Moonspell – 1755 (2017)

1755

Los lusitanos Moonspell siguen surcando décadas plácidamente, al margen de modas y subestilos, con un patrón más o menos definido (Gothic / Dark Metal de corte clásico, resumiendo muy mucho), si bien se permiten vascular entre lo más comercial y lo que menos con algo más de tacto que otros contemporáneos suyos, como pueden ser Amorphis (más conservadores y lineales en cuanto a sonido) o Paradise Lost (de bandazos más extremos, en uno u otro sentido), por citar los más representativos. Obviaremos aquí a los Anathema y Katatonia de turno, que dado el intimismo de sus propuestas no han llegado a las cotas de popularidad de los primeros.

“Extinct” (2015) supuso el cénit de los portugueses a nivel Gothic Metal strictu sensu, probablemente el trabajo más accesible del grupo (que no ‘comercial’, ya que dudo haya sobrepasado los niveles de ventas otrora conseguidos por la banda), con una factura de singles irrepetible y sin perder en ningún momento sus señas de identidad, fundamentalmente la melodía y esa melancolía propia tan característica de la vieja Portugal. Fernando Ribeiro, que de tonto no tiene un pelo, sabía que seguir la línea trazada en aquél sólo podía llevar al desastre, y con esas recuperó una vieja idea de su época universitaria, que tras el visto bueno de sus compañeros de formación ha dado como fruto este 1755, una obra conceptual entorno a la tragedia acaecida en Lisboa en dicho año en forma de terremoto y posteriores tsunamis que asolaron por completo la ciudad y aledaños, y entonada íntegramente en la lengua materna de la banda, para que cualquier parecido con el pasado sea mera coincidencia. Ya lo decían sus vecinos hispanos, lo que embruja es el riesgo, y no dónde ir…

Y es precisamente eso lo que engrandece este trabajo, su carácter progresista, de ruptura y de nueva factura, algo que tiene su paralelismo en la propia historia que narra, la de una antigua Portugal fuertemente enraizada en el Catolicismo, que tras verse devastada por semejante catástrofe natural vino a replantearse su propia existencia religiosa a través de numerosos planteamientos filosóficos y no menos escritos existencialistas. Señor, ¿qué he hecho yo para merecer esto?

Y es que si bien trabajos conceptuales de referencia como Welcome To My Nightmare, Abigail o Seventh Son Of A Seventh Son lo fueron por su temática Ci-Fi o sobrenatural, 1755 lo es por su carácter realista-catastrofista, además de por estar escrito en el portugués autóctono de sus autores, algo poco habitual en el Rock en líneas generales, lo cual le dota de mayor personalidad si cabe. Con todos estos ingredientes y planteamientos en mente, y obviando por momentos lo que supusieron otros episodios musicales memorables de la banda (se recomienda encarecidamente escuchar el disco poniéndose en situación, previo proceso de abstracción total y con cascos y libreto en mano), no queda más que adentrarse en la visión personal de Moonspell de uno de los desastres naturales más impactantes y significativos de la Historia contemporánea, oígase por capítulos.

Em Nome Do Medo / In The Name Of Fear: Adaptación orquestal del tema de mismo título incluido en el álbum “Alpha Noir”, en esta versión con un tinte decididamente más dramático y épico, y que sirve perfectamente para ponerse en situación y agarrarse bien al sillón, que se avecinan temblores.

1755: Comienza la catarsis. Arranque frenético y directo, con coros a la Carmina Burana y un breve respiro en el interludio en formato de solo de guitarra de Ricardo Amorim y demás arreglos orquestales. Buen comienzo, contundente cuanto menos.

In Tremor Dei / In Fear Of God: Single decadente, tanto por letra como por tempo, con un riff incesante de Ricardo, aderezo de coros femeninos, y toda una religión de arraigo nacional puesta en entredicho en apenas una estrofa. ¿Castigo divino?

Desastre / Disaster: Comienzo doom que desemboca en un medio tiempo, y así se van sucediendo. En el aspecto lírico continúan las cuestiones trascendentales. No eres más que un hombre, un esclavo de Dios… Culpable.  En la edición que tengo en mis manos, además, se incluye la versión del tema en castellano.

Abanao / Quake: Haciendo honor a su nombre se me antoja el epicentro del trabajo. Muro de guitarras, guturales de Ribeiro, teclados acolchando omnipresentes característicos de sus colegas Cradle Of Filth (grande Pedro Paixao) y un cierre abrupto como el propio seísmo.

Evento / Event: Gaspar (batería) y Aires (bajo) abren la contienda de uno de los mejores cortes del disco, en el que no falta de nada y donde todo acompaña, desde el riff principal hasta el puente y el estribillo central (La fe no sirve de nada… Tranquilízate, es el fin… quédate quieto, porque Dios así lo quiere). Un tema prototípico de Moonspell con ese toque agónico tan característico y que siempre desemboca en un torrente de melodía cuando menos te lo esperas. Dios aprieta, pero no ahoga.

1 de Novembro / November 1st: En lo musical, parece un pasaje extraído de un álbum del mismísimo Rey Diamante (ese comienzo a lo The Lake les delata), con un Ribeiro entonando más alto de lo normal, mientras que en lo letrístico supone un punto y aparte, tanto en el disco como en la Historia de Portugal, llamémosle de Renacimiento cultural.

Ruinas / Ruins: Pasaje o, lo que es lo mismo, camino intermedio que comunica otros dos, en este caso temas. No se le puede llamar relleno, ya que en estos casos es tan imprescindible como un tema de los principales, necesario para hacer hueco y abrir paréntesis.

Todos Os Santos / All Saints: Otro de los grandes momentos del disco. Paradójicamente el desastre sobrevino el día de Todos los Santos en Portugal, con toda la muchedumbre visitando las iglesias, que a la postre serían derruidas (con la gente dentro) y la ciudad incendiada por los efectos de las innumerables velas encendidas. El corte de marras trata dicho tema desde una perspectiva positiva, tanto por música como por letra. The day rises in Portugal!

Lanterna Dos Afogados / Lighthouse For The Drowned: Supone el punto más sosegado del trabajo, de clara similitud con el material inmediatamente anterior del grupo (podría figurar perfectamente en “Extinct”), con Ribeiro cantando limpio por momentos. Buen cierre para un disco cargado de emociones fuertes.

Y eso es básicamente lo que comprende 1755, un disco repleto de riesgo (concepto, idioma, temática subyacente…) para una banda que, asumida ya su posición y que no tiene nada que perder (a lo sumo algún fan más, los que entran por los que salen), sabe lo que quiere y ante todo es honesta consigo misma, pese a quien le pese. Para el que suscribe, además, supone otro regalo más de una banda afín desde hace tiempo y por diversos motivos, tanto culturales como ancestrales. Muito obrigado, senhores. Faz dia em Portugal!

