Riot – Thundersteel (1988)

A la hora de hablar de grupos malditos o de esos mal llamados ‘de segunda fila’, no hay duda de que Riot pueden encasillarse muy a gusto dentro de dicha etiqueta. Y ello no deja de ser curioso, ya que si bien la mayoría de los eternos aspirantes a la fama suelen arrojar la toalla tarde o temprano, estos norteamericanos pueden presumir de llevar editando discos la friolera de cinco décadas (Rock City, 1977, se dice pronto), aunque también es cierto que el bueno de Mark Reale (guitarra) ha sido el único superviviente de aquella primigénea formación hasta su fallecimiento en 2012, momento en el cual el resto de la banda decide proseguir con el legado de Reale ya como Riot V, todo un detalle tanto por la idea de mantener viva la llama como por el hecho de no querer adueñarse de una franquicia que tuvo a las claras un administrador único.  

Tras cinco discos de estudio y uno en directo, de los que cabría destacar un inspiradísimo Fire Down Under (1981), probablemente su trabajo más clásico de la primera época (seguido de cerca por Narita, 1979), dada la escasa repercusión de su quinto Born In America (1983) y el consiguiente desánimo de Reale, se abre un período de sequía discográfica de cuatro años comprendido entre 1984 y 1988 y consiguientemente de inactividad del grupo en directo; tras el paréntesis, Reale reestructura la banda, bien secundado por Tony Moore (voz), Don Van Stavern (bajo) y el gran Bobby Jarzombek (batería), y juntos dan a luz lo que es ya todo un clásico y eterna fuente de inspiración de una incontable legión de speed/power-metaleros al uso que reinan en la escena metálica actual.

Y es que Thundersteel es a Riot algo así como Painkiller a Judas Priest, esto es, la esencia del grupo pasada por el filtro y elevada al cubo en lo que a revoluciones se refiere. No en vano sólo hace falta escuchar el inicio con el homónimo del disco, todo un trallazo hiperacelerado, de riffs vertiginosos, doble bombo atronador y agudos por doquier (todo un clásico destroza-cogotes en las discos heavies de turno). Pues eso, Power Metal de libro. “Fight Or Fall”, aunque de poderosos riffs, era algo más dinámico, decelerando en el estribillo y demostrando que en el power/speed metal también se puede jugar con la voz y resultar atractivo.

“Sign Of The Crimson Storm” hacía las veces de medio tiempo, con un Tony Moore que nos muestra su registro real por momentos y que sube tonos en el chorus como mandan los cánones. Y vuelta a la caña con “Flight Of The Warrior”, donde Bobby Jarzombek maneja los pedales a su antojo, Mark Reale se saca de la manga unas rítmicas y un solo difíciles de olvidar y Mr. Moore te pone el vello bien de punta con sus modulaciones. Después de esto es cuando, en líneas generales, viene el bajón. No es este el caso. “On Wings Of Eagles” está diseñada y estudiada para que te dejes las cuerdas vocales intentando emular los alaridos estallacristales de Moore (pues eso, intentando). Y a continuación otra de mis favoritas (¿quién dijo relleno?), “Johnny’s Back”, de riff cabalgo-destripante a cargo de Reale y con otro de esos estribillos para cantar en compañía.

Como descanso auditivo tenemos “Bloodstreets”, con un comienzo de acústicas que rápidamente rompe un riff distorsionado aunque controlado a cargo de Reale, de tempo lento y recreándose en la melodía vocal (temón). “Run For Your Life” retoma la caña del comienzo, con un Tony Moore esta vez más agresivo que chillón y otro de esos solos marca reale. Y la traca se cierra con “Buried Alive (Tell Tale Heart)”, algo más ambicioso que el resto (más extenso y detallista), y que curiosamente, al igual que sucede con el inicio del disco, me recuerda al cierre del que fuera el legado de Halford en Judas, “One Shot At Glory”, en plan colofón final (y digo curiosamente porque “Painkiller” estaba por llegar).

Grabado y mezclado en los Greene Street Recording estudios de Nueva York por el habitual Rod Hui, el disco suena que atruena, pulcro, brillante y contundente. Su portada sin embargo no corrió la misma suerte, con una ilustración (más bien boceto) a cargo de Kevin Kall bastante cómica, si bien mejora incluso la tónica general de las portadas del grupo, un aspecto a mi modo de ver bastante descuidado por la banda y tan básico en una época en la que ilustraciones, logotipos y demás atrezzo incidían directamente en el fan de turno, y que coetáneos como Judas Priest, Saxon o Iron Maiden sí supieron exprimir al máximo.

Thundersteel tendría su continuación con el gran The Privilege Of Power (1990), un trabajo sin duda mucho más arriesgado y rompedor que su predecesor, similar en calidad pero de esquemas bastante más eclécticos (Queensrÿche lo estaban petando, recordemos), y entre eso y nuevos cambios de formación en el siguiente Nightbreaker (1993), en el que Moore da el relevo a Mike DiMeo y con ello al sonido del grupo (AOR puede sonar demasiado drástico, pero desde luego eso ya no era Power Metal), el combo regresó de nuevo a esa un tanto incómoda segunda fila que decía al principio, quedando el trabajo que nos ocupa en una especie de limbo discográfico, un oásis en el desierto al que acudir en estados anímicos bajos o cuando el poder del Heavy Metal llama a tu puerta.

La formación que registró Thundersteel regresaría por sus fueros en 2011, fecha en la que editarían el esperadísimo Immortal Soul, álbum que amalgama prácticamente todas las facetas y vertientes sonoras de Riot, pero que lamentablemente no podría presentar su mentor, dado su fallecimiento a los pocos meses por complicaciones con esa dichosa y todavía enigmática enfermedad de Crohn.

Si no estás familiarizado con el material de la banda, como en toda historia que se precie creo que deberías empezar por el principio. Si por algún motivo no dispones del tiempo ni de las ganas necesarias, entonces te recomiendo que vayas directo a por este Thundersteel, sin duda una de las gemas del Heavy Metal clásico, aunque te aviso: todo lo que venga después te sabrá a poco.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado y editado en abril de 2020)

Metallica – Master Of Puppets (1986)

Al echar la vista atrás en el tiempo y analizar qué discos han sido cruciales para entender como lo hacemos hoy el Heavy Metal en toda su extensión, no cabe duda de que este ya lejano tercer larga duración de los por entonces aún jóvenes Metallica ocupa un lugar privilegiado. Y decimos esto porque, si bien la prensa metálica en su día se empeñó en encasillarlos dentro de un género que acabó desvirtuándose por sí mismo, siempre fue obvio que Hetfield, Ulrich, Burton y Hammet iban un paso por delante del rebaño, marcando el camino a seguir y demostrando que el conservadurismo y el miedo a la evolución sólo conllevan estancamiento, aunque esto mismo, junto a una pizca de prepotencia y pretenciosidad, fuera lo que les echara a perder precisamente.

Tras uno de los mejores debuts que el menda se haya echado a la oreja, no tanto por las formas como por el contenido y el contexto del momento, accidentalmente tildado “Kill’em All” (a saber lo que habría vendido si finalmente hubiera aparecido el water con el cuchillo asomando y el sugerente título “Metal Up Your Ass”), y un consecuente y en línea brutalmente ascendente “Ride The Lightning”, los reyes de la Bay Area ampliaron horizontes hasta el infinito con esta obra de magno calibre y eternas ventas llamada “Master Of Puppets”, sin lugar a dudas de lo más jugoso y completo del catálogo del grupo.

Nuevamente con el conocido Flemming Rasmussen tras los mandos (parece ser que la experiencia anterior fue fructífera), los de San Francisco regresaban con un disco de portada tan sencilla como impactante, y lo más importante, con un contenido que sobrepasaba cualquier expectativa por grande que fuese, y que hacía replantearse al resto de competidores el abandonar todo intento de ganar la carrera con tan serio competidor. Y es que mientras la citada competencia iba paso a paso, las zancadas del cada vez más gigante Metallica tiraban por tierra cualquier deseo de ocupar el podium del Thrash Metal en particular, y a la postre del Metal en general.

Y lo cierto es que el grupo siempre quiso desvincularse de dicho término, si no totalmente sí en parte. Según palabras de la propia banda, la velocidad de la que pretendían hacer gala muchos de sus coetáneos ya no les atraía, pues no dejaba espacio a la sutileza, la destreza ni el crecimiento. Era tiempo de evolucionar y demostrar que la fuerza no está reñida con la melodía, y es innegable que dieron en el clavo.

