca mejor dicho, y fue ver el apagón de luces y escuchar el “Carmina Burana” y dejar a la camarera con la palabra en la boca y salir cagando leches a situarme en el terraguero que había ocasionado la tormenta de la tarde, que nos hizo temer por la realización del evento.

Ataviado de copas para no tener que volver en un rato -Jimbo habría hecho lo mismo- nos situamos frente al escenario y ligeramente escorados a la izquierda, con una plaza hasta los topes y divisando la silueta de Morrison en plan esquela en las pantallas al son de la intro. Los pelos como escarpias. Y ahí está… “Keep your eyes on the road, your hands upon the wheel…”. Sí, es esa, la misma que viste y calza. Pedazo de “Roadhouse Blues” para abrir, y la gente medio entusiasmada medio “¿quién diantre es ese que se parece tanto a Jim Morrison?”. En las pantallas una carretera sin fin, y al frente un Astbury rollizo, de media melena y entonando como en sus mejores tiempos. Verás cuando caliente…

…y qué mejor para entrar en calor que “Break On Through” (to the other side), en la que ya pasamos de las estalactitas que nos crecen en el sobaco y nos entregamos sin reservas al show. Ray Manzarek todo un profesional, bien postrado ante su teclado y con las partituras en ristre, y “Roberto” Krieger –como le pusieron- disfrutando como un chaval. Le siguen “When The Music’s Over” y “Love Me Two Times”, especialmente buenas, y lo siento, pero a partir de aquí me pierdo (a conciencia). Uno que no gasta en libretas y que sigue viendo mal eso de copiar la reseña del vecino. Suena “The Changeling”, aquello que abría el definitivo “L.A. Woman”, así como el tema título, la espléndida “Love Her Madly”, de mis favoritas de siempre (cuando suena eso de “don’t you love her as she’s walkin’ out the door” el vello se levanta para ver lo que pasa), “L’America”, con la bandera estadounidense paseándose burlescamente de fondo, y un “Riders On The Storm” en el que curiosamente desaparece la tormenta y se traslada a las pantallas, truenos incluidos de fondo. Épico.

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A ver, qué más… ah, sí, “Alabama Song” (y vuelta al “Whisky Bar”) y “Back Door Man” para recordar viejos tiempos. No hubiera estado mal un “Take It As It Comes” para rematar el baile, pero está claro que nunca llueve a gusto de todos. Ian Astbury se permite reirse de Beckham y de su señora esposa, sabe Dios a cuento de qué, e incluso de animar con un “c’mon fuckers” al respetable, el cual le replica a pitidos. Está claro, a Jim se le permitía hasta lo de mearse en el público, pero a este las confianzas justas.

“Five To One” ni la reconozco (eso me pasa por no repasar), pero sin embargo es ver a Robby con la española y saber que efectivamente el “Spanish Caravan” que se marcaran hasta los Medina va a sonar esta noche en su formato original. Y cómo suena…

“Carry me Caravan take me away

Take me to Portugal, take me to Spain

Andalusia with fields full of grain

I have to see you again and again

Take me, Spanish Caravan Yes, I know you can…”

A veces la vida es bella, como decía la peli. Pasajes largos, ambientales, la base rítmica sonando muy compacta y definida, y los maestros improvisando y disfrutando como chiquillos (Ray Manzarek se come literalmente el piano). Y Ian Astbury… qué voy a decir de Ian Astbury, si soy un incondiconal de los Cult. De hecho hasta Robby le soltó algún piropo. Salta, se descoyunta, grita descarnadamente… en fin, que no se me ocurre una reencarnación mejor del Morrison de las postrimerías (“Morrison Hotel”/”L.A. Woman”). Cada vez que mentaba eso de “L.A. Woman” no podía evitar acordarme de “Fire Woman”, lo mismo que con “Light My Fire”.

Pues eso, que también cayó la de la cabra. Los que habían ido con la entrada regalá, que de eso por aquí hay mucho, ya podían irse a acostar tranquilos. Un montón de temas que deberían haber sonado (y los que se me olvidan, ustedes disculpen), pero la sensación de satisfacción latente. Y la gran duda… ¿son lícitas estas Puertas? En un principio tenía mis reservas, como todo el mundo, pero visto lo visto yo diría que sí. Está claro que la figura de Jim Morrison pesa lo suyo, sobre todo si tenemos presente que morir en el esplendor de uno agrava la leyenda considerablemente, pero también lo está que Ray Manzarek y Robby Krieger eran tan dueños de la banda como el susodicho, y con eso está todo dicho.

En cualquiera de los casos nos tomaremos a estos THE DOORS OF THE 21st CENTURY como un homenaje, y creo sinceramente que si Jim pudiera verlo se sentiría orgulloso.

Bubba (a la memoria de Antonio Henares Navarrete)

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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W.A.S.P. – REIDOLIZED, THE CRIMSON IDOL 25th ANNIVERSARY – Sala Gamma (Murcia), jueves 2 de noviembre de 2017

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Sin duda “The Crimson Idol” es uno de mis discos favoritos, no sólo ya de W.A.S.P, sino de este mundillo. Y es que desde que la aguja de mi tocadiscos rascó por primera vez el vinilo, supe que se trataba de un disco tan mágico como especial, tanto musical como letrísticamente. Es por ello que cuando se anunció que W.A.S.P., sorprendentemente, cancelaban los conciertos que tenían contratados en los festivales veraniegos (Rock Fest incluido) para dedicarse de pleno a esta gira XXV aniversario de “The Crimson Idol”, supe que tenía que ir a ver este concierto.

