King Diamond, in his darkest hour…

 

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KING DIAMOND “The Puppet Master” (2003)

Cada adquisición discográfica de King Diamond es como un sorteo de Lotería, nunca sabes cuándo vas a salir premiado, y es que el bueno de King es de esos artistas de los que se puede sonsacar sobre todo irregularidad. En esta ocasión podría decirse que ha tocado la pedrea, porque pese al desconcertante título (¿no había otra forma de agradecerle a Ulrich los favores?) y a la pésima portada, “The Puppet Master” supone un trabajo más que digno.

Tras la bochornosa continuación del mítico “Abigail”, parece que King y Andy han optado de nuevo por la modestia, y aparte de dejarse de innecesarias secuelas que no hacen sino empañar a sus predecesoras, vuelven a ofrecernos puro y duro Heavy Metal del de siempre, sin renunciar al toque progresivo que siempre les ha caracterizado, pero sin llegar a perderse en el invento.

Lo primero que llama la atención del trabajo es la nitidez de la producción (Diamond, LaRocque, J. T. Longoria), así como la precisa y contundente base rítmica, conformada actualmente por Matt Thompson a los parches y el más conocido Hal Patino al bajo. Pero la palma se la llevan los guitarras: Mike Wead y sobre todo Andy LaRocque (este hombre se merece un reconocimiento mayor del que tiene) están descomunales. Por su parte, Mr. Diamond está más comedido de lo normal en cuanto a falsetes histriónicos se refiere, y nos deleita y ameniza con voces más planas y realistas -en esta ocasión saca a relucir su voz más ‘llorosa’-, y la verdad es que sale ganando todo el mundo (no es mejor uso el hacer abuso).

En cuanto a los temas, podríamos destacar así por encima el hiper-heavy “Magic”, el cálido “Emerencia”, un medio tiempo acelerado con voz femenina incluida (Livia Zita), el épico “Blue Eyes”, con ese órgano eclesiástico tan característico de KD, el knockeante “The Ritual” (al loro con los riffs y el solo de Andy) o el desasosiego de “No More Me”, con una ambientación pesadillesca a base de teclas muy lograda. Mención aparte para “So Sad”, un tema lento de esos que King suelta con cuentagotas (el último “House Of God”, si mal no recuerdo) y que visto el resultado quizá debería prodigarse un poco más, así como “Christmas”, nuevamente con participación de la fémina al micro, esta vez deleitándonos con un fragmento de aquel “Tamborilero” que por aquí diera a conocer nuestro Raphael, ahí es nada. Ni que decir tiene que es otra de esas ‘puyitas’ tan características de su satánica majestad Mr. Diamond, tal como hiciera en su día con “No Presents For Christmas” (esas risas lo atestiguan).

Como bonus se incluye un DVD, que visto lo visto también se lo podían haber ahorrado. En él, King -postrado en un sillón- nos cuenta a modo de contextualización la historia/concepto del álbum por capítulos, o mejor dicho, por canciones. Por supuesto está sin subtitular, así que cuando llevas un rato oyéndole decir misa sin moverse del atril no puedes evitar pulsar stop y mandarle al carajo. A ver si la próxima se lo curran un poquito y ofrecen material interesante de verdad, que haberlo haylo.

En síntesis, un disco con bastante más acierto del esperado -al menos por el que suscribe-, y que devuelve un tanto la fe perdida en nuestro enmascarado. A ver hasta cuándo.

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KING DIAMOND “Deadly Lullabyes – Live” (2004)

Ay ay ay, que me huele a calisay… solía decir un profesor de primaria de un humilde servidor cuando la cosa pintaba turbia o simplemente no pintaba. ¿Que a qué viene eso? Pues a que “Deadly Lullabyes”, como toda historia de King Diamond, rezuma misterio por los cuatro costados. Pero como en dichas historias, vayamos por partes…

Lo primero que llama la atención, cómo no, es la cutre-portada que cubre el disco, con el bueno de King… sosteniendo un muñeco (!), claro que vista la que cubría su anterior “The Puppet Master” tampoco desentona tanto. Lo segundo y más curioso su título, máxime cuando no se recoge pieza alguna del disco al que hace referencia (“The Spider’s Lullabye”). Pues eso, misterios sin resolver.

Con todo y con eso se trata de una edición generosa, salta a la vista, doble digipack con fotos individuales y colectivas de los miembros del grupo, fechas del tour y demás tonterías para ir ojeando a la vez que escuchas los discos, en este caso. ¿Y qué es lo que escuchamos? Pues he aquí su contenido…

a) Cuantitativo: se da especial importancia tanto a la historia completa de “Abigail” (ambas partes están generosamente representadas con cuatro cortes de cada una) como al disco que presentan en gira, “The Puppet Master”, lo cual se reparte entre el primer y el segundo CD respectivamente. A continuación de ambos se suceden una serie de clásicos ineludibles (“Sleepless Nights”, “Welcome Home”, “The Invisible Guests”, “Halloween”, “No Presents For Christmas”) y otros que no lo son tanto y por ello se agradecen (“Eye Of The Witch”, “Burn”), así como se obvian directamente trabajos como “The Graveyard”, “Voodoo” (lógicamente…), “House Of God” o el citado “Spider’s…” (…o sin sentido). Ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos.

b) Cualitativo: simplemente perfecto (that’s the question). Ni un solo fallo, sonido cristalino, voces dobladas de King (!?)… y ni un solo detalle de dónde se registró cada tema. ¡Que llamen a Colombo! Y es que hasta las presentaciones de la banda (“Introductions”) suenan asépticas, ensayadas…

Pues eso es lo que hay. Como suele decirse en estos casos sólo ‘ellos’ sabrán qué hay de verídico en este disco. Por nuestra parte y como meros ‘oyentes’ podemos afirmar rotundamente que el trabajo suena que atruena. Si además es cierto que todo es en riguroso directo me atrevería a decir que es de lo mejor que he escuchado en muchísimo tiempo.

Bubbath

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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King Diamond – Sala Heineken (Madrid), miércoles 31 de mayo de 2006

Menudo viaje, jamás se imagina uno lo que le depara el destino, o mejor dicho, el clima. Sales de Alicante, atrapado en una tormenta peor que la que pudieran sufrir en carnes propias Jonathan y Miriam mientras se acercaban a la famosa mansión de la colina, y te topas con cinco camiones volcados en la cuneta en menos de veinte kilómetros, además de unas colas horrorosas. Esta clase de terror poco o nada tiene que ver con el que un rato más tarde nos obsequiaría King Diamond, pero, al contrario que en sus relatos, a nosotros nos esperaba un final feliz.

