Blazemth – Dragon Blaze (2017)

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De las cenizas de los death-metaleros Undivine, previo paso por otras aventuras anteriores como Decomposed (1989-1991) o Rotten Flesh (1991-1993), nació Daemonum allá por 1993, el auténtico embrión de lo que terminó siendo Blazemth, que mutó su nombre a este último al año siguiente simplemente por similitud o incluso coincidencia con el de otras bandas foráneas (para servidor todo un acierto, dicho sea de paso).

Ya como Blazemth registraron lo que sería su primer MCD, “For Centuries Left Behind” (1995), si no recuerdo mal la primera edición digital de una banda española (perdón, catalana) de Black Metal, un prometedor debut de sugerente portada y algo más discreto resultado en cuanto a producción y sonido, con las guitarras muy ausentes en la mezcla final, lo que les otorgaba por su parte cierto aura de banda atmosférica, más en la línea de bandas como Burzum que de otras más directas como Mayhem, Immortal o Dark Throne, aunque seguía siendo Black Metal, al fin y al cabo.

El siguiente “Fatherland” (1996), casual o premeditadamente también MCD, subsanó notablemente las deficiencias de su predecesor en cuanto a labores de producción se refiere, y tras una portada algo más explícita esta vez y bajo un logo ya más identificable y característico, se escondían un puñado de temas de bastante mejor empaque y sonido, ahora ya sin demasiado que envidiar al de grandes bandas foráneas como las citadas anteriormente u otras más melódicas como Emperor o Satyricon (por estas páginas puedes leer tanto reseñas de la época como una entrevista a la propia banda, e incluso ver un vídeo grabado en directo en la extinta sala Abraxas benidormense), y sobre todo con unas composiciones a la altura de las circunstancias, variando tempos, conjugando teclas, melodías y voces con gran acierto, y ganando en contundencia y calidad en líneas generales.

Y os preguntaréis, ¿qué nos aporta este “Dragon Blaze” exactamente dos décadas después de la disolución de la banda? Pues bien, a través (de nuevo) del sello catalán Abstract Emotions, dedicado especialmente a la edición y distribución de música extrema, aparte de recopilar ambos trabajos, ya hace algún tiempo descatalogados, y de retocar sutilmente el logo del grupo, se ha aprovechado la coyuntura para revisar ambas producciones por Mr. AX (Asgaroth, Dejadeth) en sus AXTUDIOS de Barcelona. De esta forma, mientras que “Fatherland” no presenta grandes cambios en cuanto a sonido (tampoco los precisaba), aunque quizá sí se antoje algo más alto o ‘vivo’, “For Centuries…” reaparece ahora con un lavado de cara bastante agradecido, con los instrumentos más altos en la mezcla en general y las guitarras en particular. Por lo demás, tampoco hay mucho que descubrir con este trabajo, salvo que creas claro está que el Black Metal nació con bandas como Cradle Of Filth o Dimmu Borgir, en cuyo caso sí te puede servir de gran ayuda para acercarte a la génesis de esto (en paz descanse, Quorthon Seth). Para el resto, “Dragon Blaze” supone un reencuentro más que gratificante tanto con el grupo como con los cimientos del estilo, cuando el  Black Metal era fresco, puro y genuino, olía a moho y rezumaba invierno. Así pues, seguro que vuelves a deleitarte como el primer día con himnos del calibre de For Centuries Left BehindUnholycaust o el propio Fatherland.

En cuanto a la edición en concreto, la que tengo entre mis manos es la versión CD, que además de ambos mini CD incluye un par de temas en directo (“Almogavaria” y “For Centuries Left Behind”), con valor más testimonial y de relleno que otra cosa, ya que el segundo goza de una muy mala calidad de sonido y el primero directamente no se escucha (¿pista en blanco?). El libreto interior no incluye créditos, fotos ni letras (definitivamente esto es Black Metal), únicamente las portadas de ambos trabajos y el track-list (los créditos figuran en la contraportada del disco), lo cual habría sido todo un detalle aprovechando el modo ‘recopilación’. Para los coleccionistas también se ha editado en vinilo negro o rojo transparente, el primero limitado a 350 copias y el segundo a 150, y añadir que las 3 ediciones están disponibles a un módico precio en la web de Abstract Emotions.

Ahora sólo resta que esta edición tenga continuidad con la nueva formación de la banda, que además de a los ya habituales Lord Erlick (guitarras, bajo, letras, baterías) y Volkhaar (voz, guitarras) incluye a Hisarr Zul (guitarras), Eldar (bajo) y Frost Demon (batería), y pronto tengamos en las manos una nueva entrega discográfica con material inédito y, a ser posible, que lo podamos volver a ver en directo un par de décadas después de la última vez. For Centuries Left Behind!

Bubbath

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Paradise Lost – Draconian times MMXI (2011)

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Alguien dijo en cierta ocasión que la nostalgia es síntoma de falta de creatividad y algo de eso le está ocurriendo a Paradise Lost. Extraña que una banda tan reacia a publicar “complementos” lleve dos directos en tres años, saque a la luz un documental autobiográfico con apariciones de amigos e influenciados, recupere demos primigenias y decida servir ración doble del trabajo que más satisfacciones en términos numéricos le ha proporcionado. Cabe recalcar el aspecto ligado a la popularidad y las ventas porque en su día la emisión del videoclip de “The last time” a modo de anticipo provocó en primera instancia sustos y decepciones frutos de una ligereza alegre ausente en el colosal y entonces ya endiosado “Icon”.

El contenido básico del paquete se compone del show que el combo ofreció en el londinense The Forum en abril de 2011, desgranando una primera parte compuesta por “Draconian times” en su totalidad y riguroso orden de estudio y una segunda concentrada en ineludibles (“As I die”, “True belief” o “Say just words”) junto a un par de su penúltima obra editada. No obstante, es la ejecución de la segunda parte del disco homenajeado la que se lleva la palma. Y es que supone un placer reencontrarse con infraexplotadas como “Yearning for change” y “Hands of reason” y redescubrirlas en formato directo, si bien el tratamiento general es el esperado, con escrupuloso respeto a las originales. Las únicas salvedades son quizás una mezcla final que prima las armonías de Mackintosh por encima de los rasgueos de Aedy, dotando de mayor peso a la melodía en detrimento de la agresividad, la presencia de teclados en escena para reforzar determinados pasajes y el estado vocal de un Holmes que salva las composiciones a duras penas. Sin atisbos del pseudo-Hetfield que levantaba a base de energía los temas para compensar sus limitaciones técnicas, lo único que perdura de aquél es la melena engominada que luce, dando la sensación de encontrarse al borde de la rotura en “Hallowed land” o “Jaded”. Aún así, al tipo más lánguido y cínico del panorama metálico le sobra honestidad para admitir sus carencias antes de “Forever failure”, presentando al teclista Milly Evans como vocalista ocasional al estilo de Lee Morris tiempo atrás. De la nueva hornada, la homónima presenta aspiraciones de permanencia en futuros sets, con reminiscencias a “One second” y ensalzada con un potente estribillo, mientras “Rise of denial” confirma la sensación de caos e indefinición estilística que domina el conjunto de aquel trabajo.