En el plástico había tiempo para todo, desde la sutileza de la guitarra acústica de “Battery” y el consiguiente arranque thrashico hasta la caña porque sí de “Damage Inc.”, todo un muro sonoro. Como reconocía James, gustaban tanto de ser melódicos como de dejar de serlo; podían bajar el pie del acelerador para centrarse en la intensidad de las guitarras en “The Thing That Should Not Be” o “Leper Messiah” (lo que habrá mamado de aquí toda la generación Panteriana) o volver a meter la quinta con un cañonazo como el antimilitar “Disposable Heroes”. Y me reservo lo mejor para el final: a ver quién es el majo que no se ha desgañitado más de una vez con “Master Of Puppets”, un tema que sin duda es ya todo un himno generacional, con un interludio en el que Hetfield y Hammet, con más inteligencia que habilidad, nos ponen los pelos como escarpias con un crescendo de antología. O con la exquisita “Welcome Home (Sanitarium)”, medio balada medio trallazo, que daba buena muestra de que, como decíamos al principio, habría que correr mucho para pillar al combo yankee. Y cómo olvidarnos de la instrumental “Orion”, para el que suscribe bastante más atractiva que su antecesora “The Call Of Ktulu”, y con un descanso a cargo de Mr. Burton que encoge cada vez que la escucho (descanse en paz, maestro).

Lo dicho, un álbum grande, de gran sonido y de grandes himnos. Porque si se me permite, lo que componían Metallica en sus años de esplendor (en el sentido creativo) no eran temas, sino himnos. Y eso es precisamente lo que añoramos muchos de sus seguidores. Una banda que lo tenía todo, discos redondos, actitud e imagen y el público entero a sus pies, y que, de la noche a la mañana, decidió que era hora de cambiar y tirar por tierra una carrera intachable como pocas. Puede que muchos estéis en desacuerdo con servidor y sigáis disfrutando con el grupo en la actualidad igual que antes, pero de lo que estoy seguro es que no seréis tantos los que sintáis la misma sensación al reproducir un “Master Of Puppets” que un “Fuel”. ¿Me equivoco? No me engañéis…

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

Héroes del Silencio – El Mar No Cesa (1988)

A la hora de abordar la escueta pero prolífica carrera de los zaragozanos Héroes del Silencio es fácil caer en los tópicos de siempre (máxime si proviene de la prensa especializada), esto es, reconocer los méritos de Senderos De Traición (1990), alabar la evolución y eclecticismo rockero de El Espíritu Del Vino (1993) y ensalzar el endurecimiento supuestamente maduro de Avalancha (1995), quedando el debut de la banda como una especie de error iniciático de factura Pop, del cual sólo cabe acordarse en modo nostálgico y casi pidiendo disculpas, empezando por el propio grupo. Pues bien, haremos de abogados del diablo y trataremos de equiparar El Mar No Cesa al resto de la discografía de HDS, el trabajo que lo empezó todo y, producciones al margen, con algunas de las piezas musicales más bellas del combo maño.

Tampoco hay que ser tan duros con Enrique, Juan, Pedro y Joaquín. Si Lennon, McCartney y compañía necesitaron prácticamente una década para editar un tema de Hard Rock / Proto Metal como “Helter Skelter”, y aun así son considerados padres indiscutibles del Rock moderno y contemporáneo, les podemos consentir perfectamente a nuestros héroes nacionales una carta de presentación tan cálida e inocente como la que nos ocupa. A los controles de producción estuvo el mismísimo Gustavo Montesano (Olé Olé), con eso y la inexperiencia previa en estudio de nuestros protagonistas poco más se puede pedir.

Situémonos. Debía correr finales de 1988 o principios de 1989 cuando vi en televisión el video-clip de “Mar Adentro”. Por aquel entonces ya tenía constancia y registro de lo que era el Hard Rock y el Heavy Metal, pero lo que vi y escuché en ese momento me impactó, tanto por imagen como por sonido, y ya me acompañó en el resto de mi viaje musical particular para los restos: negro riguroso, botas vaqueras, base rítmica contundente contrastada claramente con unos arpegios limpios propios de bandas como The Cure, U2 o The Smiths (estos últimos se dejan ver especialmente en el tema), cortesía del limitado e inimitable Juan Valdivia (pobre muñeca derecha), y una voz de tenor dramático cual Raphael o Nino Bravo proveniente de una especie de junkhead llamado todavía Enrique Ortiz de Landázuri, que ponía la guinda a un pastel que no se había comido nuestra bendita patria hasta la fecha. Por lo demás, el corte hablaba de guarreridas españolas, cortesía del Bunbury más lascivo. A día de hoy lo sigo pudiendo escuchar como el primer día, cosa que no me sucede con otros muchos de la banda, algo debe tener.

Además del video-single de marras, el disco alberga un puñado de temas memorables: “Hace Tiempo” es un medio tiempo escuela Larry Mullen Jr. (el maestro a las claras de Pedro Andreu, junto a Ringo Starr, por supuesto), de aire nostálgico y grandes desarrollos por parte de Valdivia, que pasa del arpegio con Detune (primo-hermano del Chorus) al Overdrive como sólo él sabe. Épico, si se me permite. “Fuente Esperanza” es sin duda de mis favoritas de la banda, evocadora como pocas y con una letra que los desmarcaba directamente del rebaño. Juan se sale de nuevo, en esta ocasión con un punteo made-in-spain muy característico y que, al igual que las letras de Enrique, le va desmarcando de sus claras influencias algosajonas. “No Más Lágrimas” es otra pieza de hermosa factura que mejoraron En Directo al año siguiente, y “La Lluvia Gris” repetía con respecto al Ep, sin duda de los puntos más flojos del plástico, debido a su escaso aporte y al desfase temporal con el resto.

La cara B se abría magistralmente con “Flor Venenosa”, toda una apología encubierta al desenfreno etílico y que la madre de Enrique prefiere no escuchar. “Agosto” se erigía como otra de las favoritas del disco, de corte existencial e irreligioso y de gusto exquisito, mientras que “El Estanque”, utilizada para abrir sus directos, aquí se ubica entre medias y empasta con la misma gracia. Guitarras acústicas se entremezclan con arpegios limpios de manera ideal, y el mar, presente en la portada y en casi todo el trabajo, se derrama de nuevo ahogándonos. Tiene su gracia que el título de El Mar No Cesa viniera de un simple error de Enrique al mentar a la banda post-punk Mar Otra Vez…

“La Isla De Las Iguanas” es una suerte instrumental de corte surfero-gótico, una excentricidad propia de Robert Smith y sus secuaces, mientras que “…16” denota juventud y despertares a pachas, con Enrique vociferando por momentos y enlazando frases aparentemente inconexas, y como de costumbre sujetas a múltiples interpretaciones personales. Con “Héroe de Leyenda” se cierra el trabajo, otro corte rescatado del Ep y que, al igual que sucede con “La Lluvia Gris”, aporta poco al conjunto, lo cual no le desmerece para nada su condición de himno generacional y que dio nombre al propio grupo. Mención aparte merecen los bonus tracks “Olvidado” y “La Visión De Vuestras Almas”, incluidos únicamente en la edición en CD y que no aparecen en la versión Lp, la primera de aires pre-Senderos De Traición pese a su fecha de creación (ya estaba en la maqueta), y la segunda desechada a última hora del vinilo y rescatada para En Directo (1989), al igual que “Olvidado”.

Es una obviedad que El Mar No Cesa adolece de una producción demasiado light y de unas formas excesivamente parametrizadas, con un aire gótico / post-punk pero pasado por un filtro pop (Gustavo Montesano, recuerden) que, visto con perspectiva, parece desfasado y manido a día de hoy. Ese es el error. El Mar No Cesa debe contextualizarse en aquel momento concreto de la Historia musical de España, no en la actual, ya habría tiempo de realizar los ajustes necesarios, y no habría que esperar mucho, como decía al principio. Para algunos como el que suscribe, el primer trabajo de Héroes del Silencio supone una foto musical de un momento concreto de nuestras vidas en el que todo parecía novedoso, aunque fuese cogiendo de aquí y de allá (quien esté libre de pecado…), y nos abría un abanico de sonoridades alternativas (Bowie, Sisters Of Mercy, The Mission, New Model Army, Paradise Lost y un sinfín de generaciones más) que nos han acompañado hasta la fecha, y que sin duda han marcado y ampliado nuestro gusto musical. Por todo ello le estaré siempre más que agradecido.