Aún llegábamos a tiempo en medio de un sol envidiable que iluminaba la capital… y se hizo la noche. Y con ella, el concierto más deseado por un servidor, fiel de la desigual pero constante, quizá demasiado, carrera del danés desde tiempo ha, también quizá demasiado. Este sueño juvenil no materializado en la gira de «Conspiracy» parecía llegar a destiempo porque, como bien es sabido, en la última década King se ha convertido en un Woody Allen de menor regularidad en número y calidad y sus fans, aún con alegrías esporádicas («House of God» o «9»), hemos realizado más de un acto de fe para continuar a su lado. Todas nuestras sospechas acerca de la autenticidad de su última obra en directo, medio disipadas después de ver un video que rondaba por la red (en Montreal y perteneciente a la misma gira, para ser precisos), acabaron por desaparecer. King no sólo superó cualquier expectativa optimista que pudiéramos albergar, sino que apenas le bastaron noventa minutos para ganarse toda nuestra admiración.

Sin grandes alardes (la antigua Arena no es el lugar más adecuado para montajes) y enfrentándose a un sonido mediocre (también típico de la sala), el show no se movió un ápice de los que ofrece en esta gira europea: repertorio cerrado, con los números teatrales estudiados (las rejas que ambientan ambos «Abigail», la estantería llena de frascos con los ojos de las víctimas de «The puppet master», la silla de ruedas de «Them» y la actriz que interpreta los distintos personajes de estas obras), y en general prácticamente idéntico a lo que venían haciendo en la gira de hace dos años (apenas la inclusión de «Come to the Sabbath» y «Evil» de Mercyful Fate a cambio de «Spirits», «The puppet master», «Burn» y «No presents for Christmas»). De hecho, no había un fundamento de peso para acercarse a Europa más que la propia viabilidad del proyecto, ya que el nuevo disco se encuentra en pleno proceso de grabación y la teoría de aprovechar este paseo transoceánico para financiar parte del mismo no es del todo descabellada.

Lo previsible, por llevar la lección aprendida de casa, se materializó en las figuras del venerado Andy LaRocque, con esa postura encorvada que acostumbra, Mike Wead, que se atribuye más solos de los que se presupone por ser el segundo en discordia, y el siempre activo Hal Patino. Lo sorprendente vino de la mano de un Matt Thompson que por fin parece haber superado la etapa de fan incrédulo de tocar junto a su ídolo y que dotaba de cierto aspecto pueril a esta formación que cumple ya cuatro años. Lo fascinante lo aportó un King Diamond que se encargó de borrar toda burla fácil preconcebida desde el cómodo sillón de nuestros hogares. El cantante fue más allá de la pose clásica (haciendo air guitar con la cruz de huesos que soporta el micrófono) y las presentaciones autómatas. Aparte de un carisma apabullante (de esos que únicamente se captan a escasos metros de distancia), destapó su lado natural y rompió la rigidez que envolvía la performance con gestos como la patada en el trasero a Grandma, imitando a un niño travieso, durante el transcurso de «The invisible guests» o la agresividad inusitada que mostró en «Eye of the witch», lanzando la copa de vino hacia atrás con más rabia que de costumbre, y la parte central de «Evil» (‘And when you’re down / beyond the ground…’), en la que cedió la voz al público para encargarse él de la mímica y las obscenidades.

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Lo reprochable no correspondió a la banda, sino a un sector del público, más numeroso de lo deseable, que fue al concierto a observar el espectáculo con los brazos cruzados y la boca cerrada en posición de estatua esperando que nadie le rozara. Los análisis se realizan ex – post, cuando la información es asimilada, contrastada y procesada. Algo que ciertos neointelectuales del metal, ultradefensores de «el heavy no es violencia» y blackers de diseño que se quedan en la apariencia parecen no entender.

J. A. Puerta

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

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XX Aniversario Battle Hymns #3

Hace 20 años que debió salir el tercer número del Battle Hymns ‘zine, pasatiempo de aquel entonces de los que por aquí escribimos, y que por determinados motivos o circunstancias finalmente no vio la luz, o lo que es lo mismo, del cual no se llegaron a imprimir copias.

 

Antes de Battle Hymns ya hubo otras aventuras ‘fanzinerosas’ (benditos Erukto ‘zine y Crawl ‘zine, este último gran referente en lo que a Metal extremo se refiere en la época), y posteriormente dimos el paso lógico a las nuevas tecnologías con la llegada de internet (The Sentinel Web Mag se nos fue hasta de las manos, y con Rockscalextric dimos rienda suelta a nuestra locura particular, para morir en la orilla con el blog que nos ocupa y que estás leyendo en estos momentos), así que este número del Battle Hymns supuso un punto de inflexión en nuestra particular carrera fanzinera.

Evidentemente las entrevistas son anacrónicas, las críticas de discos están obsoletas y las reseñas de conciertos parecen un extracto de Regreso al Futuro, pero el viaje sigue siendo interesante, sobre todo para los que lo vivimos, nosotros y vosotros. Esperamos sea de vuestro agrado.

Battle Hymns ‘zine #3

Bubbath

Accept – Symphonic Terror – Live at Wacken 2017 (2018)

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Se trata de la primera vez que reseño un DVD del que en su día reseñé el concierto, así que me va a ser difícil no caer en repeticiones. Y qué mejor forma que recordar dicho concierto que comprando el DVD. La versión que yo tengo es de un DVD y los 2 CD’s del audio del concierto, todo en un bonito digibook y con una preciosa y elegante portada.

Según las propias palabras escritas de Wolf Hoffmann en el mismo digibook, se trató de una noche muy especial y de un concierto del que soñó hacer desde hace mucho tiempo y que se convirtió en realidad en el mejor marco que podía tener: Wacken. Es muy interesante leer a Wolf pues te das cuenta de que montar un show de este calibre no debe ser nada sencillo, pero a la vez, una vez pasado el show, la satisfacción es enorme. Tanto, que en Abril van a dar comienzo a una gira en este mismo formato: Accept + Orquesta Sinfónica.

Desde la comodidad del sofá y sin las botas de agua puestas, se puede apreciar con todo lujo de detalles lo que fue el show. Como comenté en la reseña del concierto, se trataba de 3 partes diferenciadas.

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La primera parte llamada “Accept”, con la formación de Accept tocando como toda la vida (sin orquesta), y presentando al mundo dos canciones en primicia, “Die by the Sword”, con la que empezaron, y “Koolaid” del que sería su nuevo disco “The Rise of Chaos”, editado si no recuerdo mal el día después del concierto. Entre medias el clasicazo “Restless and Wild” y dos canciones de la era Tornillo.

