Pantera – Vulgar Display Of Power (1992)

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Ahora que finalmente han decidido dar carpetazo a la historia y que Phil Anselmo parece haber encontrado su banda definitiva en Superjoint Ritual, no está de más repasar lo que es sin duda uno de los capítulos ineludibles de estos vaqueros de Texas.

La década de los 90 acababa de entrar en acción, y con ella una oleada de nuevos grupos -con Nirvana, Pearl Jam, Alice In Chains y Soundgarden a la cabeza- amenazando desde una diminuta Seattle a toda una generación de headbangers a lo largo y ancho del globo (al final se quedaría en eso, una simple amenaza). Lo cierto es que el Heavy Metal de toda la vida ya no sorprendía como antaño (una década da para mucho), y el Thrash, bastante más opaco que su hermano mayor, tan pronto como vino arrasando acabó por cansar al más acérrimo. Era el momento idóneo para que unos tejanos, fanáticos hasta la médula de Kiss y Black Sabbath, optasen por cambiar el rumbo a su carrera (hasta la fecha muy dirigida por sus citadas influencias) y asombrasen a medio mundo con el letal “Cowboys From Hell” (1990).

Pero fue “Vulgar Display Of Power”, si se me permite el ‘epicentro’ de su carrera, el que demostró que tenían bastante que decir en esto del rock duro y que “Cowboys From Hell” no había sido un espejismo ni un mero accidente (no en vano fue disco de oro en los States al poco tiempo de editarse). No se presentaban ni con la anquilosada por entonces etiqueta ‘heavy metal’ ni con los marginales sellos ‘thrash’ o ‘death’ (pese a que su sonido no tuviese nada que envidiar a la brutalidad de éstos). Eran metal, y punto. Y desde luego una simple etiqueta no les iba a impedir llegar a unas cotas de popularidad jamás vistas hasta la fecha en una banda de metal extremo.

Pantera eran el lógico relevo generacional, con un sonido puesto al día y una producción aplastante (Terry Date, para más señas), asombrosamente pulcra y de resultado devastador. La guitarra de Diamond “Dimebag” Darrell se bastaba por sí sola para servir de piedra angular del sonido del grupo, con una distorsión más propia de una guillotina que de un instrumento de cuerda, y la base rítmica conformada por el bajista Rex Rocker y el hermano de Dimebag, Vinnie Paul, se las arreglaba para quitarnos de la cabeza la necesidad de una segunda guitarra (un auténtico puñetazo en toda la cara, como bien muestra la portada). Por su parte, Anselmo era de todo menos políticamente correcto: sin pelos en la lengua (ni en la azotea), escupía como un demonio todas y cada una de las letras, ya de por sí viperinas (y encima se le entendía).

El trabajo era redondo de principio a fin, pero desde luego el brutal comienzo con “Mouth For War”, “A New Level”, el martilleante “Walk” o el rapidísimo “Fucking Hostile” ya sobraban para echarse las manos a la cabeza. Si a éstos le añadimos un impresionante y arpegiado “This Love”, con Anselmo entonando cual Layney Staley, unos furiosos “Rise” y “By Demons Be Driven” o el agridulce final con “Hollow”, ya tenemos los ingredientes necesarios para considerarlo plato exquisito (aunque para paladares no muy finos).

Lamentablemente, aunque el espectacular “Far Beyond Driven” mantuvo el listón incluso subiendo el nivel de brutalidad (por aquel entonces aparecían hasta en Los 40, paradojas de la vida), trabajos posteriores como “The Great Southern Trendkill” o el más reciente “Reinventing The Steel” no gozaron del mismo nivel de creatividad y consiguientemente de ventas, y un resignado “Reinventing Hell” ha servido para poner punto y aparte a una carrera envidiable como pocas antes de que fuera demasiado tarde. Ahora sólo queda aguardar pacientemente a que dentro de unos años les invada la nostalgia y regresen de donde estén, ya sea Texas o el mismísimo infierno.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Ghost – Prequelle (2018)

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Wow! Quizá esta onomatopeya -aquí ya no funcionan las palabras- resume a la perfección lo que es el nuevo disco de Ghost. Y es que, lejos de ponerse un techo, la banda sigue creciendo, ¡y de qué manera!

Nueva maravilla de portada, presentándonos al Cardinal Copia sobre su nuevo trono, después de suceder de una manera un tanto violenta al Papa Emeritus III. La contraportada no le va a la zaga, se trata de una ilustración en un tríptico abierto con imágenes “religiosas”, entiéndase por “religiosas” el mundo de Ghost. En la parte superior tenemos a los Papas Emeritus I, II y III, al Cardenal Copia y a los jefes del cotarro: la Sister Imperator y el Papa Emeritus Nihil, ¡ahí es nada! Y en la parte inferior unos feligreses adorándoles.

Musicalmente el disco es una auténtica joya, donde la melodía y los teclados tienen un predominio no vistos antes en Ghost, dejando a un lado la faceta más oscura, sobre todo de los dos primeros discos. Pero no os engañéis, sigue siendo Ghost y además sonando como nunca, pues la producción a cargo de Tom Dalgety y las mezclas a cargo de Andy Wallace son impecables, sonando cada instrumento como tiene y debe de sonar. Aquí también voy a destacar la forma de cantar de Tobias Forge, pues ha dado un salto cualitativo muy grande.

El disco se abre con una introducción llamada “Ashes”, cantada por la hija de Tobias Forge, muy de canción de peli de terror, a mí me ha venido a la mente la canción que cantaban las niñas saltando a la comba en “Pesadilla en Elm Street” (friki que es uno). Inmediatamente la batería nos introduce al tema más heavy del disco -y de la banda- , la ya conocida “Rats”. Quizá con “Faith” se haya hecho un guiño a la oscuridad de sus primeros discos, un tema con un riff muy machacón, muy de la escuela de Black Sabbath, y estos dos primeros temas son los más heavys del álbum.

