WACKEN OPEN AIR 2018 – Wacken (Alemania), jueves 2, viernes 3 y sábado 4 de Agosto de 2018


cartel

Lo primero que me viene a la mente cuando me pongo a escribir esto es un recuerdo de una conversación en el autobús que nos llevó desde el aeropuerto de Hamburgo hasta el mismo festival el año pasado, que más o menos fue así:

Nosotros (N.): “Es nuestro primer Wacken”

Chico desconocido (C.D.): “¿Ah, sí?, entonces volveréis el año que viene”

N: “Ja, ja, ja, ¡qué va! Vamos a ver qué tal está y ya está”

C.D. “Eso decimos todos la primera vez, pero quien va a Wacken siempre vuelve”.

Y un año después, volvimos…

Así que una vez aterrizamos en el aeropuerto de Hamburgo, cogimos los 2 mochilones, salimos disparados (puto Vueling y sus retrasos) a ver si llegábamos al bus que previamente habíamos reservado para ir al mismo festival. Y justitos, pero llegamos, así que era turno de relajarnos con unas cervezas en el bus y esperar a llegar. El chófer un cachondo que iba amenizando el viaje con gritos de “Wackeeennnn!!!” e interactuando con nosotros, con preguntas tipo “¿A dónde vamos?” con la consabida respuesta.

Una de las novedades de esta edición han sido las entradas. Me refiero a las entradas físicas, pues cuando las recibimos, por mensajería, nos dimos cuenta que en la entrada típica de cartón venía una tarjeta, similar a una tarjeta de banco, pegada. Pues bien, la tarjeta era la entrada real al festival y el cartón únicamente era para guardarlo como recuerdo. La verdad es que la tarjeta, por tamaño, es muchísimo más práctica que el cartón de toda la vida.

Pero no solo dicha tarjeta servía para entrar, también la organización puso un sistema de pago llamado Cashless, en el que podías meter saldo y con dicha tarjeta poder ir pagando en los distintos sitios del festival como en el mercadillo, stands de comida, cafetería y por supuesto los puestos de bebida. Por tanto se podía pagar tanto con dinero como con la tarjeta. A pesar de no utilizarlo, lo vi bastante útil, de esta forma te evitas llevar dinero en efectivo encima. Y en cualquier momento podías conocer el saldo restante vía internet o cada vez que pagabas el lector te lo daba.

Así que una vez entramos, elegimos acampar en la misma zona donde estábamos el año pasado, pues disponíamos de todas las comodidades a mano, así que ¿para qué cambiar? Este año como novedad a esa zona la llamaron World Metal Camp, y se trataba de ubicar a la gente del mismo país en parcelas, pero esto era demasiado utópico, ya que podías acampar donde querías, de hecho, nosotros acampados en la zona de Ukrania. Nuestros vecinos de este año, una chica alemana y mexicanos, un montón de mexicanos. Por cierto, en la parcela de al lado, de Bélgica, no había absolutamente nadie.

Enviados Espesiales

Al empezar a montar la tienda, nos interrumpieron unos tipos de la Deutsche Welle TV, que querían hacernos una entrevista sobre nuestra llegada y el festival, así que nos hicieron la entrevista y terminamos de montar la tienda, e inmediatamente fuimos a que nos pusieran la pulsera y nos dieran la Full Metal Bag. No voy a entrar en descripciones detalladas, ya que el contenido de la Full Metal Bag era prácticamente el mismo que el año pasado, añadiendo una salchicha llamada “Wacken Wurst”, así que si quereis, podeis echar un vistazo a la reseña del pasado año. Tampoco describiré la zona de conciertos, ni camping, pues también está todo reseñado en la crónica del año pasado.

Como contraste a la edición del pasado año, la climatología ha sido sol, calor y más sol y más calor. Los verdes campos no eran tan verdes y en muchas ocasiones dentro del festival se levantaba demasiado polvo, había mucha gente que optó por comprarse una mascarilla. Aun así varios tractores con cubas de agua regaban las entradas al festival y el Infield cada mañana. Desde luego, yo si tengo que elegir prefiero el barro al polvo, o lo que es lo mismo, Rain a Shine. Lo peor era que a diario alrededor de las 8:00 de la mañana ya no podías estar dentro de la tienda de campaña por el calor que hacía, el efecto horno era considerable, así que optabas por salir o cocerte, no quedaba otra. ¿No decían que Alemania era un país frío?

Así que una vez con la pulsera y la Full Metal Bag en la espalda, salimos a dar la vuelta de rigor por el pueblo y a cenar con los tíos de Silvia. En el pueblo se respira puro Heavy Metal, los vecinos hacen su agosto en sus casas montando bares, tiendas y discotecas. La calle principal está cerrada al tráfico y por ahí es por donde deambulamos los miles de Metalheads. También se puede ver gente con un cartel interesados en comprar entradas. Para esta edición el sold out se llevó a cabo a mediados de Julio.

nuestra tienda y camping

Nos fuimos más o menos pronto a la tienda, pues estábamos agotados y como he dicho anteriormente a las 8:00 ya estábamos dando tumbos por ahí.

Jueves 2 de Agosto 

Después de una duchita y desayunar hicimos nuestra primera incursión en el Festival, ojeando el mercadillo, haciéndonos fotos con las estatuas de nuestros ídolos que habían por ahí y ojeando que prácticamente todo era similar al año pasado.

METAL YOGA

Este año empezamos a saco y a degüello con el Metal Yoga, ya que el año pasado lo descubrimos el último día y nos pareció muy original. La ubicación fue algo distinta, ya que esta vez la carpa era más pequeña y no tenía suelo, esto es, que pisabas tierra-hierba. Que fue todo un error, ya que cuando empezabas a corretear o saltar se levantaba un polvo que hacía dificultar la respiración.

Aun así aguantamos la hora de cardio al son de Slayer, Judas, Carcass, Dio o Gorgoroth; la verdad es que está bastante bien, y había mucha gente. A ello se añade que la monitora, Saskia, lo hace ameno, entretenido y sobre todo divertido. Lo malo, como he dicho antes, la polvadera que se montaba en ciertas partes. Supongo que la organización habrá tomado buena nota.

Metal Yoga

Llegamos al Infield cuando Vince Neil estaba acabando su descarga, así que pude ver las 2 últimas canciones, “Girls, Girls, Girls” y “Wild Side”, bueno, bien, pero no me gustó nada la voz. Así que ya era turno del bajito cantante alemán en el escenario Faster. 

DIRKSCHNEIDER

Sin duda, no hay que poner ningún pero a su actuación, a pesar del calor UDO lo dio todo, se lo curró como ninguno y sudó la gota gorda, a ritmo de clásico tras clásico de Accept.

En la guitarra había una novedad, se trataba del ex batería de Accept Stefan Kaufmann, que ya había tocado anteriormente con Udo.

Dirkschneider arbamboy

Sin duda me quedo con una inesperada “Love Child” y con los clasicazos “Son of a Bitch”, “I’m a Rebel”, “Restless and Wild” o “Metal Heart”. Creo que Wacken fue el último o de los últimos shows que dio como Dirkschneider, pues ahora mismo está a punto de sacar un nuevo disco como UDO. Así que me siento agraciado de haber podido ver este proyecto un par de veces.

Set-List:

The Beast Inside

Aiming High

Midnight Mover

Living for Tonite

Princess of the Dawn

Restless & Wild

Son of a Bitch

London Leatherboys

Up to the Limit

Breaker

Scriaming for a Love-Bite

Love Child

Russian Roulette

Metal Heart

Fast as a Shark

I’m a Rebel

Balls to the Wall

 

Al finalizar la banda tenía un Meet & Greet con quien quisiera, así que guardamos la cola de rigor y pude tener una muy breve charla con uno de mis ídolos de juventud. Le hice saber que crecí con su música y nos hicimos una foto. Mira que nunca he sido del fenómeno fan, pero poder tener esos segundos de encuentro con UDO (y su banda) me supo a gloria.

Visions of Atlantis un coño...

Nos acercamos al Wackinger Stage a ver algo de la actuación de VISIONS OF ATLANTIS, la verdad es que conocí a su cantante Clémentine Delauney gracias al disco en solitario de Kai Hansen, en el cual pude apreciar su voz prodigiosa. Pero el grupo en sí no me dijo mucho, un metal sinfónico con vocalista tipo Tarja de los que a mí me cansan, dos o tres canciones las aguanto, pero más se me hacen cuesta arriba.

Clémentine repetiría luego con EXIT EDEN en el mismo escenario, pero ya no nos quedamos.

JUDAS PRIEST

Eran el plato fuerte del jueves, y la verdad es que tenía las expectativas muy bajas y muchísimas dudas con el concierto que pudieran dar, sobre todo por el estado vocal de Halford.

Así que tras sonar desde la mesa el “War Pigs”, hizo su aparición el Metal God para hacerme callar la boca con el cañonazo que abre el último disco de la banda “Firepower”.

El estado de Halford era más que bueno, así que nada que reprochar a la descarga de Judas. Sonaron del último disco, aparte de “Firepower”, la épica “Rising from Ruins”, que fue una de las que más me gustaron, y “Lightning Strike”, mezcladas con temas no tan esperados pero muy bien recibidos como fueron “Sinner”, “Tyrant”, un aún menos esperado “Saints in Hell” y una preciosa “Night Comes Down”.

Y por supuesto los grandes éxitos de la banda, “You’ve got Another Thing Coming”, “Painkiller” con un Halford saliendo del paso como pudo, y con la aparición emotiva de Tipton en los bises, tocando “Metal Gods”, “Breaking the Law” y “Living After Midnight”.

La verdad es que dieron un gran concierto, pero me fui con la sensación de que les faltaba algo que no sabría definir. Seguramente sea la imagen icónica que tengo de K.K. Downing y Glenn Tipton y esas típicas poses. Con ello no estoy menospreciando a los guitarristas actuales, pero obviamente, no es lo mismo.

Mención aparte el bueno de Ian Hill, me encantó cómo sonó el bajo durante toda la actuación. Y como viene siendo habitual sin moverse de su baldosín.

