THE CULT – Sala Riviera (Madrid), miércoles 21 de Agosto de 2019

El anuncio del concierto en la capital en las semanas previas fue como maná caído del cielo para sobrellevar la reciente orfandad de vacaciones. Bajar a tirar la basura un miércoles estival y plantarte en apenas media hora y sin tráfico en los aledaños de la Riviera es un privilegio. Como tener a The Cult en el vestíbulo de casa, ante una sala abarrotada cual lata de sardinas (agotaron localidades horas antes) y con el añadido de una acústica nítida y potente (ésta no es la Riviera que yo conocía).

Quince minutos sobre la hora salía de los altavoces “Angel” de Massive Attack y, acto seguido, empezaba el espectáculo. Con una puesta en escena espartana, “Sun king” sirvió de calentamiento y resultó más desangelada de lo previsto. Astbury bajó las revoluciones de la canción a conciencia y salió comedido para no quemar naves, algo que agradeceríamos más adelante. A estas alturas a nadie se le escapa que la garganta del cantante es como una escopeta de feria: jamás acierta la diana, a lo sumo la roza si toca noche buena; y eso fue lo que ocurrió. Que es incapaz de hilvanar tres estrofas sin tomar oxígeno no es novedad, pero se notó que venía fresco (un mes de descanso de por medio) y que lleva la lección aprendida (… por viejo que por diablo). Clavó los tonos graves con gran intensidad y supo dosificar convenientemente las subidas hasta el punto de que había que frotarse los oídos en “The phoenix” y “She sells sanctuary” para creerse lo que estábamos presenciando. Por otro lado, quedó atestiguado lo que ya sabíamos: que Billy Duffy es el rock personificado y que a John Tempesta le sobra una extremidad para tocar el cancionero de los británicos. El grupo sonó absolutamente sólido y compacto, de diez.

El set siguió al dedillo el guión de la gira americana y la cita vitoriana en el Azkena. No hay duda de que la excusa del enésimo aniversario de “Sonic temple” vende, pero nuestro reclamo se alimentaba de “New York City”, “American horse”, “Automatic blues” y “Soul asylum”. Con gusto hubiese canjeado “Nico”, “The saint” o “Speed of light” (en resumidas cuentas, cualquiera de “Beyond good and evil”) o un simple guiño a alguna de sus tres últimas obras por otras tantas trilladas, aunque las circunstancias mandaban y ni ellos mismos están por encima de su legado. Regresando a la tanda de “Beyond…”, la fija “Rise” levantó los ánimos del quinteto y de parte de la pista y “American gothic”, la flor de loto de esta tournée, vio cómo Astbury naufragaba en su estribillo y entraba en modo Danzig por segundos. A partir de ese punto, “Spiritwalker” y un bloque final comandado por “Love” y “Electric” convirtió el bolo en una auténtica fiesta. Ante “Wild flower”, “Rain” y “Love removal machine” sucumbimos al unísono sin rechistar, saltando, levantando puños al aire y berreando como si nos fuese la vida en ello.

Duffy se despedía por uno de los micros y recibía la debida pleitesía, mientras Astbury nos miraba a los ojos ya sin gafas de sol, riéndose de su propio protocolo de rock star. Lo de soportar hora y media de show en pleno agosto sudando la gota gorda con las gafas puestas y una cazadora bomber bien apretada (muy Calamaro-Bunbury, ¿o era al revés?) pareció una promesa de costalero trianero. A base de bailes, jugueteos constantes con el pie de micro y acrobacias varias con la pandereta dignas del Circo del Sol nos acabó magnetizando igualmente. Al fin y al cabo, le sigue rodeando ese aura especial que siempre le ha acompañado, aun en tiempos peores. Acudiendo a su cosecha, sería algo así: ‘We are gathered here in a sacred place / Ceremony / Rock’n’roll music got you good, now children’. ¡Larga vida a Zandig!

J. A. Puerta

LEGACY + GAME – Sala La Mala (Madrid), 10 de diciembre de 2016

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Teníamos una pequeña deuda pendiente con la capital, y es que si antaño la frecuentábamos con bastante asiduidad con la excusa de las citas conciertiles y las quedadas de colegas, con el paso de los años y la reducción de motivos para el peregrinaje (cada vez son menos los grupos pendientes de presenciar y más escasos los bares del gremio que visitar), visitas culturales al margen, decir que llevábamos un considerable período de tiempo sin presenciar una descarga por allí, cargar pilas y de paso descargar adrenalina, lo que viene siendo un 3 en 1. Si a todo eso le añadimos una deuda y excusa mayores, como es presenciar la descarga de esos mismos colegas con los que solíamos quedar aquellos años de bonanza rockera, el viaje se presentaba necesario y placentero a partes iguales.

