MAD COOL FESTIVAL 2019 – Recinto Ferial IFEMA Valdebebas (Madrid), Jueves 11 de Julio de 2019

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Reza el dicho que a la tercera (añado, seguida sin sobresaltos) va la vencida. Salvo un susto días antes de la celebración del festival en el que la organización anunciaba que no habilitaría el párking privado de IFEMA para coches particulares, mal augurio que no trascendió más allá de las redes sociales y que puso en alerta a todos los asistentes para solventar el trámite del transporte sobre la bocina, todo transcurrió como la seda. Junto a la (pésima) experiencia de la jornada de estreno en la edición de 2018, de la que claramente aprendieron, mucho tuvo que ver la menor afluencia de público, lo que el jueves permitió examinar a fondo el recinto, olvidar las esperas interminables para nutrirse, hidratarse o asearse y acceder a los distintos escenarios sin sortear mareas humanas ni espacios elitistas que restringiesen proximidad y visibilidad. Analizado a posteriori, la masificación que acarrean apellidos ilustres del calibre de Vedder o Grohl, pesos pesados garantes de mayores ingresos, pierde en el cómputo global si el cartel equilibra equitativamente la propuesta, como finalmente ha ocurrido en esta ocasión. La amplia representación de estilos, edades y geografías era incuestionable, gustos particulares a un lado, y la calidad de sonido y de montaje, principal virtud de antaño, permaneció intacta, de modo que la senda a seguir es clara e invita a repetir.

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Explorado el terreno y establecido contacto obligado con las barras (apelando a la lucidez crítica tyrioniana), las apuestas del día comenzaban con el dúo británico LET’S EAT GRANDMA, protagonista de uno de los álbumes del año en su tierra natal, “I’m all ears”. Apenas un centenar de personas se congregó en el Mondo Sonoro, que se convirtió en una especie de sala resort exclusiva para quienes sabíamos de antemano qué nos encontraríamos. Con dos sintetizadores al frente y una batería al uso de apoyo, decidieron archivar su carta de presentación en sociedad, “Deep six textbook”, o los aires de la primera BJÖRK de “Eat shitake mushrooms”, ambos de “I, Gemini”, para desgranar siete de los once cortes que componen su segundo trabajo. Las contagiosas “It’s not just me” y “I will be waiting” nos recordaron al debut de CHVRCHES, con quienes han compartido tramo de gira recientemente, y la redonda “Falling into me” puso todo patas arriba. “Ava” fue contrapunto íntimo y enlace perfecto con una “Donnie Darko” cuya intensidad ganó todavía más puntos en vivo. En ésta lograron recrear un viaje que empezó con miradas absortas contemplando las tablas y acabó como una gran fiesta a la que Jenny Hollingworth se unió, mezclándose y bailando con las primeras filas; si se inventase la etiqueta prog-synth-pop, básicamente vendría siendo esto. Las de Norwich derrocharon honestidad, inocencia y diversión; lo mismo se arrancaban con una coreo a la Macarena en la parte dance de “Falling into me” que ejecutaban su peculiar performance desde el suelo al inicio de “Donnie Darko”. Rosa Walton se colgó la guitarra eléctrica en alguna parte y Jenny Hollingworth sacó a relucir el saxo en otro instante para dar la pincelada de sobriedad que envuelve su música. El abrazo cómplice del combo en señal de victoria que pudimos entrever tras las bambalinas y la posterior visita al foso para fotografiarse y departir con sus seguidores nativos y algún foráneo convertido a la causa confirmó la sensación de naturalidad y autenticidad. A veces con muy poco se transmite mucho y afortunadamente los Coachella, Primavera, Glastonbury y sucedáneos no siempre son sinónimo de pretenciosidad ni autobombo frívolo. Dos Aryas.

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De la juventud a la veteranía, de la actualidad a la nostalgia, la muchedumbre que se acercó al Madrid te abraza obvió el significado de HIGH FLYING BIRDS para asistir entre indiferente e impaciente por inmortalizar en su móvil el momento “Wonderwall” a una primera mitad del show monopolizado por “Who built the moon?” y la homónima del EP “Black star dancing”, estrenado apenas semanas antes. La presencia de YSEÉ y Jessica Greenfield a las voces para dotar de empaque y fidelidad a los temas mató cualquier esperanza de electricidad “parka monkey” y sació el apetito de quienes reconocemos en NOEL GALLAGHER a un aspirante a su admirado PAUL WELLER (el parecido físico de Gem Archer con Grandpa es casual, aunque certero), si bien le separa una distancia considerable de ese propósito a fecha de hoy. Optar por interpretar “Fort Knox” en lugar de reproducirla enlatada a modo de intro fue un acierto y sustituyó en la retina el arranque eufórico de “Fuckin’ in the bushes” al que recuerda en estudio por el orgánico de “The swamp song”. A renglón seguido, en estricta secuencia réplica del disco hasta “She taught me how to fly”, fue cayendo cada canción. A diferencia de otros conciertos de la presente gira de festivales, no se acompañó de los vídeos e imágenes proyectadas que añaden un aspecto visual no explotado en el pasado; otra vez será. Curiosamente, fue “Dead in the water” la que brilló con luz propia en esta parte del set. Acústica al hombro y tan sólo flanqueado por Mike Rowe al teclado, es de la escuela de “Sad song”, “Talk tonight” y las más recientes “Alone in the rope” y “The dying of the light”: sentimiento en estado puro, Noel en esencia, allá donde Liam jamás llegaría en diez vidas.