Set-List:

Firepower

Grinder

Sinner

The Ripper

Lightning Strike

Bloodstone

Saints in Hell

Turbo Lover

Prelude/Tyrant

Night Comes Down

Freewheel Burning

Guardians/Rising From Ruins

You’ve Got Another Thing Comin’

Hell Bent for Leather

Metal Gods

Breaking the Law

Living After Midnight

 

Viernes 3 de Agosto 

El primer grupo que quería ver era Cannibal Corpse, pero me lo salté, eso de que los pongan a las 12:15 con la que caía podía haber sido un infierno; ídem con Amorphis, en este caso a las 13:25. Así que a una hora ya decente fuimos a ver la descarga de nuestra Metal Queen Doro, quien por cierto, tocó en la iglesia del pueblo el miércoles.

DORO 

Doro hizo una actuación bastante especial, llena de colaboraciones y dedicando gran parte del setlist a su época en Warlock.

Fue un concierto lleno de energía, pues al abrir con “I Rule the Ruins” y “Burning The Witches” sin tregua, ya hacía presagiar la que se nos avecinaba.

Dorotea

Andy Scott y Peter Lincoln de The Sweet fueron los primeros invitados a subirse al escenario para marcarse uno de sus éxitos, “The Ballroom Blitz”, con Doro cantándola y por supuesto coreada por todo Wacken. El rescatado Tommy Bolan hizo su aparición para tocar más temas de Warlock, en especial tengo que mencionar el sentimiento de la balada “Für Immer”, donde la Metal Queen nos hizo corear una parte de la canción.

El cantante de Amon Amarth también subió a escena para interpretar junto a Doro una canción de su banda. Doro también nos anticipó un par de temas de su nuevo disco de inminente salida. Me gustó especialmente “All for Metal”, muy pegadiza. Obviamente también sonó el “All we Are”, y acabó el concierto con una versión del “Breaking The Law”. Gran show de la alemana, con un muy buen estado vocal.

Al finalizar el concierto, la organización le hizo entrega de un premio por su dedicación al Heavy Metal.

Set-List:

I Rule the Ruins

Burning the Witches

Raise Your Fist in the Air

The Ballroom Blitz

East Meets West

Für Immer

Earthshaker Rock

If I Can’t Have You, No One Will

A Dream that Cannot Be

Hellbound

Drum Solo

All for Metal

Wacken Hymne (We Are The Metalheads)

All We Are

Breaking the Law

 

Vimos sentados algo de la actuación de Nightwish con algún que otro tema de la época Tarja, pero sigo sin verle la gracia ni a ella ni a Nightwish.

RUNNING WILD 

Sin duda era para mí la banda esperada, dado que nunca les había visto en directo. La verdad es que se prodigan bastante poco y este concierto de Wacken era el único programado para 2018.

Y ahí salieron Rock’n’Rolf y sus secuaces a darlo todo con “Fistful of Dynamite”, con un sonido perfecto y acabando el tema con un cañonazo que hizo saltar hacia atrás al chico que tenía a mi lado y con más de uno asustado, juntándola con “Bad to the Bone”. Rock’n’Rolf nos dijo que se cumplían 30 años de aquel discazo llamado “Port Royal”, del cual cayeron tres temas, “Uaschitschun”, un colosal “Ragin Fire” y el tema que da título al disco, “Port Royal”.

Running Wild

Momentos álgidos, pues yo me quedo con “Riding the Storm” y por supuesto con “Under Jolly Roger”, que fue una auténtica fiesta. Un tema sorpresa para mí fue “Metalhead” del aquel ya lejano “Masquerade”. También aprovecharon para presentarnos una canción de su nuevo disco, el tema se llama “Stargazer” y me gustó. Suena a puro Running Wild y creo recordar una parte intermedia a medio tiempo con las guitarras doblando muy buena.

Running Wild no escatimaron en pirotecnia, vestuario pirata y por supuesto explosiones y cañonazos por doquier. Me sorprendió ver a gente asustándose por los cañonazos. Han sido las explosiones más altas y brutas que he escuchado en un concierto.

Running Wild02

Set-List:

Fistful of Dynamite

Bad to the Bone

Rapid Foray

Uaschitschun

Riding the Storm

Port Royal

Drum Solo

Metalhead

Blazon Stone

Raging Fire

Stargazer

Lonewolf

Under Jolly Roger

Soulless

Stick to Your Guns

 

Era turno de In Flames, aprovechamos para cenar y verlos relajadamente sentados, la verdad es que el inicio de la actuación prometía, pero a medida que iba avanzando el concierto acabamos hartos. En una de estas me fui al escenario Louder y allí me encontré casualmente con el concierto de Otto & The Friesenjungs. Para el que no lo sepa, Otto es un conocido humorista alemán, que tiene también la mencionada banda dedicada a hacer versiones, con otras letras (en alemán) de clásicos del rock. “Highway to Hell” creo recordar que estaba tocando. Tenía al público en el bolsillo y se notaba que absolutamente todos lo estaban pasando bien.

GHOST 

Nada más y nada menos que a la 01:45 de la noche nos pusieron a Ghost. A mi juicio un horario muy tarde para uno de los cabezas de cartel.

Al igual que en su último disco, la intro “Ashes” dio paso a “Rats”. Noté el bombo muy por encima del resto de los instrumentos, problema que se solventó rápidamente.

He de decir que Ghost han mejorado muchísimo la faceta de directo, llegué a contar 7 Nameless Ghouls en el escenario, con lo cual llevan menos pregrabaciones y suena muchísimo mejor.

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También he de destacar a Cardinal Copia, pues ha mejorado mucho la forma de cantar de los Papas antecesores (Que sí! Que sé que se trata del mismo personaje!), pero es cierto que Tobias ha mejorado mucho vocalmente.

Tenía muchas ganas de escuchar en directo las canciones de Prequelle, y para mí los momentazos del concierto fueron con “Dance Macabre” y la instrumental “Miasma”, con la aparición del Papa Nihil con gafas de sol al saxo. Vaya ovación se llevó el Papa! Otros momentos estelares fue con “He Is” y por supuesto “Year Zero”, llenando el escenario de fuego.

Gran concierto de Ghost, ha sido musicalmente el mejor que he visto de ellos, pues como he dicho antes, han mejorado mucho el directo. Por poner una pega, una pena que no tocasen “Pro Memoria”.

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También quiero confesar que me declaro fan de Cardinal Copia, sus movimientos y bailoteos en el escenario son de lo más grande. Supongo que Cardinal Copia es lo más parecido a lo que en realidad es Tobias Forge. También es cierto que aquí vimos al público más joven del festival.

Y tras Ghost vuelta a la tienda a dormir.

Set-List:

Ashes

Rats

Absolution

Ritual

From the Pinnacle to the Pit

Faith

Cirice

Miasma

Year Zero

Spöksonat/He Is

Mummy Dust

Dance Macabre

Square Hammer

Monstrance Clock

 

Sábado 4 de Agosto 

Y llegó la última jornada del festival. Después de desayunar nos acercamos al Metal Yoga, pero sólo con la intención de ver y no de participar. Así que estuvimos un rato viendo como la gente sudaba la gota gorda en compañía de canciones de Maiden, Motörhead, Dying Fetus, Obituary…

Metal Yoga01

Posteriormente nos pasamos por una de las novedades del festival, la carpa ESL Arena, que se trataba de una gran carpa donde podías jugar a videojuegos en PS4 y a juegos de PC conectados en red. También había unas tumbonas muy molonas donde podías descansar y relajarte, la verdad es que de haberlas descubierto antes quizá las hubiéramos aprovechado más veces. Por mi parte no dejé pasar la oportunidad de jugar una partidita al FIFA 2018. Y tras agenciarnos unos deliciosos cacahuetes con miel, nos dimos una última vuelta por el mercadillo para ultimar compras.

ESL putos frikis viciaos

También en la zona Wackinger vimos cómo enseñaban a unos cuantos a luchar con espada, era curioso ver realizar los movimientos con la espada en mano y cómo prepararte para un combate.

La verdad es que si no te gusta ningún grupo de los que están tocando, o bien quieres desconectar un poco, en Wacken puedes hacer bastantes actividades.

VOLTER 

Tenía marcada la actuación de Bömbers, banda del polifacético Abbath de versiones de Motörhead, pero esa misma mañana se cayó del cartel. La rumorología cuenta que el pedal de Abbath era considerable y así no podía salir. Ya digo, rumores que oí en el mismo festival.

Volter

La organización sustituyó rápidamente a Bömbers por Volter, una banda más o menos de la zona también de versiones de Motorhead. Y lo hicieron francamente bien, se notaba que eran un grupo que no tenía nada que ver con los profesionales y eso se notó en la cercanía y en la cara de alegría que llevaban. El concierto, pues obviamente todo clásicos de Motörhead, de la que destaco una genial “Rock’n’Roll”. A destacar también su cantante con una voz muy similar al fallecido Lemmy.

HELLOWEEN 

2 horas y media de show era lo que tenían los reunidos Helloween. El concierto fue muy intenso, abriendo con “Halloween” cantada por las voces de Kiske y Deris. El concierto fue muy similar al reseñado en Diciembre en Madrid. Sigo preguntándome qué hacen “Are You Metal?” y “Rise And Fall” en el set-list.

Lo mejor del concierto, pues para mí fue de nuevo el medley de Kai Hansen “Starlight/Ride The Sky/Judas”, que salió a hacer el medley con una gorra, pero también obviamente temazos como el baladón “A Tale That Wasn’t Right”, con un gran Kiske a las voces, aunque nada le tiene que envidiar Deris, que se marcó un “If I Could Fly” memorable. “How Many Tears” también me gustó por la interacción de los cantantes. Y cómo no, la emotividad en el solo de batería con el homenaje que la actual formación le dedica a Ingo.

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Me gustó que tocasen la nueva canción “Pumpkings United”, de la que he de decir que en directo gana muchísimo. La gente la coreó como si fuese un clásico más.

Y obviamente, el éxtasis llegó en el final con “Future World” y el himno “I Want Out”, donde volaron globos calabazas por nuestras cabezas. Aunque en realidad prácticamente toda la actuación estuvo marcada por la gente que pasó haciendo Crowd Surfing sobre nuestras cabezas. Hasta hubo momentos de stress en los que tenías que estar alerta, menos mal que entre los que estábamos cerca nos íbamos avisando.

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Sin duda esta gira de Helloween es una de las que hay que ver sí o sí. Tanto Deris como Kiske están a un nivel altísimo y se compenetran a la perfección. Y Kai esta vez mucho más discreto en su imagen que en Madrid, sin maquillaje, coloretes, ni mechón rojo. Mucho mejor, Kai.

Set-List:

Halloween

Dr. Stein

I’m Alive

Are You Metal?