Tras una jornada de viernes en la que no faltó de nada, desde sinpas’ inconscientes en el Gambrinus de turno hasta la merecida reconquista de los bajos de Argüelles (la Historia contará cómo una panda de cuatreros alicantinos tomaron el Gatuperio a base de Jagger y acabaron con la absenta en el glorioso Bastard… o en su defecto os lo contaremos nosotros a pie de barra), pasando por una suculenta cena en preferente del AVE cortesía de un Santo y el consiguiente pacharán para hacer base, la jornada del sábado se presentaba completa, de almuerzo-discos-comida-siesta-cena-y-concierto. Pues eso, un completo.

Y en esas nos personamos en La Mala, una sala de reducidas dimensiones en el barrio de Aluche pero en la que nos aguardaba un gran ambiente, unos grandes músicos y por encima de todo unas grandes personas.

Nada más llegar nos daba la bienvenida ese maestro del bajo que es Rubén Martín, otrora compañero juntaletras en la buena época de The Sentinel Web Magazine, con el que acabamos forjando una bonita amistad que unió la pasión por la música y que afortunadamente perdura en el tiempo (y eso, que dure); no muy lejos también Gustavo, su hermano, un fenómeno de las seis cuerdas (de acero) que aprendió de los más grandes de la piel de toro y a los que pronto pasó sin demasiados problemas, si algo queda de justicia en este mundillo rockero acabará en su sitio, y si no, como decía Conan, que se vayan al infierno! Y por la sala, cómo no, ese asiduo de las noches rockeras madrileñas apodado Karlos Schenker, un placer encontrárnoslo de nuevo (a la próxima comida asegurada, compadre).

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Y mientras nos ubicábamos en la sala ya andaban sonando GAME, el grupo de Edurocks, otro forero de la era Sentinel que junto a su banda supieron calentar el cotarro a base de clásicos del Rock y algún tema propio y allanar de paso el camino a los grandes LEGACY. Por la (pequeña) palestra, y con Edu cogiendo y soltando la Stratocaster según el invitado, fueron pasando amigos y/o componentes del grupo, según parece todos compañeros en algún momento de local de ensayo, lo cual dio más sensación de fiesta entre colegas que de concierto al uso. Ejecución correcta (sin alardes, sobre todo en la batería, que quizá se hizo algo lineal por momentos, como en el caso de “C’mon and Love Me” de KISS), sonido bastante decente y sobre todo mucha interactuación con el público, que sumado a las diversas colaboraciones que pasaron por escena (mítico el guitarrista que se marcó el “Over The Hills And Far Away” de Gary Moore, todo un guitar-freak, por no mencionar al little-Halford que se desgañitó vivo en otras como “Lick It Up” de KISS o en la despedida final compartida de “Doctor, Doctor” de UFO), supuso como digo una fiesta de bienvenida para lo que se nos venía encima. El set-list:

Larga Noche

It’s Alright

Walking on the Edge

Set of Lies

Jailbreak (Thin Lizzy cover)

C’mon and Love Me (KISS cover)

Piguis Bar

Over The Hills and Far Away (Gary Moore cover)

Hush (Deep Purple cover)

Animal (Def Leppard cover)

Lick It Up (KISS cover)

No hay Tregua (Barricada cover)

Autómata

Wicked Game (Chris Isaak cover)

Lo más animado para el que suscribre el tramo entre “Over The Hills…” y “No Hay Tregua”, con “Hush” y “Animal” como momentos álgidos, y una versión del clásico de Barricada que no esperábamos y que nos cantamos todo el sector alicantino (borracho y fino).

Pero lo mejor estaba por llegar, y la coverband de los Martín no defraudó a nadie. Tenían los medios en su contra (equipo compartido, sala pequeña, escenario minúsculo…), y lo que pudo salir mal también lo hizo (…monitores que se apagan, un bombo de batería que parecía querer probar el mosh…), pero nada de eso consiguió empañar una actuación sobresaliente, que de haber gozado de unas condiciones óptimas habría podido ser perfectamente de matrícula.