El segundo DVD contiene extras de videoclips, entrevistas con la banda y fans que acudieron al evento y que no difieren en exceso de los incluidos en “The anatomy of melancholy”.

De pretender contentar a fans primerizos o a quienes 1996 les queda en el limbo, podían haberse conformado con el mismo tour para promocionar la reedición de 2011 y regalarnos a cambio conciertos íntegros en festivales emblemáticos como Donington o Dynamo, más allá de las migajas que incluyeron en “Evolve” o de los especiales que en su día emitió Headbangers’ ball en MTV. Al fin y al cabo, este uno por dos no suple ninguna carencia en forma de documento histórico o, en su defecto, acontecimiento significativo actual de la clase de At the Gates en Wacken. Es más, las humildes dimensiones de The Forum y austeridad del montaje dan fe de que, a diferencia de Roger Waters, Metallica o análogos, los de Halifax pertenecen al segmento minoritario sin capacidad para engordar sus cuentas bancarias con productos de esta naturaleza. Quizás por este motivo gane enteros el argumento del inicio. En todo caso, de obviar los porqués, representa un hito para la cantera Peaceville y viene a demostrar que, gustos aparte, juegan en liga superior a sus coetáneos.

J. A. Puerta

(Publicado originalmente en ROCKSCALEXTRIC durante el tercer lustro de la era 2000)

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Ghost – Ceremony And Devotion (2018)

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Es curioso, o al menos yo no estoy acostumbrado al cómo Ghost han editado “Ceremony And Devotion”. Fue a principios de Diciembre del año pasado, y de una forma casi sorpresiva, cuando pusieron este disco a disposición de todo el mundo en las plataformas de streaming más conocidas, dejando la versión física del disco para Febrero. Llámenlo ustedes adaptación a la tecnología o a la nueva forma de escuchar música en la actualidad.

Es evidente el crecimiento que ha tenido la banda sueca en estos últimos años, siendo su última gira hasta la fecha la más multitudinaria, con varios sold-out en sus fechas llenando pabellones (no en el caso de España), y por ello han querido dejar constancia con un cd doble o streaming “en directo” grabado en la última parte de la gira en USA.

Y detrás de una genial portada, otra vez obra de Zbigniew M. Bielak, y un libreto con todas las fechas de la extensa gira y varias fotos, podemos disfrutar de un muy buen recopilatorio de los amados a la par que odiados Ghost, y digo recopilatorio porque en mi opinión se han pasado tres pueblos con los retoques en estudio. Ciertamente suena todo perfecto, muy limpito y muy clarito. El que ha tenido la oportunidad de ver a Ghost sabe que esto no es así. Aun así, pues el disco mola. Se oyen las explosiones, al público, al Papa Emeritus III como nunca lo escucharás en directo y a los Nameless Ghouls tocando como nunca.

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Momentazos hay, faltaría más. Más aún con esa colección de temas de la que disponen, “Square Hammer”, “Per Aspera Ad Inferi”, la colosal “Elisabeth”, “Cirice”, “Zombie Queen”, “Year Zero”, “He is”, “Ritual” con ese guiño a Iron Maiden en el final del tema, etc. Hay dónde elegir que no fallarás.

Y ya está, eso es lo que te vas a encontrar en este “Ceremony And Devotion”. Como curiosidad decir que la versión en CD trae 2 temas que no están en el Spotify, se trata de “Elisabeth” (por fin) y “Secular Haze”. Y ahora a esperar a ver con qué nos sorprende la cada vez menos misteriosa banda, pues el nuevo disco en estudio está al caer.

Laguless

Accept – Breaker / Restless & Wild, Los años hambrientos…

 

Si bien hay que reconocer a la vieja Gran Bretaña como la cuna del Heavy Metal, con Black Sabbath y Judas Priest como sus máximos y mejores exponentes, Alemania ha sido de largo uno de los países europeos de más arraigo y exportación de bandas en lo que a dicho estilo se refiere, con pioneros como Scorpions o clásicos contemporáneos como los reformados Helloween a la cabeza, y entre medias de ambos, una de las formaciones más míticas y de referencia en el panorama metálico de siempre, los genuinos Accept.

Tras un tímido pero correcto debut (“Accept”, 1979) y un mucho más acertado y festivo segundo trabajo (“I’m A Rebel”, 1980), que ya empezaba a apuntar las maneras de más tarde, vendría lo que es para servidor la madre del cordero, esto es, los trabajos de la banda que más y mejor influenciaron al resto de lechales de la segunda generación germana, tales como Grave Digger, Running Wild o los citados Helloween, a saber, el mítico “Breaker” (1981) y el ya clásico “Restless & Wild” (1982) de los recién estrenados años 80.

No puedo evitar sentir cierta nostalgia al echar la vista atrás, todavía inmersos en la segunda mitad de la década de los 80, cuando el que suscribe adquirió su primer LP de auténtico Heavy Metal en formato k7 en un bar de carretera rumbo a Toledo (obviaremos aquí a los Europe y Bon Jovi disfrutados hasta entonces), con una portada que reflejaba claramente lo que ibas a encontrar en el disco, y es que si la cara de la guapa señorita demuestra asombro, la mía no era para menos al llevarme al oído el riff de apertura de “Starlight”. Sí señores, “Breaker” contenía todos y cada uno de los ingredientes del más puro y genuino Heavy Metal: temas repletos de riffs contundentes y abrasivos (“Breaker”, “Run If You Can” o el citado “Starlight”), donde los duelos de guitarra Hoffmann/Fischer te dejaban sin aliento, letras de contenido irreverente (“Son Of A Bitch”) y auténticos himnos metaleros (“Burning”, “Midnight Highway” o el emocionante “Feelings”) y, cómo no, baladas de esas que ponen la piel de gallina (“Can’t Stand The Night” o “Breaking Up Again”, entonada esta última por el propio Peter Baltes, bajo). Mención aparte merece la voz de Udo Dirkschneider, una especie de cruce luciferino entre Brian Johnson y Rob Halford, que acuñó sello propio y que pronto imitaron muchos seguidores, la mayoría sin éxito.

“Breaker” no pudo más que obtener excelentes críticas por parte de la prensa especializada del momento, no en vano dicho trabajo les sirvió de catapulta a Europa, por la que giraron desde el 6 de noviembre hasta el 14 de diciembre de 1981 con los mismísimos Judas Priest en su gira World Wide Blitz, en la que presentaban su disco de transición “Point Of Entry”.