La segunda parte llamada  “Headbanger’s Symphony”, que se trata del proyecto de Wolf Hoffmann y ya con la orquesta checa sobre el escenario. Os digo yo que impresiona ver a más de 50 músicos sobre el escenario. Aquí se retiró la formación de Accept excepto el batería Christopher Williams y el propio Wolf, al que se sumaron Melo Mafali a los teclados, Phillip Shouse a la guitarra y Daniel Silvestri al bajo -y yo que no me enteré…-. Por cierto, Daniel Silvestri es el actual sustituto de Peter Baltes.

Sin duda, a esta segunda parte es a la que más provecho le estoy sacando, tanto en la tele como en el coche, me encanta. Piezas clásicas llevadas al terreno metal con muy buen acierto, aquí suenan conocidas piezas de Mozart, Beethoven, Vivaldi y más que desconozco. Dando protagonismo a la orquesta sinfónica checa y al lucimiento del propio Wolf.

Y la tercera parte llamada “Accept with Orchestra”, que es la de más duración, y con el cambio de nuevo de la base de la “Headbanger’s Symphony” a la formación de Accept, ya con el exbajista Peter Baltes, Mark Tornillo a las voces y Uwe Lulis a la guitarra, manteniéndose Wolf Hoffmann a la guitarra y Christopher Williams a la batería, y obviamente la orquesta sinfónica checa. Aquí se hace un repaso a canciones de Accept, esta vez con el colchón de la orquesta.

Y no es que Accept hayan variado o les hayan dado un lavado de cara en exceso a sus temas para adaptarlos a la orquesta, en absoluto, la cementina sigue tal cual. Esto es, que ellos siguen tocando igual pero con la orquesta de fondo. Donde sí es cierto que la orquesta toma un protagonismo mayor es, obviamente y como no podía ser de otra manera, en “Metal Heart”, con esa parte del “Para Elisa” de Beethoven coreadísima por todo Wacken y que pone los pelos de punta. Y también en la introducción de “Stalingrad”, pero el resto es puro Accept, desde los clásicos básicos como “Breaker” o el final con “Balls to the Wall”, hasta canciones más recientes como “Dark Side of my Heart” o “Teutonic Terror”.

El DVD trae además un par de extras; “Making of the Wacken Show”, aquí Wolf cuenta lo de las tres partes del concierto, hay imágenes de ensayo y también de la llegada al festival, encuentro con algunos fans, y el ensayo en la misma mañana del concierto, que tuve el placer de escuchar in situ en la lejanía tomándome un café. Y también de los momentos previos a la salida al escenario. Me quedo con esa imagen tomada desde la batería después de la intro, cuando cae el telón y se descubre la vista de los 80.000 metalheads con los puños en alto en el Infield, tiene que motivar/acojonar desde la perspectiva de la banda y poner los pelos como escarpias.

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El segundo de los extras es el “Making of Headbanger’s Symphony”, y obviamente está centrado en la orquesta, el montaje -curioso el plano donde muestran el lugar sobre el escenario en el que tiene que ir cada músico-, y muchas imágenes de los ensayos mezcladas con las del festival. Todo esto contado por Wolf, con el auditorio de Hamburgo detrás. Ambas partes tienen una duración de algo más de 8 minutos y sólo están subtituladas en inglés las partes en las que hablan en alemán.

Era evidente que este concierto tenía que acabar en DVD, por lo que supuso para la banda, en especial para el propio Wolf. En lo personal, me llevo un muy buen recuerdo de la que fue una gran y especial noche en Wacken.

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Historias de la Tierra de los Mil Lagos…

Ahora que la banda de Tomi Koivusaari y Esa Holopainen está más presente que nunca en el panorama metálico con uno de los discos más destacables e interesantes del pasado año (“Queen Of Time”, 2018), no está de más echar la vista atrás y revisitar lo que supusieron dos auténticos puntos de inflexión en la carrera musical del combo finlandés, que sin duda marcaron un antes y un después en la progresión musical del grupo. Let me take you to the days of thousand lakes…

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Amorphis – Tales From The Thousand Lakes (1994)

Otro de los grupos que más me sorprendió en su día y otro de esos trabajos que has escuchado hasta la saciedad, y que demuestra que en la rama más brutal del género también hay excelentes ideas y músicos competentes.

Estos fineses, tras un debut (“The Karelian Isthmus”, 1992) que sorprendió a propios y extraños en la escena Death de la época, cuajó un disco a mi modo de ver crucial para lo que vendría después, ya con una notable madurez e incorporando influencias (véase Paradise Lost, que por aquel entonces ya eran grandes) bien disimuladas y asimiladas.

La banda, cuya joven formación en aquel momento era Tomi Koivusaari (voz / guitarra rítmica), Esa Holopainen (guitarra), Olli-Pekka Laine (bajo), Jan Rechberger (batería) y Kasper Martenson (teclados & Moog), supieron salir de los esquemas prototípicos del Death Metal que, dicho sea de paso, dudo que de seguir por ese camino ahora estuviésemos hablando de ellos, e ir elaborando un sonido propio, proceso que continuaría con esa otra joya llamada “Elegy” (1996), aunque eso, como suele decirse, es otra historia.

Las atmósferas de “Thousand Lakes”, una intro apoyada en teclados como es costumbre en estos casos, nos sumergen en un ambiente gélido al más puro estilo nórdico (se nota que por allí pasan frío), seguida inmediatamente por “Into Hiding”, de riff poderoso y voz gutural, que ya te avisa de lo que se te viene encima. Destacar ya desde un principio la presencia de la melodía (vamos, que esto no es caña porque sí, de hecho es un disco más bien lento y espeso), así como la aparición de voces ‘normales’, que hacen más dinámico el tema en cuestión.

Una insistente melodía de guitarra abre “The Castaway”, seguida por una sonora guturalidad de Tomi y por la batería de Jan; destacar los toques arábigos que posee el tema, así como el tono melancólico de las guitarras de Esa Holopainen (ya se le veía venir). “First Doom” es un tema a medio tiempo, de guitarras pegadizas (de hecho lo son en todo el disco) y con algún que otro aderezo en plan doble bombo a cargo de Jan.

Y viene el pelotazo del disco, “Black Winter Day”, tema que extrajeron para un mini CD de mismo título y que contenía entre otras cosas el “Light My Fire” de los Doors (!), el cual posee todos y cada uno de los ingredientes del grupo: teclados muy presentes (aquí con solo incluido en la parte central), melodías hiperpegadizas, dibujos de guitarra insistentes, voces guturales aderezadas con voces normales, etc. De los pocos temas de sus inicios que conservan en directo.