Bubbath

King Diamond – The Spider’s Lullabye (1995)

Ha pasado un cuarto de siglo desde la publicación del sexto álbum de estudio de King Diamond, y si bien no es comparable a todo lo anterior hecho por él mismo hasta esa fecha (cualquier parecido de las circunstancias que lo rodearon con las de anteriores trabajos es mera coincidencia), creo que ya va siendo hora de hacerle justicia y ponerle en el sitio que le corresponde.

El escaso apoyo de Roadrunner tanto a The Eye (1990) como a su correspondiente gira hizo partir peras a la banda, con lo que el sello aprovechó para barrer la discografía de Mercyful Fate y King Diamond hasta la fecha (A Dangerous Meeting, 1992), mientras que la banda prosiguió en silencio con la gestación de su siguiente disco a la par que con la búsqueda de nueva compañía discográfica, que a la postre sería el sello independiente alemán Massacre, con bandas en alza por aquel entonces como Crematory, Theatre of Tragedy, Atrocity o Hybernoid, o clásicos a la baja como Pretty Maids o Helstar (aún conservo un recopilatorio del sello llamado In Your Face que recopila todo esa amalgama de sabores), evidentemente con menos medios que Roadrunner, pero sin duda con una predisposición hacia el grupo muchísimo mayor que la del sello que les dio la fama.

Pero no sería hasta 1995 que The Spider’s Lullabye vio la luz. Mr. Bendix aprovechó la coyuntura para reunirse mientras tanto con sus viejos colegas de Mercyful Fate (In The Shadows, Time), tras lo cual finalmente LaRocque y nuestro maestro de ceremonias encontraron el hueco para editar lo que aparentemente ya tenían planeado y casi guisado, con una formación ad hoc con Herb Simonsen como segundo guitarra, Chris Estes al bajo (ambos hasta Voodoo, 1998) y Darrin Anthony a la batería (hasta el siguiente The Graveyard, 1996), o mejor dicho, a la programación de ésta, aunque en cualquier caso da el pego mucho mejor que la de Snowy Shaw en The Eye, toda una falta de respeto hacia el instrumento.

El disco vuelve al formato simplista de Fatal Portrait (1986), y si bien en éste la trilogía “The Candle”, “The Jonah” y “The Portrait” abría el plástico de manera conceptual, en Spider’s la cierra la historia del pobre Harry, un hombre que sufre de aracnofobia y que es ingresado en un sanatorio mental con un desenlace fatal. Pero dejemos eso para el final.

Cuando escuché el estreno de “From The Other Side” en su día en la Emisión Pirata (parecerá una tontería, pero antes escuchábamos así las novedades) flipé en colores, o mejor dicho, en blanco y sobre todo negro. Las atmósferas no tenían nada que envidiar a las prototípicas del Black Metal, en aquel momento en todo lo gordo, y la temática del corte era asquerosamente atractiva: una experiencia extracorpórea en la que, para más inri, el sujeto (¿King?) avanza hacia la luz, mientras ve como su cuerpo es tomado mientras tanto por el mismísimo demonio. King… ¡despierta!

“Killer” es un corte machacón en la más pura onda Pantera / Metallica, los reyes de la escena en aquel momento, y la letra, cortesía del King más realista, narra los últimos momentos de vida de un asesino en serie, que se replantea su miserable existencia antes de que lo frían vivo en la silla eléctrica. ¿De qué me suena a mí todo eso?

“Poltergeist” es otro puñetero himno en el que King narra de nuevo sus experiencias con los fantasmas (confesado por él mismo), en el que hace de ventrílocuo con esa voz semi-gutural que utiliza para representar demonios u otros seres del más allá. I don’t like most of those you invite… get them out! (Gollum! Gollum!), a lo que King responde con una invitación a hospedarse en casa para siempre. Qué hospitalario.

“Dreams” saca a pasear la vena más progresiva del grupo, así como los mejores estribillos de Mr. Bendix. Cuando crees haber escuchado todo en el tema, viene eso de rainbows and waterfalls… y se te pone la gallina de piel. “Moonlight” es otro himno (y van…), en esta ocasión en homenaje al film clásico El Pueblo de los Malditos (1960), y por ende a la novela que lo inspiró (Los Cuclillos de Midwich, 1957), en el que LaRocque hace prácticamente lo que quiere con su B.C. Rich del momento, y por supuesto con el oyente.

“Six Feet Under” es un cañonazo de riffs a mansalva y de letra agónica (¿quién no ha pensado alguna vez qué sería de él si lo enterrasen vivo?), en el que es inevitable viajar en el tiempo hasta los días de Them (1988) y Conspiracy (1989), no en vano hay un claro guiño en la letra. Y con ella enlazamos directamente con el cuarteto conceptual final, donde tanto el protagonista como los secundarios recuerdan igualmente a la historia de King, Missy, Grandma y el Dr. Landau, esta vez con una temática más acotada y discreta que entonces.

“The Spider’s Lullabye” es un corte Doom, como si quisieran homenajear en cierta medida a sus vecinos y antiguos compañeros de gira Candlemass, en la que se presenta de entrada la fobia-locura de Harry con las arañas, y que Andy teje espectacularmente a modo punteos con su guitarra. “Eastmann’s Cure” es rápida y progresiva, con un tufo (por fin) a sus obras clásicas que tumba, y prosigue tanto con la historia de Harry como con los guiños al pasado. No more sleepless nights… “Room 17” es la habitación designada para Harry, donde pasará la peor noche de su vida, un corte de progresividad clásica y horror actualizado, mientras que “To The Morgue” cierra la suite con Harry despidiéndose de este mundo y el Prog made in Diamond de nuevo en ristre.

Lamentablemente The Spider’s Lullabye no tuvo la gira merecida (apenas si consta algún tema suelto en los directos de la década como “From The Other Side” y el tema homónimo del disco), al año siguiente King Diamond se volvió a reunir con Mercyful Fate para registrar otro gran trabajo (Into The Unknown, 1996), el cual sí tuvo su promoción y gira correspondiente, quedando relegado el disco que nos ocupa casi como una mera anécdota, y para algunos como el que suscribe como una auténtica obra de culto.

Puede que King Diamond durante los 90 no signifique para el Heavy Metal más clásico el revulsivo y anticoagulante que sí supusieron bandas como Blind Guardian, Iced Earth, Gamma Ray o Stratovarius, por citar algún ejemplo, pero si tenemos en cuenta lo que significó durante la década anterior, tanto para el respetable como para dichas bandas, creo que como mínimo se merece tenerlo siempre omnipresente, y si es con trabajos como este grandísimo The Spider’s Lullabye con mayor motivo.

Bubbath

Hellacopters – By The Grace Of God (2002)

Los suecos Kenny, Boba, Strings, Robban y Nick Royale, o lo que es lo mismo, Hellacopters, siguen afincados en la América de los 70, pese a que su patria y la época que les ha tocado vivir disten bastante de ésta. “By The Grace Of God” es su quinto trabajo, y si bien desde “Supershitty To The Max” quedó claro de dónde provenían sus influencias, éstas han ido puliéndose y pasando de un punk-rock garajero y acelerado con claras connotaciones de bandas como MC5, The Stooges, Sex Pistols o Ramones, a un rock melódico archielegante y con nuevas y exquisitas pinceladas de otros grandes como Rolling Stones, Thin Lizzy o Johnny Winter, por citar algún ejemplo.

El plástico, como de costumbre, presenta alguna que otra curiosidad, como es el hecho de tener tres portadas distintas, o mejor dicho, la misma (una nube descargando un rayo, bastante simple por cierto) pero en tres colores diferentes (blanco, rojo y negro –este último sólo en vinilo, claro referente y preferente del grupo-). Grabado a medio camino entre los Polar Studios y el Romarö Studio de Estocolmo, los trece cortes que componen este “By The Grace Of God” no puede decirse que hayan sufrido de mala suerte precisamente.