Bubbath

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Rey, caballo y sota… La era Medieval de Judas Priest (1984 – 1988)

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Defenders Of The Faith (1984)

Una vez oí decir a alguien que “Freewheel Burning” representaba exactamente lo que es el Heavy Metal, tanto musical como letrísticamente hablando, y no pude más que darle la razón. De eso hace ya mucho tiempo, y no hace tanto llegó a mis oídos que dicha persona perdió la vida en un accidente en carretera, a lomos de una motocicleta concretamente, supongo que efectivamente acopló las palabras del mítico tema a su filosofía de vida y acabó pagando por ello.

Anécdotas trágicas aparte, lo que es innegable es que tanto el corte que abría aquel “Defenders Of The Faith” como el resto de temas y el propio título del disco rezumaban puro y genuino Heavy Metal, y a la vez consolidaban un sonido ya clásico y servían de fiel espejo en el cual mirarse las generaciones venideras.

La portada, al igual que las de su predecesor (“Screaming For Vengeance”) y sucesor (“Turbo”), corría a cargo de Doug Johnson, y en ella se mostraba a un ser mitad máquina mitad bicho llamado The Metallian, que además de amenazar con arrasar con todo (luego repetirían con The Painkiller), daba buena cuenta de la afición de Tipton y compañía por los cómics de ciencia-ficción.

El disco, producido por Tom Allom y mezclado en los DB Recording Studios y en los Bayshore, ambos en Miami (Florida), proseguía con la línea dejada en “Screaming For Vengeance” y mantenía en todo momento el vertiginoso listón de aquél, ya con la formación bien asentada (Rob Halford voz, Glenn Tipton y K.K. Downing guitarras, Ian Hill bajo y Dave Holland batería) y con el mundo entero atento a la jugada.

El antes mencionado “Freewheel Burning” y “Love Bites” servían de carta de presentación del disco (singles creo que lo llaman), el primero todo un alegato speedico de cómo practicar Heavy Metal, de guitarras incendiarias y estallidos vocales imposibles (Halford manda), y el segundo un medio tiempo épico y futurista que ya vaticinaba lo que podría venir en el futuro (“Turbo”), con una letra de esas que en boca del ‘Metal God’ sonaba más pendenciera todavía (“now you are mine, in my control”). Por cierto, los video-clips acompañaban que era un gusto, para revisitar en estados anímicos bajos.

Pero había más, por supuesto. “Jawbreaker” era potente y quedona a la vez, con unos duelos entre Tipton y Downing espectaculares, un doble bombo atronador por parte de Holland y unos falsetes finales de Halford de los que hacen afición. “Rock Hard Ride Free” era toda una declaración de principios, como el disco (“rock hard, ride free, all day, all night… rock hard, ride free, all your life”), impresionantemente simple y simplemente impresionante, “Some Heads Are Gonna Roll” era un curioso préstamo del cantautor Bob Halligan Jr., al igual que hicieran con las pasadas “Diamonds And Rust” y “The Green Manalishi”, y “Night Comes Down” hacía las veces de power-ballad de esas que crean escuela. Orgásmico.

El parco “Eat Me Alive” bajaba un tanto la media del trabajo, pero ésta subía enteros por momentos con el apoteósico “The Sentinel”, de comienzo espectacular (doblando guitarras), estribillo épico (“Sworn to avenge, condemn to hell, tempt not the blade all fear the Sentinel”), interludio mítico (“…the figure stands expressionless, impassive and lone, unmoved by this victory and the seeds of death he’s sown”) y catarsis final, con unos agudos inalcanzables por parte de Rob. Como dato curioso señalar que no se incluyera este último en el doble recopilatorio “Metal Works” pero sí el primero, cosas de la vida.

Cerraba el plástico una compuesta “Heavy Duty/Defenders Of The Faith”, de cadencia hímnica la primera parte y coros finales la segunda, ambas fundidas de tal forma que parece sólo una. Si al acabar la pieza no tenías el puño en alto, o no eras heavy o no te corría sangre por las venas (o las dos cosas).

Ese mismo año se presentaban en la piel de toro por primera vez con el disco bajo el brazo, y dos décadas más tarde unos jóvenes inquietos rendían tributo cibernético tanto a aquel disco en particular como al estilo que acuñaron sus padres en general. Que dure.

Bubba

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Turbo (1986)

A muchos os parecerá extraño el ver este álbum de Judas Priest en el apartado de clásicos si tenemos en cuenta que no es representativo de su trayectoria y que supone un paréntesis en toda la amalgama de poderoso Heavy Metal que los de Birmingham siempre han estado orgullosos de encabezar. No obstante, el hecho de que constituya un punto y aparte en su estilo característico, asentado durante el primer lustro de los 80 gracias a “British Steel”, “Screaming for Vengeance” y “Defenders Of The Faith”, nos ayuda a apreciar la capacidad del quinteto a la hora de interpretar su música de diferentes maneras y llegar a un público mayoritario sin perder un ápice de calidad. De hecho lo habían intentado antes, quizá no tan abiertamente, con “Point Of Entry”, pero el resultado no fue satisfactorio. “Turbo” fue grabado por la formación más duradera de Judas Priest con el inigualable Rob Halford a la voz, los míticos Glenn Tipton y K.K. Downing a las guitarras, Ian Hill al bajo y Dave Holland a la batería. La exitosa gira mundial bajo el nombre de “Fuel For Life Tour” que siguió a su lanzamiento les llevó a editar el álbum en directo “Priest…live!”.

“Turbo” consiguió dotar al Heavy Metal de los Priest de unos temas claramente comerciales, sencillos de recordar y accesibles a las grandes masas. “Rock You All Around The World” fue el ejemplo más visible, convirtiéndose en una pieza imprescindible en sus shows de entonces por su estribillo pegadizo. “Locked In” es más afín al esquema clásico del grupo, rock potente y directo, siendo el tema más fuerte de este álbum. “Turbo Lover” atrapa desde el inicio con la voz de Halford en primer plano en todo momento. La sobriedad de “Out In The Cold” esconde una energía contenida que explota en aquel arranque de “Priest…live!” (todavía estremece la figura de Rob Halford apareciendo desde detrás del escenario de forma ceremoniosa en el video durante este tema). Al grito de “Wild Nights (Hot & Crazy Days)” se desarrolla uno de los himnos más festivos de los Priest, y “Reckless” como colofón es una de esas canciones con un feeling enorme cuyo triste e injusto destino es el olvido.