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Ahora sí, tiró de recetario Oasis para regocijo popular, a excepción de una parada aislada en su primer álbum de la mano de “AKA… What a life!”, que trasladada al directo padece de idéntica falta de punch en la base rítmica que “It’s a beautiful world”. Se atrevió con “Stop crying your heart out”, el caramelo de este tour, y repasó “The importance of being idle”, “Little by little” y “Half the world away”, acogidas con más júbilo por sus compatriotas debido a su condición de himnos menores en el Norte. Lo cierto es que observar el lateral derecho del escenario traía consigo cierta melancolía porque, con la incorporación del enérgico Chris Sharrock a las baquetas y el citado Archer a esta etapa de los HFB, dos tercios de la banda madre estaban delante nuestra (Andy Bell sigue junto a los renacidos RIDE y Liam ultima su segundo lanzamiento en solitario).

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Debería replantearse sentar en el banquillo a “Wonderwall” por una temporada o retomarla al desnudo. Quizá el precio a pagar sea demasiado elevado y prefiera contentar a un sector numeroso que desea ver jugar a los titulares sin entrar a juzgar su estado de forma. Igualmente, acabamos con la garganta en carne viva, se tratase de turista ocasional o socio habitual; el sofá no es tribuna válida para jactarse en vano, haber ido. “Don’t look back in anger”, sin embargo, sigue siendo emocionante. Cedió los versos del estribillo y probablemente no se cantó nada tan alto en Valdebebas a lo largo de todo el fin de semana. Camisetas y banderas del Manchester City, como la que presidía sobre uno de los altavoces, ondeaban mientras mostraban sus respetos, con saludo militar incluido, hacia una “All you need is love” sin adulterar un ápice y que hermanó a las miles de almas presentes. Irónico que en el seno de la familia no funcione la fórmula, aunque ya sabemos que a los Lanister les suele ir mejor por distintos derroteros.

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El escenario principal Mad Cool estaba listo para acoger a VAMPIRE WEEKEND, cabezas de cartel de facto si comparamos el grado de entusiasmo y convocatoria con que fueron recibidos frente a BON IVER. Siendo un grupo que me caía poco más que simpático, he de reconocer que acabaron convenciendo y ahora miro con otros ojos su cuarto engendro, “Father of the bride”, con sólo dos meses de vida en el mercado. De entrada, los emparentaría lejanamente con BELLE & SEBASTIAN: imagen informal, estilo atemporal e incluso a ratos ñoño y anacrónico o un frontman peculiar como Ezra Koenig, con sus modos oldies y su inseparable Epiphone. En cualquier caso, la popularidad de la que gozan los neoyorkinos es un caso digno de estudio dado lo singular de su oferta, en la que mezclan elementos variopintos como ska (“A-punk” y “Cousins”) o música africana (“Cape Cod Kwassa Kwassa”, White sky” y “Horchata”), siempre envueltos en una capa de pop elegante-optimista-buenrollero muy acorde a esta época estival.

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Especialmente celebradas y coreadas, pese al cansancio acumulado, fueron “Unbelievers”, “Diane Young”, “Ya hey”, “Harmony hall” y “Walcott” (de nuevo deja-vu de B&S). Koenig desvió los focos en un par de ocasiones hacia el guitarrista Brian Robert Jones, que tras sonar “Sunflower” se enzarzó en un solo y más adelante en una jam hardrockera bastante alejadas de la tónica general. Jones se batía en duelo con Koenig en los pasajes menos convencionales de “Sympathy” y aquello sonaba impecable, lo que no es sencillo teniendo en cuenta que son siete músicos en escena. Esa nitidez de sonido y la ejecución impoluta de los temas nos mantenían en vilo, al igual que el montaje, consistente en un globo terráqueo giratorio suspendido sobre la cabeza del batería Chris Tomson que creaba efectos ópticos muy vistosos junto a las imágenes de fondo que se iban sucediendo.

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Para el que suscribe, supuso el cierre de sesión, concisa y concentrada pero con poso de tres winners y ganas de regresar (¡així, sí!). A la ex-FUGEES MS. LAURYN HILL pude disfrutarla a retazos al marcarse un Axl Rose de manual y los descartes como IGGY POP o THE HIVES fueron inevitables por los típicos solapamientos. ¿El final de la historia? Qué pregunta: muere Meñique.

J. A. Puerta

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ROCK THE COAST 2019: Impresiones de un no escritor

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No pretende ser esto una reseña al uso, ya que por un lado cada vez es más fácil el acceso directo al material audiovisual de conciertos y festivales a lo largo y ancho de la red, y por otro cada vez es mayor la pereza de entrar al detalle por parte de los que no nos dedicamos a esto, si bien es cierto que uno sigue gustando de departir sobre música y compartir lo vivido en eventos rockeros, y en esa línea ahí va una opinión totalmente subjetiva más de lo que aconteció en esa primera edición de lo que se ha venido a llamar Rock The Coast, para que los que no pudisteis asistir a la misma podáis haceros una idea de lo que se vivió allí, y sobre todo podáis valorar la asistencia a futuras ediciones (de momento la del año que viene ya está confirmada).