Para la ocasión se anunciaron como teloneros a Beast in Black, pero el mismo día del concierto se anunció que cancelaban su show en Murcia porque se les había averiado la furgoneta. El día posterior al concierto emitieron un comunicado cancelando el resto de la gira con W.A.S.P. porque no recibían el tratamiento garantizado (¿?).

Así que después de aparcar el coche en la misma puerta de la sala nos dispusimos a llenar el buche, y ya de paso regarlo un poco en un bar cercano a la sala -club de pádel- con unos precios muy asequibles. Allí unificamos nuestro grupo y nos reencontramos con viejos amigos de nuestra etapa de Centinelas. ¡Un saludo muy grande, Tetrando! Y 10 minutos antes de empezar el concierto entramos en la sala.

La verdad es que estaba bastante llena, en el escenario había 3 pantallas gigantes que ocupaban gran parte del mismo. Con más o menos puntualidad se apagaron las luces, se encendieron las pantallas y salieron a escena Blackie y sus chicos, arrancando el concierto obviamente con “The Titanic Overture”. Como era de esperar cayó todo el “The Crimson Idol” y dejaron tres canciones para los bises.

No voy a desgranar cada canción, sólo voy a decir que Blackie estuvo sensacional a las voces, creo que de los conciertos que he visto de W.A.S.P. ha sido la ocasión en que mejor ha cantado, llegándome a poner los pelos como escarpias cuando rasgaba su voz y la ponía aguda, con ese feeling tan especial que le da a la misma. Sin duda destaco especialmente su voz en canciones como “The Idol” y en el baladón “Hold on to my Heart”.

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También quiero añadir que la batería sonaba muy por encima de todo, en especial la caja, la cual fue un auténtico martirio para mí en las 2 primeras canciones, dado que desde la mesa de mezclas no atinaban y sonaba a petardo chino. Entonces es cuando yo me pregunto, ¿para qué se hacen las pruebas de sonido? Otro punto negativo a reseñar es que me faltaron timbales. Es cierto que Frankie Banali hizo un gran trabajo en la grabación de la batería del disco y dicho disco contiene unos redobles muy característicos de timbales, que en este concierto o no sonaron, o sonaron muy por debajo de lo que debían. La gran perjudicada en este aspecto fue “The Gypsy Meets the Boy”, en la que también eché en falta la entrada con fuerza del bajo. También me dieron la sensación de caos, como en las guitarras en una parte del tema “The Great Misconceptions of Me”.

Pero el resto todo bien, bien es cierto que tiraron de coros grabados, teclados grabados y alguna parte instrumental que también me dio esa sensación. Pero W.A.S.P. hicieron todo un espectáculo, con las 3 pantallas emitiendo durante todo el concierto imágenes relacionadas con la canción que tocaban. Blackie tiene que ser un tipo muy peculiar, pero la verdad es que es todo un frontman y maneja muy bien al público, haciéndonos cantar esos “I just wanna be…”. Todo sea dicho, tiene una gran presencia y le encanta la teatralidad, no en vano, en la parte del “The Crimson Idol” estaba serio y muy centrado, dándole un punto más épico a esa parte del concierto, cosa que durante los bises fue lo opuesto. A destacar también en la parte del “The Crimson Idol” la iluminación, predominando las luces ténues sobre las blancas o más luminosas, también en los bises fue justamente al revés.

Y en los bises, después de sonar la intro que utilizaban para abrir en la gira del 30 aniversario de la banda, cayó “L.O.V.E. Machine”, una sorpresiva “Golgotha”, y acabó el concierto con el “I Wanna be Somebody”, como no podía ser de otra manera y con toda la sala patas arriba.

En definitiva, un gran show.

Laguless

 

Hace ya cinco lustros que el bueno de Blackie Lawless se permitió el capricho personal de rendir tributo a sus bandas y discos conceptuales de cabecera de finales de los 60 y primeros de los 70 (Tommy de sus amados The Who, Welcome To My Nightmare de Alice Cooper y sobre todo The Rise and Fall of Ziggy Stardust de David Bowie pueden servirnos de referencia), contando el disco que nos ocupa (The Crimson Idol, 1992) la historia del auge y posterior declive de la estrella de Rock (ficticia) Jonathan Steel, algo así como una puesta al día del personaje encarnado por el tristemente desaparecido y maestro Bowie.

Y tan lícito era el homenaje a esas complejas obras de la era ‘dorada’ del Rock como lo es celebrar su vigesimoquinto aniversario (quien esté exento de pecado que tire la primera piedra), aunque no sé si lo es tanto el formato backing track que nos viene ofreciendo el señor Lawless desde hace un buen tiempo para acá.

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Quiero decir, puedo disfrutar (y lo hago, como un enano) de un show de WASP por lo que representa el grupo en la Historia del Hard Rock y el Heavy Metal, por su puesta en escena, por el sonidazo que ofrecen y sobre todo por ese repertorio que descargan en cada show, ya sea en formato Crimson Idol o en modo big hits, pero una vez detectas el colchón permanente de samplers y coros pregrabados sobre el que descansa prácticamente toda su actuación te queda un sabor agridulce que perdura para los restos (a eso se le suele llamar con trampa y con cartón).

