KRISTONFEST 2018 – Sala La Riviera (Madrid), sábado 12 de mayo de 2018

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Impresionante edición se han marcado esta gente en lo que ha significado la segunda cita anual consecutiva en la madrileña sala La Riviera, ya que las anteriores se venían realizando en la localidad de Bilbao, concretamente en la sala Santana, donde tuvieron lugar las cinco ediciones anteriores (2012-2016).

Para el que no lo conozca, se trata de un festival orientado especialmente hacia sonoridades Stoner / Doom / Sludge, con margen para la psicodelia y el progresivo, por el que han pasado bandas como Wolfmother, COC, Gojira, Buckcherry, John García & Band, Orange Goblin o Clutch, y que se ha convertido en cita obligada para los amantes de ese tipo de sonidos en particular, y por supuesto para los que degustamos del Rock Duro en líneas generales.

Para este 2018 nos tenían reservada cita para un único día, pero qué día, ni más ni menos que con Monster Magnet a la cabeza, con lo que nos quitamos tanto la asignatura pendiente de ver a la banda de Wyndorf como la de asistir por primera vez al festival.

Al módico precio de 40 € + gastos de distribución, en una sala como La Riviera, un emplazamiento ideal y con todas las comodidades de una sala de primer nivel, la opción de salir y entrar en cualquier momento, y unos precios hasta lógicos (es La Riviera), visto lo que hay por ahí actualmente y los precios que se manejan no se me ocurre mejor cita rockandrollera que la que nos ocupa, a lo sumo similar.

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Con un lleno cómodo desde el comienzo de las actuaciones y un público aparentemente extraído de un ARF endurecido, salían a escena con puntualidad británica CONAN, no sé si tendría que ver algo el hecho de que sean de Liverpool (no nos ganaréis!). La banda de Jon Davis (voz, guitarra), Chris Fielding (bajo, guturales) y Johnny King (batería) descargaron sin miramientos su set-list de corte Doom/Sludge, directo y sin aditivos. Jon y Chris se alternan las voces rasgadas y directamente guturales respectivamente, predominando eso sí las primeras, y esto junto a la pegada de King, alumno aventajado de Chuck Biscuits (Danzig, Black Flag), supone una descarga de lo más seco y compacto que te puedas echar a la oreja. Tras la misma, con una puesta en escena hierática pero tremendamente efectiva, nos quedamos mirándonos como si efectivamente el Rey Cimerio nos hubiera pasado por encima. Seguramente lo más salvaje de la velada. Brutal.

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ELDER por su parte supusieron el contrapunto soft del festi, con ese toque progresivo maestro que atesoran y con el que nos deleitaron a todos los allí presentes, y es que dudo que alguien saliera defraudado de su actuación (para el que suscribe fueron los grandes triunfadores del Kristonfest 2018). Cambios de tempo ultradinámicos (esta banda juega con los tiempos con una facilidad pasmosa), solos vertiginosos, melodías de carne de gallina y, en general, unas composiciones de bellísima factura y calidad, que en su versión de directo ganan si cabe con respecto a las de estudio. La banda de Boston campó a sus anchas por el escenario del Kristonfest (no en vano repetían edición), sobre todo su bajista Jack Donovan, que con su Rickenbaker no paró de animar el cotarro, generando ovaciones y aplausos unánimes por parte del respetable. Repertorio infalible (no dejéis pasar su reciente Reflections Of A Floating World de 2017) y la sensación de haber visto una descarga realmente especial, desde luego bastante por encima de la media. Dioses.

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Tras una salida breve y concisa para recargar pilas en el bar más cercano (toda una bendición por parte de la organización, gracias y enhorabuena a pachas), con HIGH ON FIRE volvimos a la carga Doom/Sludge, aunque de corte definitivamente más Heavy que propuestas como la de CONAN. La banda del ex Sleep Matt Pike (guitarra, voz) lleva ya dos décadas en activo (lejos queda aquel sorprendente debut denominado The Art Of Self Defense de 2000), y si bien empezaron algo fríos y destartalados, la cosa fue ganando enteros por minutos, cuajando finalmente otra actuación para recordar de esta edición del Kristonfest. Pike no paró de moverse, de interactuar con el público, de masturbar el mástil de su Les Paul y de beberse lo que encontró por encima de los amplis (no diremos nada de su actual estado de forma), con ese timbre aguardentoso que gasta, a medio camino entre el de Rolf Kasparek y el de Chris Boltendahl, y ese conglomerado musical nieto de Venom, y la banda en general (trío) fue de menos a más, ejecutando ese Heavy/Doom de pasajes progresivos a la perfección, para deleite tanto del respetable como del resto de bandas, que se amontonaban entre bambalinas para presenciar in situ a los ya considerados unos clásicos del género. Gran actuación in crescendo y aproximación a las barras, que había que rellenar líquidos para afrontar la recta final con garantías.

Lo de MONSTER MAGNET era una asignatura pendiente desde hacía tiempo, y qué mejor momento que pillar a Dave Wyndorf en un buen momento, valga la redundancia. Mindfucker los ha devuelto a primera línea de nuevo, otro gran disco de corte Hard Rock clásico, muy en la onda Powertrip / Monolithic Baby, sin renunciar a ese toque Stoner de siempre, aunque ya muy lejos de esas primeras andanadas lisérgicas de los comienzos.