Con un Rock Fest más conservador de lo habitual (¿el principio del fin?) y un Leyendas del Rock venido cada vez a menos (todo lo que sube baja, y aquí ya se tocó techo hace tiempo), Rock The Coast se presentaba como la alternativa metalera más válida y fresca posible en todos los sentidos, desde su ubicación física y en el calendario hasta la selección de bandas participantes, combinando muy acertadamente edades y sub-estilos, y asegurando con ello una buena tirada inicial de entradas vendidas, con el reclamo de ver resucitada a la banda-capricho de Ritchie Blackmore por excelencia, Rainbow, y por supuesto el poder volver a ver al MAESTRO de las seis cuerdas nuevamente enchufado, algo que ya dábamos por perdido. A veces la vida te da sorpresas, e incluso el mundo puede parecer un lugar maravilloso donde poder estar… al menos por un par de días.

Con un half english breakfast en el buche y unas cuantas Alhambras especiales a cuestas (qué bien se está en Fuengirola, amigos), hacíamos acto de presencia en el recinto a punto de salir BLAZE BAYLEY en el segundo escenario, previa adquisición de la pulsera en la que iríamos cargando créditos para la consumición de bebida y comida, y el posterior canje de créditos por unos minis de cebada como mandan los cánones. Jornada soleada muy bien llevada gracias a una temperatura cálida pero agradable, sobre todo por una brisa generosa y un mar de fondo que quitaba er sentío.

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Blaze no es un gran frontman, ni lo era con Wolfsbane, ni con Iron Maiden ni en su carrera en solitario; tampoco tiene un registro vocal privilegiado, diría incluso que canta ‘feo’, si se me permite la expresión, pero por algún motivo que se escapa a toda lógica se ha ganado el cariño y la admiración del respetable a base de entrega y de no arrojar la toalla en ningún momento, aunque sea a trompicones sobre el escenario (ni tan siquiera puede evitar sonreír él mismo reconociendo su torpeza). Por otra parte, y como si se tratase de un Ozzy Osbourne de preferente, se ha sabido rodear de músicos jóvenes pletóricos de energía, que incluso consiguen que un tema fofo como “The Angel And The Gambler” tome cuerpo y consistencia, y que tras 40 minutos de actuación sin dejarse nada en la recámara te hagan comprender que, a veces, querer es poder. Repertorio-homenaje íntegro a la era de Blaze en la doncella, reconociendo el ‘gran honor’ que supuso para él tocar en Iron Maiden, y actuación no exenta de risas, puños en alto, honestidad a raudales (claro que sí, Blaze, tú eres el auténtico The Clansman) e incluso amagos de lagrimilla en alguna parte (“The Sign Of The Cross”, “Man On The Edge”). Pues eso, honestidad brutal. Scream for me… Málaga!

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Los suecos GRAVEYARD lo hicieron bien, de hecho me gustaron algo más que la vez anterior en aquella edición del GARAGE SOUND madrileño (otro festival que en paz descanse), pero sigue quedando esa molesta sensación de que podrían exprimir más el limón, quizá sea que las horas en las que les suele tocar salir a escena son de estar echado la siesta, o como mínimo al otro lado del escenario con una birra en la mano. Sea como fuere, siempre es un placer escuchar en directo cosas como “Hisingen Blues” o “Uncomfortably Numb”, con ese conglomerado Stoner / Blues / Prog-Rock de exquisita factura tan característico suyo. Sonido decente en líneas generales y correcta puesta en escena, a ver si la próxima es en sala de una vez y conseguimos por fin la conexión que merece su música.

Fue ver a LEO JIMENEZ asomar por el segundo escenario y decidir que era momento de asomarse a Pozodragón, o lo que es lo mismo, al Castle Stage o escenario del castillo, ubicado en el punto más alto del reciento, un emplazamiento idílico para un festival presidido por una banda como Rainbow.

En ese momento los murcianos HITTEN (¿quién dijo canadienses?) descargaban su speedico y poderoso Heavy Metal de corte retro(activo), con nuevo vocalista al frente (Alexx Panza por el anterior Aitor Navarro) y con la misma caña sin tregua de siempre. No pudimos ver mucho de su actuación, pero fue lo suficiente para comprobar que siguen en buena forma y que el cambio de vocalista no ha alterado demasiado el resultado final, que no es otro que Metal por un tubo, temas con empaque y ejecución milimétrica. Ideal para animar el cotarro y agitar las crines de poseído (pos-eso).

Lo de UDO fue una decepción a medias, esto es, no se le puede reprochar nada a su actuación ni a su condición física actual, ya que se encuentra de nuevo en buena forma, pero tener de cuerpo presente al que para servidor ha sido la VOZ de Accept y no escuchar ni un solo tema de los susodichos se hace difícil de asimilar (máxime si hablamos de un set-list de festival), es como unos prolegómenos sin coito, una cerveza sin espuma o una hamburguesa sin cebolla (te quedas con dos palmos de…). Ni tan siquiera “Animal House”, “Man And Machine” o “They Want War” me levantaron la moral, el mal ya estaba hecho y no se lo perdonaré jamás… a no ser que vuelva a Accept y echen al impersonator ese del Tornillo, entonces puede que olvide este mal rato. Si Blackmore ha conseguido volver a enchufar la Stratocaster y resucitar a Rainbow lo otro me parece una simple minucia. A la espera quedo pues.

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UFO sin embargo bien, siempre bien. Hacen lo que se espera de ellos: un puñado de clásicos inmortales que se sostienen por sí solos y que el público además lleva en volandas. Eso es lo bueno de semejante repertorio, te puedes permitir incluso no estar muy fino ese día, a sabiendas de que el público va a responder por ti (quizá en eso no haya reparado el bueno de Udo, su repertorio personal no resiste comparación alguna con el de su banda madre, y en ese sentido es un sacrificio de elevados costes). “Lights Out”, “Only You Can Rock Me”, “Love To Love”, “Too Hot To Handle”, “Rock Bottom” o el atemportal “Doctor Doctor” volvieron a saber a gloria bendita, y los 71 abriles de Phil Mogg no le impidieron rockear por millonésima vez delante de su público. Long live Rock’n’Mogg.