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Y si “Breaker” era un excelente trabajo, “Restless & Wild” otorgaría la inmortalidad definitivamente a la banda teutona. ¿Cuántas veces no habremos disfrutado con el speedico y legendario “Fast As A Shark” o el contundente “Restless And Wild”? En este, su cuarto álbum, la banda conformada por los guitarristas Wolf Hoffmann y Hermann Frank Jr. (que sustituyó a Fischer), Peter Baltes al bajo, Stefan Kaufmann a la batería y, cómo no, el incombustible Udo Dirkschneider a la voz, confirmó con creces las expectativas y parió un álbum completamente imprescindible dentro del estilo. Si bien temas como “Shake Your Heads”, “Get Ready” o el atronador “Has Rocking Man” (lo que habrá mamado de aquí gente como Chris Boltendahl) seguían en la onda de “Breaker”, otros como “Neon Nights”, el épico “Don’t Go Stealing My Soul Away” o la dulce “Princess Of The Dawn” sin duda iban más allá, consagrando ya al grupo como verdadero referente en el circuito metálico y permitiéndoles proseguir con su conquista de Europa (no sería hasta el año siguiente con “Balls To The Wall” cuando cruzarían el charco a la conquista de Norteamérica de la mano de Kiss y Saxon).

Como dato anecdótico, comentar que la portada original de “Restless & Wild” incluía la imagen de unas guitarras incendiándose, pero cuando se lanzó en los mercados estadounidense y británico se cambió por una fotografía de la banda tocando en vivo.

Posteriormente vendrían notables trabajos como “Balls To The Wall” (1983) o “Metal Heart” (1985), sin duda con un mayor presupuesto bajo el brazo, con unos temas más elaborados e incluso en algunos casos aptos para las radio-fórmulas, y consiguientemente una mayor repercusión a nivel mundial, pero particularmente sigo prefiriendo la rabia y la fuerza que desprendían estos “Breaker” y “Restless & Wild”, los cuales mostraron el camino a seguir a formaciones posteriores y asentaron un sonido ya genéricamente entendido como “metal alemán”.

El resto de la historia ya es de sobras conocida por los seguidores de la banda: tras una primera salida de Udo después de grabar “Russian Roulette” (1986) para proseguir carrera en solitario, la banda pinchó de manera considerable al prostituir su estilo inicial con el americanizado “Eat The Heat” (1989), con David Reece al micro. Dos reuniones posteriores de la banda con Dirkschneider (la primera de ellas registró el correcto “Objection Overruled” y los más discretos “Death Row” y “Predator”) supusieron el carpetazo a una carrera gloriosa por momentos (1981-1985) y prescindible por otros (1987-1997), acabando con la banda en una incómoda segunda fila, de la que siguen intentando salir a estas alturas con el americano Mark Tornillo al frente, aunque eso, nunca mejor dicho, es otra historia.

Ya sabes, si la época de gloria de la banda germana te pilló demasiado joven es hora de pegarles una escucha, y si ya conoces de qué va la vaina, no estaría de más desempolvar tus viejos vinilos y volver a disfrutar de ellos tropecientos años después.

Bubbath

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado y editado en enero de 2018)

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Moonspell – 1755 (2017)

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Los lusitanos Moonspell siguen surcando décadas plácidamente, al margen de modas y subestilos, con un patrón más o menos definido (Gothic / Dark Metal de corte clásico, resumiendo muy mucho), si bien se permiten vascular entre lo más comercial y lo que menos con algo más de tacto que otros contemporáneos suyos, como pueden ser Amorphis (más conservadores y lineales en cuanto a sonido) o Paradise Lost (de bandazos más extremos, en uno u otro sentido), por citar los más representativos. Obviaremos aquí a los Anathema y Katatonia de turno, que dado el intimismo de sus propuestas no han llegado a las cotas de popularidad de los primeros.

“Extinct” (2015) supuso el cénit de los portugueses a nivel Gothic Metal strictu sensu, probablemente el trabajo más accesible del grupo (que no ‘comercial’, ya que dudo haya sobrepasado los niveles de ventas otrora conseguidos por la banda), con una factura de singles irrepetible y sin perder en ningún momento sus señas de identidad, fundamentalmente la melodía y esa melancolía propia tan característica de la vieja Portugal. Fernando Ribeiro, que de tonto no tiene un pelo, sabía que seguir la línea trazada en aquél sólo podía llevar al desastre, y con esas recuperó una vieja idea de su época universitaria, que tras el visto bueno de sus compañeros de formación ha dado como fruto este 1755, una obra conceptual entorno a la tragedia acaecida en Lisboa en dicho año en forma de terremoto y posteriores tsunamis que asolaron por completo la ciudad y aledaños, y entonada íntegramente en la lengua materna de la banda, para que cualquier parecido con el pasado sea mera coincidencia. Ya lo decían sus vecinos hispanos, lo que embruja es el riesgo, y no dónde ir…

Y es precisamente eso lo que engrandece este trabajo, su carácter progresista, de ruptura y de nueva factura, algo que tiene su paralelismo en la propia historia que narra, la de una antigua Portugal fuertemente enraizada en el Catolicismo, que tras verse devastada por semejante catástrofe natural vino a replantearse su propia existencia religiosa a través de numerosos planteamientos filosóficos y no menos escritos existencialistas. Señor, ¿qué he hecho yo para merecer esto?

Y es que si bien trabajos conceptuales de referencia como Welcome To My Nightmare, Abigail o Seventh Son Of A Seventh Son lo fueron por su temática Ci-Fi o sobrenatural, 1755 lo es por su carácter realista-catastrofista, además de por estar escrito en el portugués autóctono de sus autores, algo poco habitual en el Rock en líneas generales, lo cual le dota de mayor personalidad si cabe. Con todos estos ingredientes y planteamientos en mente, y obviando por momentos lo que supusieron otros episodios musicales memorables de la banda (se recomienda encarecidamente escuchar el disco poniéndose en situación, previo proceso de abstracción total y con cascos y libreto en mano), no queda más que adentrarse en la visión personal de Moonspell de uno de los desastres naturales más impactantes y significativos de la Historia contemporánea, oígase por capítulos.

Em Nome Do Medo / In The Name Of Fear: Adaptación orquestal del tema de mismo título incluido en el álbum “Alpha Noir”, en esta versión con un tinte decididamente más dramático y épico, y que sirve perfectamente para ponerse en situación y agarrarse bien al sillón, que se avecinan temblores.