“Drowned Maid” arranca de forma rápida aunque no tarda en pisar el freno, mientras que “In The Beginning” lleva un aire más melancólico (para mí de los mejores del álbum), con unas guitarras que te transportan literalmente a la Finlandia de los Mil Lagos. “Forgotten Sunrise” nos recuerda la parte más Doom de Amorphis (repito, si lo que te va es el Death rápido y martilleante este no es tu disco), sin apartarse, claro está, de la línea melódica del resto.

“To Fathers Cabin” se abre con un riff muy heavy, al más puro estilo clásico, que va poco a poco in crescendo y que se apoya, cómo no, en numerosos teclados que le dan vida propia. Y el disco se cierra con “Magic And Mayhem”, otro tema denso a más no poder, repleto de melodías y… con parte bailable incluida (!).

Lo dicho, una excelente muestra de cómo combinar estilos (Heavy, Doom, Death) sin cerrarse y apostando por la experimentación, y otro de esos discos de los que te sientes afortunado por haber encontrado. Enteramente recomendable, los que lo tenéis lo sabéis.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Amorphis – Eclipse (2006)

Ya era hora. No, no me malinterpretéis, no es que Amorphis hayan dejado de hacer buena música de la noche a la mañana o que servidor les haya perdido el punto, es simplemente que «Tales From The Thousand Lakes» (1994) o «Elegy» (1996) supusieron tal shock, que todo lo facturado con posterioridad nos ha sabido a poco («Tuonela», «Am Universum»), y si se me apura hasta desilusionado («Far From The Sun»).

Pero eh, aquí no ha pasado nada. Ha bastado un simple cambio en el descanso, el ex Sinisthra Tomi Joutsen por el clásico Pasi Koskinen (incorporado en «Elegy») en la delantera vocal, para volver con las pilas bien cargadas y coger el cetro que nunca debieron soltar. Y no, tampoco me refiero a cambios sustanciales de estilo o vueltas a los inicios porque sí, sino a una colección de composiciones tan brillante como las que nos solían regalar la década pasada.

Las guitarras de Esa Holopainen y de Tomi Koivusaari, núcleo indiscutible del combo, vuelven a brillar con luz propia; la base rítmica, conformada recientemente por Niclas Etelävuori (bajo) y Jan Rechberger (batería original que regresó en «Far…» tras su marcha después de «Tales…»), suena más sólida y robusta que nunca, y las teclas de Santeri Kallio aportan el aderezo idóneo para tan suculenta ensalada. La sal, en este caso, la ha aportado Tomi Joutsen, que con un timbre descaradamente más variado y versátil que el de Pasi, hace frente sin problemas a las partes más guturales de los temas (algo que quería retomar la banda en cierta medida) y dota al resto de una nueva dimensión, más rica si cabe que antaño. Que se noten esas influencias de Glenn Danzig, Keith Caputo, Nick Cave y Mike Patton, sí señor.

El disco, basado nuevamente en las historias del Kalevala finés (la de Kullervo en este caso y para más señas), no tiene desperdicio alguno, desde su apertura con el potente «Two Moons» hasta el bonus track final («Stone Woman»). Tenemos singles de cara a la galería («House of Sleep»), brutalidad para nostálgicos ahora en un tono más inteligente («Perkele (The God of Fire)», que recuerda un tanto al «Greed» de «Tuonela»), delicatessens para degustar relajadamente después de un día de stress y agobios («Under a Soil and Black Stone»), y para rematar un puñado de himnos a anotar directamente en clásicos («Leaves Scar», «Born From Fire», «The Smoke», «Same Flesh», «Brother Moon»), que mejor que descubras tú mismo a que yo te describa aquí con simples palabros.

Pues eso, que vuelven Amorphis por sus fueros y ese conglomerado suyo de metal, rock psicodélico, folk y stoner -si Hawkwind, Pink Floyd, The Doors y Entombed se montaran una orgía saldría un bastardo parecido a éste-, unos de los responsables de anticoagular y oxigenar esto del Heavy Metal la década pasada. Como mínimo un respeto.

Bubba

(Publicado originalmente en el fanzine número 1 de ROCKSCALEXTRIC, diciembre 2006)

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King Diamond – Songs For The Dead LIVE (2019)

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Lo de King Diamond empezaba a ser algo ligeramente preocupante. Si bien durante la década de los 90 mantuvo el pulso decentemente a su propio pasado, tanto con el legado de su banda madre Mercyful Fate como con el suyo propio (¿quién no ha flipado alguna vez con discos como “Abigail” o “Them”, o al menos con sus portadas?), pariendo trabajos tan notables como “The Eye” (1990), “The Spider’s Lullabye” (1995) o “House Of God” (2000, ya en la frontera), amén de resurrecciones esporádicas y siempre bienvenidas de Mercyful Fate, con no menos interesantes ediciones como “In The Shadows” (1993), “Into The Unknown” (1996) o el brutal “9” (1999, era inevitable), la década posterior tuvo alguna de cal (“The Puppet Master”, 2003) y sobre todo bastante arena (“Abigail II: The Revenge”, 2002 / “Give Me Your Soul… Please”, 2007), con sequía discográfica de MF directamente, y culminando en un triple by-pass de corazón de nuestro héroe-villano allá por 2010, que interrumpió tajante e indefinidamente su actividad, reducida básicamente a especulaciones de ediciones de diversa índole, con permiso de la única edición aislada en formato recopilatorio de “Dreams Of Horror” (2014).

Y con eso y una experiencia vital (o mortal, mejor dicho) a las espaldas, de la cual King basará la historia de su próximo álbum de estudio, allá por 2015 nos plantamos en una gira conmemorativa del mítico “Abigail”, y no digo aniversario porque 28 años tampoco es que sea un período para celebrar unas bodas concretas. De ese tour, que afortunadamente se estiró lo que se pudo y más, y que algunos de por aquí tuvimos el placer de presenciar a su paso por Barcelona (Rock Fest, 2016), afortunadamente también, tenemos hoy en nuestras manos este “Songs For The Dead”, multi-edición en distintos formatos (vinilo, cd / dvd, blu-ray y box-set) que desde luego merece la pena tener. Los motivos a continuación.

El contenido de las diversas ediciones es básicamente el registro en audio y vídeo de un par de directos de la citada gira, uno en el Graspop Metal Meeting de Dessel (Bélgica) y otro en el mítico auditorio Fillmore de Philadelphia, donde ya han registrado directos otros ilustres como los propios Testament. El repertorio en ambos es idéntico, con la única variación en el orden en el set de “Halloween” y “Eye Of The Witch”, y si bien en la versión audio pocas diferencias podemos destacar entre ambas descargas, es en la versión vídeo donde podemos sacarle todo el jugo a la edición, así como exprimir al máximo tanto la ampulosidad del directo de la banda a nivel festival como la proximidad de éste en sala. Tanto en uno como en el otro formato decir que el resultado es brutalmente espectacular.