Lo cortés no quita lo valiente, y escuchar en vivo una obra capital de nuestra juventud de tal calibre se aprecia y mucho, sobre todo si se sienta tras los parches un fenómeno como Aquiles Priester (Di’Anno, Angra, Hangar, Noturnall), que se pasa redoblando timbales y bombos medio concierto cuales Frankie Banali y Keith Moon (tradición heredada de abuelos a nietos), y que le zurra al hermoso kit Mapex y a su valiosa vajilla Paiste como si no hubiera mañana (cansa sólo de verlo, la verdad), adaptando un tanto el estilo que imprimieron los citados bateristas al suyo propio, uno de los más cualificados del panorama metálico actual.

Por su parte, Blackie estira de cuerdas vocales sorprendentemente, llegando a las notas más altas por momentos, y desde luego sigue llenando el escenario como el frontman que siempre fue (no, no va con segundas, de hecho se le ve bastante en forma), aunque evidentemente el apoyo coral del que dispone también ayuda. El problema es que ese apoyo vocal no viene de sus secuaces, sino de sus secuencias, y llega un momento en que literalmente no sabes qué narices está pasando sobre el tablao a ciencia cierta. Mike Duda (bajo) y Doug Blair (guitarra) están, sí, con sus instrumentos correspondientes y con sus micros de apoyo, pero lo que ejecutan y lo que suena es difícilmente asociable en determinadas partes, como en el caso de algún solo de Blair, que me recuerda a los tiempos de perseguir notas en el Guitar Hero. Las voces de los micros, a excepción de la de Lawless, son tapadas constantemente por las disparadas desde la mesa, y los instrumentos, a excepción de la batería, quedan en la retaguardia de una maraña sónica que viene desde otro sitio y que suena a disco, eso sí.

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Y eso es básicamente lo que te puedes encontrar en un show de WASP a estas alturas, una descarga impecable (al margen del aspecto musical, en esta gira en concreto el visual también redunda en beneficio, con la historia de Jonathan dispuesta a lo largo de la actuación en formato diapositivas en 3 pantallas distintas), en la que se hace bastante difícil saber qué es de mentira y qué es real, y en la que todo suena sorprendentemente en su sitio. Con todo y con eso, y siempre haciendo un ejercicio de abstracción total, un show que hay que ver y disfrutar ahora que aún podemos, y si puede ser en buena compañía mejor aún. Long live, long live, long live… the King of Mercy.

Bubbath

Moonspell, disco y gira

Os recordamos que este próximo viernes 3 de noviembre nuestros vecinos lusitanos Moonspell estrenan disco (“1755”, Napalm Records) y comienzan gira española, estas son las fechas escogidas:

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De momento llevamos escuchados 3 temas de adelanto del álbum, “Todos Os Santos”, “Evento” y el más reciente “In Tremor Dei”, del que acaban de editar el siguiente videoclip:

La cosa promete y mucho, ya estamos deseando poder hacernos con la copia íntegra del trabajo y degustar al completo lo que será sin duda uno de los discos del año. Más info en:

https://www.moonspell.rastilho.com/https://www.facebook.com/moonspellband/

Un paseo por la oscuridad…

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La banda germana está de máxima actualidad por su ya consabida gira de reunión con sus dos míticos ex componentes, Michael Kiske (voz) y Kai Hansen (guitarra/voz), que playbacks y catarros al margen ya están haciendo las delicias de los fans más acérrimos de la banda allá por tierras latinoamericanas (en España los tendremos el próximo 9 de diciembre). Pero históricamente no todo fue de color de rosa para el grupo de la calabaza, aunque parezca mentira, para la banda de Happy Metal por excelencia hubo tiempos de auténtica oscuridad, y hoy los queremos recordar con agrado e incluso con cierta nostalgia. Señoras y señores, con ustedes…

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HELLOWEEN – The Dark Ride (2000)

A estas alturas, Helloween son considerados como una de esas bandas clásicas de Heavy Metal que han influenciado a muchas de las actuales estrellas de la escena europea. Lo que resulta más extraño, puesto que el calificativo de clásicos es más que merecido, es que todo aquel que habla de estos alemanes lo hace en pasado, refiriéndose a la época “Keeper of the seven keys” o, lo que es lo mismo, al dúo Hansen-Kiske. Si bien el primero sigue dedicándose con sus Gamma Ray exitosamente al estilo del que él mismo fue pionero, el segundo nos regala alguna aparición estelar de lustro en lustro (léase “Land of the free” o actualmente Avantasia). ¿Y qué nos queda de los actuales Helloween? Cuatro discazos en estudio desde 1994 con la nueva formación, liderada por un Andi Deris que ha demostrado aportar su propio carácter al sonido del grupo y que merece un reconocimiento general por parte de todos. Desde aquel increíble “Master of the rings”, Helloween han consolidado un estilo que, además de englobar sus antiguas estructuras, se ha enriquecido con matices hard rockeros que los diferencian de la media. A partes iguales se reparte la lista de canciones que conforman este trabajo, grabado en Tenerife y producido por el afamado Roy Z. Por un lado, “Mr. Torture”, que sirve de apertura, “All over the nations” y “We damn the night” son buenas muestras de ese metal alemán clásico caracterizado por combinar melodía y velocidad con un resultado impecable y unos estribillos pegadizos que a coro se convierten en verdaderos himnos.