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Es evidente que Wyndorf acapara todas las miradas desde el principio hasta el final del concierto, es su banda y esto va por delante ya de entrada; poco importa que apenas si extraiga un par de notas de su SG por tema cuando se le ve en forma de nuevo, no para de arengar al público brazos en alto, su voz está en óptimas condiciones otra vez y la banda acompaña como procede (sobre todo Phil Caivano, que hace las veces de guitar hero). Con todo esto y un par de chupitos de Fireball en el cuerpo nada puede salir mal! Si además el show comienza con “Dopes To Infinity” y el sonido es el esperado, el orgasmo es asegurado.

Los temas de Mindfucker empastan perfectamente con el resto, y da la sensación por momentos de que suene lo que suene lo vamos a aceptar de buen agrado. La banda suena compacta y potente, su entrega es total y la nuestra por ende también. “Soul”, “Mindfucker” y “Radiation Day” me gustan especialmente, y “Space Lord” la aprovecho para ir a por el último mini de cebada, que utilizamos para regar el festero “Ejection”, “End Of Time” y el indispensable “Powertrip”, todo un himno generacional de un disco que simplemente hizo historia.

Por poner algún pero, nos faltaron temas de Monolithic Baby y algún corte más de Powertrip, sobre todo en los bises, pero ya se sabe cómo va esto, siempre falta algo para alguien en algún momento. Por lo demás, todo fueron pros. Asignatura aprobada con nota, y una alegría enorme de ver al bueno de Dave otra vez saludable y haciendo bolazos, que es lo que toca y mejor sabe hacer.

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Y cuando todo parecía abocado a ir cuesta abajo, la banda de Tatsu Mikami lo puso todo de nuevo patas arriba con su Doom/Stoner heredero directo de Black Sabbath y Pentagram. Con ese sonido retrotal y esas letras de asesinos en serie a lo “Ted Bundy” o “Charles Manson”, la banda japonesa nos insufló el último halo de la noche en formato mórbido, acabando con un bis improvisado a petición del personal (si no recuerdo mal fue el único de la noche). Un broche perfecto para un festi pluscuamperfecto, ya estamos deseando repetir en la próxima edición de 2019. Baroness, Mastodon, Kylessa, Witchcraft, At The Gates, Trouble, una reunión de los míticos Cathedral… organización, hacedme feliz!

Bubbath

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Arcade Fire – Wizink Center (Madrid), martes 24 de abril de 2018

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Pocas noches quedan retenidas en las mentes adultas (que no maduras) con bagaje (las que escurrimos la basura con distinta intermitencia). Por ello, si al cabo de unos días y digerido el efecto “todo ya” del consumismo informativo inmediato de corto alcance, la emoción del recuerdo se acrecienta y firmarías una excedencia para completar el tour con tal de repetir en bucle, puedes considerarte afortunado.

Los paralelismos entre los U2 de “Pop” y sus apadrinados Arcade Fire en la actualidad son sutiles y a diferente escala (sin limones, se sobreentiende). No me refiero sólo a que su última entrega comparta con aquél el exceso de autocomplacencia y el consiguiente levantamiento de ampollas (primer bache en un currículum impoluto). Como Bono antaño, Regine Chassagne, ataviada cual púgil encapuchado, se dirige hacia el cuadrilátero central junto a sus compañeros entre el gentío de pista, con presentación de speaker incluida e imágenes de cada miembro en las pantallas que coronan el escenario. La reacción hacia “Everything now” en el arranque se difumina según transcurre, pero rápidamente tiran de épica con “Rebellion (Lies)” para recuperar el pulso y vaciar pulmones en el primer corte que cae de “Funeral”. Toca vuelta al tono pachanguero-caribeño de “Here comes the night time”, que pasa un tanto desapercibida, aunque de nuevo recurren a su manual de insalvables para aunar en una sola voz a todo el Wizink,  con una “No cars go” a la que varían su tempo natural con alguna marcha de más y que supone el único recuerdo a su primer EP. Regine toma las riendas en “Electric blue” y, pese a que sube un par de notas por encima de la versión de estudio sonando a una especie de Alvin y las ardillas, deja en buen lugar el toque discotequero a lo Bee Gees/Abba de la última hornada; algo que no ocurre con “Put your money on me”, de la que sólo destaca el vídeo de acompañamiento, lleno de anuncios chorras (los mismos que emiten antes de comenzar el show), y su mensaje de sorna a la absurda compra compulsiva al alcance de un click que nos rodea.

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Hasta aquí, el curso de los acontecimientos es correcto, aunque los exclusivistas tienen un punto a su favor jugando con el argumento de que han travestido su esencia de directo sin artificios y puramente musical a favor de un frío espectáculo visual milimetrado. Sigue impactando ver a una decena de tipos encima de las tablas que combinan y se intercambian los instrumentos acostumbrados con mandolinas, acordeones, tambores, piano, etcétera, donde Win Butler se permite ir de la guinda que desee (ese sombrero que luce durante la primera parte le da un aire a Pete Doherty, acicalado y bien nutrido, eso sí) y el entretenimiento  recae en la hiperactividad común y la locura de su hermano Will, pero pesa el haber dejado escapar la entrada para Razzmatazz en julio de 2016, acontecimiento histórico a la vista del estatus alcanzado y del conciertazo que dieron (por una vez me remito a las pruebas que rondan la red). Nada más lejos.