Perfect Gentleman

Starlight/Ride the Sky/Judas

Heavy Metal (Is the Law)

A Tale That Wasn’t Right

If I Could Fly

Pumpkins United

Drum Solo – Ingo Tribute

Livin’Ain’t No Crime

A Little Time

Why?

Rise and Fall

Sole Survivor

Power

How Many Tears

Eagle Fly Free

Keeper of the Seven Keys

Future World

I Want Out

 

Y aquí se acabó Wacken, al día siguiente a desmontar la tienda de campaña y a tomarnos 3 días de auténtico relax.

Como nota negativa del festival, me gustaría decir que la cerveza es bastante floja, y es que parece mentira que estando en Alemania la cerveza del festival sea la Beck’s. Ya digo, por hacer una comparativa, es como si en un festival español únicamente pudieras beber Cruzcampo. Afortunadamente encontramos un stand donde vendían Coronita, que a pesar de no ser tampoco de mis favoritas, la prefiero a la Beck’s.

Es un lujo y placer poder ver y sobre todo escuchar conciertos en este festival, la calidad de sonido es altísima, al igual que el juego de luces que hay sobre todo en los escenarios Louder y Faster, sólo por eso merece la pena el dinero que vale la entrada. La diferencia con los festivales españoles sigue siendo muy grande en ese aspecto.

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Y para el año que viene ya han hecho Sold Out, la gente se ha vuelto loca por el XXX aniversario de Wacken. Si la salud y las circunstancias lo permiten, allí estaremos para contarlo.

See U in Wacken Rain or Shine!!!!!!

Laguless

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MAD COOL FESTIVAL 2018 – Recinto Ferial IFEMA Valdebebas (Madrid), jueves 12, viernes 13 y sábado 14 de julio de 2018

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Jueves 12

Voy a empezar esta reseña de una forma algo distinta a lo que normalmente hago, y lo haré en plan editorial; sí, como los diarios o los noticieros. Lo que vivimos en persona tanto yo como mi compañero J. A. Puerta, exactamente el jueves, es para reflexionar muy seriamente. Un festival de música no es llenarlo de un cartel de grupazos y gastarse un dineral en ellos; el acondicionamiento del terreno, tanto para que el grupo toque en unas buenas condiciones – cosa que pasó, ya que lo mejor del Mad Cool fue el sonido de los shows – y, lo más importante, que los que pagamos – y no poco por el abono – estemos cómodos para poder ver a esos grandes grupos.

La cosa se nos complicó ya en los aledaños del recinto con un gran atasco, que nos costó una barbaridad aparcar el coche; la poca señalización e información por parte de unos operarios con identificación algo confusa, donde algunos parecían que habían salido de un garito de Argüelles de empalme. Ahí teníamos dudas de si nos iban a cuidar el coche o teníamos que llegar a casa como los Picapiedra porque nos encontraríamos al vehículo sin ruedas. Al dejar el coche nos fuimos adentro, pero para nuestra sorpresa había ya una parroquia de gente esperando ante un puesto que parecía de control. El tiempo pasaba y la gente se ponía a caldearse y no sólo por el calorcito que hacía, un julio seis de la tarde en los madriles; algunos llevaban una horita esperando sin que los de seguridad les dieran una explicación. Gritos de ‘fuera’, ‘ladrones’, ‘hijos de puta’ y otro vocabulario digno del repertorio de Reverte era lo que estaba oyendo, en vez de a los Toundra, que era unos de los primeros grupos que quería escuchar en esta jornada. Como anécdota, un tío con una camiseta amarilla del “Don´t break the oath” me alegró la espera entre el numeroso grupo de gente que estábamos esperando. El tiempo seguía pasando, la gente se encendía, cosas de la calor – ya sabéis -, las vallas de protección fuera y al suelo; gente colándose y corriendo hacia la supuesta entrada del festi, la policía detrás de ellos, esto parecía un video de los Rage Against the machine, la cosa se ponía más negra que el sobaco de Mbappé. Nosotros, al ver el percal, buscamos otra alternativa y otra entrada algo menos caótica. En el camino había gente llorando, con ataques de ansiedad, acojonada y con miedo de lo que acababa de ver; yo pensando – ¿dónde coño estoy, en un festival o un escape room? -. Llegamos a una entrada principal donde pudimos avanzar poco a poco. Al final, entramos después de más de 2 horas de zozobra.

Yo, como amante de la música – que no es que sepa, ojo -, pongo el grito en el cielo o la mayúscula en las redes sobre esto. Jode mucho que para ver un grupo que me encanta tenga que pasar por el aro de los festis, aunque esto ya es otro tema, pero ya que se va, al menos estar a gusto y, sobre todo, seguro. Lo del jueves del Mad Cool ha sido de las jornadas más chungas que he vivido en un evento musical y mucho, mucho, tiene que mejorar para 2019. Primero, el accidente del malabarista del año pasado y este año, esto. No sé quién narices lleva el timón del barco, pero esto huele a Titanic por todos lados si no toman medidas.

Saints In Hell

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Comenzar esta crónica hablando del cúmulo de problemas organizativos que rodearon especialmente el arranque del festival sería redundante. Tan sólo me limitaré a confirmar la hora de espera del acceso al parking oficial, lo cual era de prever (hablamos de Madrid, de un evento celebrado en día laborable y de una zona ya de por sí saturada a diario por servir de recinto ferial y ubicar sedes de unas cuantas multinacionales), y las dos adicionales de entrada que son vox populi. A Toundra los daba por perdidos (entre la logística y el horario infantil con el que les tocó lidiar, era misión imposible) y a Porches por incompatibles (los exclusivistas sabrán disculpar nuestra filosofía de rebaño), de modo que el único descarte inesperado fue el de TAME IMPALA. No obstante, se trató de un descarte parcial – más concretamente, visual – ya que pudimos escuchar a Kevin Parker y los suyos con una nitidez sorprendente durante el tiempo que nos llevó hacernos con un bocado que apaciguara nuestros estómagos durante las siguientes cuatro horas y conseguir un hueco en la periferia del anillo VIP de cara al plato fuerte del jueves. Interpretaron la mitad de “Currents” con absoluta precisión, por lo que saciaron el hambre y la curiosidad de catar en su gira “Let it happen”, “Yes I’m changing”, “Nangs” o “Eventually”, aun en tiempo de descuento.

La inquietud provocada por el estado de la garganta de Vedder después del susto en Londres semanas antes quedó acallada tan pronto comenzó a entonar “Release”, que, sin apenas percatarnos, acabó con todo el mundo vaciando sus pulmones en el crescendo final. El reloj no pasaba de los cinco minutos y PEARL JAM habían logrado ponernos los pelos de punta, agarrarnos al inseparable compañero de fatigas y dedicar el primer recuerdo para quien (los de) Seattle siempre ha(n) tenido un significado más hondo de lo estrictamente musical. Sin respiro ni aliento para cazar la primera estrofa, “Elderly woman behind the counter in a small town” fue como un viaje veinticuatro años atrás, subido en un tren destino a cualquier lugar lejos del pueblo que te vio crecer mientras tarareabas ‘hearts and thoughts they fade, fade away…’ y “Vs.” se convertía de repente en el disco que daba sentido a otro pedazo de tu vida. Tanta emoción agolpada respondía a varias razones: las expectativas positivas creadas por las críticas del concierto de Barcelona de hacía cuarenta y ocho horas; el largo lapso que los separaba de venidas previas a la capital y la expectación correspondiente, tal como ocurrió con Foo Fighters en la edición del año pasado; y la presencia de una nueva generación que tenía delante de sus ojos a unas leyendas vivas del estereotipado grunge (aquí es donde reluce el morbo de que Eddie no haya seguido la suerte de los malogrados Cobain, Staley, Weiland y Cornell) y que ni siquiera había nacido cuando “Ten” vio la luz. “Given to fly” trajo los aires estivales de la zeppeliana “Going to California” y “Lukin”, un minuto de rabia fugaz condensada y el recordatorio de la aleatoriedad de repertorio por la que se distinguen. Vienen permutando constantemente la mitad de aquél (de un mínimo de dos horas y veintipico temas, ojo!), donde hay cabida para material de toda clase: propio, versiones y aventuras en solitario. Por ello, que rescaten la delicadeza de “Just breathe”, nos hagan partícipes de “Lightning bolt” con la homónima y “Sirens” o sacudan el polvo de la estantería de caras-b con “State of love and trust” es un placer y rara avis dentro de su estatus. Podré quejarme de quedarme sin “Brain of J”, “Love boat captain” o “The fixer”, pero tenían idéntica probabilidad (las han interpretado a lo largo del tour, de hecho). Con Iron Maiden ese mismo sábado en el Metropolitano o hace quince años en otro lugar del planeta simplemente no hubiese ocurrido.

Lógicamente fue Vedder quien acaparó las miradas. Consciente de ello, exageró su colección de muecas y poses: el parpadeo incesante entre incrédulo e indignado, los ojos cerrados encomendándose al infinito, la sonrisa cómplice con su público, el pavoneo de amistades cinematográficas (Bardem y Tosar) y recitales de notas en castellano balbuceante (viva el vino!), el paseo triunfal entre las vallas frontales o el abrazo pretendidamente sincero y redentor con el fan que le extendió sus brazos. Ament y McCready se ocuparon de animar el lado izquierdo con actitud desenfadada; el segundo mostró sus respetos a Eddie Van Halen con un “Eruption” muy fiel (un par de semanas antes en Roma hizo las veces de Ace Frehley interpretando “Black diamond” de Kiss junto a Cameron en el papel de Peter Criss). En el derecho, a Stone Gossard se le notó acusar más el efecto de la edad. Detrás, Matt Cameron empujaba al resto con su estilo efectivo-ortopédico (¿se encorva alguna vez?) y ponía el toque nostálgico (éste, silencioso y exento de morbo) ante la ahora eterna ausencia de Soundgarden.

Más allá de los momentos épicos (inolvidables “Jeremy”, “Alive” y “Black”, aunque esta última te sorprenda reponiendo líquidos en la barra y acabes chocando manos en el estribillo con el espontáneo de turno), los escarceos rockeros (alargaron “Porch” en una jam clásica que nos cogió desprevenidos), la falta de una excusa promocional (“Can’t deny me” fue la avanzadilla de un nuevo disco que no llega) y la calidad del visionado a través de las pantallas laterales (estilo retro en blanco y negro y definición perfecta, parecía la emisión de un DVD oficial en streaming), el grupo se encuentra claramente en estado de gracia. De no ser por la descarga de Reznor & Co., se hubiesen despedido de Madrid con “Rockin’ in the free world” como triunfadores.

