Historias de la Tierra de los Mil Lagos…

Ahora que la banda de Tomi Koivusaari y Esa Holopainen está más presente que nunca en el panorama metálico con uno de los discos más destacables e interesantes del pasado año (“Queen Of Time”, 2018), no está de más echar la vista atrás y revisitar lo que supusieron dos auténticos puntos de inflexión en la carrera musical del combo finlandés, que sin duda marcaron un antes y un después en la progresión musical del grupo. Let me take you to the days of thousand lakes…

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Amorphis – Tales From The Thousand Lakes (1994)

Otro de los grupos que más me sorprendió en su día y otro de esos trabajos que has escuchado hasta la saciedad, y que demuestra que en la rama más brutal del género también hay excelentes ideas y músicos competentes.

Estos fineses, tras un debut (“The Karelian Isthmus”, 1992) que sorprendió a propios y extraños en la escena Death de la época, cuajó un disco a mi modo de ver crucial para lo que vendría después, ya con una notable madurez e incorporando influencias (véase Paradise Lost, que por aquel entonces ya eran grandes) bien disimuladas y asimiladas.

La banda, cuya joven formación en aquel momento era Tomi Koivusaari (voz / guitarra rítmica), Esa Holopainen (guitarra), Olli-Pekka Laine (bajo), Jan Rechberger (batería) y Kasper Martenson (teclados & Moog), supieron salir de los esquemas prototípicos del Death Metal que, dicho sea de paso, dudo que de seguir por ese camino ahora estuviésemos hablando de ellos, e ir elaborando un sonido propio, proceso que continuaría con esa otra joya llamada “Elegy” (1996), aunque eso, como suele decirse, es otra historia.

Las atmósferas de “Thousand Lakes”, una intro apoyada en teclados como es costumbre en estos casos, nos sumergen en un ambiente gélido al más puro estilo nórdico (se nota que por allí pasan frío), seguida inmediatamente por “Into Hiding”, de riff poderoso y voz gutural, que ya te avisa de lo que se te viene encima. Destacar ya desde un principio la presencia de la melodía (vamos, que esto no es caña porque sí, de hecho es un disco más bien lento y espeso), así como la aparición de voces ‘normales’, que hacen más dinámico el tema en cuestión.

Una insistente melodía de guitarra abre “The Castaway”, seguida por una sonora guturalidad de Tomi y por la batería de Jan; destacar los toques arábigos que posee el tema, así como el tono melancólico de las guitarras de Esa Holopainen (ya se le veía venir). “First Doom” es un tema a medio tiempo, de guitarras pegadizas (de hecho lo son en todo el disco) y con algún que otro aderezo en plan doble bombo a cargo de Jan.

Y viene el pelotazo del disco, “Black Winter Day”, tema que extrajeron para un mini CD de mismo título y que contenía entre otras cosas el “Light My Fire” de los Doors (!), el cual posee todos y cada uno de los ingredientes del grupo: teclados muy presentes (aquí con solo incluido en la parte central), melodías hiperpegadizas, dibujos de guitarra insistentes, voces guturales aderezadas con voces normales, etc. De los pocos temas de sus inicios que conservan en directo.

“Drowned Maid” arranca de forma rápida aunque no tarda en pisar el freno, mientras que “In The Beginning” lleva un aire más melancólico (para mí de los mejores del álbum), con unas guitarras que te transportan literalmente a la Finlandia de los Mil Lagos. “Forgotten Sunrise” nos recuerda la parte más Doom de Amorphis (repito, si lo que te va es el Death rápido y martilleante este no es tu disco), sin apartarse, claro está, de la línea melódica del resto.

“To Fathers Cabin” se abre con un riff muy heavy, al más puro estilo clásico, que va poco a poco in crescendo y que se apoya, cómo no, en numerosos teclados que le dan vida propia. Y el disco se cierra con “Magic And Mayhem”, otro tema denso a más no poder, repleto de melodías y… con parte bailable incluida (!).

Lo dicho, una excelente muestra de cómo combinar estilos (Heavy, Doom, Death) sin cerrarse y apostando por la experimentación, y otro de esos discos de los que te sientes afortunado por haber encontrado. Enteramente recomendable, los que lo tenéis lo sabéis.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Amorphis – Eclipse (2006)

Ya era hora. No, no me malinterpretéis, no es que Amorphis hayan dejado de hacer buena música de la noche a la mañana o que servidor les haya perdido el punto, es simplemente que «Tales From The Thousand Lakes» (1994) o «Elegy» (1996) supusieron tal shock, que todo lo facturado con posterioridad nos ha sabido a poco («Tuonela», «Am Universum»), y si se me apura hasta desilusionado («Far From The Sun»).