De SCORPIONS y EUROPE escuché opiniones encontradas, supongo que nunca llueve a gusto de todos y la elección del repertorio fue de su padre y de su madre, pero yo personalmente me lo pasé en grande con ambas bandas. A esas horas el alcohol, el cansancio y el lorenzo ya hacían mella en uno, así que con la guardia baja (y los pantalones también) disfrutamos todo lo que pudimos y algo más. De los alemanes me quedo especialmente con un Mikkey Dee disfrutando como un teleñeco tras los parches (sigue siendo el rey de la pegada), con un sorpresivo “Is There Anybody There?”, el hímnico e inevitable “Coast To Coast”, “I’m Leaving You” e incluso con las baladas (“Send Me An Angel”, “Wind Of Change”, “Still Loving You”), que como ya digo me pilló con la guardia baja y lo otro arriba. “The Zoo”, “Bad Boys Running Wild”, “Blackout”, “Big City Nights” o “Rock You Like A Hurricane” también las disfruté lo suyo, con un Klaus Meine cumplidor (y relleno de botox), y en general el resto de la banda, que cuajó una actuación de bien alto cuanto menos. Quizá no ha sido la mejor actuación que les he presenciado, pero ya va lloviendo sobre mojado, y desde luego los años no pasan en balde.

Con los suecos EUROPE pasó tres cuartos de lo mismo, quizá cierta parte del respetable ignora que las bandas siguen editando discos, y continúan esperando su set-list favorito y exclusivo de un único disco concierto tras concierto. A estos también les habíamos visto unas cuantas veces, así que lo mejor que puedes hacer es intentar disfrutar de lo que te tengan que ofrecer ese día y dejar los prejuicios a un lado. Y la verdad es que el set-list ponderó muy bien toda la discografía del grupo, lo cual se hace harto difícil a estas alturas de carrera. Yo disfruté especialmente “Rock The Night”, “Scream Of Anger”, el enorme “Sign Of The Times” (grandioso), “Heart Of Stone” y “Superstitious” (con guiño a “Here I Go Again” de Mr. Coverdale incluido), y ya puestos (sin segundas) con “Carrie” y “Cherokee”, aunque “The Final Countdown” ya empieza a oler un pelín y deberían plantearse quitarla algún día del set, a ver qué pasa (como Iron Maiden con la mitad de su repertorio, ya que estamos). Vi a John Norum algo descuidado físicamente, aunque igual de solvente que siempre (qué digo solvente, un hacha), mientras que Joey Tempest sigue con la misma cara de niño angelical de toda la vida, parece que se haya quitado la peluca y haya viajado directamente desde los 80 hasta hoy. Actuación de notable alto y las fuerzas ya muy deficientes.

Tenía ganas de volver a ver a CARCASS tras su brutal descarga en el Download madrileño, de hecho me fui a las primeras filas para presenciar de pleno su actuación, pero las fuerzas ya no acompañaban y las tripas me dijeron que quizá era hora de replegar, así que allí los dejé atronando al personal. En cualquier caso si tenéis oportunidad de ver a la banda no la dejéis escapar, al día siguiente me confirmaron que volvieron a cuajar una excelente actuación, una pena que dejen siempre a estas bandas para cerrar (en Madrid sucedió exactamente igual).

La jornada del sábado nos la tomamos con calma: buen desayuno (y venga english breakfasts), paseo marítimo, pintas de cerveza para ir regulando el ph, base de olivas, pijotas, tortitas de camarón y boquerones fritos, más cerveza para seguir ajustando niveles e incluso un mojito a las faldas del castillo, en un marco idílico y siempre en la mejor compañía. De lujo.

No recordaba haber visto a ANGELUS APATRIDA, si acaso quizá en algún festival cuando aún no eran conocidos, pero de haberlos visto en algún momento tuvo que ser sin discografía editada y sobre todo sin las tablas y el status que atesoran a estas alturas, así que había ganas, y la verdad es que no me defraudaron en absoluto. Cierto es que no hacen nada nuevo, pero sí muy bien fundido y ensamblado, con esa mezcla de Thrash Metal y Crossover tan peculiar, que recuerda por momentos a Nuclear Assault, Slayer, Exodus y un sinfín más de bandas de reconocido prestigio, pero sin sonar a ninguna en particular, lo cual les hace interesantes de por sí. Si a eso le añadimos una ejecución brutal, una constante interacción con el público y unas composiciones cada vez más variadas y conseguidas, estamos hablando de una banda enteramente disfrutable en directo sin necesidad de estar familiarizado con su material. Trallazos como “Give’em War” o “You Are Next” sonaron letales, se grabaron el “Antichrist” de sus ‘colegas’ Slayer para una futura edición especial, organizaron un wall of death para los más atrevidos y consiguieron una sonrisa de oreja a oreja para el resto del personal. Actuación sobresaliente y un sonido que acompañó en todo momento, una pena la interrupción del comienzo por problemas técnicos (cosas del ‘directo’), que recortó tiempo a un set-list ya de por sí recortado. Otros para repetir en sala.