Lo dice el propio King Diamond: la banda va muy rodada y se nota. Matt Thompson ya no es el joven que vimos aporrear parches de primeras en la madrileña sala Heineken en los albores de la década del 2000, pero si bien su chasis ha sufrido un considerable desgaste a lo largo de estos años, su técnica diría que ha mejorado incluso, dotando a los temas de un empaque ideal, y sin apartarse del guión que marcaron otros antes (God bless Mikkey Dee!), hasta se permite alguna licencia que aporta un plus al conjunto (esas ráfagas de doble bombo en “Sleepless Nights” suenan que atruenan). Pontus Egberg, el bajista sueco sustituto del denostado Hal Patino desde 2014, ha afianzado el puesto con una ejecución y puesta en escena admirables, mientras que el también sueco guitarrista Mike Wead, desde finales de los 90 en MF, parece haber nacido y crecido de la mano de Diamond (para el que no lo sepa, este señor ya militó en grandes bandas como Candlemass o Memento Mori), el cual se ha acoplado a la guitarra de Andy como un guante, conformando un dúo de la calidad de la vieja escuela Tipton / Downing. Y si Mike y Andy se han acoplado a la perfección, lo de Andy y King es un matrimonio sin opción de divorcio. A día de hoy, LaRocque parece haber sido diseñado para ejecutar la música que pasa por la cabeza de King, con una técnica e imaginación al alcance de pocos en esto del Heavy Metal, y en directo es incluso más palpable que en estudio, con King acercándose constantemente a su hacha de siempre, gesticulando riffs con su huesudo pie de micro, e incluso robándole alguna nota armónica en los trastes al bueno de Andy. Topal.

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Y bueno, mención aparte y expresa merece el gran Kim Bendix Petersen. Tras la operación que casi le cuesta la vida (estuvo clínicamente muerto por momentos, lo que le faltaba a esa cabecita loca), y habida cuenta del bajón de popularidad con trabajos como “Give Me Your Soul… Please” (¿en qué estaría pensando con ese título y esa portada?), fue todo un acierto embarcarse en una gira del calibre que nos ocupa, con una excusa tan magna como la interpretación íntegra de un disco como “Abigail”, pionero en su género de Horror Metal, así como de sus temas más emblemáticos, y con un torrente de voz (falsete, sí, pero hazlo tú a esa potencia y con esa gracia) que no se le había visto hasta la fecha. Bendito corazón partío. Livia Zita, mujer y madre de su recién nacido Byron (homenaje al eterno cantante de Uriah Heep, en paz descanse), acompaña a su consorte en la parte vocal, haciendo de colchón coral y dando una profundidad mayor si cabe a los temas con respecto a sus versiones de estudio.

De la edición en vídeo (blu-ray en mi caso) no me gustaría destripar demasiado al lector, lo suyo es hacerse con ella sin pensárselo dos veces y verlo por uno mismo (no me seáis tan cutres de verlo en Youtube). Decir únicamente que no falta Grandma en “Welcome Home” (esa intro de batería no tiene nada que envidiar al arranque de un “Painkiller” al uso), la copa de vino en el mastodóntico “Eye Of The Witch”, las arengas al público para que se desgañite en el inevitable “Halloween”, o los aquelarres en los rescates de Mercyful Fate (“Melissa”, “Come To The Sabbath”). La instrumental “Them” sirve de puente perfecto para lo que se viene con la ejecución íntegra de “Abigail”, durante la cual King no necesita de teleprompter alguno para recordar todas y cada una de las letras de la horrorosa historia de Jonathan La Fey, Miriam Natias y de la segunda venida del diablo en el cuerpo del feto de Abigail, adaptación musical de claro guiño al mítico film Rosemary’s Baby (aquí en España destripado como “La Semilla del Diablo”). Recomendación particular: coge las letras en esa parte, la disfrutarás el triple. “Insanity” de “The Eye” cierra los conciertos de forma apoteósica y melancólica a pachas, con la banda al completo despidiéndose del respetable y con la sensación en el espectador de haber visto algo grande.

Y poco más que añadir. Tanto si eres fan de KD como si no, yo de ti me haría raudo y veloz con “Songs For The Dead”, me abriría una cerveza y disfrutaría de un (doble) concierto como ni tan siquiera puedes hacerlo en vivo (la multi-cámara es lo que tiene). Ah, y recuerda: si te niegas, 18 se convertirá en 9. El que avisa no es traidor.

Bubbath

Slayer – Seasons In The Abyss (1990)

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A la hora de hablar tanto de la cosecha discográfica de la banda en particular como de los más claros exponentes del thrash metal en general, “Reign In Blood” siempre se ha considerado como un episodio ineludible, un auténtico punto de inflexión en el género y espejo inevitable de generaciones posteriores. Y si bien es cierto que marcó un antes y un después en lo que a música cafre se refiere, batiendo todos los récords de velocidad y agresividad establecidos hasta la fecha (el propio Kerry King ha confesado en alguna ocasión que no se puede tocar ese material sin calentar debidamente), tampoco puede decirse que brillase compositivamente hablando.

Fue precisamente por eso que “South Of Heaven” ralentizó los tiempos, sin duda el trabajo más ‘heavy’ de la banda, para demostrar a la audiencia que Slayer no sólo era música ejecutada a mil por hora. Fue sin duda un gran paso hacia la madurez del grupo, que para el que suscribe vio su culminación en “Seasons In The Abyss”, toda una demostración de cómo hacer música brutal sin perder el norte y controlando en todo momento los tiempos. Una auténtica maquinaria de engranaje perfecto y rubricada nuevamente por la producción de Rick Rubin, que sin duda fue una pieza clave a la hora de dotar de mayor personalidad y precisión al sonido del grupo.

Si hay una palabra que pueda definir tanto la música de Slayer como sus shows en directo esa es ‘caos’. Es más, desde las ilustraciones de los discos (sirva ésta de muestra) hasta la temática de las letras, pasando por la indumentaria de los músicos mismamente, todo se presta a confusión, pero de una manera consciente, algo de lo que siempre ha alardeado Tom Araya (voz, bajo). Nazismo, Satanismo, Violencia… se les ha acusado de apología de todo, cuando en realidad son meros narradores de historias en tercera persona única y exclusivamente con la intención de provocar (o al menos eso dicen), y desde luego lo consiguen.

