Canker – Physical (1994)

En el mundo de la música siempre hay bandas que nunca han conseguido lo que realmente han merecido. Casos hay muchos y múltiples, grupos que por diversas causas no han terminado de cuajar todo su esfuerzo y trabajo. Si en la música nacional me tocase indicar un grupo que ha merecido mejor destino a su buen hacer, no tengo la menor duda en afirmar un solo nombre, y no es otro que el de los granadinos Canker. Brutos y melódicos a su vez, nos volvieron locos a unos cuantos hace ya la friolera de 15 años con su demo debut. Proporcionaron una explosión de calidad fuera de lo común en la vaga por el momento escena Thrash/Death nacional. Esta simple pero efectiva cinta, junto a su buen hacer con el directo en el Villa de Bilbao, les valió para que Romilar D se fijara en ellos para editarles su primer larga duración. «Physical» se llamó, y dejó a la suela de sus zapatos a los muchos intentos nacionales de emular a los Slayer, Metallica, Anthrax y compañía.

Nunca había sonado una banda patria de la misma manera, y es que, aparte de la incalculable calidad que atesoraba la banda, tuvieron buenos ojos y oídos para dejarse llevar por alguien experimentado como Colin Richardson, el cual les sacó todo su jugo para dar vida a un disco que en cuestión de calidad no se ha vuelto a repetir desde mediados de los 90 (12 años tiene ya, cómo pasa el tiempo…). 8 cortes más intro (como mandaban los cánones) que iban desde el inicio brutal con «Inquisition» a temas que ya conocíamos de su anterior entrega de corte más melódico, haciendo especial mención al tema «Physical», un tema que lo tiene todo y donde Miguel a la guitarra demuestra que no hace falta ser un virtuoso para desprender sentimiento y melodía a las seis cuerdas. Su trabajo en el tema (y globalmente en el disco) es realmente de 10. Sin duda, el alma del grupo y que en la actualidad quiere seguir tirando de él, pero la suerte no es su gran aliada. Una lástima.

Javier Sánchez

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

Los días de Elisa en el páramo oscuro…

La aventura de Elisa C. Martín en las filas de la banda madrileña Dark Moor fue corta pero intensa. Discográficamente hablando significó tres Lp’s y dos Ep’s, un buen puñado de conciertos y aspiraciones serias a dominar tanto la escena metalera nacional como poder dar el salto a la internacional con garantías, pero las consabidas diferencias musicales (y lo que no sabemos) pronto dieron al traste con el proyecto, originando una serie de formaciones posteriores que tampoco puede decirse que triunfaran por sí solas. Lo que viene a continuación es un resumen de ese período concreto tal y como lo contamos en su momento. Cuando valíamos…

The Hall Of The Olden Dreams (2000)

He de reconocer que nada más aparecer este disco en el mercado y aún sin haber escuchado nada de él me mostré un tanto escéptico, pensé “venga, otro disco-copia de lo que pega ahora, con buena portada y no tan buen contenido”. Pues me equivoqué de pleno, señores. Si el anterior trabajo de esta banda madrileña (“Shadowland”) adolecía de una buena producción y de un mejor empaque final, este trabajo supera con creces las expectativas y cubre de sobra las posibles faltas que tuviera aquel primer disco. Y es que se puede decir que estamos ante una de esas obras que llenan de verdad, desde los temas hasta el artwork (Andreas Marschall, qué se puede decir de él que no se haya hecho ya), sin olvidarnos de lo principal en estos casos, una producción que realce el producto en cuestión, que es de lo que se trata (parece que el irse a Italia y gastarse ‘los cuartos’ bien merece la pena).

Para el que todavía no haya escuchado nada del grupo decir que practican un Power Metal a medio camino entre el metal alemán (Blind Guardian, Helloween) y el italiano (Rhapsody, Labyrinth), aderezado con un toque progresivo que aporta una mayor complejidad a las estructuras musicales. Me gustaría destacar el aire melancólico del disco, sobre todo debido a la voz de Elisa, que en algunos momentos puede parecer incluso triste. El disco se abre con “The Ceremony”, una intro llena de fuerza y sentimiento (nada que ver con algunos pegotes que se utilizan a menudo) que enlaza perfectamente con “Somewhere In Dreams”, un tema redondo y muy pegadizo que muestra muy bien por dónde van a ir los tiros. A continuación le sigue “Maid Of Orleans”, con un comienzo cañero y unos agradables coros finales, para dar paso a “Bells Of Notre Dame”, un corte algo más progresivo (más en la línea de Rhapsody) de altísima factura, con notables cambios de tiempo donde se puede apreciar la calidad tanto de los guitarras Enrik y Albert como de la base rítmica formada por Anan (bajo) y Jorge (batería), todo un maestro del doble bombo. “Silver Lake” es un tema muy en onda Blind Guardian, con unos coros impresionantes y un estribillo que quita el hipo, uno de mis favoritos, sin duda.

“Mortal Sin” deja ver de nuevo la vena progresiva de la banda, con unas melodías de guitarra muy pegadizas, mientras que “The Sound Of The Blade” es la balada del disco, un tema lleno de romanticismo que se presta a ensalzar la voz de Elisa, la cual asume en esta ocasión el protagonismo (y lo hace francamente bien). A continuación otro de los cortes más directos del álbum, “Beyond The Fire”, donde se aprecia más la vena de grupos alemanes como Helloween o Gamma Ray, y que de seguro hará las delicias de los seguidores de las citadas bandas. “Quest For The Eternal Flame” se me antoja como un tema con un tono más alegre que el del resto, mientras que “Hand In Hand”, el que cierra el disco, vuelve a los coros grandilocuentes y a esos estribillos que ponen los pelos de punta.

En síntesis, en estos tiempos que corren, con tantos y tantos grupos como abarrotan el mercado, o dedicas tu vida y todo tu dinero a la totalidad de ellos o tienes que seleccionar el grano de la paja, y creo que esta puede ser una excelente elección.

The Fall Of Melnibone (2001)

Nueva entrega discográfica de esta prometedora banda madrileña, esta vez en formato mini CD, que según nos comentaba el propio grupo ha sido el mismo sello (Arise) el que ha llevado la iniciativa en lo referente a su edición, con el fin de recopilar varios temas digamos “dispersos” de la banda, tanto bonus tracks de ediciones foráneas de su anterior LP como temas aparecidos en discos tributo, que a continuación pasamos a detallar.

El mini CD se abre con “The Fall Of Melnibone”, un tema extenso y complejo (aparecido como bonus track en la edición japonesa de “The Hall…”), con numerosos cambios de tiempo y con un tono progresivo que lo desmarca claramente del resto de temas incluídos en el mismo. En él podemos observar todos y cada uno de los ingredientes característicos del grupo, es decir, coros épicos, pasajes orquestados, teclados pomposos (que incluso me han recordado a los jóvenes Children Of Bodom, y es que me consta que son uno de los grupos que siguen más de cerca estos madrileños), mucho doble bombo, etc. A continuación le sigue “Silver Lake”, tema que sí apareciera en la edición española de “The Hall…”, con una onda muy a lo Blind Guardian y que a mi parecer era de los mejores cortes del citado plástico. “Wood’s Song” es un tema acústico (con un punteo que me recuerda un tanto a los Scorpions de Rudolf y Klaus) apoyado por teclados de fondo y que apareció en su día en la edición esta vez koreana del citado “The Hall Of The Olden Dreams”. Y a continuación viene lo que considero más relevante del mini CD, las versiones tanto del “Halloween” (¡acojonante!) de los alemanes Helloween (aparecida en el tributo a dicha banda “The Keepers Of Jericho”) como el añejo “Cuentos De Ayer Y De Hoy” de Ñu (aparecida en el correspondiente homenaje a la banda del Molina), dos covers realmente logrados, que guardan la esencia de los temas originales y a su vez llevan implícito el sello de Dark Moor, lo que les hace doblemente atractivos.

Pues eso, una buena oportunidad para hacerte con esos temas que andabas buscando (si no tienes las ediciones en las que aparecieron en su día, claro), y si todavía no los conoces puede servirte como primer acercamiento a una de las bandas que de seguro muy pronto dará que hablar en toda Europa (si no lo está haciendo ya).