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A los suecos DARK TRANQUILLITY ya los hemos visto varias veces, y todas en las mismas tesituras: demasiado pronto, con un buen sol de justicia y con un sonido deficiente. Y la verdad es que es una lástima, porque su música se presta a todo lo contrario, es decir, a un horario en sesión nocturna y con una producción que permita disfrutar de la perfecta ejecución de una de las bandas pioneras del death melódico. Pero como al final lo que mandan son las ventas o el status de banda clásica (ni por un sitio ni por otro), me temo que salvo en gira propia estamos condenados a seguir viendo a Michael Stanne freírse una y otra vez enfundado en negro (y con chaqueta). Bastante tema nuevo (o contemporáneo a lo sumo), obviando directamente aquella obra capital llamada “The Gallery” (locos!) e incluso el posterior y gran “The Mind’s I”, siendo “Thereln” de “Projector” lo más nuevo que recuerdo del set-list. Con todo y con eso buen repertorio, ya que calidad se les presume en todos y cada uno de sus trabajos (su más reciente “Atoma” lo sigue atestiguando), una pena que no se les saque todo el juego posible en este tipo de citas, como ya digo.

A MAGNUM también los habíamos visto en un par de ocasiones, y si bien la anterior no nos dijo mucho (Leyendas del Rock, Villena), esta vez animaron algo más el cotarro, quizá también por la predisposición de un público ligeramente distinto y más entrado en años, dado el cabeza de cartel de la jornada en cuestión. Entrega, grandes temas (“How Far Jerusalem”, “Vigilante”) y sobre todo muchas tablas es lo que ofrece la banda de Bob Catley, y aunque puede que su música se preste a escenarios y públicos más intimistas, doy fe de que gustaron y salieron por la puerta grande. Bri-consejo: si no te los has echado al oído prueba con “On A Storyteller’s Night” (1985) o “Wings Of Heaven” (1988), a ser posible lo más alejado del mundanal ruido.

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Con OPETH me pasa un poco como con ANATHEMA, una vez despojaron por completo de guturalidad y contundencia a esas melancólicas melodías ya nunca fue lo mismo. Y por favor, no me malinterpretéis, adoro a Pink Floyd, el gótico en general y buena parte del pop más melancólico, pero para mi gusto la banda de Mikael Akerfeldt perdió el mojo en algún momento del camino, algo que trasciende incluso más allá de sonoridades y estilos (a las composiciones me refiero). Dicho esto, he de decir que disfruté bastante de su actuación, muy compensada en cuanto a repertorio, y si bien no puedo ajusticiar debidamente el sonido, dado que ya estábamos cogiendo posiciones en frente del primer escenario para la actuación de Rainbow, me sonaron bastante mejor que Dark Tranquillity por ejemplo, en los que sí tenía una mejor posición, con lo que parece que el sonido les hizo justicia. “The Drapery Falls” y “Deliverance” cerraron una corta pero óptima descarga que de seguro colmó las expectativas de cualquier fan, e incluso me hizo replantearme seriamente el retomar esos discos que ya no me decían tanto. Tiempo al tiempo.

RAINBOW era sin lugar a dudas el auténtico reclamo del festival, el GRUPO por el que moverse los kilómetros que hicieran falta, máxime cuando sabes que puedes no volver a tener la oportunidad (más o menos lo mismo que sucedió con la última gira de Black Sabbath, it’s now or never, babe). Si además de la exclusividad te consideras fan de la banda en especial (presente!), el motivo de júbilo y alborozo puede subir enteros hasta rozar el mismísimo arco iris.

Era inevitable saber más o menos lo que podía caer en el repertorio (putas redes sociales), pero no caímos en la tentación de mirar más allá de un posible set-list, todo amago de vídeo o audio lo descartamos de entrada. En cualquiera de los casos tenía claro que fuese lo que fuese lo iba a disfrutar de pleno, ya fueran temas de Rainbow o de Deep Purple (no cabe en ninguna cabeza que Blackmore retome la eléctrica y no emita ninguna nota de su banda madre, aunque bueno, pensándolo bien… quizá en la de Udo sí), así que mejor rendirse a priori a la evidencia. En ese sentido me recordó muy mucho al set-list de su compadre Glenn Hughes de la gira de clásicos de Purple, es una lástima ver a Rainbow y no escuchar según qué temas (hubiera dado una extremidad por presenciar en directo “Eyes Of The World”, “Magic”, “Stone Cold”, “Fool For The Night” o “Wolf To The Moon”, entre otras muchas), pero todo lo que sonó era de una aplastante obviedad difícil de cuestionar:

Spotlight Kid

I Surrender

Mistreated

Since You Been Gone

Man On The Silver Mountain

Perfect Strangers

Black Night

Difficult To Cure

All Night Long

Stargazer

Long Live Rock’n’Roll

Burn

Smoke On The Water

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Sólo de ver a Blackmore vestido de trovador-lagarterano emociona de por sí (es como viajar al medievo gratis), imaginad si además de ello sigue tocando con gracia y con soltura, y ya para más inri nos deleita con una sonrisa (creo que no había visto esa imagen de él en mi puta vida). Pero si a eso le unes a un Ronnie Romero con la camiseta-homenaje a José Antonio Manzano metiéndose en la piel de todos y cada uno de los cantantes de Rainbow y saliendo victorioso, al curtido teclista Jens Johansson emulando las teclas de sus maestros Lord, Carey y Airey con solvencia, a la parienta del maestro Candice Night deleitándonos con su sola presencia (creo que no acerté a escuchar su voz entre tanta algarabía), y en definitiva a una banda mítica desgranando pieza a pieza pilares básicos del Rock Duro para tus oídos, sólo te queda agradecer al cielo y al infierno poder estar ahí en ese momento, una pena que no durase para toda la eternidad. Dicho esto sólo me resta añadir una cosa para los que pudiendo haberlo visto no lo hicieron: haber ido.