Con “See The Light” abrimos el apartado de temas melódicos, una preciosidad de canción con un teclado/piano predominante. Si con “See The Light” abríamos el apartado de temas melódicos, con “Miasma” abrimos el de instrumentales, pues en el disco nos encontramos con dos instrumentales de muy alto nivel: “Miasma” y “Helvetesfönster” se llaman. “Miasma” va en un in crescendo fascinante, con solos de todo tipo, y lo mejor es que, cuando crees que no se puede mejorar y en su parte más dura, aparece un saxofón y la eleva a los altares del maligno. “Helvetesfönster” es más tranquila, y de nuevo tenemos las teclas de un piano sobresaliendo, su parte final me recuerda mucho a Mike Olfield de la época “Voyager”, pues tiene una parte de atmósfera de las que hechizan.

“Dance Macabre” abre la cara B -sí señores, lo tengo en vinilo-, un tema muy pegadizo, sobre todo el estribillo, donde se te viene a la mente la mejor época de los germanos Scorpions, pero no es la única canción que me recuerda a los Scorpions, pues en “Witch Image” también me podría imaginar a Klaus Meine con pandereta en mano en el estribillo, no es tan bailonga como “Dance Macabre”, pero la escuela de los Scorpions está ahí.

Me dejo para el final los dos temas que más me han sorprendido del disco. “Pro Memoria” es todo un temazo, de nuevo con unas líneas vocales muy buenas. Cuando crees que con “He is” han tocado techo como balada maligna, de pronto se sacan un “Pro Memoria”, de nuevo con protagonismo de teclado/piano y con una letra de las que dan que pensar. El disco lo cierra “Life Eternal”, otra prodigiosa balada, de letra preciosa a la par que inquietante. Sin duda la oscuridad sigue estando muy presente en las letras.

Ghost se vuelven a superar, aparte de currárselo en los discos (ninguna canción de relleno), tienen detrás una faceta teatral/marketing brutal, con varios vídeos de promoción de la llegada del Cardinal Copia, que no hacía otra cosa que ponernos los dientes largos esperando la salida del disco. Supongo que los vídeos seguirán, y harán Papa al Cardinal, pero no adelantemos acontecimientos, pues es sólo una impresión mía. De momento disfrutemos del disco, pues merece y mucho la pena.

Laguless

Immortal – Sons Of Northern Darkness (2002)

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Séptimo disco de la banda noruega liderada por Abbath, que últimamente está siendo bastante prolífica a la hora de editar discos, pues van casi a disco por año o al menos año y medio, lo cual realmente está bien para los tiempos que corren. Dejaron hace un tiempo su discográfica de siempre (Osmose) para pasar a Nuclear Blast, lo cual seguro va a aumentar la promoción de la banda, debido a las diferencias promocionales en cuestión de sellos.

El disco contiene ocho temas y la manera de iniciarlo con “One By One” es verdaderamente espeluznante. Un inicio muy Black dominado por la base rítmica de la banda para, conforme va dando forma el tema, pasar a medios tiempos que te hacen mover la cabeza como un poseso. Seguimos con el tema título, “Sons Of Northern Darkness”, uno de los temas más rápidos del disco, que recuerda a otros como “Pure Holocaust” y “Battles In The North”. “Tyrants” es el tercer tema, con el cual baja un poquito la velocidad, en una onda más actual de la banda, con un sonido cercano a los dos últimos discos, “Damned In Black” y “At The Heart Winter”. Se centran mucho en la melodía en este tema, que por cierto les ha quedado de miedo. ¿Recordáis los medios tiempos y melodías de temas de su primera época como “Blashyrkh” de “Battles In The North” (1995)? Al escuchar “Tyrants” te recordará enormemente a él. Maravilloso.

Continúa el disco con “Demonium”, puro Death-Black, un tema impresionantemente rápido, muy en la onda “One By One”, con estructuras muy parecidas, es decir, inicios muy tralleros, medios tiempos y melodías a mitad del tema para volver a la tralla inicial. Otra de las mejores canciones del disco. Con el siguiente tema, “Within The Dark Mind”, me viene otra vez a la mente “Blashyrk” de “Battles In The North”, y es que si Immortal ya son excelentes haciendo temas de Black Metal rápido, haciendo medios tiempos no se quedan atrás… es más, hasta los prefiero. Excelentes, de verdad.

“In My Kingdom Cold” y “Antartica” siguen la estela de las canciones ya comentadas: la primera muy potente, inicialmente con una base rítmica muy fuerte y un doble bombo muy poderoso; y en la segunda (con la primera intro del disco) destacan las “cristalinas” guitarras con excelentes medios tiempos. Y para finalizar el disco “Beyond The North Waves”, el cual tras otra intro (la cual no me convence mucho) nos encontramos con el tema más pausado del disco. Me recuerda enormemente a temas de sus compatriotas Satyricon, y si el oído no me ha fallado es el único tema donde han incluido teclados. Que por cierto, les han quedado muy tétricos.

En general el sonido del disco no varía mucho comparándolo con los discos anteriores. Lo calificaría como un medley de “Blizzard Beasts”, “Battles In The North” y “At The Heart Of Winter”, pero con un sonido más limpio, más pulido.

Immortal han sabido evolucionar de la manera justa y adecuada en su carrera. Mientras las bandas principales del Black Metal noruego (léase Mayhem, Emperor…) han girado notablemente en su carrera, Immortal siguen ofreciendo a sus fans la esencia Immortal de toda la vida evolucionando de la manera correcta, y con este “Sons Of Northern Darkness” han conseguido realizar, para mí, su mejor trabajo desde aquellas dos obras maestras: “Pure Holocaust” y “Battles In The North”. Palabra de blacker.