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“Neon bible” y “My body is a cage” oxigenan el ambiente y dan un pequeño respiro al show para conducirnos sin regreso hacia un clímax final que no se presagia. “Keep the car running” enciende de nuevo los coros de la grada y “(Antichrist televisión blues)” cierra en modo folk la representación del disco bíblico y el apartado de sorpresas en el repertorio, de modo que reservo la nickcaveniana “Ocean of noise” para una lista de deseos futura. Entre “Neighborhood #1 (Tunnels)” y “Neighborhood #3 (Power out)”, interpretadas con una intensidad que pocos grandes firman a día de hoy y a pesar de que Win muta las estrofas en un discurso para esquivar las notas altas, tocan por orden la sección de “The suburbs” y de “Reflektor”. De la primera, en formato siamés obligado la homónima (impecable, de no llorar por vergüenza) y “Ready to start” (insurrecta y posiblemente la más rockera del set) desembocan en “Sprawl II (Mountains beyond mountains)”, con las bolas de espejos iluminando el pabellón y Regine soberbia a la voz (ahora sí). De la segunda, se marcan un mini show dance que transforma aquello en una fiesta, con Regine bailando junto a las primeras filas, de la mano de “Reflektor” (recuerdo efímero en imágenes a Bowie, otro de sus valedores)  y “Afterlife”. Después, sorprendente “Creature comfort”, potente en el cara a cara y cuya línea de bajo dibuja similar a la de Clayton en “Mofo” (vuelta a los irlandeses). Carne de directo, se destapó como la mejor superviviente para giras venideras.

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La delicada “We don’t deserve love” inaugura los bises. Aunque creo que es la única del álbum que no naufraga al lado de sus precursoras, resulta demasiado intimista y hace las veces de “If you wear that velvet dress” (ambas, delicatessen destinadas al cajón). Los miembros de la Preservation Hall Jazz Band, que momentos antes han amenizado la velada, toman el escenario (que da poco más de sí por la cantidad de músicos que alberga) para dar color al reprise de “Everything now” y que rápidamente enlazan con el “Wake up” más largo y catártico que con toda seguridad llegue a vivir en primera persona. No requiere de aditivos en crudo, pero con el aderezo de la jazz band, la comunión absoluta audiencia-grupo a estas alturas y la salida triunfal abriéndose paso entre la multitud, el himno se eterniza al coro de trece mil y pico gargantas pletóricas que no se cansan. Quince minutos inolvidables.

Luego, la comidilla mediática del miércoles, convirtieron los aledaños del Palacio en una improvisada charanga por las calles de Nueva Orleans. Capaces de transportarnos a idénticas sensaciones en recintos de cualquier dimensión, continúan firmes por el carril de adelantamiento pese a quien pese y trabajo de promoción que toque. Al hilo del párrafo de arranque, va a ser cierto lo de “now that I’m older / my heart’s colder /and I can see that is a lie”.

J. A. Puerta

Fields Of The Nephilim – Sala Mon (Madrid), viernes 30 de noviembre de 2018

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No se me ocurre mejor plan para pasar la Semana Santa que juntarme con los colegas para ver a otros colegas y quitarnos todos al unísono una de las asignaturas troncales pendientes en materia gótico-pagana de las consideradas indispensables. Si además se aprovecha la coyuntura para dar rienda suelta a los placeres de la carne de diferentes formas, podemos dar por superada la liturgia y por venerado el Corpus Christi. Ayuno y abstinencia pero a la inversa.

La jornada del Viernes Santo supuso el viacrucis placentero que cabía esperar: el vermouth de media mañana en el tren, el tapeo rehogado de cerveza al mediodía, la copa de sobremesa y vuelta a empezar (volver a leer varias veces intercambiando aleatoriamente el orden hasta altas horas de la madrugada). Saludos a mis compis de viaje (Saints In Hell & Jurgen Navas) y a las estrellas locales (Viper, Ricky & Peto), que dieron colorido a la semana más gris del año con diferencia.

El día amenazaba tormenta, pero todo quedó finalmente en agua de borrajas, y pasadas las 7 pm ya abordábamos Moncloa y aledaños para seguir con los zumos de cebada (cubos, para más señas), no fuera a ser que la sobriedad arreciara. Con horario británico (algo antes de las 8:30 pm) y tras Dead But Dreaming salían a escena Carl McCoy y sus nuevos mercenarios alquilados para la ocasión, con un sonido más que correcto ya de entrada, pese a las ecualizaciones iniciales, para acabar finalmente en un sonido perfecto, de lo mejor que se puede escuchar (y disfrutar) en sala.

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El show fue lo sobrio que cabía esperar, con la banda sonando compacta y contundente, siempre dentro de los parámetros que permite el arpegio limpio del Rock de corte gótico / siniestro, claro está, y McCoy por su parte asumió su rol de frontman a la perfección, acaparando prácticamente toda la atención y solventando la papeleta con una voz grave tirando a gutural, sin fisuras ni aspavientos, para llegar a su clímax en cortes como Last Exit For The Lost, donde se salió literalmente.

Como pros de la descarga destacar esencialmente la calidad del sonido, que a fin de cuentas es de los factores más importantes cuando se trata de escuchar música en vivo (que no el único), así como la voz de McCoy, por el que no parece que hayan pasado los años (con permiso de los pedales de efectos, eso sí), y es que se nota y mucho cuando además de llevar un set-list ganador de entrada se intenta defenderlo con una auténtica banda respaldando y con un equipo en condiciones, lo cual suele dar como resultado un concierto digno cuanto menos, y no lo que llevan ofreciendo décadas gente como Andrew Eldritch y sus Hermanitas de la Caridad, una pena que no se den cuenta de la importancia de detalles como el de una batería acústica real o la de dejar de engañar a un público que paga dinero para verte, directamente.