1755: Comienza la catarsis. Arranque frenético y directo, con coros a la Carmina Burana y un breve respiro en el interludio en formato de solo de guitarra de Ricardo Amorim y demás arreglos orquestales. Buen comienzo, contundente cuanto menos.

In Tremor Dei / In Fear Of God: Single decadente, tanto por letra como por tempo, con un riff incesante de Ricardo, aderezo de coros femeninos, y toda una religión de arraigo nacional puesta en entredicho en apenas una estrofa. ¿Castigo divino?

Desastre / Disaster: Comienzo doom que desemboca en un medio tiempo, y así se van sucediendo. En el aspecto lírico continúan las cuestiones trascendentales. No eres más que un hombre, un esclavo de Dios… Culpable.  En la edición que tengo en mis manos, además, se incluye la versión del tema en castellano.

Abanao / Quake: Haciendo honor a su nombre se me antoja el epicentro del trabajo. Muro de guitarras, guturales de Ribeiro, teclados acolchando omnipresentes característicos de sus colegas Cradle Of Filth (grande Pedro Paixao) y un cierre abrupto como el propio seísmo.

Evento / Event: Gaspar (batería) y Aires (bajo) abren la contienda de uno de los mejores cortes del disco, en el que no falta de nada y donde todo acompaña, desde el riff principal hasta el puente y el estribillo central (La fe no sirve de nada… Tranquilízate, es el fin… quédate quieto, porque Dios así lo quiere). Un tema prototípico de Moonspell con ese toque agónico tan característico y que siempre desemboca en un torrente de melodía cuando menos te lo esperas. Dios aprieta, pero no ahoga.

1 de Novembro / November 1st: En lo musical, parece un pasaje extraído de un álbum del mismísimo Rey Diamante (ese comienzo a lo The Lake les delata), con un Ribeiro entonando más alto de lo normal, mientras que en lo letrístico supone un punto y aparte, tanto en el disco como en la Historia de Portugal, llamémosle de Renacimiento cultural.

Ruinas / Ruins: Pasaje o, lo que es lo mismo, camino intermedio que comunica otros dos, en este caso temas. No se le puede llamar relleno, ya que en estos casos es tan imprescindible como un tema de los principales, necesario para hacer hueco y abrir paréntesis.

Todos Os Santos / All Saints: Otro de los grandes momentos del disco. Paradójicamente el desastre sobrevino el día de Todos los Santos en Portugal, con toda la muchedumbre visitando las iglesias, que a la postre serían derruidas (con la gente dentro) y la ciudad incendiada por los efectos de las innumerables velas encendidas. El corte de marras trata dicho tema desde una perspectiva positiva, tanto por música como por letra. The day rises in Portugal!

Lanterna Dos Afogados / Lighthouse For The Drowned: Supone el punto más sosegado del trabajo, de clara similitud con el material inmediatamente anterior del grupo (podría figurar perfectamente en “Extinct”), con Ribeiro cantando limpio por momentos. Buen cierre para un disco cargado de emociones fuertes.

Y eso es básicamente lo que comprende 1755, un disco repleto de riesgo (concepto, idioma, temática subyacente…) para una banda que, asumida ya su posición y que no tiene nada que perder (a lo sumo algún fan más, los que entran por los que salen), sabe lo que quiere y ante todo es honesta consigo misma, pese a quien le pese. Para el que suscribe, además, supone otro regalo más de una banda afín desde hace tiempo y por diversos motivos, tanto culturales como ancestrales. Muito obrigado, senhores. Faz dia em Portugal!

Bubbath

Rey, caballo y sota… La era Medieval de Judas Priest (1984 – 1988)

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Defenders Of The Faith (1984)

Una vez oí decir a alguien que “Freewheel Burning” representaba exactamente lo que es el Heavy Metal, tanto musical como letrísticamente hablando, y no pude más que darle la razón. De eso hace ya mucho tiempo, y no hace tanto llegó a mis oídos que dicha persona perdió la vida en un accidente en carretera, a lomos de una motocicleta concretamente, supongo que efectivamente acopló las palabras del mítico tema a su filosofía de vida y acabó pagando por ello.

Anécdotas trágicas aparte, lo que es innegable es que tanto el corte que abría aquel “Defenders Of The Faith” como el resto de temas y el propio título del disco rezumaban puro y genuino Heavy Metal, y a la vez consolidaban un sonido ya clásico y servían de fiel espejo en el cual mirarse las generaciones venideras.

La portada, al igual que las de su predecesor (“Screaming For Vengeance”) y sucesor (“Turbo”), corría a cargo de Doug Johnson, y en ella se mostraba a un ser mitad máquina mitad bicho llamado The Metallian, que además de amenazar con arrasar con todo (luego repetirían con The Painkiller), daba buena cuenta de la afición de Tipton y compañía por los cómics de ciencia-ficción.

El disco, producido por Tom Allom y mezclado en los DB Recording Studios y en los Bayshore, ambos en Miami (Florida), proseguía con la línea dejada en “Screaming For Vengeance” y mantenía en todo momento el vertiginoso listón de aquél, ya con la formación bien asentada (Rob Halford voz, Glenn Tipton y K.K. Downing guitarras, Ian Hill bajo y Dave Holland batería) y con el mundo entero atento a la jugada.

El antes mencionado “Freewheel Burning” y “Love Bites” servían de carta de presentación del disco (singles creo que lo llaman), el primero todo un alegato speedico de cómo practicar Heavy Metal, de guitarras incendiarias y estallidos vocales imposibles (Halford manda), y el segundo un medio tiempo épico y futurista que ya vaticinaba lo que podría venir en el futuro (“Turbo”), con una letra de esas que en boca del ‘Metal God’ sonaba más pendenciera todavía (“now you are mine, in my control”). Por cierto, los video-clips acompañaban que era un gusto, para revisitar en estados anímicos bajos.

Pero había más, por supuesto. “Jawbreaker” era potente y quedona a la vez, con unos duelos entre Tipton y Downing espectaculares, un doble bombo atronador por parte de Holland y unos falsetes finales de Halford de los que hacen afición. “Rock Hard Ride Free” era toda una declaración de principios, como el disco (“rock hard, ride free, all day, all night… rock hard, ride free, all your life”), impresionantemente simple y simplemente impresionante, “Some Heads Are Gonna Roll” era un curioso préstamo del cantautor Bob Halligan Jr., al igual que hicieran con las pasadas “Diamonds And Rust” y “The Green Manalishi”, y “Night Comes Down” hacía las veces de power-ballad de esas que crean escuela. Orgásmico.