Del poso de sobriedad, trascendencia y madurez que dejaron Pearl Jam al puro hedonismo Gallagher, KASABIAN congregaron a miles de compatriotas con ganas de fiesta y hits, algo de lo que los británicos andan sobrados. En un ambiente juvenil plagado de camisetas del Leicester F.C. y regado por las cervezas que sobrevolaban (y aterrizaban sobre) nuestras cabezas, Meighan y Pizzorno se erigieron en maestros de ceremonias de un show muy compensado, donde sólo “Velociraptor!” no encontró espacio. Aparcaron en el guardarropa sus habituales estilismos estrafalarios (el del último festival de la Isla de Wight no tiene precio) y desplegaron todo su arsenal: el pop factoría Blur de “Empire” y el Dinarama en modo british siglo XXI de “You’re in love with a psycho” (hasta el título llega el parecido); el rock surfero-facilón a lo Ramones de “Bless this acid house” y el catártico a lo Doors de “Fire”; la psicodelia de “Vlad the impaler”; la electrónica de “Treat” (donde Serge se pone a los mandos con su dance extravagante); y el karaoke hímnico-fraternal de “eez-eh” o “Comeback kid”. Concisos, ya que en formato plegado se vieron obligados a dejar en el tintero números como “Re-wired”, “Days are forgotten” o “Shoot the runner”, cumplieron correctamente con el guión previsto, el cual los relegaba a segundones circunstancialmente esa noche.

J. A. Puerta

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Viernes 13

La prensa se hizo eco del caos del jueves, las redes sociales fueron un bombardeo constante de críticas e indignación. No era para menos. Lo que pasó ayer fue algo muy serio como hemos comentado anteriormente. Encima “viernes 13”, si la cosa no mejoraba, esto podía convertirse en la famosa saga Slasher del colega Jason. Eso me hizo que “madrugara” para entrar. Al salir del metro de Feria de Madrid ya había una cola considerable; más de uno pensó como yo. Afortunadamente la entrada fue más controlada y tardé poco tiempo en pasar al recinto principal. Aproveché la tranquilidad para verlo más cómodamente y sin agobios. Incluso había una zona de fuentes de agua de las que podías beber gratis cerca de una barra (!!).

REAL STATE

Comencé la jornada con los de New Jersey: rock indie bastante tranquilo, luminoso y adecuado para empezar el día con calma. Contentos de venir a España, según oí, era la primera vez que pisaban nuestro país. Tocaron a lo largo de una hora un set donde el protagonista principal fue su último trabajo, “In mind”, sacado el año pasado con temas como “Stained glass” o ”Same sun”. También nos obsequiaron con tres temas nuevos. Abandoné un poco la sobriedad para ver, para mí, a uno de los platos fuertes de la jornada.

AT THE DRIVE-IN

Cuando ves un pie de micro volando en el escenario, es muy buena señal. Y es que desde que empezó el primer tema del show, “Arcarsenal”, que abre el álbum “Relationship on Command”, Cedric Bixler-Zavala irrumpió en el escenario como el caballo de la portada del mismo disco: desbocado, hipermotivado y fuera de control. Esa energía contagió a un público que tenía muchas ganas de ver a los Del Paso ya que, debido a los proyectos paralelos que llevan entre ellos, verlos sobre las tablas no es algo muy usual y mucho menos por estos lares. El que no puso mucho entusiasmo es un Omar Rodríguez que estaba más en un plan de cumplir el expediente que disfrutar de la experiencia. ¿Nuevo disco de The Mars Volta a la vista? “In.ter a.li.a”, su nuevo disco en 17 años, tuvo presencia con 4 temas. Cerraron con la inevitable y celebérrima “One armed scissor”, donde ya el público empezó a darlo todo. Buen e intenso bolo.

MARMOZETS / GOAT GIRL /  MORGAN

Uno de los problemas de los festivales masivos, y que para mí en parte tiene cierto encanto y gracia, son los solapamientos entre tantos artistas debido a la magnitud y la diversidad que quiere ofrecer un evento de este calibre. A mitad de la tarde un servidor se hizo un triplete que ni en los tiempos de Guardiola. Ese trío tiene una cosa en común: tres féminas lideran y son los caracteres principales de dichas propuestas, tan diversas como atractivas. Vamos al lío:

Marmozets: Los de Bingley comenzaron con “Play”, enérgica propuesta guitarrera con retazos poperos de su nuevo disco “Knowing What You Know Now”, sacado este año y donde Becca Macintyre es la que lleva la batuta y el tempo en el escenario. La británica derrochaba carisma y unos registros muy variopintos, de los melódicos a sonidos más intensos, donde “Particle” es un buen ejemplo que puede reflejar el abanico de tonos que posee una front-woman y un grupo muy a tener en cuenta. Y luego tengo que oír que ahora no se hace música interesante… en fin. Abandoné el escenario “Madrid Radio Station” para ver otro grupo por el que tenía bastante curiosidad.

Goat Girl: Cambiamos de grupo, pero no de país. Las del sur de Londres, a pesar de su juventud, tienen un sonido con un aroma muy noventero, toques algo fronterizos en el sonido y la voz de Lottie, que parece ha viajado en el tiempo desde los 90 hasta ahora. La propuesta ha bajado de revoluciones con respecto al concierto anterior, pero temas como “Cracker droll” o “The man”, de su único trabajo llamado como la misma banda, son una buena propuesta country/alternativa/ punk.

Morgan: Todos los años se mete de rondón en nuestro país por parte de la prensa musical de corte indie o alternativo una nueva sensación. Morgan, junto con Rosalía, son los dos que tendrían el puesto de la revelación de 2018: la catalana Rosalía, modernizando el flamenco; los madrileños Morgan, llevando su sonido por tierra del country, el bluegrass y el soul. Carolina de Juan, piano en ristre y una voz de lo mejor que está pisando el circuito español en cuanto a grupos actuales, es la que lidera una banda que suena como un cañón. Es graciosa la emoción que llegó a tener Carolina a la hora de presentarse ante bastante público con ganas de ver a unas de las sensaciones de la música patria actual. Los canales estatales están radiando constantemente “Another road (Gettin´ ready)”, un tema con un toque muy discotequero setentas. Espero que les vaya bien y les vea otras veces en unas condiciones más cómodas. Son una bandaza y, además, de aquí.

JACK WHITE

No conecté para nada con uno de los platos principales del viernes y la actuación del ex-White Stripes me dejó muy indiferente. No es que hiciera mal concierto, mucha de su parroquia salió bastante contenta y el señor Jack estaba en el escenario receptivo, en el aspecto escénico competente y tiró bastante de clásicos. Ocho temas de White Stripes cayeron en el set list – ojo al dato -, cuando de su último y más reciente álbum “Boarding house reach” sólo estuvieron cuatro, obra que, por lo que he leído por ahí, ha tenido un veredicto bastante frío por parte de los fans del gringo. Aun así, no me entró, lo siento. Terminó con el mega hit “Seven nation army”, donde bailaron hasta las piedras del suelo. Hasta luego Lucas… digo, Jack.

ALICE IN CHAINS

Estaría algo feo que estuviera en dos festivales donde Arctic Monkeys han sido cabezas de cartel de relumbrón, tanto éste como el Primavera Sound, y no viera un mísero tema de una de las sensaciones de la música rock de esta década. Aunque recientemente ya vi un show de uno de los proyectos paralelos estrellas del alma mater de los monos, Alex Turner, como muchos sabéis, The Last Shadow Puppets, hice tiempo y vi dos temas: “Four out of five”, donde los Arctic siguen en territorios lounge y más calmados que los Shadow y que a la chavalada – la de gente joven que mueve esta banda es increíble – no le hace nada de gracia; y, acto seguido, arreglaron el desaguisado con “Brainstorm”, demostrando por que son ellos los que mandan en el cotarro el viernes. Me quedaría a verlos, pero tengo un deber con mi juventud.

Raudo y veloz me fui a coger sitio y presentar mis respetos a uno de los grupos que han sido y serán claves en la banda sonora de mi vida. Afortunadamente encontré un sitio cerca del escenario y vi el show relativamente cómodo. Empezaron con “Check my brain”, uno de los temazos del debut de William DuVall en la voz. Los temas de la etapa de DuVall han venido para quedarse y están en sintonía con los de la época de Layne. Acto seguido vino uno de los sorpresones de la noche, nada menos que “Again”, del disco de la portada del chucho. A pesar de que el sonido no era lo bueno que uno deseaba, disfruté mucho del momento. DuVall no estaba tan fino como la última vez que lo vi en la Razz 1 en la gira del “Black gives way to blue”, aunque Jerry Cantrell, con una vestimenta hippie algo rocambolesca, sí que dio la talla. Con “Them Bones” llegó la locura y el momento karaoke, donde un montón de gargantas gritábamos ´I feel so alone / Gonna end up a big ole pile a them bones´. Siguieron con el “Dirt” y nos fusilaron con la maravillosa “Dam that river” y volvieron a la actualidad con “Hollow”, otro de los temas insignia de la nueva etapa.

La dupla “Nutshell” y “No excuses” del maravilloso experimento acústico “Jar of flies” fue otra de las sorpresas de la noche y uno de los momentazos del concierto para mí. Cantrell cogió el rol protagonista del show, además de poner un poco de paz al asunto y demostrarnos a los fans que él ha sido y será la parte principal de los de Seattle.

La calma se desvaneció al sonar “We die young”, el temazo del “Facelift”. En la parte final del concierto volvieron a la etapa DuVall con otros dos clásicos como “Stone” y “Your decision”, presentaron un tema nuevo del próximo disco que van a sacar este año, que por lo que escuché no puedo hacer aún una valoración, y terminaron con la maravillosa dupla “Would?” y “Rooster”. Eso es un buen ejemplo de cómo acabar un concierto como los dioses.