Mantas

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Judas Priest – Firepower (2018)

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Resulta un tanto extraño y agridulce comentar el nuevo trabajo de una de las bandas de tu vida (saludos al staff de The Sentinel), cuando unos ya hace tiempo que no están (KK Downing) y otros acaban de partir en lastimosas condiciones (Glenn Tipton), pero la vida es así, y hay que aceptarla como viene, como decía aquella copla.

Lo primero que llama la atención de Firepower es la bestia-robot de la portada, los tonos cálidos Screaming For Vengeance que la impregnan y el logo clásico de la banda presidiendo a la derecha, conjunto que hace presagiar hacia dónde irán los tiros (hacia la izquierda).

Parece que los nuevos componentes Faulkner y Sneap han sabido (y podido) dar su aportación y reconducir al grupo, curiosamente a su sonido más clásico, y es que a veces tiene que venir alguien de fuera a decirte simplemente que no te salgas de la vía, aunque es igualmente cierto que de los errores se aprende, y errare humanum est.

La producción de Andy Sneap no llega a ser lo gélida y milimétrica que viene siendo habitual en él, supongo que por la mano clásica de Tom Allom, que sirve de contrapunto entre lo nuevo y lo añejo. Las nuevas melodías parecen más cortesía de los nuevos chicos del bloque que del malogrado Tipton, imaginamos que el bueno de Glenn se dedicó más a las estructuras y riffs principales que a los acabados y a los solos finales. Halford por su parte está bastante comedido y controlado, con un claro predominio de tonos intermedios reproducibles en directo, aunque igualmente habrá que ver cómo se defiende cuando no pueda descansar respiraciones entre tomas alternas, como se suele hacer en el estudio.

En total son 14 temas, relleno incluido, aunque en este caso hasta el relleno cumple su función, esto es, empasta debidamente con el resto de ‘clásicos’ y conforma un todo homogéneo donde no es necesario quitar ni reordenar nada, como sí sucede en otros discos donde los pegotes o no están en su sitio o huelgan directamente.

“Firepower” abre el fuego en plan ‘aquí estamos de nuevo’. Onda painkilleriana ideal para arrancar, sencillo, directo y con un solo melódico que contrarresta. “Lightning Strike” prosigue haciendo las veces de “Night Crawler”, single de cara a la galería que combina perfectamente con su predecesor.

“Evil Never Dies” es un corte machacón que recuerda por momentos a Jugulator (el interludio recuerda horrores a aquel “Burn In Hell” de la era Owens), con esos riffs en tonos graves y el doble bombo perenne de Travis, mientras que “Never The Heroes” supone un medio tiempo épico antibelicista que parece más cosecha de Saxon que de los propios Judas, sin duda de los que más despuntan en el trabajo.

Con “Necromancer” empieza el relleno, pero tampoco sobra. Sonido martilleante típico Sneap, en el que si omites a Halford te parecerá escuchar cualquier tema de Kreator o Arch Enemy, mientras que “Children Of The Sun” parece más un tema de Halford en solitario que de su banda materna (tampoco quedaría mal en voz de Dickinson). “Guardians” sirve de intro de piano donde se van incorporando guitarras y batería para lo que es uno de los mejores cortes del trabajo, “Rising From Ruins”, donde Judas destapan el tarro de las esencias, con riffs demoledores, descansos, una letra enervante cortesía del Halford más mesiánico, y un crescendo mítico que parece una puesta al día del mastodóntico “Blood Red Skies”. Para poner sesenta veces seguidas en estados de depresión manifiesta, o simplemente para salir de fiesta.

Con “Flame Thrower” prosigue el relleno, sin duda de lo más flojo del disco, sin embargo parece puesto inteligentemente entre dos grandes temas para ‘descansar’ y hacer a sus compañeros destacar. Un tema así para Exodus sería todo un logro, pero desde luego no para los Dioses del Metal. “Spectre” es un medio tiempo denso, rozando el progresivo, curioso cuanto menos y que aporta variedad al conjunto, aunque lleva implícito el sello Judas en todo momento.

“Traitor’s Gate” es como si Judas Priest se encontraran con Fight en un pasillo (en este caso estribillo), y “No Surrender” nos devuelve a la sección himnos-de-puño-en-alto, otro temazo, de lo mejor del plástico junto a “Rising From Ruins”. “Lone Wolf” cierra el apartado relleno (no es mala estadística tres de catorce), con un riff que parece cosecha de los Metallica actuales intentando emular a su vez a los Sabbath más clásicos, aunque si tengo que elegir entre Judas y Metallica me quedo con Judas, claro (Hetfield y Ulrich son más de trece-catorce).

“Sea Of Red” es la ‘balada’, un tema efectivo para cerrar en relax y con Halford entonando acapella por momentos, que si bien no es “Before The Dawn” tampoco creo que lo pretenda, poniendo un lindo broche a un trabajo notable (para sobresaliente, de no ser por el relleno) y por otra parte exigible a estos autoproclamados Metal Gods.

Libreto parco y conciso, letras, créditos (los justos) y poco más, con detalles a lo Transformers / Pacific Rim en el interior, cinco símbolos que pueden identificar a los distintos miembros del grupo y el clásico tridente made in Judas. Básico y funcional.