Pero eh, aquí no ha pasado nada. Ha bastado un simple cambio en el descanso, el ex Sinisthra Tomi Joutsen por el clásico Pasi Koskinen (incorporado en «Elegy») en la delantera vocal, para volver con las pilas bien cargadas y coger el cetro que nunca debieron soltar. Y no, tampoco me refiero a cambios sustanciales de estilo o vueltas a los inicios porque sí, sino a una colección de composiciones tan brillante como las que nos solían regalar la década pasada.

Las guitarras de Esa Holopainen y de Tomi Koivusaari, núcleo indiscutible del combo, vuelven a brillar con luz propia; la base rítmica, conformada recientemente por Niclas Etelävuori (bajo) y Jan Rechberger (batería original que regresó en «Far…» tras su marcha después de «Tales…»), suena más sólida y robusta que nunca, y las teclas de Santeri Kallio aportan el aderezo idóneo para tan suculenta ensalada. La sal, en este caso, la ha aportado Tomi Joutsen, que con un timbre descaradamente más variado y versátil que el de Pasi, hace frente sin problemas a las partes más guturales de los temas (algo que quería retomar la banda en cierta medida) y dota al resto de una nueva dimensión, más rica si cabe que antaño. Que se noten esas influencias de Glenn Danzig, Keith Caputo, Nick Cave y Mike Patton, sí señor.

El disco, basado nuevamente en las historias del Kalevala finés (la de Kullervo en este caso y para más señas), no tiene desperdicio alguno, desde su apertura con el potente «Two Moons» hasta el bonus track final («Stone Woman»). Tenemos singles de cara a la galería («House of Sleep»), brutalidad para nostálgicos ahora en un tono más inteligente («Perkele (The God of Fire)», que recuerda un tanto al «Greed» de «Tuonela»), delicatessens para degustar relajadamente después de un día de stress y agobios («Under a Soil and Black Stone»), y para rematar un puñado de himnos a anotar directamente en clásicos («Leaves Scar», «Born From Fire», «The Smoke», «Same Flesh», «Brother Moon»), que mejor que descubras tú mismo a que yo te describa aquí con simples palabros.

Pues eso, que vuelven Amorphis por sus fueros y ese conglomerado suyo de metal, rock psicodélico, folk y stoner -si Hawkwind, Pink Floyd, The Doors y Entombed se montaran una orgía saldría un bastardo parecido a éste-, unos de los responsables de anticoagular y oxigenar esto del Heavy Metal la década pasada. Como mínimo un respeto.

Bubba

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

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La Historia del HEAVY METAL (Blackie Books, 2018)

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La Historia del Heavy Metal, originalmente A History Of Heavy Metal, lo cual cambia bastante el sentido, de hecho en eso estriba básicamente la concepción del libro (no es lo mismo narrar objetivamente ‘La Historia del Heavy Metal’ que verla desde un prisma totalmente subjetivo, de ahí el uso de la preposición en su versión original inglesa en lugar del artículo de la traducción al español), no es otra cosa que un ‘ensayo’ políticamente incorrecto del autor y humorista británico Andrew O’Neill en la materia, a lo largo del cual se permite contar desde su prisma y vivencias (y bien documentado, dicho sea de paso) el nacimiento y evolución de lo que se vino a llamar Heavy Metal, desde sus verdaderos padres (Black Sabbath, lo cual comparto) hasta sus infinitas variantes y sub-estilos.

Si bien el comienzo se hace algo lento y farragoso entre idas y venidas, el proto-heavy inicial y el alumbramiento final del auténtico y más genuino Heavy Metal, con Black Sabbath y la NWOBHM como auténticos valedores del invento, poco a poco la cosa va ganando enteros entre chistes corrosivos y opiniones sangrantes sin miramiento alguno (si Andrew ha hecho algún amigo tras la publicación del libro ese NO es Nikki Sixx), donde queda patente de dónde viene el autor y sus preferencias musicales (Metallica, Slayer, Pantera, Sepultura y Death / Black Metal, básicamente), pero sin sacrificar el grueso de la Historia, aunque cierta parte salga más bien mal parada (pobres Glam y Nu Metal).