Quería ir a ver a Massive Attack, pero había tanta gente que me entró una pereza brutal y di por terminada la jornada del viernes. Después me enteré de la espantada que dieron los británicos debido a que el sonido de Franz Ferdinand les molestaba y, según ellos, no podían actuar en condiciones. Los divos de la música, tan extravagantes y divertidos como ridículos…

Saints In Hell

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Sábado 14

La jornada del sábado comenzó temprano: en lo particular, por contar con margen para familiarizarme con el recinto y reconciliarme en cierta manera con el festival; en lo colectivo, por presenciar el concierto de los londinenses WOLF ALICE, la sensación de la temporada. Arropados por un gigante telón de fondo y apoyados en una parroquia que abarrotó la pista y traía la lección bien aprendida, jugaron sobre seguro. “Yuk foo”, “Don’t delete the kisses” o “Space & time” forman parte inevitable de la banda sonora del pasado 2017, sea por voluntad propia, de rebote o con embudo. “Visions of a life” los ha catapultado a las listas de mejores álbumes (Classic Rock UK) y a la cabecera de portadas (Q de este julio, sin ir más lejos). El cuarteto sonó como un tiro, incluso más convincente que en estudio, donde brillaron los claroscuros vocales de Ellie Rowsell, excepcional, y la energía del tándem Joff Oddie-Theo Ellis. Sin necesidad de desmelenarse, sabedores de que esas horas veraniegas no invitan a mucho más, demostraron un gran potencial. Solventes musicalmente, atractivos en la imagen y con tablas en la puesta en escena pese a su juventud, sigo pensando, sin embargo, que no acaban de cuajar temas redondos y tampoco logro disociarlos de una versión domesticada de la primera PJ Harvey. Decía Santos que quizá aún no hayan dado con la tecla. Tiempo al tiempo…

RAG’N’BONE MAN nos permitió disfrutar por fin de un concierto campando a nuestras anchas a escasos metros del escenario principal y nos transportó mentalmente por instantes al festival de jazz de San Sebastián (por citar alguno). Su registro soul lo acerca más al terreno de Gregory Porter que al del resto del cartel del Mad Cool, pero resultó tan genuino y sensible que es imposible buscar un pretexto de reproche por esos derroteros. Rory Graham saltó al escenario junto a su grupo, corista y sección de viento incluidos, como quien te recibe en su salón de estar sin arreglarse, taza de desayuno en mano, y nos ganó con su vozarrón, tan grande como su propietario. No importa que “Skin” supiese edulcorada en exceso o que se echase en falta una pizca de dinamismo; el toque de variedad se agradeció y descubrir alguna de las gemas que esconde “Human”, su único larga duración hasta la fecha, suma al haber de la cita. Ese cambio de tercio no obtuvo la misma respuesta con JACK JOHNSON, plano y monótono hasta en el semblante de tipo desenfadado y buenazo. No nos dormimos porque las espadas estaban en alto con la llegada del capo Homme en ciernes.

J. A. Puerta

QUEENS OF STONE AGE

Después de la triunfada de colarnos en zonas nobles de visionado sin tener la pulserita especial de marras en el concierto del orondo Rag´n´Bone, decidimos repetir la jugada con las huestes de Homme y así el Sr. Puerta y servidor volveríamos a mover el esqueleto en primeras filas como ya hicimos en el Primavera Sound de 2014 en Barcelona. Esta vez la cosa salió mal y fue como si nos diésemos un tiro en el pie. A lo largo del concierto hubo momentos de auténtica zozobra, pero lo voy a dejar para después. Como dirían los Aerosmith, “Let the music do the talking”.

En episodios anteriores, mientras intentábamos colarnos en la zona VIP, Joshua Homme, que había digievolucionado de Van Gaal a Donald Trump con su piel anaranjada y todo, ´what is fuckin’ going on in this country?´, arrancó la velada con “If I had a tail” y “My god is the sun”, temas de su disco anterior que los han abierto a un mercado más indie, milennial y popero y más enfocados al Pitchfork, Mojo e internet media que a la Classic Rock. Tengo que reconocer que, aunque en un principio recibí con cierto escepticismo ese cambio de sonido, ahora me está gustando bastante. “Feet don´t fail me” y la bailonga “The way you used to do”, dos de los temas del trabajo de los de Palm Desert recién sacado del horno, fueron bien recibidos por el respetable; sobre todo el segundo, que es el primer single y se está radiando con bastante frecuencia, dándose a conocer a la comunidad melómana.

“You think I ain´t worth a dollar, but I feel like a millonaire” fue el comienzo de un follón bastante considerable; gente cansada de esperar e intentándose colar por las vallas, ciertos miembros de seguridad disuadiendo a la gente de una forma poco cívica (vi a uno de seguridad sacar a una chica casi literalmente de los pelos), un tío con un patinete colándose con éxito, muchos de nosotros en un pogo improvisado al son del tema que abre el “Songs for the deaf”… this is fucking rock and roll, dudes!! De ahí el discurso famoso de Josh de que nos dejaran entrar en la zona VIP, con el lema principal ´Let them in´ y todo el público coreando; ese es capaz de hacer una canción con ese título, si no tiempo al tiempo. Sea como fuere, el tema “Millonaire” es de los ases infalibles del repertorio de Queens y nunca falla. Además, la anécdota transcendió incluso en los noticieros del estado. Si habéis visto eso por la tele, Peto y yo estuvimos ahí, coleguis. El tema siguiente tampoco ayudó a calmar el ambiente, “No one knows” nada menos. La banda suena como un tiro, aunque no con la intensidad tan impresionante de cuando los vi en el Electric Weekend de Getafe en 2008; para mí, la mejor vez.

En la parte final volvieron a vendernos la nueva moto con “The evil has landed” y “Domesticated animals”, que se mezclaron con “Burn the witch”,”Go with the flow” y “Litlle sister,” temas titulares en el repertorio de los californianos. Homme estaba simpático y dicharachero y nos tenía en su bolsillo. Hubo dedicatorias para los grupos principales de la noche, Depeche Mode en “Make it with chu” y NIN en “A song for the dead”, que cerró un bolo tan ajetreado y polémico como excitante. Homme siempre entretiene.

DEPECHE MODE / NINE INCH NAILS

Después del concierto de Queens decidimos dejar los intentos de adentrarnos en zona VIP y buscamos otra forma más sencilla y cómoda de ver al grupazo de la sesión de la noche. Así que sacrificamos ver a todo unos padres del rock electrónico como son los Depeche Mode para meternos en una posición privilegiada y ver a Reznor y Robin Finck en primerísimo plano.

Desde la lejanía y la comodidad vimos a unos Depeche Mode que, a pesar de los años, son toda una garantía de éxito para hacer bailar y vibrar a un festival. Años de experiencia les avalan y el coqueteo con el rock que tanto le gusta a Martin Gore, que siempre ha sido un gran fan de rasgar la guitarra, se nota en su puesta en escena en directo, donde suenan muy rockeros. Siendo fiel a lo que hacen siempre, los shows de los británicos abren con un tema nuevo y esta vez le tocó a “Going backwards”, de su disco del año pasado “Spirit”. Gahan sigue siendo un gran cantante y sigue llenando el escenario a pesar de la edad que tiene. Mueve al público como quiere. Un ejemplo es en el tema “Never let me down”, cómo hace mover los brazos y las manos de un lado a otro a miles y miles de personas en una parte ya fija de los shows de los de Basildon. Pero, antes de eso, sonaron buques insignia como “Personal Jesus”, “Stripped”, la impresionante “Everything counts” y nuevos clásicos como “Precious” y “The pain that I’m used to”.

Lo mejor de todo es que con “Never let me down” no acabaron el concierto, como me pasó en las dos veces que los he visto. Cerró la parte principal que después da lugar a los clásicos bises, donde cayeron los archiconocidos “Walking in my shoes”, “Enjoy the silence” y, para alegría y gozo de un servidor, “I just can´t get enough”, un tema que tenía muchas ganas de ver en directo. A la tercera va la vencida.

Terminado Depeche, nos adentramos into the pit para ver a Reznor como Satán manda. La puesta en escena es bastante sobria y no tan futurista como nos brindaron en su anterior actuación del Primavera Sound. Tras pocos momentos de espera, Reznor, flanqueado por su mano derecha Robin Finck, aparece en escena y empiezan a sonar las primeras notas del primer tema del álbum “The fragile”, “Somewhat damaged”. Había convulsión entre el público y ya desde la primera nota empezó a armarse algo serio. Reznor, todo un torbellino en el escenario, Finck poniendo la actitud punk y el público entregado y era solamente el primer tema. Tan sólo fue el principio, porque acto seguido tocaron “The day the world went away”, curiosamente el segundo tema del “Fragile” y la gente estaba ya rendida ante un Reznor en estado de gracia; Peto y servidor, en medio de una marea humana y un pogo gigante. NIN sonaban contundentes y apabullantes, la cosa prometía muy bien y vaya si lo fue.

Reznor tenía ganas de marcha y de tercero nos ofreció nada menos que “Wish”, el temazo de su EP “Broken”. Si siguen a ese ritmo, sí que me van a romper. El pogo que se montó ahí rozó el thrash metal, con una multitud enloquecida aullando ‘This is the first day of my last days’ que me puso los pelos como escarpias; Reznor, eres un genio cabrón… yo en esos instantes ya ni miraba al escenario, me dejaba llevar por una marea rendida al son de las guitarras de Finck. Afortunadamente para mi integridad y condición física, NIN nos dieron algo de tregua con “Less Than”, uno de sus temas nuevos que curiosamente no está incluido en el nuevo EP que presentaban, de nombre “Bad witch”. Ese descansito vendría bien porque en la próxima venían curvas.

Hay canciones que en directo son toda una experiencia y que hay que vivir como sea: un “Reign in blood” de Slayer, “Shout at the devil” de Crüe, por poner algún temarral del rock y heavy en general. “March of the pigs” entraría en esa lista. Es sonar los primeros segundos y se ha liado la cosa. Desde el concierto de Fear Factory en la Razz hace tres años no he visto una violencia ni una intensidad igual. Y es que ese tema lleva a eso, al locurón extremo. O me integraba en el pogo o era pasto de hondonada de hostias. Me dejarían morados hasta en la foto del DNI. Ya no es vivir el pogo, es la emoción al oír miles de gargantas: ‘Now doesn’t that make you feel better?. The pigs have won tonight. Now they can all sleep soundly. And everything is all right’. Con el público rendido, Reznor aún no tuvo suficiente y nos ofreció un tremendo “Closer”. Además de ser un tema impresionante, da un poco de calma a un concierto que mi edad no podía soportar de la caña que se estaba produciendo; cosas de ser cuarentón. Del nuevo EP presentaron “Shit mirror”, “Ahead of ourselves” y “God Break down the door”, donde dejan de ser industriales y toman más el camino electrónico.