No podré negar que los Priest atesoran más de un trabajo clasificable como clásico, pudiendo añadir “Painkiller” a los tres citados arriba, y que “Turbo” es la excepción dentro de su discografía. Aun así, la habilidad que los británicos demostraron tener para cautivar la atención de la gente ajena al mundo del rock y el metal e introducirlos en el mismo debe ser valorada en gran medida. Al menos, ese es mi caso y no puedo ocultar el cariño especial que le tengo a este disco. Supongo que algo así nos ocurre a todos con algunos álbumes, ¿verdad?

J. A. Puerta

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Ram It Down (1988)

Seguramente no es el disco más representativo de la carrera de los Judas, seguramente no es lo que se considere un clásico de la banda, pero para mí es un muy buen disco.

La portada ya deja patente lo que Judas buscan en este álbum, un puñetazo y dejar las cosas claras después de la absurda polémica que supuso su disco predecesor “Turbo”, con un sonido mucho más metálico y muy cercano a lo que sería su disco posterior, “Painkiller”. Es lo que yo llamo un disco bien situado en el tiempo, o sea, que recoge los coletazos del “Turbo” y nos acerca a lo que vendría después. Por cierto, es el inicio de las portadas de Judas en tonalidades azules.

Y ahí tenemos claros ejemplos de guitarras metálicas y riffs poderosos desde el inicial grito agudo de Halford con el tema título “Ram It Down”, que contiene uno de los solos más vertiginosos y posiblemente de los que más me gustan de Judas Priest, muy buen trabajo de K.K. y Glenn. Como curiosidad decir que la canción la llegué a escuchar en los 40 en su día, aunque no la pusieron en su totalidad.

Deleitarse escuchando el solo inicial de Glenn en “Heavy Metal” es algo que he hecho en más de una ocasión, una canción en la que es cierto que se me hace algo repetitivo el estribillo y que no sería la única declaración de principios en el disco, pues también nos encontramos con “I’m A Rocker”, y que plasma perfectamente lo que os decía al inicio de la reseña, un perfecto cruce entre “Turbo” y “Painkiller”. Por cierto, ¿he oído el estribillo de “I’m A Rocker” en “Leather Rebel” o es mera coincidencia?

Lo mejor del disco está sin duda en su parte central, con otro puñetazo en toda la cara llamado “Hard As Iron”, una de las canciones más cañeras de la banda y con un estribillo acojonante donde me encanta la voz de Halford. Destacaría también el uso de efectos de explosión en el tema, dotando al mismo de mucha más fuerza si cabe, sobre todo en la parte central, pelos de punta, oiga. Después del trallazo viene un tema más pausado, pero no por ello menos bueno, y es que “Blood Red Skies” podía estar perfectamente en “Turbo”. Relájense y escuchen sobre todo la voz de Rob Halford, digna de elogio en la parte acústica y en el estribillo. ¿He dicho antes la expresión pelos de punta? Aplíquenla aquí también. Es el tema más largo del disco, casi ocho minutos.

¿Hay alguien que no haya escuchado el clásico de Chuck Berry “Johnny B. Goode”? Pues los Judas se atreven a darle su propio sonido y a actualizarla, ciertamente el único parecido con el de Chuck Berry es la letra, ya que en la música no tiene absolutamente nada que ver. ¿Se le puede llamar a esto versión? Hombre, no lo sé, pero lo que sí os aseguro es que fue una de las canciones que más escuché del “Ram It Down” en su época.

¿Y qué hace que este disco no se considere de lo mejorcito de la banda? Pues tristemente nos encontramos con dos canciones de relleno y totalmente sobrantes, y que son precisamente las dos últimas: la macarra “Love You To Death” y la que siempre he tenido atragantada, “Monsters of Rock”, juntándolas con otras que no son malas, ni mucho menos, pero que no tienen ese don de destacar, como “Love Zone” o “Come And Get It”.

Muy buen disco, con Judas volviendo a reafirmarse en los sonidos más metálicos. Por cierto, el disco fue el último en el que aparece en los créditos de baterista el polémico Dave Holland.

Aguskill

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado en enero de 2018)

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Héroes del Silencio – Live In Germany (2011)

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Nunca es tarde si la dicha es buena, imagino fue lo que pensaron Juan, Pedro y Joaquín a la hora de ponerse manos a la obra y rescatar del ostracismo este concierto de la gira “El Camino Del Exceso” en su paso por Alemania, concretamente registrado en la ciudad de Koblenz el 2 de octubre de 1993 y televisado por la cadena SWF3 el 4 de diciembre de ese mismo año, y de seguro que muchos de sus nuevos y antiguos fans han compartido dicho pensamiento.

Lo cierto es que extraña su edición a estas alturas, no tanto por su demora, más que evidente, como por el vacío existente a nivel de discografía en directo tras el aclamado “El Espíritu Del Vino”, ya que si bien se editó en su momento aquella caja oficiosa “En Directo”, la cual recogía el vídeo del concierto ofrecido en el Palacio de los Deportes de la CAM (también ofrecido en su momento por La 2 de TVE y posteriormente incluido en la edición “El Ruido Y La Furia”), el mencionado disco no tuvo su directo ‘oficial’ como lo tuvieron “El Mar No Cesa” con el mini Lp “En Directo”, “Senderos De Traición” con “Senda 91” y “Avalancha” con “Parasiempre”, y visto lo visto y oído lo oído pienso sinceramente que deberían haberlo editado entonces, ya que la pieza encaja perfectamente, sirviendo de perfecto complemento documental en lo que a ediciones en directo del grupo se refiere, e incluso superando con facilidad el listón ofrecido en alguno de ellos (“Parasiempre”).

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¿Y qué puede aportar “Live In Germany” en estos latidos en los que estamos? Aparte de nuevos ingresos para EMI Music Spain, a la cual se le resiste dejar de ordeñar a una de sus vacas más sagradas (dudo que le queden más ases en la manga), sirve de extracto fehaciente de lo que era un concierto de Héroes en aquellos años, ejecución correcta y entrega máxima en cualquiera de las circunstancias, fuera cual fuera la audiencia y el número de integrantes de ésta. En este caso concreto, podemos apreciar tanto visual como musicalmente a los Héroes más genuinamente rockeros de su corta pero prolífica trayectoria, no en vano la única representación aquí de su era más gótica y primigenea son “Olvidado” y el bonus track “Hace Tiempo”, las cuales rockerizan debidamente para su empaste con el resto. Por lo demás, mayoritaria representación de Senderos y El Espíritu, reducida aquí en función de la calidad y los cortes publicitarios de la televisión alemana, ya que doy fe de que un concierto de HDS por aquel entonces albergaba aproximadamente el triple del contenido de este CD y DVD.

Si bien el artwork está suficientemente cuidado, con fotos de la época y la simbología plateada de “El Espíritu Del Vino” (se nota que no es otra fría edición de EMI y que se ha involucrado el propio grupo), se echa en falta algo más de material y coherencia (sigo preguntándome qué pinta en el libreto la portada del “Senda 91”), aunque entiendo que dado el precio y el formato doble tenían que recortar por algún sitio.