En algún momento había que hacer una parada técnica para el avituallamiento nocturno, ya que teníamos claro que había que presenciar con energías renovadas las descargas de Conception en el Castle Stage y Mayhem en el segundo escenario en la recta final del festival (otro momento Carcass no se contemplaba), así que mientras The Darkness descargaban cosas como “Love Is Only a Feeling”, “Get Your Hands Off My Woman” o “I Believe In A Thing Called Love” en el segundo escenario, nosotros cargábamos otras en el buche en forma de creppes de carne y zumos de cebada. Acto seguido, mientras Michael Monroe se disponía a saltar al primer escenario a continuación de The Darkness (lo siento Michael, ya te vimos en su día con Hanoi Rocks y sin McCoy no es lo mismo, sé que nos lo podrás perdonar), nosotros empinábamos la cuesta hacia el castillo para presenciar a la reformada banda de Roy Khan y Tore Otsby.

Y bueno, llegó una de las grandes decepciones del Rock The Coast para el que suscribe, CONCEPTION. Era una de las bazas por las que asistir al festival, básicamente por aquello de ser la primera vez, ya que si bien a Kamelot tuvimos ocasión de verlos en distintas ocasiones con el vocalista noruego, a la banda madre de Mr. Khan no habíamos tenido el placer, y eso que los conocimos antes que a los americanos (dichosos tiempos de Noise Records). Todo lo que pudo pasar en plan Spinal Tap pasó: demora indefinida y angustiosa, personas que se mueven entre bambalinas denotando nerviosismo y anarquía a pachas, micros que no suenan, quizá porque estén en off… en fin. Cuando el show debía estar a punto de finalizar era cuando se empezaban a poner bien, con lo que salvo unas accidentadas “Grand Again” y “Into The Wild”, poco más pudimos ver (ni ganas, que se habían volatilizado como el sonido del micro de Roy). Y con esas se quedaron en Pozodragón, nosotros teníamos cita con el averno, y desde luego no íbamos a faltar.

Me hubiera gustado ver el set-list de MAYHEM de la pasada gira, en la que descargaban por completo su obra maestra “De Mysteriis Dom Sathanas”, pero en lugar de eso, la banda de Hellhammer, Attila y Necrobutcher hicieron un set repartido en 3 bloques, uno de temas contemporáneos (sí, esos por los que no son conocidos y que no le interesan a casi nadie), otro de temas del “De Mysteriis…” disfrazados para la ocasión (“Freezing Moon”, “Life Eternal” y el homónimo “De Mysteriis…”, una lástima que se dejaran el mítico “Funeral Fog”), y un bloque final con la era más primigénea de “Deathcrush”, culminando con un “Pure Fucking Armageddon” que se hizo eco en las pantallas. Evidentemente poco queda ya de aquella banda que lideró Euronymous y que dinamitó los cimientos asentados por Venom, Bathory, Hellhammer y Celtic Frost, pero en su defensa he de decir que cuajaron un show brutal y muy compacto, y que incluso me emocioné al escuchar aquello de when it’s cold… and when it’s dark…

Y con esto y un bizcocho cerramos la primera edición del Rock The Coast, en la que casi todo fueron pros (emplazamiento, ambiente, bandas, sonido en general, clima, acceso a baños, barras…) y muy pocos contras (…acceso a comida en horas punta y acceso a Fuengirola, aunque eso me temo que seguirá siendo impepinable). Espero que estas impresiones de un no escritor les hayan servido a ustedes de algo, y en caso contrario, como diría Conan… váyanse al infierno.

Bubbath

P.D.: Saludos especiales a mis compañeros de ‘batalla’ Saints In Hell, Schatzie, Marru, Sinner y compañía. Festivales con gente así son siempre más especiales.

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King Diamond – Songs For The Dead LIVE (2019)

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Lo de King Diamond empezaba a ser algo ligeramente preocupante. Si bien durante la década de los 90 mantuvo el pulso decentemente a su propio pasado, tanto con el legado de su banda madre Mercyful Fate como con el suyo propio (¿quién no ha flipado alguna vez con discos como “Abigail” o “Them”, o al menos con sus portadas?), pariendo trabajos tan notables como “The Eye” (1990), “The Spider’s Lullabye” (1995) o “House Of God” (2000, ya en la frontera), amén de resurrecciones esporádicas y siempre bienvenidas de Mercyful Fate, con no menos interesantes ediciones como “In The Shadows” (1993), “Into The Unknown” (1996) o el brutal “9” (1999, era inevitable), la década posterior tuvo alguna de cal (“The Puppet Master”, 2003) y sobre todo bastante arena (“Abigail II: The Revenge”, 2002 / “Give Me Your Soul… Please”, 2007), con sequía discográfica de MF directamente, y culminando en un triple by-pass de corazón de nuestro héroe-villano allá por 2010, que interrumpió tajante e indefinidamente su actividad, reducida básicamente a especulaciones de ediciones de diversa índole, con permiso de la única edición aislada en formato recopilatorio de “Dreams Of Horror” (2014).