Reznor se marcó un “I’m afraid of Americans” de Bowie, además de soltarnos un apocalíptico mensaje de que es la última vez que pisa Europa en mucho tiempo o nunca, que nos dejó helados a todos. Espero que sea un farol y vuelva otra vez a darnos más alegrías. El resto del show ya fue como una etapa del tour de Francia de subidas y bajadas: temas resultones como “Copy of A”, coreado mucho por el público, “The hand that feeds”, con ese comienzo a lo “You really got me” de The Kinks / Van Halen, a la vuelta a las hostilidades con “Head like a hole”, y un final con “Hurt” que Reznor cantó con un sentimiento que estremeció a todo el mundo.

Al finalizar el concierto estaba en una nube, con el sentimiento de haber visto algo increíble y el concierto del año, con permiso de Nick Cave.

Saints In Hell

DUA LIPA pasó la prueba del algodón con creces. Su directo es honesto y su superpop, liviano y exquisito a partes iguales, como mandan los cánones. Repasó su debut en un entorno sobredimensionado, algo que ella misma reconoció abiertamente: escenario de lujo (pisó en mismo suelo que Depeche Mode), montaje generoso (espectacular “Lost in your light”, donde nos divisó desde un skyline urbanita nocturno y luminoso cualquiera), cuerpo de baile (coreografías expresas como la de “No goodbyes”) y baño de masas (de la nada surgieron cientos de adolescentes y los flashes de sus móviles entregados a la causa, repartiendo gritos y lágrimas cuando visitó el foso y el pasillo central en “Be the one”). Sorprendieron las formas rockeras de William Bowerman a las baquetas y quedaron certificadas algunas similitudes con los últimos Linkin Park. “IDGAF” y “New rules” nos mandaron a casa con la mejor de las vibraciones. Si no se deja engullir por otras facetas menos artísticas como Rita Ora o Jessie J, hará bueno lo que cantaba al inicio del show… ‘if we don’t fuck this whole thing up / guaranteed I can blow your mind’.

J. A. Puerta

GARAGE SOUND FESTIVAL 2018 – Auditorio Miguel Ríos, Rivas (Madrid), viernes 8 y sábado 9 de junio de 2018

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Tras saber la misma semana que este humilde (y puñetero) medio estaba acreditado para cubrir by the grace of god el Festival más motorizado del año, a pesar de que en un principio sólo íbamos a asistir a la jornada del sábado por motivos económico-prácticos, árduos y veloces nos dispusimos al cambio de planes (y trenes) de última hora para poder asistir también a la jornada del viernes, no sin antes cumplir con nuestras respectivas jornadas laborales. Que no se diga.

Viernes 8

De esta forma, mi colega en mil batallas J. A. Puerta y servidor nos plantábamos en el recinto con la actuación de los ya semi-clásicos suecos HARDCORE SUPERSTAR a punto de concluir, si bien nos dio para apreciar sus buenas formas Sleazy, a medio camino entre los Mötley Crüe de “Dr. Feelgood” y los Poison de “Look What The Cat Dragged In”, pasados eso sí por un tunel de lavado visual más propio de coetáneos suyos como Hellacopters o Backyard Babies que de los mencionados reyes del Glam Rock de mitad de los 80. Actitud encima de las tablas, Rock & Roll en estado puro y un sonido que ya se presagiaba algo falto de… algo, valga la redundancia.

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En el descanso, y como ya se apuntaba en la programación, tuvimos una espectacular demotración de saltos de Motocross Free Style o FMX, con el catalán Marc Pinyol a la cabeza. Como bien comentó el speaker, la cosa empezó suave, ya que los pilotos no habían tenido apenas tiempo de entrar en pista, pero una vez calentaron como es debido pudimos disfrutar de auténticos saltos acrobáticos sobrevolando nuestras cabezas. Top-all.

Tras una vuelta de reconocimiento por la zona, donde podías ver desde Mustangs clásicos hasta cabinas de camión, pasando por todo-terrenos o motos de alta cilindrada, así como el inevitable tenderete de discos (al final se nos quedaron los singles de Rosalie y Fool For Your Loving, cachis) y numerosas barras para adquirir bebida (no así comida, para lo que únicamente había una única barra y cola, que más bien parecía un embudo al que mejor llegar sin hambre), nos dispusimos a engullir el criollo más deprisa de lo normal para poder presenciar íntegramente la actuación de los angelinos BUCKCHERRY.

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Y de postre decepción. Y gorda. En honor a la verdad, aparte del debut homónimo de la banda allá por 1999 y de su exitoso single “Lit Up”, con uno de los estribillos más explícitos de la época (sí, aquel I love the cocaine, I love the cocaine, que era lo que todos los grupos del palo pensaban y sólo uno se atrevió a pronunciar), poco o más bien nada supimos más de la banda del hiper-tatuado Josh Todd. Con todo y con eso, había ganas de ver el estado de forma de la misma, y el chasco fue de los que marcan época. Ni el mencionado “Lit Up”, ni un desafortunado medley con “Crazy Bitch”, “Jungle Fever” y “Proud Mary” (¿tenían que destrozarla?), que ni las Nancys Rubias habrían hecho peor, ni un fin de ‘fiesta’ con el clásico “Roadhouse Blues” arrastrado por los suelos (si Jimbo levantara la cabeza… o el mismo Astbury sin levantarla del sofá, si me apuras) salvaron la actuación de la quema, con una banda sonando floja y sin fuelle (de esto no tuvieron del todo la culpa), y con un Todd que a duras penas si acertó un par de notas en todo el concierto (de esto sí la tuvieron, sobre todo (br)uno). Pero en fin, c’est la vie. Siempre recordaré a este grupo porque le regalé su primer disco a mi mejor colega, en paz descanse (él y por ende el grupo).

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Chupitos de cata de Johnny Walker Black Label por aquí y DJ’s obsesionados con Tobias Forge por allá (sin duda de lo mejor del festival, hasta que se le ocurrió pinchar BABYMETAL y pinchó, además en hueso) nos condujeron sin más dilación a lo mejor de la jornada con diferencia, la actuación de los canadienses DANKO JONES. A pesar de que el sonido siguió adoleciendo de la nitidez y potencia mínimamente exigibles en este tipo de citas, la banda del guitarrista / vocalista de mismo nombre descargó su set como procedía, con entrega, tablas y un feedback con el respetable digno de elogio (sí, todavía se ve en la obligación de hacer la puta broma en España de su apellido, como si se tratara de BENITO KAMELAS o cualquier otra costrada al uso). Danko no paró de destripar riffs con su SG blanca y de moverse por el escenario como pez en el agua, interactuando constantemente con el público para que no se durmiera, algo difícil de conseguir a priori tras el transilium en vena que nos chutó el bueno de Todd, pero que doy fe que consiguió con creces. Con “Lovercall” nos vinimos todos arriba y así seguimos hasta el final. Notable actuación con todos los contras de cara (jornada laboral, altas horas de la mañana, sonido mejorable y actuación previa lamentable) que nos dejó sentados de culo.

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Y con esto y un bizcocho nos fuimos a reponer fuerzas para la jornada del sábado, que se prometía larga y sobre todo dura.

Sábado 9

Tras un acceso al segundo día de festival algo accidentado (que si sobran entradas, que si no, que si los niños no pagan, que si a lo mejor…) nos topamos ya en la puerta con el gran Nicke Andersson (Nick Royale para los amigos), algo que le alegra a uno definitivamente el día. Tras una merecida vuelta de re-reconocimiento con nuestros nuevos compañeros de fatigas (hail to Rachel, David, Saints In Hell and Sinner After Sin!), en la que pudimos disfrutar de unas vueltas al circuito de las futuras promesas junior, tanto de Motocross como de Velocidad (algun@s eran realmente pequeñ@s, rondando los 6 años de edad), nos dispusimos a recoger los primeros minis de cebada para soliviantar el incipiente calor y a escoger sitio para presenciar nuestra primera actuación del día, que no la de la jornada (disculpen ustedes la omisión de la información, pero también comemos y de vez en cuando descansamos).

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No conocía de DEWOLFF nada más allá del nombre, lo típico de verlo en revistas, flyers y demás, pero bastaron unos breves acordes para que los neófitos en el grupo como yo de por allí nos plantásemos seriamente a ver la actuación de los holandeses (o como diablos se llamen ahora la gente de los Países Bajos). Su estilo, a medio camino entre el Southern Rock de clásicos como Lynyrd Skynyrd o Allman Brothers y la psicodelia Hard-Rockera de grandes como Led Zeppelin, Black Sabbath o Uriah Heep, en esa franja horaria de café-copa-y-puro nos entró de maravilla, y tema a tema nos fueron ganando hasta el punto de ser ovacionados por todo el personal (para servidor desde luego fueron los grandes triunfadores del festival). Tres tíos bastaron para animar el cotarro, Pablo y Luka van de Poel, hermanos y guitarra/voz y batería, respectivamente, y el teclista Robin Piso, que con su Hammond arropó hasta en las frecuencias bajas sorprendentemente (aunque esté feo decirlo, en esta ocasión ni tan siquiera echamos de menos la labor del bajo). Pasajes de Blues-Rock psicodélico perfectamente engrasado, coordinación espectacular y niveles incluso de virtuosismo fue lo que nos ofreció el combo holandés, algo que a duras penas os podemos trasladar en unas pocas palabras, y que desde luego toca vivir en directo, en este caso con mayor motivo. Si quieres hacerte una idea de lo que presenciamos los pocos agraciados que vimos su actuación, te recomiendo encarecidamente que te hagas con su reciente “Thrust”, pero ya te digo que lo mejor es que te los eches a la oreja en vivo.

Bubbath

Haberlos visto en 2012. Vaya por delante que considero a GRAVEYARD una de las mejores bandas de Rock – Hard Rock de los últimos diez años, pero tal vez por eso creo que el nivel que mostraron en el festival estuvo muy por debajo de sus posibilidades, habida cuenta de los conciertos que no hace tanto se marcaban. Es cierto que el sonido desde la posición en la que me encontraba era malo -ni la voz ni la guitarra de Joakim se escuchaban decentemente-, lo cual no ayudó, y que tampoco lo hizo parte del público, más preocupado en comentar la jugada que del propio concierto (castigo bíblico se queda corto para definir el intentar disfrutar de un concierto pero escuchar más a los de al lado que a la propia banda). Y si el contexto no era propicio, lamentablemente la banda no supo revertir la situación en gran parte del concierto, ya que comenzaron aparentemente bastante desganados, sin la intensidad que desprendían unos años atrás; si bien hay que ser justos y poco a poco mejoraron para terminar haciendo un concierto, simplemente, correcto.