Por otro lado, tenemos una mayor variedad. Y ésta viene de la mano de “If I could fly”, cuya base es propia de los primigenios Pink Cream 69 de Deris y que incorpora un detalle de teclados propio de bandas góticas muy sugerente, “Escalation 666”, un tema de atmósfera densa y oscura con un estribillo grandioso, “The departed”, una de las piezas más originales que jamás hayan compuesto gracias a una estructura más parecida a la de unos Paradise Lost que al heavy ochentero, y “I live for your pain”, en mi opinión, el mejor tema del álbum, el cual recoge la frescura y fuerza que describe la etapa actual de Helloween. El lado más emotivo viene reflejado en “Immortal”, una canción épica llena de sentimiento y con una letra preciosa.

“The dark ride” es el trabajo más heterogéneo de la carrera de los germanos, contrariamente a aquellas críticas que lo asimilan a los “Keepers”. Es éste la demostración perfecta de la calidad que poseen y, sobre todo, la confirmación de gran banda que no necesita vivir del pasado para seguir con la cabeza bien alta.

J. A. Puerta 

 

HELLOWEEN + BLAZE

Jueves 29 de marzo de 2001, Sala Republicca (Mislata, Valencia)

Lamentablemente llegamos tarde al evento (por las mismas razones de siempre, tiempo justo y alguna que otra confusión en carretera), y digo lamentablemente porque lo poco que pude ver del show de BLAZE fue sorprendentemente brutal. Cuando entramos a la sala estaban descargando (más bien acabando) “When Two Worlds Collide”, tema extraído de “Virtual XI”, segundo y último álbum de Maiden con Blaze como vocalista. Me sorprendió sobremanera la banda que acompaña a Blaze; si bien el bueno de Bailey sigue más o menos como siempre (con su inseparable gorra y su escasa vocación de frontman, con unos gestos más propios de un títere que de un cantante de Heavy Metal), la banda que le acompaña es sinceramente letal, con una ejecución digna de elogio y con una fuerza descomunal (vaya sección rítmica, señores). “The Brave” sonó demoledora, a auténtico trallazo Power Metal, a la cual siguió otro tema de la etapa de Blaze con la doncella, el ya semiclásico “Man On The Edge”, perfectamente ejecutado y más enérgico si cabe que el interpretado por la banda de Mr. Harris. Y para cerrar “Born As A Stranger”, uno de los temas ‘bandera’ de ese trabajo llamado “Silicon Messiah”. Un notable alto para Blaze, aunque sigo pensando que debería acudir a unas cuantas clases de interpretación.

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En cuanto a Helloween, la banda empezó con un cuarto de hora de antelación (la verdad es que parecía que esta noche todo el mundo tuviera prisa por irse), la cual estaría sobre el escenario una hora y media aproximadamente. Tras “Beyond The Portal”, la intro que abre su último trabajo, comenzaron los primeros acordes de “Power” para sorpresa del personal, ya que lo más normal es que abran con algún tema nuevo, la cual interpretaron más ralentizada de lo habitual. Seguidamente y sin pausa alguna descargan, ahora sí, “Salvation”, uno de los temas que componen su más reciente “The Dark Ride”. Tras ésta Andi Deris se dirige al público, con los saludos y presentaciones correspondientes y haciendo gala de un mínimo español (como ya sabréis el germano tiene residencia en Tenerife), el cual prometió mejorar para la siguiente gira (nos aseguró estar dando clases, aunque también bromeó con que el español de las Canarias es ligeramente distinto).

“I Live For Your Pain” les quedó bastante bien, al que siguió “Mr. Torture”, que Andi introdujo como “un tema que habla sobre látigos, cadenas, etc.”. Y a continuación uno de los temas siempre esperados, “esta canción habla de algo que vuela por el cielo” comentó Andi, y por supuesto se trataba de “Eagle Fly Free”. “Escalation 666”, uno de los temas más oscuros y densos de “The Dark Ride” (con cuernos incluidos por parte de Andi Deris) dio paso a “Steel Tormentor”, tema que se encarga de presentar Roland, el cual hace mención a los coches españoles y se permite el lujo de bromear un rato con los asistentes.

“The Departed (Sun Is Going Down)” es curiosamente fundida con “I Want Out”, otra explosión que pone de nuevo en pie al personal (aunque, sinceramente, nada que ver con tiempos pasados). Uno de los platos fuertes de la noche, al menos para mi gusto, fue el extenso “Revelation”, donde Roland Grapow demuestra su valía como guitarra solista y la banda hace gala de su faceta más dura, con Markus y Uli llevando el grueso del sonido y Michael Weikath acompañando perfectamente a Roland, siempre con esa imagen sarcástica y burlesca que le ha acompañado durante todos estos años. Según Roland, “esta noche no habrá “Future World””, increpando a los asistentes a insultarle (siempre de buen rollo, claro) y haciéndose de ‘rogar’ hasta que, finalmente, comienzan a sonar los primeros acordes del tan ansiado clásico de la banda.