Si bien el anterior y suculento “High Visibility” declinaba la distorsión de antaño y apostaba por la pulcritud y el acento en la melodía, este “By The Grace…” prosigue la estela de aquél y ralentiza aún más los tiempos, quedando un disco de grandes canciones para escuchar relajado y olvidarte de la rutina. Buenos ejemplos son el que abre, el homónimo “By The Grace Of God”, de guitarras limpias y melodías sureñas, que sólo necesita de una escucha para convertirse en himno, o el rápido “It’s Good But It Just Ain’t Right”, con el que no puedes evitar levantarte del asiento y destripar tu Gibson imaginaria. Tenemos temas de aire melancólico y evocador como “Down On Freestreet” o “Rainy Days Revisited” (exquisitos teclados a cargo del Diamond Dogs Boba Fett), así como cortes marchosos y rockandrolleros como “All New Low”, “Better Than You” o “The Exorcist” (curioso título). “Carry Me Home” es otro de mis favoritos, con un aire muy a lo Thin Lizzy, sobre todo por las melodías de guitarra y las líneas vocales, que recuerdan enseguida a aquellos estribillos con los que deleitaba al personal el bueno de Lynott (¿quién diría que el artífice de esto fue en su día el batería de Entombed? Ver para creer…).

Y no me extiendo más. Sólo me resta añadir que los helicópteros del infierno han hecho otro suculento trabajo, que lo único que tiene que ver con el resto de su discografía es la calidad que atesora, y con el que de seguro van a desmarcarse del resto de Backyard Babies, Turbonegros y Gluecifers. Si te gusta el ROCK en mayúsculas y no tienes prejuicios yo me haría sin tardar con este trabajo, seguro que lo vas a disfrutar. Eso sí, si lo tuyo son exclusivamente los dragones y el alarido porque sí… mejor a otra cosa mariposa. Y yo me pregunto, ¿qué será lo próximo? ¿Chuck Berry? No me extrañaría…

SERIE Z FESTIVAL 2003 – Sábado 30 de agosto de 2003, Feria de Muestras IFECA, Jerez de la Frontera (Cádiz)

El primer plato fuerte, HELLACOPTERS, una de mis razones de peso por las que acudir al festival (junto a Twisted Sister, claro). Lo primero que me llamó la atención -supongo que a mí y a más gente- es que la frescura de los comienzos ha dejado paso a un rol más profesional, algo lógico por otra parte (ahora venden unos cuantos discos más), y lo que antes eran shows de auténtico desenfreno ahora son demostraciones de rock’n’roll con clase, tanto musical como estilísticamente hablando (esas poses estudiadas). El set-list fue claramente a su antojo, sin atender excesivamente al protocolo pero sin dejar de entusiasmar: los recientes “By The Grace Of God” abriendo, las dulces “Down Of Freestreet” y “Carry Me Home” y el marchoso “Better Than You”, el inevitable “Hopeless Case Of A Kid In Denial” con autodedicatoria incluida por parte de Nicke, “Toys And Flavors”“No Song Unheard”, la adrenalínica “Move Right Out Of Here” (eché en falta “The Devil Stole The Beat From The Lord” especialmente), las descomunales “You Are Nothin’”“Soulseller” y la primeriza “(Gotta Get Some Action) Now!” y, como colofón final, un “Search And Destroy” de los Stooges que puso el broche de oro a una actuación quizá demasiado sobria y corta pero soberbia. No me cabe duda, Nicke y su inseparable gorra ya conforman una de las imágenes del rock de última generación.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

At The Gates – Slaughter Of The Soul (1995)

Hablar de At The Gates es hacerlo de los verdaderos padres del sonido Gotemburgo, uséase, la evolución lógica y más melódica del Death Metal sueco original, proveniente de bandas de una generación inmediatamente anterior, tales como Entombed, Grave, Unleashed o Dismember.

De las cenizas de bandas como Liers In Wait, Grotesque o Infestation, At the Gates se presentaron al respetable con la demo Gardens Of Grief (1991), grabada en los conocidos estudios Sunlight de Estocolmo y con una gran acogida en el underground de la época, a la que rápidamente siguieron un primer larga duración llamado The Red In The Sky Is Ours (1992), que no registraron (para mal) en los mismos estudios, y que sí hicieron con el siguiente With Fear I Kiss the Burning Darkness (1993), con el que ya se empezaban a desmarcar claramente de sus compatriotas, tanto por imagen (el logotipo inicial de la banda pasó a mejor vida) como por sonido, cada vez más técnico y progresivo. Con Terminal Spirit Disease (1994), camuflado como long-play cuando realmente era un EP con 3 temas en directo de aderezo, darían el salto definitivo, con un sonido ya plenamente actualizado y mucho más presentable en la controvertida década de los noventa, pasando de los estudios Sunlight a los Fredman de Fredrik Nordström, que sin duda dejó su particular sello en el sonido del grupo y vaticinó lo que sería esa obra maestra llamada Slaughter Of The Soul (1995).

De la independiente Peaceville Records pasan a Earache, sello de conocido prestigio en lo que a Metal extremo / industrial se refiere con un catálogo incomparable por aquel entonces (Napalm Death, Carcass, Morbid Angel, Cathedral, Godflesh, etc.), y entre eso, la mencionada puesta al día de la banda en cuanto a sonido y sobre todo una colección de temas incontestable, At The Gates pasa del underground a primera línea en un visto y no visto, gracias todo sea dicho a numerosos samples del sello (aquí en España recuerdo por ejemplo el CD incluido en la revista Rock De Lux o el Scorchio! en cassette distribuido por la revista Metal Hammer, ambos que aún conservo), y también al video-single “Blinded By Fear”, que sin duda lo petó en su momento (con la boca abierta nos quedamos tras los 3 minutos y 12 segundos que dura el tema).

El artwork general tanto de logo como de portada corre a cargo del afamado Kristian Wahlin (Bathory, Emperor, Disseccion, King Diamond, Mercyful Fate… ¿sigo?), y hace olvidar de un plumazo el sinsentido que cubría Terminal Spirit Disease. La banda la conforma toda una alineación de lujo: Tomas ‘Tomba’ Lindberg a las voces, los hermanos Anders y Jonas Björler a la guitarra y bajo respectivamente, el multiusos Adrian Erlandsson a los parches (posteriormente en bandas de reconocido prestigio como Brujería, Cradle Of Filth o Paradise Lost, mismamente), y Martin Larsson a la segunda guitarra, a los que Fredrik Nordström dirige con mano firme y buena batuta, exprimiendo lo mejor de cada uno en no pocas sesiones de grabación (y sin cortes). El sufrimiento valió la pena.

Nada más abrir el libreto te das cuenta de que no vas a escuchar otro disco más de metal extremo con los tópicos de siempre, esas armas automáticas de fondo y esos títulos en los temas denotan un existencialismo poco habitual en bandas de este tipo; nihilismo, ansiedad, miedo, muerte y redención presiden la temática con una naturalidad que asusta, cortesía claro está de Tomas Lindberg, contrastada brutalmente por la música de los hermanos Björler, que efectivamente suena a tiro.

“Blinded By Fear” es la carta de presentación perfecta para el disco: directo, cortante, hiriente y conciso. Lo bueno… ya sabéis. Los ritmos sincopados entre batería y guitarras crean escuela desde el minuto uno, con “Slaughter Of The Soul” a la cabeza (que se lo digan a los propios In Flames), la cual sintetiza muy bien el negror del disco letrísticamente hablando. “Cold” sigue la tónica y la temática del anterior (“22 years of pain… only the dead are smiling…”, ¡esa juventud alegre!), con el maestro Andy LaRocque como guitarrista invitado por si fuera poco con el tema, y la mastodóntica “Under A Serpent Sun” nos deleita con una colección de riffs decadentes que quitan el hipo y congelan el ambiente. La instrumental “Into The Dead Sky” cierra la cara A al compás de arpegios agridulces prototípicamente escandinavos, y la cara que se te queda en la primera escucha es de haber sido arrollado por el AVE a velocidad punta.

La cara B puede parecer un bajón a simple vista (la colección de himnos de la otra cara no resiste comparación, y quizá en ese sentido podrían haber repartido mejor las cartas), pero mejor tomárselo como una única pista: “Suicide Nation” prosigue con la temática nihilista, esta vez de forma totalmente explícita (que se note que Suecia va en suicidios a la cabeza), mientras que “World Of Lies”, “Unto Others” y “Nausea” parecen una, con Lindberg escupiendo lo que piensa de este bendito mundo. “Need” y la instrumental “The Flames Of The End” parecen un guiño a sus compatriotas In Flames y Tiamat, respectivamente, con los que compartieron charlas musicales y cervezas en los primeros días, y de esta forma se cierra el disco, con un minutaje total de 34:15, algo así como una puesta al día de Reign In Blood o Master Of Puppets en formato futurista.