Para acabar, y ya en modo elucubración, decir que Firepower habría supuesto una lógica y coherente continuación a Painkiller (1990), con el permiso del gran Angel Of Retribution (2005), que parecía un traje hecho de encargo, y sin el permiso de los anodinos Nostradamus (2008) y el desapercibido Redeemer Of Souls (2014), el primero un capricho de elevados costes y el segundo un refrito sin la garra y energía que sí atesora este Firepower. Pero lo dicho, una carrera supone tropiezos en la mayoría de los casos, máxime si es de larga distancia como la de Judas Priest, y lo importante ahora es mantenerse, algo que tras tantos años de actividad discográfica se va tornando cada vez más difícil. Si a estas alturas de la película una banda al borde de la cincuentena puede seguir deleitándonos con discos como el que nos ocupa ello sólo puede ser motivo de alborozo. Por todo lo que nos dieron y nos puedan seguir ofreciendo, long live the Priest.

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Bubbath

Dissection – Storm Of The Light’s Bane (1995)

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Ahora que la década de los 90 forma ya parte del recuerdo no podemos hacer más que recrearnos en él, y no cabe duda de que al hablar de la vertiente metálica más oscura y brutal como puede ser el Black Metal un capítulo ineludible son los suecos Dissection.

Lamentablemente y para desdicha de numerosos headbangers de todo el globo, la carrera del grupo se vio truncada por ciertos hechos que muchos conoceréis, que se resumen en la comisión de asesinato por parte de su líder Jon Nodtveidt y su posterior encarcelamiento en 1997 (finalmente cumpliría 7 años en prisión), dejándonos un breve pero preciado legado a los que gustamos de los sonidos más infernales.

Ya con un reconocido prestigio en la escena underground del momento y tras un sorprendente debut (The Somberlain, 1994), Jon Nodtveidt (guitarra solista, voz), Johan Norman (guitarra rítmica), Peter Palmdahl (bajo) y Ole Ohman (batería, curiosamente expulsado tras la edición del disco) se meten de nuevo en el estudio de la mano del todopoderoso Dan Swanö y graban lo que ha llegado a convertirse con el tiempo en una de las obras más aclamadas de la música extrema.

Tras una fría ilustración (Necrolord) que nos presenta a la muerte a caballo, y que me recuerda horrores a la del “Mirror Mirror” de los germanos Blind Guardian (de haber copiado alguien habrían sido Hansi y compañía, claro), se esconden unas composiciones no menos gélidas. El disco lo conforman ocho cortes de una fiereza descomunal y de un odio contenido que tira de espaldas, pero en todo momento aderezado de un sorprendente sentido de la melodía, que hace de esta edición una obra magna a destacar por encima de sus coetáneas. Sólo con escuchar la insistente melodía de guitarra acompañada de timbales de lo que sirve de intro, “At The Fathomless Depths”, sientes como el frío nórdico empieza a adueñarse de tu alma. Y sin más dilación entra lo que es para servidor uno de los mejores y más representativos temas de Black/Death de todos los tiempos, “Night’s Blood”. Este tema lo tiene todo: fuerza, brutalidad, agresividad, melodía, letra, cambios de tiempo… en fin, una oda de lo que es, o debería ser (al menos para servidor) la música extrema de calidad, sin renuncias ni cortapisas. Al loro con las guitarras acústicas del interludio y la narración, que va in crescendo con unas melodías netamente heavy-metaleras para desembocar nuevamente en la parte inicial. Apoteósico.

Más directo se presenta “Unhallowed”, con una batería a golpe de caja que aturde los sentidos y un doble bombo que quita el hipo (hay que ver cómo juega con él Mr. Ohman, a saber lo que haría para que le diesen puerta), y un Jon que escupe como un auténtico demonio. Otro tema a destacar por su tempo es “Where Dead Angels Lie”, del cual se extrajo un EP en relieve con forma de cruz muy curioso, el cual contenía los covers de “Elisabeth Bathory” de Tormentor y el clásico “Anti Christ” de Slayer, un corte de aire pausado pero de una fuerza descomunal, y con las guitarras constantemente dibujando melodías diabólicas en quintas, aderezadas éstas con algún que otro solo bastante simple pero tremendamente efectivo. Lo dicho, puro arte (básico, pero arte). “Retribution – Storm Of The Light’s Bane”, “Thorns Of Crimson Death” y “Soulreaper” siguen la tónica de los anteriores, mientras que el piano de “No Dreams Breed In Breathless Sleep” pone el broche final y un merecido sosiego a tan fiera descarga.

Es una pena que el fanatismo y la sinrazón interrumpieran la carrera del grupo, en primera instancia con el ya mencionado encarcelamiento de Nodtveidt, y en última con el fallecimiento del mismo por suicidio el 13 de agosto de 2006, tras su excarcelamiento y regreso a los escenarios, salida tras la cual se editó el esperado tercer álbum de estudio de la banda, Reinkaos (2006), y posteriormente sendos directos póstumos, Live in Stockholm (2009) y Live Rebirth (2010).

Abstrayéndonos de determinadas ideologías extremistas y demás hechos delictivos, algo que ni nos corresponde ni nos interesa juzgar aquí, el legado de Dissection ocupa un lugar privilegiado en lo que a música extrema se refiere, y supone un capítulo ineludible para todo fan que se precie de los sonidos más duros y oscuros. Seguidores de Cradle Of Filth y Dimmu Borgir, ¿a qué esperáis?

Bubbath

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado y editado en marzo de 2018)

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Blazemth – Dragon Blaze (2017)

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De las cenizas de los death-metaleros Undivine, previo paso por otras aventuras anteriores como Decomposed (1989-1991) o Rotten Flesh (1991-1993), nació Daemonum allá por 1993, el auténtico embrión de lo que terminó siendo Blazemth, que mutó su nombre a este último al año siguiente simplemente por similitud o incluso coincidencia con el de otras bandas foráneas (para servidor todo un acierto, dicho sea de paso).