The Gates Of Oblivion (2002)

Lo confieso, dadas las expectativas creadas por el anterior “The Hall Of The Olden Dreams” esperaba mucho, quizá demasiado, de este tercer larga duración (segundo en condiciones) de los madrileños Dark Moor, y al escucharlo por primera vez me llevé una considerable desilusión. No obstante nunca he sido partidario de emitir juicios a priori, y tras varias escuchas la cosa fue mejorando ostensiblemente hasta que, a día de hoy, opino que “The Gates Of Oblivion” es un excelente trabajo, ni mejor ni peor que su predecesor, distinto. Y es que, aunque sigue la estela de “The Hall…” (misma fórmula, mismos esquemas), puede apreciarse que el grupo no ha querido repetir los mismos temas contenidos en dicho trabajo (no, esto no es Running Wild). Si bien los cortes contenidos en el citado segundo trabajo del grupo me calaron desde un principio en su día, en este tercer disco voy encontrando detalles y matices poco a poco, digiriendo el producto como hace una boa con su presa.

Y es que desde la producción del disco, realizada nuevamente en los estudios italianos New Sin a cargo de Luigi Stefanini y masterizado en los Finnvox (Stratovarius, Children Of Bodom, Edguy), hasta el artwork (de nuevo Andreas Marschall), todo está cuidado al mínimo detalle, algo también lógico a la hora de intentar exportar algo fuera de nuestras fronteras (invertir el dinero, que se dice).

“In The Heart Of Stone” es un tema directo y pegadizo que sirve de apertura, donde inmediatamente comprobamos que el sello del grupo permanece y se enriquece, con esas melodías de guitarra ya familiares, el apoyo de teclados, el doble bombo constante… y cómo no, la epicicidad y grandilocuencia de esos estribillos tan propios del Power Metal Épico Sinfónico. El ‘colonizador’ “A New World” sigue la tónica del primero, pero sacando a relucir más si cabe ese tono melancólico-tristón ya característico del grupo. A destacar la aportación de los coros y la velocidad helloweeniana de las guitarras.

El corte que da título al CD sirve de interludio orquestado hasta “Nevermore”, un tema acojonante de la cabeza a los pies, donde es palpable la mella que han hecho grupos como Children Of Bodom (y sus producciones) en los madrileños. Sólo con escuchar los estallidos de teclas que contiene te das cuenta de ello. Y esas guitarras que no se te quitan de la cabeza… El dulcemente tildado “Starsmaker (Elbereth)” se abre cual tema rhapsodiano, de cabalgueo y aire ligeramente más pausado que los dos primeros, algo más accesible.

“Mist In The Twilight” vuelve a servir de pasaje-descanso orquestado (esta vez más breve), el cual nos conduce a lo que es para servidor de lo mejor y más redondo del plástico, “By The Strange Path Of Destiny”. Demasiao. Indescriptible la sensación de felicidad-angustiosa que produce la combinación de las tristes melodías de guitarra con la voz de Elisa. O si no “The Night Of The Age”, ¿qué me decís? Vuelta a la carne de gallina con el bridge (“Who stole my illusions? Who stole my hopes?). Por cierto, ¿no he hecho mención aún a la excelente sección rítmica que forman Anan (bajo) y Jorge (batería)? Menudo cañón, una buena muestra de cómo hacer Heavy Metal melódico sin resultar blando y hortera. De la sección guitarrera para qué contar, Enrik y Albert hacen un trabajo digno de elogio.

“Your Symphony” es el tema tranquilo del disco, la balada, vamos. La protagonista Elisa, cómo no, la cual sabe suplir muy bien sus limitaciones vocales (que las tiene) con mucho feeling y con una modulación novedosa por su parte. A continuación vuelve de nuevo la orquestación con “The Citadel Of The Light”, que si bien se agradece entre tema y tema (a modo de descanso) tampoco se puede decir que aporte algo realmente sustancial. “A Truth For Me” posee un comienzo que me recuerda horrores a aquel “Land Of Immortals” del debut de los italianos Rhapsody (de nuevo se aprecia la influencia de los de Turilli, por mucho que les duela a algunos), para desembocar inmediatamente en un veloz paseo por el mástil de la guitarra.

Cierra “Dies Irae (Amadeus)”, un homenaje al citado compositor alemán para algunos suculento, aunque a mí me resulta algo cansino, ya que para la extensión que tiene peca de cierta linealidad (echo en falta algo más de movimiento y emotividad).

Sintetizando decir que, al menos para mí (vuestra opinión puede ser bien diferente), “The Gates Of Oblivion” no supera a “The Hall Of The Olden Dreams”, pero tampoco hace que se le eche de menos, y eso ya es buena señal, ya que mantiene el nivel del mismo y la producción hace mucho en su favor. Es reconfortante poder decir a día de hoy que estamos orgullosos de nuestro producto nacional, y olvidarnos un tanto de lo de fuera. Spain is different… ¡claro que sí!

DARK MOOR + NEMESIS – Sábado 16 de noviembre de 2002, Sala Stereo (Alicante)

Han pasado dos días tras la descarga de los madrileños Dark Moor en la alicantina sala Stereo y todavía me dura la sonrisa de oreja a oreja con la que salí del recinto tras el concierto; de verdad, me faltan calificativos para describir la buenísima sensación que me causaron Enrik, Elisa y compañía en este segundo tramo de lo que está siendo el “The Gates Of Oblivion Tour”. Pero vayamos por partes.

Con buena parte del respetable todavía por acudir, el primer grupo no tardó en saltar a las tablas. Su nombre todavía lo estoy intentando descifrar en la entrada (se presentaron, pero tampoco se entendió muy bien que digamos), así que mejor paso a describir directamente. En primer lugar decir que se trata de una jovencísima formación (echémosle una media de 18 años aproximadamente) con vocalista femenina al frente, la cual nos advirtió de entrada que estaba con 39º de fiebre aunque lista para dar el callo, y doy fe de que así fue. A lo largo de su corta actuación les dio tiempo a ejecutar tanto temas propios (“Como espejos” fue uno de ellos, si mal no recuerdo) como ajenos (“Vientos de guerra” de Saratoga, “Embody The Invisible” de los suecos In Flames o “Imaginations From The Other Side” de los germanos Blind Guardian –ya quisiera Hansi-), a lo largo de los cuales pudimos observar con cierta ternura lo típico en estos casos, un sonido que no es el suyo, algún que otro descompás pero unas ganas y una ilusión dignas de admiración. Desde aquí les deseamos toda la suerte del mundo, que seguro que es poca.

Poco a poco iba llegando el personal a la sala, y precisamente por esto no pudimos prestar la máxima atención a los siguientes en salir a escena, los alicantinos NEMESIS (ya sabéis, antiguos colegas que no ves hace mucho, gente de bandas con las que estás o has estado en contacto, etc.). Nada más escuchar al vocalista nos miramos más de uno extrañados como diciendo “¿dónde he escuchado yo esto antes?”, aunque tampoco le dimos más importancia. Pues bien, al final apareció el cepillo. Al frente del grupo estaba el mismito Leandro, antiguo vocalista de Overlife, visiblemente muy cambiado desde la última vez que le vi (más corpulento y greñudo) pero con las mismas facultades de antaño, el cual estaba supliendo la carencia parece ser que temporal de cantante en la banda. Del estilo del grupo decir que gastan de un tufillo bastante similar al de los últimos Saratoga, si bien aquí sí que se echa en falta una segunda guitarra (lamentablemente el seis cuerdas no es Jero ni tienen a un Niko del Hierro para cubrir el hueco). Actuación muy enérgica, pero en mi humilde opinión Saratoga ya tenemos (de sobra, je je).

Y a continuación el plato fuerte. En un escenario más repleto que nunca (la sala no da para más), Albert (guitarra) a la izquierda, Enrik (guitarra) a la derecha, Anan (bajo) en el centro, Jorge (batería) al fondo e Isa-bell (nueva teclista) a su lado, se preparaban para empezar con su show. Y tras la intro de rigor y el salto a la palestra de Elisa (con el consiguiente aplauso del público) comenzó la fiesta. Y tal y como empezó a entonar “Somewhere In Dreams” mis dudas sobre si estaría a la altura del estudio se disiparon de un chispazo. Es más, si he de escoger me quedo con la Elisa del directo, más enérgica si cabe y entonando donde hay que entonar, que para eso se ha grabado (y no voy a dar nombres). ¿Y qué decir del resto? Impresionante, de verdad. Teniendo en cuenta las limitadas características de la sala, dudo que aquello pudiera haber sonado mejor. La banda, como bien se aprecia en los discos, suena perfecta y compacta, y si a eso le añadimos que de facultades van sobrados y que Elisa le acaba de poner la guinda vocalmente (ya que muchas veces una voz deficiente en directo eclipsa al resto), el resultado es como mínimo sorprendente.