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Volviendo al caso Fields Of The Nephilim, quizá echamos en falta algo más de movimiento escénico y algún que otro corte adicional y/o mejor alternado, perlas como For Her Light, Blue Water o Chord of Souls no deberían faltar en tu repertorio cuando te dejas ver de década en década, pero lo que sonó lo hizo bien, y por ahí se salvan con creces. En cualquier caso concierto de hora y media justa y sin teloneros (antes de las 22 pm ya estábamos fuera de la sala), algo que deberían hacérselo mirar para girar tan de tarde en tarde. Se lo perdonamos si a la próxima no tardan tanto en volver, y sobre todo si nos regalan For Her Light.

 

Set-list:

Dawnrazor
Endemoniada
Love Under Will
Moonchild
Prophecy
At the Gates of Silent Memory
Psychonaut
Last Exit for the Lost

Vet for the Insane
Mourning Sun

 

Bubbath

GIGATRON + Ira Ciega – Sala Marearock (Alicante), viernes 2 de marzo de 2018

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Cuando en 1997 llegó a nuestras manos la ahora ya maqueta de culto Huracanes Del Metal (Live In Donington 97) de GIGATRON, viejos conocidos de nuestra zona levantina por provenir de los inclasificables CHOCOCRISPIS, nuestra sorpresa y alborozo fueron máximos, y enseguida nos declaramos fans incondicionales de la banda que más y mejor supo destapar las vergüenzas del género, o cuanto menos con más acidez y desparpajo, aunando amores y odios a la par en territorio nacional a pasos a-gigantados, y dejando entre medias a un sector que no sabía muy bien qué pensar (con lo sencillo que es a veces no pensar y simplemente disfrutar).

Los Dioses Han Llegado (1998) puso al día la mítica demo en formato CD, con un ligero lavado de cara y con el track-list incrementado para la ocasión, aunque sin demasiados retoques y conservando intactos los himnos que les catapultaron al estrellato mundial, como “El Barco De Colegas”, “Rebeldes De Cuero”, “El Poseso” o “El Templo Del Metal”, que tantas carcajadas nos arrebataron en su momento a los que gustamos de esto del Heavy Metal y además gastamos de eso a lo que llaman sentido del humor. Lo cortés no quita lo valiente, que se suele decir.

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Tras una época de sequía discográfica, Mar De Cuernos y su apéndice Hitthrashhit (2005) retomaron la estela de su predecesor, con perlas de la talla de “Banderas De Roña”, “Mi Hacha Hizo Tu Culo”, “Macho Cabrío” o “Alma De Animal”, y aunque ya llovía sobre mojado el descojone estaba más que asegurado. Hitthrashhit (el disco fantasma) no se editó en formato físico por motivos legales (su contenido no era otro que un puñado de covers a la GIGATRON, con gemas como “Caballón” de Manogüar o “Heavys En Fallas” de Quis), pero pronto se hizo tanto o más conocido que su compañero de edición ‘oficial’.

A partir de ahí, y tras otro largo período de ‘ausencia’ discográfica, que no de apariciones en directo, Atopeosis 666 (2014) y el reciente The Aluminium Paper Album (2017) han resucitado al mito, embarcándose el pasado año en una gira por gran parte del territorio nacional denominada Alluminatour 2018 (no se van a separar hasta asegurarse de tocar todos y cada uno de los clichés del Metal, y lo cierto es que hay donde elegir), ocasión que no íbamos a desperdiciar para ver por fin en directo a las huestes de los míticos Charly Glamour (voz) y Mike Ferralla (bajo), a los que se incorporaron sobre la marcha los letales Dave Demonio (guitarra) y Johnny Cochambre (batería), que ocuparon la plaza de otros ilustres anteriores como Frank El Tachas (guitarra) o los baterías Bestia Indomable y Mazinger Molina (intuimos que estos últimos fueron explotando en directo como los de Spinal Tap).

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La verdad es que pasar dos horas y pico de concierto entonando himnos a carcajada limpia (a ver si toma nota del timing alguna banda de las ‘serias’, por no decir la inmensa mayoría), y eso sin contar con la intervención de IRA CIEGA, a los que sólo pudimos ver despedirse con su atuendo de frailes a lo INHUMANOS dada su tempranera actuación, por 15 euros de los corrientes (18 € en taquilla) está más que amortizado, y si alguien salió defraudado del bolo seguro que Charly y los suyos estarían encantados de reintegrarle el importe, bien en dinero o en kalimotxo del caro (con Coca-Cola original y vino Don Simón, como merece la ocasión).