Y con eso y una experiencia vital (o mortal, mejor dicho) a las espaldas, de la cual King basará la historia de su próximo álbum de estudio, allá por 2015 nos plantamos en una gira conmemorativa del mítico “Abigail”, y no digo aniversario porque 28 años tampoco es que sea un período para celebrar unas bodas concretas. De ese tour, que afortunadamente se estiró lo que se pudo y más, y que algunos de por aquí tuvimos el placer de presenciar a su paso por Barcelona (Rock Fest, 2016), afortunadamente también, tenemos hoy en nuestras manos este “Songs For The Dead”, multi-edición en distintos formatos (vinilo, cd / dvd, blu-ray y box-set) que desde luego merece la pena tener. Los motivos a continuación.

El contenido de las diversas ediciones es básicamente el registro en audio y vídeo de un par de directos de la citada gira, uno en el Graspop Metal Meeting de Dessel (Bélgica) y otro en el mítico auditorio Fillmore de Philadelphia, donde ya han registrado directos otros ilustres como los propios Testament. El repertorio en ambos es idéntico, con la única variación en el orden en el set de “Halloween” y “Eye Of The Witch”, y si bien en la versión audio pocas diferencias podemos destacar entre ambas descargas, es en la versión vídeo donde podemos sacarle todo el jugo a la edición, así como exprimir al máximo tanto la ampulosidad del directo de la banda a nivel festival como la proximidad de éste en sala. Tanto en uno como en el otro formato decir que el resultado es brutalmente espectacular.

Lo dice el propio King Diamond: la banda va muy rodada y se nota. Matt Thompson ya no es el joven que vimos aporrear parches de primeras en la madrileña sala Heineken en los albores de la década del 2000, pero si bien su chasis ha sufrido un considerable desgaste a lo largo de estos años, su técnica diría que ha mejorado incluso, dotando a los temas de un empaque ideal, y sin apartarse del guión que marcaron otros antes (God bless Mikkey Dee!), hasta se permite alguna licencia que aporta un plus al conjunto (esas ráfagas de doble bombo en “Sleepless Nights” suenan que atruenan). Pontus Egberg, el bajista sueco sustituto del denostado Hal Patino desde 2014, ha afianzado el puesto con una ejecución y puesta en escena admirables, mientras que el también sueco guitarrista Mike Wead, desde finales de los 90 en MF, parece haber nacido y crecido de la mano de Diamond (para el que no lo sepa, este señor ya militó en grandes bandas como Candlemass o Memento Mori), el cual se ha acoplado a la guitarra de Andy como un guante, conformando un dúo de la calidad de la vieja escuela Tipton / Downing. Y si Mike y Andy se han acoplado a la perfección, lo de Andy y King es un matrimonio sin opción de divorcio. A día de hoy, LaRocque parece haber sido diseñado para ejecutar la música que pasa por la cabeza de King, con una técnica e imaginación al alcance de pocos en esto del Heavy Metal, y en directo es incluso más palpable que en estudio, con King acercándose constantemente a su hacha de siempre, gesticulando riffs con su huesudo pie de micro, e incluso robándole alguna nota armónica en los trastes al bueno de Andy. Topal.

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Y bueno, mención aparte y expresa merece el gran Kim Bendix Petersen. Tras la operación que casi le cuesta la vida (estuvo clínicamente muerto por momentos, lo que le faltaba a esa cabecita loca), y habida cuenta del bajón de popularidad con trabajos como “Give Me Your Soul… Please” (¿en qué estaría pensando con ese título y esa portada?), fue todo un acierto embarcarse en una gira del calibre que nos ocupa, con una excusa tan magna como la interpretación íntegra de un disco como “Abigail”, pionero en su género de Horror Metal, así como de sus temas más emblemáticos, y con un torrente de voz (falsete, sí, pero hazlo tú a esa potencia y con esa gracia) que no se le había visto hasta la fecha. Bendito corazón partío. Livia Zita, mujer y madre de su recién nacido Byron (homenaje al eterno cantante de Uriah Heep, en paz descanse), acompaña a su consorte en la parte vocal, haciendo de colchón coral y dando una profundidad mayor si cabe a los temas con respecto a sus versiones de estudio.

De la edición en vídeo (blu-ray en mi caso) no me gustaría destripar demasiado al lector, lo suyo es hacerse con ella sin pensárselo dos veces y verlo por uno mismo (no me seáis tan cutres de verlo en Youtube). Decir únicamente que no falta Grandma en “Welcome Home” (esa intro de batería no tiene nada que envidiar al arranque de un “Painkiller” al uso), la copa de vino en el mastodóntico “Eye Of The Witch”, las arengas al público para que se desgañite en el inevitable “Halloween”, o los aquelarres en los rescates de Mercyful Fate (“Melissa”, “Come To The Sabbath”). La instrumental “Them” sirve de puente perfecto para lo que se viene con la ejecución íntegra de “Abigail”, durante la cual King no necesita de teleprompter alguno para recordar todas y cada una de las letras de la horrorosa historia de Jonathan La Fey, Miriam Natias y de la segunda venida del diablo en el cuerpo del feto de Abigail, adaptación musical de claro guiño al mítico film Rosemary’s Baby (aquí en España destripado como “La Semilla del Diablo”). Recomendación particular: coge las letras en esa parte, la disfrutarás el triple. “Insanity” de “The Eye” cierra los conciertos de forma apoteósica y melancólica a pachas, con la banda al completo despidiéndose del respetable y con la sensación en el espectador de haber visto algo grande.