“Mirror Mirror” es otro de los temas nuevos que cae, así como el largo “The Dark Ride”, tras el cual abandonan el escenario. Tras los acostumbrados ruegos del respetable salen para hacer un único bis, que no es otro que “Dr. Stein” (de nuevo vuelven a quedarse fuera un montón de temas clásicos en la historia del grupo, aunque esta noche podemos incluso hablar de discos, como es el caso de “Walls Of Jericho” o “Master Of The Rings”, obviados totalmente). En cuanto a la valoración global de la actuación de los alemanes he de decir que fue una actuación correcta, si bien han tenido momentos y actuaciones mucho mejores. Puede que el calor infernal de la sala hiciera su mella, ya que si nosotros pasamos un calor agobiante, ellos con los focos y demás… (de ahí el que no hubiera más bises, ni insistencia por parte de la peña, la verdad).

En definitiva, otro concierto más a nuestras espaldas, que si bien no va a pasar a los anales de la Historia sí mantiene la llama encendida. Como bien dicen los Hammerfall en su último disco, we keep the flame burning.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Y la Tierra se congeló…

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Esta vez sí. Desde que estos yankees se dejaran caer por aquí acompañando a los alemanes Blind Guardian en la gira promocional de “Something Wicked…” no habíamos tenido oportunidad de volveros a ver, y las expectativas que nos dejaron los cortos pero intensísimos shows que ofrecieron por aquel entonces (noviembre del 98) hacían que, al menos en mi caso, contásemos los días para ver un concierto “completo” de la banda y un set-list algo más extenso que el propio de un grupo telonero. Decir que el grupo tenía previsto realizar la gira por nuestro país el pasado mes de septiembre (como bien anuncian las entradas), pero finalmente fue pospuesta debido a la suculenta oferta de girar por los States junto a Megadeth y Judas Priest.

Lo cierto es que dichas expectativas se vieron algo afectadas, ya que si bien las informaciones acerca de las descargas en Barcelona y Bergara eran más que satisfactorias, las de Madrid no lo eran tanto (cambio de sala a última hora y los correspondientes problemas que ello acarrea, show recortado, etc.). Pero gracias al cielo los desajustes del día anterior no se hicieron extensibles al siguiente, y es más, me da que en Valencia tuvimos un “plus” añadido de energía y calidad, quizá por el mal sabor de boca de la noche anterior. Una lástima que los de la capi no pudiesen disfrutar de un show como el que presenciamos los valencianos.

Llegábamos a los aledaños del recinto aproximadamente a las 20:00 h. (ni pérdidas, ni percances… ¡aleluya!) mis colegas Santos (Santaje), Marcos (nuestro fotógrafo particular) y un servidor, donde habíamos quedado con otro de nuestros más asiduos foreros, el amigo Héctor (alias Dark Avenger), un tipo majo a más no poder con el que enseguida entablamos amistad.

Una vez dentro de la sala se podía apreciar que efectivamente era martes, y que Iced Earth, pese a haber crecido, siguen sin ser Iron Maiden, Megadeth o Judas Priest. Pues nada, una visual al escenario, el cual estaba cubierto por una cortina blanca (con lo cual poco pudimos ver), y directos a nuestro segundo hogar, o sea, la barra. Breve visita también al puesto de merchandising (donde predominaban las camisetas temáticas de “Horror Show”, Damien, el hombre lobo, Drácula…) y a ocupar posiciones, que esto empieza.

Como bien anunciaban los “boletos”, a las 21:00 h. se apagan las luces y se abre la susodicha cortina. Suenan los primeros acordes de “Iced Earth” y ¡zas!, explosión pirotécnica y ya tenemos a la banda correteando por el escenario. Enseguida comprendo un tanto al Schaffer por el hecho de negarse a tocar en una sala como la Arena de Madrid. El montaje de escenario que llevan, pese a no ser del calibre de un “World Slavery Tour”, requiere de un mínimo de espacio, ya que está compuesto por varios telones (al fondo y a ambos lados), un gran logo del grupo encima, sendas rampas a los lados, pirotecnia, etc.

Decir para el que no lo sepa que el concierto se divide en tres partes: la primera comprende material de los tres primeros álbumes (“Iced Earth”, “Night Of The Stormrider”, “Burnt Offerings”), la segunda de “Dark Saga” y “Something Wicked…”, y la tercera y última está dedicada enteramente a su reciente “Horror Show”.

Pues bien, siguiendo con lo que es el primer bloque decir que los telones que aparecen decorando el escenario son de apariencia metálica (la verdad es que también parecía piedra, pero en fin), y la banda aparece ataviada de tejanos y chaquetas vaqueras, es decir, arreglaos pero informales. A continuación un cañón, sin duda uno de mis temas favoritos de la banda, “Pure Evil”, donde las miradas ya se empiezan a centrar en la mastodóntica muñeca del Schaffer (¿Dónde está la B.C. Rich? Eso más bien parece una Kramer…) y en los alaridos de Matthew Barlow, todo un portento. Por cierto, acompañándoles están Richard Christy tras los parches (sin florituras pero efectivo a más no poder y con una pegada brutal), Larry Tarnowski a la guitarra solista y James MacDonough al bajo y a los tatuajes (una mezcla de Steve Harris y Markus Grosskopf muy lograda). En el inicio alguna guitarra se pierde por instantes, pero salvo eso todo perfecto.