Lo cierto es que la banda ha progresado ostensiblemente, y lo que comenzó siendo una fanfarronada donde primaba el concepto sobre la música (baterías programadas, solos escuetos y limitados, temas de minuto y medio…), ha dado paso a kits de batería de lujo y a auténticas suites musicales por bloques (o bruques), que nada tienen que envidiar por momentos a las de Manowar o Stratovarius. Así pues, tras la intro de turno la descarga de la banda comienza a destajo, con cortes de nueva factura como “El Papiro De Aluminio” o “Viking Bugui” (con toda la sala bailando, el delirio), a los que pronto se unen clásicos como “El Barco De Colegas”, “Rebeldes De Cuero”, “El Poseso”, “Banderas De Roña”, “Mi Hacha Hizo Tu Culo” o “Mazinguer Metal”, los mejor recibidos por el sector más veterano del respetable, entre el que nos contábamos servidor y mi colega Carlos (el Templo, el TEMPLO!!!). Cochambre y Ferralla erigen el wall of sound de la banda, todo un muro sónico de ejecución sobresaliente e hiper contundente, mientras que Demonio dibuja libremente sus armonías de guitarra por encima, dejando que Charly lleve el peso de la ‘actuación’, sin parar de interactuar con el público a base de chistes, constantes cambios de look y demás arengas heavy-metaleras, e incluso haciendo mosh cada tres por cuatro.

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Mención especial merece la parte acústica del show, donde Cochambre y Ferralla dejan a sus compañeros de fatigas que destrocen a gusto clásicos como “Stairway To Heaven” o el comienzo de “Hallowed Be Thy Name” (adaptación gypsy del clásico de Iron Maiden), y en los que constatamos una vez más la imaginación sin fin de Charly Glamour (eso y que está como una puta cabra, además). Siguen los ‘homenajes’ con “Caballón” (Manogüar) y la caña de España con “Apocalipsis Molón”, “Warrior Of The Barrio” o “Festival Del Mal”, y entre el público puedes divisar de todo, desde peña partiéndose la caja hasta gente estupefacta, pasando por pogos descontrolados, minis de kalimotxo alzándose al escenario o hachas de plástico sobrevolando el mismo. Pos-eso, atopeósico (666).

Durante los cortes más nuevos aprovechamos para ir a la barra y/o al señor Roca (precios asequibles en la sala, todo sea dicho), y de vuelta hacemos lo propio para sacar alguna instantánea de tan magno evento y para chocar la mano del gran Charly Glamour (ya podemos morir tranquilos), el cual se hace eco de su valenciana vecindad y de las fiestas que se han corrido por la zona en sus tiempos más mozos.

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Al final giga-bolazo de dos horas y pico, con un sonidazo impropio de una sala de esas características (se nota muy mucho que le dan importancia a todo, desde el aspecto visual al sonido, evidentemente, con los roadies y el técnico de mesa involucrados desde el principio), tras lo que te planteas realmente si son Gigatron quienes se toman a broma esto del Rock o si son otras bandas supuestamente ‘serias’, de esas que te sablan en la taquilla y te despachan a la hora y cuarto de actuación.

Así que lo dicho, si no tienes prejuicios, te gusta el Metal y quieres pasar un gran rato (en todos los sentidos) no desaproveches la ocasión, Gigatron siguen siendo la caña de España, la cumbre del Rock.

Bubbath

Thin Lizzy + Supersuckers – Sala Apolo (Barcelona), domingo 30 de enero de 2011

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Tengo que decir en honor a la verdad que yo fui de los primeros en fruncir el ceño al enterarme de la noticia: Thin Lizzy de gira con el ex Almighty Ricky Warwick. ¿What the f..k? ¿La banda del añorado Phil Lynott comandada por el primer transeúnte desocupado de turno? No way! Lo cierto es que nunca he tenido nada en contra del sr. Warwick, e incluso reconozco que le pegué alguna escucha a aquel musculoso “Crank” de sus The Almighty, pero de ahí a permitirle capitanear la banda de nuestras vidas va un trecho. Pues bien, a día de hoy, cuando todavía me zumban los oídos tras la descarga de la banda más grande de la vieja Irlanda, me trago mis palabras, entono en público el mea culpa y animo a todo aquel que tenga la oportunidad de ver a esa formación que no la deje escapar.

Y es que seamos realistas: de nada sirven los principios éticos y morales de cada uno cuando la decisión no está en tus manos. Si Scott Gorham y Brian Downey deciden que es hora de echarse a la calle a desempolvar toda esa amalgama de clásicos atemporales no seré yo quien les contradiga. Visto lo visto, si unos Accept pueden sobrevivir sin Udo y unos Alice In Chains pueden hacer lo propio sin Lane, no se me antoja mejor tribute-band de Thin Lizzy que la que presenciamos anoche.

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Pero vayamos por partes. Aforo completo en un marco inmejorable (me gusta esa sala, decidido), tercera o cuarta fila a la derecha, quizá esperando inconscientemente la llegada de Scott Gorham, y Supersuckers que salen con puntualidad británica a descargar su set compacto de 45 min. No los veía desde su ya lejano “Motherfuckers Be Trippin’”, y pese a su supuesta ‘madurez’ o ‘desaceleración’, como se le quiera llamar, tengo que reconocer que pocas cosas más han cambiado en el seno del grupo, al menos en su faceta live: concierto demoledor, sin pausas, repasando y condensando su ya considerable discografía y demostrando que siguen siendo una de las bandas más en forma del panorama rockero internacional. Me quedo especialmente con la apertura de “Rock ‘n’ Roll Records (Ain’t Selling This Year)” y con “The Evil Powers Of Rock ’n’ Roll”, que sonaron brutales. Esta vez no guiñaron el ojo al Madman con el bajo de “Believer”, pero en su defecto, el ex Reverend Horton Heat Scott Churilla nos obsequió con la entrada de “Over The Mountain” a golpe de bombo (cómo me gustan esas chorradas), todo un animal de los parches.