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La banda afincada mayormente en Talavera de la Reina, tras editar en 2014 aquel “Rockin’ All Over Hard Rock” y llevar un tiempo interpretando los 13 homenajes que contiene, a día de hoy y a las puertas de su segundo trabajo tienen ya un vasto repertorio de versiones de los que se permiten elegir (es eso o tocar más de 3 horas), y esta noche nos ofrecieron una selección de lo más exquisito, a saber:

Walkin’ in the Shadow of the Blues (Whitesnake)

Hollywood (Thin Lizzy)

Perfect Strangers (Deep Purple)

Hooks In You (Marillion)

(Bad Boys) Back In Town (Asia)

Girl from Lebanon (Europe)

Separate Ways (Journey)

Kayleigh (Marillion)

Starry Night (Joe Satriani)

Easter (Marillion)

Days Of No Trust (Magnum)

Distant Early Warning (Rush)

Portrait (He Knew) (Kansas)

20th Century Fox (38 Special)

Summer Song con José Martos (Joe Satriani)

The Boys Are Back In Town con José Martos y Sergio Rivas (Thin Lizzy)

Ready An’ Willing (Whitesnake)

Rock And Roll (Led Zeppelin)

Cold As Ice (Foreigner)

Highway Star (Deep Purple)

Doctor Doctor con GAME (UFO)

Mentiría si dijise que fue un show perfecto, pero si no lo fue no tuvo nada que ver con la labor del grupo: Ricardo Olivares se esconde en la penumbra para arropar al grupo con su teclado omnipresente (el repertorio lo requiere), Rubén al bajo y el recién llegado Cándido Ruiz se compenetran a la perfección, y además de eso, aportan un colorido necesario a esas míticas y ya de por sí complejas composiciones, redondeadas por la calidad instrumental de Gustavo (que no voy a repetir) y por ese timbre tan versátil como delicado del que goza el vocalista Antonio Flores (no, nada que ver), una especie de híbrido entre Steve Perry y Freddy Mercury con una sensibilidad especial en sus cuerdas vocales, y que hace suyas todas y cada una de las versiones. Por lo demás, y como decía al principio, si el show no fue finalmente de matrícula tuvo más que ver con que Gustavo no se escuchara por monitores, que Cándido estuviera más pendiente de llegar con el pedal al bombo que de otra cosa o con que Rubén hiciera de bajista-mecánico (el momento caja de herramientas sujetando el bombo fue puro Spinal Tap) que de la calidad del repertorio y de la ejecución del mismo. Por su parte, y además de la calidad técnica, la banda sonó potente (a volumen, vamos), algo que los de oído castigado agradecemos con los años.

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Como pros destacaría prácticamente todo, el repertorio acojona sólo con verlo, pero es que oírlo es mucho mejor. Si además de eso te sorprenden con “Girl From Lebanon” (cuando Gustavo dijo que era un tema intermedio de Europe y comenzó el solo sostenido del principio mis esperanzas se tornaron en escarpias) sólo queda una cosa, sacársela (la espina). Como contras, al margen de los citados problemas técnicos y por ponerle algún ‘pero’ totalmente subjetivo-porculero, opino que a lo mejor, y sobre todo de cara al público general, deberían intentar no repetir bandas en el mismo set-list a medida que éste crece, ya que si bien esta noche repitieron algunas como Whitesnake, Marillion o Thin Lizzy, se quedaron fuera otras como Boston, Van Halen o Dream Theater, que también tienen derecho a cobrar royalties (por parte del que suscribe como si se tocan entero el “Jailbreak”, ningún problema). Como anécdota especial decir que el ex baterista de Niágara y Barón Rojo (y ex vecino nuestro de restaurante) José Martos salió a tocarse el “Summer Song” de Satriani y el mítico “The Boys Are Back In Town” de mis queridos Thin Lizzy, a la que se unió el guitarrista de Sherpa Sergio Rivas. Y como fin de fiesta la banda GAME se subió de nuevo al escenario para descargar entre todos el mítico “Doctor, Doctor” de UFO en plan apoteósico.