Del repertorio decir que tocaron lo que tenían que tocar, obviando el primer trabajo en su totalidad y “The Fall Of Melnibone” y centrándose en sus dos reconocidas obras, “The Hall Of The Olden Dreams” y “The Gates Of Oblivion”, de los cuales sonaron perlas como “Silver Lake”, “Beyond The Fire” (dedicado por Elisa especialmente a una internauta que supuestamente pululaba por la sala), el más progresivo “Quest For The Eternal Flame”, “In The Heart Of Stone”, “A New World”, el tremendo “Nevermore”, el delicioso “By The Strange Path Of Destiny” (en el que no pude apartar la vista de la guitarra de Enrik ni un instante –y eso que estaba malo, según Elisa-) o el no menos sabroso “The Night Of The Age” (“¿quién robó mis ilusiones, quién robó mis esperanzas?”… demasiao). Aunque eché en falta el sobrecogedor “Halloween” que se marcan (casi mejor, me podría haber dado algo allí mismo), no faltó un cover como “Can I Play With Madness”de la Doncella, si bien excesivamente trillado muy curioso pasado por el tapiz de Dark Moor. Se permitieron hasta el lujo de bluesear a gusto (numerito erótico-festivo incluido a cargo de Albert y Elisa), y los solos fueron mínimos y aprovechando las presentaciones (como debe ser).

Sintetizando, un concierto no muy largo pero sobrado de intensidad y conexión grupo/público, el cual salió de la sala con la baba colgando (yo entre ellos). Descargas como esta le devuelven a uno la fe en esto y el pensamiento de que a lo mejor no está todo visto. Esta noche me sentí como con catorce años (no pude evitar decírselo a Enrik), y supongo que eso es bueno. A ver si salen fuera los que tienen que salir y nos comemos lo que nos tenemos que comer. Un consejo: si pasan cerca de tu casa próximamente no te los pierdas. Consejo de amigo.

Between Light And Darkness (2003)

Hasta el título de este pobre EP de despedida se me antoja agridulce, y es que aún me parece mentira que una de las pocas formaciones hispanas con fundadas aspiraciones a salir de nuestras fronteras (no me refiero tanto a la propuesta musical en sí como a la calidad del producto –músicos, producción, presentación y demás-) se haya roto a la primera de cambio.

Y digo lo de ‘despedida’ pues, si bien Enrik y Anan van a seguir utilizando el nombre, Albert, Jorge y sobre todo Elisa ya no van a imprimir más su sello personal en el grupo (diferencias musicales, que suele decirse), y evidentemente el material que se edite bajo el nombre de Dark Moor ya no va a ser lo mismo (ni mejor ni peor, simplemente distinto).

Este trabajo no es otra cosa que una especie de desgarbado popurrí, conteniendo como aliciente principal el acústico que grabó la banda el pasado mes de agosto en los estudios Cube de Madrid. Éste está comprendido únicamente por cuatro temas, el trovadoresco / guardianero “Memories”, “From Dawn To Dusk” (¿reminiscencias de Ñu?), el que es para mí lo más acertado de la edición, el emotivo “A Lament Of Misery” (Elisa está realmente espléndida), y el instrumental que cierra, “Echoes Of The Seas”, una auténtica pieza musical de cámara. A continuación un par de bonus de las ediciones japonesa y koreana de “The Gates Of Oblivion”, “Mistery Of Goddess” y “The Shadow Of The Nile” respectivamente, que se quedan en eso, en dos temas que se desecharon en su día (algo mejor el segundo), y para remate final del baile los extensos “Dies Irae” en versión orquestal y “The Fall Of Melnibonè”, que ya apareciera tanto en la versión japonesa de “The Hall Of The Olden Dreams” como en el EP posterior de mismo nombre (ya huele un poquitín).

Si eres (o eras) seguidor del grupo supongo que te vas a agenciar este “Between Light And Darkness” te cuente lo que te cuente, pero si a día de hoy sigues pez en la trayectoria de este grupo madrileño yo me haría directamente con “The Hall Of The Olden Dreams” y/o “The Gates Of Oblivion”, a la espera de ver cómo sigue la historia, tanto de los que cogen el testigo (Enrik García y Anan Kaddouri, acompañados ya por Alfred Romero como nuevo vocalista y José Garrido, guitarrista de Arwen) como de los que parten de cero (Elisa C. Martín, Albert Maroto y Jorge Sáez). Mucha suerte a ambas partes, espero que nos sigan sorprendiendo gratamente.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

King Diamond, in his darkest hour…

 

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KING DIAMOND “The Puppet Master” (2003)

Cada adquisición discográfica de King Diamond es como un sorteo de Lotería, nunca sabes cuándo vas a salir premiado, y es que el bueno de King es de esos artistas de los que se puede sonsacar sobre todo irregularidad. En esta ocasión podría decirse que ha tocado la pedrea, porque pese al desconcertante título (¿no había otra forma de agradecerle a Ulrich los favores?) y a la pésima portada, “The Puppet Master” supone un trabajo más que digno.

Tras la bochornosa continuación del mítico “Abigail”, parece que King y Andy han optado de nuevo por la modestia, y aparte de dejarse de innecesarias secuelas que no hacen sino empañar a sus predecesoras, vuelven a ofrecernos puro y duro Heavy Metal del de siempre, sin renunciar al toque progresivo que siempre les ha caracterizado, pero sin llegar a perderse en el invento.

Lo primero que llama la atención del trabajo es la nitidez de la producción (Diamond, LaRocque, J. T. Longoria), así como la precisa y contundente base rítmica, conformada actualmente por Matt Thompson a los parches y el más conocido Hal Patino al bajo. Pero la palma se la llevan los guitarras: Mike Wead y sobre todo Andy LaRocque (este hombre se merece un reconocimiento mayor del que tiene) están descomunales. Por su parte, Mr. Diamond está más comedido de lo normal en cuanto a falsetes histriónicos se refiere, y nos deleita y ameniza con voces más planas y realistas -en esta ocasión saca a relucir su voz más ‘llorosa’-, y la verdad es que sale ganando todo el mundo (no es mejor uso el hacer abuso).

En cuanto a los temas, podríamos destacar así por encima el hiper-heavy “Magic”, el cálido “Emerencia”, un medio tiempo acelerado con voz femenina incluida (Livia Zita), el épico “Blue Eyes”, con ese órgano eclesiástico tan característico de KD, el knockeante “The Ritual” (al loro con los riffs y el solo de Andy) o el desasosiego de “No More Me”, con una ambientación pesadillesca a base de teclas muy lograda. Mención aparte para “So Sad”, un tema lento de esos que King suelta con cuentagotas (el último “House Of God”, si mal no recuerdo) y que visto el resultado quizá debería prodigarse un poco más, así como “Christmas”, nuevamente con participación de la fémina al micro, esta vez deleitándonos con un fragmento de aquel “Tamborilero” que por aquí diera a conocer nuestro Raphael, ahí es nada. Ni que decir tiene que es otra de esas ‘puyitas’ tan características de su satánica majestad Mr. Diamond, tal como hiciera en su día con “No Presents For Christmas” (esas risas lo atestiguan).

Como bonus se incluye un DVD, que visto lo visto también se lo podían haber ahorrado. En él, King -postrado en un sillón- nos cuenta a modo de contextualización la historia/concepto del álbum por capítulos, o mejor dicho, por canciones. Por supuesto está sin subtitular, así que cuando llevas un rato oyéndole decir misa sin moverse del atril no puedes evitar pulsar stop y mandarle al carajo. A ver si la próxima se lo curran un poquito y ofrecen material interesante de verdad, que haberlo haylo.

En síntesis, un disco con bastante más acierto del esperado -al menos por el que suscribe-, y que devuelve un tanto la fe perdida en nuestro enmascarado. A ver hasta cuándo.