Con respecto al tono del libro, destacar la correcta adaptación y traslado de ese humor británico tan característico al castellano, en ese sentido la labor de traducción es impecable (otra cosa es que los chistes por momentos no tengan ni puta gracia). En cuanto a su contenido y valor bibliográfico (discográfico en este caso), a pesar de ese tono desenfadado y jocoso se aprecia un rigor superior a la media, incluso por encima del de obras bastante más formales y objetivas que la que nos ocupa. Los escasos errores típicos de las primeras ediciones seguramente se verán subsanados ya en la segunda (seguro que Lee Dorrian de Cathedral ya ha localizado el gazapo que le afecta).

No tengo claro si es el libro ideal para no iniciados en la materia, ya que el carácter totalmente subjetivo y satírico por momentos (eso, que se note que también es fan de Satyricon) puede condicionar severamente al lector neófito en esto del Heavy Metal, pero desde luego es totalmente aprovechable para cualquier tipo de público, sobre todo para el que esté harto de devorar tratados formalistas del género, o incluso revistas especializadas donde la opinión brilla directamente por su ausencia (bendito sea por siempre nuestro Popular 1).

Buena presentación en general, con tapa dura y a un módico precio (en eso creo que gana a la versión original inglesa), y de fácil adquisición en el territorio nacional (FNAC, Casa del Libro y demás tiendas especializadas), La Historia del Heavy Metal se antoja como un auténtico must read, en una época en la que, como bien dice el propio Andrew O’Neill, el acceso a este tipo de música es tan fácil que se agradece que alguien te guíe por los vastos senderos del Metal. Muy recomendable.

Bubbath

King Diamond – Songs For The Dead LIVE (2019)

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Lo de King Diamond empezaba a ser algo ligeramente preocupante. Si bien durante la década de los 90 mantuvo el pulso decentemente a su propio pasado, tanto con el legado de su banda madre Mercyful Fate como con el suyo propio (¿quién no ha flipado alguna vez con discos como “Abigail” o “Them”, o al menos con sus portadas?), pariendo trabajos tan notables como “The Eye” (1990), “The Spider’s Lullabye” (1995) o “House Of God” (2000, ya en la frontera), amén de resurrecciones esporádicas y siempre bienvenidas de Mercyful Fate, con no menos interesantes ediciones como “In The Shadows” (1993), “Into The Unknown” (1996) o el brutal “9” (1999, era inevitable), la década posterior tuvo alguna de cal (“The Puppet Master”, 2003) y sobre todo bastante arena (“Abigail II: The Revenge”, 2002 / “Give Me Your Soul… Please”, 2007), con sequía discográfica de MF directamente, y culminando en un triple by-pass de corazón de nuestro héroe-villano allá por 2010, que interrumpió tajante e indefinidamente su actividad, reducida básicamente a especulaciones de ediciones de diversa índole, con permiso de la única edición aislada en formato recopilatorio de “Dreams Of Horror” (2014).

Y con eso y una experiencia vital (o mortal, mejor dicho) a las espaldas, de la cual King basará la historia de su próximo álbum de estudio, allá por 2015 nos plantamos en una gira conmemorativa del mítico “Abigail”, y no digo aniversario porque 28 años tampoco es que sea un período para celebrar unas bodas concretas. De ese tour, que afortunadamente se estiró lo que se pudo y más, y que algunos de por aquí tuvimos el placer de presenciar a su paso por Barcelona (Rock Fest, 2016), afortunadamente también, tenemos hoy en nuestras manos este “Songs For The Dead”, multi-edición en distintos formatos (vinilo, cd / dvd, blu-ray y box-set) que desde luego merece la pena tener. Los motivos a continuación.

El contenido de las diversas ediciones es básicamente el registro en audio y vídeo de un par de directos de la citada gira, uno en el Graspop Metal Meeting de Dessel (Bélgica) y otro en el mítico auditorio Fillmore de Philadelphia, donde ya han registrado directos otros ilustres como los propios Testament. El repertorio en ambos es idéntico, con la única variación en el orden en el set de “Halloween” y “Eye Of The Witch”, y si bien en la versión audio pocas diferencias podemos destacar entre ambas descargas, es en la versión vídeo donde podemos sacarle todo el jugo a la edición, así como exprimir al máximo tanto la ampulosidad del directo de la banda a nivel festival como la proximidad de éste en sala. Tanto en uno como en el otro formato decir que el resultado es brutalmente espectacular.