En cuanto a la continuidad del grupo y sus ediciones futuras, esperemos que Bunbury entre en razón y no deje huérfano al buque, sin él no sería ni de lejos lo mismo.

Bubba

(Publicado originalmente en ROCKSCALEXTRIC durante el tercer lustro de la era 2000)

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Héroes del Silencio – El Espíritu Del Vino (1993)

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Hablar de Héroes del Silencio es hablar de un grupo que lleva implícito el sello amor/odio, tanto por parte de crítica como por parte de público, ya que si bien puede decirse que fue un grupo que levantó pasiones en el sentido estricto del término, las mismas oscilaron entre el fanatismo desenfrenado de numerosos fans y un odio exacerbado por parte del sector más purista, que veía su terreno claramente invadido por un grupo que navegaba a sus anchas en el mundo del pop.

Pero de lo que no hay duda es de que, pese ser un grupo que se permitía vender como el que más tanto dentro de nuestras fronteras como fuera de ellas, sus connotaciones con el mundo del Hard Rock fueron más que notables, tanto por su música como por su imagen. Con una evolución claramente destinada a adentrarse en las raíces del Rock Duro, no cabe imaginar a unos Héroes sin beber de fuentes tan diversas como The Mission, U2, Guns N’ Roses, The Cult o los mismísimos Zeppelin.

Recuerdo perfectamente el día en que me hice con el EP que incluía “Héroe de Leyenda”, el nacimiento discográfico de la banda. Unos jovencísimos Enrique Ortiz de Landázuri (voz -aún quedaban años para que se autoapellidara con una cita de Oscar Wilde-), Juan Valdivia (guitarra), Joaquín Cardiel (bajo) y Pedro Andreu (batería), se presentaban al mercado de la mano del Olé Olé Gustavo Montesano, adelanto de lo que sería su primer larga duración, “El Mar No Cesa”, un debut de excelentes canciones pero con una producción excesivamente light, algo obvio teniendo presente de quién venía. De la gira correspondiente vio la luz “en Directo”, una tirada limitada que todavía me remueve el deshacerme de ella en su día, puesto que no se ha vuelto a editar, salvo en el mercado pirata, claro (*). Y a partir de ahí la madre del cordero: “Senderos de Traición”, ya con el ex Roxy Music Phil Manzanera tras los mandos, que si bien no endureció tanto el sonido como le proporcionó matices y colorido, supuso el pelotazo final de la banda, escalando posiciones en las listas a velocidad de vértigo y pegando el gran salto a Europa, sobre todo a Alemania, bajo la atenta mirada de sus fans y el odio contenido de sus detractores. Al igual que “El Mar…”, “Senderos de Traición” tuvo su correspondiente álbum en directo, “Senda 91”, de nuevo una “rareza” de coleccionista que se repartía los temas en dos vinilos a 33 r.p.m., con mensaje oculto incluido en los surcos (“Y entre cada palabra y sílaba pronunciada como surco áspero al recorrer, quedarán mensajes sin descifrar que escondan mentiras aprendidas”) y otros mensajes algo más explícitos de críticas al grupo y a sus actuaciones en directo plasmadas en la carpeta.

Y tras esta contextualización histórica llegamos a lo que es, para servidor, su obra más completa y ambiciosa, “El Espíritu del Vino”, nuevamente doble y con una presentación exquisita (cada canción con su icono correspondiente y las letras traducidas al inglés), ilustrando en la portada una calle zaragozana encerrada en una bola de cristal. Su contenido no lo era menos.

El primer plástico lo abría lo que sirvió de single de presentación del disco, “Nuestros Nombres”, todo un alegato metafórico (como de costumbre) en plan “aquí estamos de nuevo”, para alborozo de muchos y desdicha de otros (circula algún pirata de la banda en el que aparece el corte como “Al Saber Le Llaman Suerte”, título bastante más explícito que el definitivo). Una armónica y una tos, acompañados de un “joder qué zoquete que eres…” de fondo, daban paso a la omnipresente guitarra de Juan Valdivia, que abría contundentemente a base de riff y secundado por los timbales de Pedro Andreu. Qué comienzo. El vídeo, grabado en Los Monegros y el Pirineo de Huesca, acompañaba bastante bien. “Tesoro” era un pasaje lírico y sosegado, de punteos cristalinos y teclados de fondo y con una de esas frases que se te graba a fuego: “…y no queda nada sagrado que me divierta ya…”. A continuación uno de mis favoritos de siempre, “Los Placeres de la Pobreza”. Letra profunda e incisiva como pocas y un trallazo de rock para acallar bocazas. Ah, que no se me pase: solo de los que hacen afición a cargo de Valdivia, pelos como escarpias (en el vídeo, un más mesiánico que nunca Bunbury se lanza al respetable, para que luego digan). Y cerrando la cara A otro de los singles de renombre, “La Herida”, un corte de dos tiempos claramente diferenciados, comienzo baladístico con acústicas y desenlace atronador, en el que hacían mella en el profundo tema de la amistad y para el que se grabó otro vídeo, esta vez a cargo del propio hermano de Enrique, Jorge Ortiz de Landázuri.

La segunda cara del primer disco la abría magistralmente “La Sirena Varada”, de efluvios góticos (esos punteos marca de la casa) y poperos a partes iguales, otro de los video-singles que más se pincharon en el momento, seguida de “La Apariencia No Es Sincera”, un tema oscuro y barroco dirigido expresamente a los críticos con manía persecutoria del grupo, de estribillo sugerente y siempre con el enrevesamiento letrístico tan característico de la banda. “Z” (Z-aragoza) era una instrumental de guitarra acústica que servía de preludio a “Culpable”, la cual se abría con eléctricas en primer plano, para contrarrestar. Uno de los temas más desapercibidos del disco pero sin bajar en calidad en ningún momento.

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“El Camino del Exceso” abría el segundo vinilo, y de qué forma. Aparte de poner nombre al disco (“quemamos con malas artes el espíritu del vino, y no va a regresar”) significaba toda una declaración de principios, arrogante e irreverente como ellos y poniendo de manifiesto toda una filosofía de vida. En lo musical destacar el riff persistente de Valdivia y a un siempre secundario Joaquín Cardiel, que acompaña como procede con el bajo. “Flor de Loto”, otro de los “hits” del doble, mostraba a unos Héroes pletóricos, en este caso sobre todo a Enrique, tanto por la voz como por la letra del tema, fruto de uno de sus viajes a Oriente (Nepal, para más señas), en el que pudo conocer en persona a la niña que apadrinó a través de la ONG Ayuda En Acción, a saber, su flor de loto. En él podemos observar lo mucho que crecieron musicalmente con respecto a trabajos anteriores, sin miedo a la experimentación y utilizando instrumentos tan exóticos y desconocidos como el sitar. “El Refugio Interior” no era otra cosa que un solo de batería a cargo de Pedro aderezado de efectos, que antecedía al tema más hard del trabajo, “Sangre Hirviendo”. Como su nombre daba a entender, era una muestra para los acusadores de la pop-ularidad de los Héroes que a ellos les hervía la sangre, y qué mejor forma de demostrarlo que con este trallazo. La rabia que contiene el corte habla por sí solo.