Ya como Blazemth registraron lo que sería su primer MCD, “For Centuries Left Behind” (1995), si no recuerdo mal la primera edición digital de una banda española (perdón, catalana) de Black Metal, un prometedor debut de sugerente portada y algo más discreto resultado en cuanto a producción y sonido, con las guitarras muy ausentes en la mezcla final, lo que les otorgaba por su parte cierto aura de banda atmosférica, más en la línea de bandas como Burzum que de otras más directas como Mayhem, Immortal o Dark Throne, aunque seguía siendo Black Metal, al fin y al cabo.

El siguiente “Fatherland” (1996), casual o premeditadamente también MCD, subsanó notablemente las deficiencias de su predecesor en cuanto a labores de producción se refiere, y tras una portada algo más explícita esta vez y bajo un logo ya más identificable y característico, se escondían un puñado de temas de bastante mejor empaque y sonido, ahora ya sin demasiado que envidiar al de grandes bandas foráneas como las citadas anteriormente u otras más melódicas como Emperor o Satyricon (por estas páginas puedes leer tanto reseñas de la época como una entrevista a la propia banda, e incluso ver un vídeo grabado en directo en la extinta sala Abraxas benidormense), y sobre todo con unas composiciones a la altura de las circunstancias, variando tempos, conjugando teclas, melodías y voces con gran acierto, y ganando en contundencia y calidad en líneas generales.

Y os preguntaréis, ¿qué nos aporta este “Dragon Blaze” exactamente dos décadas después de la disolución de la banda? Pues bien, a través (de nuevo) del sello catalán Abstract Emotions, dedicado especialmente a la edición y distribución de música extrema, aparte de recopilar ambos trabajos, ya hace algún tiempo descatalogados, y de retocar sutilmente el logo del grupo, se ha aprovechado la coyuntura para revisar ambas producciones por Mr. AX (Asgaroth, Dejadeth) en sus AXTUDIOS de Barcelona. De esta forma, mientras que “Fatherland” no presenta grandes cambios en cuanto a sonido (tampoco los precisaba), aunque quizá sí se antoje algo más alto o ‘vivo’, “For Centuries…” reaparece ahora con un lavado de cara bastante agradecido, con los instrumentos más altos en la mezcla en general y las guitarras en particular. Por lo demás, tampoco hay mucho que descubrir con este trabajo, salvo que creas claro está que el Black Metal nació con bandas como Cradle Of Filth o Dimmu Borgir, en cuyo caso sí te puede servir de gran ayuda para acercarte a la génesis de esto (en paz descanse, Quorthon Seth). Para el resto, “Dragon Blaze” supone un reencuentro más que gratificante tanto con el grupo como con los cimientos del estilo, cuando el  Black Metal era fresco, puro y genuino, olía a moho y rezumaba invierno. Así pues, seguro que vuelves a deleitarte como el primer día con himnos del calibre de For Centuries Left BehindUnholycaust o el propio Fatherland.

En cuanto a la edición en concreto, la que tengo entre mis manos es la versión CD, que además de ambos mini CD incluye un par de temas en directo (“Almogavaria” y “For Centuries Left Behind”), con valor más testimonial y de relleno que otra cosa, ya que el segundo goza de una muy mala calidad de sonido y el primero directamente no se escucha (¿pista en blanco?). El libreto interior no incluye créditos, fotos ni letras (definitivamente esto es Black Metal), únicamente las portadas de ambos trabajos y el track-list (los créditos figuran en la contraportada del disco), lo cual habría sido todo un detalle aprovechando el modo ‘recopilación’. Para los coleccionistas también se ha editado en vinilo negro o rojo transparente, el primero limitado a 350 copias y el segundo a 150, y añadir que las 3 ediciones están disponibles a un módico precio en la web de Abstract Emotions.

Ahora sólo resta que esta edición tenga continuidad con la nueva formación de la banda, que además de a los ya habituales Lord Erlick (guitarras, bajo, letras, baterías) y Volkhaar (voz, guitarras) incluye a Hisarr Zul (guitarras), Eldar (bajo) y Frost Demon (batería), y pronto tengamos en las manos una nueva entrega discográfica con material inédito y, a ser posible, que lo podamos volver a ver en directo un par de décadas después de la última vez. For Centuries Left Behind!

Bubbath

Paradise Lost – Draconian times MMXI (2011)

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Alguien dijo en cierta ocasión que la nostalgia es síntoma de falta de creatividad y algo de eso le está ocurriendo a Paradise Lost. Extraña que una banda tan reacia a publicar “complementos” lleve dos directos en tres años, saque a la luz un documental autobiográfico con apariciones de amigos e influenciados, recupere demos primigenias y decida servir ración doble del trabajo que más satisfacciones en términos numéricos le ha proporcionado. Cabe recalcar el aspecto ligado a la popularidad y las ventas porque en su día la emisión del videoclip de “The last time” a modo de anticipo provocó en primera instancia sustos y decepciones frutos de una ligereza alegre ausente en el colosal y entonces ya endiosado “Icon”.

El contenido básico del paquete se compone del show que el combo ofreció en el londinense The Forum en abril de 2011, desgranando una primera parte compuesta por “Draconian times” en su totalidad y riguroso orden de estudio y una segunda concentrada en ineludibles (“As I die”, “True belief” o “Say just words”) junto a un par de su penúltima obra editada. No obstante, es la ejecución de la segunda parte del disco homenajeado la que se lleva la palma. Y es que supone un placer reencontrarse con infraexplotadas como “Yearning for change” y “Hands of reason” y redescubrirlas en formato directo, si bien el tratamiento general es el esperado, con escrupuloso respeto a las originales. Las únicas salvedades son quizás una mezcla final que prima las armonías de Mackintosh por encima de los rasgueos de Aedy, dotando de mayor peso a la melodía en detrimento de la agresividad, la presencia de teclados en escena para reforzar determinados pasajes y el estado vocal de un Holmes que salva las composiciones a duras penas. Sin atisbos del pseudo-Hetfield que levantaba a base de energía los temas para compensar sus limitaciones técnicas, lo único que perdura de aquél es la melena engominada que luce, dando la sensación de encontrarse al borde de la rotura en “Hallowed land” o “Jaded”. Aún así, al tipo más lánguido y cínico del panorama metálico le sobra honestidad para admitir sus carencias antes de “Forever failure”, presentando al teclista Milly Evans como vocalista ocasional al estilo de Lee Morris tiempo atrás. De la nueva hornada, la homónima presenta aspiraciones de permanencia en futuros sets, con reminiscencias a “One second” y ensalzada con un potente estribillo, mientras “Rise of denial” confirma la sensación de caos e indefinición estilística que domina el conjunto de aquel trabajo.