El parco “Eat Me Alive” bajaba un tanto la media del trabajo, pero ésta subía enteros por momentos con el apoteósico “The Sentinel”, de comienzo espectacular (doblando guitarras), estribillo épico (“Sworn to avenge, condemn to hell, tempt not the blade all fear the Sentinel”), interludio mítico (“…the figure stands expressionless, impassive and lone, unmoved by this victory and the seeds of death he’s sown”) y catarsis final, con unos agudos inalcanzables por parte de Rob. Como dato curioso señalar que no se incluyera este último en el doble recopilatorio “Metal Works” pero sí el primero, cosas de la vida.

Cerraba el plástico una compuesta “Heavy Duty/Defenders Of The Faith”, de cadencia hímnica la primera parte y coros finales la segunda, ambas fundidas de tal forma que parece sólo una. Si al acabar la pieza no tenías el puño en alto, o no eras heavy o no te corría sangre por las venas (o las dos cosas).

Ese mismo año se presentaban en la piel de toro por primera vez con el disco bajo el brazo, y dos décadas más tarde unos jóvenes inquietos rendían tributo cibernético tanto a aquel disco en particular como al estilo que acuñaron sus padres en general. Que dure.

Bubba

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Turbo (1986)

A muchos os parecerá extraño el ver este álbum de Judas Priest en el apartado de clásicos si tenemos en cuenta que no es representativo de su trayectoria y que supone un paréntesis en toda la amalgama de poderoso Heavy Metal que los de Birmingham siempre han estado orgullosos de encabezar. No obstante, el hecho de que constituya un punto y aparte en su estilo característico, asentado durante el primer lustro de los 80 gracias a “British Steel”, “Screaming for Vengeance” y “Defenders Of The Faith”, nos ayuda a apreciar la capacidad del quinteto a la hora de interpretar su música de diferentes maneras y llegar a un público mayoritario sin perder un ápice de calidad. De hecho lo habían intentado antes, quizá no tan abiertamente, con “Point Of Entry”, pero el resultado no fue satisfactorio. “Turbo” fue grabado por la formación más duradera de Judas Priest con el inigualable Rob Halford a la voz, los míticos Glenn Tipton y K.K. Downing a las guitarras, Ian Hill al bajo y Dave Holland a la batería. La exitosa gira mundial bajo el nombre de “Fuel For Life Tour” que siguió a su lanzamiento les llevó a editar el álbum en directo “Priest…live!”.

“Turbo” consiguió dotar al Heavy Metal de los Priest de unos temas claramente comerciales, sencillos de recordar y accesibles a las grandes masas. “Rock You All Around The World” fue el ejemplo más visible, convirtiéndose en una pieza imprescindible en sus shows de entonces por su estribillo pegadizo. “Locked In” es más afín al esquema clásico del grupo, rock potente y directo, siendo el tema más fuerte de este álbum. “Turbo Lover” atrapa desde el inicio con la voz de Halford en primer plano en todo momento. La sobriedad de “Out In The Cold” esconde una energía contenida que explota en aquel arranque de “Priest…live!” (todavía estremece la figura de Rob Halford apareciendo desde detrás del escenario de forma ceremoniosa en el video durante este tema). Al grito de “Wild Nights (Hot & Crazy Days)” se desarrolla uno de los himnos más festivos de los Priest, y “Reckless” como colofón es una de esas canciones con un feeling enorme cuyo triste e injusto destino es el olvido.

No podré negar que los Priest atesoran más de un trabajo clasificable como clásico, pudiendo añadir “Painkiller” a los tres citados arriba, y que “Turbo” es la excepción dentro de su discografía. Aun así, la habilidad que los británicos demostraron tener para cautivar la atención de la gente ajena al mundo del rock y el metal e introducirlos en el mismo debe ser valorada en gran medida. Al menos, ese es mi caso y no puedo ocultar el cariño especial que le tengo a este disco. Supongo que algo así nos ocurre a todos con algunos álbumes, ¿verdad?

J. A. Puerta

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Ram It Down (1988)

Seguramente no es el disco más representativo de la carrera de los Judas, seguramente no es lo que se considere un clásico de la banda, pero para mí es un muy buen disco.

La portada ya deja patente lo que Judas buscan en este álbum, un puñetazo y dejar las cosas claras después de la absurda polémica que supuso su disco predecesor “Turbo”, con un sonido mucho más metálico y muy cercano a lo que sería su disco posterior, “Painkiller”. Es lo que yo llamo un disco bien situado en el tiempo, o sea, que recoge los coletazos del “Turbo” y nos acerca a lo que vendría después. Por cierto, es el inicio de las portadas de Judas en tonalidades azules.

Y ahí tenemos claros ejemplos de guitarras metálicas y riffs poderosos desde el inicial grito agudo de Halford con el tema título “Ram It Down”, que contiene uno de los solos más vertiginosos y posiblemente de los que más me gustan de Judas Priest, muy buen trabajo de K.K. y Glenn. Como curiosidad decir que la canción la llegué a escuchar en los 40 en su día, aunque no la pusieron en su totalidad.

Deleitarse escuchando el solo inicial de Glenn en “Heavy Metal” es algo que he hecho en más de una ocasión, una canción en la que es cierto que se me hace algo repetitivo el estribillo y que no sería la única declaración de principios en el disco, pues también nos encontramos con “I’m A Rocker”, y que plasma perfectamente lo que os decía al inicio de la reseña, un perfecto cruce entre “Turbo” y “Painkiller”. Por cierto, ¿he oído el estribillo de “I’m A Rocker” en “Leather Rebel” o es mera coincidencia?

Lo mejor del disco está sin duda en su parte central, con otro puñetazo en toda la cara llamado “Hard As Iron”, una de las canciones más cañeras de la banda y con un estribillo acojonante donde me encanta la voz de Halford. Destacaría también el uso de efectos de explosión en el tema, dotando al mismo de mucha más fuerza si cabe, sobre todo en la parte central, pelos de punta, oiga. Después del trallazo viene un tema más pausado, pero no por ello menos bueno, y es que “Blood Red Skies” podía estar perfectamente en “Turbo”. Relájense y escuchen sobre todo la voz de Rob Halford, digna de elogio en la parte acústica y en el estribillo. ¿He dicho antes la expresión pelos de punta? Aplíquenla aquí también. Es el tema más largo del disco, casi ocho minutos.

¿Hay alguien que no haya escuchado el clásico de Chuck Berry “Johnny B. Goode”? Pues los Judas se atreven a darle su propio sonido y a actualizarla, ciertamente el único parecido con el de Chuck Berry es la letra, ya que en la música no tiene absolutamente nada que ver. ¿Se le puede llamar a esto versión? Hombre, no lo sé, pero lo que sí os aseguro es que fue una de las canciones que más escuché del “Ram It Down” en su época.