Y esto fue más o menos lo que vivimos en La Mala, una sala tan pequeña como acogedora, y de la que nos llevamos un grato recuerdo por las gentes que la habitan y lo que allí presenciamos. Saludos a mis compañeros de viaje (Agus, Silvia & Saints), a los nuevos/viejos madrileños (Peto, Raquel & David), a los que no estuvieron (te echamos en especial falta, Stratobreaker) y a las bandas que amenizaron la velada (en especial a Rubén, un hermano del metal). Y sí, el sábado también nos dio tiempo a retomar Argüelles, pero eso como suele decirse, es otra historia…

Bubbath

MOONSPELL + DER WEG EINER FREIHEIT – Sala Garaje Beat Club (Murcia), 6 de diciembre de 2016

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Había ganas de volver a presenciar un show de nuestros vecinos lusos Moonspell en sala y en su salsa, ya que las dos últimas veces había tenido que ser en el marco de sendos festivales, Leyendas del Rock en 2014 y Rock Fest este mismo año, con los contras que ello supone, quedando ya lejos la brutal descarga que les vimos en el Vintage Tour a su paso por Valencia en 2011, y mucho más aquella primera vez en la gira de The Butterfly Effect en 2000 en Petrer, Alicante.

Abrían la velada los germanos Der Weg Einer Freiheit (que vendría a ser algo así como el camino de la libertad en la lengua de Cervantes), un grupo joven con tres largos en su haber y un par de Ep’s, y con un sonido a medio camino entre el Black Metal más melódico (Dissection, Watain) y el Emo más extremo, con ligeros toques Prog / Ambient para amenizar las andandas sónicas que suponen sus largas composiciones.

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El trío venía presentando su reciente “Stellar”, y la verdad es que si bien su estilo puede que no encaje con algún sector del público de Moonspell, los que degustamos todo tipo de sabores apreciamos la brutal e impecable ejecución que desplegaron en sus cuarenta minutos de actuación, que fue más o menos lo que estuvieron en escena. A destacar especialmente la labor del batería Tobias Schuler, con una técnica espectacular tanto en los blastbeats como en los medios tiempos, todo un fenómeno. Al terminar el concierto pudimos intercambiar palabras con el guitarrista Sascha Rissling que estaba en el puesto de merchandising, el cual se interesó por nuestra procedencia y por los discos de la banda que llevábamos en nuestro móvil. Buena gente y formación a tener presente.

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Por su parte, Moonspell salió a cumplir y cumplieron, pero al menos para el que suscribe se dejaron en el tintero muchas cosas para ser su propio show, y tampoco fue por tiempo (no sé si llegó a la hora y media el concierto).

Lo cierto es que no tenía claro qué set íbamos a presenciar esa noche, ya que si bien la banda sigue inmersa en el Road To Extinction Tour, también vienen descargando su aclamado “Irreligious” por su vigésimo aniversario, con lo que a priori y vistos los shows ofrecidos recientemente podía pasar cualquier cosa… y pasó.

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El comienzo con la intro “Perverse… Almost Religious” vaticinaba que efectivamente iban a descargar íntegramente el mítico “Irreligious”, con alguna salvedad en el orden a modo de arropar otros episodios ineludibles en la discografía del grupo y los temas más representativos de su reciente y exitoso “Extinct” (demasiado escasos, para el que suscribe). De esta forma, el ya clásico “Opium” abrió la traca, para seguir en orden exhaustivo con el contundente “Awake!”, “For A Taste Of Eternity”, “Ruin & Misery”, el inédito “A Poisoned Gift” según Ribeiro, “Subversion”, el bailongo “Raven Claws” y el demoníaco “Mephisto”, para el que Fernando dispuso atuendo especial y nos encomendó al maligno. Con “Herr Spiegelmann” llegábamos al paréntesis, con Ribeiro anunciando la vuelta inminente.

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Y tras la vuelta sonaron dos de las piezas más laureadas de la noche en particular y del repertorio de la banda en general, “Vampiria”, con Fernando nuevamente ataviado para la ocasión (pero esta vez sin fémina al micro), y el apoteósico “Alma Mater”, sello inevitable en cualquier show del grupo a estas alturas. “Night Eternal” supuso el único tema intermedio en la discografía de la banda, mientras que “Breathe (Until We Are No More)” y “Extinct” fueron los únicos representantes de esa joya de mismo título, que para mi gusto deberían haber desgranado mucho más. Y tras el paréntesis, ahora sí, retoman “Irreligious” de nuevo con el cierre al disco (y al concierto) de “Full Moon Madness”, que igualmente suele cerrar de forma habitual los set-lists de la formación lusitana.

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Al final ligero sabor agridulce, bien por haber vuelto a presenciar una descarga completa de uno de los mayores estandartes del Gothic Metal en la actualidad, como de costumbre impecables en la ejecución (quizá se les ve algo cansados ya en este tramo de la gira), pero con la sensación de coitus interruptus por no haber incluido como mínimo un par de temas más de “Extinct” y otro par de temas del resto de su ya extensa discografía, con lo que habríamos rozado las dos horas y probablemente el orgasmo. Esta vez les daremos el par de orejas, el rabo quizá para la próxima ocasión.