Lo dice el propio King Diamond: la banda va muy rodada y se nota. Matt Thompson ya no es el joven que vimos aporrear parches de primeras en la madrileña sala Heineken en los albores de la década del 2000, pero si bien su chasis ha sufrido un considerable desgaste a lo largo de estos años, su técnica diría que ha mejorado incluso, dotando a los temas de un empaque ideal, y sin apartarse del guión que marcaron otros antes (God bless Mikkey Dee!), hasta se permite alguna licencia que aporta un plus al conjunto (esas ráfagas de doble bombo en “Sleepless Nights” suenan que atruenan). Pontus Egberg, el bajista sueco sustituto del denostado Hal Patino desde 2014, ha afianzado el puesto con una ejecución y puesta en escena admirables, mientras que el también sueco guitarrista Mike Wead, desde finales de los 90 en MF, parece haber nacido y crecido de la mano de Diamond (para el que no lo sepa, este señor ya militó en grandes bandas como Candlemass o Memento Mori), el cual se ha acoplado a la guitarra de Andy como un guante, conformando un dúo de la calidad de la vieja escuela Tipton / Downing. Y si Mike y Andy se han acoplado a la perfección, lo de Andy y King es un matrimonio sin opción de divorcio. A día de hoy, LaRocque parece haber sido diseñado para ejecutar la música que pasa por la cabeza de King, con una técnica e imaginación al alcance de pocos en esto del Heavy Metal, y en directo es incluso más palpable que en estudio, con King acercándose constantemente a su hacha de siempre, gesticulando riffs con su huesudo pie de micro, e incluso robándole alguna nota armónica en los trastes al bueno de Andy. Topal.

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Y bueno, mención aparte y expresa merece el gran Kim Bendix Petersen. Tras la operación que casi le cuesta la vida (estuvo clínicamente muerto por momentos, lo que le faltaba a esa cabecita loca), y habida cuenta del bajón de popularidad con trabajos como “Give Me Your Soul… Please” (¿en qué estaría pensando con ese título y esa portada?), fue todo un acierto embarcarse en una gira del calibre que nos ocupa, con una excusa tan magna como la interpretación íntegra de un disco como “Abigail”, pionero en su género de Horror Metal, así como de sus temas más emblemáticos, y con un torrente de voz (falsete, sí, pero hazlo tú a esa potencia y con esa gracia) que no se le había visto hasta la fecha. Bendito corazón partío. Livia Zita, mujer y madre de su recién nacido Byron (homenaje al eterno cantante de Uriah Heep, en paz descanse), acompaña a su consorte en la parte vocal, haciendo de colchón coral y dando una profundidad mayor si cabe a los temas con respecto a sus versiones de estudio.

De la edición en vídeo (blu-ray en mi caso) no me gustaría destripar demasiado al lector, lo suyo es hacerse con ella sin pensárselo dos veces y verlo por uno mismo (no me seáis tan cutres de verlo en Youtube). Decir únicamente que no falta Grandma en “Welcome Home” (esa intro de batería no tiene nada que envidiar al arranque de un “Painkiller” al uso), la copa de vino en el mastodóntico “Eye Of The Witch”, las arengas al público para que se desgañite en el inevitable “Halloween”, o los aquelarres en los rescates de Mercyful Fate (“Melissa”, “Come To The Sabbath”). La instrumental “Them” sirve de puente perfecto para lo que se viene con la ejecución íntegra de “Abigail”, durante la cual King no necesita de teleprompter alguno para recordar todas y cada una de las letras de la horrorosa historia de Jonathan La Fey, Miriam Natias y de la segunda venida del diablo en el cuerpo del feto de Abigail, adaptación musical de claro guiño al mítico film Rosemary’s Baby (aquí en España destripado como “La Semilla del Diablo”). Recomendación particular: coge las letras en esa parte, la disfrutarás el triple. “Insanity” de “The Eye” cierra los conciertos de forma apoteósica y melancólica a pachas, con la banda al completo despidiéndose del respetable y con la sensación en el espectador de haber visto algo grande.

Y poco más que añadir. Tanto si eres fan de KD como si no, yo de ti me haría raudo y veloz con “Songs For The Dead”, me abriría una cerveza y disfrutaría de un (doble) concierto como ni tan siquiera puedes hacerlo en vivo (la multi-cámara es lo que tiene). Ah, y recuerda: si te niegas, 18 se convertirá en 9. El que avisa no es traidor.

Bubbath

STEVEN WILSON – Sala La Riviera (Madrid), miércoles 16 de enero de 2019

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Un par de cosas me sorprendieron en mi primera visita “conciertil” a la capital del reino de este año, y ya veremos cuántas serán… Primero, que no hacía tanto frío por los madriles como voceaban los noticieros y aplicaciones de “smartphones”. Aterricé en Atocha bastante más abrigado de lo que es habitual en mí, anteriormente iba con lo puesto, pero bueno, esto es otra historia. La segunda, en mi visita a un bar cerca de Cibeles mientras esperaba al Señor Puerta, al pedir una Mahou al amable camarero me respondió que sólo tenían Estrella Galicia (!!). También me hizo gracia la advertencia al decirme que la tortilla que tenían era de atún (!!); a ver, alma de cántaro, soy Santos ‘el cubo’, que gustosamente me hice mi pincho de tortilla de atún regado con dos Estrellas Galicia en un bar en el puro centro de la capi.