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KING DIAMOND “Deadly Lullabyes – Live” (2004)

Ay ay ay, que me huele a calisay… solía decir un profesor de primaria de un humilde servidor cuando la cosa pintaba turbia o simplemente no pintaba. ¿Que a qué viene eso? Pues a que “Deadly Lullabyes”, como toda historia de King Diamond, rezuma misterio por los cuatro costados. Pero como en dichas historias, vayamos por partes…

Lo primero que llama la atención, cómo no, es la cutre-portada que cubre el disco, con el bueno de King… sosteniendo un muñeco (!), claro que vista la que cubría su anterior “The Puppet Master” tampoco desentona tanto. Lo segundo y más curioso su título, máxime cuando no se recoge pieza alguna del disco al que hace referencia (“The Spider’s Lullabye”). Pues eso, misterios sin resolver.

Con todo y con eso se trata de una edición generosa, salta a la vista, doble digipack con fotos individuales y colectivas de los miembros del grupo, fechas del tour y demás tonterías para ir ojeando a la vez que escuchas los discos, en este caso. ¿Y qué es lo que escuchamos? Pues he aquí su contenido…

a) Cuantitativo: se da especial importancia tanto a la historia completa de “Abigail” (ambas partes están generosamente representadas con cuatro cortes de cada una) como al disco que presentan en gira, “The Puppet Master”, lo cual se reparte entre el primer y el segundo CD respectivamente. A continuación de ambos se suceden una serie de clásicos ineludibles (“Sleepless Nights”, “Welcome Home”, “The Invisible Guests”, “Halloween”, “No Presents For Christmas”) y otros que no lo son tanto y por ello se agradecen (“Eye Of The Witch”, “Burn”), así como se obvian directamente trabajos como “The Graveyard”, “Voodoo” (lógicamente…), “House Of God” o el citado “Spider’s…” (…o sin sentido). Ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos.

b) Cualitativo: simplemente perfecto (that’s the question). Ni un solo fallo, sonido cristalino, voces dobladas de King (!?)… y ni un solo detalle de dónde se registró cada tema. ¡Que llamen a Colombo! Y es que hasta las presentaciones de la banda (“Introductions”) suenan asépticas, ensayadas…

Pues eso es lo que hay. Como suele decirse en estos casos sólo ‘ellos’ sabrán qué hay de verídico en este disco. Por nuestra parte y como meros ‘oyentes’ podemos afirmar rotundamente que el trabajo suena que atruena. Si además es cierto que todo es en riguroso directo me atrevería a decir que es de lo mejor que he escuchado en muchísimo tiempo.

Bubbath

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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King Diamond – Sala Heineken (Madrid), miércoles 31 de mayo de 2006

Menudo viaje, jamás se imagina uno lo que le depara el destino, o mejor dicho, el clima. Sales de Alicante, atrapado en una tormenta peor que la que pudieran sufrir en carnes propias Jonathan y Miriam mientras se acercaban a la famosa mansión de la colina, y te topas con cinco camiones volcados en la cuneta en menos de veinte kilómetros, además de unas colas horrorosas. Esta clase de terror poco o nada tiene que ver con el que un rato más tarde nos obsequiaría King Diamond, pero, al contrario que en sus relatos, a nosotros nos esperaba un final feliz.

Aún llegábamos a tiempo en medio de un sol envidiable que iluminaba la capital… y se hizo la noche. Y con ella, el concierto más deseado por un servidor, fiel de la desigual pero constante, quizá demasiado, carrera del danés desde tiempo ha, también quizá demasiado. Este sueño juvenil no materializado en la gira de «Conspiracy» parecía llegar a destiempo porque, como bien es sabido, en la última década King se ha convertido en un Woody Allen de menor regularidad en número y calidad y sus fans, aún con alegrías esporádicas («House of God» o «9»), hemos realizado más de un acto de fe para continuar a su lado. Todas nuestras sospechas acerca de la autenticidad de su última obra en directo, medio disipadas después de ver un video que rondaba por la red (en Montreal y perteneciente a la misma gira, para ser precisos), acabaron por desaparecer. King no sólo superó cualquier expectativa optimista que pudiéramos albergar, sino que apenas le bastaron noventa minutos para ganarse toda nuestra admiración.

Sin grandes alardes (la antigua Arena no es el lugar más adecuado para montajes) y enfrentándose a un sonido mediocre (también típico de la sala), el show no se movió un ápice de los que ofrece en esta gira europea: repertorio cerrado, con los números teatrales estudiados (las rejas que ambientan ambos «Abigail», la estantería llena de frascos con los ojos de las víctimas de «The puppet master», la silla de ruedas de «Them» y la actriz que interpreta los distintos personajes de estas obras), y en general prácticamente idéntico a lo que venían haciendo en la gira de hace dos años (apenas la inclusión de «Come to the Sabbath» y «Evil» de Mercyful Fate a cambio de «Spirits», «The puppet master», «Burn» y «No presents for Christmas»). De hecho, no había un fundamento de peso para acercarse a Europa más que la propia viabilidad del proyecto, ya que el nuevo disco se encuentra en pleno proceso de grabación y la teoría de aprovechar este paseo transoceánico para financiar parte del mismo no es del todo descabellada.

Lo previsible, por llevar la lección aprendida de casa, se materializó en las figuras del venerado Andy LaRocque, con esa postura encorvada que acostumbra, Mike Wead, que se atribuye más solos de los que se presupone por ser el segundo en discordia, y el siempre activo Hal Patino. Lo sorprendente vino de la mano de un Matt Thompson que por fin parece haber superado la etapa de fan incrédulo de tocar junto a su ídolo y que dotaba de cierto aspecto pueril a esta formación que cumple ya cuatro años. Lo fascinante lo aportó un King Diamond que se encargó de borrar toda burla fácil preconcebida desde el cómodo sillón de nuestros hogares. El cantante fue más allá de la pose clásica (haciendo air guitar con la cruz de huesos que soporta el micrófono) y las presentaciones autómatas. Aparte de un carisma apabullante (de esos que únicamente se captan a escasos metros de distancia), destapó su lado natural y rompió la rigidez que envolvía la performance con gestos como la patada en el trasero a Grandma, imitando a un niño travieso, durante el transcurso de «The invisible guests» o la agresividad inusitada que mostró en «Eye of the witch», lanzando la copa de vino hacia atrás con más rabia que de costumbre, y la parte central de «Evil» (‘And when you’re down / beyond the ground…’), en la que cedió la voz al público para encargarse él de la mímica y las obscenidades.

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Lo reprochable no correspondió a la banda, sino a un sector del público, más numeroso de lo deseable, que fue al concierto a observar el espectáculo con los brazos cruzados y la boca cerrada en posición de estatua esperando que nadie le rozara. Los análisis se realizan ex – post, cuando la información es asimilada, contrastada y procesada. Algo que ciertos neointelectuales del metal, ultradefensores de «el heavy no es violencia» y blackers de diseño que se quedan en la apariencia parecen no entender.

J. A. Puerta

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

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XX Aniversario Battle Hymns #3

Hace 20 años que debió salir el tercer número del Battle Hymns ‘zine, pasatiempo de aquel entonces de los que por aquí escribimos, y que por determinados motivos o circunstancias finalmente no vio la luz, o lo que es lo mismo, del cual no se llegaron a imprimir copias.

 

Antes de Battle Hymns ya hubo otras aventuras ‘fanzinerosas’ (benditos Erukto ‘zine y Crawl ‘zine, este último gran referente en lo que a Metal extremo se refiere en la época), y posteriormente dimos el paso lógico a las nuevas tecnologías con la llegada de internet (The Sentinel Web Mag se nos fue hasta de las manos, y con Rockscalextric dimos rienda suelta a nuestra locura particular, para morir en la orilla con el blog que nos ocupa y que estás leyendo en estos momentos), así que este número del Battle Hymns supuso un punto de inflexión en nuestra particular carrera fanzinera.

Evidentemente las entrevistas son anacrónicas, las críticas de discos están obsoletas y las reseñas de conciertos parecen un extracto de Regreso al Futuro, pero el viaje sigue siendo interesante, sobre todo para los que lo vivimos, nosotros y vosotros. Esperamos sea de vuestro agrado.