El segundo DVD contiene extras de videoclips, entrevistas con la banda y fans que acudieron al evento y que no difieren en exceso de los incluidos en “The anatomy of melancholy”.

De pretender contentar a fans primerizos o a quienes 1996 les queda en el limbo, podían haberse conformado con el mismo tour para promocionar la reedición de 2011 y regalarnos a cambio conciertos íntegros en festivales emblemáticos como Donington o Dynamo, más allá de las migajas que incluyeron en “Evolve” o de los especiales que en su día emitió Headbangers’ ball en MTV. Al fin y al cabo, este uno por dos no suple ninguna carencia en forma de documento histórico o, en su defecto, acontecimiento significativo actual de la clase de At the Gates en Wacken. Es más, las humildes dimensiones de The Forum y austeridad del montaje dan fe de que, a diferencia de Roger Waters, Metallica o análogos, los de Halifax pertenecen al segmento minoritario sin capacidad para engordar sus cuentas bancarias con productos de esta naturaleza. Quizás por este motivo gane enteros el argumento del inicio. En todo caso, de obviar los porqués, representa un hito para la cantera Peaceville y viene a demostrar que, gustos aparte, juegan en liga superior a sus coetáneos.

J. A. Puerta

(Publicado originalmente en ROCKSCALEXTRIC durante el tercer lustro de la era 2000)

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Ghost – Ceremony And Devotion (2018)

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Es curioso, o al menos yo no estoy acostumbrado al cómo Ghost han editado “Ceremony And Devotion”. Fue a principios de Diciembre del año pasado, y de una forma casi sorpresiva, cuando pusieron este disco a disposición de todo el mundo en las plataformas de streaming más conocidas, dejando la versión física del disco para Febrero. Llámenlo ustedes adaptación a la tecnología o a la nueva forma de escuchar música en la actualidad.

Es evidente el crecimiento que ha tenido la banda sueca en estos últimos años, siendo su última gira hasta la fecha la más multitudinaria, con varios sold-out en sus fechas llenando pabellones (no en el caso de España), y por ello han querido dejar constancia con un cd doble o streaming “en directo” grabado en la última parte de la gira en USA.

Y detrás de una genial portada, otra vez obra de Zbigniew M. Bielak, y un libreto con todas las fechas de la extensa gira y varias fotos, podemos disfrutar de un muy buen recopilatorio de los amados a la par que odiados Ghost, y digo recopilatorio porque en mi opinión se han pasado tres pueblos con los retoques en estudio. Ciertamente suena todo perfecto, muy limpito y muy clarito. El que ha tenido la oportunidad de ver a Ghost sabe que esto no es así. Aun así, pues el disco mola. Se oyen las explosiones, al público, al Papa Emeritus III como nunca lo escucharás en directo y a los Nameless Ghouls tocando como nunca.

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Momentazos hay, faltaría más. Más aún con esa colección de temas de la que disponen, “Square Hammer”, “Per Aspera Ad Inferi”, la colosal “Elisabeth”, “Cirice”, “Zombie Queen”, “Year Zero”, “He is”, “Ritual” con ese guiño a Iron Maiden en el final del tema, etc. Hay dónde elegir que no fallarás.

Y ya está, eso es lo que te vas a encontrar en este “Ceremony And Devotion”. Como curiosidad decir que la versión en CD trae 2 temas que no están en el Spotify, se trata de “Elisabeth” (por fin) y “Secular Haze”. Y ahora a esperar a ver con qué nos sorprende la cada vez menos misteriosa banda, pues el nuevo disco en estudio está al caer.

Laguless

Accept – Breaker / Restless & Wild, Los años hambrientos…

 

Si bien hay que reconocer a la vieja Gran Bretaña como la cuna del Heavy Metal, con Black Sabbath y Judas Priest como sus máximos y mejores exponentes, Alemania ha sido de largo uno de los países europeos de más arraigo y exportación de bandas en lo que a dicho estilo se refiere, con pioneros como Scorpions o clásicos contemporáneos como los reformados Helloween a la cabeza, y entre medias de ambos, una de las formaciones más míticas y de referencia en el panorama metálico de siempre, los genuinos Accept.

Tras un tímido pero correcto debut (“Accept”, 1979) y un mucho más acertado y festivo segundo trabajo (“I’m A Rebel”, 1980), que ya empezaba a apuntar las maneras de más tarde, vendría lo que es para servidor la madre del cordero, esto es, los trabajos de la banda que más y mejor influenciaron al resto de lechales de la segunda generación germana, tales como Grave Digger, Running Wild o los citados Helloween, a saber, el mítico “Breaker” (1981) y el ya clásico “Restless & Wild” (1982) de los recién estrenados años 80.