Lamentablemente Slaugher Of The Soul no tuvo continuación, los excesos propios de juventud, la quemazón de la propia gira y el conflicto de intereses entre los miembros de la banda dio al traste con el proyecto mucho antes de lo deseado y esperado, tanto por fans como por el propio grupo, pero como no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista, tras varios proyectos posteriores y que aún tienen continuidad (The Haunted, Disfear), la banda se reunió con la formación del disco que nos ocupa en 2007, dejando de nuevo grandes trabajos como At War with Reality (2014) o el más reciente To Drink from the Night Itself (2018), con la misma calidad pero siempre a la sombra de lo que significó la obra capital de la banda y que es objeto de esta reseña. Si a día de hoy aún no te la has echado a la oreja no sé a qué cojones esperas.

Bubbath

Canker – Physical (1994)

En el mundo de la música siempre hay bandas que nunca han conseguido lo que realmente han merecido. Casos hay muchos y múltiples, grupos que por diversas causas no han terminado de cuajar todo su esfuerzo y trabajo. Si en la música nacional me tocase indicar un grupo que ha merecido mejor destino a su buen hacer, no tengo la menor duda en afirmar un solo nombre, y no es otro que el de los granadinos Canker. Brutos y melódicos a su vez, nos volvieron locos a unos cuantos hace ya la friolera de 15 años con su demo debut. Proporcionaron una explosión de calidad fuera de lo común en la vaga por el momento escena Thrash/Death nacional. Esta simple pero efectiva cinta, junto a su buen hacer con el directo en el Villa de Bilbao, les valió para que Romilar D se fijara en ellos para editarles su primer larga duración. «Physical» se llamó, y dejó a la suela de sus zapatos a los muchos intentos nacionales de emular a los Slayer, Metallica, Anthrax y compañía.

Nunca había sonado una banda patria de la misma manera, y es que, aparte de la incalculable calidad que atesoraba la banda, tuvieron buenos ojos y oídos para dejarse llevar por alguien experimentado como Colin Richardson, el cual les sacó todo su jugo para dar vida a un disco que en cuestión de calidad no se ha vuelto a repetir desde mediados de los 90 (12 años tiene ya, cómo pasa el tiempo…). 8 cortes más intro (como mandaban los cánones) que iban desde el inicio brutal con «Inquisition» a temas que ya conocíamos de su anterior entrega de corte más melódico, haciendo especial mención al tema «Physical», un tema que lo tiene todo y donde Miguel a la guitarra demuestra que no hace falta ser un virtuoso para desprender sentimiento y melodía a las seis cuerdas. Su trabajo en el tema (y globalmente en el disco) es realmente de 10. Sin duda, el alma del grupo y que en la actualidad quiere seguir tirando de él, pero la suerte no es su gran aliada. Una lástima.

Javier Sánchez

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

Los días de Elisa en el páramo oscuro…

La aventura de Elisa C. Martín en las filas de la banda madrileña Dark Moor fue corta pero intensa. Discográficamente hablando significó tres Lp’s y dos Ep’s, un buen puñado de conciertos y aspiraciones serias a dominar tanto la escena metalera nacional como poder dar el salto a la internacional con garantías, pero las consabidas diferencias musicales (y lo que no sabemos) pronto dieron al traste con el proyecto, originando una serie de formaciones posteriores que tampoco puede decirse que triunfaran por sí solas. Lo que viene a continuación es un resumen de ese período concreto tal y como lo contamos en su momento. Cuando valíamos…

The Hall Of The Olden Dreams (2000)

He de reconocer que nada más aparecer este disco en el mercado y aún sin haber escuchado nada de él me mostré un tanto escéptico, pensé “venga, otro disco-copia de lo que pega ahora, con buena portada y no tan buen contenido”. Pues me equivoqué de pleno, señores. Si el anterior trabajo de esta banda madrileña (“Shadowland”) adolecía de una buena producción y de un mejor empaque final, este trabajo supera con creces las expectativas y cubre de sobra las posibles faltas que tuviera aquel primer disco. Y es que se puede decir que estamos ante una de esas obras que llenan de verdad, desde los temas hasta el artwork (Andreas Marschall, qué se puede decir de él que no se haya hecho ya), sin olvidarnos de lo principal en estos casos, una producción que realce el producto en cuestión, que es de lo que se trata (parece que el irse a Italia y gastarse ‘los cuartos’ bien merece la pena).

Para el que todavía no haya escuchado nada del grupo decir que practican un Power Metal a medio camino entre el metal alemán (Blind Guardian, Helloween) y el italiano (Rhapsody, Labyrinth), aderezado con un toque progresivo que aporta una mayor complejidad a las estructuras musicales. Me gustaría destacar el aire melancólico del disco, sobre todo debido a la voz de Elisa, que en algunos momentos puede parecer incluso triste. El disco se abre con “The Ceremony”, una intro llena de fuerza y sentimiento (nada que ver con algunos pegotes que se utilizan a menudo) que enlaza perfectamente con “Somewhere In Dreams”, un tema redondo y muy pegadizo que muestra muy bien por dónde van a ir los tiros. A continuación le sigue “Maid Of Orleans”, con un comienzo cañero y unos agradables coros finales, para dar paso a “Bells Of Notre Dame”, un corte algo más progresivo (más en la línea de Rhapsody) de altísima factura, con notables cambios de tiempo donde se puede apreciar la calidad tanto de los guitarras Enrik y Albert como de la base rítmica formada por Anan (bajo) y Jorge (batería), todo un maestro del doble bombo. “Silver Lake” es un tema muy en onda Blind Guardian, con unos coros impresionantes y un estribillo que quita el hipo, uno de mis favoritos, sin duda.

“Mortal Sin” deja ver de nuevo la vena progresiva de la banda, con unas melodías de guitarra muy pegadizas, mientras que “The Sound Of The Blade” es la balada del disco, un tema lleno de romanticismo que se presta a ensalzar la voz de Elisa, la cual asume en esta ocasión el protagonismo (y lo hace francamente bien). A continuación otro de los cortes más directos del álbum, “Beyond The Fire”, donde se aprecia más la vena de grupos alemanes como Helloween o Gamma Ray, y que de seguro hará las delicias de los seguidores de las citadas bandas. “Quest For The Eternal Flame” se me antoja como un tema con un tono más alegre que el del resto, mientras que “Hand In Hand”, el que cierra el disco, vuelve a los coros grandilocuentes y a esos estribillos que ponen los pelos de punta.

En síntesis, en estos tiempos que corren, con tantos y tantos grupos como abarrotan el mercado, o dedicas tu vida y todo tu dinero a la totalidad de ellos o tienes que seleccionar el grano de la paja, y creo que esta puede ser una excelente elección.

The Fall Of Melnibone (2001)

Nueva entrega discográfica de esta prometedora banda madrileña, esta vez en formato mini CD, que según nos comentaba el propio grupo ha sido el mismo sello (Arise) el que ha llevado la iniciativa en lo referente a su edición, con el fin de recopilar varios temas digamos “dispersos” de la banda, tanto bonus tracks de ediciones foráneas de su anterior LP como temas aparecidos en discos tributo, que a continuación pasamos a detallar.

El mini CD se abre con “The Fall Of Melnibone”, un tema extenso y complejo (aparecido como bonus track en la edición japonesa de “The Hall…”), con numerosos cambios de tiempo y con un tono progresivo que lo desmarca claramente del resto de temas incluídos en el mismo. En él podemos observar todos y cada uno de los ingredientes característicos del grupo, es decir, coros épicos, pasajes orquestados, teclados pomposos (que incluso me han recordado a los jóvenes Children Of Bodom, y es que me consta que son uno de los grupos que siguen más de cerca estos madrileños), mucho doble bombo, etc. A continuación le sigue “Silver Lake”, tema que sí apareciera en la edición española de “The Hall…”, con una onda muy a lo Blind Guardian y que a mi parecer era de los mejores cortes del citado plástico. “Wood’s Song” es un tema acústico (con un punteo que me recuerda un tanto a los Scorpions de Rudolf y Klaus) apoyado por teclados de fondo y que apareció en su día en la edición esta vez koreana del citado “The Hall Of The Olden Dreams”. Y a continuación viene lo que considero más relevante del mini CD, las versiones tanto del “Halloween” (¡acojonante!) de los alemanes Helloween (aparecida en el tributo a dicha banda “The Keepers Of Jericho”) como el añejo “Cuentos De Ayer Y De Hoy” de Ñu (aparecida en el correspondiente homenaje a la banda del Molina), dos covers realmente logrados, que guardan la esencia de los temas originales y a su vez llevan implícito el sello de Dark Moor, lo que les hace doblemente atractivos.