Battle Hymns ‘zine #3

Bubbath

Accept – Symphonic Terror – Live at Wacken 2017 (2018)

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Se trata de la primera vez que reseño un DVD del que en su día reseñé el concierto, así que me va a ser difícil no caer en repeticiones. Y qué mejor forma que recordar dicho concierto que comprando el DVD. La versión que yo tengo es de un DVD y los 2 CD’s del audio del concierto, todo en un bonito digibook y con una preciosa y elegante portada.

Según las propias palabras escritas de Wolf Hoffmann en el mismo digibook, se trató de una noche muy especial y de un concierto del que soñó hacer desde hace mucho tiempo y que se convirtió en realidad en el mejor marco que podía tener: Wacken. Es muy interesante leer a Wolf pues te das cuenta de que montar un show de este calibre no debe ser nada sencillo, pero a la vez, una vez pasado el show, la satisfacción es enorme. Tanto, que en Abril van a dar comienzo a una gira en este mismo formato: Accept + Orquesta Sinfónica.

Desde la comodidad del sofá y sin las botas de agua puestas, se puede apreciar con todo lujo de detalles lo que fue el show. Como comenté en la reseña del concierto, se trataba de 3 partes diferenciadas.

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La primera parte llamada “Accept”, con la formación de Accept tocando como toda la vida (sin orquesta), y presentando al mundo dos canciones en primicia, “Die by the Sword”, con la que empezaron, y “Koolaid” del que sería su nuevo disco “The Rise of Chaos”, editado si no recuerdo mal el día después del concierto. Entre medias el clasicazo “Restless and Wild” y dos canciones de la era Tornillo.

La segunda parte llamada  “Headbanger’s Symphony”, que se trata del proyecto de Wolf Hoffmann y ya con la orquesta checa sobre el escenario. Os digo yo que impresiona ver a más de 50 músicos sobre el escenario. Aquí se retiró la formación de Accept excepto el batería Christopher Williams y el propio Wolf, al que se sumaron Melo Mafali a los teclados, Phillip Shouse a la guitarra y Daniel Silvestri al bajo -y yo que no me enteré…-. Por cierto, Daniel Silvestri es el actual sustituto de Peter Baltes.

Sin duda, a esta segunda parte es a la que más provecho le estoy sacando, tanto en la tele como en el coche, me encanta. Piezas clásicas llevadas al terreno metal con muy buen acierto, aquí suenan conocidas piezas de Mozart, Beethoven, Vivaldi y más que desconozco. Dando protagonismo a la orquesta sinfónica checa y al lucimiento del propio Wolf.

Y la tercera parte llamada “Accept with Orchestra”, que es la de más duración, y con el cambio de nuevo de la base de la “Headbanger’s Symphony” a la formación de Accept, ya con el exbajista Peter Baltes, Mark Tornillo a las voces y Uwe Lulis a la guitarra, manteniéndose Wolf Hoffmann a la guitarra y Christopher Williams a la batería, y obviamente la orquesta sinfónica checa. Aquí se hace un repaso a canciones de Accept, esta vez con el colchón de la orquesta.

Y no es que Accept hayan variado o les hayan dado un lavado de cara en exceso a sus temas para adaptarlos a la orquesta, en absoluto, la cementina sigue tal cual. Esto es, que ellos siguen tocando igual pero con la orquesta de fondo. Donde sí es cierto que la orquesta toma un protagonismo mayor es, obviamente y como no podía ser de otra manera, en “Metal Heart”, con esa parte del “Para Elisa” de Beethoven coreadísima por todo Wacken y que pone los pelos de punta. Y también en la introducción de “Stalingrad”, pero el resto es puro Accept, desde los clásicos básicos como “Breaker” o el final con “Balls to the Wall”, hasta canciones más recientes como “Dark Side of my Heart” o “Teutonic Terror”.

El DVD trae además un par de extras; “Making of the Wacken Show”, aquí Wolf cuenta lo de las tres partes del concierto, hay imágenes de ensayo y también de la llegada al festival, encuentro con algunos fans, y el ensayo en la misma mañana del concierto, que tuve el placer de escuchar in situ en la lejanía tomándome un café. Y también de los momentos previos a la salida al escenario. Me quedo con esa imagen tomada desde la batería después de la intro, cuando cae el telón y se descubre la vista de los 80.000 metalheads con los puños en alto en el Infield, tiene que motivar/acojonar desde la perspectiva de la banda y poner los pelos como escarpias.

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El segundo de los extras es el “Making of Headbanger’s Symphony”, y obviamente está centrado en la orquesta, el montaje -curioso el plano donde muestran el lugar sobre el escenario en el que tiene que ir cada músico-, y muchas imágenes de los ensayos mezcladas con las del festival. Todo esto contado por Wolf, con el auditorio de Hamburgo detrás. Ambas partes tienen una duración de algo más de 8 minutos y sólo están subtituladas en inglés las partes en las que hablan en alemán.

Era evidente que este concierto tenía que acabar en DVD, por lo que supuso para la banda, en especial para el propio Wolf. En lo personal, me llevo un muy buen recuerdo de la que fue una gran y especial noche en Wacken.

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Historias de la Tierra de los Mil Lagos…

Ahora que la banda de Tomi Koivusaari y Esa Holopainen está más presente que nunca en el panorama metálico con uno de los discos más destacables e interesantes del pasado año (“Queen Of Time”, 2018), no está de más echar la vista atrás y revisitar lo que supusieron dos auténticos puntos de inflexión en la carrera musical del combo finlandés, que sin duda marcaron un antes y un después en la progresión musical del grupo. Let me take you to the days of thousand lakes…

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Amorphis – Tales From The Thousand Lakes (1994)

Otro de los grupos que más me sorprendió en su día y otro de esos trabajos que has escuchado hasta la saciedad, y que demuestra que en la rama más brutal del género también hay excelentes ideas y músicos competentes.

Estos fineses, tras un debut (“The Karelian Isthmus”, 1992) que sorprendió a propios y extraños en la escena Death de la época, cuajó un disco a mi modo de ver crucial para lo que vendría después, ya con una notable madurez e incorporando influencias (véase Paradise Lost, que por aquel entonces ya eran grandes) bien disimuladas y asimiladas.

La banda, cuya joven formación en aquel momento era Tomi Koivusaari (voz / guitarra rítmica), Esa Holopainen (guitarra), Olli-Pekka Laine (bajo), Jan Rechberger (batería) y Kasper Martenson (teclados & Moog), supieron salir de los esquemas prototípicos del Death Metal que, dicho sea de paso, dudo que de seguir por ese camino ahora estuviésemos hablando de ellos, e ir elaborando un sonido propio, proceso que continuaría con esa otra joya llamada “Elegy” (1996), aunque eso, como suele decirse, es otra historia.

Las atmósferas de “Thousand Lakes”, una intro apoyada en teclados como es costumbre en estos casos, nos sumergen en un ambiente gélido al más puro estilo nórdico (se nota que por allí pasan frío), seguida inmediatamente por “Into Hiding”, de riff poderoso y voz gutural, que ya te avisa de lo que se te viene encima. Destacar ya desde un principio la presencia de la melodía (vamos, que esto no es caña porque sí, de hecho es un disco más bien lento y espeso), así como la aparición de voces ‘normales’, que hacen más dinámico el tema en cuestión.

Una insistente melodía de guitarra abre “The Castaway”, seguida por una sonora guturalidad de Tomi y por la batería de Jan; destacar los toques arábigos que posee el tema, así como el tono melancólico de las guitarras de Esa Holopainen (ya se le veía venir). “First Doom” es un tema a medio tiempo, de guitarras pegadizas (de hecho lo son en todo el disco) y con algún que otro aderezo en plan doble bombo a cargo de Jan.

Y viene el pelotazo del disco, “Black Winter Day”, tema que extrajeron para un mini CD de mismo título y que contenía entre otras cosas el “Light My Fire” de los Doors (!), el cual posee todos y cada uno de los ingredientes del grupo: teclados muy presentes (aquí con solo incluido en la parte central), melodías hiperpegadizas, dibujos de guitarra insistentes, voces guturales aderezadas con voces normales, etc. De los pocos temas de sus inicios que conservan en directo.