¿Y qué hace que este disco no se considere de lo mejorcito de la banda? Pues tristemente nos encontramos con dos canciones de relleno y totalmente sobrantes, y que son precisamente las dos últimas: la macarra “Love You To Death” y la que siempre he tenido atragantada, “Monsters of Rock”, juntándolas con otras que no son malas, ni mucho menos, pero que no tienen ese don de destacar, como “Love Zone” o “Come And Get It”.

Muy buen disco, con Judas volviendo a reafirmarse en los sonidos más metálicos. Por cierto, el disco fue el último en el que aparece en los créditos de baterista el polémico Dave Holland.

Aguskill

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado en enero de 2018)

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Héroes del Silencio – Live In Germany (2011)

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Nunca es tarde si la dicha es buena, imagino fue lo que pensaron Juan, Pedro y Joaquín a la hora de ponerse manos a la obra y rescatar del ostracismo este concierto de la gira “El Camino Del Exceso” en su paso por Alemania, concretamente registrado en la ciudad de Koblenz el 2 de octubre de 1993 y televisado por la cadena SWF3 el 4 de diciembre de ese mismo año, y de seguro que muchos de sus nuevos y antiguos fans han compartido dicho pensamiento.

Lo cierto es que extraña su edición a estas alturas, no tanto por su demora, más que evidente, como por el vacío existente a nivel de discografía en directo tras el aclamado “El Espíritu Del Vino”, ya que si bien se editó en su momento aquella caja oficiosa “En Directo”, la cual recogía el vídeo del concierto ofrecido en el Palacio de los Deportes de la CAM (también ofrecido en su momento por La 2 de TVE y posteriormente incluido en la edición “El Ruido Y La Furia”), el mencionado disco no tuvo su directo ‘oficial’ como lo tuvieron “El Mar No Cesa” con el mini Lp “En Directo”, “Senderos De Traición” con “Senda 91” y “Avalancha” con “Parasiempre”, y visto lo visto y oído lo oído pienso sinceramente que deberían haberlo editado entonces, ya que la pieza encaja perfectamente, sirviendo de perfecto complemento documental en lo que a ediciones en directo del grupo se refiere, e incluso superando con facilidad el listón ofrecido en alguno de ellos (“Parasiempre”).

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¿Y qué puede aportar “Live In Germany” en estos latidos en los que estamos? Aparte de nuevos ingresos para EMI Music Spain, a la cual se le resiste dejar de ordeñar a una de sus vacas más sagradas (dudo que le queden más ases en la manga), sirve de extracto fehaciente de lo que era un concierto de Héroes en aquellos años, ejecución correcta y entrega máxima en cualquiera de las circunstancias, fuera cual fuera la audiencia y el número de integrantes de ésta. En este caso concreto, podemos apreciar tanto visual como musicalmente a los Héroes más genuinamente rockeros de su corta pero prolífica trayectoria, no en vano la única representación aquí de su era más gótica y primigenea son “Olvidado” y el bonus track “Hace Tiempo”, las cuales rockerizan debidamente para su empaste con el resto. Por lo demás, mayoritaria representación de Senderos y El Espíritu, reducida aquí en función de la calidad y los cortes publicitarios de la televisión alemana, ya que doy fe de que un concierto de HDS por aquel entonces albergaba aproximadamente el triple del contenido de este CD y DVD.

Si bien el artwork está suficientemente cuidado, con fotos de la época y la simbología plateada de “El Espíritu Del Vino” (se nota que no es otra fría edición de EMI y que se ha involucrado el propio grupo), se echa en falta algo más de material y coherencia (sigo preguntándome qué pinta en el libreto la portada del “Senda 91”), aunque entiendo que dado el precio y el formato doble tenían que recortar por algún sitio.

En cuanto a la continuidad del grupo y sus ediciones futuras, esperemos que Bunbury entre en razón y no deje huérfano al buque, sin él no sería ni de lejos lo mismo.

Bubba

(Publicado originalmente en ROCKSCALEXTRIC durante el tercer lustro de la era 2000)

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Héroes del Silencio – El Espíritu Del Vino (1993)

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Hablar de Héroes del Silencio es hablar de un grupo que lleva implícito el sello amor/odio, tanto por parte de crítica como por parte de público, ya que si bien puede decirse que fue un grupo que levantó pasiones en el sentido estricto del término, las mismas oscilaron entre el fanatismo desenfrenado de numerosos fans y un odio exacerbado por parte del sector más purista, que veía su terreno claramente invadido por un grupo que navegaba a sus anchas en el mundo del pop.

Pero de lo que no hay duda es de que, pese ser un grupo que se permitía vender como el que más tanto dentro de nuestras fronteras como fuera de ellas, sus connotaciones con el mundo del Hard Rock fueron más que notables, tanto por su música como por su imagen. Con una evolución claramente destinada a adentrarse en las raíces del Rock Duro, no cabe imaginar a unos Héroes sin beber de fuentes tan diversas como The Mission, U2, Guns N’ Roses, The Cult o los mismísimos Zeppelin.

Recuerdo perfectamente el día en que me hice con el EP que incluía “Héroe de Leyenda”, el nacimiento discográfico de la banda. Unos jovencísimos Enrique Ortiz de Landázuri (voz -aún quedaban años para que se autoapellidara con una cita de Oscar Wilde-), Juan Valdivia (guitarra), Joaquín Cardiel (bajo) y Pedro Andreu (batería), se presentaban al mercado de la mano del Olé Olé Gustavo Montesano, adelanto de lo que sería su primer larga duración, “El Mar No Cesa”, un debut de excelentes canciones pero con una producción excesivamente light, algo obvio teniendo presente de quién venía. De la gira correspondiente vio la luz “en Directo”, una tirada limitada que todavía me remueve el deshacerme de ella en su día, puesto que no se ha vuelto a editar, salvo en el mercado pirata, claro (*). Y a partir de ahí la madre del cordero: “Senderos de Traición”, ya con el ex Roxy Music Phil Manzanera tras los mandos, que si bien no endureció tanto el sonido como le proporcionó matices y colorido, supuso el pelotazo final de la banda, escalando posiciones en las listas a velocidad de vértigo y pegando el gran salto a Europa, sobre todo a Alemania, bajo la atenta mirada de sus fans y el odio contenido de sus detractores. Al igual que “El Mar…”, “Senderos de Traición” tuvo su correspondiente álbum en directo, “Senda 91”, de nuevo una “rareza” de coleccionista que se repartía los temas en dos vinilos a 33 r.p.m., con mensaje oculto incluido en los surcos (“Y entre cada palabra y sílaba pronunciada como surco áspero al recorrer, quedarán mensajes sin descifrar que escondan mentiras aprendidas”) y otros mensajes algo más explícitos de críticas al grupo y a sus actuaciones en directo plasmadas en la carpeta.