Pues eso, una buena oportunidad para hacerte con esos temas que andabas buscando (si no tienes las ediciones en las que aparecieron en su día, claro), y si todavía no los conoces puede servirte como primer acercamiento a una de las bandas que de seguro muy pronto dará que hablar en toda Europa (si no lo está haciendo ya).

The Gates Of Oblivion (2002)

Lo confieso, dadas las expectativas creadas por el anterior “The Hall Of The Olden Dreams” esperaba mucho, quizá demasiado, de este tercer larga duración (segundo en condiciones) de los madrileños Dark Moor, y al escucharlo por primera vez me llevé una considerable desilusión. No obstante nunca he sido partidario de emitir juicios a priori, y tras varias escuchas la cosa fue mejorando ostensiblemente hasta que, a día de hoy, opino que “The Gates Of Oblivion” es un excelente trabajo, ni mejor ni peor que su predecesor, distinto. Y es que, aunque sigue la estela de “The Hall…” (misma fórmula, mismos esquemas), puede apreciarse que el grupo no ha querido repetir los mismos temas contenidos en dicho trabajo (no, esto no es Running Wild). Si bien los cortes contenidos en el citado segundo trabajo del grupo me calaron desde un principio en su día, en este tercer disco voy encontrando detalles y matices poco a poco, digiriendo el producto como hace una boa con su presa.

Y es que desde la producción del disco, realizada nuevamente en los estudios italianos New Sin a cargo de Luigi Stefanini y masterizado en los Finnvox (Stratovarius, Children Of Bodom, Edguy), hasta el artwork (de nuevo Andreas Marschall), todo está cuidado al mínimo detalle, algo también lógico a la hora de intentar exportar algo fuera de nuestras fronteras (invertir el dinero, que se dice).

“In The Heart Of Stone” es un tema directo y pegadizo que sirve de apertura, donde inmediatamente comprobamos que el sello del grupo permanece y se enriquece, con esas melodías de guitarra ya familiares, el apoyo de teclados, el doble bombo constante… y cómo no, la epicicidad y grandilocuencia de esos estribillos tan propios del Power Metal Épico Sinfónico. El ‘colonizador’ “A New World” sigue la tónica del primero, pero sacando a relucir más si cabe ese tono melancólico-tristón ya característico del grupo. A destacar la aportación de los coros y la velocidad helloweeniana de las guitarras.

El corte que da título al CD sirve de interludio orquestado hasta “Nevermore”, un tema acojonante de la cabeza a los pies, donde es palpable la mella que han hecho grupos como Children Of Bodom (y sus producciones) en los madrileños. Sólo con escuchar los estallidos de teclas que contiene te das cuenta de ello. Y esas guitarras que no se te quitan de la cabeza… El dulcemente tildado “Starsmaker (Elbereth)” se abre cual tema rhapsodiano, de cabalgueo y aire ligeramente más pausado que los dos primeros, algo más accesible.

“Mist In The Twilight” vuelve a servir de pasaje-descanso orquestado (esta vez más breve), el cual nos conduce a lo que es para servidor de lo mejor y más redondo del plástico, “By The Strange Path Of Destiny”. Demasiao. Indescriptible la sensación de felicidad-angustiosa que produce la combinación de las tristes melodías de guitarra con la voz de Elisa. O si no “The Night Of The Age”, ¿qué me decís? Vuelta a la carne de gallina con el bridge (“Who stole my illusions? Who stole my hopes?). Por cierto, ¿no he hecho mención aún a la excelente sección rítmica que forman Anan (bajo) y Jorge (batería)? Menudo cañón, una buena muestra de cómo hacer Heavy Metal melódico sin resultar blando y hortera. De la sección guitarrera para qué contar, Enrik y Albert hacen un trabajo digno de elogio.

“Your Symphony” es el tema tranquilo del disco, la balada, vamos. La protagonista Elisa, cómo no, la cual sabe suplir muy bien sus limitaciones vocales (que las tiene) con mucho feeling y con una modulación novedosa por su parte. A continuación vuelve de nuevo la orquestación con “The Citadel Of The Light”, que si bien se agradece entre tema y tema (a modo de descanso) tampoco se puede decir que aporte algo realmente sustancial. “A Truth For Me” posee un comienzo que me recuerda horrores a aquel “Land Of Immortals” del debut de los italianos Rhapsody (de nuevo se aprecia la influencia de los de Turilli, por mucho que les duela a algunos), para desembocar inmediatamente en un veloz paseo por el mástil de la guitarra.

Cierra “Dies Irae (Amadeus)”, un homenaje al citado compositor alemán para algunos suculento, aunque a mí me resulta algo cansino, ya que para la extensión que tiene peca de cierta linealidad (echo en falta algo más de movimiento y emotividad).

Sintetizando decir que, al menos para mí (vuestra opinión puede ser bien diferente), “The Gates Of Oblivion” no supera a “The Hall Of The Olden Dreams”, pero tampoco hace que se le eche de menos, y eso ya es buena señal, ya que mantiene el nivel del mismo y la producción hace mucho en su favor. Es reconfortante poder decir a día de hoy que estamos orgullosos de nuestro producto nacional, y olvidarnos un tanto de lo de fuera. Spain is different… ¡claro que sí!

DARK MOOR + NEMESIS – Sábado 16 de noviembre de 2002, Sala Stereo (Alicante)

Han pasado dos días tras la descarga de los madrileños Dark Moor en la alicantina sala Stereo y todavía me dura la sonrisa de oreja a oreja con la que salí del recinto tras el concierto; de verdad, me faltan calificativos para describir la buenísima sensación que me causaron Enrik, Elisa y compañía en este segundo tramo de lo que está siendo el “The Gates Of Oblivion Tour”. Pero vayamos por partes.

Con buena parte del respetable todavía por acudir, el primer grupo no tardó en saltar a las tablas. Su nombre todavía lo estoy intentando descifrar en la entrada (se presentaron, pero tampoco se entendió muy bien que digamos), así que mejor paso a describir directamente. En primer lugar decir que se trata de una jovencísima formación (echémosle una media de 18 años aproximadamente) con vocalista femenina al frente, la cual nos advirtió de entrada que estaba con 39º de fiebre aunque lista para dar el callo, y doy fe de que así fue. A lo largo de su corta actuación les dio tiempo a ejecutar tanto temas propios (“Como espejos” fue uno de ellos, si mal no recuerdo) como ajenos (“Vientos de guerra” de Saratoga, “Embody The Invisible” de los suecos In Flames o “Imaginations From The Other Side” de los germanos Blind Guardian –ya quisiera Hansi-), a lo largo de los cuales pudimos observar con cierta ternura lo típico en estos casos, un sonido que no es el suyo, algún que otro descompás pero unas ganas y una ilusión dignas de admiración. Desde aquí les deseamos toda la suerte del mundo, que seguro que es poca.

Poco a poco iba llegando el personal a la sala, y precisamente por esto no pudimos prestar la máxima atención a los siguientes en salir a escena, los alicantinos NEMESIS (ya sabéis, antiguos colegas que no ves hace mucho, gente de bandas con las que estás o has estado en contacto, etc.). Nada más escuchar al vocalista nos miramos más de uno extrañados como diciendo “¿dónde he escuchado yo esto antes?”, aunque tampoco le dimos más importancia. Pues bien, al final apareció el cepillo. Al frente del grupo estaba el mismito Leandro, antiguo vocalista de Overlife, visiblemente muy cambiado desde la última vez que le vi (más corpulento y greñudo) pero con las mismas facultades de antaño, el cual estaba supliendo la carencia parece ser que temporal de cantante en la banda. Del estilo del grupo decir que gastan de un tufillo bastante similar al de los últimos Saratoga, si bien aquí sí que se echa en falta una segunda guitarra (lamentablemente el seis cuerdas no es Jero ni tienen a un Niko del Hierro para cubrir el hueco). Actuación muy enérgica, pero en mi humilde opinión Saratoga ya tenemos (de sobra, je je).