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Por lo demás, un lleno demasiado cómodo para un día festivo, en una sala de escueto aforo y con una entrada bastante asequible para lo que se gasta hoy en día. Ya lo entonan Moonspell…

Before the lights go out, before our time is gone

a taste of your lips before we go extinct…

Bubbath

Ghost – Square Hammer (2016)

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Tras el excelso “Meliora” (2015), que como ya hiciera su predecesor largo “Infestissumam” (2013) con respecto al debut de la banda volvió a dar un vuelco tanto en sonido como a composición se refiere, conservando eso sí las señas de identidad del grupo y acercándolo cada vez más a todos los públicos, Emeritus III y sus Nameless Ghouls siguen lanzados en su senda hacia el Olimpo del Metal, por no decir directamente al de las Estrellas del Rock.

Repiten de nuevo la fórmula disco-ep-disco, y al igual que sucedió con “If You Have Ghost” (2013, producido ni más ni menos que por el mecenas Dave Grohl), editan a un año vista de su obra magna un puñado de canciones a añadir a la colección, lo que denota el inmejorable estado de forma de la banda y el torrente de creatividad e influencias que atesoran estos jóvenes suecos, desgraciadamente cada vez menos desconocidos para el respetable. Esperemos que aún aguanten un tiempo hasta el definitivo destape (todo KISS tiene su “Lick It Up”, es inevitable).

“Square Hammer” abre el Ep, la única cosecha propia del disco, una delicia pop-metal de aire fresco en forma de hit-single, ideal para abrir los directos del grupo y alzar cuernos al unísono. En éste apreciamos de nuevo un paso de gigante con respecto al pasado, tanto en estructuras como en sonido, e incluso podemos escuchar a Emeritus en un registro mucho más alto y juvenil, como si ABBA o Pet Shop Boys hubieran ganado el pulso al Hard Rock y el Heavy Metal. Himno diseñado para la euforia colectiva (y para seguir tocando los cojones a sus detractores), y un video-clip que efectivamente parece obra de la Hammer.

“Nocturnal Me” arranca el apartado de homenajes, en esta ocasión a la banda de Ian McCulloch, los irreductibles Echo & The Bunnymen (todavía andan por ahí descargando y de qué forma, por si te interesa), una de las piezas más oscuras de aquel mítico “Ocean Rain”, obra capital del post-punk más psicodélico y que contenía la inevitable “Killing Moon”, que Ghost hacen suya por derecho propio y sin prostituir en ningún momento su esencia original.

Con “I Believe” de Simian Mobile Disco llegamos al ecuador del trabajo, un tema techno-pop en su concepción que Ghost trasladan directamente al ambient, y para mi gusto sale ganando. Un punto seguido lleno de feeling y sosiego instrumental.

“Missionary Man” nos devuelve a los Ghost más rítmicos y machacones, de pegada sólida y hammond por un tubo, con un resultado más propio de los GUN de “Word Up” que de Annie Lennox y compañía. Colaboran con mucho acierto Fia Kempe en los coros y Brian Reed a la armónica.

Y para acabar tenemos “Bible”, un tema de corte mesiánico-eclesiástico original de Imperiet, grupo post-punk sueco surgido en la Suecia natal de nuestros amigos, y que nuevamente hacen suyo dotándole de un aire mucho más pop que el original, con coros a tutiplén (Fia Kempe parece Kai Hansen por momentos) y de aire apocalíptico, ideal para cerrar el breve pero suculento viaje.

Produce el trabajo en esta ocasión Tom Dalgety, mientras que Zbigniew M. Bielak repite en el artwork al más puro estilo de “Meliora”, creando otra obra maestra para la vista que, al igual que sucede con el susodicho, conviene ojear en el papel de su libreto original.

Poco más que añadir, la banda sueca prosigue en su particular longway-to-the-top aunque a pasos agigantados, aunando legiones ávidas de la next-big-thing a lo Beatles / Elvis Presley y perdiendo por el camino a fans decepcionados y rockeros malhumorados, que de golpe y porrazo pasan a engrosar filas con aquellos que nunca hicieron caso. Pero tú y yo sabemos que el sacrificio merece la pena, ¿a que sí?

Bubbath