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Y es que es muy difícil que esta gente, con el nivel que tienen, hagan conciertos malos, pero creo que si quieren dar un paso adelante para recuperar el tiempo perdido tras su parón de hace un par de años (y tienen papeletas para poder llegar a romperlo definitivamente: calidad, temazos, y sobre todo, camaleónica capacidad musical para llegar a un público muy amplio) deben recuperar la intensidad perdida, pues ya me dieron una impresión similar hace unos meses en Madrid (noviembre de 2017). Joakim -por centrarme en el que es el líder indiscutible de la banda, para bien y para mal- sigue lejos de su mejor nivel vocal, aunque es cierto que mejoró lo visto en el mencionado concierto madrileño, donde al menos la primera mitad del show estaba directamente para cantar en los actuales Whitesnake.

En cuanto al repertorio, dieron casi la misma cancha al último disco que a su celebrado Hisingen Blues (destacando para mi gusto “Bird Of Paradise” del primero a pesar de no escuchar casi la voz del bajista -regla general de todo el festival, los problemas en las voces- y la ya clásica “The Siren” del segundo) pasando por el Lights Out con las habituales que suelen tocar de éste (una pena que obvien las que para mí son las mejores, “20/20” y “Fool In The End”) y un par de guiños al Innocence And Decadence, quedando algo deslucida por los factores arriba comentados ese temazo lleno de sensibilidad llamado “Too Much Is Not Enough”. Del primero, por desgracia, mus.

En resumen: bien, pero se esperaba mucho, mucho más.

Sin After Sinner

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BLACK STAR RIDERS merecían haber encabezado la jornada del viernes. A cambio, tocó conformarse con una visita que supo a merienda escasa aunque deliciosa. Primera cita desde que finiquitaran gira americana con Saxon y Judas Priest, Warwick salió a por sangre, la misma que no se había olido en el festival ni encima ni debajo de las tablas, y logró contagiar esa energía en las obligadas versiones de “Jailbreak” y “The Boys Are Back In Town” (primer momento Rock FM de la velada). En este formato se pierden la solemnidad y profundidad que les vimos en Apolo allá por 2011, pero es curioso que Ricky acometa los cortes de Lizzy con más fuerza y convicción que los de cosecha propia, como si Lynott lo observase desde lo alto vigilante de su legado. Unido a la idolatría que salta a la vista siente por Gorham, nadie podrá achacarles falta de honestidad. Cayó una selección justa de “All Hell Breaks Loose” y “The Killer Instinct” e insuficiente de “Heavy Fire” (tema título y basta), uno de los discos de 2017. A excepción del sonido, deficiente para no variar la tónica general (las guitarras dobladas sonaron en nuestra imaginación), me quedo con media hora vespertina de Scott Gorham luciendo clase a hora y pico insufrible de torso tatuado de Josh Todd.

J. A. Puerta

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Definitivamente GLENN HUGHES no es humano, lo tengo claro. Que a sus 66 castañas se pegue un repaso al repertorio de Deep Purple como si fuera 1975 tiene delito, máxime si además les pega un repaso al resto de bandas del festival (con permiso de DEWOLFF y lo que les permitieron a BLACK STAR RIDERS, para el que suscribe). En esta ocasión no venía acompañado de sus ya clásicos BLACK COUNTRY COMMUNION, sino de una banda joven que le acompaña como procede para el CLASSIC DEEP PURPLE LIVE (el batería llevaba literalmente dos bolos con la banda, y lo clavó), set especial que se ha permitido como homenaje a los ya desaparecidos Jon Lord y Tommy Bolin, y por qué no, para sacarnos a los fans algunos cuartos (y oye, con mucho gusto). Con todo y con esto, si el sonido acompaña (de lo mejorcito del festival, siempre enmarcado entre lo indecente y lo meramente correcto) y la gente lo añora, un set-list como el que sigue hace el resto:

Stormbringer

Might Just Take Your Life

Sail Away

Mistreated

You Fool No One

Smoke On The Water / Georgia On My Mind

Highway Star

Burn

No había cotilleado el repertorio a priori, de hecho a día de hoy no suelo hacerlo ya nunca, e incluso rara vez repaso los discos antes del concierto del artista (en ambos casos implica cargarte el factor sorpresa del show, sobre todo en el primero), y gracias a ello disfruté como un enano de la descarga del tío Glenn, dejándonos la vida en cada copla como merecía la ocasión. Concierto de los que hacen afición, si no llega a ser por el coitus interruptus nos habríamos corrido de gusto.

Bubbath

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Lo de GUN es una pena. Tanta ida y venida de personal, Alex Dickson incluido, aquel que fuese escudero de Dickinson en “Skunkworks”, ha acabado con el fundador Dante Gizzi como cantante y cara visible de los escoceses, cuando calzar esas botas le viene claramente grande. Rememorar “Steal Your Fire”, “Better Days”, “Welcome To The Real World” O “Don’t Say It’s Over” en boca del otrora bajista del combo, con vestimenta y ademanes propios de un cantante de karaoke (y dejémoslo ahí), fue más un ejercicio de nostalgia que otra cosa y encomendarse a “Taking On The World” Y “Word Up” (ni el mínimo resquicio de rabia y lascivia, por orden), un acto de fe. Incluso pudiendo apoyarse en los cortes de su última obra, “Favourite Pleasures”, optaron por incluir una solitaria “She Knows” al inicio y esquivar su presente. Los pecados de juventud no se redimieron esta vez, por lo que continuaré recordando aquel accidentado concierto en el Monsters of Rock de Las Ventas de 1992 como la oportunidad perdida.

J. A. Puerta

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Y lo que pudo haber sido una de las mejores descargas del festi, la de los suecos IMPERIAL STATE ELECTRIC, se quedó en un quiero y no puedo por causas ajenas a su voluntad. Guitarras saturadas, voces inaudibles, a altas horas de la mañana y tras dos días de festival a cuestas pesaron demasiado, y ni el Nicke más activo pudo hacer frente a todo eso. “Deja Vu”, “A Holiday From My Vacation” o “Just Let Me Know” se atisbaron entre la debacle sonora (creo que fue el grupo que peor sonó, con diferencia), pero la suerte estaba echada y disfrutamos como pudimos de lo que pudimos. Unos últimos chupitos de José Cuervo intentaron tapar las carencias (lo del sonido y lo de agotarse el Jack Daniel’s antes de hora), pero el daño ya estaba hecho. En cualquier caso un hurra por el bueno de Nick, sus descargas pasadas con Hellacopters e incluso Imperial State Electric fueron memorables, y nada de esto empaña aquellos gratos e irreemplazables recuerdos.

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Y esto fue lo que dio de sí para este pequeño grupo de forajidos el GARAGE SOUND FESTIVAL 2018 en su segunda edición, un encuentro mejorable en lo técnico (sonido, avituallamiento comestible) pero insuperable en lo humano, donde nuevamente vivimos momentos irrepetibles y por los que merece la pena hacer esfuerzos en determinados momentos e incluso pasar clamurias. Rivas, nos venom el año que viene. Anthrax pronto!

Bubbath

KRISTONFEST 2018 – Sala La Riviera (Madrid), sábado 12 de mayo de 2018

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Impresionante edición se han marcado esta gente en lo que ha significado la segunda cita anual consecutiva en la madrileña sala La Riviera, ya que las anteriores se venían realizando en la localidad de Bilbao, concretamente en la sala Santana, donde tuvieron lugar las cinco ediciones anteriores (2012-2016).

Para el que no lo conozca, se trata de un festival orientado especialmente hacia sonoridades Stoner / Doom / Sludge, con margen para la psicodelia y el progresivo, por el que han pasado bandas como Wolfmother, COC, Gojira, Buckcherry, John García & Band, Orange Goblin o Clutch, y que se ha convertido en cita obligada para los amantes de ese tipo de sonidos en particular, y por supuesto para los que degustamos del Rock Duro en líneas generales.

Para este 2018 nos tenían reservada cita para un único día, pero qué día, ni más ni menos que con Monster Magnet a la cabeza, con lo que nos quitamos tanto la asignatura pendiente de ver a la banda de Wyndorf como la de asistir por primera vez al festival.

Al módico precio de 40 € + gastos de distribución, en una sala como La Riviera, un emplazamiento ideal y con todas las comodidades de una sala de primer nivel, la opción de salir y entrar en cualquier momento, y unos precios hasta lógicos (es La Riviera), visto lo que hay por ahí actualmente y los precios que se manejan no se me ocurre mejor cita rockandrollera que la que nos ocupa, a lo sumo similar.

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Con un lleno cómodo desde el comienzo de las actuaciones y un público aparentemente extraído de un ARF endurecido, salían a escena con puntualidad británica CONAN, no sé si tendría que ver algo el hecho de que sean de Liverpool (no nos ganaréis!). La banda de Jon Davis (voz, guitarra), Chris Fielding (bajo, guturales) y Johnny King (batería) descargaron sin miramientos su set-list de corte Doom/Sludge, directo y sin aditivos. Jon y Chris se alternan las voces rasgadas y directamente guturales respectivamente, predominando eso sí las primeras, y esto junto a la pegada de King, alumno aventajado de Chuck Biscuits (Danzig, Black Flag), supone una descarga de lo más seco y compacto que te puedas echar a la oreja. Tras la misma, con una puesta en escena hierática pero tremendamente efectiva, nos quedamos mirándonos como si efectivamente el Rey Cimerio nos hubiera pasado por encima. Seguramente lo más salvaje de la velada. Brutal.

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ELDER por su parte supusieron el contrapunto soft del festi, con ese toque progresivo maestro que atesoran y con el que nos deleitaron a todos los allí presentes, y es que dudo que alguien saliera defraudado de su actuación (para el que suscribe fueron los grandes triunfadores del Kristonfest 2018). Cambios de tempo ultradinámicos (esta banda juega con los tiempos con una facilidad pasmosa), solos vertiginosos, melodías de carne de gallina y, en general, unas composiciones de bellísima factura y calidad, que en su versión de directo ganan si cabe con respecto a las de estudio. La banda de Boston campó a sus anchas por el escenario del Kristonfest (no en vano repetían edición), sobre todo su bajista Jack Donovan, que con su Rickenbaker no paró de animar el cotarro, generando ovaciones y aplausos unánimes por parte del respetable. Repertorio infalible (no dejéis pasar su reciente Reflections Of A Floating World de 2017) y la sensación de haber visto una descarga realmente especial, desde luego bastante por encima de la media. Dioses.