Y siguen con “Brainwashed”, que si mal no recuerdo es la única representación de “Burnt Offerings”. Pero el orgasmo sonoro llega con “Angels Holocaust”, con ese comienzo a lo Carmina Burana, que deja al respetable con la boca abierta. Jon vuelve a hacer gala de nuevo de esos esos destripantes riffs, al triple de revoluciones que cualquier thrasher al uso y Matt que sacude con su luenga cabellera a las primeras filas. Impresionante. Tras esto Matthew abandona el escenario y en su lugar colocan un micro de pie, donde se postra Jon Schaffer para descargar “Stormrider”. Los cuellos empiezan a resentirse.

A todo esto me giro para echar una visual a la sala, y sorprendentemente se han ido llenando huecos como por arte de magia, aunque ni de lejos podemos hablar de lleno, ni siquiera cómodo. Y Matt que vuelve para descargar otro de mis favoritos, “The Path I Choose”. ¡Joder, esto suena como en disco! Cierran finalmente la primera entrega con “Travel In Stygian” y “Curse The Sky”, esta última la cual parece no volverán a hacer en directo. Pues eso, corren el velo y nosotros corremos al bar.

A escasos 10 minutos la banda vuelve, y una vez se abre la cortina comprobamos los cambios: aire egipcio en los telones y cuero negro en la piel de los músicos. Y esto arranca con “Burning Times”, y como su nombre indica, un par de llamas franquean a Matt en la parte alta del escenario. Lo más, eso es una puesta en escena. “Vengeance Is Mine” nos atruena con un constante doble bombo, y en “Stand Alone” Barlow nos incita a levantar el puño, y nosotros picamos. De lo mejor de este bloque, al menos para mí, sin duda “The Hunter”, pedazo de tema y pedazo de ejecución.

Un roadie coloca a la izquierda de la palestra una guitarra acústica apoyada en un pie, y ya nos imaginamos que es el momento de “Watching Over Me”, que Matt presenta como un tema muy especial para Jon Schaffer y que va dedicado a un amigo fallecido del corpulento guitarrista. Y como no podía ser de otra forma se nos pone la piel de gallina con eso de “I feel it once again, it’s overwhelming me, his spirit like the wind, an angel guarding me…”.

No falta la instrumental “1776”, que introducen como un tema dedicado a la patria que les vio nacer, que me recuerda horrores al “Transylvania” de Maiden, el cual por cierto tampoco faltó, aunque todavía no es el momento. Otro de los momentos emotivos es el “I Died For You”, extraído de “Dark Saga” y dedicado al cómic Spawn, con una letra preciosista y una música que le viene que ni pintá. Qué buena.

Y cerrando el bloque dos obras magnas, que no son sino las 2 trilogías que cierran ambos discos: “The Suffering” (“Scarred”, “Slave To Dark” y “A Question Of Heaven”) y “Something Wicked” (“Prophecy”, “Birth Of The Wicked” y “The Coming Curse”). Sin comentarios. Y tras esto, la pausa (última, claro). Últimas rondas y última parte.

La cortina vuelve a correrse (…qué guarretes que sois…), y aparecen, si la memoria no me falla, Drácula, el Hombre Lobo, Damien y la Momia estampados en los telones. Y lo curioso es que al sonar el tema en cuestión se ilumina la correspondiente figura (cómo molan todas esas tonterías, je je). Por su parte, el grupo ha vuelto a cambiarse de indumentaria, y esta vez aparecen con túnicas, capas y demás atuendos fúnebres, muy acordes con la temática del show. Abren el bloque con un atronador “Wolf”, donde Richard Christy se muestra soberbio. Mathew Barlow nos pregunta si estamos listos para el “show del horror”, e inmediatamente James introduce “Damien” con su bajo, esta vez púa en mano (quizá para darle más nitidez y precisión al sonido).

“Jekyll & Hyde” nos demuestra un sonido más maduro, y “Frankenstein” nos vuelve a subir la adrenalina con eso de “I got to know the meaning of life…”. Y llega uno de los momentos semi-esperados, aunque no seguros: ese pedazo de “Transylvania”, en la que Barlow abandona el escenario (para ponerse la botella de oxígeno, supongo, porque vaya tela…), con guiño a “The Trooper” en la parte final incluido. Para sacársela. Y como broche final un “Jack” demoledor y un “Dracula” quizá un tanto deslucido, debido a lo alto que canta Matthew el tema, y a esas alturas de concierto… Final apoteósico, despedida y cierre. Y todavía había gente que quería bises. ¿Estáis locos?

Pues eso fue lo que dio de sí el evento. Seguidamente asalto a la gasolinera de las inmediaciones por parte de las hordas metaleras (los de la estación tuvieron que flipar) para repostar en todos los sentidos y pa casita, que al día siguiente hay faena (y mucha). Sin duda un concierto memorable en todos los sentidos (puntualidad, espectacularidad, sonido, repertorio, duración… ¡todo!), y ya no se me ocurre nada más que decir. Ah, sí… ¡recordádmelo para el foroferéndum de este año!