“Drowned Maid” arranca de forma rápida aunque no tarda en pisar el freno, mientras que “In The Beginning” lleva un aire más melancólico (para mí de los mejores del álbum), con unas guitarras que te transportan literalmente a la Finlandia de los Mil Lagos. “Forgotten Sunrise” nos recuerda la parte más Doom de Amorphis (repito, si lo que te va es el Death rápido y martilleante este no es tu disco), sin apartarse, claro está, de la línea melódica del resto.

“To Fathers Cabin” se abre con un riff muy heavy, al más puro estilo clásico, que va poco a poco in crescendo y que se apoya, cómo no, en numerosos teclados que le dan vida propia. Y el disco se cierra con “Magic And Mayhem”, otro tema denso a más no poder, repleto de melodías y… con parte bailable incluida (!).

Lo dicho, una excelente muestra de cómo combinar estilos (Heavy, Doom, Death) sin cerrarse y apostando por la experimentación, y otro de esos discos de los que te sientes afortunado por haber encontrado. Enteramente recomendable, los que lo tenéis lo sabéis.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Amorphis – Eclipse (2006)

Ya era hora. No, no me malinterpretéis, no es que Amorphis hayan dejado de hacer buena música de la noche a la mañana o que servidor les haya perdido el punto, es simplemente que «Tales From The Thousand Lakes» (1994) o «Elegy» (1996) supusieron tal shock, que todo lo facturado con posterioridad nos ha sabido a poco («Tuonela», «Am Universum»), y si se me apura hasta desilusionado («Far From The Sun»).

Pero eh, aquí no ha pasado nada. Ha bastado un simple cambio en el descanso, el ex Sinisthra Tomi Joutsen por el clásico Pasi Koskinen (incorporado en «Elegy») en la delantera vocal, para volver con las pilas bien cargadas y coger el cetro que nunca debieron soltar. Y no, tampoco me refiero a cambios sustanciales de estilo o vueltas a los inicios porque sí, sino a una colección de composiciones tan brillante como las que nos solían regalar la década pasada.

Las guitarras de Esa Holopainen y de Tomi Koivusaari, núcleo indiscutible del combo, vuelven a brillar con luz propia; la base rítmica, conformada recientemente por Niclas Etelävuori (bajo) y Jan Rechberger (batería original que regresó en «Far…» tras su marcha después de «Tales…»), suena más sólida y robusta que nunca, y las teclas de Santeri Kallio aportan el aderezo idóneo para tan suculenta ensalada. La sal, en este caso, la ha aportado Tomi Joutsen, que con un timbre descaradamente más variado y versátil que el de Pasi, hace frente sin problemas a las partes más guturales de los temas (algo que quería retomar la banda en cierta medida) y dota al resto de una nueva dimensión, más rica si cabe que antaño. Que se noten esas influencias de Glenn Danzig, Keith Caputo, Nick Cave y Mike Patton, sí señor.

El disco, basado nuevamente en las historias del Kalevala finés (la de Kullervo en este caso y para más señas), no tiene desperdicio alguno, desde su apertura con el potente «Two Moons» hasta el bonus track final («Stone Woman»). Tenemos singles de cara a la galería («House of Sleep»), brutalidad para nostálgicos ahora en un tono más inteligente («Perkele (The God of Fire)», que recuerda un tanto al «Greed» de «Tuonela»), delicatessens para degustar relajadamente después de un día de stress y agobios («Under a Soil and Black Stone»), y para rematar un puñado de himnos a anotar directamente en clásicos («Leaves Scar», «Born From Fire», «The Smoke», «Same Flesh», «Brother Moon»), que mejor que descubras tú mismo a que yo te describa aquí con simples palabros.

Pues eso, que vuelven Amorphis por sus fueros y ese conglomerado suyo de metal, rock psicodélico, folk y stoner -si Hawkwind, Pink Floyd, The Doors y Entombed se montaran una orgía saldría un bastardo parecido a éste-, unos de los responsables de anticoagular y oxigenar esto del Heavy Metal la década pasada. Como mínimo un respeto.

Bubba

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

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King Diamond – Songs For The Dead LIVE (2019)

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Lo de King Diamond empezaba a ser algo ligeramente preocupante. Si bien durante la década de los 90 mantuvo el pulso decentemente a su propio pasado, tanto con el legado de su banda madre Mercyful Fate como con el suyo propio (¿quién no ha flipado alguna vez con discos como “Abigail” o “Them”, o al menos con sus portadas?), pariendo trabajos tan notables como “The Eye” (1990), “The Spider’s Lullabye” (1995) o “House Of God” (2000, ya en la frontera), amén de resurrecciones esporádicas y siempre bienvenidas de Mercyful Fate, con no menos interesantes ediciones como “In The Shadows” (1993), “Into The Unknown” (1996) o el brutal “9” (1999, era inevitable), la década posterior tuvo alguna de cal (“The Puppet Master”, 2003) y sobre todo bastante arena (“Abigail II: The Revenge”, 2002 / “Give Me Your Soul… Please”, 2007), con sequía discográfica de MF directamente, y culminando en un triple by-pass de corazón de nuestro héroe-villano allá por 2010, que interrumpió tajante e indefinidamente su actividad, reducida básicamente a especulaciones de ediciones de diversa índole, con permiso de la única edición aislada en formato recopilatorio de “Dreams Of Horror” (2014).

Y con eso y una experiencia vital (o mortal, mejor dicho) a las espaldas, de la cual King basará la historia de su próximo álbum de estudio, allá por 2015 nos plantamos en una gira conmemorativa del mítico “Abigail”, y no digo aniversario porque 28 años tampoco es que sea un período para celebrar unas bodas concretas. De ese tour, que afortunadamente se estiró lo que se pudo y más, y que algunos de por aquí tuvimos el placer de presenciar a su paso por Barcelona (Rock Fest, 2016), afortunadamente también, tenemos hoy en nuestras manos este “Songs For The Dead”, multi-edición en distintos formatos (vinilo, cd / dvd, blu-ray y box-set) que desde luego merece la pena tener. Los motivos a continuación.

El contenido de las diversas ediciones es básicamente el registro en audio y vídeo de un par de directos de la citada gira, uno en el Graspop Metal Meeting de Dessel (Bélgica) y otro en el mítico auditorio Fillmore de Philadelphia, donde ya han registrado directos otros ilustres como los propios Testament. El repertorio en ambos es idéntico, con la única variación en el orden en el set de “Halloween” y “Eye Of The Witch”, y si bien en la versión audio pocas diferencias podemos destacar entre ambas descargas, es en la versión vídeo donde podemos sacarle todo el jugo a la edición, así como exprimir al máximo tanto la ampulosidad del directo de la banda a nivel festival como la proximidad de éste en sala. Tanto en uno como en el otro formato decir que el resultado es brutalmente espectacular.

Lo dice el propio King Diamond: la banda va muy rodada y se nota. Matt Thompson ya no es el joven que vimos aporrear parches de primeras en la madrileña sala Heineken en los albores de la década del 2000, pero si bien su chasis ha sufrido un considerable desgaste a lo largo de estos años, su técnica diría que ha mejorado incluso, dotando a los temas de un empaque ideal, y sin apartarse del guión que marcaron otros antes (God bless Mikkey Dee!), hasta se permite alguna licencia que aporta un plus al conjunto (esas ráfagas de doble bombo en “Sleepless Nights” suenan que atruenan). Pontus Egberg, el bajista sueco sustituto del denostado Hal Patino desde 2014, ha afianzado el puesto con una ejecución y puesta en escena admirables, mientras que el también sueco guitarrista Mike Wead, desde finales de los 90 en MF, parece haber nacido y crecido de la mano de Diamond (para el que no lo sepa, este señor ya militó en grandes bandas como Candlemass o Memento Mori), el cual se ha acoplado a la guitarra de Andy como un guante, conformando un dúo de la calidad de la vieja escuela Tipton / Downing. Y si Mike y Andy se han acoplado a la perfección, lo de Andy y King es un matrimonio sin opción de divorcio. A día de hoy, LaRocque parece haber sido diseñado para ejecutar la música que pasa por la cabeza de King, con una técnica e imaginación al alcance de pocos en esto del Heavy Metal, y en directo es incluso más palpable que en estudio, con King acercándose constantemente a su hacha de siempre, gesticulando riffs con su huesudo pie de micro, e incluso robándole alguna nota armónica en los trastes al bueno de Andy. Topal.