No puedo evitar sentir cierta nostalgia al echar la vista atrás, todavía inmersos en la segunda mitad de la década de los 80, cuando el que suscribe adquirió su primer LP de auténtico Heavy Metal en formato k7 en un bar de carretera rumbo a Toledo (obviaremos aquí a los Europe y Bon Jovi disfrutados hasta entonces), con una portada que reflejaba claramente lo que ibas a encontrar en el disco, y es que si la cara de la guapa señorita demuestra asombro, la mía no era para menos al llevarme al oído el riff de apertura de “Starlight”. Sí señores, “Breaker” contenía todos y cada uno de los ingredientes del más puro y genuino Heavy Metal: temas repletos de riffs contundentes y abrasivos (“Breaker”, “Run If You Can” o el citado “Starlight”), donde los duelos de guitarra Hoffmann/Fischer te dejaban sin aliento, letras de contenido irreverente (“Son Of A Bitch”) y auténticos himnos metaleros (“Burning”, “Midnight Highway” o el emocionante “Feelings”) y, cómo no, baladas de esas que ponen la piel de gallina (“Can’t Stand The Night” o “Breaking Up Again”, entonada esta última por el propio Peter Baltes, bajo). Mención aparte merece la voz de Udo Dirkschneider, una especie de cruce luciferino entre Brian Johnson y Rob Halford, que acuñó sello propio y que pronto imitaron muchos seguidores, la mayoría sin éxito.

“Breaker” no pudo más que obtener excelentes críticas por parte de la prensa especializada del momento, no en vano dicho trabajo les sirvió de catapulta a Europa, por la que giraron desde el 6 de noviembre hasta el 14 de diciembre de 1981 con los mismísimos Judas Priest en su gira World Wide Blitz, en la que presentaban su disco de transición “Point Of Entry”.

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Y si “Breaker” era un excelente trabajo, “Restless & Wild” otorgaría la inmortalidad definitivamente a la banda teutona. ¿Cuántas veces no habremos disfrutado con el speedico y legendario “Fast As A Shark” o el contundente “Restless And Wild”? En este, su cuarto álbum, la banda conformada por los guitarristas Wolf Hoffmann y Hermann Frank Jr. (que sustituyó a Fischer), Peter Baltes al bajo, Stefan Kaufmann a la batería y, cómo no, el incombustible Udo Dirkschneider a la voz, confirmó con creces las expectativas y parió un álbum completamente imprescindible dentro del estilo. Si bien temas como “Shake Your Heads”, “Get Ready” o el atronador “Has Rocking Man” (lo que habrá mamado de aquí gente como Chris Boltendahl) seguían en la onda de “Breaker”, otros como “Neon Nights”, el épico “Don’t Go Stealing My Soul Away” o la dulce “Princess Of The Dawn” sin duda iban más allá, consagrando ya al grupo como verdadero referente en el circuito metálico y permitiéndoles proseguir con su conquista de Europa (no sería hasta el año siguiente con “Balls To The Wall” cuando cruzarían el charco a la conquista de Norteamérica de la mano de Kiss y Saxon).

Como dato anecdótico, comentar que la portada original de “Restless & Wild” incluía la imagen de unas guitarras incendiándose, pero cuando se lanzó en los mercados estadounidense y británico se cambió por una fotografía de la banda tocando en vivo.

Posteriormente vendrían notables trabajos como “Balls To The Wall” (1983) o “Metal Heart” (1985), sin duda con un mayor presupuesto bajo el brazo, con unos temas más elaborados e incluso en algunos casos aptos para las radio-fórmulas, y consiguientemente una mayor repercusión a nivel mundial, pero particularmente sigo prefiriendo la rabia y la fuerza que desprendían estos “Breaker” y “Restless & Wild”, los cuales mostraron el camino a seguir a formaciones posteriores y asentaron un sonido ya genéricamente entendido como “metal alemán”.

El resto de la historia ya es de sobras conocida por los seguidores de la banda: tras una primera salida de Udo después de grabar “Russian Roulette” (1986) para proseguir carrera en solitario, la banda pinchó de manera considerable al prostituir su estilo inicial con el americanizado “Eat The Heat” (1989), con David Reece al micro. Dos reuniones posteriores de la banda con Dirkschneider (la primera de ellas registró el correcto “Objection Overruled” y los más discretos “Death Row” y “Predator”) supusieron el carpetazo a una carrera gloriosa por momentos (1981-1985) y prescindible por otros (1987-1997), acabando con la banda en una incómoda segunda fila, de la que siguen intentando salir a estas alturas con el americano Mark Tornillo al frente, aunque eso, nunca mejor dicho, es otra historia.

Ya sabes, si la época de gloria de la banda germana te pilló demasiado joven es hora de pegarles una escucha, y si ya conoces de qué va la vaina, no estaría de más desempolvar tus viejos vinilos y volver a disfrutar de ellos tropecientos años después.

Bubbath

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000, revisado y editado en enero de 2018)

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Moonspell – 1755 (2017)

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Los lusitanos Moonspell siguen surcando décadas plácidamente, al margen de modas y subestilos, con un patrón más o menos definido (Gothic / Dark Metal de corte clásico, resumiendo muy mucho), si bien se permiten vascular entre lo más comercial y lo que menos con algo más de tacto que otros contemporáneos suyos, como pueden ser Amorphis (más conservadores y lineales en cuanto a sonido) o Paradise Lost (de bandazos más extremos, en uno u otro sentido), por citar los más representativos. Obviaremos aquí a los Anathema y Katatonia de turno, que dado el intimismo de sus propuestas no han llegado a las cotas de popularidad de los primeros.