Una visita fallida al templo de la segunda mano y los dedos negros, la Metralleta para los no iniciados, y un repaso de nuestros “greatest hits” de pogos entre otros temas de conversación que mantuvimos mientras hacíamos una cómoda cola para entrar al recinto de La Riviera, mientras buscábamos y visualizábamos a Cronos de Venom, o un amigo, levantar mancuernas como si fuera el mismísimo Schwarzenegger.

Al entrar al local de las palmeras fuimos raudos a ver el “Mercha”, donde las camisetas no me convencían, y acto seguido fuimos a tomarnos el primer refrigerio con su correspondiente atraco a mano armada, casi 6 euros por una caña, madre de dios…

Sobre las 20:00 h el show arranca con “Truth”, intro en forma de vídeo que refleja una sucesión y juegos de imágenes y palabras de carácter denuncia, que es con lo abre la gira de “To The Bone”, la última obra en solitario del británico. Acto seguido aparece Wilson con el pelo corto y un flequillo a lo Pepe Oneto o Krispin Klander.

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El show iba a constar de dos partes: la primera no varía en nada con respecto a los otros shows del año pasado de la misma gira, y una segunda parte que sería algo diferente y tendría alguna sorpresa. En el primer bloque, obviamente “To The bone” tiene bastante presencia, empezando con la dupla “Nowhere Now” y “Pariah”, con la presencia testimonial fría y en vídeo de la cantante y actriz ocasional Israelí Ninet Tayeb, o “The Same Asylum As Before”.

Nunca había escuchado en la Riviera una nitidez y un sonidazo como lo que ofrecía Steven Wilson, y mira que he ido unas cuantas veces. La ejecución de los temas por parte de la banda era simplemente la hostia. Podía haber sido un concierto para enmarcar, pero un parón que hizo de 20 minutos entre los bloques me cortó mucho el rollo, y es que el señor Wilson tenía ganas de tertulia y nos brindó unos monólogos dignos del Joey DeMaio más venido arriba o de Pepe Colubi, que lo teníamos cerca de nosotros viendo el show.

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Como si fuera un magazine de radio o un show de la Comedy Channel, Steven nos divagó sobre la pérdida de la guitarra en la cultura, que quedó muy carca y demodé, sobre lo poco sexy que son los solos de muchas notas (!!), sobre lo tristes que son los fans y la música de Opeth, lo poco que se movían los cincuentones con camisetas de Pink Floyd, los logos ilegibles de las camisetas de Black Metal, sus fans japoneses y de lo molón que es Prince (!!), donde nos intentó convencer que el de Minneapolis era lo más grande del mundo mundial. En la segunda parte del bloque nos brindó un descafeinado “Sign O’ The Times”, uno de los clásicos básicos del fallecido artista ya casi al final del show. La reacción del público entre tanta oratoria era desde unos jocosos “one-two-three-four” ramonianos, a ver si el chico se ponía a la faena, hasta la de “Guapo!”, y no por parte de voces femeninas (!!).

“Blackfield” del primer disco, que salió de la unión de fuerzas entre Steven Wilson y el Israelí Aviv Geffen, fue una de las sorpresas más relevantes del segundo bloque. También destaco lo bien que sonó “Sleep Together” del “Fear Of Blank Planet” de Porcupine, y así me quité la espina de aquel lejano Sonisphere del 2010, donde los vi y no gozaron de unas condiciones y sonido adecuados, cosas de festivales.

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Sonó “Sound Of Muzak” del “In Absenta” de Porcupine Tree, aunque hubo gente que sugirió el “Trains”, ante la negativa de Wilson soltando un seco “no aceptamos peticiones”, y la maravillosa “The Raven That Refused To Sing” del disco homónimo, donde uno del público se vino arriba y soltó a grito pelado “el mejor disco”, cosa que estoy de acuerdo, el “The Raven” a mí me encanta también. Terminó un buen concierto de dos horas y veinte de duración, ampliado a 3 horas con los chascarrillos del británico, que si no fuera por tanto discursito la nota hubiera sido de notable bajo a matrícula de honor. Nada ni nadie es perfecto.