Una carraca y la batería a pelo abrían “Tumbas de Sal” y la cuarta cara del plástico, con un Bunbury vociferando por un micro distorsionado en plan Elvis hasta el estribillo, en el que se volvía a escuchar claramente su voz y cómo ponía en tela de juicio nuevamente el acomodado sistema occidental y sus prejuicios hacia lo desconocido (es más que evidente lo que le marcaron sus viajes a Oriente tras el éxito de “Senderos de Traición”). “Bendecida 2” era un canto a capella que precedía a “Bendecida”, otro de los mejores momentos del trabajo para el que suscribe, un tema evocador y de bellísima factura, con uno de esos estribillos que te hacen una cruz en lo más hondo. Y de postre y como colofón “La Alacena”, una balada de piano (a cargo de Copy, amigo del grupo y acompañante de Bunbury en solitario) realmente emotiva, que cierra el trabajo como el que no quiere la cosa.

Como decía al comienzo, la banda prosiguió la búsqueda de su sonido en “Avalancha”, su disco más crudo y contundente (Bob Ezrin -Alice Cooper/Kiss-), que junto al directo “Parasiempre” puso punto y aparte a una carrera jugosa como pocas ha visto nuestro país, una pena que nuestros “profesionales” no lo supieran apreciar en su momento. Giras apoteósicas (puedo decir con orgullo y satisfacción que asistí a todas desde la registrada en “Senda 91”, y los recuerdos son impagables), talento, arrogancia y ambición (nada de mirar con envidia a lo foráneo) son los factores que propiciaron ese aura de “grandes” a Héroes del Silencio, y fue ello precisamente lo que les acabó consumiendo.

¿Disolución “para siempre”? Me parece mucho tiempo… (#)

Bubba

(*) (#) Finalmente se reeditó el catálogo completo de HDS con la reunión del grupo en 2007

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado en diciembre de 2017)

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DEATH – Symbolic (1995) – 16 años sin Chuck

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Recuerdo como si fuera ayer cuando “Symbolic”, el esperado sexto trabajo de estudio de los Death de Chuck Schuldiner, irrumpió en el mercado discográfico. Es más, me acuerdo como si hubiera pasado hoy mismo estar esperando impaciente con la radio enchufada a que la neurona del Pirata le recordara que ese día tenía que estrenar el nuevo trabajo de la banda. Por fin, tras una ardua espera y demás desvaríos del viejo de la pata palo, sonó “Sacred Serenity”, y rápidamente mis dudas y mis sospechas a la par se vieron despejadas de un plumazo: Death proseguían el viaje emprendido en “Human”, que no tenía otro destino que el de ahondar cada vez más en la melodía sin dejar de lado, eso sí, la brutalidad que les había caracterizado todos esos años atrás.

Y es que esperar ‘lo nuevo’ de Death era algo así como un rito o celebración religiosa, que compartían tanto fans como músicos y crítica en general. No en vano, Chuck Schuldiner puede considerarse un poco el ‘padre’ de la vertiente más brutal del metal, y si bien no vamos a aventurarnos en asegurar que fue el mismo nombre de la banda el que acuñó el del propio género (habría que pedir permiso a Possessed y a su “Seven Churches”, entre otros), desde luego tuvo algo que ver.

Con “Individual Thought Patterns”, el bueno de Chuck, junto al ex Sadus Steve DiGiorgio (bajo), el ex Dark Angel Gene Hoglan (batería) y el mismísimo Andy LaRocque, mano izquierda de King Diamond (guitarra), demostró que en eso del Death Metal también hay sitio para el lucimiento personal y la demostración técnica, y quizá por ello en este “Symbolic” regresaron un tanto a las raíces de todo (¿Death Metal? ¿Thrash? ¿Heavy? Poco importa…). Esta vez Chuck se metió en el estudio de la mano de Jim Morris y bien respaldado de nuevo por Gene ‘el pulpo’ Hoglan y unos menos conocidos Kelly Conlon al bajo y Bobby Koelble a la segunda guitarra. ¿El resultado? Un disco para la Historia.

Lo cierto es que no fueron pocos los que tildaron a Death de comerciales e incluso de vendidos por editar un disco como éste, aunque sigo sin imaginarme un “Symbolic” colándose en los 40 principales. Obviamente se trataba del sector más purista, que no alcanzaba a comprender cómo una de las bandas pioneras de la brutalidad se hacía cada vez más accesible y dinámica. Todo tiene su lógica. Chuck siempre había ido un paso por delante, y el intentar aferrarse a un género tan opaco como el Death Metal le hubiera acarreado una muerte (musical) demasiado prematura, como su propio nombre indica. Lo que nunca imaginamos es que otra muerte, la más cruda y real, nos privaría al poco tiempo de seguir disfrutando de este genio, incomprendido por unos y aclamado por otros.

¿Temas? Todos eran sobresalientes, desde el riff de apertura de “Symbolic”, rápidamente roto para que Hoglan destrozara literalmente su kit de batería a golpe de caja y doble bombo, hasta “Perennial Quest”, que cerraba majestuosamente el plástico. “Zero Tolerance” guardaba pasajes inolvidables, de innumerables quiebros pero sin perder el norte, y la oscuridad de “Empty Words” todavía me encoge cada vez que la escucho (esa voz agónica de Chuck desgañitándose, vive dios), ahora más si cabe que el primer día. “Sacred Serenity” era todo un alegato Thrash, de riffs persistentes y estructura pegadiza, mientras que “1000 Eyes” era un vuelo fugaz de estribillo tan fácil como memorable (el contraste de esas sobrias melodías de guitarra con la batería salpicando por debajo es difícil de olvidar). Y si bien “Misanthrope” pasaba algo desapercibida, el barroquismo de “Without Judgement” y la apoteósica “Crystal Mountain” (con esos punteos en los descansos) demostraban de nuevo esa perfección llena de pequeñas y conscientes imperfecciones, que hacían más jugosa y amena si cabe la escucha.