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Y si la banda de Eddie Spaghetti encendió los motores como procedía, ver el logo rojo clásico de la banda dublinesa prendió por completo la mecha. Cuando Warwick gritó ‘Are you ready?’ y vi enfrente de mí a Scott Gorham, con el pelo notablemente más largo y totalmente blanco (ese tío fue el estereotipo de guitar-hero ligón de la época, qué puta clase, joder), fue como encontrarse a Gandalf renacido en pleno bosque de Fangorn. En ese momento (y en otros tantos a lo largo de la noche), después de un par de décadas de conciertos a las espaldas tengo que reconocer que sentí algo que no había sentido antes en ningún otro, una confusión de sentimientos alegres y tristes a la par, envueltos entre decibelios y aderezados por la resaca del día anterior. Definitivamente esa banda, tanto por letras como por música ha acabado significando más que cualquier otra para mí, y el hecho de que su líder indiscutible no esté entre nosotros acrecienta aún más si cabe su aura y su leyenda.

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La banda en conjunto estuvo sobresaliente. Los nuevos cumplieron sobradamente con las expectativas, más que por tablas, algo que se presume obvio tratándose de Marco Mendoza o Vivian Campbell, por ganas, ya que se les veía tan entusiasmados o más que a los miembros originales del grupo. Ricky Warwick me sorprendió muy gratamente: aparte de ser irlandés, algo que imagino contribuiría a darle forma al proyecto, se encuentra en buena forma, y su timbre es ideal para emular los tonos de Lynott. Y aunque algo destartalado por momentos en cuanto a movimientos se refiere, supo estar a la altura, delegar relevancia en sus compañeros, y ante todo ensalzar la figura de Phil. Sólo por atreverse a entonar “Still In Love With You” delante de todo ese personal (y además salir bien parado) merece todos mis respetos. En cuanto a Gorham, Downey y Wharton, hicieron lo que correspondía: deleitarnos con su arte, porque a fin de cuentas ellos fueron los que contribuyeron a crearlo.

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De toda esa galería de joyas, que tampoco vamos a desgranar aquí por completo, me emocioné especialmente con la apertura brutal de “Are You Ready”, con las melodías de “Waiting For An Alibi”, con las épicas “Massacre” y “Emerald” (joder, eso son himnos y lo demás son tonterías), el sosegado y emotivo “Wild One” (toda una sorpresa), la apoteósica “Angel Of Death” (casi la prefiero a la de Slayer, fíjate lo que te digo) o con la agridulce “Don’t Believe A Word”, especial para el que suscribe por muchos motivos. Y aunque no sonó nada de discos como “Chinatown” o “Thunder And Lightning”, poco importa si rematan con “Rosalie”, “Bad Reputation” o la majestuosa “Black Rose”, que pese a su complejidad clavaron instrumentalmente.

Set-list:

Are You Ready

Waiting for an Alibi

Jailbreak

Do Anything You Want To

Don’t Believe a Word

Dancing in the Moonlight (It’s Caught Me in Its Spotlight)

Massacre

Angel of Death

Still in Love With You

Whiskey in the Jar

Emerald

Wild One

Sha La La

Drum Solo

Cowboy Song

The Boys Are Back in Town

Bis 1:

Rosalie

Bad Reputation

Bis 2:

Róisín Dubh (Black Rose): A Rock Legend

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Me podría tirar horas hablando de esa noche, de lo que ha acabado representando para servidor la banda de Lynott y compañía, y de lo mucho que se le añora al bueno de Phil, pero creo que es hora de ir dejándolo ya y de poner de nuevo “Live And Dangerous”, probablemente el mejor directo de la mejor banda de todos los tiempos. Salud, y sobre todo larga vida.

Bubba 

(Publicado originalmente en ROCKSCALEXTRIC durante el tercer lustro de la era 2000)

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HELLOWEEN – Wizink Center (Madrid), sábado 9 de diciembre 2017

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Fue uno de los conciertos que con más ansia estaba esperando. Siempre recordaré al “Keeper of the Seven Keys II” como el primer vinilo que me compré (1.200 pts. de la época).

Helloween han tenido la delicadeza y consideración de hacer una reunión muy digna, esto es, a la consabida entrada en el grupo de Kai y Kiske, han tenido en cuenta y respetado a quien ha estado sacándoles las castañas del fuego desde mitad de los 90 -aquí podíamos debatir sobre Uli y Roland- hasta la actualidad. Con más o menos altibajos, cierto, pero al fin y al cabo han tenido la consideración de respetar a los miembros actuales, algo que en muchas reuniones clásicas no ha sido así.

Con un Palacio de los deportes lleno (no hubo sold-out, pero se rozó) y con una puntualidad absoluta, empezaron las 3 horas de concierto, un tiempo que da para mucho, por un lado temas imprescindibles y por otro lado otros temas que no lo son tanto (¿en serio “Are You Metal”, “Livin’ Ain’t No Crime” y si me apuras “Rise And Fall” merecen estar en el set-list?).

Hubo muchos momentos muy épicos como el inicio con “Halloween” (toma puñetazo en toda la cara), “A Little Time”, “I’m Alive”, “A Tale That Wasn’t Right”, “How Many Tears”, y ese mítico medley de Kai Hansen que he estado esperando durante toda mi vida. También hubo momentos muy emotivos en el solo de batería entre el vídeo de Ingo y el actual baterista Dani, que puso los pelos de punta a más de uno. Y momentos también épicos con los temas de Deris, faltaría más, “If I Could Fly”, “Perfect Gentleman”, “Power”, y unas sorpresivas “Sole Survivor” y “Waiting For The Thunder”, todas fueron un ejemplo de que los clásicos de Kiske pueden convivir en perfecta armonía con los clásicos (más actuales) de Deris.