Y a continuación el plato fuerte. En un escenario más repleto que nunca (la sala no da para más), Albert (guitarra) a la izquierda, Enrik (guitarra) a la derecha, Anan (bajo) en el centro, Jorge (batería) al fondo e Isa-bell (nueva teclista) a su lado, se preparaban para empezar con su show. Y tras la intro de rigor y el salto a la palestra de Elisa (con el consiguiente aplauso del público) comenzó la fiesta. Y tal y como empezó a entonar “Somewhere In Dreams” mis dudas sobre si estaría a la altura del estudio se disiparon de un chispazo. Es más, si he de escoger me quedo con la Elisa del directo, más enérgica si cabe y entonando donde hay que entonar, que para eso se ha grabado (y no voy a dar nombres). ¿Y qué decir del resto? Impresionante, de verdad. Teniendo en cuenta las limitadas características de la sala, dudo que aquello pudiera haber sonado mejor. La banda, como bien se aprecia en los discos, suena perfecta y compacta, y si a eso le añadimos que de facultades van sobrados y que Elisa le acaba de poner la guinda vocalmente (ya que muchas veces una voz deficiente en directo eclipsa al resto), el resultado es como mínimo sorprendente.

Del repertorio decir que tocaron lo que tenían que tocar, obviando el primer trabajo en su totalidad y “The Fall Of Melnibone” y centrándose en sus dos reconocidas obras, “The Hall Of The Olden Dreams” y “The Gates Of Oblivion”, de los cuales sonaron perlas como “Silver Lake”, “Beyond The Fire” (dedicado por Elisa especialmente a una internauta que supuestamente pululaba por la sala), el más progresivo “Quest For The Eternal Flame”, “In The Heart Of Stone”, “A New World”, el tremendo “Nevermore”, el delicioso “By The Strange Path Of Destiny” (en el que no pude apartar la vista de la guitarra de Enrik ni un instante –y eso que estaba malo, según Elisa-) o el no menos sabroso “The Night Of The Age” (“¿quién robó mis ilusiones, quién robó mis esperanzas?”… demasiao). Aunque eché en falta el sobrecogedor “Halloween” que se marcan (casi mejor, me podría haber dado algo allí mismo), no faltó un cover como “Can I Play With Madness”de la Doncella, si bien excesivamente trillado muy curioso pasado por el tapiz de Dark Moor. Se permitieron hasta el lujo de bluesear a gusto (numerito erótico-festivo incluido a cargo de Albert y Elisa), y los solos fueron mínimos y aprovechando las presentaciones (como debe ser).

Sintetizando, un concierto no muy largo pero sobrado de intensidad y conexión grupo/público, el cual salió de la sala con la baba colgando (yo entre ellos). Descargas como esta le devuelven a uno la fe en esto y el pensamiento de que a lo mejor no está todo visto. Esta noche me sentí como con catorce años (no pude evitar decírselo a Enrik), y supongo que eso es bueno. A ver si salen fuera los que tienen que salir y nos comemos lo que nos tenemos que comer. Un consejo: si pasan cerca de tu casa próximamente no te los pierdas. Consejo de amigo.

Between Light And Darkness (2003)

Hasta el título de este pobre EP de despedida se me antoja agridulce, y es que aún me parece mentira que una de las pocas formaciones hispanas con fundadas aspiraciones a salir de nuestras fronteras (no me refiero tanto a la propuesta musical en sí como a la calidad del producto –músicos, producción, presentación y demás-) se haya roto a la primera de cambio.

Y digo lo de ‘despedida’ pues, si bien Enrik y Anan van a seguir utilizando el nombre, Albert, Jorge y sobre todo Elisa ya no van a imprimir más su sello personal en el grupo (diferencias musicales, que suele decirse), y evidentemente el material que se edite bajo el nombre de Dark Moor ya no va a ser lo mismo (ni mejor ni peor, simplemente distinto).

Este trabajo no es otra cosa que una especie de desgarbado popurrí, conteniendo como aliciente principal el acústico que grabó la banda el pasado mes de agosto en los estudios Cube de Madrid. Éste está comprendido únicamente por cuatro temas, el trovadoresco / guardianero “Memories”, “From Dawn To Dusk” (¿reminiscencias de Ñu?), el que es para mí lo más acertado de la edición, el emotivo “A Lament Of Misery” (Elisa está realmente espléndida), y el instrumental que cierra, “Echoes Of The Seas”, una auténtica pieza musical de cámara. A continuación un par de bonus de las ediciones japonesa y koreana de “The Gates Of Oblivion”, “Mistery Of Goddess” y “The Shadow Of The Nile” respectivamente, que se quedan en eso, en dos temas que se desecharon en su día (algo mejor el segundo), y para remate final del baile los extensos “Dies Irae” en versión orquestal y “The Fall Of Melnibonè”, que ya apareciera tanto en la versión japonesa de “The Hall Of The Olden Dreams” como en el EP posterior de mismo nombre (ya huele un poquitín).

Si eres (o eras) seguidor del grupo supongo que te vas a agenciar este “Between Light And Darkness” te cuente lo que te cuente, pero si a día de hoy sigues pez en la trayectoria de este grupo madrileño yo me haría directamente con “The Hall Of The Olden Dreams” y/o “The Gates Of Oblivion”, a la espera de ver cómo sigue la historia, tanto de los que cogen el testigo (Enrik García y Anan Kaddouri, acompañados ya por Alfred Romero como nuevo vocalista y José Garrido, guitarrista de Arwen) como de los que parten de cero (Elisa C. Martín, Albert Maroto y Jorge Sáez). Mucha suerte a ambas partes, espero que nos sigan sorprendiendo gratamente.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

King Diamond, in his darkest hour…

 

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KING DIAMOND “The Puppet Master” (2003)

Cada adquisición discográfica de King Diamond es como un sorteo de Lotería, nunca sabes cuándo vas a salir premiado, y es que el bueno de King es de esos artistas de los que se puede sonsacar sobre todo irregularidad. En esta ocasión podría decirse que ha tocado la pedrea, porque pese al desconcertante título (¿no había otra forma de agradecerle a Ulrich los favores?) y a la pésima portada, “The Puppet Master” supone un trabajo más que digno.

Tras la bochornosa continuación del mítico “Abigail”, parece que King y Andy han optado de nuevo por la modestia, y aparte de dejarse de innecesarias secuelas que no hacen sino empañar a sus predecesoras, vuelven a ofrecernos puro y duro Heavy Metal del de siempre, sin renunciar al toque progresivo que siempre les ha caracterizado, pero sin llegar a perderse en el invento.

Lo primero que llama la atención del trabajo es la nitidez de la producción (Diamond, LaRocque, J. T. Longoria), así como la precisa y contundente base rítmica, conformada actualmente por Matt Thompson a los parches y el más conocido Hal Patino al bajo. Pero la palma se la llevan los guitarras: Mike Wead y sobre todo Andy LaRocque (este hombre se merece un reconocimiento mayor del que tiene) están descomunales. Por su parte, Mr. Diamond está más comedido de lo normal en cuanto a falsetes histriónicos se refiere, y nos deleita y ameniza con voces más planas y realistas -en esta ocasión saca a relucir su voz más ‘llorosa’-, y la verdad es que sale ganando todo el mundo (no es mejor uso el hacer abuso).

En cuanto a los temas, podríamos destacar así por encima el hiper-heavy “Magic”, el cálido “Emerencia”, un medio tiempo acelerado con voz femenina incluida (Livia Zita), el épico “Blue Eyes”, con ese órgano eclesiástico tan característico de KD, el knockeante “The Ritual” (al loro con los riffs y el solo de Andy) o el desasosiego de “No More Me”, con una ambientación pesadillesca a base de teclas muy lograda. Mención aparte para “So Sad”, un tema lento de esos que King suelta con cuentagotas (el último “House Of God”, si mal no recuerdo) y que visto el resultado quizá debería prodigarse un poco más, así como “Christmas”, nuevamente con participación de la fémina al micro, esta vez deleitándonos con un fragmento de aquel “Tamborilero” que por aquí diera a conocer nuestro Raphael, ahí es nada. Ni que decir tiene que es otra de esas ‘puyitas’ tan características de su satánica majestad Mr. Diamond, tal como hiciera en su día con “No Presents For Christmas” (esas risas lo atestiguan).

Como bonus se incluye un DVD, que visto lo visto también se lo podían haber ahorrado. En él, King -postrado en un sillón- nos cuenta a modo de contextualización la historia/concepto del álbum por capítulos, o mejor dicho, por canciones. Por supuesto está sin subtitular, así que cuando llevas un rato oyéndole decir misa sin moverse del atril no puedes evitar pulsar stop y mandarle al carajo. A ver si la próxima se lo curran un poquito y ofrecen material interesante de verdad, que haberlo haylo.