Como muchos de vosotros sabréis, Chuck Schuldiner fallecía el 13 de diciembre del 2001 a causa de un tumor cerebral, interrumpiendo así de manera tajante la carrera tanto de Death como de sus demás proyectos paralelos (Control Denied). Desde ese día el mundo del metal perdió a uno de sus hijos predilectos. “Symbolic” es una buena manera de recordarle.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Sepultura – Chaos A.D. (1993)

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A la hora de rebuscar en la discografía de estos hijos de la miseria de Sao Paulo, supongo que lo más lógico sería rescatar aquellos discos que les otorgaron la fama mundial (“Beneath The Remains”, 1989) y les consagraron como los sucesores predilectos al trono de Slayer (“Arise”, 1991), pero como esta reseña más que de lógica es producto de un calentón, me van a permitir vds. que les presente (o les recuerde) aquel revolucionario “Chaos A.D.”, que para mal o para bien removió los esquemas de lo que aburguesadamente se venía llamando Thrash Metal.

Y es que si en los grandes “Beneath The Remains” y “Arise” todavía se dejaban entrever los posos de las influencias de los brasileños (Celtic Frost, Sodom, Kreator o los propios Metallica, aunque desde luego más levemente que en “Morbid Visions” o “Squizophrenia”), en este “Chaos A.D.” rompieron con todo y registraron una obra que bien puede valer como punto de inflexión en lo que a música burra se refiere (no, no estoy hablando de Operación Triunfo).

Tras la genial portada (cómo no) de Michael R. Whelan y el cambio en los controles de Scott Burns a Andy Wallace, sin duda clave en el resultado final (¿quién dijo Thrash?), se escondía un trabajo que en su día noqueó al público thrasher por completo (menudo careto se nos quedó), pues si bien la brutalidad de los hermanos Max (guitarra y voz) e Igor Cavalera (batería), Andreas Kisser (guitarra) y Paulo Jr. (bajo) seguía intacta, las estructuras prototípicas del Thrash pasaron a mejor vida y se reinventaron a sí mismos de una manera francamente envidiable, aunque muchos no lo supiéramos apreciar en su día.

La tripleta inicial era de sacársela al fresco: “Refuse / Resist”, “Territory” y “Slave New World” (firmado a pachas entre Max y Evan Seinfeld, de Biohazard) eran violentamente incorrectos, tanto musical como letrísticamente, y si de sobras eran conocidas las limitaciones de la banda con sus instrumentos (chicos de barrio, vaya), estos cuatro forajidos del sur de las Américas suenan más creíbles que nunca (sobre todo Igor, que está descomunal). Para sorpresa (o desesperación) de muchos, la rapidez dejaba paso a la densidad en cortes como “Amen”, “Nomad” o en la inquietante “We Who Are Not As Others” (claro guiño al mítico film freakie de serie B), mientras que el letal “Propaganda” o el breve “Biotech Is Godzilla” (Jello Biafra) daban cancha al sector más bestia.

“Manifest” sirvió incluso de sintonía para algún programa de TV (Metalla, Viva TV), y para remate final del baile el grupo indagaba en la música indígena brasileña con el tribal “Kaiowas”, preludio de lo que harían posteriormente en “Roots”, y se atrevía con el genial “The Hunt”, originalmente de los New Model Army. “Clenched Fist” cerraba el plástico, y la cara de tonto tras la primera escucha era inevitable.

Para servidor un disco clásico es aquel que, por una u otra razón, significó un antes y un después en el mundo de la música, y este no me cabe duda que lo hizo. ¿Lo tienes? Pues estás tardando.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Moonspell, disco y gira

Os recordamos que este próximo viernes 3 de noviembre nuestros vecinos lusitanos Moonspell estrenan disco (“1755”, Napalm Records) y comienzan gira española, estas son las fechas escogidas:

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De momento llevamos escuchados 3 temas de adelanto del álbum, “Todos Os Santos”, “Evento” y el más reciente “In Tremor Dei”, del que acaban de editar el siguiente videoclip:

La cosa promete y mucho, ya estamos deseando poder hacernos con la copia íntegra del trabajo y degustar al completo lo que será sin duda uno de los discos del año. Más info en:

https://www.moonspell.rastilho.com/https://www.facebook.com/moonspellband/

In Flames – Whoracle (1997)

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20 años de la edición de “Whoracle”, y parece que fue ayer. Un disco continuista con respecto a su predecesor, “The Jester Race” (grabado y editado en 1995 y publicado en 1996), pero a su vez evolucionista en la trayectoria de la banda, como se comprobaría a la postre. Death Metal y Heavy Metal se daban la mano de pleno, con ligeros toques Prog por aquí y Pop-Folk por allá, para conformar en conjunto uno de los pilares básicos para entender hoy en día lo que en su momento empezaron bandas como Led Zeppelin o Black Sabbath, y después continuaron otras como Judas Priest o Iron Maiden. Dos décadas después nos sigue pareciendo igual de importante o más que en su momento, época crucial de la prostitución musical para los que por aquí escribimos, donde ya nos supo a gloria bendita. Satán lo tenga en su gloria.

Bubbath

Tras un Mini CD de adelanto llamado “Black-Ash Inheritance”, el cual contenía un tema inédito, uno de adelanto de este álbum, un medley acústico de temas del segundo disco más una versión en directo del tema del primer disco “Behind Space”, In Flames nos presentan su tercer disco.

Y qué decir de él, pues que estos DIOSES suecos la han vuelto a liar, y de qué manera. Si pensabas que “The Jester Race” ya era algo grande, aquí tienes un álbum que está a su misma altura sin lugar a dudas.

Desde el inicial “Jotun”, del cual han realizado un videoclip con imágenes en directo muy bueno, donde las melodías que se marcan Jesper y Glenn quedarán inmortalizadas en tu cabeza para el resto de tu vida, pasando por “Food For The Gods”, “Morphing Into Primal”, “Episode 666” (tema ya incluido en la recopilación de su sello “Death… Is Just The Beginning IV”, aquí en otra versión), hasta el final con el tema instrumental “Whoracle”, te das cuenta de que In Flames rozan la perfección en cada uno de sus temas.

La pregunta que me viene ahora es que, habiendo logrado dos obras maestras tales como “The Jester Race” o “Whoracle”, ¿qué lograrán con discos posteriores? Sin un ápice de duda In Flames son lo cumbre, lo más.