Vi a los dos cantantes muy compenetrados y haciendo piña, hubo muy buen rollo entre ellos, o al menos esa es la impresión dada, y vocalmente ambos dando la talla y cumpliendo -el engranaje de Deris es más que notable-. También me fijé en los guiños entre Weikath y Kiske, impensable hasta hace más bien poco, Kiske fue a buscarle varias veces, cogiéndole y sacándole alguna sonrisa (todo un logro). Y por otro lado está Mr. Kai Hansen, al que supongo artífice de esta reunión, estaba como un niño con zapatos nuevos, con gestos de complicidad con todos y sin dejar de sonreír. Pero por favor, alguien le tiene que decir al bueno de Kai que ese maquillaje y esas pintas no le quedan nada bien.

¿Y después de esto, qué? Pues grabaron el concierto en DVD, pero yo creo, y es mi opinión, que esto no va a quedar aquí, sólo hay que dar tiempo al tiempo y lo mismo me equivoco, pero me da a mí que algo más sacarán aparte del tema “Pumpkins United”, editado para la ocasión. Sentimentalmente muchos nos hemos quitado un peso de encima, ver a Kai y Kiske de nuevo en Helloween es todo un privilegio para los que hemos mamado esto. Y otra cosa me gustaría añadir, 3 horazas de concierto, que sí, que metieron vídeos entre tema y tema y demás, pero aun así son 3 horas sobre un escenario que no se las quita nadie. Ya me gustaría ver a más de un grupo de lo que ahora llamamos Power Metal aguantando las 3 horas ahí arriba. Creo que no sorprendo a nadie si digo, ahora más que nunca, que los Reyes son los padres.

Laguless

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Creo que hablo en nombre de toda la comunidad metalera cuando digo que los germanos Helloween hace tiempo se ganaron a pulso la etiqueta de clásicos del género, independientemente de que partieran de un sub-estilo como el power/speed metal, el cual no tardaron mucho en dejar de lado, aunque no totalmente sí a tiempo parcial.

No en vano “I Want Out”, hit-single con el que se dieran definitivamente a conocer por estos lares en aquellas ráfagas de video-clips de TVE en su apartado Heavy Metal, ya se desprendía notablemente de sus inicios fugaces a golpe de doble bombo (en gloria esté el bueno de Ingo), aunque la primera parte de la mítica saga “Keeper…” ya atesoraba gemas a medio tiempo como “Future World” o “A Little Time” difícilmente encasillables en los comienzos de Iron Fist.

Y el resto de la historia es por todos de sobra conocida, como dice mi colega Laguless tanto los fans como el propio grupo se merecían una segunda oportunidad, cuanto menos para cerrar viejas heridas, y si no hay continuidad al menos reinarán la paz y el perdón (que se lo pregunten a nuestros Héroes del Silencio).

Al margen de un episodio aislado y puramente anecdótico con la voz de Kiske al comienzo de la gira (los que presenciamos a UNISONIC el pasado año sabíamos del potencial actual del dúo Hansen-Kiske), el evento sucedió según lo previsto: el Wizink Center llenó para rendir pleitesía a una de las bandas que más frescura y felicidad aportó al panorama metálico mundial.

El concierto fue una auténtica fiesta en todos sus tramos y apartados, desde el bloque old-school con Hansen a las voces como antaño (sólo por escuchar “Judas” en la voz del ahora venido a Carmen de Mairena ya mereció la pena) hasta los duetos Kiske-Deris (olé por ambos, pero sobre todo por el segundo, que está comiéndose la reunión con una profesionalidad y un buen hacer dignos de admiración), pasando por los clásicos de la era Kiske, los contemporáneos de la era Deris (“Sole Survivor” o “Why?” supieron igualmente a gloria bendita), el sentido homenaje en forma de solo a Ingo, los video-montajes animados o la fiesta de globos calabaceros, como ya digo una Pumpkin-Party que tardaremos una vida en olvidar, y que además se registró para los que no pudieron asistir a la misma.

Coincido en todo lo comentado por mi compadre Laguless (a mí me sobra además el tema “Keeper Of The Seven Keys” y me faltan más “Save Us” y “You Always Walk Alone”, qué le vamos a hacer), pero no comparto eso de que esto vaya a tener excesiva continuidad, no sería justo para la formación que ha mantenido la llama encendida tanto tiempo, ni tampoco creo que los ‘infiltrados’ vayan a estar por la labor indefinidamente (el que tuvo retuvo, en este caso diferencias musicales), ni que en cualquiera de los casos sea demasiado viable el proyecto, aunque sólo el tiempo nos dará la respuesta.

Decía Calderón de la Barca que la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Pero en ocasiones, si se persiguen con el ahínco con que lo ha hecho Kai Hansen, hasta conseguir que Michael Kiske viera suplicando de rodillas al orgulloso de Michael Weikath (desde el cariño), los sueños se materializan, y nos dejan un recuerdo imborrable al resto de los mortales difícilmente narrable en una mísera reseña. Así que lo dicho, haber ido.