Basta pulsar play para encontrarnos de golpe y porrazo con todos y cada uno de los ingredientes marca de la casa: “War Ensemble” aglutina riffs incendiarios cortesía del dúo Hanneman/King por doquier, esos solos disonantes tan característicos que acentúan más si cabe el caos, una apisonadora en forma de batería perfectamente conducida por el maestro Dave Lombardo, todo un erudito de su instrumento, y un Tom Araya que además de destripar su bajo lo hace también de sus cuerdas vocales, a voz en grito y sin el socorrido recurso de las guturales. La letra, como de costumbre, levanta la polémica por su contenido belicista, sobre todo después de salir a la luz que sirvió de sintonía para los soldados americanos en el conflicto del Golfo Pérsico. ¿Otra leyenda urbana?

Si piezas como “Hallowed Point”, “Temptation” (qué final!) o “Born Of Fire” recuerdan a su pasado más speedico, los medios tiempos de “Blood Red”, “Spirit In Black” o “Skeletons Of Society” presumen de mayor pausa y de riffs descomunales, ganando sobre todo en intensidad. Brillan especialmente la ralentizada “Expendable Youth”, de estribillo quedón y conflictivo (para variar), la polémica “Dead Skin Mask”, basada en la historia del famoso asesino en serie Ed Gein, que elaboraba máscaras con la piel de sus víctimas (y que posteriormente daría su juego en films como “El Silencio de los Corderos”), con unos dibujos de guitarras tan inquietantes como la propia letra (“dance with the dead in my dreams, listen to their hollow screams, the death have taken my soul, temptation lost all control”), o la apocalíptica “Seasons In The Abyss”, con ese mítico in crescendo perfectamente canalizado y con unos redobles por parte de mr. Lombardo de antología, que cierra apoteósicamente el plástico.

Por cierto, si tras la pertinente escucha crees que todo eso no es reproducible en concierto sólo tienes que seguir con “Decade Of Aggression”, la plasmación en (doble) directo de que brutalidad y precisión no son necesariamente incompatibles.

Podríamos estar hablando horas y horas de Slayer, tanto por lo que han significado algunos de sus discos para la evolución del metal más extremo (que se lo pregunten a Dissection, Cradle Of Filth, Hypocrisy, At The Gates o In Flames, por citar alguno) como por lo que sigue suponiendo una actuación suya en directo (lo máximo, simplemente). Pero tampoco es cuestión de aburrir, así que si eres de los que se los ha estado perdiendo hasta este preciso instante ya sabes lo que toca. ¿Preparado para la banda más agresiva de todos los tiempos?

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Mayhem – De Mysteriis Dom Sathanas (1994)

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Corrían finales del año 1992 y principios del año 1993 cuando los dos grandes estandartes del Black Metal noruego, Count Grishnackh y Euronymous, se ponían manos a la obra para realizar el ALBUM de Mayhem. Mucho tiempo de grabación y gran preparación, pero los dos grandes egos chocaron, llegando a ocasionar incluso el asesinato de uno por parte del otro (cosas de la historia del Inner Circle noruego), esto es, el fundador de la banda, Euronymous, asesinado a cuchillazos por parte de Count Grishnackh (Burzum). El disco, ahí medio grabado y sin ser editado. Batallas legales miles. El máster del disco estaba en poder de la familia de Euronymous, y ellos ni por asomo querían que el asesino de su hijo apareciera en él, así que encargaron a Hellhammer (batería) que grabara él mismo las partes de bajo, pero éste ni corto ni perezoso no lo hizo, mintió a la familia y a posteriori el disco fue editado tal y como fue grabado en un principio, es decir, con la formación siguiente: Euronymous (guitarra), Hellhammer (batería), Attila Csihar (voces) y Count Grishnackh (bajo).

Se llevaba esperando más de 5 años un disco de Mayhem, anterior a este disco poco material oficial tenían: una demo titulada “Deathcrush” (después editada como Mini por el mismo sello que editó este disco), “Pure Fucking Armageddon”, un split CD compartido con Thou Salt Suffer y varios directos semioficiales editados por sellos pequeños, así que la expectación entre la escena Black Metal de la época era realmente espectacular.

Y el disco cumplió todas las expectativas. Finalmente editado por el sello DSP/Voices Of Wonder, contenía 8 impresionantes temas de Black Metal. Mis amigos cercanos saben lo que representa este álbum para mí y lo que he llegado a alucinar con este disco. Me faltarán elogios para él.

Hablando sobre los temas, el disco comienza con quizá los dos temas más representativos de la carrera de Mayhem, que son “Funeral Fog” y “Freezing Moon”. El primero de ellos tiene una explosión de inicio que da paso a un riff de Euronymous (RIP) que lo tengo marcado para el resto de mi vida. Es un tema quizá de los más rápidos de la banda, donde aparte de los riffs de Euronymous (sencillos, simples, efectivos) destaca la voz Attila, un vocalista de Black Metal que nada tiene que ver con los estereotipos de cantantes que rondan por el género (ya sabéis, gritos miles); Attila en este disco demuestra mucha variedad de voz dentro del estilo, sabiendo llevar la misma desde terrenos muy oscuros hasta chillidos de histeria pura. Muchos cantantes actuales (léase Dani de Cradle Of Filth o Shagrath de Dimmu Borgir) deberían echar un vistazo atrás y escuchar bien este disco.

Sobre “Freezing Moon” mucha gente comenta que se trata del tema más aburrido de la carrera de Mayhem, pero no estoy de acuerdo; es un tema en el cual Mayhem mezcla toda su “sustancia”, es decir, mezcla todos sus riffs endemoniados con pasajes lentos, donde Attila se sale con su voz tenebrosa, misteriosa, oscura… qué gran tema! De los 3 siguientes temas, “Cursed In Eternity”, “Pagan Tears”, “Life Eternal”, destacaría sobre todo este último, con un inicio parecido al del inicial “Funeral Fog”, dando paso a unos riffs a medio tiempo, donde el bajo de Count (no Hellhammer, jeje) se escucha muchas veces por encima de las guitarras (sí señores sí, un bajo escuchándose en el Black Metal, y de qué manera!). Los temas de Mayhem tienen una estructura bastante similar entre sí, pero ello no conlleva el aburrimiento ni mucho menos, el buen hacer de sus miembros propicia unos temas directos, impactantes, rápidos, oscuros… como así lo demuestran temas como “From The Dark Past”, “Buried By Time And Dust” y el tema título “De Mysteriis Dom Sathanas”, con el que acaban el disco de una manera apocalíptica, con unas voces de Attila que raramente encontrarás en un disco de Black Metal y con un Hellhammer realmente brutal detrás de la batería. Sobre este batería comentar que es una verdadera máquina tras los parches. Llamado en su época el Dave Lombardo del Black Metal, en este disco demuestra quién es el mejor batería de una banda de Black, ampliamente también demostrado en otros proyectos menos Metal, tal como Arcturus (una banda mucha más atmosférica…), donde era y sigue siendo el principal compositor.