Mantas

(Publicado originalmente en el fanzine número 2 de BATTLE HYMNS, en algún momento de 1998)

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Un paseo por la oscuridad…

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La banda germana está de máxima actualidad por su ya consabida gira de reunión con sus dos míticos ex componentes, Michael Kiske (voz) y Kai Hansen (guitarra/voz), que playbacks y catarros al margen ya están haciendo las delicias de los fans más acérrimos de la banda allá por tierras latinoamericanas (en España los tendremos el próximo 9 de diciembre). Pero históricamente no todo fue de color de rosa para el grupo de la calabaza, aunque parezca mentira, para la banda de Happy Metal por excelencia hubo tiempos de auténtica oscuridad, y hoy los queremos recordar con agrado e incluso con cierta nostalgia. Señoras y señores, con ustedes…

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HELLOWEEN – The Dark Ride (2000)

A estas alturas, Helloween son considerados como una de esas bandas clásicas de Heavy Metal que han influenciado a muchas de las actuales estrellas de la escena europea. Lo que resulta más extraño, puesto que el calificativo de clásicos es más que merecido, es que todo aquel que habla de estos alemanes lo hace en pasado, refiriéndose a la época “Keeper of the seven keys” o, lo que es lo mismo, al dúo Hansen-Kiske. Si bien el primero sigue dedicándose con sus Gamma Ray exitosamente al estilo del que él mismo fue pionero, el segundo nos regala alguna aparición estelar de lustro en lustro (léase “Land of the free” o actualmente Avantasia). ¿Y qué nos queda de los actuales Helloween? Cuatro discazos en estudio desde 1994 con la nueva formación, liderada por un Andi Deris que ha demostrado aportar su propio carácter al sonido del grupo y que merece un reconocimiento general por parte de todos. Desde aquel increíble “Master of the rings”, Helloween han consolidado un estilo que, además de englobar sus antiguas estructuras, se ha enriquecido con matices hard rockeros que los diferencian de la media. A partes iguales se reparte la lista de canciones que conforman este trabajo, grabado en Tenerife y producido por el afamado Roy Z. Por un lado, “Mr. Torture”, que sirve de apertura, “All over the nations” y “We damn the night” son buenas muestras de ese metal alemán clásico caracterizado por combinar melodía y velocidad con un resultado impecable y unos estribillos pegadizos que a coro se convierten en verdaderos himnos.

Por otro lado, tenemos una mayor variedad. Y ésta viene de la mano de “If I could fly”, cuya base es propia de los primigenios Pink Cream 69 de Deris y que incorpora un detalle de teclados propio de bandas góticas muy sugerente, “Escalation 666”, un tema de atmósfera densa y oscura con un estribillo grandioso, “The departed”, una de las piezas más originales que jamás hayan compuesto gracias a una estructura más parecida a la de unos Paradise Lost que al heavy ochentero, y “I live for your pain”, en mi opinión, el mejor tema del álbum, el cual recoge la frescura y fuerza que describe la etapa actual de Helloween. El lado más emotivo viene reflejado en “Immortal”, una canción épica llena de sentimiento y con una letra preciosa.

“The dark ride” es el trabajo más heterogéneo de la carrera de los germanos, contrariamente a aquellas críticas que lo asimilan a los “Keepers”. Es éste la demostración perfecta de la calidad que poseen y, sobre todo, la confirmación de gran banda que no necesita vivir del pasado para seguir con la cabeza bien alta.

J. A. Puerta 

 

HELLOWEEN + BLAZE

Jueves 29 de marzo de 2001, Sala Republicca (Mislata, Valencia)

Lamentablemente llegamos tarde al evento (por las mismas razones de siempre, tiempo justo y alguna que otra confusión en carretera), y digo lamentablemente porque lo poco que pude ver del show de BLAZE fue sorprendentemente brutal. Cuando entramos a la sala estaban descargando (más bien acabando) “When Two Worlds Collide”, tema extraído de “Virtual XI”, segundo y último álbum de Maiden con Blaze como vocalista. Me sorprendió sobremanera la banda que acompaña a Blaze; si bien el bueno de Bailey sigue más o menos como siempre (con su inseparable gorra y su escasa vocación de frontman, con unos gestos más propios de un títere que de un cantante de Heavy Metal), la banda que le acompaña es sinceramente letal, con una ejecución digna de elogio y con una fuerza descomunal (vaya sección rítmica, señores). “The Brave” sonó demoledora, a auténtico trallazo Power Metal, a la cual siguió otro tema de la etapa de Blaze con la doncella, el ya semiclásico “Man On The Edge”, perfectamente ejecutado y más enérgico si cabe que el interpretado por la banda de Mr. Harris. Y para cerrar “Born As A Stranger”, uno de los temas ‘bandera’ de ese trabajo llamado “Silicon Messiah”. Un notable alto para Blaze, aunque sigo pensando que debería acudir a unas cuantas clases de interpretación.

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En cuanto a Helloween, la banda empezó con un cuarto de hora de antelación (la verdad es que parecía que esta noche todo el mundo tuviera prisa por irse), la cual estaría sobre el escenario una hora y media aproximadamente. Tras “Beyond The Portal”, la intro que abre su último trabajo, comenzaron los primeros acordes de “Power” para sorpresa del personal, ya que lo más normal es que abran con algún tema nuevo, la cual interpretaron más ralentizada de lo habitual. Seguidamente y sin pausa alguna descargan, ahora sí, “Salvation”, uno de los temas que componen su más reciente “The Dark Ride”. Tras ésta Andi Deris se dirige al público, con los saludos y presentaciones correspondientes y haciendo gala de un mínimo español (como ya sabréis el germano tiene residencia en Tenerife), el cual prometió mejorar para la siguiente gira (nos aseguró estar dando clases, aunque también bromeó con que el español de las Canarias es ligeramente distinto).

“I Live For Your Pain” les quedó bastante bien, al que siguió “Mr. Torture”, que Andi introdujo como “un tema que habla sobre látigos, cadenas, etc.”. Y a continuación uno de los temas siempre esperados, “esta canción habla de algo que vuela por el cielo” comentó Andi, y por supuesto se trataba de “Eagle Fly Free”. “Escalation 666”, uno de los temas más oscuros y densos de “The Dark Ride” (con cuernos incluidos por parte de Andi Deris) dio paso a “Steel Tormentor”, tema que se encarga de presentar Roland, el cual hace mención a los coches españoles y se permite el lujo de bromear un rato con los asistentes.

“The Departed (Sun Is Going Down)” es curiosamente fundida con “I Want Out”, otra explosión que pone de nuevo en pie al personal (aunque, sinceramente, nada que ver con tiempos pasados). Uno de los platos fuertes de la noche, al menos para mi gusto, fue el extenso “Revelation”, donde Roland Grapow demuestra su valía como guitarra solista y la banda hace gala de su faceta más dura, con Markus y Uli llevando el grueso del sonido y Michael Weikath acompañando perfectamente a Roland, siempre con esa imagen sarcástica y burlesca que le ha acompañado durante todos estos años. Según Roland, “esta noche no habrá “Future World””, increpando a los asistentes a insultarle (siempre de buen rollo, claro) y haciéndose de ‘rogar’ hasta que, finalmente, comienzan a sonar los primeros acordes del tan ansiado clásico de la banda.