Bubbath

GRAHAM BONNET BAND + WURDALAK – Sala 16 Toneladas (Valencia), martes 5 de diciembre de 2017

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Estuvimos dudando hasta (casi) última hora de si acercarnos a ver al mítico vocalista británico Graham Bonnet (Marbles, Rainbow, Michael Schenker Group, Alcatrazz, Impellitteri) a la pequeña pero acogedora sala 16 Toneladas de Valencia, dudas prácticamente infundadas y fruto de meras conjeturas, cuando un personaje de la talla de Bonnet goza de un background que hace palidecer al de cualquier mortal de a pie.

Así que ni cortos ni perezosos, tras una jornada laboral al uso y con un puente por delante del tamaño del de Brooklyn, mi colega Carlos y servidor nos plantamos en los aledaños de la sala para coger fuerzas a base de salteados de salchichas, montaditos de lomo y tortilla española, para unirse a los postres los colegas René Engelaan y Raúl Valero, inmejorable compañía para una velada de cervezas, risas y Rock mayúsculo de alto octanaje.

Bien por Wurdalak, no han inventado nada nuevo ni creo que sea su misión en la vida, pero su Heavy Metal clásico (Stratovarius, Brother Firetribe, Santa) suena creíble y potente, con una base rítmica que sonó muy sólida y gozando de un sonido óptimo en todo momento. La banda descargó una buena representación de sus cinco trabajos, aunque para desdicha de René no recordaron su primera demo, que llevaba en mano para constatar su seguimiento de la banda valenciana. María José (voz) le puso muchas ganas, y el conjunto ganó enteros con la colaboración masculina a las voces de un amigo de la banda (disculpen ustedes que no tenga el dato). Me llamó especialmente la atención Rubén Muñoz (batería), con muy buenas maneras tras los parches, aunque todo el grupo en general estuvo a la altura de las circunstancias. Se les vio muy ilusionados de abrir para una Leyenda y en casa, con lo que creo que tanto ellos como sus seguidores salieron más que satisfechos con el resultado.

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Jack Daniels por aquí y Jägermeister por allá, y Joey Tafolla (Jag Panzer) que ya colocaba sus pedales al punto, todo un maestro de su instrumento. Completan la formación el ex Alcatrazz Jimmy Waldo (teclados), Mark Benquechea (batería) y Beth-Ami Heavenstone (bajista y copulista de Graham, según parece), todo muy bien ensamblado y con un Bonnet liderando como toca con su eterno look de Sonny Crockett, un rara avis del Hard Rock más auténtico y genuino que un bocata de calamares. Si ya era fan del susodicho antes del bolo, tras la descarga me autoproclamo ferviente admirador del amo y señor de las americanas chillonas y las gafas de espejo.

No importa que Bonnet tenga que mirar frecuentemente el set-list anclado al suelo, o que se huela constantemente el pliegue del codo de la camisa (a saber qué sustancia dopante llevaría ahí, si no es que simplemente se secaba el moco), cuando todos y cada uno de los clásicos suenan en tono y con un arranque vocal más propio de un jovenzuelo de veintipocos que de un abuelo que acaricia ya la setentena. Disculpe usted las dudas, Mr. Bonnet, pero es que después de los daños psicológicos de Mr. Halford uno ya no sabe cómo actuar ni qué pensar.

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Del repertorio poco se puede decir, es obvio que estamos hablando de un set-list matador, de un puñado de gemas del ROCK en mayúsculas que todo el mundo debería conocer y amar como al prójimo y como a sí mismo, y si todavía hay gente que no conoce “All Night Long”, “Stand In Line”, “Island In The Sun”, el impresionante “Desert Song”, “Starcarr Lane”, el atmosférico “Eyes Of The World”, el emo-tivo “Hiroshima Mon Amour” o el apoteósico “Lost In Hollywood” debería hacérselo mirar, y si aún queda sobre la faz de la Tierra alguien que no conozca “Since You Been Gone” lo mismo debería plantearse irse a vivir a otro planeta.

Pero hay más. El repertorio es generoso, la gente quiere revolcarse en el fango ya puestos (en todos los sentidos), y para eso tenemos “Too Young To Die, Too Drunk To Live”. “Night Games” suena que atruena, al igual que “God Blessed Video” o “Jet To Jet” (grandes siempre Alcatrazz, una pena que no tuvieran continuidad, en buena parte por su carácter marciano y su notable cambio de registro de la era Malmsteen a la época Vai), o los “Samurai” y “Assault Attack” del disco homónimo de Schenker, al que pusiera las voces magistralmente nuestro querido Graham, con ese timbre suyo barriobajero tan característico.

El grupo sonó en el sitio. Mis mayores temores eran la voz de Bonnet y el empaste de teclas en los temas más delicados (Rainbow / Alcatrazz), pero todo sonó (casi) a la perfección. Uno a uno iban cayendo temas y whiskys, y el sentimiento de fiesta iba en aumento hasta culminar con “Lost In Hollywood” en los bises. Podría estar contando y retozando horas, pero para muestra por ahí ya tenéis unos vídeos, aunque a los que soléis ver los conciertos directamente en Youtube os aviso: no, no es lo mismo. Ni en mil putas vidas.

Así que ya sabéis, a ver a los mitos en vida. Ah, y a comprar sus discos (me comenta el colega René que el último de la Graham Bonnet Band es un trabajo más que competente y con agraciados extras), que al igual que nosotros también necesitan comer, y de Spotify y Youtube poco van a sacar en claro. Nos vemos en la pista, amigos.

Texto y Fotos: Bubbath

Vídeos: Krokus Headhunter