Sobre el sonido del disco, comentar que es excelente, con un sonido de guitarras limpio, compacto y donde cada instrumento está donde tiene que estar, grabado en los estudios “The Grieg Memorial Hall” y mezclado por la misma banda (Hellhammer & Euronymous).

Concluyendo, un disco que marcó lo que es el Black Metal, y sinceramente, un disco irrepetible para mí, ni siquiera ellos mismos llevarán a cabo algo igual, pues ahora el estilo de la banda ha cambiado muchísimo. Hellhammer, único miembro que actualmente sigue en la banda (Euronymous muerto, Count Grishnackh encarcelado por la muerte del anterior y otros hechos acaecidos –asesinatos varios, iglesias quemadas…- y Attila en bandas fuera del Black Metal), ha llevado la banda hacia otros terrenos más melódicos con los discos “Gran Declaration Of War” y el mini “Wolf’s Lair Abyss”, pero bueno, tendremos “De Mysteriis Dom Sathanas” para el resto de nuestras vidas… y en mi colección uno de los puestos más altos.

Mantas

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Pantera – Vulgar Display Of Power (1992)

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Ahora que finalmente han decidido dar carpetazo a la historia y que Phil Anselmo parece haber encontrado su banda definitiva en Superjoint Ritual, no está de más repasar lo que es sin duda uno de los capítulos ineludibles de estos vaqueros de Texas.

La década de los 90 acababa de entrar en acción, y con ella una oleada de nuevos grupos -con Nirvana, Pearl Jam, Alice In Chains y Soundgarden a la cabeza- amenazando desde una diminuta Seattle a toda una generación de headbangers a lo largo y ancho del globo (al final se quedaría en eso, una simple amenaza). Lo cierto es que el Heavy Metal de toda la vida ya no sorprendía como antaño (una década da para mucho), y el Thrash, bastante más opaco que su hermano mayor, tan pronto como vino arrasando acabó por cansar al más acérrimo. Era el momento idóneo para que unos tejanos, fanáticos hasta la médula de Kiss y Black Sabbath, optasen por cambiar el rumbo a su carrera (hasta la fecha muy dirigida por sus citadas influencias) y asombrasen a medio mundo con el letal “Cowboys From Hell” (1990).

Pero fue “Vulgar Display Of Power”, si se me permite el ‘epicentro’ de su carrera, el que demostró que tenían bastante que decir en esto del rock duro y que “Cowboys From Hell” no había sido un espejismo ni un mero accidente (no en vano fue disco de oro en los States al poco tiempo de editarse). No se presentaban ni con la anquilosada por entonces etiqueta ‘heavy metal’ ni con los marginales sellos ‘thrash’ o ‘death’ (pese a que su sonido no tuviese nada que envidiar a la brutalidad de éstos). Eran metal, y punto. Y desde luego una simple etiqueta no les iba a impedir llegar a unas cotas de popularidad jamás vistas hasta la fecha en una banda de metal extremo.

Pantera eran el lógico relevo generacional, con un sonido puesto al día y una producción aplastante (Terry Date, para más señas), asombrosamente pulcra y de resultado devastador. La guitarra de Diamond “Dimebag” Darrell se bastaba por sí sola para servir de piedra angular del sonido del grupo, con una distorsión más propia de una guillotina que de un instrumento de cuerda, y la base rítmica conformada por el bajista Rex Rocker y el hermano de Dimebag, Vinnie Paul, se las arreglaba para quitarnos de la cabeza la necesidad de una segunda guitarra (un auténtico puñetazo en toda la cara, como bien muestra la portada). Por su parte, Anselmo era de todo menos políticamente correcto: sin pelos en la lengua (ni en la azotea), escupía como un demonio todas y cada una de las letras, ya de por sí viperinas (y encima se le entendía).

El trabajo era redondo de principio a fin, pero desde luego el brutal comienzo con “Mouth For War”, “A New Level”, el martilleante “Walk” o el rapidísimo “Fucking Hostile” ya sobraban para echarse las manos a la cabeza. Si a éstos le añadimos un impresionante y arpegiado “This Love”, con Anselmo entonando cual Layney Staley, unos furiosos “Rise” y “By Demons Be Driven” o el agridulce final con “Hollow”, ya tenemos los ingredientes necesarios para considerarlo plato exquisito (aunque para paladares no muy finos).

Lamentablemente, aunque el espectacular “Far Beyond Driven” mantuvo el listón incluso subiendo el nivel de brutalidad (por aquel entonces aparecían hasta en Los 40, paradojas de la vida), trabajos posteriores como “The Great Southern Trendkill” o el más reciente “Reinventing The Steel” no gozaron del mismo nivel de creatividad y consiguientemente de ventas, y un resignado “Reinventing Hell” ha servido para poner punto y aparte a una carrera envidiable como pocas antes de que fuera demasiado tarde. Ahora sólo queda aguardar pacientemente a que dentro de unos años les invada la nostalgia y regresen de donde estén, ya sea Texas o el mismísimo infierno.

Bubba

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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Ghost – Prequelle (2018)

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Wow! Quizá esta onomatopeya -aquí ya no funcionan las palabras- resume a la perfección lo que es el nuevo disco de Ghost. Y es que, lejos de ponerse un techo, la banda sigue creciendo, ¡y de qué manera!

Nueva maravilla de portada, presentándonos al Cardinal Copia sobre su nuevo trono, después de suceder de una manera un tanto violenta al Papa Emeritus III. La contraportada no le va a la zaga, se trata de una ilustración en un tríptico abierto con imágenes “religiosas”, entiéndase por “religiosas” el mundo de Ghost. En la parte superior tenemos a los Papas Emeritus I, II y III, al Cardenal Copia y a los jefes del cotarro: la Sister Imperator y el Papa Emeritus Nihil, ¡ahí es nada! Y en la parte inferior unos feligreses adorándoles.

Musicalmente el disco es una auténtica joya, donde la melodía y los teclados tienen un predominio no vistos antes en Ghost, dejando a un lado la faceta más oscura, sobre todo de los dos primeros discos. Pero no os engañéis, sigue siendo Ghost y además sonando como nunca, pues la producción a cargo de Tom Dalgety y las mezclas a cargo de Andy Wallace son impecables, sonando cada instrumento como tiene y debe de sonar. Aquí también voy a destacar la forma de cantar de Tobias Forge, pues ha dado un salto cualitativo muy grande.