“Extinct” (2015) supuso el cénit de los portugueses a nivel Gothic Metal strictu sensu, probablemente el trabajo más accesible del grupo (que no ‘comercial’, ya que dudo haya sobrepasado los niveles de ventas otrora conseguidos por la banda), con una factura de singles irrepetible y sin perder en ningún momento sus señas de identidad, fundamentalmente la melodía y esa melancolía propia tan característica de la vieja Portugal. Fernando Ribeiro, que de tonto no tiene un pelo, sabía que seguir la línea trazada en aquél sólo podía llevar al desastre, y con esas recuperó una vieja idea de su época universitaria, que tras el visto bueno de sus compañeros de formación ha dado como fruto este 1755, una obra conceptual entorno a la tragedia acaecida en Lisboa en dicho año en forma de terremoto y posteriores tsunamis que asolaron por completo la ciudad y aledaños, y entonada íntegramente en la lengua materna de la banda, para que cualquier parecido con el pasado sea mera coincidencia. Ya lo decían sus vecinos hispanos, lo que embruja es el riesgo, y no dónde ir…

Y es precisamente eso lo que engrandece este trabajo, su carácter progresista, de ruptura y de nueva factura, algo que tiene su paralelismo en la propia historia que narra, la de una antigua Portugal fuertemente enraizada en el Catolicismo, que tras verse devastada por semejante catástrofe natural vino a replantearse su propia existencia religiosa a través de numerosos planteamientos filosóficos y no menos escritos existencialistas. Señor, ¿qué he hecho yo para merecer esto?

Y es que si bien trabajos conceptuales de referencia como Welcome To My Nightmare, Abigail o Seventh Son Of A Seventh Son lo fueron por su temática Ci-Fi o sobrenatural, 1755 lo es por su carácter realista-catastrofista, además de por estar escrito en el portugués autóctono de sus autores, algo poco habitual en el Rock en líneas generales, lo cual le dota de mayor personalidad si cabe. Con todos estos ingredientes y planteamientos en mente, y obviando por momentos lo que supusieron otros episodios musicales memorables de la banda (se recomienda encarecidamente escuchar el disco poniéndose en situación, previo proceso de abstracción total y con cascos y libreto en mano), no queda más que adentrarse en la visión personal de Moonspell de uno de los desastres naturales más impactantes y significativos de la Historia contemporánea, oígase por capítulos.

Em Nome Do Medo / In The Name Of Fear: Adaptación orquestal del tema de mismo título incluido en el álbum “Alpha Noir”, en esta versión con un tinte decididamente más dramático y épico, y que sirve perfectamente para ponerse en situación y agarrarse bien al sillón, que se avecinan temblores.

1755: Comienza la catarsis. Arranque frenético y directo, con coros a la Carmina Burana y un breve respiro en el interludio en formato de solo de guitarra de Ricardo Amorim y demás arreglos orquestales. Buen comienzo, contundente cuanto menos.

In Tremor Dei / In Fear Of God: Single decadente, tanto por letra como por tempo, con un riff incesante de Ricardo, aderezo de coros femeninos, y toda una religión de arraigo nacional puesta en entredicho en apenas una estrofa. ¿Castigo divino?

Desastre / Disaster: Comienzo doom que desemboca en un medio tiempo, y así se van sucediendo. En el aspecto lírico continúan las cuestiones trascendentales. No eres más que un hombre, un esclavo de Dios… Culpable.  En la edición que tengo en mis manos, además, se incluye la versión del tema en castellano.

Abanao / Quake: Haciendo honor a su nombre se me antoja el epicentro del trabajo. Muro de guitarras, guturales de Ribeiro, teclados acolchando omnipresentes característicos de sus colegas Cradle Of Filth (grande Pedro Paixao) y un cierre abrupto como el propio seísmo.

Evento / Event: Gaspar (batería) y Aires (bajo) abren la contienda de uno de los mejores cortes del disco, en el que no falta de nada y donde todo acompaña, desde el riff principal hasta el puente y el estribillo central (La fe no sirve de nada… Tranquilízate, es el fin… quédate quieto, porque Dios así lo quiere). Un tema prototípico de Moonspell con ese toque agónico tan característico y que siempre desemboca en un torrente de melodía cuando menos te lo esperas. Dios aprieta, pero no ahoga.

1 de Novembro / November 1st: En lo musical, parece un pasaje extraído de un álbum del mismísimo Rey Diamante (ese comienzo a lo The Lake les delata), con un Ribeiro entonando más alto de lo normal, mientras que en lo letrístico supone un punto y aparte, tanto en el disco como en la Historia de Portugal, llamémosle de Renacimiento cultural.

Ruinas / Ruins: Pasaje o, lo que es lo mismo, camino intermedio que comunica otros dos, en este caso temas. No se le puede llamar relleno, ya que en estos casos es tan imprescindible como un tema de los principales, necesario para hacer hueco y abrir paréntesis.

Todos Os Santos / All Saints: Otro de los grandes momentos del disco. Paradójicamente el desastre sobrevino el día de Todos los Santos en Portugal, con toda la muchedumbre visitando las iglesias, que a la postre serían derruidas (con la gente dentro) y la ciudad incendiada por los efectos de las innumerables velas encendidas. El corte de marras trata dicho tema desde una perspectiva positiva, tanto por música como por letra. The day rises in Portugal!

Lanterna Dos Afogados / Lighthouse For The Drowned: Supone el punto más sosegado del trabajo, de clara similitud con el material inmediatamente anterior del grupo (podría figurar perfectamente en “Extinct”), con Ribeiro cantando limpio por momentos. Buen cierre para un disco cargado de emociones fuertes.

Y eso es básicamente lo que comprende 1755, un disco repleto de riesgo (concepto, idioma, temática subyacente…) para una banda que, asumida ya su posición y que no tiene nada que perder (a lo sumo algún fan más, los que entran por los que salen), sabe lo que quiere y ante todo es honesta consigo misma, pese a quien le pese. Para el que suscribe, además, supone otro regalo más de una banda afín desde hace tiempo y por diversos motivos, tanto culturales como ancestrales. Muito obrigado, senhores. Faz dia em Portugal!

Bubbath