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Slayer – Seasons In The Abyss (1990)

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A la hora de hablar tanto de la cosecha discográfica de la banda en particular como de los más claros exponentes del thrash metal en general, “Reign In Blood” siempre se ha considerado como un episodio ineludible, un auténtico punto de inflexión en el género y espejo inevitable de generaciones posteriores. Y si bien es cierto que marcó un antes y un después en lo que a música cafre se refiere, batiendo todos los récords de velocidad y agresividad establecidos hasta la fecha (el propio Kerry King ha confesado en alguna ocasión que no se puede tocar ese material sin calentar debidamente), tampoco puede decirse que brillase compositivamente hablando.

Fue precisamente por eso que “South Of Heaven” ralentizó los tiempos, sin duda el trabajo más ‘heavy’ de la banda, para demostrar a la audiencia que Slayer no sólo era música ejecutada a mil por hora. Fue sin duda un gran paso hacia la madurez del grupo, que para el que suscribe vio su culminación en “Seasons In The Abyss”, toda una demostración de cómo hacer música brutal sin perder el norte y controlando en todo momento los tiempos. Una auténtica maquinaria de engranaje perfecto y rubricada nuevamente por la producción de Rick Rubin, que sin duda fue una pieza clave a la hora de dotar de mayor personalidad y precisión al sonido del grupo.

Si hay una palabra que pueda definir tanto la música de Slayer como sus shows en directo esa es ‘caos’. Es más, desde las ilustraciones de los discos (sirva ésta de muestra) hasta la temática de las letras, pasando por la indumentaria de los músicos mismamente, todo se presta a confusión, pero de una manera consciente, algo de lo que siempre ha alardeado Tom Araya (voz, bajo). Nazismo, Satanismo, Violencia… se les ha acusado de apología de todo, cuando en realidad son meros narradores de historias en tercera persona única y exclusivamente con la intención de provocar (o al menos eso dicen), y desde luego lo consiguen.

Basta pulsar play para encontrarnos de golpe y porrazo con todos y cada uno de los ingredientes marca de la casa: “War Ensemble” aglutina riffs incendiarios cortesía del dúo Hanneman/King por doquier, esos solos disonantes tan característicos que acentúan más si cabe el caos, una apisonadora en forma de batería perfectamente conducida por el maestro Dave Lombardo, todo un erudito de su instrumento, y un Tom Araya que además de destripar su bajo lo hace también de sus cuerdas vocales, a voz en grito y sin el socorrido recurso de las guturales. La letra, como de costumbre, levanta la polémica por su contenido belicista, sobre todo después de salir a la luz que sirvió de sintonía para los soldados americanos en el conflicto del Golfo Pérsico. ¿Otra leyenda urbana?

Si piezas como “Hallowed Point”, “Temptation” (qué final!) o “Born Of Fire” recuerdan a su pasado más speedico, los medios tiempos de “Blood Red”, “Spirit In Black” o “Skeletons Of Society” presumen de mayor pausa y de riffs descomunales, ganando sobre todo en intensidad. Brillan especialmente la ralentizada “Expendable Youth”, de estribillo quedón y conflictivo (para variar), la polémica “Dead Skin Mask”, basada en la historia del famoso asesino en serie Ed Gein, que elaboraba máscaras con la piel de sus víctimas (y que posteriormente daría su juego en films como “El Silencio de los Corderos”), con unos dibujos de guitarras tan inquietantes como la propia letra (“dance with the dead in my dreams, listen to their hollow screams, the death have taken my soul, temptation lost all control”), o la apocalíptica “Seasons In The Abyss”, con ese mítico in crescendo perfectamente canalizado y con unos redobles por parte de mr. Lombardo de antología, que cierra apoteósicamente el plástico.

Por cierto, si tras la pertinente escucha crees que todo eso no es reproducible en concierto sólo tienes que seguir con “Decade Of Aggression”, la plasmación en (doble) directo de que brutalidad y precisión no son necesariamente incompatibles.

Podríamos estar hablando horas y horas de Slayer, tanto por lo que han significado algunos de sus discos para la evolución del metal más extremo (que se lo pregunten a Dissection, Cradle Of Filth, Hypocrisy, At The Gates o In Flames, por citar alguno) como por lo que sigue suponiendo una actuación suya en directo (lo máximo, simplemente). Pero tampoco es cuestión de aburrir, así que si eres de los que se los ha estado perdiendo hasta este preciso instante ya sabes lo que toca. ¿Preparado para la banda más agresiva de todos los tiempos?