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Tras una salida breve y concisa para recargar pilas en el bar más cercano (toda una bendición por parte de la organización, gracias y enhorabuena a pachas), con HIGH ON FIRE volvimos a la carga Doom/Sludge, aunque de corte definitivamente más Heavy que propuestas como la de CONAN. La banda del ex Sleep Matt Pike (guitarra, voz) lleva ya dos décadas en activo (lejos queda aquel sorprendente debut denominado The Art Of Self Defense de 2000), y si bien empezaron algo fríos y destartalados, la cosa fue ganando enteros por minutos, cuajando finalmente otra actuación para recordar de esta edición del Kristonfest. Pike no paró de moverse, de interactuar con el público, de masturbar el mástil de su Les Paul y de beberse lo que encontró por encima de los amplis (no diremos nada de su actual estado de forma), con ese timbre aguardentoso que gasta, a medio camino entre el de Rolf Kasparek y el de Chris Boltendahl, y ese conglomerado musical nieto de Venom, y la banda en general (trío) fue de menos a más, ejecutando ese Heavy/Doom de pasajes progresivos a la perfección, para deleite tanto del respetable como del resto de bandas, que se amontonaban entre bambalinas para presenciar in situ a los ya considerados unos clásicos del género. Gran actuación in crescendo y aproximación a las barras, que había que rellenar líquidos para afrontar la recta final con garantías.

Lo de MONSTER MAGNET era una asignatura pendiente desde hacía tiempo, y qué mejor momento que pillar a Dave Wyndorf en un buen momento, valga la redundancia. Mindfucker los ha devuelto a primera línea de nuevo, otro gran disco de corte Hard Rock clásico, muy en la onda Powertrip / Monolithic Baby, sin renunciar a ese toque Stoner de siempre, aunque ya muy lejos de esas primeras andanadas lisérgicas de los comienzos.

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Es evidente que Wyndorf acapara todas las miradas desde el principio hasta el final del concierto, es su banda y esto va por delante ya de entrada; poco importa que apenas si extraiga un par de notas de su SG por tema cuando se le ve en forma de nuevo, no para de arengar al público brazos en alto, su voz está en óptimas condiciones otra vez y la banda acompaña como procede (sobre todo Phil Caivano, que hace las veces de guitar hero). Con todo esto y un par de chupitos de Fireball en el cuerpo nada puede salir mal! Si además el show comienza con “Dopes To Infinity” y el sonido es el esperado, el orgasmo es asegurado.

Los temas de Mindfucker empastan perfectamente con el resto, y da la sensación por momentos de que suene lo que suene lo vamos a aceptar de buen agrado. La banda suena compacta y potente, su entrega es total y la nuestra por ende también. “Soul”, “Mindfucker” y “Radiation Day” me gustan especialmente, y “Space Lord” la aprovecho para ir a por el último mini de cebada, que utilizamos para regar el festero “Ejection”, “End Of Time” y el indispensable “Powertrip”, todo un himno generacional de un disco que simplemente hizo historia.

Por poner algún pero, nos faltaron temas de Monolithic Baby y algún corte más de Powertrip, sobre todo en los bises, pero ya se sabe cómo va esto, siempre falta algo para alguien en algún momento. Por lo demás, todo fueron pros. Asignatura aprobada con nota, y una alegría enorme de ver al bueno de Dave otra vez saludable y haciendo bolazos, que es lo que toca y mejor sabe hacer.

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Y cuando todo parecía abocado a ir cuesta abajo, la banda de Tatsu Mikami lo puso todo de nuevo patas arriba con su Doom/Stoner heredero directo de Black Sabbath y Pentagram. Con ese sonido retrotal y esas letras de asesinos en serie a lo “Ted Bundy” o “Charles Manson”, la banda japonesa nos insufló el último halo de la noche en formato mórbido, acabando con un bis improvisado a petición del personal (si no recuerdo mal fue el único de la noche). Un broche perfecto para un festi pluscuamperfecto, ya estamos deseando repetir en la próxima edición de 2019. Baroness, Mastodon, Kylessa, Witchcraft, At The Gates, Trouble, una reunión de los míticos Cathedral… organización, hacedme feliz!

Bubbath

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Arcade Fire – Wizink Center (Madrid), martes 24 de abril de 2018

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Pocas noches quedan retenidas en las mentes adultas (que no maduras) con bagaje (las que escurrimos la basura con distinta intermitencia). Por ello, si al cabo de unos días y digerido el efecto “todo ya” del consumismo informativo inmediato de corto alcance, la emoción del recuerdo se acrecienta y firmarías una excedencia para completar el tour con tal de repetir en bucle, puedes considerarte afortunado.

Los paralelismos entre los U2 de “Pop” y sus apadrinados Arcade Fire en la actualidad son sutiles y a diferente escala (sin limones, se sobreentiende). No me refiero sólo a que su última entrega comparta con aquél el exceso de autocomplacencia y el consiguiente levantamiento de ampollas (primer bache en un currículum impoluto). Como Bono antaño, Regine Chassagne, ataviada cual púgil encapuchado, se dirige hacia el cuadrilátero central junto a sus compañeros entre el gentío de pista, con presentación de speaker incluida e imágenes de cada miembro en las pantallas que coronan el escenario. La reacción hacia “Everything now” en el arranque se difumina según transcurre, pero rápidamente tiran de épica con “Rebellion (Lies)” para recuperar el pulso y vaciar pulmones en el primer corte que cae de “Funeral”. Toca vuelta al tono pachanguero-caribeño de “Here comes the night time”, que pasa un tanto desapercibida, aunque de nuevo recurren a su manual de insalvables para aunar en una sola voz a todo el Wizink,  con una “No cars go” a la que varían su tempo natural con alguna marcha de más y que supone el único recuerdo a su primer EP. Regine toma las riendas en “Electric blue” y, pese a que sube un par de notas por encima de la versión de estudio sonando a una especie de Alvin y las ardillas, deja en buen lugar el toque discotequero a lo Bee Gees/Abba de la última hornada; algo que no ocurre con “Put your money on me”, de la que sólo destaca el vídeo de acompañamiento, lleno de anuncios chorras (los mismos que emiten antes de comenzar el show), y su mensaje de sorna a la absurda compra compulsiva al alcance de un click que nos rodea.

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Hasta aquí, el curso de los acontecimientos es correcto, aunque los exclusivistas tienen un punto a su favor jugando con el argumento de que han travestido su esencia de directo sin artificios y puramente musical a favor de un frío espectáculo visual milimetrado. Sigue impactando ver a una decena de tipos encima de las tablas que combinan y se intercambian los instrumentos acostumbrados con mandolinas, acordeones, tambores, piano, etcétera, donde Win Butler se permite ir de la guinda que desee (ese sombrero que luce durante la primera parte le da un aire a Pete Doherty, acicalado y bien nutrido, eso sí) y el entretenimiento  recae en la hiperactividad común y la locura de su hermano Will, pero pesa el haber dejado escapar la entrada para Razzmatazz en julio de 2016, acontecimiento histórico a la vista del estatus alcanzado y del conciertazo que dieron (por una vez me remito a las pruebas que rondan la red). Nada más lejos.

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“Neon bible” y “My body is a cage” oxigenan el ambiente y dan un pequeño respiro al show para conducirnos sin regreso hacia un clímax final que no se presagia. “Keep the car running” enciende de nuevo los coros de la grada y “(Antichrist televisión blues)” cierra en modo folk la representación del disco bíblico y el apartado de sorpresas en el repertorio, de modo que reservo la nickcaveniana “Ocean of noise” para una lista de deseos futura. Entre “Neighborhood #1 (Tunnels)” y “Neighborhood #3 (Power out)”, interpretadas con una intensidad que pocos grandes firman a día de hoy y a pesar de que Win muta las estrofas en un discurso para esquivar las notas altas, tocan por orden la sección de “The suburbs” y de “Reflektor”. De la primera, en formato siamés obligado la homónima (impecable, de no llorar por vergüenza) y “Ready to start” (insurrecta y posiblemente la más rockera del set) desembocan en “Sprawl II (Mountains beyond mountains)”, con las bolas de espejos iluminando el pabellón y Regine soberbia a la voz (ahora sí). De la segunda, se marcan un mini show dance que transforma aquello en una fiesta, con Regine bailando junto a las primeras filas, de la mano de “Reflektor” (recuerdo efímero en imágenes a Bowie, otro de sus valedores)  y “Afterlife”. Después, sorprendente “Creature comfort”, potente en el cara a cara y cuya línea de bajo dibuja similar a la de Clayton en “Mofo” (vuelta a los irlandeses). Carne de directo, se destapó como la mejor superviviente para giras venideras.

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La delicada “We don’t deserve love” inaugura los bises. Aunque creo que es la única del álbum que no naufraga al lado de sus precursoras, resulta demasiado intimista y hace las veces de “If you wear that velvet dress” (ambas, delicatessen destinadas al cajón). Los miembros de la Preservation Hall Jazz Band, que momentos antes han amenizado la velada, toman el escenario (que da poco más de sí por la cantidad de músicos que alberga) para dar color al reprise de “Everything now” y que rápidamente enlazan con el “Wake up” más largo y catártico que con toda seguridad llegue a vivir en primera persona. No requiere de aditivos en crudo, pero con el aderezo de la jazz band, la comunión absoluta audiencia-grupo a estas alturas y la salida triunfal abriéndose paso entre la multitud, el himno se eterniza al coro de trece mil y pico gargantas pletóricas que no se cansan. Quince minutos inolvidables.

Luego, la comidilla mediática del miércoles, convirtieron los aledaños del Palacio en una improvisada charanga por las calles de Nueva Orleans. Capaces de transportarnos a idénticas sensaciones en recintos de cualquier dimensión, continúan firmes por el carril de adelantamiento pese a quien pese y trabajo de promoción que toque. Al hilo del párrafo de arranque, va a ser cierto lo de “now that I’m older / my heart’s colder /and I can see that is a lie”.

J. A. Puerta