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Y bueno, mención aparte y expresa merece el gran Kim Bendix Petersen. Tras la operación que casi le cuesta la vida (estuvo clínicamente muerto por momentos, lo que le faltaba a esa cabecita loca), y habida cuenta del bajón de popularidad con trabajos como “Give Me Your Soul… Please” (¿en qué estaría pensando con ese título y esa portada?), fue todo un acierto embarcarse en una gira del calibre que nos ocupa, con una excusa tan magna como la interpretación íntegra de un disco como “Abigail”, pionero en su género de Horror Metal, así como de sus temas más emblemáticos, y con un torrente de voz (falsete, sí, pero hazlo tú a esa potencia y con esa gracia) que no se le había visto hasta la fecha. Bendito corazón partío. Livia Zita, mujer y madre de su recién nacido Byron (homenaje al eterno cantante de Uriah Heep, en paz descanse), acompaña a su consorte en la parte vocal, haciendo de colchón coral y dando una profundidad mayor si cabe a los temas con respecto a sus versiones de estudio.

De la edición en vídeo (blu-ray en mi caso) no me gustaría destripar demasiado al lector, lo suyo es hacerse con ella sin pensárselo dos veces y verlo por uno mismo (no me seáis tan cutres de verlo en Youtube). Decir únicamente que no falta Grandma en “Welcome Home” (esa intro de batería no tiene nada que envidiar al arranque de un “Painkiller” al uso), la copa de vino en el mastodóntico “Eye Of The Witch”, las arengas al público para que se desgañite en el inevitable “Halloween”, o los aquelarres en los rescates de Mercyful Fate (“Melissa”, “Come To The Sabbath”). La instrumental “Them” sirve de puente perfecto para lo que se viene con la ejecución íntegra de “Abigail”, durante la cual King no necesita de teleprompter alguno para recordar todas y cada una de las letras de la horrorosa historia de Jonathan La Fey, Miriam Natias y de la segunda venida del diablo en el cuerpo del feto de Abigail, adaptación musical de claro guiño al mítico film Rosemary’s Baby (aquí en España destripado como “La Semilla del Diablo”). Recomendación particular: coge las letras en esa parte, la disfrutarás el triple. “Insanity” de “The Eye” cierra los conciertos de forma apoteósica y melancólica a pachas, con la banda al completo despidiéndose del respetable y con la sensación en el espectador de haber visto algo grande.

Y poco más que añadir. Tanto si eres fan de KD como si no, yo de ti me haría raudo y veloz con “Songs For The Dead”, me abriría una cerveza y disfrutaría de un (doble) concierto como ni tan siquiera puedes hacerlo en vivo (la multi-cámara es lo que tiene). Ah, y recuerda: si te niegas, 18 se convertirá en 9. El que avisa no es traidor.

Bubbath

Slayer – Seasons In The Abyss (1990)

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A la hora de hablar tanto de la cosecha discográfica de la banda en particular como de los más claros exponentes del thrash metal en general, “Reign In Blood” siempre se ha considerado como un episodio ineludible, un auténtico punto de inflexión en el género y espejo inevitable de generaciones posteriores. Y si bien es cierto que marcó un antes y un después en lo que a música cafre se refiere, batiendo todos los récords de velocidad y agresividad establecidos hasta la fecha (el propio Kerry King ha confesado en alguna ocasión que no se puede tocar ese material sin calentar debidamente), tampoco puede decirse que brillase compositivamente hablando.

Fue precisamente por eso que “South Of Heaven” ralentizó los tiempos, sin duda el trabajo más ‘heavy’ de la banda, para demostrar a la audiencia que Slayer no sólo era música ejecutada a mil por hora. Fue sin duda un gran paso hacia la madurez del grupo, que para el que suscribe vio su culminación en “Seasons In The Abyss”, toda una demostración de cómo hacer música brutal sin perder el norte y controlando en todo momento los tiempos. Una auténtica maquinaria de engranaje perfecto y rubricada nuevamente por la producción de Rick Rubin, que sin duda fue una pieza clave a la hora de dotar de mayor personalidad y precisión al sonido del grupo.

Si hay una palabra que pueda definir tanto la música de Slayer como sus shows en directo esa es ‘caos’. Es más, desde las ilustraciones de los discos (sirva ésta de muestra) hasta la temática de las letras, pasando por la indumentaria de los músicos mismamente, todo se presta a confusión, pero de una manera consciente, algo de lo que siempre ha alardeado Tom Araya (voz, bajo). Nazismo, Satanismo, Violencia… se les ha acusado de apología de todo, cuando en realidad son meros narradores de historias en tercera persona única y exclusivamente con la intención de provocar (o al menos eso dicen), y desde luego lo consiguen.

Basta pulsar play para encontrarnos de golpe y porrazo con todos y cada uno de los ingredientes marca de la casa: “War Ensemble” aglutina riffs incendiarios cortesía del dúo Hanneman/King por doquier, esos solos disonantes tan característicos que acentúan más si cabe el caos, una apisonadora en forma de batería perfectamente conducida por el maestro Dave Lombardo, todo un erudito de su instrumento, y un Tom Araya que además de destripar su bajo lo hace también de sus cuerdas vocales, a voz en grito y sin el socorrido recurso de las guturales. La letra, como de costumbre, levanta la polémica por su contenido belicista, sobre todo después de salir a la luz que sirvió de sintonía para los soldados americanos en el conflicto del Golfo Pérsico. ¿Otra leyenda urbana?

Si piezas como “Hallowed Point”, “Temptation” (qué final!) o “Born Of Fire” recuerdan a su pasado más speedico, los medios tiempos de “Blood Red”, “Spirit In Black” o “Skeletons Of Society” presumen de mayor pausa y de riffs descomunales, ganando sobre todo en intensidad. Brillan especialmente la ralentizada “Expendable Youth”, de estribillo quedón y conflictivo (para variar), la polémica “Dead Skin Mask”, basada en la historia del famoso asesino en serie Ed Gein, que elaboraba máscaras con la piel de sus víctimas (y que posteriormente daría su juego en films como “El Silencio de los Corderos”), con unos dibujos de guitarras tan inquietantes como la propia letra (“dance with the dead in my dreams, listen to their hollow screams, the death have taken my soul, temptation lost all control”), o la apocalíptica “Seasons In The Abyss”, con ese mítico in crescendo perfectamente canalizado y con unos redobles por parte de mr. Lombardo de antología, que cierra apoteósicamente el plástico.

Por cierto, si tras la pertinente escucha crees que todo eso no es reproducible en concierto sólo tienes que seguir con “Decade Of Aggression”, la plasmación en (doble) directo de que brutalidad y precisión no son necesariamente incompatibles.

Podríamos estar hablando horas y horas de Slayer, tanto por lo que han significado algunos de sus discos para la evolución del metal más extremo (que se lo pregunten a Dissection, Cradle Of Filth, Hypocrisy, At The Gates o In Flames, por citar alguno) como por lo que sigue suponiendo una actuación suya en directo (lo máximo, simplemente). Pero tampoco es cuestión de aburrir, así que si eres de los que se los ha estado perdiendo hasta este preciso instante ya sabes lo que toca. ¿Preparado para la banda más agresiva de todos los tiempos?

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Mayhem – De Mysteriis Dom Sathanas (1994)

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Corrían finales del año 1992 y principios del año 1993 cuando los dos grandes estandartes del Black Metal noruego, Count Grishnackh y Euronymous, se ponían manos a la obra para realizar el ALBUM de Mayhem. Mucho tiempo de grabación y gran preparación, pero los dos grandes egos chocaron, llegando a ocasionar incluso el asesinato de uno por parte del otro (cosas de la historia del Inner Circle noruego), esto es, el fundador de la banda, Euronymous, asesinado a cuchillazos por parte de Count Grishnackh (Burzum). El disco, ahí medio grabado y sin ser editado. Batallas legales miles. El máster del disco estaba en poder de la familia de Euronymous, y ellos ni por asomo querían que el asesino de su hijo apareciera en él, así que encargaron a Hellhammer (batería) que grabara él mismo las partes de bajo, pero éste ni corto ni perezoso no lo hizo, mintió a la familia y a posteriori el disco fue editado tal y como fue grabado en un principio, es decir, con la formación siguiente: Euronymous (guitarra), Hellhammer (batería), Attila Csihar (voces) y Count Grishnackh (bajo).