Y poco más que añadir. Tanto si eres fan de KD como si no, yo de ti me haría raudo y veloz con “Songs For The Dead”, me abriría una cerveza y disfrutaría de un (doble) concierto como ni tan siquiera puedes hacerlo en vivo (la multi-cámara es lo que tiene). Ah, y recuerda: si te niegas, 18 se convertirá en 9. El que avisa no es traidor.

Bubbath

STEVEN WILSON – Sala La Riviera (Madrid), miércoles 16 de enero de 2019

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Un par de cosas me sorprendieron en mi primera visita “conciertil” a la capital del reino de este año, y ya veremos cuántas serán… Primero, que no hacía tanto frío por los madriles como voceaban los noticieros y aplicaciones de “smartphones”. Aterricé en Atocha bastante más abrigado de lo que es habitual en mí, anteriormente iba con lo puesto, pero bueno, esto es otra historia. La segunda, en mi visita a un bar cerca de Cibeles mientras esperaba al Señor Puerta, al pedir una Mahou al amable camarero me respondió que sólo tenían Estrella Galicia (!!). También me hizo gracia la advertencia al decirme que la tortilla que tenían era de atún (!!); a ver, alma de cántaro, soy Santos ‘el cubo’, que gustosamente me hice mi pincho de tortilla de atún regado con dos Estrellas Galicia en un bar en el puro centro de la capi.

Una visita fallida al templo de la segunda mano y los dedos negros, la Metralleta para los no iniciados, y un repaso de nuestros “greatest hits” de pogos entre otros temas de conversación que mantuvimos mientras hacíamos una cómoda cola para entrar al recinto de La Riviera, mientras buscábamos y visualizábamos a Cronos de Venom, o un amigo, levantar mancuernas como si fuera el mismísimo Schwarzenegger.

Al entrar al local de las palmeras fuimos raudos a ver el “Mercha”, donde las camisetas no me convencían, y acto seguido fuimos a tomarnos el primer refrigerio con su correspondiente atraco a mano armada, casi 6 euros por una caña, madre de dios…

Sobre las 20:00 h el show arranca con “Truth”, intro en forma de vídeo que refleja una sucesión y juegos de imágenes y palabras de carácter denuncia, que es con lo abre la gira de “To The Bone”, la última obra en solitario del británico. Acto seguido aparece Wilson con el pelo corto y un flequillo a lo Pepe Oneto o Krispin Klander.

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El show iba a constar de dos partes: la primera no varía en nada con respecto a los otros shows del año pasado de la misma gira, y una segunda parte que sería algo diferente y tendría alguna sorpresa. En el primer bloque, obviamente “To The bone” tiene bastante presencia, empezando con la dupla “Nowhere Now” y “Pariah”, con la presencia testimonial fría y en vídeo de la cantante y actriz ocasional Israelí Ninet Tayeb, o “The Same Asylum As Before”.

Nunca había escuchado en la Riviera una nitidez y un sonidazo como lo que ofrecía Steven Wilson, y mira que he ido unas cuantas veces. La ejecución de los temas por parte de la banda era simplemente la hostia. Podía haber sido un concierto para enmarcar, pero un parón que hizo de 20 minutos entre los bloques me cortó mucho el rollo, y es que el señor Wilson tenía ganas de tertulia y nos brindó unos monólogos dignos del Joey DeMaio más venido arriba o de Pepe Colubi, que lo teníamos cerca de nosotros viendo el show.

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Como si fuera un magazine de radio o un show de la Comedy Channel, Steven nos divagó sobre la pérdida de la guitarra en la cultura, que quedó muy carca y demodé, sobre lo poco sexy que son los solos de muchas notas (!!), sobre lo tristes que son los fans y la música de Opeth, lo poco que se movían los cincuentones con camisetas de Pink Floyd, los logos ilegibles de las camisetas de Black Metal, sus fans japoneses y de lo molón que es Prince (!!), donde nos intentó convencer que el de Minneapolis era lo más grande del mundo mundial. En la segunda parte del bloque nos brindó un descafeinado “Sign O’ The Times”, uno de los clásicos básicos del fallecido artista ya casi al final del show. La reacción del público entre tanta oratoria era desde unos jocosos “one-two-three-four” ramonianos, a ver si el chico se ponía a la faena, hasta la de “Guapo!”, y no por parte de voces femeninas (!!).

“Blackfield” del primer disco, que salió de la unión de fuerzas entre Steven Wilson y el Israelí Aviv Geffen, fue una de las sorpresas más relevantes del segundo bloque. También destaco lo bien que sonó “Sleep Together” del “Fear Of Blank Planet” de Porcupine, y así me quité la espina de aquel lejano Sonisphere del 2010, donde los vi y no gozaron de unas condiciones y sonido adecuados, cosas de festivales.

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Sonó “Sound Of Muzak” del “In Absenta” de Porcupine Tree, aunque hubo gente que sugirió el “Trains”, ante la negativa de Wilson soltando un seco “no aceptamos peticiones”, y la maravillosa “The Raven That Refused To Sing” del disco homónimo, donde uno del público se vino arriba y soltó a grito pelado “el mejor disco”, cosa que estoy de acuerdo, el “The Raven” a mí me encanta también. Terminó un buen concierto de dos horas y veinte de duración, ampliado a 3 horas con los chascarrillos del británico, que si no fuera por tanto discursito la nota hubiera sido de notable bajo a matrícula de honor. Nada ni nadie es perfecto.

Saints In Hell