El disco se abre con una introducción llamada “Ashes”, cantada por la hija de Tobias Forge, muy de canción de peli de terror, a mí me ha venido a la mente la canción que cantaban las niñas saltando a la comba en “Pesadilla en Elm Street” (friki que es uno). Inmediatamente la batería nos introduce al tema más heavy del disco -y de la banda- , la ya conocida “Rats”. Quizá con “Faith” se haya hecho un guiño a la oscuridad de sus primeros discos, un tema con un riff muy machacón, muy de la escuela de Black Sabbath, y estos dos primeros temas son los más heavys del álbum.

Con “See The Light” abrimos el apartado de temas melódicos, una preciosidad de canción con un teclado/piano predominante. Si con “See The Light” abríamos el apartado de temas melódicos, con “Miasma” abrimos el de instrumentales, pues en el disco nos encontramos con dos instrumentales de muy alto nivel: “Miasma” y “Helvetesfönster” se llaman. “Miasma” va en un in crescendo fascinante, con solos de todo tipo, y lo mejor es que, cuando crees que no se puede mejorar y en su parte más dura, aparece un saxofón y la eleva a los altares del maligno. “Helvetesfönster” es más tranquila, y de nuevo tenemos las teclas de un piano sobresaliendo, su parte final me recuerda mucho a Mike Olfield de la época “Voyager”, pues tiene una parte de atmósfera de las que hechizan.

“Dance Macabre” abre la cara B -sí señores, lo tengo en vinilo-, un tema muy pegadizo, sobre todo el estribillo, donde se te viene a la mente la mejor época de los germanos Scorpions, pero no es la única canción que me recuerda a los Scorpions, pues en “Witch Image” también me podría imaginar a Klaus Meine con pandereta en mano en el estribillo, no es tan bailonga como “Dance Macabre”, pero la escuela de los Scorpions está ahí.

Me dejo para el final los dos temas que más me han sorprendido del disco. “Pro Memoria” es todo un temazo, de nuevo con unas líneas vocales muy buenas. Cuando crees que con “He is” han tocado techo como balada maligna, de pronto se sacan un “Pro Memoria”, de nuevo con protagonismo de teclado/piano y con una letra de las que dan que pensar. El disco lo cierra “Life Eternal”, otra prodigiosa balada, de letra preciosa a la par que inquietante. Sin duda la oscuridad sigue estando muy presente en las letras.

Ghost se vuelven a superar, aparte de currárselo en los discos (ninguna canción de relleno), tienen detrás una faceta teatral/marketing brutal, con varios vídeos de promoción de la llegada del Cardinal Copia, que no hacía otra cosa que ponernos los dientes largos esperando la salida del disco. Supongo que los vídeos seguirán, y harán Papa al Cardinal, pero no adelantemos acontecimientos, pues es sólo una impresión mía. De momento disfrutemos del disco, pues merece y mucho la pena.

Laguless

Immortal – Sons Of Northern Darkness (2002)

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Séptimo disco de la banda noruega liderada por Abbath, que últimamente está siendo bastante prolífica a la hora de editar discos, pues van casi a disco por año o al menos año y medio, lo cual realmente está bien para los tiempos que corren. Dejaron hace un tiempo su discográfica de siempre (Osmose) para pasar a Nuclear Blast, lo cual seguro va a aumentar la promoción de la banda, debido a las diferencias promocionales en cuestión de sellos.

El disco contiene ocho temas y la manera de iniciarlo con “One By One” es verdaderamente espeluznante. Un inicio muy Black dominado por la base rítmica de la banda para, conforme va dando forma el tema, pasar a medios tiempos que te hacen mover la cabeza como un poseso. Seguimos con el tema título, “Sons Of Northern Darkness”, uno de los temas más rápidos del disco, que recuerda a otros como “Pure Holocaust” y “Battles In The North”. “Tyrants” es el tercer tema, con el cual baja un poquito la velocidad, en una onda más actual de la banda, con un sonido cercano a los dos últimos discos, “Damned In Black” y “At The Heart Winter”. Se centran mucho en la melodía en este tema, que por cierto les ha quedado de miedo. ¿Recordáis los medios tiempos y melodías de temas de su primera época como “Blashyrkh” de “Battles In The North” (1995)? Al escuchar “Tyrants” te recordará enormemente a él. Maravilloso.

Continúa el disco con “Demonium”, puro Death-Black, un tema impresionantemente rápido, muy en la onda “One By One”, con estructuras muy parecidas, es decir, inicios muy tralleros, medios tiempos y melodías a mitad del tema para volver a la tralla inicial. Otra de las mejores canciones del disco. Con el siguiente tema, “Within The Dark Mind”, me viene otra vez a la mente “Blashyrk” de “Battles In The North”, y es que si Immortal ya son excelentes haciendo temas de Black Metal rápido, haciendo medios tiempos no se quedan atrás… es más, hasta los prefiero. Excelentes, de verdad.

“In My Kingdom Cold” y “Antartica” siguen la estela de las canciones ya comentadas: la primera muy potente, inicialmente con una base rítmica muy fuerte y un doble bombo muy poderoso; y en la segunda (con la primera intro del disco) destacan las “cristalinas” guitarras con excelentes medios tiempos. Y para finalizar el disco “Beyond The North Waves”, el cual tras otra intro (la cual no me convence mucho) nos encontramos con el tema más pausado del disco. Me recuerda enormemente a temas de sus compatriotas Satyricon, y si el oído no me ha fallado es el único tema donde han incluido teclados. Que por cierto, les han quedado muy tétricos.

En general el sonido del disco no varía mucho comparándolo con los discos anteriores. Lo calificaría como un medley de “Blizzard Beasts”, “Battles In The North” y “At The Heart Of Winter”, pero con un sonido más limpio, más pulido.

Immortal han sabido evolucionar de la manera justa y adecuada en su carrera. Mientras las bandas principales del Black Metal noruego (léase Mayhem, Emperor…) han girado notablemente en su carrera, Immortal siguen ofreciendo a sus fans la esencia Immortal de toda la vida evolucionando de la manera correcta, y con este “Sons Of Northern Darkness” han conseguido realizar, para mí, su mejor trabajo desde aquellas dos obras maestras: “Pure Holocaust” y “Battles In The North”. Palabra de blacker.

Mantas

(Publicado originalmente en THE SENTINEL WEB MAG durante el primer lustro de la era 2000)

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