Y tras esta contextualización histórica llegamos a lo que es, para servidor, su obra más completa y ambiciosa, “El Espíritu del Vino”, nuevamente doble y con una presentación exquisita (cada canción con su icono correspondiente y las letras traducidas al inglés), ilustrando en la portada una calle zaragozana encerrada en una bola de cristal. Su contenido no lo era menos.

El primer plástico lo abría lo que sirvió de single de presentación del disco, “Nuestros Nombres”, todo un alegato metafórico (como de costumbre) en plan “aquí estamos de nuevo”, para alborozo de muchos y desdicha de otros (circula algún pirata de la banda en el que aparece el corte como “Al Saber Le Llaman Suerte”, título bastante más explícito que el definitivo). Una armónica y una tos, acompañados de un “joder qué zoquete que eres…” de fondo, daban paso a la omnipresente guitarra de Juan Valdivia, que abría contundentemente a base de riff y secundado por los timbales de Pedro Andreu. Qué comienzo. El vídeo, grabado en Los Monegros y el Pirineo de Huesca, acompañaba bastante bien. “Tesoro” era un pasaje lírico y sosegado, de punteos cristalinos y teclados de fondo y con una de esas frases que se te graba a fuego: “…y no queda nada sagrado que me divierta ya…”. A continuación uno de mis favoritos de siempre, “Los Placeres de la Pobreza”. Letra profunda e incisiva como pocas y un trallazo de rock para acallar bocazas. Ah, que no se me pase: solo de los que hacen afición a cargo de Valdivia, pelos como escarpias (en el vídeo, un más mesiánico que nunca Bunbury se lanza al respetable, para que luego digan). Y cerrando la cara A otro de los singles de renombre, “La Herida”, un corte de dos tiempos claramente diferenciados, comienzo baladístico con acústicas y desenlace atronador, en el que hacían mella en el profundo tema de la amistad y para el que se grabó otro vídeo, esta vez a cargo del propio hermano de Enrique, Jorge Ortiz de Landázuri.

La segunda cara del primer disco la abría magistralmente “La Sirena Varada”, de efluvios góticos (esos punteos marca de la casa) y poperos a partes iguales, otro de los video-singles que más se pincharon en el momento, seguida de “La Apariencia No Es Sincera”, un tema oscuro y barroco dirigido expresamente a los críticos con manía persecutoria del grupo, de estribillo sugerente y siempre con el enrevesamiento letrístico tan característico de la banda. “Z” (Z-aragoza) era una instrumental de guitarra acústica que servía de preludio a “Culpable”, la cual se abría con eléctricas en primer plano, para contrarrestar. Uno de los temas más desapercibidos del disco pero sin bajar en calidad en ningún momento.

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“El Camino del Exceso” abría el segundo vinilo, y de qué forma. Aparte de poner nombre al disco (“quemamos con malas artes el espíritu del vino, y no va a regresar”) significaba toda una declaración de principios, arrogante e irreverente como ellos y poniendo de manifiesto toda una filosofía de vida. En lo musical destacar el riff persistente de Valdivia y a un siempre secundario Joaquín Cardiel, que acompaña como procede con el bajo. “Flor de Loto”, otro de los “hits” del doble, mostraba a unos Héroes pletóricos, en este caso sobre todo a Enrique, tanto por la voz como por la letra del tema, fruto de uno de sus viajes a Oriente (Nepal, para más señas), en el que pudo conocer en persona a la niña que apadrinó a través de la ONG Ayuda En Acción, a saber, su flor de loto. En él podemos observar lo mucho que crecieron musicalmente con respecto a trabajos anteriores, sin miedo a la experimentación y utilizando instrumentos tan exóticos y desconocidos como el sitar. “El Refugio Interior” no era otra cosa que un solo de batería a cargo de Pedro aderezado de efectos, que antecedía al tema más hard del trabajo, “Sangre Hirviendo”. Como su nombre daba a entender, era una muestra para los acusadores de la pop-ularidad de los Héroes que a ellos les hervía la sangre, y qué mejor forma de demostrarlo que con este trallazo. La rabia que contiene el corte habla por sí solo.

Una carraca y la batería a pelo abrían “Tumbas de Sal” y la cuarta cara del plástico, con un Bunbury vociferando por un micro distorsionado en plan Elvis hasta el estribillo, en el que se volvía a escuchar claramente su voz y cómo ponía en tela de juicio nuevamente el acomodado sistema occidental y sus prejuicios hacia lo desconocido (es más que evidente lo que le marcaron sus viajes a Oriente tras el éxito de “Senderos de Traición”). “Bendecida 2” era un canto a capella que precedía a “Bendecida”, otro de los mejores momentos del trabajo para el que suscribe, un tema evocador y de bellísima factura, con uno de esos estribillos que te hacen una cruz en lo más hondo. Y de postre y como colofón “La Alacena”, una balada de piano (a cargo de Copy, amigo del grupo y acompañante de Bunbury en solitario) realmente emotiva, que cierra el trabajo como el que no quiere la cosa.

Como decía al comienzo, la banda prosiguió la búsqueda de su sonido en “Avalancha”, su disco más crudo y contundente (Bob Ezrin -Alice Cooper/Kiss-), que junto al directo “Parasiempre” puso punto y aparte a una carrera jugosa como pocas ha visto nuestro país, una pena que nuestros “profesionales” no lo supieran apreciar en su momento. Giras apoteósicas (puedo decir con orgullo y satisfacción que asistí a todas desde la registrada en “Senda 91”, y los recuerdos son impagables), talento, arrogancia y ambición (nada de mirar con envidia a lo foráneo) son los factores que propiciaron ese aura de “grandes” a Héroes del Silencio, y fue ello precisamente lo que les acabó consumiendo.

¿Disolución “para siempre”? Me parece mucho tiempo… (#)

Bubba

(*) (#) Finalmente se reeditó el catálogo completo de HDS con la reunión del grupo en 2007

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado en diciembre de 2017)

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DEATH – Symbolic (1995) – 16 años sin Chuck

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Recuerdo como si fuera ayer cuando “Symbolic”, el esperado sexto trabajo de estudio de los Death de Chuck Schuldiner, irrumpió en el mercado discográfico. Es más, me acuerdo como si hubiera pasado hoy mismo estar esperando impaciente con la radio enchufada a que la neurona del Pirata le recordara que ese día tenía que estrenar el nuevo trabajo de la banda. Por fin, tras una ardua espera y demás desvaríos del viejo de la pata palo, sonó “Sacred Serenity”, y rápidamente mis dudas y mis sospechas a la par se vieron despejadas de un plumazo: Death proseguían el viaje emprendido en “Human”, que no tenía otro destino que el de ahondar cada vez más en la melodía sin dejar de lado, eso sí, la brutalidad que les había caracterizado todos esos años atrás.