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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DE REGRESO AL “SNAKEPIT”

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En un intento de recuperar la energía de momentos inolvidables del pasado, hemos echado un vistazo al archivo de crónicas de antiguos conciertos y nos hemos topado con estas dos críticas de los shows que dieron Metallica en Barcelona y Madrid en noviembre de 1992 y junio de 1993 respectivamente. Publicadas originalmente en el fanzine Erukto por esas mismas fechas, hemos incluido aquí una revisión de las mismas con el fin de transmitir la relevancia de aquellas giras que encumbraron a Metallica en lo más alto del panorama metálico. Más que un ejercicio de nostalgia es un trabajo de documentación que pretende ofreceros lo que fue un tour ya considerado histórico tal y como se desarrolló en aquel lugar y tiempo en palabras de quienes lo vivimos en primera persona. Esperamos que lo disfrutéis y que os agrade la iniciativa.

Palau Sant Jordi, Barcelona, Jueves, 12 de noviembre de 1992

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Metallica volvieron a meterse en los bolsillos al público barcelonés y de otros puntos de España con un concierto demoledor que duró más de tres horas y que nunca olvidaremos todos los que pudimos ver y flipar con la descarga del cuarteto.

El concierto comenzó sobre las 21:20, con un vídeo de treinta minutos de duración en el que se recogían imágenes de su actual gira, entrevistas, video-clips, tomas de la peña que asistió al evento y un pequeño homenaje a Cliff Burton. Metallica aparecían de vez en cuando en directo desde el backstage hablando un poco en castellano (memorable la frase de Hammet, “Mi casa es tu boca”, que después quedó aclarada para cachondeo de la gente) y vacilando con la peña.

El concierto arrancó con la ya habitual música de la película “El bueno, el feo y el malo”, que dio paso a “Enter sandman”, con explosión incluida, lo cual hizo que la reacción del público fuera aún mayor. A “Enter” le siguieron “Creeping death” y “Harvester of sorrow” casi sin respiro; tocaron todos sus medios tiempos como “Welcome home”, “The unforgiven”, “Nothing else matters”, “Fade to black” y “One” (estas dos últimas con unos buenos efectos visuales a base de pirotecnia que te ponían los huevos de corbata).

El repertorio fue variado, tocando los viejos temas como “Seek & destroy”, “Whiplash”, “For whom the bell tolls”, la primera parte de “Master of puppets” y un medley de “…And justice for all”. Del último disco tocaron “Sad but true”, “Wherever I may roam”, “Through the never” y las ya citadas “Enter”, “Nothing” y “Unforgiven”. En cuanto a los solos, Jason “the boss” Newsted se hizo la intro de “My friend of misery” más su respectivo solo con la colaboración del respetable. A este se unió Kirk “perilla” Hammet y los dos juntos tocaron un fragmento de “Dazed and confused” de Led Zeppelin, para luego quedarse solo el guitarra solista e interpretar la vacilona música de “La hora de Alfred Hitchcock”.

Como bises eligieron “Nothing”, “Last caress”, “Am I evil”, “Battery”, “One”, el comienzo de “Fight fire with fire” (dejando a nuestro amigo Pablo a medio pogo) y, ya por último y a insistencia de la peña, “Stone cold crazy” de Queen.

Hay que destacar la buenísima conexión entre público y grupo, factor decisivo para que el concierto resultara apoteósico, y el buen rollo de James Hetfield y Lars Ulrich, los más comunicativos de la banda. Tampoco olvidemos “la cremà” que se pegaron los de seguridad y los que estábamos en primera fila. Era tan ganso como para asarte unos pinchos morunos a distancia.

Texto original (Erukto’zine, 1992): Juancar In Chains

 

Estadio del Rayo Vallecano, Madrid, Viernes, 18 de junio de 1993

Metallica

Hay mucho que agradecer a quien se le ocurrió la idea de colocar en primer lugar del cartel a The Cult; más que nada porque de los tres grupos que actuaban era el único que hacía hard rock, bastante lejos del estilo musical de Suicidal Tendencies y Metallica. Además, prefirieron prevenirse de malos acontecimientos… muchos nos acordamos de Tesla en el Monsters of Rock 1991 (entre Legion y Metallica) o de Gun (entre Pantera y Megadeth), que ya tuvieron lo suyo por culpa de unos cuantos gilipollas que no respetan a nadie.

THE CULT

El set que realizaron fue corto, pero suficiente como para dejar clara la calidad de la banda. De lo mejor del concierto fue la puesta en escena, con un Billy Duffy que demostró su técnica de guitarra y su carácter sobrio y concentrado sin desfasarse lo más mínimo. Por su parte, Ian Astbury era todo lo contrario; se movía por el escenario de un lado a otro haciendo virguerías con el micro, que no se lo cargó de un porrazo contra el suelo de milagro. Cachondeo cuando Astbury le dedicó una canción al cabrón que le lanzó un bocadillo (la historia se repite), achacándole que ya hay suficiente miseria en el mundo como para ir tirando comida por ahí (un discurso muy apropiado para la ocasión). La escenografía era sencilla, mostrando en el fondo del escenario el logotipo del grupo. El repertorio fue completo, destacando temas como “Wild flower”, “She Sells sanctuary” o “Earth mo-fo”. A mi parecer, lo único reprochable de la descarga de The Cult fue que no tocaran “Wild hearted son”, pero eso ya son opiniones de cada uno.