“Mirror Mirror” es otro de los temas nuevos que cae, así como el largo “The Dark Ride”, tras el cual abandonan el escenario. Tras los acostumbrados ruegos del respetable salen para hacer un único bis, que no es otro que “Dr. Stein” (de nuevo vuelven a quedarse fuera un montón de temas clásicos en la historia del grupo, aunque esta noche podemos incluso hablar de discos, como es el caso de “Walls Of Jericho” o “Master Of The Rings”, obviados totalmente). En cuanto a la valoración global de la actuación de los alemanes he de decir que fue una actuación correcta, si bien han tenido momentos y actuaciones mucho mejores. Puede que el calor infernal de la sala hiciera su mella, ya que si nosotros pasamos un calor agobiante, ellos con los focos y demás… (de ahí el que no hubiera más bises, ni insistencia por parte de la peña, la verdad).

En definitiva, otro concierto más a nuestras espaldas, que si bien no va a pasar a los anales de la Historia sí mantiene la llama encendida. Como bien dicen los Hammerfall en su último disco, we keep the flame burning.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Alicia en miniatura

Podría tratarse de trabajos menores, pero los tres minis que publicaron Alice In Chains son algo más que eso. Mucho más…

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«We Die Young» (1990)

O cómo pasar de glammies a grungies en tres años. La punta del iceberg de «Facelift» mostraba unas cartas nada desdeñables. Un día, de camino al local de ensayo, Cantrell vio, en un lado de la calle, a un grupo de chavales de apenas diez años traficando con drogas. El impacto de aquella imagen le sirvió en bandeja la letra de «We die young» y una pieza precisa llamada a convertirse en single de adelanto de su debut. Ésta venía acompañada por «It ain’t like that» y la inédita «Killing yourself» que luego se incluyera en la caja «Music bank». De los tres EPs es posiblemente el que menos interés revista por su naturaleza de simple anticipo, ya que siempre será preferible echar mano del larga duración que lo sucedió. En todo caso, más de un coleccionista desearía tener en su estantería una copia de esta rareza difícilmente localizable en el mercado.

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«SAP» (1992)

La historia que se esconde detrás de la gestación de «SAP» es extravagante donde las haya. La idea de entrar en el estudio fue de Sean Kinney, quien tuvo un sueño premonitorio: el grupo al completo en una rueda de prensa presentando un EP con este título. Al parecer, a Kinney le hizo gracia el nombre porque ‘sonaba un tanto estúpido’. No tardó en contárselo a sus compañeros y Cantrell no lo dudó un instante. Se metieron en los London Bridge Studios con Rick Parashar e inmortalizaron cinco temas en un ambiente distendido y relajado: la terapia perfecta para olvidar meses de gira y duro trabajo de promoción de «Facelift» con recompensa en forma de disco de oro (la máxima de «todo vale con tal de hacerte oír y estar en el tinglado» debió aplicarla severamente Columbia al meterlos en paquetes tan variopintos como el Clash of the Titans o de falsos sparrings para Megadeth, Iggy Pop, Poison o Van Halen).

Este origen onírico se desvanece cuando abordamos su contenido: cotidiano, mundano, familiar, pero con el giro pesimista característico. En «Brother» encontramos el germen de «Rooster», aunque esta vez Cantrell dedique el texto a su hermano menor en un afán de subsanar el alejamiento de seis años de silencio entre ambos, y una de las mejores interpretaciones vocales a dúo de Layne y el guitarrista, cuyas gargantas se funden en una sola en un estribillo inolvidable. «Get me wrong», el otro tesoro que escondían para la ocasión y la película «Clerks», relata el nulo futuro de cualquier relación pasajera con intenciones opuestas. «Am I inside» retoma los textos introvertidos, alcanzando lo musical al evocar el halo de oscuridad de «Love, hate, love» o «I can’t remember» de manera sutil (el predominio de lo estrictamente acústico tiene todo que ver aquí). El apartado de colaboraciones de «Right turn», con Chris Cornell (Soundgarden) y Mark Arm (Mudhoney), hace de esta grabación algo especial y es una pena que estos Alice Mudgarden (así firman el tema) queden en anécdota por lo histórico del encuentro (aunque ni sus propios protagonistas fuesen del todo conscientes por entonces). 

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«Jar Of Flies» (1994)

…O la quintaesencia, con permiso de «Dirt». O sin él también. Al fin y al cabo, «Jar of flies» respira otro aire, más sosegado, no tan opresivo como el de la obra maestra de los de Seattle. La temática no ha cambiado, pero el enfoque es distinto. El cuarteto de apertura es el mejor exponente de las diferencias que lo separan de «Dirt». En fondo, «Rotten apple» y «Nutshell», donde Layne Staley desnuda su alma, muestra su lado melancólico, el de alguien apesadumbrado por una adicción que no le permite vivir y disfrutar como los demás. Es la otra cara de la moneda, el opuesto de «Junkhead». En forma, por un lado, «No excuses», el tema más popero del catálogo de Alice In Chains, el mismo que R.E.M. hubiesen querido para sí mismos y no han sabido componer desde «Out of time». Es tan sumamente delicado que en formato eléctrico pierde muchos puntos, siendo la versión grabada para el «Unplugged» la que se lleva el gato al agua. Por otro lado, «I stay away», recargada con incrustaciones orquestales inéditas en la banda. «Jar of flies» fue el primer lanzamiento oficial con Mike Inez al bajo.

Éste ya había grabado los dos títulos que el grupo aportara al film «The last action hero»: «What the hell have I» y «A littlebitter». Pero fue en este mini donde se involucró en tareas de composición, cofirmando la música de cuatro de los siete cortes que contiene. Alcanzado el estrellato, la desconexión era, más que una necesidad, una obligación. Es curioso, sin embargo, que ese ejercicio de reencuentro consigo mismos diera como resultado un número uno en las listas de ventas. Este hecho contribuyó a hacer de «Jar of flies» un EP inusual, si bien su duración (más propia de un álbum) y su calidad (a las antes citadas habría que añadir inexcusablemente la bella instrumental «Whale & wasp») podrían por sí solas justificar su particularidad. Otro hito, éste negativo, que marcó su publicación fue el comienzo del largo periodo de silencio que acabó con el grupo, sólo roto esporádicamente por el lanzamiento del trabajo homónimo, las escasas apariciones públicas (el show acústico de la MTV o el mini-tour abriendo para Kiss) y los proyectos paralelos (Jerry Cantrell con «Boggy depot» o Layne Staley con «Above» de Mad Season junto a Mike McCready de Pearl Jam y Barrett Martin de Screaming Trees). El resto, recurriendo al tópico, es historia: Layne, inmerso en una espiral interminable de consumo y rehabilitación, mantenía a la formación en jaque, incapaz de embarcarse en giras, grabaciones o cualquier actividad conjunta.

J. A. Puerta

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

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