Y es que esperar ‘lo nuevo’ de Death era algo así como un rito o celebración religiosa, que compartían tanto fans como músicos y crítica en general. No en vano, Chuck Schuldiner puede considerarse un poco el ‘padre’ de la vertiente más brutal del metal, y si bien no vamos a aventurarnos en asegurar que fue el mismo nombre de la banda el que acuñó el del propio género (habría que pedir permiso a Possessed y a su “Seven Churches”, entre otros), desde luego tuvo algo que ver.

Con “Individual Thought Patterns”, el bueno de Chuck, junto al ex Sadus Steve DiGiorgio (bajo), el ex Dark Angel Gene Hoglan (batería) y el mismísimo Andy LaRocque, mano izquierda de King Diamond (guitarra), demostró que en eso del Death Metal también hay sitio para el lucimiento personal y la demostración técnica, y quizá por ello en este “Symbolic” regresaron un tanto a las raíces de todo (¿Death Metal? ¿Thrash? ¿Heavy? Poco importa…). Esta vez Chuck se metió en el estudio de la mano de Jim Morris y bien respaldado de nuevo por Gene ‘el pulpo’ Hoglan y unos menos conocidos Kelly Conlon al bajo y Bobby Koelble a la segunda guitarra. ¿El resultado? Un disco para la Historia.

Lo cierto es que no fueron pocos los que tildaron a Death de comerciales e incluso de vendidos por editar un disco como éste, aunque sigo sin imaginarme un “Symbolic” colándose en los 40 principales. Obviamente se trataba del sector más purista, que no alcanzaba a comprender cómo una de las bandas pioneras de la brutalidad se hacía cada vez más accesible y dinámica. Todo tiene su lógica. Chuck siempre había ido un paso por delante, y el intentar aferrarse a un género tan opaco como el Death Metal le hubiera acarreado una muerte (musical) demasiado prematura, como su propio nombre indica. Lo que nunca imaginamos es que otra muerte, la más cruda y real, nos privaría al poco tiempo de seguir disfrutando de este genio, incomprendido por unos y aclamado por otros.

¿Temas? Todos eran sobresalientes, desde el riff de apertura de “Symbolic”, rápidamente roto para que Hoglan destrozara literalmente su kit de batería a golpe de caja y doble bombo, hasta “Perennial Quest”, que cerraba majestuosamente el plástico. “Zero Tolerance” guardaba pasajes inolvidables, de innumerables quiebros pero sin perder el norte, y la oscuridad de “Empty Words” todavía me encoge cada vez que la escucho (esa voz agónica de Chuck desgañitándose, vive dios), ahora más si cabe que el primer día. “Sacred Serenity” era todo un alegato Thrash, de riffs persistentes y estructura pegadiza, mientras que “1000 Eyes” era un vuelo fugaz de estribillo tan fácil como memorable (el contraste de esas sobrias melodías de guitarra con la batería salpicando por debajo es difícil de olvidar). Y si bien “Misanthrope” pasaba algo desapercibida, el barroquismo de “Without Judgement” y la apoteósica “Crystal Mountain” (con esos punteos en los descansos) demostraban de nuevo esa perfección llena de pequeñas y conscientes imperfecciones, que hacían más jugosa y amena si cabe la escucha.

Como muchos de vosotros sabréis, Chuck Schuldiner fallecía el 13 de diciembre del 2001 a causa de un tumor cerebral, interrumpiendo así de manera tajante la carrera tanto de Death como de sus demás proyectos paralelos (Control Denied). Desde ese día el mundo del metal perdió a uno de sus hijos predilectos. “Symbolic” es una buena manera de recordarle.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Sepultura – Chaos A.D. (1993)

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A la hora de rebuscar en la discografía de estos hijos de la miseria de Sao Paulo, supongo que lo más lógico sería rescatar aquellos discos que les otorgaron la fama mundial (“Beneath The Remains”, 1989) y les consagraron como los sucesores predilectos al trono de Slayer (“Arise”, 1991), pero como esta reseña más que de lógica es producto de un calentón, me van a permitir vds. que les presente (o les recuerde) aquel revolucionario “Chaos A.D.”, que para mal o para bien removió los esquemas de lo que aburguesadamente se venía llamando Thrash Metal.

Y es que si en los grandes “Beneath The Remains” y “Arise” todavía se dejaban entrever los posos de las influencias de los brasileños (Celtic Frost, Sodom, Kreator o los propios Metallica, aunque desde luego más levemente que en “Morbid Visions” o “Squizophrenia”), en este “Chaos A.D.” rompieron con todo y registraron una obra que bien puede valer como punto de inflexión en lo que a música burra se refiere (no, no estoy hablando de Operación Triunfo).

Tras la genial portada (cómo no) de Michael R. Whelan y el cambio en los controles de Scott Burns a Andy Wallace, sin duda clave en el resultado final (¿quién dijo Thrash?), se escondía un trabajo que en su día noqueó al público thrasher por completo (menudo careto se nos quedó), pues si bien la brutalidad de los hermanos Max (guitarra y voz) e Igor Cavalera (batería), Andreas Kisser (guitarra) y Paulo Jr. (bajo) seguía intacta, las estructuras prototípicas del Thrash pasaron a mejor vida y se reinventaron a sí mismos de una manera francamente envidiable, aunque muchos no lo supiéramos apreciar en su día.

La tripleta inicial era de sacársela al fresco: “Refuse / Resist”, “Territory” y “Slave New World” (firmado a pachas entre Max y Evan Seinfeld, de Biohazard) eran violentamente incorrectos, tanto musical como letrísticamente, y si de sobras eran conocidas las limitaciones de la banda con sus instrumentos (chicos de barrio, vaya), estos cuatro forajidos del sur de las Américas suenan más creíbles que nunca (sobre todo Igor, que está descomunal). Para sorpresa (o desesperación) de muchos, la rapidez dejaba paso a la densidad en cortes como “Amen”, “Nomad” o en la inquietante “We Who Are Not As Others” (claro guiño al mítico film freakie de serie B), mientras que el letal “Propaganda” o el breve “Biotech Is Godzilla” (Jello Biafra) daban cancha al sector más bestia.

“Manifest” sirvió incluso de sintonía para algún programa de TV (Metalla, Viva TV), y para remate final del baile el grupo indagaba en la música indígena brasileña con el tribal “Kaiowas”, preludio de lo que harían posteriormente en “Roots”, y se atrevía con el genial “The Hunt”, originalmente de los New Model Army. “Clenched Fist” cerraba el plástico, y la cara de tonto tras la primera escucha era inevitable.

Para servidor un disco clásico es aquel que, por una u otra razón, significó un antes y un después en el mundo de la música, y este no me cabe duda que lo hizo. ¿Lo tienes? Pues estás tardando.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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