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Mayhem – De Mysteriis Dom Sathanas (1994)

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Corrían finales del año 1992 y principios del año 1993 cuando los dos grandes estandartes del Black Metal noruego, Count Grishnackh y Euronymous, se ponían manos a la obra para realizar el ALBUM de Mayhem. Mucho tiempo de grabación y gran preparación, pero los dos grandes egos chocaron, llegando a ocasionar incluso el asesinato de uno por parte del otro (cosas de la historia del Inner Circle noruego), esto es, el fundador de la banda, Euronymous, asesinado a cuchillazos por parte de Count Grishnackh (Burzum). El disco, ahí medio grabado y sin ser editado. Batallas legales miles. El máster del disco estaba en poder de la familia de Euronymous, y ellos ni por asomo querían que el asesino de su hijo apareciera en él, así que encargaron a Hellhammer (batería) que grabara él mismo las partes de bajo, pero éste ni corto ni perezoso no lo hizo, mintió a la familia y a posteriori el disco fue editado tal y como fue grabado en un principio, es decir, con la formación siguiente: Euronymous (guitarra), Hellhammer (batería), Attila Csihar (voces) y Count Grishnackh (bajo).

Se llevaba esperando más de 5 años un disco de Mayhem, anterior a este disco poco material oficial tenían: una demo titulada “Deathcrush” (después editada como Mini por el mismo sello que editó este disco), “Pure Fucking Armageddon”, un split CD compartido con Thou Salt Suffer y varios directos semioficiales editados por sellos pequeños, así que la expectación entre la escena Black Metal de la época era realmente espectacular.

Y el disco cumplió todas las expectativas. Finalmente editado por el sello DSP/Voices Of Wonder, contenía 8 impresionantes temas de Black Metal. Mis amigos cercanos saben lo que representa este álbum para mí y lo que he llegado a alucinar con este disco. Me faltarán elogios para él.

Hablando sobre los temas, el disco comienza con quizá los dos temas más representativos de la carrera de Mayhem, que son “Funeral Fog” y “Freezing Moon”. El primero de ellos tiene una explosión de inicio que da paso a un riff de Euronymous (RIP) que lo tengo marcado para el resto de mi vida. Es un tema quizá de los más rápidos de la banda, donde aparte de los riffs de Euronymous (sencillos, simples, efectivos) destaca la voz Attila, un vocalista de Black Metal que nada tiene que ver con los estereotipos de cantantes que rondan por el género (ya sabéis, gritos miles); Attila en este disco demuestra mucha variedad de voz dentro del estilo, sabiendo llevar la misma desde terrenos muy oscuros hasta chillidos de histeria pura. Muchos cantantes actuales (léase Dani de Cradle Of Filth o Shagrath de Dimmu Borgir) deberían echar un vistazo atrás y escuchar bien este disco.

Sobre “Freezing Moon” mucha gente comenta que se trata del tema más aburrido de la carrera de Mayhem, pero no estoy de acuerdo; es un tema en el cual Mayhem mezcla toda su “sustancia”, es decir, mezcla todos sus riffs endemoniados con pasajes lentos, donde Attila se sale con su voz tenebrosa, misteriosa, oscura… qué gran tema! De los 3 siguientes temas, “Cursed In Eternity”, “Pagan Tears”, “Life Eternal”, destacaría sobre todo este último, con un inicio parecido al del inicial “Funeral Fog”, dando paso a unos riffs a medio tiempo, donde el bajo de Count (no Hellhammer, jeje) se escucha muchas veces por encima de las guitarras (sí señores sí, un bajo escuchándose en el Black Metal, y de qué manera!). Los temas de Mayhem tienen una estructura bastante similar entre sí, pero ello no conlleva el aburrimiento ni mucho menos, el buen hacer de sus miembros propicia unos temas directos, impactantes, rápidos, oscuros… como así lo demuestran temas como “From The Dark Past”, “Buried By Time And Dust” y el tema título “De Mysteriis Dom Sathanas”, con el que acaban el disco de una manera apocalíptica, con unas voces de Attila que raramente encontrarás en un disco de Black Metal y con un Hellhammer realmente brutal detrás de la batería. Sobre este batería comentar que es una verdadera máquina tras los parches. Llamado en su época el Dave Lombardo del Black Metal, en este disco demuestra quién es el mejor batería de una banda de Black, ampliamente también demostrado en otros proyectos menos Metal, tal como Arcturus (una banda mucha más atmosférica…), donde era y sigue siendo el principal compositor.

Sobre el sonido del disco, comentar que es excelente, con un sonido de guitarras limpio, compacto y donde cada instrumento está donde tiene que estar, grabado en los estudios “The Grieg Memorial Hall” y mezclado por la misma banda (Hellhammer & Euronymous).