En síntesis, un disco con bastante más acierto del esperado -al menos por el que suscribe-, y que devuelve un tanto la fe perdida en nuestro enmascarado. A ver hasta cuándo.

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KING DIAMOND “Deadly Lullabyes – Live” (2004)

Ay ay ay, que me huele a calisay… solía decir un profesor de primaria de un humilde servidor cuando la cosa pintaba turbia o simplemente no pintaba. ¿Que a qué viene eso? Pues a que “Deadly Lullabyes”, como toda historia de King Diamond, rezuma misterio por los cuatro costados. Pero como en dichas historias, vayamos por partes…

Lo primero que llama la atención, cómo no, es la cutre-portada que cubre el disco, con el bueno de King… sosteniendo un muñeco (!), claro que vista la que cubría su anterior “The Puppet Master” tampoco desentona tanto. Lo segundo y más curioso su título, máxime cuando no se recoge pieza alguna del disco al que hace referencia (“The Spider’s Lullabye”). Pues eso, misterios sin resolver.

Con todo y con eso se trata de una edición generosa, salta a la vista, doble digipack con fotos individuales y colectivas de los miembros del grupo, fechas del tour y demás tonterías para ir ojeando a la vez que escuchas los discos, en este caso. ¿Y qué es lo que escuchamos? Pues he aquí su contenido…

a) Cuantitativo: se da especial importancia tanto a la historia completa de “Abigail” (ambas partes están generosamente representadas con cuatro cortes de cada una) como al disco que presentan en gira, “The Puppet Master”, lo cual se reparte entre el primer y el segundo CD respectivamente. A continuación de ambos se suceden una serie de clásicos ineludibles (“Sleepless Nights”, “Welcome Home”, “The Invisible Guests”, “Halloween”, “No Presents For Christmas”) y otros que no lo son tanto y por ello se agradecen (“Eye Of The Witch”, “Burn”), así como se obvian directamente trabajos como “The Graveyard”, “Voodoo” (lógicamente…), “House Of God” o el citado “Spider’s…” (…o sin sentido). Ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos.

b) Cualitativo: simplemente perfecto (that’s the question). Ni un solo fallo, sonido cristalino, voces dobladas de King (!?)… y ni un solo detalle de dónde se registró cada tema. ¡Que llamen a Colombo! Y es que hasta las presentaciones de la banda (“Introductions”) suenan asépticas, ensayadas…

Pues eso es lo que hay. Como suele decirse en estos casos sólo ‘ellos’ sabrán qué hay de verídico en este disco. Por nuestra parte y como meros ‘oyentes’ podemos afirmar rotundamente que el trabajo suena que atruena. Si además es cierto que todo es en riguroso directo me atrevería a decir que es de lo mejor que he escuchado en muchísimo tiempo.

Bubbath

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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King Diamond – Sala Heineken (Madrid), miércoles 31 de mayo de 2006

Menudo viaje, jamás se imagina uno lo que le depara el destino, o mejor dicho, el clima. Sales de Alicante, atrapado en una tormenta peor que la que pudieran sufrir en carnes propias Jonathan y Miriam mientras se acercaban a la famosa mansión de la colina, y te topas con cinco camiones volcados en la cuneta en menos de veinte kilómetros, además de unas colas horrorosas. Esta clase de terror poco o nada tiene que ver con el que un rato más tarde nos obsequiaría King Diamond, pero, al contrario que en sus relatos, a nosotros nos esperaba un final feliz.

Aún llegábamos a tiempo en medio de un sol envidiable que iluminaba la capital… y se hizo la noche. Y con ella, el concierto más deseado por un servidor, fiel de la desigual pero constante, quizá demasiado, carrera del danés desde tiempo ha, también quizá demasiado. Este sueño juvenil no materializado en la gira de «Conspiracy» parecía llegar a destiempo porque, como bien es sabido, en la última década King se ha convertido en un Woody Allen de menor regularidad en número y calidad y sus fans, aún con alegrías esporádicas («House of God» o «9»), hemos realizado más de un acto de fe para continuar a su lado. Todas nuestras sospechas acerca de la autenticidad de su última obra en directo, medio disipadas después de ver un video que rondaba por la red (en Montreal y perteneciente a la misma gira, para ser precisos), acabaron por desaparecer. King no sólo superó cualquier expectativa optimista que pudiéramos albergar, sino que apenas le bastaron noventa minutos para ganarse toda nuestra admiración.

Sin grandes alardes (la antigua Arena no es el lugar más adecuado para montajes) y enfrentándose a un sonido mediocre (también típico de la sala), el show no se movió un ápice de los que ofrece en esta gira europea: repertorio cerrado, con los números teatrales estudiados (las rejas que ambientan ambos «Abigail», la estantería llena de frascos con los ojos de las víctimas de «The puppet master», la silla de ruedas de «Them» y la actriz que interpreta los distintos personajes de estas obras), y en general prácticamente idéntico a lo que venían haciendo en la gira de hace dos años (apenas la inclusión de «Come to the Sabbath» y «Evil» de Mercyful Fate a cambio de «Spirits», «The puppet master», «Burn» y «No presents for Christmas»). De hecho, no había un fundamento de peso para acercarse a Europa más que la propia viabilidad del proyecto, ya que el nuevo disco se encuentra en pleno proceso de grabación y la teoría de aprovechar este paseo transoceánico para financiar parte del mismo no es del todo descabellada.

Lo previsible, por llevar la lección aprendida de casa, se materializó en las figuras del venerado Andy LaRocque, con esa postura encorvada que acostumbra, Mike Wead, que se atribuye más solos de los que se presupone por ser el segundo en discordia, y el siempre activo Hal Patino. Lo sorprendente vino de la mano de un Matt Thompson que por fin parece haber superado la etapa de fan incrédulo de tocar junto a su ídolo y que dotaba de cierto aspecto pueril a esta formación que cumple ya cuatro años. Lo fascinante lo aportó un King Diamond que se encargó de borrar toda burla fácil preconcebida desde el cómodo sillón de nuestros hogares. El cantante fue más allá de la pose clásica (haciendo air guitar con la cruz de huesos que soporta el micrófono) y las presentaciones autómatas. Aparte de un carisma apabullante (de esos que únicamente se captan a escasos metros de distancia), destapó su lado natural y rompió la rigidez que envolvía la performance con gestos como la patada en el trasero a Grandma, imitando a un niño travieso, durante el transcurso de «The invisible guests» o la agresividad inusitada que mostró en «Eye of the witch», lanzando la copa de vino hacia atrás con más rabia que de costumbre, y la parte central de «Evil» (‘And when you’re down / beyond the ground…’), en la que cedió la voz al público para encargarse él de la mímica y las obscenidades.

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Lo reprochable no correspondió a la banda, sino a un sector del público, más numeroso de lo deseable, que fue al concierto a observar el espectáculo con los brazos cruzados y la boca cerrada en posición de estatua esperando que nadie le rozara. Los análisis se realizan ex – post, cuando la información es asimilada, contrastada y procesada. Algo que ciertos neointelectuales del metal, ultradefensores de «el heavy no es violencia» y blackers de diseño que se quedan en la apariencia parecen no entender.

J. A. Puerta

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

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XX Aniversario Battle Hymns #3

Hace 20 años que debió salir el tercer número del Battle Hymns ‘zine, pasatiempo de aquel entonces de los que por aquí escribimos, y que por determinados motivos o circunstancias finalmente no vio la luz, o lo que es lo mismo, del cual no se llegaron a imprimir copias.

 

Antes de Battle Hymns ya hubo otras aventuras ‘fanzinerosas’ (benditos Erukto ‘zine y Crawl ‘zine, este último gran referente en lo que a Metal extremo se refiere en la época), y posteriormente dimos el paso lógico a las nuevas tecnologías con la llegada de internet (The Sentinel Web Mag se nos fue hasta de las manos, y con Rockscalextric dimos rienda suelta a nuestra locura particular, para morir en la orilla con el blog que nos ocupa y que estás leyendo en estos momentos), así que este número del Battle Hymns supuso un punto de inflexión en nuestra particular carrera fanzinera.

Evidentemente las entrevistas son anacrónicas, las críticas de discos están obsoletas y las reseñas de conciertos parecen un extracto de Regreso al Futuro, pero el viaje sigue siendo interesante, sobre todo para los que lo vivimos, nosotros y vosotros. Esperamos sea de vuestro agrado.

Battle Hymns ‘zine #3

Bubbath