Se llevaba esperando más de 5 años un disco de Mayhem, anterior a este disco poco material oficial tenían: una demo titulada “Deathcrush” (después editada como Mini por el mismo sello que editó este disco), “Pure Fucking Armageddon”, un split CD compartido con Thou Salt Suffer y varios directos semioficiales editados por sellos pequeños, así que la expectación entre la escena Black Metal de la época era realmente espectacular.

Y el disco cumplió todas las expectativas. Finalmente editado por el sello DSP/Voices Of Wonder, contenía 8 impresionantes temas de Black Metal. Mis amigos cercanos saben lo que representa este álbum para mí y lo que he llegado a alucinar con este disco. Me faltarán elogios para él.

Hablando sobre los temas, el disco comienza con quizá los dos temas más representativos de la carrera de Mayhem, que son “Funeral Fog” y “Freezing Moon”. El primero de ellos tiene una explosión de inicio que da paso a un riff de Euronymous (RIP) que lo tengo marcado para el resto de mi vida. Es un tema quizá de los más rápidos de la banda, donde aparte de los riffs de Euronymous (sencillos, simples, efectivos) destaca la voz Attila, un vocalista de Black Metal que nada tiene que ver con los estereotipos de cantantes que rondan por el género (ya sabéis, gritos miles); Attila en este disco demuestra mucha variedad de voz dentro del estilo, sabiendo llevar la misma desde terrenos muy oscuros hasta chillidos de histeria pura. Muchos cantantes actuales (léase Dani de Cradle Of Filth o Shagrath de Dimmu Borgir) deberían echar un vistazo atrás y escuchar bien este disco.

Sobre “Freezing Moon” mucha gente comenta que se trata del tema más aburrido de la carrera de Mayhem, pero no estoy de acuerdo; es un tema en el cual Mayhem mezcla toda su “sustancia”, es decir, mezcla todos sus riffs endemoniados con pasajes lentos, donde Attila se sale con su voz tenebrosa, misteriosa, oscura… qué gran tema! De los 3 siguientes temas, “Cursed In Eternity”, “Pagan Tears”, “Life Eternal”, destacaría sobre todo este último, con un inicio parecido al del inicial “Funeral Fog”, dando paso a unos riffs a medio tiempo, donde el bajo de Count (no Hellhammer, jeje) se escucha muchas veces por encima de las guitarras (sí señores sí, un bajo escuchándose en el Black Metal, y de qué manera!). Los temas de Mayhem tienen una estructura bastante similar entre sí, pero ello no conlleva el aburrimiento ni mucho menos, el buen hacer de sus miembros propicia unos temas directos, impactantes, rápidos, oscuros… como así lo demuestran temas como “From The Dark Past”, “Buried By Time And Dust” y el tema título “De Mysteriis Dom Sathanas”, con el que acaban el disco de una manera apocalíptica, con unas voces de Attila que raramente encontrarás en un disco de Black Metal y con un Hellhammer realmente brutal detrás de la batería. Sobre este batería comentar que es una verdadera máquina tras los parches. Llamado en su época el Dave Lombardo del Black Metal, en este disco demuestra quién es el mejor batería de una banda de Black, ampliamente también demostrado en otros proyectos menos Metal, tal como Arcturus (una banda mucha más atmosférica…), donde era y sigue siendo el principal compositor.

Sobre el sonido del disco, comentar que es excelente, con un sonido de guitarras limpio, compacto y donde cada instrumento está donde tiene que estar, grabado en los estudios “The Grieg Memorial Hall” y mezclado por la misma banda (Hellhammer & Euronymous).

Concluyendo, un disco que marcó lo que es el Black Metal, y sinceramente, un disco irrepetible para mí, ni siquiera ellos mismos llevarán a cabo algo igual, pues ahora el estilo de la banda ha cambiado muchísimo. Hellhammer, único miembro que actualmente sigue en la banda (Euronymous muerto, Count Grishnackh encarcelado por la muerte del anterior y otros hechos acaecidos –asesinatos varios, iglesias quemadas…- y Attila en bandas fuera del Black Metal), ha llevado la banda hacia otros terrenos más melódicos con los discos “Gran Declaration Of War” y el mini “Wolf’s Lair Abyss”, pero bueno, tendremos “De Mysteriis Dom Sathanas” para el resto de nuestras vidas… y en mi colección uno de los puestos más altos.

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(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Pantera – Vulgar Display Of Power (1992)

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Ahora que finalmente han decidido dar carpetazo a la historia y que Phil Anselmo parece haber encontrado su banda definitiva en Superjoint Ritual, no está de más repasar lo que es sin duda uno de los capítulos ineludibles de estos vaqueros de Texas.

La década de los 90 acababa de entrar en acción, y con ella una oleada de nuevos grupos -con Nirvana, Pearl Jam, Alice In Chains y Soundgarden a la cabeza- amenazando desde una diminuta Seattle a toda una generación de headbangers a lo largo y ancho del globo (al final se quedaría en eso, una simple amenaza). Lo cierto es que el Heavy Metal de toda la vida ya no sorprendía como antaño (una década da para mucho), y el Thrash, bastante más opaco que su hermano mayor, tan pronto como vino arrasando acabó por cansar al más acérrimo. Era el momento idóneo para que unos tejanos, fanáticos hasta la médula de Kiss y Black Sabbath, optasen por cambiar el rumbo a su carrera (hasta la fecha muy dirigida por sus citadas influencias) y asombrasen a medio mundo con el letal “Cowboys From Hell” (1990).

Pero fue “Vulgar Display Of Power”, si se me permite el ‘epicentro’ de su carrera, el que demostró que tenían bastante que decir en esto del rock duro y que “Cowboys From Hell” no había sido un espejismo ni un mero accidente (no en vano fue disco de oro en los States al poco tiempo de editarse). No se presentaban ni con la anquilosada por entonces etiqueta ‘heavy metal’ ni con los marginales sellos ‘thrash’ o ‘death’ (pese a que su sonido no tuviese nada que envidiar a la brutalidad de éstos). Eran metal, y punto. Y desde luego una simple etiqueta no les iba a impedir llegar a unas cotas de popularidad jamás vistas hasta la fecha en una banda de metal extremo.

Pantera eran el lógico relevo generacional, con un sonido puesto al día y una producción aplastante (Terry Date, para más señas), asombrosamente pulcra y de resultado devastador. La guitarra de Diamond “Dimebag” Darrell se bastaba por sí sola para servir de piedra angular del sonido del grupo, con una distorsión más propia de una guillotina que de un instrumento de cuerda, y la base rítmica conformada por el bajista Rex Rocker y el hermano de Dimebag, Vinnie Paul, se las arreglaba para quitarnos de la cabeza la necesidad de una segunda guitarra (un auténtico puñetazo en toda la cara, como bien muestra la portada). Por su parte, Anselmo era de todo menos políticamente correcto: sin pelos en la lengua (ni en la azotea), escupía como un demonio todas y cada una de las letras, ya de por sí viperinas (y encima se le entendía).

El trabajo era redondo de principio a fin, pero desde luego el brutal comienzo con “Mouth For War”, “A New Level”, el martilleante “Walk” o el rapidísimo “Fucking Hostile” ya sobraban para echarse las manos a la cabeza. Si a éstos le añadimos un impresionante y arpegiado “This Love”, con Anselmo entonando cual Layney Staley, unos furiosos “Rise” y “By Demons Be Driven” o el agridulce final con “Hollow”, ya tenemos los ingredientes necesarios para considerarlo plato exquisito (aunque para paladares no muy finos).

Lamentablemente, aunque el espectacular “Far Beyond Driven” mantuvo el listón incluso subiendo el nivel de brutalidad (por aquel entonces aparecían hasta en Los 40, paradojas de la vida), trabajos posteriores como “The Great Southern Trendkill” o el más reciente “Reinventing The Steel” no gozaron del mismo nivel de creatividad y consiguientemente de ventas, y un resignado “Reinventing Hell” ha servido para poner punto y aparte a una carrera envidiable como pocas antes de que fuera demasiado tarde. Ahora sólo queda aguardar pacientemente a que dentro de unos años les invada la nostalgia y regresen de donde estén, ya sea Texas o el mismísimo infierno.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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