Concluyendo, un disco que marcó lo que es el Black Metal, y sinceramente, un disco irrepetible para mí, ni siquiera ellos mismos llevarán a cabo algo igual, pues ahora el estilo de la banda ha cambiado muchísimo. Hellhammer, único miembro que actualmente sigue en la banda (Euronymous muerto, Count Grishnackh encarcelado por la muerte del anterior y otros hechos acaecidos –asesinatos varios, iglesias quemadas…- y Attila en bandas fuera del Black Metal), ha llevado la banda hacia otros terrenos más melódicos con los discos “Gran Declaration Of War” y el mini “Wolf’s Lair Abyss”, pero bueno, tendremos “De Mysteriis Dom Sathanas” para el resto de nuestras vidas… y en mi colección uno de los puestos más altos.

Mantas

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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HYPOCRISY + THE SPIRIT – Sala Mon Live (Madrid), miércoles 31 de octubre de 2018

Hypocrisy-Kataklysm

Con los oídos aún pitando tras la reciente visita de Saxon a la capi el pasado 11 de octubre, nos disponíamos a volver a la misma para aprovechar la oportunidad de presenciar de nuevo en directo a los veteranos en mil batallas Hypocrisy, y es que con el culo que gasta el inquieto de Peter Tägtgren es lo que toca, nunca sabes si vas a volver a disponer de alguna más.

Abrían la traca los alemanes The Spirit, motivo adicional por el cual acercarse a la madrileña sala Mon (antigua Penélope) la pasada noche de Halloween. Su debut “Sounds From The Vortex” no ha inventado nada en absoluto, es más, es un ejercicio de copy-paste retro que atufa (a melodic Swedish Black-Death Metal en general y a Dissection en particular), pero les ha salido tan bien y con tanto gusto que ya son una de mis bandas favoritas del género, y es que a veces no hace falta inventar nada nuevo para vencer y convencer.

Su tiempo era corto y los recursos los justos, apenas unas pocas luces y un escenario acotado, ya de por sí escueto; el sonido se intuía más que se oía, pero la banda bajó de la escalinata posterior como el que no quiere la cosa, se descargó su recortado set-list (básicamente su primer trabajo menos un par de temas, a lo sumo, y sin covers que valgan, lo cual atestigua la confianza que tienen en su propio material) y se dejaron huevos y cervicales en la tarima, con una ejecución espectacular a ritmo de quintas endiabladas y una pose hierática pero de headbanging sin tregua. Lo dicho, una pena el más que mejorable sonido, ya estoy esperando con ansias su evolución a nivel discográfico y una próxima visita en mejores condiciones.

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Lo de Tägtgren y los suyos (el fiel Mikael Hedlund al bajo, la bestia ‘inmortal’ de Horgh a la batería y el guitarrista de directo Tomas Elofsson) es digno de admiración, el ojeroso y polifacético frontman / productor sueco parece haber hecho un pacto con el diablo, el tiempo no parece pasar por él ni por sus cuerdas vocales (el curioso caso de Benjamin Button, como dijo el Jabo), y a pesar de haber disuelto a la banda tras el último disco de estudio (“End Of Disclosure”, 2013), al final la cabra tira al monte y hemos tenido la oportunidad de volver a presenciar (esta era la tercera, la vencida) ese conglomerado Death Metal atmosférico que acuñaron con sello propio y que tan bien ha ido evolucionando con el tiempo, asentándose como un género en sí mismo y dejando por el camino un puñado de discos que sirven ya como referente en el panorama metálico.

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El sonido ganó enteros por momentos, en el escenario de repente se hizo de día, y uno tras otro empezaron a caer balazos en forma de temas para deleite del respetable. Sinceramente me daba igual lo que sonara, tenía claro que tanto el material añejo como el más reciente iba a sonar igual de bien, como efectivamente sucedió. “Fractured Millenium”, “End Of Disclosure”, el single “Eraser”, el pack brutal de “Pleasure Of Molestation” / “Osculum Obscenum” / “Penetralia” (cuando valían, jajaja), “Fire In The Sky”, “Killing Art” (y tanto), el atmosférico “The Final Chapter” o el ya mítico “Roswell 47” en los bises nos pusieron en el sitio, y dudo que alguien saliera con pegas del bolazo (y con el cogote intacto). Por decir algo, sólo una pega: la próxima vez que se ahorren a Kataklysm y que les dejen tocar una hora más. Los esperamos con ganas renovadas tras el anunciado próximo disco el año que viene, y por favor, que no se retiren ja-más.

Bubbath