SUICIDAL TENDENCIES

La gente aún no había comenzado a moverse, pero era de esperar que con el concierto de las huestes de Mike Muir el estadio empezara a ebullir y así fue. Y es inevitable, cuando escuchas la intro tras la cual sale el grupo y Mike pega el grito inicial de “You can’t bring me down” no tienes otro remedio que botar como un poseso o ignorar lo que sucede, lo cual no es recomendable. Suicidal son una banda totalmente extrema y me atrevo a decir que similares a Pantera en directo (ojo, no hablo de similitud de estilo, que es bien distinto!). Se les concedió un poco más de espacio que a The Cult ya que tenían su equipo preparado justo detrás. Curioso era ver como los amplificadores de Suicidal llevaban impresa la palabra “hate”. Demostraron ser un grupo bien conjuntado, aunque parezca a priori que Muir es el frontman y los demás no tienen protagonismo alguno. Para presentar los temas, Mike se ponía de cuclillas y susurraba como una niña pequeña asustada con sonrisa sarcástica y su forma de moverse por el escenario era un espectáculo único. El grupo arrasó al grito de “Suicidal!” y, a pesar de su condición de teloneros, triunfaron gracias al amplio repaso que realizaron de su último trabajo, “The art of rebellion”, y de temas antiguos como “Send me your money” (con unos coros algo pobres) o “Lovely”. ST dejaron claro que saben conjugar la caña más frenética con un cocktail de ritmos melódicos.

METALLICA

Antes de comenzar la actuación de Metallica pude ver cómo entraban al “snakepit” las diferentes personas agraciadas por los concursos de turno o los “enchufados”, entre los que pude distinguir a Mike Tramp (líder de Freak of Nature y ex-White Lion), y todavía me pregunto qué hacía ese tipo ahí viendo a Metallica, cuando en viejas declaraciones los había puesto a caldo. Dado que su banda estaba de gira por España en esas fechas, se pudo deber a ello.

Suena la intro de todos sus conciertos, “The good, the bad & the ugly”, y entran en escena los “cuatro jinetes” al son de “Creeping death”, que suena más estridente que nunca. No han cambiado mucho desde que iniciaran la gira allá por 1991: Hetfield sigue con la misma mala leche que le caracteriza; Ulrich lidera desde su batería móvil; Newsted, un poco raro con el pelo corto, con la misma vitalidad de siempre y luciendo una camiseta de Jimi Hendrix; y Hammet (con gorra de Motörhead), que a pesar de su sencillez se ha convertido en un fuera de serie y aporta el sonido de guitarra inconfundible de Metallica. Durante una buena parte del concierto estuvo lloviendo a cántaros, pero aquello pareció estimular al grupo para tocar con más garra de la habitual. Pensaba que no podrían mejorar lo ofrecido en el show del Palau de unos meses atrás pero me equivoqué por completo. Metallica están en un estado de forma imparable.

Sonaron gran cantidad de temas: “Harvester of sorrow”, “Welcome home (Sanitarium)”, “Wherever I may roam”, “The unforgiven”, “Fade to black”, “For whom the bell tolls”, “Seek & destroy”, “Whiplash”, “Master of puppets”, etc. Si no fuiste al concierto, quizá creas que el set list era idéntico al de la gira 91-92, pero nos sorprendieron con números como “The thing that should not be”, “Disposable heroes” (tal y como lees!), un medley de “Orion”, “To live is to die” y “Call of Ktulu”, donde fueron intercalando solos de Kirk y alguna que otra virguería de Jason.

Entre los cambios que noté en el set, el más notable es la importancia que ha adquirido Kirk en los directos de esta, la tercera parte de la gira del álbum “Metallica”. Mientras antes nos tenía acostumbrados a verlo en una actitud más tranquila y pasiva, ahora se recorre el escenario entero, anima a la gente y su calidad como guitarrista se pone de relieve. No exagero si digo que por lo menos en unas 5 o 6 canciones hacía algún solo espontáneo aparte del par que realiza casi de forma obligatoria en cada concierto.

La escenografía era alucinante: los dos esqueletos a cada lado del escenario, el pasillo en forma de U delante, la iluminación, las tres placas de aluminio, etc. Otro detalle fue las explosiones, que dieron un susto a más de uno, y es que eran auténticos petardazos lo que estallaba en temas como “Enter sandman” o el comienzo de “One”.

No destacaría canciones porque todas sonaron de maravilla, pero “Master of puppets” y “Last caress” estuvieron sencillamente perfectas. Una novedad es que tocaron “Of wolf and man”, no incluida en las dos giras anteriores del álbum. Ambiente especial se vivió en “Nothing else matters”, que abrió los bises, y “Sad but true”, que sonó más lento de lo normal. Para el final, “Enter sandman” cerró la actuación y que, aun gustando y mucho, pienso que como tema de apertura queda mejor.

Al final, el típico cachondeo que se monta la banda y la despedida extendiendo una pancarta con el logo del grupo y demás.

Aunque pertenezcas al sector crítico de la banda por sus dos últimos vinilos, ante conciertos así no hay más remedio que quitarse el sombrero, te lo aseguro.

Texto original (Erukto’zine, 1993): J. A. Puerta